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Críticas sobre El día que se perdió la cordura (130)
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mariacriado
 22 junio 2018
Este libro no me ha convencido nada. La idea es muy buena, pero el desarrollo está muy mal planteado.
El primer tercio del libro te engancha, pero a partir de ahí todo es confuso. Está escrito en varias líneas temporales y no correlativas, salta de una fecha a otra y tienes que fijarte muy bien para saber qué época está narrando. Tres voces.
La trama, a partir de que la desarrolla no es creíble, hay demasiados cabos sueltos y muchas de las incógnitas no llegan a resolverse. al final ni se sabe quienes eran los culpables de todo, ni el motivo.
El final muy precipitado, y para mí hasta pierde madurez al escribirlo.
Lo he acabado porque no me gusta dejar libros a medias, pero a mitad ganas me dieron...
No lo recomiendo
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Beatriz_Villarino
 21 agosto 2019

Si alguien pensaba, al leer el título, que era una alegoría de un estado sublime, una metáfora de algún sentimiento, noble o despiadado, o una alusión a cualquier suceso clave para la humanidad, está equivocado. Es mejor que no siga leyendo. El título lo dice todo; bueno, no, porque las consecuencias de haber perdido la razón, o más bien de no haberla tenido nunca, son un cúmulo de disparates que ni el más tierno infante sería capaz de creer.

El día que se perdió la cordura es un despropósito. O puede que haya leído una maravilla, una nueva forma de hacer literatura y no haya sabido entenderla. Lo siento. La historia no se sostiene. A saber, una señora empieza a soñar con nombres de chicas y fechas de nacimiento y considera —o lo ve en el sueño— que dichas mujeres son nefastas para el mundo, así que si queremos seguir viviendo en él hay que sacrificarlas. Como son de diversas partes del planeta, enseguida se hace (la vidente onírica) con una red de hombres fuertes y creyentes que, por la fe que depositan en esta supermujer, buscan, raptan y cortan la cabeza de aquella desgraciada cuyo número ha salido en la lotería surrealista. Todo ello, por supuesto siguiendo un ritual al más propio estilo del Ku Klux Klan. En fin, que esta loca no lo está tanto desde que ve que sale el nombre y la fecha de nacimiento de su propia hija en el sueño, así que hipnotiza a su marido, doctor en psicología, para que cambie a su hija por otra chica. Además recluta al padre de esta víctima, para que esté a su servicio durante diecisiete años a cambio de devolvérsela una vez pase dicho tiempo, no sé muy bien por qué, creo que era una mentira.

Como la vidente posesa, Laura, es muy lista, consigue mantener esta ola de crímenes durante 17 años y ni su marido ni el padre de la secuestrada, ni el novio (por un día) son capaces de recordar contacto alguno con Laura y sus secuaces, aunque cada uno por su parte vaya actuando de forma que todos se den cita, pasado el tiempo convenido, en el pueblo donde empezó el calvario para ellos y consigan recordar quiénes son, por qué están ahí, y creer que todo ha terminado. Digo creer porque la historia tiene un final abierto que amenaza con continuar.

Este es aproximadamente la historia; no quiero desvelar nada importante, pero sí me gustaría argumentar por qué no es creíble esta novela, por qué raya en la ciencia ficción, por qué de tan inverosímil, Javier Castillo ha conseguido que el lector no sienta miedo, tensión, suspense o simplemente curiosidad por saber lo que pasa.

Ya al comienzo somos testigos de diálogos sin chispa, sin gracia (aunque lo pretendan) e imposibles de suceder a una familia normal, que llega al lugar de vacaciones, toma un taxi para que la lleve a la casa alquilada y se produce la siguiente plática:

—¿El número 35 me dijo, señor? —preguntó el taxista.
—El 36, corrigió Steven.
—Exacto, el 36. Quería ponerlo a prueba —bromeó el taxista.
—¡Risas, risas! gritó Carla a su padre al ver que no se reía mientras estiraba con las manos una sonrisa en sus labios.
—Carla, por favor, compórtate.
—Sólo quería que sonrieras, papá —respondió Carla.
—Carla, cariño, ya sabes que a tu padre no le gusta demasiado bromear —aclaró su madre.

Pues yo releí este diálogo por si debía acordarme de algo en el futuro del argumento, no sé, que el taxista es un asesino, o el padre y la madre se volverán locos al ver la niña imprudente que les ha tocado en suerte. Ninguna niña de 7 años le dice eso a su padre, sobre todo tras algo que comenta un desconocido y que no tiene gracia. de hecho, ningún taxista gasta ese tipo de “broma”. Pues los diálogos son todos por el estilo, así que tampoco es el ingenio de los personajes lo que hemos de resaltar.

