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ISBN : 8417860797
Editorial: Ediciones Siruela (12/12/2019)

Calificación promedio : 4.37/5 (sobre 58 calificaciones)
Resumen:
EL ENSAYO REVELACIÓN DE LA TEMPORADA De humo, de piedra, de arcilla, de seda, de piel, de árboles, de plástico y de luz... Un recorrido por la vida del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos. «Muy bien escrito, con páginas realmente admirables; el amor a los libros y a la lectura son la atmósfera en la que transcurren las páginas de esta obra maestra. Tengo la seguridad absoluta de que se seguirá leyendo cuando sus lectores de ahora esté... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (37) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 12 febrero 2021
Hay personas que durante su vida anhelan saber más porque cuanto más saben mejor comprenden a los demás, más facilidad tienen para convivir y, por lo tanto, disfrutan más del día a día, son más felices. Y lo transmiten.
Creo que es lo que le sucede a Irene Vallejo, destila amor y felicidad. Y la contagia. Leer El infinito en un junco es dar un paseo por la Historia para comprender la necesidad del hombre de comunicarse con los demás, la necesidad de no olvidar lo que otros dijeron antes que él y la necesidad de compartirlo.
Y así, haciendo gala de un humor exquisito, Irene Vallejo nos abre las puertas de la Historia. El lector asiste con absoluto placer a los comienzos del libro, a la dificultad de plasmar con símbolos, en la piedra, el papiro o el papel, los sonidos rítmicos que con tanta facilidad producimos, a la necesidad de hacerlo. Y queda admirado (una vez más) al descubrir que, gracias a la escritura, sabemos que los grandes hombres, y los despreciables, renacen cada cierto tiempo. La autora nos recuerda cómo hace 25 siglos Alejandro Magno ya concibió lo que hoy llamamos globalización a partir del helenismo. Esta empresa ha sido llevada a cabo en varias ocasiones a lo largo de la historia, pero por cuestiones políticas o religiosas se ha destruido otras tantas. Y puestos a aniquilar, lo pulverizamos todo. Leyendo El infinito en un junco razonamos las consecuencias de destruir los libros escritos por filósofos, científicos, lingüistas… La cultura de esa sociedad queda devastada, por lo que se impide a quienes vengan después que la conozcan, es un atentado al propio ser humano. Imagino a los habitantes de la antigua Alejandría o de Irak en 2015 al ver sus tradiciones, sus pensamientos pisoteados, ninguneados, despreciados, quemados. Porque luego presiento a la sociedad sin bases, analfabeta, que se levanta de esas cenizas. Sospecho que volvemos a la Prehistoria aunque estemos rodeados de tecnología y las armas no sean huesos de animales. Seguro que eso es el eterno retorno. Pero también es cierto, que entre tanto odio (no encuentro otro sentimiento que califique estos hechos) hay otro grupo de personas que comienzan el ciclo de la vida y la convivencia.
Irene Vallejo es una de ellas y sabe que la memoria está unida al proceso de la escritura y la lectura.
Su propia obra es una confirmación formal del eterno retorno. En el libro no importa que la historia esté contada en riguroso orden cronológico, no afectan los saltos en el tiempo, con lo que demuestra que el devenir es en realidad una red de sucesos similares movidos por el afán de poder o saber, de alcanzar la perfección. de lo que hemos de darnos cuenta es de que el saber lleva irremediablemente al poder.
La autora realiza un ensayo de opinión en el que mezcla documentos científicos con anécdotas de la mitología, de algunos personajes de la historia o suyas propias, con lo que, además de demostrar una valentía y generosidad envidiables al abrirse a los demás, consigue una historia novelada llena de datos reales. No hay que ser un experto filósofo para entender lo que expuso Platón, ni un avezado filólogo para seguir a Aristóteles; cualquier lector que se asome a El infinito en un junco disfrutará de un libro placentero de asequible lectura, pues una prosa apasionada envuelve las aventuras de Alejandro Magno, Ptolomeo, Cleopatra, Aquiles, Ulises o Platón para conformar un mundo clásico tan cercano al actual. El estilo sencillo, de interesantes contenidos, es una muestra evidente de las ventajas de leer.
