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IOULIA; DOBROVOLSKAIA (Traductor)
ISBN : 8466338845
Editorial: Debolsillo (16/03/2017)

Calificación promedio : 4.37/5 (sobre 44 calificaciones)
Resumen:
Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra.

¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían m... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (26) Ver más Añadir una crítica
Paloma
 28 December 2017
¿Sabe lo preciosos que resultan los amaneceres en la guerra? Antes de un combate…Los observas y estás segura: ese podría ser el último. La tierra es tan bella…Y el aire…Y el sol…”
- Olga Nikitichna Zabélina
No sé ni cómo empezar la reseña de este libro. Quizá debería esperar un par de días o semanas más, porque una serie de pensamientos e ideas se agolpan en mi mente y no sé si haya un hilo conductor. al mismo tiempo, siento que estas reflexiones desean salir ya, expresarse porque tengo miedo que la impresión se desvanezca con el paso de los días.
He de confesar que cuando Svetlana Alexievich ganó el Premio Nobel hace dos años pensé que el máximo premio de literatura comenzaba a desviarse de su propósito original (lo cual resultó evidente en el ganador de 2016). Sin embargo, nunca había leído a la autora y me dejé llevar por algunos artículos que indicaban que su obra era, fundamentalmente, la crónica. ¿No sé supone que la literatura es fantasía, imaginación, la posibilidad de recorrer otros mundos, reales o ficticios, pero con una narrativa propia? Bueno, por lo menos así siempre he percibido al género literario y, en ese sentido, he de reconocer que soy una “clasista” del arte, lo cual implica que: (1) no me gustan los experimentos; (2) no me gusta el arte moderno en general (salvo algunas excepciones y sobre todo en las artes plásticas); y (3) la literatura, para mí, no debe ser un medio de denuncia o propaganda por encima de la calidad literaria.
Dicho lo anterior, me pareció extraño que se premiara a una escritora cuyo trabajo es más cercano al periodismo. No obstante, no la veté de mi lista de potenciales lecturas y me propuse leerla eventualmente, también por solidaridad ante el hecho que los Nobel han estado dominados por hombres. de esta manera fue como me hice de la Guerra no Tiene Rostro de Mujer, ejemplar que estuvo un par de meses en mis estantes, hasta que decidí no dejar pasar más tiempo.
¡Qué gran descubrimiento resultó y cómo me demostró que estaba equivocada en algunos de mis preceptos literarios! Si bien es una literatura distinta a lo que yo considero como el estándar o modelo, la crónica de Alexievich es estupenda porque es humana, nos horroriza, nos conmueve, nos hace repensar nuestro mundo y, a pesar del pesimismo latente, nos permite también imaginar un mundo mejor.
La Guerra no Tiene Rostro de Mujer es una obra épica, tanto por el tema como por los protagonistas, pues desentierra y pone en evidencia la realidad de una de las guerras más cruentas de la humanidad y el papel de las mujeres, el cual fue silenciado o ignorado por más de cincuenta años. En las primeras páginas, la escritora relata el inicio de su búsqueda, las barreras que en principio encontró, la censura, el miedo. Pero confiesa que era algo que quería desenterrar, conocer, porque la voz oficial, la voz de la historia, no parecía suficiente ya que sólo es la voz de los vencedores. Y puede parecer contradictorio, toda vez que los vencedores no fueron otros que los rusos, quienes como aliados, derrotaron a Hitler. Sin embargo, en el espíritu de la Victoria, del triunfo del bien sobre el mal representado por el nazismo, muchos otros crímenes internos fueron silenciados y los héroes de esta guerra borrados de los capítulos de la historia.
En ese sentido, leer la crónica de Alexiévich implica no sólo conocer las historias de cientos y cientos de mujeres que se alistaron en el ejército o se unieron a los partisanos sino también conocer la historia de la Unión Soviética, de la crueldad que enfrentó un pueblo, de los sinsabores del triunfo. En este primer aspecto, son tantas las voces que existen en el libro que si bien uno no podría registrar todos los nombres, lo que sí es imposible de olvidar son las historias de valentía, de coraje, de tristeza, de desamor. Después de leerlo, queda esa impresión (y lo escribo con el temor de caer en un sesgo de género o sexismo) que, en definitiva, la guerra no es una actividad de mujeres: pero no por qué no tengan la fuerza, o la determinación o la capacidad –algo que las historias que el libro recoge demuestran – sino porque no es algo con lo cual la mujer sueñe. Esto sin duda puede deberse a la educación, a la diferencia y desigualdad de género, pero lo cierto es que la mujer tiende a unir, a construir, a apoyar.
