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ISBN : 8439730802
Editorial: LITERATURA RANDOM HOUSE (22/10/2015)

Calificación promedio : 4.19/5 (sobre 363 calificaciones)
Resumen:
Durante el verano boreal de 1816, el año sin verano, el hemisferio norte soportó un largo y frío «invierno volcánico» debido a la erupción del volcán Tambora. Durante este terrible año, Mary Shelley y su marido Percy Bysshe Shelley hicieron una visita a su amigo Lord Byron que entonces residía en Villa Diodati, Suiza. Después de leer una antología alemana de historias de fantasmas, Byron retó a los Shelley y a su médico personal John Polidori a componer, cada uno, u... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (162) Ver más Añadir una crítica
richmarcelo
 14 abril 2020
Frankenstein desmembrado
Frankenstein, palabra enérgica que guarda una curiosa metonimia: se designa a la creación con el nombre del creador. Un científico alienado, una monstruosidad creada y una posterior pugna. Sin lugar a dudas la criatura de la novela de Mary Godwin (1797-1851) se ha convertido en todo un patrimonio de la humanidad y un arquetipo de la cultura occidental. Cuando se menciona el nombre de “Frankenstein” la primera imagen que salta es aquella que ha pasado por el filtro de Hollywood; tanto el cine, como la televisión y el merchandising han prefigurado al simulacro. Representado y replicado hasta la saciedad, no es tan necesario haber leído la novela como para identificarlo y contar con una somera idea de la trama. Según Leonard Wolf, citado por Alberto Manguel, “Haber visto la película de pequeño es uno de los privilegios de haber perdido la infancia.” (Frankenstein, Penguin Books España, 2015). Pues, creo, el cine ha sido el responsable de haberle dado un rostro icónico al personaje de Godwin; vale mencionar la más aplaudida caracterización hasta la fecha, me refiero a la de Boris Karloff en ‘Frankenstein' de 1931 y ‘La novia de Frankenstein' de 1935, ambas dirigidas por James Whale. El concepto y los bocetos de Whale, sumados al prolífico trabajo de maquillaje de Jack P. Pierce –quien pasó tres meses entre libros de medicina, criminología y electrodinámica–, inmortalizaron a la figura de Karloff. No obstante, el cine también se ha encargado de modificar la historia original; con ciertas licencias y bajo la lupa de la censura –en varias oportunidades–, se han introducido cosas tales como un doctor loco, un Víctor que se llama Henry, un ayudante de nombre Igor, Elizabeth y Víctor como titiriteros, un monstruo menos elocuente y hasta mudo, parodias, un cameo de Drácula o el Hombre Lobo, etc. La historia, soñada aquel lejano albor del siglo diecinueve, ha pasado de generar horror –si tomamos en cuenta la distinción hecha por Noël Carroll en su libro The Philosophy of Horror– a generar suspenso; y de esto mucho tiene que ver la mano de Hollywood. El nivel de horror ha bajado y la tendencia sigue en franco descenso con el pasar de los años. Porque la sociedad de la imagen, de la inmediatez y la tecnología en la que seguimos, exige que los elementos utilizados para impactar a una audiencia se ajusten a los nuevos requerimientos. Quizás ahora provoque mayor miedo un monstruo de Frankenstein al que tengamos que verlo con gafas 3D y experimentarlo con realidad aumentada, o un animatronic de gran diseño –y así correspondería guardar en el baúl de los recuerdos a Boris Karloff–. No obstante, la genialidad de Godwin nos ha dejado de herencia una base con amplia plasticidad, que no muere ni se agota, lista para ser tomada en cuenta innumerables veces y así inducir nuevos horrores u otras sensaciones. Esta joya de la literatura universal sigue siendo apreciada y leída, sigue siendo reproducida y adaptada en varios formatos; ¿qué hay detrás y en el núcleo de la misma? ¿Por qué continúa tan fresca? A continuación intentaré responder a estas preguntas, tomando en cuenta que aquel núcleo que refiero, intuyo, es la lucha de la creación en contra del creador, la necesidad de independencia del ser humano y su colocación al mismo nivel de la divinidad; elementos inseparables y recurrentes en cada época. Para complementar lo dicho, dialogaré con algunos pasajes de Frankenstein desencadenado de Brian Aldiss, pues me parece aporta y complementa bastante.