Vallejo consigue algo parecido a lo que desearon los primeros bibliófilos, como Alejandro o Ptolomeo y los primeros bibliotecarios, como Demetrio de Falero: democratizar el conocimiento. Y esto define a una persona total.
En el momento que alguien quiere ocultar el saber comienza imponerse la finalidad de cualquier tiranía: poder manejar mentes ignorantes.
Es este un libro más que recomendable, de hecho todos deberíamos leerlo porque además de disfrutar enterándonos de sucesos increíbles, asistimos, mediante el humor reflexivo y la ironía inteligente, al pasado. La autora nos ayuda a conocernos mejor si miramos atrás y, por lo tanto, a darnos cuenta de que no somos tan distintos, ni de los que viven a miles de kilómetros de nosotros, ni de los que vivieron hace miles de años.
El ensayo está dividido en dos partes: La primera, Grecia imagina el futuro, comienza contando cómo Alejandro, con grandes ansias de poder quería conquistar el mundo, llegar hasta donde le había dicho su maestro que estaba el final. «Aristóteles le había enseñado que el extremo de la tierra se encontraba al otro lado de las montañas del Hindu Kush». Es curioso que este rey de Macedonia, que también se hizo con el poder de Grecia, Egipto, Media y Persia quisiera crear una biblioteca universal, «otra forma —simbólica, mental, pacífica— de poseer el mundo». La autora relata que Alejandro recorrió las rutas de Asia sin separarse de la Iliada. Recuerdo que también Napoleón llevaba en sus campañas el Werther de Goethe. Y también Alfonso X fundó, en el siglo XIII, algo parecido a la Biblioteca de Alejandría, la Escuela de Traductores de Toledo… Aún a lo largo de la historia se repiten hechos afortunados; en la Grecia Antigua, ya los copistas empezaron a dejar su huella en los libros, según errores o alteraciones en los mensajes, lo que provocó, en el siglo I a.C., que empezasen a aparecer críticos literarios. Otra curiosidad (que nos define) es cómo desde el comienzo de la humanidad, hemos «preferido ignorar que el progreso y la belleza incluyen dolor y violencia»; Irene Vallejo recuerda bellísimos ejemplares de blancos pergaminos, «vitelas», sacados de crías recién nacidas del ganado o incluso de «embriones abortados en el seno de su madre» (¡Qué poco hemos avanzado!). Curiosidades sobre la enseñanza de la escritura, la aparición de los libreros, el primer loco que lleva a cabo una matanza en una escuela del 492 a.C., la labor de Hesíodo en el 700 a.C. anunciando lo que en el siglo XX se consideraría poesía social… Somos testigos de cientos de curiosidades relacionadas con los libros a lo largo de la historia, porque un hecho nos trae a la memoria otro anterior o posterior; el papel casi humillante de las bibliotecarias, hasta la época franquista incluso, fue evidente. Y observamos, complacidos, los agradecimientos de la autora a su madre por leerle todas las noches antes de dormir, a su profesora de Griego por saber escuchar y enseñarla a descubrir situaciones poco agradables, de acoso incluso, de las que podía evadirse leyendo. No hay rencor en la prosa de Vallejo ante tanto horror, hay asombro, algo de sarcasmo y mucha empatía, sensaciones que todos podemos experimentar a través de la lectura, pues ayuda a imaginar un mundo mejor, a tener un salvavidas espiritual en circunstancias difíciles y a evadirnos de ciertos contextos tóxicos. Vallejo es consciente de estas realidades y las denuncia, «La violencia entre los niños, entre los adolescentes, se desarrolla protegida por una barrera de silencio turbio».
La segunda parte, Los caminos de Roma, comienza con la fundación de la ciudad (con tres episodios infames, el fratricidio de Rómulo, llenar la aldea de maleantes y la violación masiva de las mujeres de los alrededores para poder tener habitantes. Otra curiosidad, Rómulo emprende su andadura de forma parecida a Alejandro, quien «decidió (en Susa) celebrar una fiesta grandiosa […] bodas colectivas».