”Hubiera sido mejor que me hubieran herido en el brazo o en la pierna, que me doliera el cuerpo. Porque el alma…duele mucho. Es que éramos muy jóvenes, unas niñas” (p. 55)
Varias de las mujeres recuerdan que en el campo de batalla, como rescatistas, estuvieron a punto de abandonar a soldados alemanes heridos, a negarles el pan a niños alemanes que encontraban por los caminos –y simplemente no lo hicieron: regresaban por ellos, los sanaban, compartían la poca comida disponible. Esto no lo hacían con gusto, es cierto, pero algo –considero que su humanidad las obligaba a ello.
”No me había olvidado de nada. Pero no sería capaz de pegar a un prisionero por el mero hecho de que está indefenso. Lo importante es que cada uno tomaba sus propias decisiones.” (p. 189).
Quizá uno de los fragmentos que más me impactó fue sobre una mujer rusa que al final de la guerra lloraba la pérdida de sus hijos. En su pueblo, un día pasó un grupo de prisioneros alemanes y al verlos, esta mujer lloró más, y les gritó que cómo era posible que las madres de estos soldados hubieran tenido el corazón de mandarlos a una guerra tan cruenta: los prisioneros no eran más que unos niños de entre 12 y 13 años.
La guerra lo cambió todo –separó familias, acabó con la infancia, generó muerte, condenó a muchas mujeres a la soledad. Pero, quizá lo más sorprendente es que, una vez concluido el conflicto, las mujeres entrevistadas por Aléxievich, guardaron silencio y esto tuvo múltiples razones: el querer olvidar, seguir adelante, vivir, volver a creer en la posibilidad de la bondad, del amor. Sin embargo, otro factor crucial fue sin duda el hecho que sin guerra se volvió al viejo estándar –el conflicto no era una actividad de mujer y quiénes habían participado, eran consideradas como desnaturalizadas o raras a lo menos. Tantas mujeres coinciden que era un tema que ni siquiera hablaban con sus maridos, algunos de los cuales habían conocido en el frente, y muchas de ellas habían guardado sus condecoraciones. Porque, ¿es normal que una mujer pueda tomar una metralla, manejar un avión, lanzar bombas? al parecer no, a pesar que expusieron la vida con el mismo arrojo que un hombre, se revolcaron en ríos de sangre, tuvieron que amputar miembros, tuvieron que comer animales de campo. Porque quizá una heroína no hace eso. Muchas historias coinciden que, al regresar de la guerra, cuando todo terminó, la gente las llamaba prostitutas, pensando que su labor entre tantos hombres no podría ser otra que satisfacerlos; otras indican que, al no tener hijos, se consideraba una maldición por haber realizado actividades masculinas.
Qué impotencia y qué injusticia, el haber amado a la patria, luchado por un ideal, y ser juzgado por no amoldarse a cierto modelo. Sin duda esto es algo con lo cual las mujeres en pleno siglo XXI seguimos enfrentando pero no por ello deja de crear indignación lo vivido por las mujeres rusas en la guerra. En este contexto, otro de los aspectos que explora el libro, sin ser una denuncia abierta pero considero que lo suficientemente contundente, es la vida bajo el régimen estalinista. Además de que algunas mujeres sufrieron cierta discriminación al volver de la guerra, otras debieron enfrentar nuevas separaciones al ser sus familiares juzgados como traidores a la patria por un gobierno autoritario: ¿por qué volvían los hombres del frente, cuándo todos estaban muriendo? Aquellos que habían participado en la liberación en Alemania, en Francia, eran enviados a campos de trabajos forzados porque su estancia en el extranjero pudo haberlos contaminado. Una enfermera narra como cuando los alemanes capturaron a la familia de un general, le enviaron un mensaje diciendo que si no se entregaba, asesinarían a todos los miembros. La orden del regimiento fue que no se entregara, que era por la patria. Y la familia murió… y a los pocos días el hombre fallecía en el frente, en una expedición sin mayores complicaciones.
