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ISBN : 8417860797
Editorial: Ediciones Siruela (12/12/2019)

Calificación promedio : 4.49/5 (sobre 128 calificaciones)
Resumen:
EL ENSAYO REVELACIÓN DE LA TEMPORADA De humo, de piedra, de arcilla, de seda, de piel, de árboles, de plástico y de luz... Un recorrido por la vida del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos. «Muy bien escrito, con páginas realmente admirables; el amor a los libros y a la lectura son la atmósfera en la que transcurren las páginas de esta obra maestra. Tengo la seguridad absoluta de que se seguirá leyendo cuando sus lectores de ahora esté... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (54) Ver más Añadir una crítica
AlejoCeron
 04 August 2022
El libro me tramó, como no podía ser de otra manera. Se encuentra formado por una serie de historias muy interesantes y bien documentadas sobre lo que ha acontecido a lo largo de los tiempos con un objeto que hace parte indispensable de la vida cotidiana, al menos la nuestra: el libro.
Hace énfasis en el “mundo antiguo”, pero, a medida que va contando esas historias, la autora realiza una serie de paralelos con la vida actual y con otros tiempos remotos, paralelos que engrandecen esa obra porque muestra la dedicación y el estudio profundo que tuvo que realizar para poder escribirla. Está muy bien documentada por lo que impone para el lector que sea un libro de consulta y de culto sobre la historia de los libros. Es eso, un libro histórico.
Las personas que pensaron que se encontrarían con una novela sobre la creación de los libros y cómo pudieron estos influir en una época a través de la vida de unos personajes, se equivocaron pues este no es un libro para tal fin.
Me pareció acertado que la autora haya partido, para efectos de plasmar su escrito, del mundo griego, del deseo de conquista de Alejandro Magno, porque fue precisamente desde ese momento que el mundo (al menos el conocido) comenzó a ser uno solo. Hubo intercambio cultural que permitió que se fueran edificando muchos conceptos y, a su vez, que se fuera adoptando por parte de los distintos territorios de aquello que había funcionado en otros lugares. La autora muestra que el libro es la culminación de un proceso que comenzó -claramente- con la escritura; un proceso que se fue perfeccionando para ser lo que ha sido. El libro, cómo lo señala la autora, tiene vocación de eternidad. Hace falta palparlo, abrirlo, olerlo, leerlo y descubrir esa realidad alterna qué hay en él; esas enseñanzas; esas vivencias que nos son heredadas de un ser ajeno.
La lectura histórica me enriquece, me hace feliz. Poder hacer una línea temporal entro lo que he tenido la oportunidad de leer acerca de otros temas y lo que la autora muestra sobre la historia de los libros me pareció excepcional. Tener la posibilidad de aprender un poco más sobre aquello que aconteció tiene precio, y ese precio es muy bajo y tiene que ver con adquirir el libro y comenzar a leerlo. Un precio muy bajo respecto del beneficio que infiere leerlo.
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Homolectus
 02 May 2022
“El infinito no es un número.” —Decía con un tono prepotente el profesor de cálculo más despreciable como individuo que he conocido en mi vida. — “Es un concepto, una cantidad inabarcable, casi inoperable.” Este es mi recuerdo más nítido sobre el infinito y el que fue mi pensamiento más recurrente mientras piano piano me deslizaba entre las páginas del libro de Irene. Todo ello con una pregunta sencilla, contundente y hasta medio existencial: ¿Cabe el infinito en un junco?
El Infinito en un Junco es un libro que habla sobre libros. Este es el primer elemento que llama la atención pues sin duda, hablar de los libros es hablar de nosotros mismos, los humanos. Esta es la tesis que Irene desarrollará en su ensayo y que conforme recorre el mundo clásico, irá hilando para mostrarnos el bello tapiz que es la historia de los libros. Tapiz por cierto inacabado, pues acá seguimos escribiendo su historia.
Irene nos propone ver la historia a través del filtro de los libros. Propone un recorrido por los grandes hitos del mundo antiguo en los cuales están involucrados los libros. Viajamos a través de la oralidad —la cuasi edad oscura de las palabras—, la aparición de los primeros sistemas gráficos, el alfabeto fenicio, el griego, el latín, el papiro, el pergamino, el papel y una lista que tiende a infinito de pequeños adelantos que fueron brotando aquí y allí a lo largo y ancho del globo. Sin duda hemos tejido historias a la par que construido ciudades.