Asimismo Roma llega a convertirse en un verdadero adalid de la cultura al engrandecer la Biblioteca. Y también le debemos mucho a este imperio, Virgilio se instalará ente nosotros en la narrativa de viajes y aprenderemos de la sátira de Marcial. Nuestra escritura adoptará los signos romanos y nuestras tradiciones sus costumbres. Porque la historia del hombre está construida con elementos vergonzantes y otros que enaltecen. Somos contradictorios, de ahí que Vallejo nos recuerde —siempre desde el buen humor, la cordialidad y el razonamiento— la paradoja de personajes tan influyentes como el propio Séneca, ridiculizado en la sociedad del siglo I por defender sus ideas de moralidad intachable mientras «administraba negocios con métodos de capitalista desenfrenado», y sin embargo le debemos aún hoy uno de los pensamientos más inquietantes que rigen las sociedades modernas, pues en sus Epístolas a Lucilio se adelanta a la actualidad denunciando que es normal y efectivo que el estado castigue homicidios individuales mientras en «las guerras […] la violencia se ejerce mediante decisiones del Senado y decretos de la plebe».
El infinito en un junco es un homenaje, como pocos se han hecho, al Mundo Antiguo y por similitud, a la Historia de la Humanidad. En ella nos vemos reflejados, aprendemos de sus errores, evolucionamos sus aciertos y nos damos cuenta de que repetimos los hechos, «de los burdeles romanos a la trata de mujeres en el presente». Pero nada de esto sabríamos sin la escritura porque de todos es sabido que la memoria es efímera e irregular (Verba volant, scrīpta mānent).

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oscarseron
 17 junio 2021
El ensayo de Irene Vallejo nos traslada a los primeros años, después de la dominación mundial de Alejandro Magno, a la Alejandría de su general Ptolomeo, que a la postre fue el que a través de su idea de ser el más poderoso en la guerra civil que enfrentó a todos los generales alejandrinos construyó la gran Biblioteca de Alejandría. En ella continuó las ideas megalómanas del gran conquistador macedonio, pero a través de los libros que son los verdaderos poseedores de poder, es decir la información es poder.
Siguiendo su viaje, nos lleva de Alejandría a Oxford comparando las funciones de las bibliotecas y museos de la Antigüedad y la concepción moderna de los mismos.
Igualmente nos traslada al nacimiento de la palabra escrita y por ende el alfabeto, una de las grandes revoluciones de la Historia, y con ella la Literatura, como método para plasmar el lenguaje oral y las historias que se contaban comparándolo con lo que supuso la universalización de Internet en nuestras vidas. Es decir una manera revolucionaria de salvaguardar el conocimiento de forma sencilla, aunque en un principio hubiera mucha oposición o rechazo a la idea. Caminando por esta senda nos traslada a la manera o mejor dicho a quienes tenían derecho a la educación en la Grecia Clásica, particularmente Atenas, y lo extraordinario y estrambótica que resultaba que una mujer frecuentara esos centros de erudición, aunque hubo casos documentados de que también asistían. En ese viaje a las costumbres griegas – atenienses nos indica también cómo nació la Historia como disciplina científica y los métodos de conservación del material escrito, los papiros y el pergamino algo más adelante.
En su repaso por la cultura griega clásica no deja de hacer comparaciones con la actualidad y hacernos ver que todo está inventado. Y aunque sea un ensayo sobre la Historia del libro y las bibliotecas en Grecia y Roma, también nos trae un numeroso grupo de obras más o menos actuales que hunden sus raíces en el mundo grecolatino, por lo que se puede incluir historia de la Literatura dentro de su ámbito de estudio.
Terminado el periplo por Grecia, nos traslada sin solución de continuidad a Roma. Este pueblo, más guerrero e inculto que el griego helenístico, también supo ser más práctico y adoptó la cultura y la literatura griega como propia hasta el punto de que los maestros eran griegos, generalmente esclavos, al igual que sus primeros literatos.
En su viaje por las costumbres literarias y educativas romanas observamos las formas que permanecerán a lo largo de los siguientes siglos como dogma educativo.
Así, con su lectura nos adentramos, aunque vagamente, en la Historia de estas dos civilizaciones, y sus diferentes maneras de pensar, que son la base de nuestra civilización.