En la década de los ochentas, cuando la autora empezó a redactar este libro, mucho de su material fue sujeto a la censura y resulta evidente por qué: la victoria también fue sufrimiento, fue pérdida, fue sacrificio, causado en parte por la guerra pero también por el propio gobierno. Como parte de otra de las confesiones de esta reseña, uno de los clásicos que no he leído aún es Fahrenheit 451 , que entiendo habla sobre el temor de regímenes autoritarios a los libros y por ello, su constante censura o destrucción. A reserva que ahora dicha novela estará en mis próximas lecturas, con un libro como La Guerra… creo que resulta más que evidente el por qué ese temor a las palabras, a la libertad de expresión. Como mencioné anteriormente, la crónica de Svetlana no es contra el régimen soviético ni es anticomunista –es la verdad contada en las historias de miles de mujeres que vivieron la guerra desde otra perspectiva. Pero dicho relato, tanto en lo extraordinario como en lo cotidiano, contiene una denuncia sobre un régimen opresivo, inhumano. Sin temor a equivocarme, considero que este libro me ha ilustrado bastante sobre una parte del régimen soviético sin tener que recurrir a un volumen de historia.
De tal forma, considero que La Guerra… debería ser una lectura obligatoria en todo el mundo: a veces parece tan fácil, tan simple olvidar la guerra, o glorificarla como una lucha en la que gana el bien y se castiga al mal, cuando en realidad, ésta tiene más víctimas que triunfadores. Olvidar el horror del conflicto beneficia los intereses de unos cuantos mientras entierra el futuro de millones: “A veces oigo una música…O una canción…Una voz de mujer… Y allí encuentro lo que he sentido. Algo semejante…En cambio, veo una película de guerra y sabe a mentir, leo un libro y lo mismo, mentira. No es…No es correcto.” (p. 243).
Al leer crónicas como ésta, uno no puede más que estremecerse ante lo terrible, lo sangriento, lo vulnerable que nos deja el conflicto y desear fervientemente que nunca más volviera a repetirse, porque la guerra es irracional e irracionales quiénes la promueven. Así de simple.
Este es un libro difícil, duro, pero también conmovedor. En varios momentos estuve a punto de las lágrimas tanto por el sufrimiento, como por la honestidad. Y es que, a pesar que este es un libro sobre la guerra, es brutal también el deseo por vivir, la esperanza en medio del caos, la bondad que surge en los lugares que menos se espera:
Fue en Stalingrado…El combate más terrible. Más que cualquier otro… Querida mía. Es imposible tener un corazón para el odio y otro para el amor. El ser humano tiene un solo corazón y yo siempre pensaba en cómo salvar el mío.” (p. 365)
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marta_lo
 21 January 2023
El trabajo intenso de la autora a la hora de recopilar información es sublime en este libro. Cartas, llamadas telefónicas, visitas a domicilios, festividades, organizaciones, museos… Svetlana Alexiévich recorrió la antigua Unión Soviética con la grabadora en mano para recoger las palabras de quizá cientos de mujeres y poder elegir de entre todas y crear este libro.
Aunque a veces la autora escribe cómo consiguió tal o cual información, o narra la situación emocional por la que pasaba al ser testigo de lo vivido por otras personas durante la Segunda Guerra Mundial, este libro está narrado realmente por un coro de voces femeninas, cada una preciada e importante.
En su gran mayoría, la autora nos dice el nombre y apellidos de cada mujer y su papel en la guerra (soldado, cocinera, zapadora…), pero en algún caso ha tenido que mantener en el anonimato de algunas, ya sea por miedo o por vergüenza. Porque después de luchar por su país contra los nazis alemanes, la situación fue distinta para los hombres que para las mujeres: mientras que a ellos se les recibía con todos los honores, ellas eran castigadas con el estigma de no ser reconocido su trabajo y de no ser consideradas buenas mujeres por haberse dedicado a la defensa del país. Muchas no pudieron casarse después, y vivieron en pisos compartidos, ya que fueron echadas de sus hogares por sus propias familias.
Es sorprendente también cómo ellas mismas cuentan cómo sentían que era un honor y una obligación el defender a su país, cómo desde pequeñas en casa y en la escuela se les enseñaba a todos a servir a su país por encima de sus propios deseos.