Antecedentes
El contexto de Mary Godwin Wollstonecraft, a breves rasgos, tiene como antecedentes generales a la Revolución Industrial (transformación e industrialización de Inglaterra, mayor índice de alfabetismo, considerables avances tecnológicos y un visible urbanismo) y al Romanticismo inglés (desborde de la imaginación y exploración del alma humana). Pero, si queremos adentrarnos en su obra de una manera más íntima, es necesario detenernos en tres acontecimientos claves, determinantes en su biografía, que se verán reflejados en su trabajo. Primero, la influencia intelectual recibida durante la infancia, procedente de sus padres –prominentes pensadores–. Segundo, su cercanía con la muerte y la imposibilidad de evitar la partida de un ser querido –su madre falleció, también una hermanastra, múltiples abortos–. Tercero, la cercanía que tuvo con dos grandes exponentes de la literatura inglesa de la época, Percy Shelley –con quien terminaría casada– y Lord Byron –futuro esposo de su hermana Claire–. Dentro del trío Shelley, Byron y Godwin se procedió a dar un nuevo tratamiento a dos obras en la que es claro el tema del desafío a los dioses y el posterior castigo: La Prometheia de Esquilo y El paraíso perdido de John Milton (1667); ambas vueltas infraestructura de lo que terminaría siendo ‘Prometeo' de Lord Byron (1816), Prometeo liberado de Percy Shelley (1820) y Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Godwin (1818).
La Prometheia, El paraíso perdido y las otras inspiraciones
Hay la creencia de que el gran tragediógrafo Esquilo, similar a lo que hizo en La Orestea, pretendió elaborar una triada sobre el proceso de ate (confusión e insensatez), hybris (locura de orgullo, mal acto cometido) y némesis (castigo) de Prometeo: Prometeo encadenado, Prometeo liberado y Prometeo portador de fuego. El titán Prometeo, creador del hombre al modelarlo de barro, prefiere la desgracia a ser un siervo de Zeus. Roba el fuego de los dioses y lo entrega a los seres humanos, a que estos dejen de depender de aquellos. Su castigo es ser encadenado en el Cáucaso y que un águila se coma su hígado a perpetuidad.
En El paraíso perdido de John Milton, clásico de la literatura inglesa, la epopeya nos cuenta acerca de la venganza del ángel caído (Satanás) en contra de Dios a través de sus preciadas criaturas (Adán y Eva), las cuales deben emplear la astucia y la curiosidad intelectual para poder independizarse del padre creador; quien por su cualidad de creador declara su propiedad. Adán y Eva, en búsqueda del autogobierno y la sabiduría comen la fruta prohibida condenándose a la muerte. El arcángel Miguel recalca que la condena promulgada continuará en todos sus descendientes.
Lord Byron, en su poema ‘Prometeo', acentúa el tema de lo heroico; típico del Romanticismo. El titán defensor de la raza humana, ante la crueldad de los dioses, es el héroe que no se doblega y persiste a pesar de las torturas. Prometeo es puesto como ejemplo ante todas las personas que pretenden ser rebeldes y valientes. El humano tiene su parte divina y puede prever su destino fúnebre, sin embargo, triunfa a pesar de todo, a pesar de los desastres y la tortura; incluso el hecho de morir es una victoria.
En el Prometeo liberado de Percy Shelley, drama lírico en cuatro actos, se sigue con la tradición clásica y se busca una cierta reconciliación entre Júpiter y Prometeo. El padre de dioses y de hombres personifica el principio del mal y el titán personifica la regeneración de la humanidad. Prometeo, valiéndose de la sabiduría como arma, vuelve a conducir a los humanos hacia la virtud. El humano debe perfeccionarse con el fin de eliminar el mal de su naturaleza.