Todas estas historias sobre el pasado son hiladas en torno a uno de los personajes más influyentes de la antigüedad y por el cual Irene no escatima en demostrar la admiración que le profesa. Alejandro Magno es ese punto de encuentro que en esta historia de ida y vuelta de los libros sirve como punto de inicio, como impulso de la sociedad griega posterior a él y que aún perdura entre nosotros en forma de eco, casi como una radiación cósmica de fondo cultural. Sin duda, resulta extraño que un dirigente como Alejandro, que tenía todo el poder del caso haya abierto el panorama de su conquista y haya trasladado parte de su interés por los libros, un detalle que no pasa desapercibido ni siquiera hoy día y que en su momento jugó un papel decisivo en el cambio de actitud de Grecia frente a Macedonia y que le abrió las puertas al Helenismo que hoy reconocemos. No sorprende que esta figura sea una de las centrales del libro de Irene, pues Alejandro y sus ideas parecen permearlo todo, incluso hoy.
La historia de la Biblioteca de Alejandría bien podría dar para un libro entero. Un libro que abarque con lujo de detalle cada hito de su existencia, cada fechoría cometida en su nombre y cada canallada que haya colaborado a que paulatinamente se desangrara y desapareciera de entre los mortales en medio de un extraño silencio. Este no es ese libro, pues si bien está presente mucha de la información fundamental de la historia, Irene la sabe usar con fines muy específicos y muy luminosos sobre nuestra realidad como lectores. Con la información que Irene nos presenta pensé tendidamente sobre dos hechos: un proyecto como la Biblioteca de Alejandría no sería posible en nuestros tiempos. Las bibliotecas de nuestras casas son las dignas sucesoras de la de Alejandría: Un lugar dentro del recinto dedicado a los libros.
Si bien el libro está especialmente centrado en el mundo clásico y en la época anterior a ella, hay mucha información sobre la actualidad y sobre el pasado más reciente de la literatura. Resumir cada tema de los que Irene detalla en su libro me tomaría mucho tiempo y no le haría justicia suficiente al libro. Esperen encontrarse con un libro que hable sobre la oralidad, su papel en el mundo anterior a la escritura, el nuevo lugar que cobró en un mundo que se volvió escrito; el alfabeto, la democratización del saber que este impulsó y el cambio de paradigma para la construcción de relatos que vino de la mano con la materialización de los sonidos de nuestras bocas. Esperen encontrarse con un libro que los hará viajar por el imperio que construyó Alejandro, por el mundo romano, por algún que otro callejón medieval y por algunas de los referentes más importantes del mundo de los libros que tenemos en la actualidad. Esperen sorprenderse porque el libro que tienen entre sus manos mutará cada tanto: a ratos es de papiro egipcio, a ratos es de pergamino, a ratos es de papel delicado y fino traído desde China, y en otro momento será un libro iluminado recién salido de las manos de un monje medieval. Esperen encontrarse con un libro que les permita plantearse cuestión de largo meditar, algo del tipo ¿Sería posible la sociedad actual sin la escritura?
Y sí, como ya lo dije es un libro sobre libros, pero no solo habla de libros. de repente El Infinito se convierte en una experiencia transmedia que te lleva a abrir Google para ahondar más en una historia, un personaje o en un libro de los que ella menciona; que te pone a buscar una canción en YouTube, una película en Netflix, HBO o en cualquier otro lado. Todo esto es una muestra increíble de la capacidad asociativa de Irene y de la cultura que ha vivido. Es magnífico que tanto de ella tenga cabida en el libro.
De todas las ideas sobre los libros que Irene aborda en su libro yo me quedo con varias. La primera es la entender que nuestros libros están vivos en ambos sentidos. Vivos porque provienen de un ser vivo que en algún momento creció en un bosque y porque toman vida cada vez que tenemos uno entre nuestras manos. Que potencia la de esa doble imagen. El siguiente hecho que no escapó a mi lectura fue la simpleza del libro como objeto. El camino para tener el objeto que hoy conocemos como libro ha sido largo y lleno de grandes retos y dificultades, pero la simpleza y practicidad que se logró tardará mucho en desaparecer o mejorarse. Por último, no escapó de mi lectura el hecho de que los libros parecen estar condenados a la eterna censura cada vez que algún egomaniaco se acuerda de ellos y su poder. Algo tendrán ellos que siempre despiertan miedo y son la diana eterna para la represión.