Svetlana Alexiévich ha ganado numerosos premios internacionales por sus obras, ya que da la oportunidad de hablar a quien nunca ha tenido voz. Resulta inquietante que la percepción de la guerra que todos tenemos, hayamos o no vivido una, sea a través de la mirada masculina y se haya obviado la femenina, por eso es tan importante la obra de esta gran mujer.
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Eduardo_Irujo
 16 January 2023
Svetlana Alexievich, escritora y periodista bielorrusa, compone en este duro y hermoso, terrible y humano libro de entrevistas a mujeres soviéticas que participaron en la Segunda Guerra Mundial, una memoria olvidada. Da voz en esos relatos al “tremendo rictus de lo misterioso". En palabras de la autora, "la guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana" (p. 14).
Cuarenta años después de finalizada la contienda Alexievich comienza la titánica tarea de recuperar la memoria de estas mujeres, realiza cientos, miles de entrevistas. Viaja por toda la URSS visitando a esas luchadoras olvidadas en sus casas, en asilos, en granjas. Y vuelve con una historia sublime, cercana, que remueve las tripas. Que horroriza pero nos acerca a los ideales que movieron a todas ellas, jóvenes en su mayoría de 15 o 16 años a luchar en una guerra cruenta que, en principio, no estaba hecha para ellas. Pero se hicieron un hueco, con tesón, grandeza, fuerza de voluntad y una fe inquebrantable. Después, el silencio… impuesto desde el Estado, la sociedad, los hombres y mujeres que salvaron y defendieron.
Encuesta, charla, toma el té con ellas, desde las lavanderas, panaderas y enfermeras hasta las aviadoras, zapadoras, artilleras, partisanas que durante cuatro años, de 1941 a 1945, primero aguantaron la embestida del ejército alemán y, más tarde, le hicieron retroceder hasta Berlín. Pueblos quemados, actos de tortura, asesinatos masivos son descritos desde la mirada tensa y horrorizada, pero con férrea voluntad de resistir y luchar hasta el final. Mirada coral que nos descubre un universo hasta ahora silenciado y desconocido: "recorrí un largo camino junto a mis personajes. Como ellas, pasó mucho tiempo hasta que pude asumir que nuestra Victoria tenía dos caras: una es bella y la otra es espantosa, cubierta de cicatrices. Mirarla es doloroso" (p. 40)
Al finalizar la lectura del libro, sus voces, la de estas luchadoras, resuenan en nuestra mente y nos enfrentan al pasado para poder comprender el presente. Sin olvido. Por justicia. Con ese poso amargo en el estómago de a quien se le ha narrado el horror desde una mirada diferente, cargada de connotaciones, de ternura y de perplejidad.
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Bren
 26 November 2019
Había estado viendo un documental sobre la segunda guerra mundial, pero a diferencia de los muchísimos documentales que hay de este tema, éste estaba basado únicamente en la guerra contra Rusia, las batallas y demás, me llamó mucho la atención ver películas y fotografías de muchas mujeres rusas peleando, hoy en día es muy común ver mujeres soldados, pero en esa época no era común, nada común ver mujeres pilotos, mujeres solados manejando tanques, francotiradoras y mucho menos soldados de infantería en primera linea siendo mujeres, pero lo que más me llamó la atención fue la enorme cantidad de mujeres que había en el frente. El documental se centraba en lo desconcertados que se encontraron los soldados alemanes al ver que peleaban contra mujeres.
Así que recordé este libro, lo tenía desde hace mucho, cuando leí voces de Chernóbil de esta autora busqué sus demás trabajos, sin embargo no lo leí en su momento y lo olvidé.
Muy a su estilo, la autora se va a hablar con todas las mujeres que pudo encontrar que participaron el la II Guerra Mundial y más que entrevistas nos presenta monólogos de cada una de ellas relatándonos, como fue que se alistaron y como fue que cada una de ellas termino siendo ya sea soldado, francotirador, tanquista, médico en combate, ingenieras mecánicas, chóferes de camiones, como aprendieron a tirar con rifle, a usar tanques, a lanzar bombas y cuidarse el trasero en las trincheras.
