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Paula Kuffer Dinerstein (Traductor)
ISBN : 8494534866
Editorial: Minúscula (11/01/2017)

Calificación promedio : 4.33/5 (sobre 12 calificaciones)
Resumen:
«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.» Con estas palabras se p... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (8) Ver más Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 28 noviembre 2017
Qué difícil me va a resultar hablar de este libro sin hacer referencia a cosas muy concretas que me gustaría comentar. Pero es que no quiero estropearle la lectura a quién no lo haya leído, así que a ver cómo me apaño.
Una buena novela de suspense o terror psicólogico necesita unos buenos personajes, una atmósfera sugerente, ciertos tintes de ambigüedad y una buena pluma que baraje todo eso y le dé forma. No hacen falta sustos, ni trampas, ni giros sacados de la manga... Solo se necesita ese suspense con el que podamos sentirnos identificados, que no nos cueste imaginar en nuestra vida diaria, que sea terrenal y tangible... Shirley Jackson era una maestra del género, fuente de inspiración para muchos autores actuales, de una prosa perturbadora y con una visión de ciertas cosas muy realista porque ella misma las había vivido en primera persona. Y en esta su última novela da buena muestra de ese brío que tenía para exponer y desenmascarar de forma descarnada al ente que más terror provoca en este mundo: el propio ser humano.
Volviendo a los ingredientes que comento arriba, esta novela los tiene todos: unos buenos personajes (al frente de todos y de forma omnipresente, tabicando todo con su particular punto de vista... la narradora, Merricat); una atmósfera sugerente con la forma, paredes, ventanas, recuerdos, secretos... de ese castillo (que no es tal castillo, al menos no físicamente) del título; ese tinte de ambigüedad que desde la primera página Jackson se empeña en meternos por los ojos, esas constantes alusiones y esa particular visión de un personaje tan complejo, desasosegante e interesante que es Merricat... Jackson juega con el lector, le tira la madeja, la retira antes de que la atrapes, y así va formando el ovillo (muchos hilos, pero todos bien colocados y dando forma a un todo) en que se convierte esta historia.
Merricat (Mary Katherine) se presenta de manera espléndida en ese primer párrafo que aparece en la sinopsis. Tiene 18 años, vive en una casa aislada de todos sus vecinos con su hermana Constance, de 28, y con su tío inválido, Julian, además de con su gato, Jonas. Seis años atrás falleció el resto de la familia envenenada en esa misma casa, y desde entonces viven allí confinados. Constance, que fue acusada y absuelta del asesinato de su familia, padece de fobia social y agorafobia; su casa es su espacio seguro, y aunque sale al aire libre, jamás camina más allá del jardín (la propia Jackson sufrió esta última enfermedad y vivía recluida); su tío Julian vive obsesionado con escribir un libro donde se narre, palabra por palabra, hecho por hecho, lo que ocurrió el día del envenenamiento; y Merricat es la única que se atreve a ir un par de veces a la semana al pueblo en busca de comida y de libros a la biblioteca. Allí sufre las burlas, el desprecio y la desconfianza de los vecinos de la localidad, pero Merricat es dura, muy dura. Ella es la que protege a su hermana diez años mayor, la que la cuida... como digo arriba, se empeña en tabicarnos la realidad con su narración, pero los hilos del ovillo de vez en cuando se sueltan y nos dejan ver cosas que ella nos quiere ocultar. El único propósito de Merricat es que todo transcurra igual, que nada cambie, que esa realidad que han construido en su casa no se vea alterada por nada ni nadie. Y cuando en el horizonte empiezan a aparecer nubarrones de cambio, vemos salir a la Merricat que se esconde detrás de esa visión que ella nos quiere dar de sí misma mientras narra la historia. Nunca de un modo abierto, de un modo explícito, pero la vemos.