Fue una maravilla descubrir que no siempre hemos leído en voz baja, que la lectura fue durante mucho tiempo algo que se hacía entre más de una persona, que era un regalo. Fue genial descubrir que leer en voz alta es regalar letras por partida doble: es pensar en que el fragmento en cuestión puede ser interesante para la persona lo suficiente como para que viva a través de mi voz para el otro —así que cuidado con a quién le regalan los fragmentos en voz alta—.
Sin duda, el alfabeto fue un gran paradigma en la historia y cambió a los griegos, no los hizo mejores, pero sí diferentes y les amplió el panorama de una forma que ni siquiera las naves o las armas habían hecho. Inventar el alfabeto derribó el muro que había entre clases y ayudó a que el conocimiento, la creatividad y la capacidad imaginativa se derramaran por todo el mundo griego. Sin duda, con la expansión de la escritura en el mundo griego, se expandió también el hecho de ser griego.
El Infinito hace especial énfasis en la relación con los libros de Grecia y Roma y del papel que estos jugaron en ambas sociedades. Junto a esto y todo lo que he venido mencionando está una historia paralela: la relación de Irene con los libros. Esta parte tan íntima requiere de mucho coraje para ponerse en un libro, pues es desnudar parte de tu alma y que miles de lectores conozcan cómo empezó tu relación más duradera de la vida. No cualquiera está preparado para hacerlo.
Como no quiero que quede a forma de conclusión el asunto, creo que es hora de mencionar los puntos que para mí tienen menor brillo dentro del libro. El primero surge en este juego de contar los hitos del pasado remoto con algunos más actuales y una que otra anécdota personal, el libro parece ir varias veces por las ramas y perder el hilo de lo que se quiere contar. Es algo con lo que no todo lector se logra acostumbrar y que a veces desconecta de la lectura. El otro punto —y que espero que sea fruto de un delirio mío— es una sensación de que tiene fragmentos repetidos, de que hay párrafos que están en uno y otro lugar. Es extraño porque no es usual que se sienta algo así, pues si bien una idea sí puede ser retomada dentro de un texto no es usual que se haga con las mismas palabras y acá tuve esa sensación en varias ocasiones.
Irene se esmera —y lo hace de manera esplendida— por desentramar el lugar de la mujer en el mundo antiguo y en la historia de la literatura. Cada mujer importante que nos podamos imaginar del mundo antiguo y que tenga nombre tiene cabida dentro del libro junto con información relevante sobre los retos que tuvo que afrontar y su perspectiva del mundo. Las que no tienen nombre, porque desafortunadamente la historia se encargó de borrarlas, son boceteadas y puestas en todos los puntos donde tienen cabida.
Libros así deben aflorar cada cierto tiempo, pues si bien gracias al lenguaje, los textos y la literatura somos capaces de conservar los pilares de la civilización —sin ellos sería imposible comenzar desde cero en cada generación—, a veces parece inevitable olvidar la profunda conexión que tenemos con nuestro pasado y que en él es dónde labramos nuestro futuro. Damos por sentado muchas cosas sobre nuestra cotidianidad, pero basta detenerse un momento a pensar en cada historia que hay detrás del libro: el papel, el alfabeto, la imprenta, etc. para concluir que el camino no ha sido fácil, es largo y seguimos andando por él. Esta es una de las reflexiones más importantes que me deja el libro.
Con El Infinito en un Junco me sucedió algo muy particular: Lo leí luego de haber escuchado a Irene en el Hay Festival de Colombia y al hacerlo fue inevitable que la voz de ella aflorara cada vez que me sumergía en sus páginas. En este sentido el libro es muy ella, es pausado, delicado, lleno de cariño y dulzura, con cada palabra justa y con la sonoridad que cada momento amerita. Pocas veces he leído un libro con alguna voz en particular y este es uno de esos; seguro de este hecho hablaré por siempre.