El libro comienza diciendo que la guerra contada por una mujer resulta diferente a cuando es contada por un hombre, bueno, no me ha parecido de esa manera, lo que si me ha parecido es que se hacen mucho menos victimas que muchos veteranos de guerra, no cuentan sus logros militares, como muchos soldados a la hora de hablar de sus guerras, más bien relatan lo terrible, lo espantoso de la guerra, el shock de matar a otro ser humano, a tener que usar ropas de hombre, botas enormes porque eran hechas para hombres, no para mujeres.
Lo terrible es como muchas de ellas fueron si, aceptadas y ¿por qué no decirlo? utilizadas en esta guerra para ir al frente, nadie les hizo el feo, nadie las trato de manera diferente que a un hombre, no fueron abusivos con ellas y se les reconocieron todos sus logros, tienen medallas muchas de ellas y también recibieron sus honores como cualquier otro soldado, pero... PEEEEROOO, una vez terminada la guerra, los hombres no querían casarse con ellas porque habían luchado, la sociedad las marginó, la mayoría de ellas no enseña sus medallas, no le cuentan a nadie de sus proezas bélicas o de su valentía porque fueron tan altamente criticadas que al final terminaron por negar y negarse que estuvieron ahí.
Esto me echo literal un balde de agua fría, porque primero pensé "vaya, si el comunismo después de todo tuvo sus ventajas, fue el primero en quitarse de encima el machismo y dio un paso enorme en feminismo", para luego toparme que, pues resulta que no, que si que se quitaron de encima sus traumas machistas para usarlas en la guerra, para volverse a poner el papel encima una vez terminada la guerra.
Estas mujeres merecen ser recordadas por su valentía, por su lucha, por el amor a su patria y porque rompieron esquemas mucho, mucho antes que otras
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thia_
 10 May 2022
La guerra no tiene rostro de mujer no es una crónica sobre la guerra, al menos no tal y como las conocemos. No es la historia de la victoria ni de los ganadores, sino de las mujeres del Ejército Rojo que combatieron durante la segunda guerra mundial, quienes se subieron a un tren siendo unas niñas con falda que querían luchar por sus ideales y regresaron convertidas en adultas, después de haber mirado a la cara al peor y mejor rostro del ser humano, de haber visto muerte, dolor, sufrimiento, pero también esperanza, restos de inocencia y amor.
Aleksiévich realiza un trabajo ejemplar en el que aúna testimonios de enfermeras, médicas, zapadoras, soldados o cocineras. Todas las labores de guerra tienen cabida en la historia, todos los testimonios son igual de importantes y es la palabra sincera, la confesión tras años de silencio, de esconder la realidad, la que va configurando la narración. La autora se vale de distintos temas que introduce para marcar el hilo narrativo, pudiendo encontrar capítulos dedicados a absolutamente todo lo que configuró el mundo de estas mujeres en esos años, relatándose su relación con la familia, con los hombres del frente, con la muerte, con la primera vez que tuvieron que pulsar el gatillo, con el amor, y también con lo que hubo más allá, con ese mundo al que regresaron pensando que sería como antes pero encontrándose con que su vida había cambiado para siempre y de forma irremediable.
No sólo se realza el papel que realizaron en el campo, no es un mero recopilatorio en el que podemos tener un acceso privilegiado a esta parte secreta de la historia, a esta visión silenciada, sino que la vida continuó para las voces de la novela. Personalmente nunca me había planteado cómo encaja en una sociedad patriarcal el acceso de la mujer a roles tradicionalmente considerados masculinos, me sorprendió leer cómo se las aceptó en el frente, el cariño que se les mostró y que incluso les dieron reconocimientos. Sin embargo, una vez acabada la guerra, el trato cambió. Nunca tuvieron los privilegios que sí poseyeron los hombres que regresaron y lamentablemente ya no encajaban en los estereotipos de lo que se presupone que es una mujer (sin contar con cómo les afectó a nivel mental la guerra, no poder hablar con claridad del tema, tener que esconder sus medallas o verse obligadas a disimular sus heridas por miedo a no poder encontrar marido o salir adelante). Me ha gustado y dolido poder leer estos testimonios, que la autora fuese más allá e incluyera en el libro también estos angustiosos relatos, esta crítica que traspasa la sociedad bélica y llega a los cimientos de nuestra cultura.
Sin duda, es de las mejores lecturas que he tenido, un libro sincero, con una labor de documentación increíble, necesario, y no por ello menos doloroso. Es realista, valiente y, por tanto, duro. Es por ello que quiero acabar la reseña con una cita que a mi parecer recoge bien la idea subyacente a la obra, cómo estamos acostumbrados a leer sobre una guerra edulcorada, masculina, distante, y cuán necesario es hacer una historia de la guerra humana, detallada, sincera y cercana.
