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ISBN : 8491050116
Editorial: Penguin Random House (23/11/2017)

Calificación promedio : 4.57/5 (sobre 7 calificaciones)
Resumen:
Los mejores libros jamás escritos. Edición de Gregorio Torres Nebrera, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Extremadura. Galdós siempre vivió entregado a la tarea de escribir. Uno entre los muchos hitos de su dilatada trayectoria es Misericordia, que, por la precisión de sus descripciones y el nítido trasfondo psicológico de sus personajes, se erige en una muestra señera del naturalismo español. La historia de Benigna, la fiel sirvienta que men... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
Roseta
 13 mayo 2020
Final del XIX. Cambio de siglo. Miseria en las calles. Quizá siempre miseria para los mismos, misericordia para los mismos. Las clases humildes caminan por la ciudad, buscando, rebuscando; suplicando que alguien les dé eso que la vida les negó. Caridad, limosna, algo de misericordia. Así lo retrata Galdós (10 de mayo de 1843 – 4 de enero de 1920) en su novela Misericordia, una de las obras que más ahonda en ese Madrid de los suburbios. Benina es su protagonista, una mujer que sabe lo que es la burguesía, porque le tocó servir a los burgueses, porque la vida no fue tan condescendiente con ella, porque están los de arriba y los que siempre, siempre, se quedan abajo. Aunque estos burgueses, ahora, ya no lo son tanto y ella decide, en su misericordia, salir a mendigar, no para ayudarse sino para ayudarles.
Como bien expresa Almudena Grandes: “Un milímetro más acá sobrevive Benigna, la señá Benina, Nina; tres nombres diferentes para un personaje que encarna la dignidad del pueblo español en el contexto de la crisis más feroz”.
Antítesis de ella, doña Paca, que ha gastado toda su fortuna, la ha dilapidado en materialismos que ahora no le devuelven el bienestar de años pasados. Sus hijos Antoñito y Obdulia, casi lo mismo. Ninguno de los tres consigue esa calma, esa espiritualidad que rebosa Benina.
Antoñito deja a su madre y a su hermana solas, sin ingresos, una vez se casa. Obdulia hace lo propio, pero su matrimonio con don Luquitas se convierte en una pesadilla de la que no puede escapar. Se salvan de la indigencia gracias a la misericordia de la “señá” Benina que sale a mendigar y engaña a su “ama” diciéndole que va a cocinar a casa de don Romualdo, el sacerdote imaginario. Casualmente el mismo personaje que, de pronto, deja una herencia a doña Paca con la que poder salir de la miseria.
La miseria espiritual contrasta con la de los mendigos que pasean por el Madrid de finales de siglo; con el ciego Almudena (el más visionario de todos) o con Benina (la más realista y a la que más interesaría creer en fortunas imprevistas).
“En Misericordia me propuse descender a las capas ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia vicios, la miseria, dolorosa casi siempre, en algunos casos picaresca o criminal y merecedora de corrección”.
Madrid se convierte en personaje, hostil, como casi todas las ciudades con ese tinte grotesco, contradictorio. Las altas cúpulas contrastan con los bajos fondos. La iglesia de San Sebastián, edificio bifronte, fealdad risueña, contrasta con la esencia de Benina, dibujada casi como una santa.
“Galdós, creador de personajes femeninos extraordinarios, a través de los cuales contó el mundo con tanta ambición como la que desplegó en sus personajes masculinos, deposita en Benigna, en su nobleza, en su generosidad, en su ternura, la última de sus esperanzas. Ella representa la frágil hebra de vitalidad que conserva el imperio moribundo, ensimismado y mohoso, que tal vez aún merezca la oportunidad de renacer”. (Almudena Grandes)
Misericordia es, sin lugar a dudas, una novela imprescindible. Una novela que guardas en la memoria, siempre
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Raquel
 09 junio 2020
Novela ambientada en Madrid a finales del S. XIX donde muestra a través de sus calles, a los habitantes que la habitan, las carencias, la pillería, hurtos, mentiras, que sufre una parte de la sociedad de la época, todo ello narrado de una forma muy realista, dolorosa y magistral.
El personaje que se encarga de pasearnos por la clase social más baja de la villa de Madrid es Benina, una mujer muy práctica, resignada, sufridora, humilde, solidaria, la heroína de otros muchos pobres, que tapa las vergüenzas de su ama sin ella saberlo.