Pasa también a hablarnos de la importancia de los libreros y las diferencias con la producción editorial actual. Y sobre todo en la época romana pone en valor la invención del códice, esto es juntar varias tablillas o pergaminos, como la revolución que abarató la lectura y la hizo más asequible y permitió que se conservara más tiempo el material. Este formato es el mismo de nuestros libros.
También nos detalla la estructura de las bibliotecas públicas en Roma y su fecha de creación.
Para concluir su repaso histórico con los distintos intentos de eliminación de los libros a manos de otros tantos creadores de pensamiento único, dictadores de todos los colores políticos.
En cuanto a mi opinión personal este ensayo sobre la Historia del libro en la Antigüedad es un apasionante, y a la vez divertido, viaje por la cultura de la que somos herederos. Consiguiendo que volvamos a vivir en aquella época y sufrir los mismos lamentos con la destrucción de estas obras de arte, tanto intelectual como arquitectónico, ejemplos son la Biblioteca de Alejandría, la de Pérgamo, la de Sarajevo, etc.
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soniagpan
 21 julio 2021
Decididamente, este fue mi libro del confinamiento. Tras variadas lecturas en dispositivos electrónicos, la llegada de esta obra supuso recuperar el placer de recibir un libro físico, abrirlo, pasar sus páginas, marcarlo, subrayarlo, llenarlo de post-its... Y la casualidad quiso que fuera precisamente El infinito en un junco, ese libro dedicado a los libros, a la historia de su expansión y supervivencia, y a la que esta pandemia ha contribuido con un capítulo más. de hecho, este ensayo o novela, en fin, este homenaje a los libros tan bien escrito por Irene Vallejo, ha sido uno de los libros más vendidos durante estos momentos de demanda cultural para curar las heridas de una pandemia (en una nueva versión del Decamerón)
Con ese título tan poético que nos conduce a las fértiles riberas del Nilo, El infinito en un junco es un ameno paseo por la historia del libro acompañados en todo momento por la cálida voz de su autora, Irene Vallejo. Comienza el viaje en lejanos parajes de Oriente, donde descubrimos el nacimiento de la escritura y el alfabeto, y seguimos por rutas que conducen a Grecia y Roma, experimentando con los distintos soportes, guardados como auténticos tesoros en las incipientes bibliotecas, hasta dar con ese formato sencillo pero ingenioso e insuperable que es el libro tal y como lo conocemos hasta hoy.
En este viaje literario, los nombres del pasado cobran vida, son reales, y entendemos que sus pasiones lectoras preceden a las nuestras. Es el caso de Alejandro Magno y su loca empresa de la legendaria biblioteca de Alejandría, símbolo que nos permite comprender quiénes somos, trazando una línea que nos une a los lectores actuales con los del pasado. Como dice Irene, en Alejandría “se inventó una patria de papel para los apátridas de todos los tiempos”, entre los que se incluye la propia autora.
Leyendo El infinito en un junco, adentrándonos en esa Alejandría por la que también pasó Kavafis, nos sentimos acogidos en el infinito mundo de las letras. Con su mirada actualizada del pasado (en la que conecta su amplia cultura cinematográfica, literaria, artística…, última versión del humanista del siglo XXI), Irene Vallejo nos regala un libro lleno de curiosidades y un mensaje claro: la humanidad supo alcanzar a ver el valor de los libros y se aferró a su conservación, dejándonos el mejor legado. Y es que somos la civilización que somos, hemos llegado hasta donde hemos llegado, gracias a los libros.
Nuestra guía de viaje, Irene Vallejo, es casi un personaje más dentro de su libro. Lejos del academicismo, su voz tranquila y serena, pero apasionada al hablar de aquello que ama, la ha encumbrado al salón de las costureras de la palabra. Uno de los capítulos más logrados del libro es el dedicado a las mujeres narradoras. Pues bien, Irene se ha ganado, sin duda, un puesto junto a ellas en esa transmisión femenina: por su dominio de las metáforas, por su capacidad de contar y divulgar con la sensibilidad de las auténticas maestras, por la perfecta costura de anécdotas y los pequeños retazos en esta obra total.