El moderno Prometeo
Un día de esos en donde se alinean los astros y suceden maravillas, durante el verano de 1816, Mary Godwin de dieciocho años se encontraba en medio de una tertulia en la residencia alquilada por Lord Byron, conocida como Villa Diodati, en las cercanías del lago de Ginebra. Los demás partícipes de aquella reunión fueron Claire Clairmont, John William Polidori y Percy Shelley. Los contertulios se hallaban resguardados de las inclemencias de la estación. Para ese entonces ya habían transcurrido varias citas previas en las que se leyeron y contaron historias fantásticas, sobrenaturales y de terror. Llegado el momento a Byron se le ocurrió sugerir que cada uno escriba un relato de fantasmas. Godwin se puso de tarea elaborar una historia que pudiese rivalizar con las que se leían durante las veladas; que hablase de los misterios y temores inherentes a la naturaleza humana y que despertase terrores. Para ello, como fuente teórica, echó mano de un anterior diálogo filosófico entre Lord Byron y Shelley, que versó sobre la naturaleza del principio de la vida y la posibilidad de descubrir dicho principio –los poetas habían puesto como ejemplo las investigaciones de Erasmus Darwin y sus logros en la conservación de un trozo de vermicelli, y el proceso de reanimación de un cadáver a través del galvanismo–. Luego, tras un sueño en el que se le presentaron el estudiante de “artes impías”, el “objeto que había armado”, el “motor poderoso” y la intención de imitar al “Creador del mundo” (introducción de Mary Godwin para la versión de 1831) concibió la idea de lo que terminaría siendo su Frankenstein. Pronto el tiempo mejoró en el lago de Ginebra y los amigos emprendieron un viaje a los Alpes, abandonando sus visiones fantasmales. Sólo la historia de Godwin fue concluida, convertida en novela por la insistencia de Shelley.
La novela inicia con el tradicional terror gótico, no obstante, va en crescendo hasta terminar por profundizar en el estudio del alma humana y sus problemáticas; además de las relaciones con lo superior. El viajero Robert Walton, en plena expedición al Polo Norte, se topa con el demacrado y destruido Víctor Frankenstein; quien buscaba ferviente a su monstruo. Frankenstein percibe en Walton su misma locura; ese deseo profano de conocimiento, decide contarle su historia como advertencia. Si hacemos un amplio retroceso, desde que el primer humano prueba un bocado del árbol de la sabiduría (vida autónoma y conocimiento de la muerte) y hace frente a su creador (Dios padre), se condena a ser expulsado del Edén y condena a sus descendientes, pero, se vuelve un pequeño dios al adquirir el poder de también crear por medio de la reproducción; de esta forma se perpetúa a través de los hijos, a pesar de tener que morir. En el caso de Víctor Frankenstein –quien ha padecido el deceso de un ser querido–, pone entre paréntesis la necesidad de la cópula como generadora de vida y, a través de la filosofía natural (ciencia), adquiere el conocimiento de un nuevo principio procreador, que conlleva dominar la muerte; tomándola no como un fin sino como un inicio. Víctor, inquisitivo de los secretos de la naturaleza, experimenta un proceso que lo lleva de Cornelius Agrippa, Paracelso y Alberto Magno –teorías refutadas– a saberes más sólidos. La fascinación por la fisiología y la corrupción de los cuerpos, le animan a convertirse en el primer hombre en romper los límites entre la vida y la muerte "...qué peligrosa es la adquisición de conocimientos (dice), y cuánto más feliz es el hombre que cree que su pueblo natal es el mundo que aquel que ambiciona conseguir una grandeza mayor de la que su naturaleza le permite." A partir de partes reunidas de gente muerta ensambla un nuevo individuo y le otorga un soplo vital, situándose al mismo nivel que el Dios creador. Pero, este moderno Prometeo, que ha querido robar de nuevo los secretos de los dioses para suplantarlos, se hace acreedor a un terrible castigo y este castigo inicia con el deterioro psíquico y físico, luego se consuma en manos de su propia creación quien, vengativo, asesina al hermano menor de Víctor, William, inculpa del crimen a la inocente Justine Moritz, victima al mejor amigo, Henry Clerval, y termina por estrangular a su prometida, Elizabeth Lavenza. Es indudable la semejanza con el rabino de Praga y el Golem –muy bien retratados por Jorge Luis Borges en su famoso poema–. Judá León crea un simulacro a que le ayude a barrer la sinagoga, lo hace de arcilla y le dota de vida a partir de ciertas letras que, pronunciadas, significan el Nombre secreto de Dios. A la postre el Golem se convertirá en condena y sufrimiento del rabino.