Tengo que reconocer que realmente sorpresas no hay en el libro, o no al menos la sorpresa con la que se pretende sorprender (redundando que es gerundio), porque lo importante no es eso. Lo es la descompensada y anómala relación de Merricat con Constance, la relación de las dos con el mundo, el extraño comportamiento que ejerce Constance como hermana mayor, la jauría y bochornosa brutalidad que emerge del ser humano cuando actúa en grupo y se sabe con impunidad... lo es esa irrealidad feliz en la que ciertas mentes se encierran en una suerte de castillo y no necesitan abandonarlo nunca más... y todo eso circundado por una atmósfera que sabes, desde la primera página, desde el primer aviso, que va a explotar. Y no puedes dejar de pasar página tras página para descubrirlo. Tienes que descubrirlo. Que puede parecer incongruente con lo que digo arriba de las sorpresas, pero no. Tienes que saber por qué esos fueron los últimos libros que sacaron de la biblioteca... y esto sale en la primera página, así que no estropeo nada (creo que me he portado bien hasta aquí y no he desvelado nada de nada. O eso espero).
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Yani
 04 marzo 2018
Soy consciente de que no es el mejor libro del mundo, sé que el final no tiene el impacto de las revelaciones que se hacen a lo largo de la lectura y también sé que pierde “tiempo” (o páginas) dando explicaciones que podrían haberse obviado. Sin embargo, Siempre hemos vivido en el castillo es uno de los libros que más movieron mi experiencia lectora en los últimos meses. Me atrapó, lo disfruté, me encantó y así lo califiqué.
Siempre hemos… cuenta la historia de Mary Katherine “Merricat” Blackwood, una chica de dieciocho años que vive en una de las mejores casas del lugar junto con su hermana mayor Constance, su tío Julian y Jonas, el gato. Ellos son los (casi) últimos Blackwood, ya que el resto de la familia falleció en un episodio tétrico que se irá revelando con el correr de la narración. Merricat es la única que sale de la casa (sólo hace las compras y va a la biblioteca) mientras que su hermana se dedica a cocinar y su tío a… bueno, a escribir un libro y tomar sol. La vida es muy apacible de esa forma, pero luego están los vecinos que los señalan con el dedo y no pierden oportunidad para hostigar a Merricat cada vez que la ven en el pueblo. Las razones de este comportamiento son variadas y complejas.
Durante gran parte del libro se asiste a la vida semi ordinaria de los Blackwood. Las descripciones son un poco extensas, algunas se repiten (como el hecho de que Merricat se obligue a ser más amable con el tío) e incluyen mucha comida (admito que abre el apetito porque todo lo que cocina Constance suena rico). El hermetismo de ellos es parcial, pero tampoco rompe la burbuja. Merricat, Constance y Julian reciben visitas y las espantan con sus maneras afectadas, llenas de silencios, salvo cuando Julian abre la boca y saca a la superficie el episodio que los condenó a esa manera de vivir. El tío funciona como la memoria parlante del pasado, trayendo a colación aquello que Merricat quiere (¿quiere?) soltar en medidas dosis. La irrupción de un elemento extraño en la casa (seré más clara: es un humano) altera completamente la rutina y el orden al que están acostumbrados, a tal punto que Merricat dejará de comportarse como una chica medianamente obediente.
Merricat es la voz cantante de la historia y me atrevo a decir que es una de las mejores que he leído. al ser un personaje con muchas aristas, su perspectiva puede pertenecer al plano de la realidad o al de la fantasía (como el deseo de vivir en la Luna). Oscila entre lo infantil y lo adulto, lo amoroso y lo agresivo. El lector tiene que recomponer esos pedazos de Merricat para intentar comprenderla (o no). A veces parece formar un cuento de hadas que repentinamente se mancha con algo turbio o creepy. de principio a fin, Siempre hemos… está condicionado por lo que Merricat quiere que sepamos y lo que oculta porque le conviene. Para mí, es uno de los enormes puntos a favor de este libro. Se la puede acusar a Merricat de no ser la más simpática del universo y sería justo. No obstante, no hay que olvidar que los vecinos se mimetizan con los salvajes pensamientos de la protagonista. No existen diferencias abismales entre el mundo de afuera y el mundo de adentro. El mundo interno de la muchacha ya es otro asunto (espero que la película haya aprovechado eso).