El entusiasmo con el que comunica se contagia, por eso se abre un diálogo constante con el lector. A veces es solo un dato desconocido, otras una idea que ya estaba, pero que Irene sabe expresar con tanto acierto que de repente parece nueva…En mi caso, cada página tiene un subrayado, una anotación, una respuesta a una pregunta vibrante.
En ocasiones, Irene incluso se atreve con confesiones personales que se alejan de la Historia con mayúsculas y entonces sientes el susurro de una voz cercana que te cuenta las anécdotas, las curiosidades de un mundo no tan lejano, que se parece mucho al nuestro. En un momento va más allá: es el caso de las desgarradoras confesiones sobre su infancia marcada por el bullying (una palabra que entonces no existía, y por ello, estos comportamientos permanecían en el silencio, ocultos bajo la expresión "es cosa de niños") y cuya salvación vino a través de los libros.
Y es que El infinito en un junco es un libro necesario, imprescindible para reconocernos como lectores, un espejo en el que mirarnos: a veces veremos reflejadas nuestras manías lectoras, otras hallaremos consuelo a nuestros males (como en el capítulo desgarrador en que nos habla de casos extremos de personas que sobrevivieron a los campos de concentración alemanes o a los gulags rusos gracias al poder inspirador de los libros)...
En cualquier caso, su lectura nos ayudará a entender que crecemos como sociedad cuando nos apoyamos en los escalones que antes construyeron otros con tanto esfuerzo. Irene nos hace sentirnos unos privilegiados, a la vez que unos pequeños guardianes de los libros. Desde esta consciencia, en nuestras casas y bibliotecas, contándoles cuentos a nuestros hijos, hablando de literatura a nuestros alumnos, nos sentimos un eslabón más y comprendemos que el libro, ese invento tan sencillo y frágil, pero mágico y perfecto, pervivirá siempre.
l
Con pena y ganas de más cierras El infinito en un junco, pero compensa saber que el libro no acaba aquí, aquí solo empieza una serie de enseñanzas que pueden transmitirse en futuros años de docencia. Es un libro al que volver una y otra vez, hasta el infinito.



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pasiondelalectura
 21 abril 2021
Es una tarea difícil escribir un billete sobre un texto tan monumental, solo escribiré acerca de una parte ínfima del contenido, lo que refleja una selección totalmente subjetiva. El título del libro es acertado, bello, preciso y poético. El libro tenía otro título "Una misteriosa lealtad", en homenaje a Borges (que fue bibliotecario) : “Nos acercamos a los libros con un previo fervor y una misteriosa lealtad”.
Es un libro tan rico en cultura europea, pienso que no se debe leer solo una vez, sino dejarlo en la mesilla de noche y leer párrafos de vez en cuando. El libro no está escrito de manera académica, sino que está escrito de manera que no atosiga, que agrada. Los capítulos son bastante cortos y muy variados. Es realmente una lectura terapéutica, que hace bien a la psiquis porque es esperanzadora para aquellos que aman los libros. Es una oda hacia los libros y todas las profesiones que gravitan alrededor : autores, traductores, escribas, bibliotecarios, etc. También rinde homenaje a la memoria perdida de la oralidad porque antes de la escritura todo se transmitía con cuentos y leyendas que alimentaban las mentes y hacían perdurar el saber.
Los libros en la antigüedad se escribieron sobre tablillas de piedra, arcilla, marfil , superficies enceradas hasta que los egipcios inventaron el papiro, producto del junco. Los papiros se conservaban en rollos y eran frágiles.
Alejandro Magno tuvo la idea de almacenar todos los conocimientos humanos de la época en una biblioteca, él, que no se desprendía de su ejemplar de la Ilíada que consultaba a menudo. Después de Alejandro fue la dinastía de los Ptolomeos que continuó con el desarrollo de la Biblioteca de Alejandría que colindaba con un Museo. Incluso Ptolomeo III fundó una segunda biblioteca fuera del recinto del palacio. El esplendor de la biblioteca de Alejandría coincide con el reinado de los cuatro primeros ptolomeos. En el siglo II a.C. Ptolomeo V estaba muy molesto con la biblioteca rival de Pérgamo (Turquía) creada por el rey griego Eumenes II; para castigarlo, suspendió la entrega de papiros, en mala hora para él porque el grave percance motivó Pérgamo a desarrollar la escritura sobre cuero, lo que dio el pergamino que cambiará la fisionomía y la cultura de los libros.