Víctor Frankenstein no está preparado para ser Dios y repulsa de su propia criatura. El monstruo mendiga el amor de su padre, anhela comprensión pero, ante rotundos rechazos por parte de la humanidad, pasa de ser un Adán a un ángel caído (en un viaje por el bosque encuentra un baúl con libros: El paraíso perdido, Vidas paralelas de Plutarco y Las penas del joven Werther de Goethe. Tras la lectura llega a sentirse similar a Adán y a Satán); la privación de la felicidad le convierte en demonio que derrama sangre a su paso. La criatura exige una mujer –Eva–, de su misma especie que le acompañe, no huya ante su monstruosidad y sea su compañera; con lo que se restablecería el orden de las cosas. Huirían a las deshabitadas tierras de Sudamérica y nunca nadie volvería a verlos. "Recuerda que soy tu criatura; yo debería ser tu Adán, y soy en cambio tu ángel caído a quien privas de la alegría sin que haya cometido ninguna fechoría." No dejaría en paz a su creador hasta que cumpla con sus requerimientos. Víctor acepta a medias, cuando tiene casi lista a la criatura hembra teme que esta salga perversa, que ambos no lleguen a congeniar o que no se cumpla el pacto, así que decide destruirlo todo.
¿Qué hacer si se ha dejado suelto a un criminal? Víctor decide prolongar su “asquerosa existencia” y perseguir al monstruo hasta el último confín para darle muerte. Logra llegar a tierras del Norte en donde es rescatado por Walton. Antes de expirar, consumido por entero, deja en manos de su nuevo amigo la finalización de la tarea; y que él en su vida busque la felicidad y evite la ambición. al morir, aparece el indirecto responsable de tamaña calamidad a contemplar a su última víctima; tarde se da cuenta que la desgracia le había vuelto susceptible al vicio y al odio. El monstruo de Frankenstein se resigna, se maldice a sí mismo y decide ir al extremo más nórdico para purgarse en una pira y que así nadie a futuro pueda inspirarse en su cuerpo.
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Crislefica
 20 septiembre 2020
A estas alturas, quien no conoce o eso cree, al monstruo de Frankenstein, ya sea por la multitud de adaptaciones cinematográficas, ya sea el Frankenstein de los años 30, el de Kenneth Branagh de los 90, el jovencito Frankenstein de los Monty Phyton, la adaptación animada de Tim Burton con su Frankenweenie o el personaje que sale en la serie Penny Dreadful? Pues bien, he de decir ...cuanto daño han hecho todas estas adaptaciones a la verdadera historia creada por una jovencísima Mary Shelley!!!. Olvidad todo lo que creéis saber de la historia, coged el libro y leed.
Este clásico del romanticismo con tintes góticos, considerada también ciencia ficción, fue escrito a principios del s.XIX cuando Shelley tenía 18 años, tras un verano en Suiza con Byron, Polidori y Clairmont.
La historia empieza con unas cartas que Walton escribe a su hermana mientras intenta llegar al Polo Norte. En ese periplo se encuentra a Víctor Frankenstein, un científico que decide contarle su historia para que, en caso de morir, alguien más continúe su obra. Frankenstein le cuenta como su afán y obsesión por llegar a controlar ciencia, por "jugar a ser dios " crea a una criatura con restos inertes. Pero una vez se da cuenta lo que ha provocado su obsesión, decide huir dejando a la criatura a su suerte, con todas sus consecuencias y su propia historia. Criatura, por cierto, sin nombre y que, aunque nace inocente, su soledad y horror y desprecio que provoca su contemplación a las demás personas le van convirtiendo en un ser brutal. Ese afán de usurpar el poder divino nos lleva a descubrir que la sabiduría trae consigo la pérdida de la inocencia y conlleva el sufrimiento.
Melancolía, obsesión, muerte y amor es lo que encontramos al leer esta historia en realidad. Donde nos cuestionaremos realmente quien era el monstruo y por qué.
La historia está narrada por tres personajes, Frankenstein, Walton y la Criatura, alternando la redacción en primera y tercera persona, encontrando además diálogos entre los personajes y narración epistolar. Es muy rápida de leer, con una cuidada prosa y unas descripciones que nos llevan a esos lugares en los que trascurre la historia logrando que se nos llegue a erizar la piel con la historia y los pensamientos, sobretodo de la criatura.
Personalmente me ha parecido sublime, y no voy a dar detalles de lo que me han parecido los personajes o su historia porque creo que es mejor que cada uno se haga su propia opinión mientras lee el libro sin verse influenciado. Simplemente, deja los perjuicios que puedas tener acerca de la historia, olvida lo que hayas podido ver en el cine o la televisión y sumérgete en la verdadera historia de Frankenstein o el moderno Prometeo.