La narración menos aún. Demasiado extensa (a lo mejor hay determinadas novelas que requieren 500 páginas para que parezcan grandes novelas); con la mitad de palabras nos hubiéramos enterado igual. de hecho algunas, no sólo se pueden eliminar sino que debería hacerse para no caer en la obviedad o la repetición. Si decimos que son las 3 es conveniente aclarar si de la mañana o la tarde, pero si decimos «a las 15» lo único que podemos añadir es “horas”, porque ya implica que es por la tarde, no pueden ser las 15 de la mañana; no obstante el narrador lo aclara «A las 15 de la tarde estaba prevista una rueda de prensa». No sólo es en los horarios, también la lógica hace que podamos ahorrar palabras para evitar el aburrimiento. Si hablamos de dos hermanas «que no compartían ningún interés en común», rechina algo en nuestra mente porque si se trata de compartir ya implica que va a quedar —lo compartido— en común. Además de palabras innecesarias, hay bastantes ocasiones en las que la repetición se convierte en un arma cargada para provocar hastío en la lectura, «se preparó mentalmente para la entrevista a solas con el prisionero. Repasó mentalmente…», «Era un momento en el que se había modificado el estándar […] la modificación…».

Las repeticiones no sólo se dan en el momento sino que hay acciones que quedan como epítetos épicos, caracterizadores de alguien en particular «se escuchó un pequeño terremoto de minipasos» «un terremoto de diminutos pasos se aproximó», o de un sexo en general:

Stella se acercó y lo abrazó (al director), rodeándolo con sus delgados brazos.

rodeándolo con sus delgados brazos (Laura al director).

lo abrazó con sus delgados brazos (Susan a Steven).

Sus delgados brazos lo rodearon (los de Amanda a Steven).

El autor ha dejado claro que las acciones de las chicas tienen que ver con la poca fuerza que denotan sus extremidades, lo “mejor” es que las de los chicos están relacionadas con la debilidad sentimental:

Los portentosos ojos azules de Jacob dejaron entrever unas lágrimas.

Sus ojos vidriosos comenzaron a llorar.

Nunca podré volver, Kate —dijo con la voz entrecortada por el llanto.

Si todo este cúmulo de circunstancias, además de reacciones impensables como que un psicólogo trate de “amigo” a un psicópata, o que una secuestrada que tiene una arma delante de su captor, la baje y lo abrace compadeciéndolo y ofreciéndose para ayudarlo sin dar tiempo a que haga efecto el Síndrome de Estocolmo, hacen de esta historia algo inadmisible, los personajes tampoco son demasiado creíbles: El doctor en psicología, que tiene delante por primera vez a un posible asesino, loco, comienza su toma de contacto con una lección de manual barato «—Creo que tienes mucho que contar. Las motivaciones, muchas veces infravaloradas, son el motor de la conducta humana». Está claro que para que el “loco” hable habrá de venir otra persona.

Asimismo ningunos padres normales, creo, dan por supuesto que su hija se finge aterrorizada para no estar con ellos, y se inventa una historia de persecuciones el primer día de vacaciones, y es capaz de hacer un asterisco gigantesco en el garaje de la casa de alquiler y sólo aceptan creerla si va al psicólogo esa misma tarde. ¿En serio?

El chico que se enamora de la protagonista es el típico superhéroe. Sólo la ve un momento y ya fantasea con la que será su mujer. Luego está con ella un rato, durante el cual son perseguidos por los que quieren raptarla y él sueña —literalmente— con vida en común, hijos… No sé, estamos hablando de adolescentes, por eso se admite que, en plena persecución, se duerman, pero por eso mismo es improbable que este chico pase diecisiete años buscando a su media naranja, sin tener claro si está muerta o no.

No voy a hablar, de nuevo, de la niña de siete años que, tras un accidente queda en coma en el hospital, lugar del que, pese a la vigilancia, desaparece en un visto y no visto «cuando todos entraron en la habitación y se agolparon en la puerta, se quedaron petrificados. La cama estaba vacía y Carla había desaparecido». Yo tengo la teoría de que hay seres de otra galaxia, que no salen pero están preparados para la siguiente entrega porque tanta desaparición sin que la policía pueda hacer nada no es de este mundo.

Además, tampoco es de este siglo que la mala malísima, la que lo urde todo, porque su mente está más fuera que dentro de su cabeza, es verdad, es una mujer; ella es la que corrompe a los hombres porque necesita su fuerza para llevar a cabo el descabellado plan salvador. Lo siento, pero lo de Eva-serpiente tentando-hipnotizando a Adán es otro tópico inadmisible.

Me gustaría que alguien me argumentara que la novela es buena. A veces empiezas mal una lectura y estás condicionada. Todo puede ser.

Enlace: http://elblogaurisecular.blo..
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evargasalvarez
 29 julio 2019
Una verdadera mierda. Trama pueril más propia de un niño de 8 años que de una adulto. Mal escrito. Tóxico para aquellos que no les gusta dejar un libro a medias.
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atramhg
 06 junio 2019
El libro tiene una buena historia pero es realmente malo. Me ha decepcionado enormemente. Yo tenía muchas expectativas ya que era un libro súper famoso pero es malo, muy muy malo
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Loreto
 07 octubre 2018
Un libro que me ha dejado completamente descolocada, sin poder decidir si me ha gustado o no. Ni siquiera puedo decir qué tipo de historia es: thriller, terror, romance,.... Toca tantos palos que no sé cómo ubicarlo.