Cerca del final y justo antes de que caiga el telón, Irene hace gala de su faceta académica y nos ofrece una corta disertación sobre los clásicos. En ella ofrece una recapitulación de las definiciones de las definiciones dadas por otros y que ya conocemos y propone una enmarcada en todos los datos y situaciones que nos ha contado. Es un apartado que vale la pena leer muchas veces y bajo muchos puntos de vista diferentes, pues seguramente aportará ideas nuevas a nuestro discurso y sentido a nuestras lecturas.
Es curioso que el libro se haya vuelto “viral” en medio del loco 2020, cuando todo parecía perdido y cuando el término tomó un sentido cargado de miedo entre nosotros. En medio de todo esto, El Infinito surgió como un faro en medio de una noche nublada para recordarnos que los libros siempre han estado ahí para nosotros en todos los momentos que podamos imaginar y que nos han unido a través de los ideales que comunican más allá de cualquier lugar en el que estemos o lenguaje que hablemos. No tengo dudas de que el libro fue la más bella serendipia de todas.
Los lectores somos una larga, extraña y a veces no bien vista estirpe que comenzó su viaje en Alejandría. Luego de eso hemos encontrado momentáneamente algún punto de encuentro en el cual hemos podido sentirnos reconfortados. Estamos aquí porque antes de nosotros cada generación anterior de lectores ha hecho una que otra locura cuando algún libro —e incluso todos— ha estado en peligro. La historia de los lectores es la historia de cada anónimo que con sus actos altruistas permitió que el mundo fuera lo que es hoy.
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Beatriz_Villarino
 12 February 2021
Hay personas que durante su vida anhelan saber más porque cuanto más saben mejor comprenden a los demás, más facilidad tienen para convivir y, por lo tanto, disfrutan más del día a día, son más felices. Y lo transmiten.
Creo que es lo que le sucede a Irene Vallejo, destila amor y felicidad. Y la contagia. Leer El infinito en un junco es dar un paseo por la Historia para comprender la necesidad del hombre de comunicarse con los demás, la necesidad de no olvidar lo que otros dijeron antes que él y la necesidad de compartirlo.
Y así, haciendo gala de un humor exquisito, Irene Vallejo nos abre las puertas de la Historia. El lector asiste con absoluto placer a los comienzos del libro, a la dificultad de plasmar con símbolos, en la piedra, el papiro o el papel, los sonidos rítmicos que con tanta facilidad producimos, a la necesidad de hacerlo. Y queda admirado (una vez más) al descubrir que, gracias a la escritura, sabemos que los grandes hombres, y los despreciables, renacen cada cierto tiempo. La autora nos recuerda cómo hace 25 siglos Alejandro Magno ya concibió lo que hoy llamamos globalización a partir del helenismo. Esta empresa ha sido llevada a cabo en varias ocasiones a lo largo de la historia, pero por cuestiones políticas o religiosas se ha destruido otras tantas. Y puestos a aniquilar, lo pulverizamos todo. Leyendo El infinito en un junco razonamos las consecuencias de destruir los libros escritos por filósofos, científicos, lingüistas… La cultura de esa sociedad queda devastada, por lo que se impide a quienes vengan después que la conozcan, es un atentado al propio ser humano. Imagino a los habitantes de la antigua Alejandría o de Irak en 2015 al ver sus tradiciones, sus pensamientos pisoteados, ninguneados, despreciados, quemados. Porque luego presiento a la sociedad sin bases, analfabeta, que se levanta de esas cenizas. Sospecho que volvemos a la Prehistoria aunque estemos rodeados de tecnología y las armas no sean huesos de animales. Seguro que eso es el eterno retorno. Pero también es cierto, que entre tanto odio (no encuentro otro sentimiento que califique estos hechos) hay otro grupo de personas que comienzan el ciclo de la vida y la convivencia.
Irene Vallejo es una de ellas y sabe que la memoria está unida al proceso de la escritura y la lectura.
Su propia obra es una confirmación formal del eterno retorno. En el libro no importa que la historia esté contada en riguroso orden cronológico, no afectan los saltos en el tiempo, con lo que demuestra que el devenir es en realidad una red de sucesos similares movidos por el afán de poder o saber, de alcanzar la perfección. de lo que hemos de darnos cuenta es de que el saber lleva irremediablemente al poder.