La primera parte de Siempre hemos… me gustó porque su carácter introductorio no entorpecía la buena experiencia de lectura. Se desarrolla lentamente mientras Merricat pretende ser una bruja que utiliza hechizos (enterrando objetos, por ejemplo) para proteger la casa o convierte las calles del pueblo en una especie de Juego de la Oca. Todos son indicios para entender mejor los capítulos en que la supuesta paz de los Blackwood se rompe y da paso al accionar extraño de Merricat, a la sumisión de Constance, a la ambigüedad de Julian. La interrupción de lo que simula ser un Edén para personas con dotes mínimas para socializar desencadena la parte más movida del libro, pero no la más temible. Creo que es la única falla que puedo señalar: el suspenso lo percibí en los primeros capítulos, no en el clímax. Allí residía una proporción importante del gótico, que no se limita a la inclusión de una casa cerrada con habitantes extraños y ya. Después del hecho que marca definitivamente el cierre, se desenvuelve un final que no cubrió mis expectativas pero que conservó la dignidad de la historia. Es muy peculiar y esperaba algo contundente. Tal vez debería haber recordado La lotería, también de Jackson, antes de presuponer cosas. Por cierto, este libro me pareció mucho mejor escrito que ese cuento. Es perturbador notar que los fragmentos más poéticos coinciden con los momentos más álgidos del desprecio de Merricat hacia los que considera como invasores. Sin embargo, las descripciones detallistas de los alrededores de la casa (asociados al estado de calma o de búsqueda de refugio) no se quedan atrás. Lamentablemente, otras sobran, como la enumeración exhaustiva de los objetos que se hallan dentro de lugar.
En el posfacio, Joyce Carol Oates (a quien no tuve oportunidad de leer fuera de sus trabajos críticos) da algunas pautas de lectura que se pueden debatir e incluso ampliar, pero me parecieron acertadas. Guardé fragmentos que iluminan el libro (no los reproduzco para que la reseña no sea infinita) y ayudan a transformarlo en algo menos extraño, si eso es posible. Tampoco estoy segura de querer desgranar Siempre hemos… punto por punto porque perdería la ingenuidad y la pasé muy bien leyendo. Hace bastante que no me cruzo con personajes complicados que integran una historia de esta índole, de esas que te hacen cuestionar de qué lado estás y por qué. Merricat es una manipuladora efectiva: casi me convence de querer ir a la Luna a mí también.

Enlace: http://desarmandoclasicos.bl..
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Mar
 06 noviembre 2017
Esta vez también os traigo un cásico, aunque quizá menos conocido.
Este libro está catalogado como terror (terror gótico), pero no sé si realmente lo es, como mucho sería terror psicológico. Juzgad vosotros mismos si lo leéis.
Debo reconocer que esperaba encontrarme con algún fantasma a lo largo de la historia, al menos es lo que me sugiere el título del libro, pero no lo hay.
Mary Katherine Blackwood (Merricat) es quien nos cuenta la historia. Ella vive sola con su hermana mayor, Constance, con su anciano tío Julian y con su gato Jonas. El resto de la familia murió seis años antes, envenenados durante la cena. Estos tres sobrevivieron por diferentes motivos y todos en el pueblo culpan a Constance por lo sucedido. El odio que todos los vecinos sienten hacia la familia Blackwood es inmenso, insoportable. Y Merricat también los odia, tanto que hasta se imagina diferentes formas de verlos muertos a todos. Constance y el tío Julian nunca salen de la casa: él por estar en silla de ruedas y enfermo, a veces no reconoce a la gente, confundiéndoles con los difuntos de la familia y otras veces rememora aquél fatídico día de forma muy fiel; y ella a causa del terrible miedo que siente hacia la gente del pueblo, que le acusaron y le siguen acusando de envenenar a toda su familia.
Además, rara vez tienen visitas, sólo una vez por semana llega una vecina (la única que no les odia) para tomar el té y charlar un poco, pero no les gusta tener visitas. Por eso toda su vida y rutina cambian radicalmente con la llegada del primo Charles. Un hombre de treinta años que, a mi parece, sólo se preocupa por él mismo, se cree mejor que nadie y con derecho a mandar sobre todo, y que sólo llega allí para intentar hacerse con la fortuna de la familia.