Había mucho dinero en Egipto en aquella época porque era el granero de la Antigüedad. Y ese dinero contribuyó a poder almacenar todos los libros (tablillas y papiros) que se podían comprar, robar u obtener hasta con piratas.
Para escribir textos se necesitó un alfabeto. Nuestro alfabeto actual tiene una historia oscura, no se sabe a ciencia cierta de donde provienen los signos escritos que aparecieron en Mesopotamia hace 6000 años. Tiempo después y de manera independiente aparecieron escrituras en Egipto, India y China. al principio estas escrituras fueron necesarias para establecer listas de riquezas que era imposible mantener oralmente. Y escribe Irene Vallejo al respecto…somos seres económicos y simbólicos. Empezamos escribiendo inventarios, y después invenciones (primero las cuentas; a continuación los cuentos).
Y la historia de la literatura es maravillosa porque a pesar de que las mujeres no hacían parte del mundo intelectual en la cultura griega, si las hubo. El primer autor del mundo que dejó una obra firmada fue una mujer, 1500 años antes que Homero, Enheduanna, poeta y sacerdotisa que escribió un conjunto de himnos que aún resuenan en los Salmos de la Biblia.
En el mundo romano de la cultura casi todo se copió de los griegos; el mundo romano era un mundo de guerreros conquistadores en campañas interminables, la cultura vino después. Y cuando vino, se dio bastante bien porque los ricos gastaban en libros que eran raros, y se transmitían por contactos. Cuando un autor terminaba un libro, encargaba un número de copias que repartía a diestra y siniestra de sus conocidos. Y cuando el libro gustaba, pertenecía al dominio público, se copiaba y se difundía entre interesados. En la cadena del libro sólo se remuneraba por cada línea copiada al que escribía, excepto si se utilizaba un esclavo doméstico ( muchos de los esclavos romanos eran rehenes eruditos del Medio Oriente o griegos, más cultos que los amos).
A los primeros autores romanos solo se les permitió temas muy respetables como historia, guerra, derecho, agricultura o moral. No estaba bien visto que un romano de buena familia dedicara su tiempo a la poesía y si se dedicaba a una actividad artística o literaria, debía ser de manera totalmente desinteresada. Los conocimientos no podían mezclarse con el lucro so pena de un total desprestigio. Los oficios intelectuales de mayor sabiduría como la arquitectura, la medicina o la enseñanza eran propios de clases bajas. Los patricios y aristócratas valoraban el saber y la cultura, pero despreciaban la docencia con la paradoja que era innoble enseñar lo que era honorable aprender.
Otro tema muy bonito (entre tantos) es el rescate que hace la autora de varias mujeres de la Antigüedad romana que a pesar de muchos impedimentos dejaron escritos parcelares, hechos añicos sobre temas « autorizados » como la lírica, elogios, epigramas, elegías, sátira, cartas y memorias.
A lo largo de los tiempos, han sido sobre todo las mujeres las encargadas de desovillar en la noche la memoria de los cuentos. Han sido las tejedoras de relatos y retales. Durante siglos han devanado historias al mismo tiempo que hacían girar la rueca o manejaban la lanzadera del telar. Ellas fueron las primeras en plasmar el universo como malla y como redes. Teñían de colores la monotonía. Entrelazaban verbos, lana, adjetivos y seda. Por eso textos y tejidos comparten tantas palabras : la trama del relato, el nudo del argumento, el hilo de una historia, el desenlace de la narración; devanarse los sesos, bordar un discurso, hilar fino, urdir una intriga. Por eso los viejos mitos nos hablan del tejido de Penélope, de las túnicas de Nausícaa, de los bordados de Aracne, del hilo de Ariadna, de la hebra de la vida que hilaban las moiras, del lienzo de los destinos que cosían las nornas, del tapiz mágico de Sherezade.
Un libro precioso en su forma y contenido. Me faltan estrellas para darle.
Enlace: https://es.babelio.com/livre..
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soniagpan
 19 agosto 2020
EL INFINITO EN UN JUNCO, IRENE VALLEJO.