La autora realiza un ensayo de opinión en el que mezcla documentos científicos con anécdotas de la mitología, de algunos personajes de la historia o suyas propias, con lo que, además de demostrar una valentía y generosidad envidiables al abrirse a los demás, consigue una historia novelada llena de datos reales. No hay que ser un experto filósofo para entender lo que expuso Platón, ni un avezado filólogo para seguir a Aristóteles; cualquier lector que se asome a El infinito en un junco disfrutará de un libro placentero de asequible lectura, pues una prosa apasionada envuelve las aventuras de Alejandro Magno, Ptolomeo, Cleopatra, Aquiles, Ulises o Platón para conformar un mundo clásico tan cercano al actual. El estilo sencillo, de interesantes contenidos, es una muestra evidente de las ventajas de leer.
Vallejo consigue algo parecido a lo que desearon los primeros bibliófilos, como Alejandro o Ptolomeo y los primeros bibliotecarios, como Demetrio de Falero: democratizar el conocimiento. Y esto define a una persona total.
En el momento que alguien quiere ocultar el saber comienza imponerse la finalidad de cualquier tiranía: poder manejar mentes ignorantes.
Es este un libro más que recomendable, de hecho todos deberíamos leerlo porque además de disfrutar enterándonos de sucesos increíbles, asistimos, mediante el humor reflexivo y la ironía inteligente, al pasado. La autora nos ayuda a conocernos mejor si miramos atrás y, por lo tanto, a darnos cuenta de que no somos tan distintos, ni de los que viven a miles de kilómetros de nosotros, ni de los que vivieron hace miles de años.
El ensayo está dividido en dos partes: La primera, Grecia imagina el futuro, comienza contando cómo Alejandro, con grandes ansias de poder quería conquistar el mundo, llegar hasta donde le había dicho su maestro que estaba el final. «Aristóteles le había enseñado que el extremo de la tierra se encontraba al otro lado de las montañas del Hindu Kush». Es curioso que este rey de Macedonia, que también se hizo con el poder de Grecia, Egipto, Media y Persia quisiera crear una biblioteca universal, «otra forma —simbólica, mental, pacífica— de poseer el mundo». La autora relata que Alejandro recorrió las rutas de Asia sin separarse de la Iliada. Recuerdo que también Napoleón llevaba en sus campañas el Werther de Goethe. Y también Alfonso X fundó, en el siglo XIII, algo parecido a la Biblioteca de Alejandría, la Escuela de Traductores de Toledo… Aún a lo largo de la historia se repiten hechos afortunados; en la Grecia Antigua, ya los copistas empezaron a dejar su huella en los libros, según errores o alteraciones en los mensajes, lo que provocó, en el siglo I a.C., que empezasen a aparecer críticos literarios. Otra curiosidad (que nos define) es cómo desde el comienzo de la humanidad, hemos «preferido ignorar que el progreso y la belleza incluyen dolor y violencia»; Irene Vallejo recuerda bellísimos ejemplares de blancos pergaminos, «vitelas», sacados de crías recién nacidas del ganado o incluso de «embriones abortados en el seno de su madre» (¡Qué poco hemos avanzado!). Curiosidades sobre la enseñanza de la escritura, la aparición de los libreros, el primer loco que lleva a cabo una matanza en una escuela del 492 a.C., la labor de Hesíodo en el 700 a.C. anunciando lo que en el siglo XX se consideraría poesía social… Somos testigos de cientos de curiosidades relacionadas con los libros a lo largo de la historia, porque un hecho nos trae a la memoria otro anterior o posterior; el papel casi humillante de las bibliotecarias, hasta la época franquista incluso, fue evidente. Y observamos, complacidos, los agradecimientos de la autora a su madre por leerle todas las noches antes de dormir, a su profesora de Griego por saber escuchar y enseñarla a descubrir situaciones poco agradables, de acoso incluso, de las que podía evadirse leyendo. No hay rencor en la prosa de Vallejo ante tanto horror, hay asombro, algo de sarcasmo y mucha empatía, sensaciones que todos podemos experimentar a través de la lectura, pues ayuda a imaginar un mundo mejor, a tener un salvavidas espiritual en circunstancias difíciles y a evadirnos de ciertos contextos tóxicos. Vallejo es consciente de estas realidades y las denuncia, «La violencia entre los niños, entre los adolescentes, se desarrolla protegida por una barrera de silencio turbio».