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Vlandaeta
 17 septiembre 2021
Clásico de la literatura innegable, precursora del tan aclamado genero de la ciencia ficción, sin dejar a un lado el gótico característico de la época. Una novela que no me había animado a leer hasta hace un tiempo, porque el estereotipo del científico ermitaño y de poca estabilidad mental, junto a un tarado e inútil ayudante con un poco mas conciencia, creando un ser demoniaco, con raciocinio nulo y unas ansias exageradas de destruir todo lo que se le cruza, me tenia agotada, es patético. Sin embargo, cuando la termine, descubrí que la esencia de la historia es muy distinta, y me encanto.
El narrador principal es Robert Walton, que tras abandonar su madre patria en busca de aventuras y nuevos hallazgos llega a Rusia, donde consigue una tripulación y parte a una ambiciosa expedición al polo norte, pero debido a malas jugadas de la suerte y después de tener ya bastante tiempo en el océano, quedan atrapados en una enorme masa de hielo en medio de la nada. A demás como problema secundario, Walton siente que necesita un amigo, alguien para hablar con entera confianza, por lo que decide escribir cartas a su hermana a modo de desahogo. Entonces, en contra de todo pronostico, ocurren dos sucesos interesantes: la tripulación observa a lo lejos un ser de medidas desproporcionadas, momentos después encuentran y rescatan a un hombre al borde de la muerte, llamado Víctor Frankenstein, quien comienza a relatar una terrible historia, de como su obsesión por descubrir los secretos del cielo y la tierra lo lleva a perder todo lo que amaba.
La historia da inicio con un joven Frankenstein, de sus orígenes sabemos que viene de una buena familia, conocemos a un chico amable, capaz de maravillarse con las simplezas y cotidianidades del dia a dia, hambriento de conocimiento por excelencia, que tuvo la oportunidad de estudiar medicina en la ciudad de Ingolstadt, y que, en medio de su anhelo por revelar los misterios alma del humana descubre la formula para reanimar materia muerta. Así concibe su mas grande proyecto, crear vida a su imagen y semejanza, algo innovador que desafía todo lo que se creía hasta entonces, una hazaña que solo se atribuía a un ser todopoderoso, una idea tan inconcebible que se vuelve magnifica. Y como era de esperarse, la inmensidad de la empresa y las ansias por contemplar el resultado final, terminan absorbiendo todo el tiempo de Víctor, aislándolo de cualquier otro aspecto de su vida y consumiendo toda su energía, incluso llegando a cruzar el hilo de la moralidad y la cordura sin dudarlo en ningún momento, con tal de no pasar por alto ningún detalle para llegar a la perfección de su magnifica creación.
Después de tanto esfuerzo, compromiso y una dedicación medio enfermiza, el trabajo esta terminado, sobre como hizo para traer a la criatura a la vida no hay ningún detalle, evita explicar el procedimiento para que a ninguna otra persona se le ocurra replicar su experimento, reconocido por el mismo como una abominación que nunca debió existir〖vale la pena aclarar que nunca se hace mención en el relato de procesos relacionados con electricidad para reanimar la materia〗. En el preciso momento que la criatura abre los ojos Víctor Frankenstein reconoce con un profundo espanto, que cometió un terrible error, lo que yacía frente a el no era un ser humano, ni nada similar a algo viviente, esa criatura que el había dotado de vida no podía ser mas que un engendro demoniaco. El horror y la repulsión no hacen mas que crecer en su interior mientras el monstruo se limita a observarlo, el creador de aquella bestia decide alejarse de su nauseabunda presencia, huyendo así de su laboratorio para no volver sino luego de unos varios días, y notar enorme satisfacción que se ha ido, aunque en su interior permanece una ligera ansiedad, causada por el permanente recuerdo de aquel horrendo ser que podría estar vagando por el mundo.