"¿Seré capaz de encontrar las palabras adecuadas? Puedo contar cómo disparaba. Pero explicar cómo lloraba, nunca, ni hablar. Eso quedará mudo para siempre. Lo único que sé es que en la guerra las personas se vuelven espantosas e inconcebibles. ¿Cómo vas a entenderlas? Usted es escritora. Invéntese algo. Algo bonito. Sin parásitos ni suciedad, sin vómitos... Sin olor a vodka y a sangre... Algo no tan terrible como la vida...".
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Citas y frases (49) Ver más Añadir cita
marta_lomarta_lo21 January 2023
¡Cuántas ganas tenía de volver a casa! Aunque mi padre no estuviera allí, ni mi madre tampoco. La casa es algo superior a las personas que la habitan, y superior a la casa misma.
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LavidamurmuraLavidamurmura08 September 2022
Antes pensaba que el sufrimiento libera, que, tras superar las penas, el individuo ya solo se pertenece a sí mismo. Que su propia memoria le protege. Pero estoy descubriendo que no, no es una regla general. A menudo este saber e incluso el saber superior (inexistente en la vida normal) existen como un ente oculto, como una especie de reserva intangible y secreta, como las pepitas de oro en una mina. Hay que separar minuciosamente el lastre y rebuscar bien entre los sedimentos del ajetreo diario para finalmente hacerlo brillar. [...] Entonces ¿qué somos en realidad, de qué estamos hechos? ¿De qué material? ¿Cuál es su resistencia? Eso es lo que quiero entender.
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EmilianoPDEmilianoPD31 October 2022
¿Hasta dónde llegan nuestras palabras y nuestros sentimientos? ¿Qué está condenado a ser inexplicable? Cada vez tengo más preguntas y menos respuestas. A veces regreso a casa después de la conversación de turno pensando que el sufrimiento es soledad. Aislamiento absoluto. Otras veces me inclino a creer que el sufrimiento es un tipo de conocimiento, de sabiduría. Hay ciertas cuestiones de la vida humana que solo se guardan y se transmiten por la vía del sufrimiento, sobre todo aquí, en nuestro país. Así es nuestro mundo, así somos nosotros.
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LavidamurmuraLavidamurmura01 September 2022
Los recuerdos no son un relato apasionado o impasible de la realidad desaparecida, son el renacimiento del pasado, cuando el tiempo vuelve a suceder. Recordar es, sobre todo, un acto creativo. Al relatar, la gente crea, redacta, su vida. A veces añaden algunas líneas o reescriben. Entonces tengo que estar alerta. En guardia. Y al mismo tiempo, el dolor derrite cualquier nota de falsedad, la aniquila.
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adbana9adbana909 January 2022
El libro narra en primera persona las historias de mujeres que lucharon en el Ejercito Soviético contra los alemanes en la II Guerra Mundial.
A pesar de la gran cantidad de mujeres que combatieron durante esta horrible guerra, nunca había leído acerca de ellas, ni aparecen en documentales o películas/series relacionadas con ello.
Me costó mucho de leer, lo tuve que dejar y retomar un par de veces debido a las espeluznantes vivencias que tuvieron y por todo lo que pasaron.
Me parece un libro extraordinario porque muestra una realidad olvidada y poco contada, pero que también fue real y sufrida por muchas mujeres que se vieron empujadas a formar parte de la guerra.
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Videos de Svetlana Aleksiévich (7) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Svetlana Aleksiévich
El 22 de noviembre de 2022, en el marco del Ciclo Palabra, la traductora y escritora barcelonesa Marta Rebón departió con Azahara Alonso, filósofa, poeta y docente. A partir de las claves que aporta la literatura eslava (de Vasili Grossman a Nikolái Gógol, de Svetlana Aleksiévich a Antón Chéjov, de Liudmila Ulítskaya a Andréi Kurkov) durante más de una hora de charla, Rebón abordó la compleja relación entre Rusia y Ucrania para entender un poco mejor la guerra que ha trastocado la geopolítica mundial, y el el ser o no ser de Kiev bajo la sombra de Moscú.
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