La segunda parte, Los caminos de Roma, comienza con la fundación de la ciudad (con tres episodios infames, el fratricidio de Rómulo, llenar la aldea de maleantes y la violación masiva de las mujeres de los alrededores para poder tener habitantes. Otra curiosidad, Rómulo emprende su andadura de forma parecida a Alejandro, quien «decidió (en Susa) celebrar una fiesta grandiosa […] bodas colectivas».
Asimismo Roma llega a convertirse en un verdadero adalid de la cultura al engrandecer la Biblioteca. Y también le debemos mucho a este imperio, Virgilio se instalará ente nosotros en la narrativa de viajes y aprenderemos de la sátira de Marcial. Nuestra escritura adoptará los signos romanos y nuestras tradiciones sus costumbres. Porque la historia del hombre está construida con elementos vergonzantes y otros que enaltecen. Somos contradictorios, de ahí que Vallejo nos recuerde —siempre desde el buen humor, la cordialidad y el razonamiento— la paradoja de personajes tan influyentes como el propio Séneca, ridiculizado en la sociedad del siglo I por defender sus ideas de moralidad intachable mientras «administraba negocios con métodos de capitalista desenfrenado», y sin embargo le debemos aún hoy uno de los pensamientos más inquietantes que rigen las sociedades modernas, pues en sus Epístolas a Lucilio se adelanta a la actualidad denunciando que es normal y efectivo que el estado castigue homicidios individuales mientras en «las guerras […] la violencia se ejerce mediante decisiones del Senado y decretos de la plebe».
El infinito en un junco es un homenaje, como pocos se han hecho, al Mundo Antiguo y por similitud, a la Historia de la Humanidad. En ella nos vemos reflejados, aprendemos de sus errores, evolucionamos sus aciertos y nos damos cuenta de que repetimos los hechos, «de los burdeles romanos a la trata de mujeres en el presente». Pero nada de esto sabríamos sin la escritura porque de todos es sabido que la memoria es efímera e irregular (Verba volant, scrīpta mānent).

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oscarseron
 17 June 2021
El ensayo de Irene Vallejo nos traslada a los primeros años, después de la dominación mundial de Alejandro Magno, a la Alejandría de su general Ptolomeo, que a la postre fue el que a través de su idea de ser el más poderoso en la guerra civil que enfrentó a todos los generales alejandrinos construyó la gran Biblioteca de Alejandría. En ella continuó las ideas megalómanas del gran conquistador macedonio, pero a través de los libros que son los verdaderos poseedores de poder, es decir la información es poder.
Siguiendo su viaje, nos lleva de Alejandría a Oxford comparando las funciones de las bibliotecas y museos de la Antigüedad y la concepción moderna de los mismos.
Igualmente nos traslada al nacimiento de la palabra escrita y por ende el alfabeto, una de las grandes revoluciones de la Historia, y con ella la Literatura, como método para plasmar el lenguaje oral y las historias que se contaban comparándolo con lo que supuso la universalización de Internet en nuestras vidas. Es decir una manera revolucionaria de salvaguardar el conocimiento de forma sencilla, aunque en un principio hubiera mucha oposición o rechazo a la idea. Caminando por esta senda nos traslada a la manera o mejor dicho a quienes tenían derecho a la educación en la Grecia Clásica, particularmente Atenas, y lo extraordinario y estrambótica que resultaba que una mujer frecuentara esos centros de erudición, aunque hubo casos documentados de que también asistían. En ese viaje a las costumbres griegas – atenienses nos indica también cómo nació la Historia como disciplina científica y los métodos de conservación del material escrito, los papiros y el pergamino algo más adelante.
En su repaso por la cultura griega clásica no deja de hacer comparaciones con la actualidad y hacernos ver que todo está inventado. Y aunque sea un ensayo sobre la Historia del libro y las bibliotecas en Grecia y Roma, también nos trae un numeroso grupo de obras más o menos actuales que hunden sus raíces en el mundo grecolatino, por lo que se puede incluir historia de la Literatura dentro de su ámbito de estudio.
Terminado el periplo por Grecia, nos traslada sin solución de continuidad a Roma. Este pueblo, más guerrero e inculto que el griego helenístico, también supo ser más práctico y adoptó la cultura y la literatura griega como propia hasta el punto de que los maestros eran griegos, generalmente esclavos, al igual que sus primeros literatos.