Una obra magistral, con un ente malvado desarrollado de principio a fin, es fascinante el lenguaje utilizado a lo largo de toda la obra, me apasiona todo lo relacionado con el gótico 〖nací en el siglo XXI, todo esto es muy antiguo para mi, tengo justificación〗. El manejo del tiempo es balanceado, y para tratarse de una historia relatada por una persona, e interpretada por otra, logra transmitir a detalle cada aspecto del relato, el factor sorpresa es una de las muchas herramientas utilizadas en esta obra 〖y si funciona, experiencia propia〗 . Yo la leí en un dia y me pareció medio ligera, pero ya eso depende de que ritmo de lectura y comprensión tiene cada quien. Este es un libro para aquellos amantes del terror y de lo clásico, 100% recomendado
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AlmaLectora
 31 octubre 2017
Como intento hacer una vez al año o cada dos, siempre leo este clásico de la literatura gótica. Un libro que me ha fascinado desde la primera vez que lo leí por esa forma tan dramática de tomar la vida. Como el personaje principal toma al principio su proyecto principal con mucha ilusión y se acaba convirtiendo en su peor pesadilla. Como este sueño destruye todo su mundo y él no puede hacer nada, ¿o sí? Esto es algo que podemos plantearnos a lo largo de toda la obra y escuchar los lamentos de Victor Frankenstein.( Sí, Frankenstein no es el monstruo es el doctor como nos hicieron creer en alguna película.) También podemos pensarlo en las mejores escenas del libro. Esos encuentros entre creador y criatura. Esos diálogos seguro que han inspirado a muchos otros autores y es que tienen mucho sentimiento por parte de los dos protagonistas. Haciendo dudar al lector de quien tiene razón en cada una de las intervenciones. Qué sería lo correcto, lo que dice el monstruo o lo que dice Victor. ¿Puede hacer algo o no Victor contra el monstruo?¿Puede ayudarlo u olvidarse de él?
Además de todas estas reflexiones que te hace el libro disfruté mucho de las descripciones tan pulidas de lugares, de sentimientos de los personajes. Y es que sin una buena ambientación este libro no sería nada. La autora consiguió meter al lector en muchos de los lugares angustiosos, claustrofóficos e inquietantes por los que pasan los protagonistas.
Los dos personajes principales están muy bien trabajados y desarrollados. Sabiendo lo que van a hacer en cada momento. Sabes que aunque muestren una cara a los demás por dentro sufren. Puede que el resto de personajes estén menos trabajados para darles mayor importancia a esos sentimientos de los personajes principales. Pero a lo mejor mostrar más sobre ellos, podría haber sentido más el sufrimiento del monstruo por sus amigos de la cabaña o por las perdidas de Victor. Ya que todo sucedía bastante rápido para seguir con su lucha entre ellos.
A lo largo del libro, sabes cual va a ser el final de esa historia o la intuyes. Lo bueno es que al contar la historia Victor a Walton "puede" no volver a pasar por el mismo error o eso es lo que el quiere al contar con tanto sentimiento todo lo que ha pasado.
Para mi es de esos clásicos imprescindibles que llegó a los lectores por casualidad. Ya que todo fue obra del aburrimiento y una apuesta entre escritores en un viaje. Así que gracias Lord Byron por su genial idea.
En conclusión, un clásico de la literatura gótico donde se enfrenta el bien contra el mal, la luz y la oscuridad. Donde vemos como en un segundo los sueños se convierten en pesadillas y la cordura llevan a la locura por las malas decisiones. Como estas malas decisiones te persiguen siempre hasta tu muerte. Un trabajo redondo, muy pulido en cuanto a descripciones y trabajo en los personajes principales. Por mi una de las recomendaciones para todo lector
Enlace: https://almalectora.blogspot..
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UnaiGoiko74
 16 agosto 2020
La historia arranca con un joven aventurero de espíritu romántico y emprendedor, el capitán Walton, que va narrando de forma epistolar su proyecto de exploración del Polo Norte a su hermana, Margaret. Entre las obsesiones del capitán, una es vital:
“Me gustaría contar con la compañía de un hombre que me pudiera comprender, cuya mirada contestara a la mía. Puedes acusarme de ser un romántico, mi querida hermana, pero siento amargamente la necesidad de contar con un amigo.”
En el curso de esta expedición avistan a lo lejos a una figura de gran tamaño conduciendo un trineo tirado por varios perros y a una persona cuyo trineo, tirado por un único can, llega hasta el casco del barco del capitán Walton. La tripulación lo sube a bordo, y tras varios días recuperándose de sus congelaciones, decide contar su historia al capitán.
La persona rescatada no es otra que Victor Frankenstein que, tras hacer una breve introducción a su infancia y juventud, pasará a narrar el momento en que concibió la idea de crear vida de la materia inerte, inspirado por las obras de alquimistas como Cornelio Agrippa, Paracelso y Alberto Magno. Es importante tener en cuenta, en este sentido, la gran influencia que se aprecia en Shelley de la teoría del galvanismo, muy de moda a principios del siglo XVIII, según la cual, la electricidad podría propiciar la sanación del enfermo e incluso reanimar a un cadáver.