Está escrito de forma que cada capítulo está narrado desde el punto de vista de distintos personajes en distintos momentos temporales, que confluyen en un final que no lo es o sí. No lo sé. Argg, el autor ha conseguido dejarme tan confusa que aún estoy rumiando la historia, intentando entenderlo y sin conseguirlo.

El ritmo no es vertiginoso, los personajes no son muy atractivos, pero la historia tiene algo que no puedes parar de leer, intentando comprender algo que creo que no tiene explicación. O por lo menos no la veo en este libro. Tal vez en el segundo libro de esta serie lo descubra.
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seempiterna
 10 mayo 2020
Voy a empezar diciendo que a mí no me ha gustado, y me ha dejado tan descolocada y confusa que he llegado a ponerme a analizar la industria editorial para conseguir entender el por qué de su éxito después de autopublicarse por Amazon y los comentarios mayoritariamente malos que genera.

Sólo he leído esta historia de Javier, y por el momento, no voy a embarcarme en la segunda parte. He visto a un autor con un estilo que engancha, con unas ideas fuertes y con una manera de meterte en la historia fácil y rápida, describiendo escenas, actos, escenarios tan bien que es difícil no imaginarlos rápido. Pero, al igual que he visto todo esto, también he visto a un autor novato, poco pulido y equivocado a la hora de dar forma a sus ideas.

El libro empieza maravillosamente bien y es fácil en los 40 primeros capítulos casi de un tirón. A partir de ahí, empecé a cansarme de tanto salto en el tiempo, tantos hechos que se iban añadiendo poco a poco pero no se resolvían, relaciones entre personajes nada coherentes, frías y demasiado rápidas. A veces las intensidades de algunos hechos llegaba a ponerlos en duda, porque no tenían coherencia.

Cogí esta historia con muchas ganas y finalmente me ha decepcionado. Es posible que sus dos últimos libros sea mejores pero si algún día me animo a leerlos, recurriré a la biblioteca.
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LuciaNN
 02 julio 2019
Soy adicta a los thrillers y tengo que decir que me ha decepcionado muchísimo este libro...la primera parte te engancha pero después llega un punto que lo va enredando todo y no ves el final hasta que de repente se acaba... la historia es entretenida pero con poca originalidad... el epílogo puf creo que podría haber cerrado la historia y no hacer una segunda parte donde probablemente e todo se líe más...
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LeeConEle
 24 noviembre 2019
El día que se perdió la cordura, es un libro que no te deja respirar en ningún momento.
Empieza impactante y acaba contigo al borde del infarto.
Un título muy bien puesto ya que en distintos momentos de la novela sentirás cómo eres tú quien pierdes la cordura.
A lo largo de la novela se te ocurrirán un millón de hipótesis pero igualmente pienses lo que pienses te sorprenderá.
Y es que El día que se perdió la cordura es un libro absolutamente impactante y sorprendente.
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AntuanB
 15 noviembre 2019
No veo mal que los autores de lengua española intenten escribir una historia ambientada en los Estados Unidos, con personajes norteamericanos y con el estilo de vida propio de ese país, lo malo es no prepararse adecuadamente, no documentarse para no caer en tener que escribir algo que carece de lógica y sentido común, y esto es lo que me pasó con esta novela, a la que accedí por curiosidad, tanto se ha hablado de ella y de su autor que pensé que era una especie de "La verdad sobre el caso Harry Quebert", del francés Joel Dicker , pero me decepcionó totalmente. A como leí en una reseña en esta misma página, la idea es buena, pero está mal trabajada, porque cae mucho en lo inverosímil y lo ilógico, y una de estas cosas es el que el autor no tenga dominio del famoso American Lifestyle, lo que para quienes hemos podido estar en los Estados Unidos, nos resulta muy poco creíble la forma en que el autor aborda la novela con ese fondo. Una novela con muchos errores en la trama y en la forma, pero que ha logrado trascender quizás por haber contado con el beneplácito de los lectores del cyber espacio, los cuales a veces no son muy exigentes y pueden llevar a las alturas una obra que, como las del brasileño Coello, carece de la verdadera calidad que nos impresiona a quienes leemos más allá de solo leer por diversión, quienes apreciamos la creatividad y el dominio del oficio del escritor.
Después de esto, es difícil que le de otra oportunidad a Javier Castillo, porque miro que tiene una secuela y otra novela nueva, pero creo que lo dejaré pasar.
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ElrincondeDesi
 01 julio 2021
Este fue el primer libro que leí del autor y con el que conocí su pluma, pero no puedo decir que haya disfrutado de su lectura.

Me ha parecido a ratos muy inverosímil y además cae en demasiadas incongruencias como por ejemplo, que un psicólogo sea el director de un psiquiátrico. Además lo de que esté continuamente dando saltos temporales me marea un poco y no deja que termine de meterme en la trama.
Lo que ocurre hay veces que me interesaba y otras que me aburría soberanamente. Creo que este autor no es para mí.
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