En su viaje por las costumbres literarias y educativas romanas observamos las formas que permanecerán a lo largo de los siguientes siglos como dogma educativo.
Así, con su lectura nos adentramos, aunque vagamente, en la Historia de estas dos civilizaciones, y sus diferentes maneras de pensar, que son la base de nuestra civilización.
Pasa también a hablarnos de la importancia de los libreros y las diferencias con la producción editorial actual. Y sobre todo en la época romana pone en valor la invención del códice, esto es juntar varias tablillas o pergaminos, como la revolución que abarató la lectura y la hizo más asequible y permitió que se conservara más tiempo el material. Este formato es el mismo de nuestros libros.
También nos detalla la estructura de las bibliotecas públicas en Roma y su fecha de creación.
Para concluir su repaso histórico con los distintos intentos de eliminación de los libros a manos de otros tantos creadores de pensamiento único, dictadores de todos los colores políticos.
En cuanto a mi opinión personal este ensayo sobre la Historia del libro en la Antigüedad es un apasionante, y a la vez divertido, viaje por la cultura de la que somos herederos. Consiguiendo que volvamos a vivir en aquella época y sufrir los mismos lamentos con la destrucción de estas obras de arte, tanto intelectual como arquitectónico, ejemplos son la Biblioteca de Alejandría, la de Pérgamo, la de Sarajevo, etc.
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MerMM
 08 August 2022
No me voy a extender mucho porque seguro que hay mejores reseñas que la mía y partiendo de la base que es un ensayo y en general me aburren, seguro que cualquier reseña de cinco estrellas será más acertada que mi opinión.
El infinito en u junco es un libro que habla de libros, escrito por una persona que con un estilo directo y sencillo nos demuestra cuanto adora los libros, y dirigido a personas que aman los libros... ¿qué podía salir mal?
Dicho esto... ¿Eran necesarias 400 páginas?
PARA QUIEN: Amantes de los libros (especialmente del objeto libro) y de la cultura clásica. LO MEJOR: Que me entren ganas de leerme La Ilíada y La Odisea...
LO PEOR: Me sobran bibliotecarios y me faltan chinos, japoneses, aztecas... ¿o solo escribían en gracia?
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Las críticas de la prensa (4)
lanuevaespana20 November 2020
Irene Vallejo traza una vital historia y defensa de la lectura en El infinito en un junco, reciente Premio Nacional de Ensayo.
Leer la crítica en el sitio web: lanuevaespana
BurgosConecta20 May 2020
Su ensayo 'El infinito en un junco' ha seguido su escalada de éxito en la gran reclusión, con diez ediciones y una veintena de traducciones.
Leer la crítica en el sitio web: BurgosConecta
Abc26 April 2020
Su libro «El infinito en un junco», inesperado fenómeno de la temporada editorial en España con diez ediciones y su traducción a veintidós idiomas, sigue enganchando a lectores durante la cuarentena.
Leer la crítica en el sitio web: Abc
ElPais19 December 2019
El amenísimo ensayo de la filóloga y novelista Irene Vallejo es seguir la fortuna de esta extraordinaria invención durante sus primeros siglos de vida.
Leer la crítica en el sitio web: ElPais
Citas y frases (61) Ver más Añadir cita
rafaperezrafaperez22 September 2022
Perseguía el sueño de una biblioteca absoluta y perfecta, la colección donde reuniría todas las obras de todos los autores desde el principio de los tiempos.
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Miguel2020Miguel202023 September 2022
...Desear es un acto creativo, al igual que escribir versos...
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Miguel2020Miguel202015 September 2022
En cierto sentido, todos los lectores llevamos dentro íntimas bibliotecas clandestinas de palabras que nos han dejado huella.
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SylviabcnSylviabcn06 September 2022
El alfabeto sacó la escritura fuera de la atmósfera cerrada de los almacenes de palacio, y la hizo bailar, beber y sucumbir al deseo.
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SylviabcnSylviabcn08 September 2022
Ni el saber ni la literatura completa caben en una sola mente pero, gracias a los libros, cada uno de nosotros encuentra las puertas abiertas a todos los relatos y todos los conocimientos.
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