“me entregué con toda la pasión a la búsqueda de la piedra filosofal y el elixir de la vida.”
En su camino chocará con la incomprensión de sus profesores universitarios, los cuales rechazaban cualquier idea de la ciencia que se escapará de los enfoques ilustrados, tachándolas de supersticiones y falsedades:
“—Cada minuto, cada instante que ha desperdiciado usted en esos libros ha sido tiempo perdido, completa y absolutamente —añadió el señor Krempe con enojo—. Tiene usted el cerebro atestado de sistemas caducos y nombres inútiles. ¡Dios mío…! ¿En qué desierto ha estado viviendo usted? ¿Es que no había un alma caritativa que le dijera a usted que esas tonterías que ha devorado con avidez tienen más de mil años y son tan rancias como anticuadas? No esperaba encontrarme a un discípulo de Alberto Magno y de Paracelso en el siglo de la Ilustración y la ciencia. Mi querido señor, deberá usted comenzar sus estudios absolutamente desde el principio.”
Al final logra su propósito y, tras meses recluido en su estudio, dio vida a su monstruo (al cual, por cierto, jamás puso nombre; dirigiéndose a él como “monstruo o diablo”), pero al darse cuenta del horror que había creado, lo repudió y abandonó a su suerte. Este rechazo causó un fuerte resentimiento en la criatura, que privado de afecto y viendo que la humanidad le repudiaba, odiaba y atacaba por su forma y apariencia, comenzó a albergar un resentimiento sin fin y una fuerte sed de venganza hacia su creador: Víctor Frankenstein. Esa sed le condujo a cometer varios asesinatos contra las personas que éste más amaba.
“Pensé en el ser a quien había arrojado en medio de la humanidad y a quien había dotado de voluntad y de poder para ejecutar sus horrorosos proyectos, como aquel que había llevado a cabo, casi como si fuera mi propio vampiro, mi propio espíritu liberado de la tumba y obligado a destruir a todos aquellos que yo amaba.”
La segunda parte del libro comienza con una narración en primera persona del monstruo. Éste, dotado de una capacidad de raciocinio y elocuencia sin igual, muestra al lector las dificultades por las que pasó desde su “nacimiento”, y las injusticias que contra él cometió la sociedad. Lo cual le lleva a proclamar lo siguiente:
“Vengaré mis sufrimientos; si no puedo inspirar amor, causaré terror; y principalmente a vos, mi enemigo supremo, porque sois mi creador, os he jurado odio eterno.”
Cuando, en un momento álgido del relato, creador y criatura se encuentran, este último le exige a Víctor que cree una mujer, una compañera que le haga compañía y convierta su vida más soportable. Sin embargo, Frankenstein se niega:
“Me recorrió un escalofrío al pensar que los siglos futuros me maldecirían como si fuera la peste, y dirían que, por egoísmo, no había dudado en comprar mi propia tranquilidad a un precio que tal vez ponía en peligro la pervivencia de la especie humana.”
El monstruo le exhorta a realizarlo vehementemente:
“Tú eres mi creador, pero yo soy tu dueño: ¡obedéceme!”
La negativa a tal petición desencadenará un frenesí de muerte y venganza que no terminará hasta el clímax final.
Conclusión:
Mary Shelley nos presenta en esta ficción de terror a Víctor Frankenstein como al nuevo Prometeo, titán que robo el fuego a los dioses para dárselo a los humanos en un gesto de generosidad y compasión. Su relato es una oda al romanticismo, con abundancia de descripciones de paisajes y sentimientos que expresan la personalidad atormentada del personaje principal, así como pasajes poéticos como éste:
“Elizabeth también lloraba y era desgraciada; pero la suya era también la tristeza de la inocencia, la cual, como una nube que pasa sobre la pálida luna, durante un instante la oculta, pero no puede matar su brillo.”
En el fondo, tras esta historia tan fantástica, narrada en su totalidad en primera persona, subyace un mensaje moralizante: la ciencia no puede suplantar a la naturaleza; no podemos jugar a ser dioses.
“Cuando reflexioné sobre el trabajo que había realizado, nada menos que la creación de un animal sensible y racional, no me pude considerar uno más entre todos los demás científicos.