Decididamente, este ha sido mi libro del confinamiento. Tras variadas lecturas en dispositivos electrónicos, la llegada de esta obra supuso recuperar el placer de recibir un libro físico, abrirlo, pasar sus páginas, marcarlo, subrayarlo, llenarlo de post-its... Y la casualidad quiso que fuera precisamente El infinito en un junco, ese libro dedicado a los libros, a la historia de su expansión y supervivencia, y a la que esta pandemia ha contribuido con un capítulo más. de hecho, este ensayo o novela, en fin, este homenaje a los libros tan bien escrito por Irene Vallejo, ha sido uno de los libros más vendidos durante estos momentos de demanda cultural para curar las heridas de una pandemia (en una nueva versión del Decamerón)

El infinito en un junco, con ese título tan poético que nos conduce a las fértiles riberas del Nilo, es un ameno paseo por la historia del libro acompañados en todo momento por la cálida voz de su autora, Irene Vallejo. Comienza el viaje en lejanos parajes de Oriente, donde descubrimos el nacimiento de la escritura y el alfabeto, y seguimos por rutas que conducen a Grecia y Roma, experimentando con los distintos soportes, guardados como auténticos tesoros en las incipientes bibliotecas, hasta dar con ese formato sencillo pero ingenioso e insuperable que es el libro tal y como lo conocemos hasta hoy.
En este viaje literario, los nombres del pasado cobran vida, son reales, y entendemos que sus pasiones lectoras preceden a las nuestras. Es el caso de Alejandro Magno y su loca empresa de la legendaria biblioteca de Alejandría, símbolo que nos permite comprender quiénes somos, trazando una línea que nos une a los lectores actuales con los del pasado. Como dice Irene, en Alejandría “se inventó una patria de papel para los apátridas de todos los tiempos”, entre los que se incluye la propia autora.
Leyendo El infinito en un junco, adentrándonos en esa Alejandría por la que también pasó Kavafis, nos sentimos acogidos en el infinito mundo de las letras. Con su mirada actualizada del pasado (en la que conecta su amplia cultura cinematográfica, literaria, artística…, última versión del humanista del siglo XXI), Irene Vallejo nos regala un libro lleno de curiosidades y un mensaje claro: la humanidad supo alcanzar a ver el valor de los libros y se aferró a su conservación, dejándonos el mejor legado. Y es que somos la civilización que somos, hemos llegado hasta donde hemos llegado, gracias a los libros.

Nuestra guía de viaje, Irene Vallejo, es casi un personaje más dentro de su libro. Lejos del academicismo, su voz tranquila y serena, pero apasionada al hablar de aquello que ama, la ha encumbrado al salón de las costureras de la palabra. Uno de los capítulos más logrados del libro es el dedicado a las mujeres narradoras. Pues bien, Irene se ha ganado, sin duda, un puesto junto a ellas en esa transmisión femenina: por su dominio de las metáforas, por su capacidad de contar y divulgar con la sensibilidad de las auténticas maestras, por la perfecta costura de anécdotas y los pequeños retazos en esta obra total.
El entusiasmo con el que comunica se contagia, por eso se abre un diálogo constante con el lector. A veces es solo un dato desconocido, otras una idea que ya estaba, pero que Irene sabe expresar con tanto acierto que de repente parece nueva…En mi caso, cada página tiene un subrayado, una anotación, una respuesta a una pregunta vibrante.
En ocasiones, Irene incluso se atreve con confesiones personales que se alejan de la Historia con mayúsculas y entonces sientes el susurro de una voz cercana que te cuenta las anécdotas, las curiosidades de un mundo no tan lejano, que se parece mucho al nuestro. En un momento va más allá: es el caso de las desgarradoras confesiones sobre su infancia marcada por el bullying (una palabra que entonces no existía, y por ello, estos comportamientos permanecían en el silencio, ocultos bajo la expresión "es cosa de niños") y cuya salvación vino a través de los libros.
Y es que El infinito en un junco es un libro necesario, imprescindible para reconocernos como lectores, un espejo en el que mirarnos: a veces veremos reflejadas nuestras manías lectoras, otras hallaremos consuelo a nuestros males (como en el capítulo desgarrador en que nos habla de casos extremos de personas que sobrevivieron a los campos de concentración alemanes o a los gulags rusos gracias al poder inspirador de los libros)...