A pesar de que Merricat tiene dieciocho años (tal como afirma nada más comenzar el libro) me ha parecido que era una niña llena de fantasías, inteligente y astuta, pero muy traviesa (travesuras a veces peligrosas). Sólo al principio me ha parecido que era mayor, pero cuanto más avanzaba más pequeña me parecía.
Del final sólo diré que me esperaba algo parecido, supongo que se podría decir que es una final “feliz”.
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Raquel
 29 octubre 2018
Las hermanas Blackwood, Constance y Mary Katherine, y su anciano tío Julian, minusválido, obsesionado con escribir unas memorias y contar lo que realmente sucedió aquel día que murieron sus parientes, viven en la mansión familiar, completamente apartada del pueblo donde seis años atrás el resto de la familia murió envenenada.
Las jóvenes pasan el día entre la cocina, llegando a ser la comida un "personaje" más de la novela, atender el jardín, hacer las compras semanales en el pueblo y el gato Jonás. Visto así es una novela simple, rutinaria, llegando incluso a ser aburrido el encierro autoimpuesto.
Lo bueno de este libro es que la escritora te lleva durante todo el libro a suponer cómo murieron esos familiares y quién los mató, nunca se revela esa información aunque desde el principio lo deja bien claro, pero siempre esta la sombra de la sospecha.
Es un libro ambiguo, con un visión distorsionada de la protagonista principal, dejando claro que Merricat, la hermana pequeña, tiene 18 años pero se comporta como si fuera una niña infantil y al mismo tiempo muy manipuladora, por otro lado Constance, su hermana mayor de unos 27 años, le consiente todo, la malcría, tal vez sintiéndose culpable por lo que pasó.
Encasillada en el género de terror, con mucha superstición, creo más bien que es una novela negra, de terror psicológico, costumbrismo estadounidense, con un final trágico y feliz.
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Edd62
 14 septiembre 2018
Stephen King menciona en su antologia “ Danza Macabra “ que el terror puede estar en una de tres formas en la literatura, como la maldad inherente, como la cosa mala y como la casa mala( el lugar) Shirley Jackson es una experta en el manejo de la casa mala como la causal de el terror, y en esta novela, donde ocurren multiples muerte en una familia utiliza como el medio la casa que a los ojos de una niña, al ser destruida se convierte en un castillo que coincide perfectamente con todas sus fantasias, un extraordinario relato que te obliga a continuar en cada pagina buscando preguntas a interrogantes que solo te planteas al no comprender la dislocación de sitios lugares y situaciones y su encuadre dentro de la novela, un puzzle mal construido, que a toda costa tratas de corregir para entender,
La maldad esta en la casa, en el pueblo, en la relacion familiar, en la dislocacion del pueblo por la casa y la afectación de el uno por la existencia del otro,
Sin embargo. “ me llamo Marie Katherine Blackwood, tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance “ ..” poco a poco la rutina de nuestros dias se fue definiendo y se convirtio en una vida feliz”, “ jonas y yo no permitiremos que se te acerque ninguna - oh Constance - dije, somos tan felices. Son tres frases fundamentales en el desarrollo y entendimiento de esta , para mi joya de terror.
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Citas y frases (5) Añadir cita
YaniYani22 febrero 2018
Quizá esas casas selectas habían sido capturadas – ¿quizá como castigo a los Rochester y a los Blackwood y a sus corazones secretamente malvados? – y las tenían prisioneras en el pueblo; quizá su lenta putrefacción era un símbolo de la fealdad de los habitantes del pueblo.
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Edd62Edd6206 octubre 2018
Pense en bajar al arroyo, pero ni siquiera tenia motivos para suponer que el arroyo seguiria ahí... ya que era martes y nunca habia ido un martes por la mañana
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Edd62Edd6214 septiembre 2018
me pregunto si seria capaz de comerme un niño- - yo no se si podria cocinarlo
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SatrinaSatrina08 diciembre 2017
Qué bonita imagen, la de una mujer con un libro.
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SatrinaSatrina08 diciembre 2017
El resto de mi familia ha muerto.
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