Una de las peculiaridades de esta novela es la narración, el amplísimo lenguaje utilizado por Galdós es un fiel reflejo del habla popular, con acotaciones, sarcasmos, refranes...
Es una novela para reflexionar, pensar, lo que es ser muy pobre, lo que se tiene, lo que se pierde, sobre la solidaridad y la amistad.
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sandey
 20 abril 2020
Primero quiero agradecer al #club de la pecera de Raquel, porque sin ella estoy seguro que no me hubiera acercado a este clásico, y eso es culpa del mal sabor de boca que me dejo las lecturas del colegio e instituto, dado que te dan lecturas cuando no estás preparado para entenderlas y después para disfrutarlas.
Ya para decir algo concreto de esta obra me ha dejado alucinado como retrata la sociedad en concreto de Madrid del siglo XIX, no es un obra fácil por lo que cuenta y es cruda, pero la forma de escribirlo de Galdós me ha dejado sin palabras
Me gustaría destacar al personaje de Benina como gran protagonista es una mujer bondadosa, humilde y que atraviesa lo que no está escrito, por supuesto, el retrato de los demás personajes también me han gustado, aunque creo que es merecido mencionar a este por méritos propios.
Como es evidente y quien me lo iba a decir voy a seguir leyendo las obras de Galdós sin ningún género de dudas.
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anademendoza
 10 junio 2020
No esperaba que me gustase tanto como lo hizo. Creo que fue, principalmente, por uno de sus personajes principales: Benina. Su forma de ser y su bondad hace que te encariñes casi desde el primer momento con ella. Las situaciones tan bien descritas o el enlace entre todos los personajes y cómo interactúan entre ellos, son elementos que hacen que esta lectura fuese para mi tan increíble.
Es cierto que al principio puede costar acostumbrarse al lenguaje, creo que es innegable el gran dominio que tenía del castellano y la forma que tuvo de adaptarlo a cada personaje para expresar en su esencia quienes son. Sin embargo, las descripciones y la trama están tan bien hechas, que creo que acabas sumergiéndote en la trama y el lenguaje pasa a un discreto segundo plano.
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Citas y frases (8) Ver más Añadir cita
MacabeaMacabea23 septiembre 2020
Aquel día, que tan siniestro se presentaba, y que la
aparición de Benina trocó en uno de los más dichosos,
Obdulia y Frasquito, en cuanto comprendieron que estaba
resuelto el problema de la reparación orgánica, se lanzaron
a cien mil leguas de la realidad, para espaciar sus almas en
el rosado ambiente de los bienes fingidos. Las ideas de
Ponte eran muy limitadas: las que pudo adquirir en los
veinte años de su apogeo social se petrificaron, y ni en
ellas hubo modificación, ni las adquirió nuevas. La
miseria le apartó de sus antiguas amistades y relaciones, y
así como su cuerpo se momificaba, su pensamiento se iba
quedando fósil. En su manera de pensar, no había
rebasado las líneas del 68 y 70. Ignoraba cosas que sabe
todo el mundo; parecía hombre caído de un nido o de las
nubes; juzgaba de sucesos y personas con candorosa
inocencia. La vergüenza de su aflictivo estado y el
retraimiento consiguiente, no tenían poca parte en su
atraso mental y en la pobreza de sus pensamientos.
Por miedo a que le viesen hecho una facha, se pasaba
semanas y aun meses sin salir de sus barrios; y como no
tuviera necesidad imperiosa que al centro le llamase, no
pasaba de la Plaza Mayor. Le azaraba continuamente la
monomanía centrífuga; prefería para sus divagaciones las
calles obscuras y extraviadas, donde rara vez se ve un
sombrero de copa. En tales sitios, y disfrutando de
sosiego, tiempo sin tasa y soledad, su poder imaginativo
hacía revivir los tiempos felices, o creaba en los presentes
seres y cosas al gusto y medida del mísero soñador.
En sus coloquios con Obdulia, Frasquito no cesaba de
referirle su vida social y elegante de otros tiempos, con
interesantes pormenores: cómo fue presentado en las
tertulias de los señores de Tal, o de la Marquesa de Cuál;
qué personas distinguidas allí conoció, y cuáles eran sus
caracteres, costumbres y modos de vestir. Enumeraba las
casas suntuosas donde había pasado horas felices,
conociendo lo mejorcito de Madrid en ambos sexos, y
recreándose con amenos coloquios y pasatiempos muy
bonitos. Cuando la conversación recaía en cosas de arte,
Ponte, que deliraba por la música y por el Real, tarareaba
trozos de Norma y de Maria di Rohan, que Obdulia
escuchaba con éxtasis. Otras veces, lanzándose a la
poesía, recitábale versos de D. Gregorio Romero
Larrañaga y de otros vates de aquellos tiempos bobos. La
radical ignorancia de la joven era terreno propio para estos
ensayos de literaria educación, pues en todo hallaba
novedad, todo le causaba el embeleso que sentiría una
criatura al ver juguetes por primera vez.