En cualquier caso, su lectura nos ayudará a entender que crecemos como sociedad cuando nos apoyamos en los escalones que antes construyeron otros con tanto esfuerzo. Irene nos hace sentirnos unos privilegiados, a la vez que unos pequeños guardianes de los libros. Desde esta consciencia, en nuestras casas y bibliotecas, contándoles cuentos a nuestros hijos, hablando de literatura a nuestros alumnos, nos sentimos un eslabón más y comprendemos que el libro, ese invento tan sencillo y frágil, pero mágico y perfecto, pervivirá siempre.

Con pena y ganas de más cierras El infinito en un junco, pero compensa saber que el libro no acaba aquí, aquí solo empieza una serie de enseñanzas que pueden transmitirse en futuros años de docencia. Es un libro al que volver una y otra vez, hasta el infinito.



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Las críticas de la prensa (4)
lanuevaespana20 noviembre 2020
Irene Vallejo traza una vital historia y defensa de la lectura en El infinito en un junco, reciente Premio Nacional de Ensayo.
Leer la crítica en el sitio web: lanuevaespana
BurgosConecta20 mayo 2020
Su ensayo 'El infinito en un junco' ha seguido su escalada de éxito en la gran reclusión, con diez ediciones y una veintena de traducciones.
Leer la crítica en el sitio web: BurgosConecta
Abc26 abril 2020
Su libro «El infinito en un junco», inesperado fenómeno de la temporada editorial en España con diez ediciones y su traducción a veintidós idiomas, sigue enganchando a lectores durante la cuarentena.
Leer la crítica en el sitio web: Abc
ElPais19 diciembre 2019
El amenísimo ensayo de la filóloga y novelista Irene Vallejo es seguir la fortuna de esta extraordinaria invención durante sus primeros siglos de vida.
Leer la crítica en el sitio web: ElPais
Citas y frases (28) Ver más Añadir cita
marta_lomarta_lo02 octubre 2020
Los libros tienen voz y hablan salvando épocas y vidas. Las librerías son esos territorios mágicos donde, en un acto de inspiración, escuchamos los ecos suaves y chisporroteantes de la memoria desconocida.
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PianobikesPianobikes01 abril 2021
“Si alguien lee para ti, desea tu placer; es un acto de amor y un armisticio en medio de los combates de la vida”
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magelsamagelsa20 julio 2021
La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción (…) Debemos a los libros la supervivencia de las mejores ideas fabricadas por la especie humana.
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PianobikesPianobikes01 abril 2021
“Para aquel que roba, o pide prestado un libro y a su dueño no lo devuelve, que se le mude en sierpe en la mano y lo desgarre. Que quede paralizado y condenados todos sus miembros. Que desfallezca de dolor, suplicando a gritos misericordia, y que nada alivie sus sufrimientos hasta que perezca. Que los gusanos de los libros le roan las entrañas como lo hace el remordimiento que nunca cesa. Y que cuando, finalmente, descienda al castigo eterno, que las llamas del infierno lo consuman para siempre».”
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BegolibrosBegolibros01 agosto 2020
Los arqueólogos han encontrado un rollo de papiro bajo la cabeza de una momia femenina, casi en contacto con su cuerpo.
Ese rollo contiene un canto particularmente hermoso de la Ilíada.
Supongo que aquella lectora entusiasta quiso asegurarse de tener libros en la otra vida y de poder recordar las aladas palabras de Homero más allá del río del olvido, que, según sus creencias, cruzaría para llegar al mundo de los muertos.
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Videos de Irene Vallejo (7) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Irene Vallejo
"El infinito en un junco" es el libro de Irene Vallejo Moreu que ha enamorado a millones de lectores alrededor del mundo. El ensayo denota la pasión de la autora por la literatura y los libros, mismo amor que sienten los lectores que pueden disfrutar de este premiado libro en más de 30 idiomas. Disponible en librerías de Chile y en https://tienda.zigzag.cl/9788417860790-el-infinito-en-el-junco.html
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