Pero ese sentimiento que entonces me animó ahora solo me sirve para sumergirme aún más en el fango. Todas mis fantasías y esperanzas han
quedado en nada; y como aquel arcángel que aspiraba a la omnipotencia,
ahora me veo encadenado en un infierno eterno.”
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Las críticas de la prensa (2)
elinformador08 noviembre 2021
Frankenstein o el moderno Prometeo es el título de la novela, la primera que dicen habría que registrar en el género de la ciencia ficción que, hasta la fecha, nos sirve como referencia para señalar a los monstruos que hemos creado.
Leer la crítica en el sitio web: elinformador
confabulario12 marzo 2021
Desde su publicación en 1818, esta novela de Mary Shelley, leída comúnmente como una historia de terror, explora dilemas éticos desde la ciencia, y filosóficos sobre los vicios y las virtudes humanas.
Leer la crítica en el sitio web: confabulario
Citas y frases (79) Ver más Añadir cita
PaolaCGallPaolaCGall07 marzo 2020
Aunque quebrantado espiritualmente, nadie es capaz de sentir con más emoción que él la bellezas de la naturaleza. El cielo estrellado, el mar..., todos los hermosos cuadros que nos ofrecen estas regiones maravillosas, parecen tener todavía bastante fuerza para elevar su alma por encima de la tierra. Este hombre tiene una doble existencia. Aunque sufra pesares y esté abrumado por el desencanto, cuando se retrae en su mundo interior es como un espíritu celestial a quien rodea una aureola en la que no penetran las penas.
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Lucy_SheehanLucy_Sheehan24 diciembre 2018
Tenía la frente cubierta de sudor frío, me castañeteaban los dientes y se me estremecía todos los miembros. De pronto, a la luz pálida y amarillenta de la luna, que se abría paso entre las contraventanas, vi al desgraciado, al monstruo miserable que había creado.
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GalenaGalena09 diciembre 2017
Murió en paz, y su semblante expresaba cariño aún bajo el velo de la muerte. (…) Ha de transcurrir mucho tiempo antes de que nuestra mente se persuada de que ella, a quien veíamos cada día y cuya existencia misma parecía formar parte de la nuestra, se ha marchado para siempre; que el brillo de la mirada amada se ha extinguido y que el sonido de aquella voz tan familiar, y querido al oído, ha sido silenciad y jamás volverá a oírse. Tales son las reflexiones de los primeros días, pero cuando paso el paso del tiempo confirma la realidad de la desgracia, da comienzo la auténtica amargura de la pena. ¿Quién no ha experimentado cómo esa ruda mano se lleva a algún ser querido?
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AGAG16 abril 2020
"El remordimiento anulaba cualquier esperanza.
Era el autor de males irremediables y vivia con el contante terror de que el monstruo que habia creado cometiera una nueva maldad."
- Mary Shelley
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penaconvirgulillapenaconvirgulilla17 febrero 2020
¿Por qué alardeará el hombre de tener una sensibilidad superior a la que demuestra poseer el bruto? Ella no hace más que aumentar sus necesidades. Si nuestros impulsos estuvieran limitados al hambre, la sed y el deseo, podríamos ser casi libres. Ahora, en cambio, somos arrastrados por el primer viento que sopla y por una palabra casual, o por las perspectivas que esa palabra nos abre.
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Videos de Mary Wollstonecraft Shelley (5) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Mary Wollstonecraft Shelley
Mary Shelley nació en Londres en agosto de 1797. Es hija de la famosa filósofa Mary Wollstonecraft, precursora del movimiento feminista, y de William Godwin, novelista y político radical.
Su vida es un constante escape del conformismo de la época, repleta de encuentros frecuentes con importantes artistas y escritores. A los diecisiete años, Mary se escapa a Francia con su futuro esposo, el poeta romántico Percy Bysshe Shelley, y en los años siguientes los dos viajan a Europa en compañía de la medio hermana de Mary, Claire, y su amante, el famoso Lord Byron.
En 1816, los cuatro se alojaron en Villa Diodati, en el lago Lemán, junto con el médico y escritor John Polidori. Para engañar al aburrimiento en los días de lluvia, se desafían mutuamente a escribir una «historia que despierte verdadero terror». Mary, de diecinueve años, crea uno de los monstruos más emblemáticos de la literatura mundial, Frankenstein, o el Prometeo moderno, la encarnación del antiguo miedo del hombre a lo desconocido y lo diferente.
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