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PinkyPinky12 abril 2020
-¿Y soportas, además de la miseria, la vergüenza, tanta humillación, deber a todo el mundo, no pagar a nadie, vivir de mil enredos, trampas y embustes, no encontar quien te fíe valor de dos reales, vernos perseguidos de tenderos y vendedores?

-¡Vaya si lo soporto!... Cada cual, en esta vida, se defiende como puede. ¡Estaría bueno que nos dejáramos morir de hambre, estando las tiendas tan llenas de cosas de sustancia! Eso no; Dios no quiere que a nadie se le enfríe el cielo de la boca por no comer, y cuando no nos da dinero, un suponer, nos da la sutileza del caletre para inventar modos de allegar lo que hace falta, sin robarlo..., eso no. Porque yo prometo pagar, y pagaré cuando lo tengamos. Ya saben que somos pobres..., que hay formalidad en casa, que que no haigan otras cosas. ¡Estaría bueno que nos afligiéramos porque los tenderos no cobran estas miserias, sabiendo, como sabemos, que están ricos!

-Es que tú no tienes vergüenza, Nina; quiero decir, decoro; quiero decir, dignidad.

-Yo no sé si tengo eso; pero tengo boca y estómago natural, y sé también que Dios me ha puesto en el mundo para que viva, y no para que me deje morir de hambre. Los gorriones, un suponer, ¿tienen vergüenza? ¡Quia!..., lo que tienen es pico... Y mirando las cosas como deben mirarse, yo digo que Dios, no tan sólo ha criado la tierra y el mar, sino que son obra suya mismamente las tiendas de ultramarinos, el Banco de España, las casas donde vivimos y, pongo por caso, los puestos de verdura... Todo es de Dios.
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PinkyPinky12 abril 2020
En efecto: había existido años atrás una señora muy linajuda, llamada doña Guillermina Pacheco, corazón hermoso, espíritu grande, la cual andaba por el mundo repartiendo los dones de la caridad, y vestía humilde traje, sin faltar a la decencia, revelando en su modestia soberana la clase a la que pertenecía. Aquella dignísima señora ya no vivía. Por ser demasiado buena para el mundo. Dios se la llevó al cielo cuando más falta nos hacía por acá. Y aunque viviera, amos, ¿cómo podía ser confundida por ella, con la infeliz Benina? A cien leguas se onocía en ésta a una mujer de pueblo, criada de servir.
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PinkyPinky12 abril 2020
Voy a tener otra vez el gusto de dar de comer a ese pobre hambriento, que no confiesa su hambre por la vergüenza que le da... ¡Cuánta miseria en este mundo, Señor! Bien dicen que quien más ha vistp, más ve. Y cuando se cree una que es el acabóse de la pobreza resulta que hay otros más miserables, porque una se echa a la calle, y pide, y le dan, y come, y con medio panecillo, se alimenta... Pero estos que juntan la vergüenza con la gana de comer, y son delicados y medrosicos para pedir: estos que tuvieron posibles y educación, y no quieren rebajarse...¡Dios mío, qué desgraciados son!
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PinkyPinky12 abril 2020
Mucha más numerosa y formidable que por el sur es por el norte la cuadrilla de miseria que acecha el paso de la caridad, al modo de guardia de alcabaleros que cobra humanamente el portazgo en la frontera de lo divino, o la contribución impuesta a las conciencias impuras, que van a donde lavan.
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Vidéo de  Benito Pérez Galdós
La Real Academia española es el marco perfecto para conversar en este año del centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós sobre la utopía y la distopía en su obra. La escritora y académica Soledad Puértolas y el también académico y cineasta Manuel Gutiérrez Aragón desgranan ambos extremos en una obra que alude a mundos posibles y aspira a una España regenerada y mejor frente al oscurantismo que rodeaba entonces al mundo de Galdós y aún nos acecha. Esta conversación se enmarca dentro de la programación del Festival Eñe.
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