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ISBN : 8498416744
Editorial: Ediciones Siruela (21/10/2011)

Calificación promedio : 4.09/5 (sobre 69 calificaciones)
Resumen:
«La playa de los ahogados es honda y humana... ¡Perdonen que no evite empujar hacia su lectura!»

Pilar Castro, El Cultural, El Mundo



Una mañana, el cadáver de un marinero es arrastrado por la marea hasta la orilla de una playa gallega. Si no tuviese las manos atadas, Justo Castelo sería otro de los hijos del mar que encontró su tumba entre las aguas mientras faenaba. Sin testigos ni rastro de la embarcación del fallecido... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (23) Ver más Añadir una crítica
Carla_Ceron
 25 May 2022
La playa de los ahogados es la segunda novela de la trilogía que tiene como protagonista a Leo Caldas. En esta ocasión, un cadáver aparece ahogado en una playa gallega, y nuestro querido inspector comienza a investigar. Domingo Villar te va soltando miguitas de información, y vas avanzando en la historia como él quiere. Sin prisa, pero sin pausa. Te engaña, te despista, te saca la sonrisa cuando cierto aragonés no sabe desentrañar los misterios del cielo y de la lluvia... lo cierto es que vas descubriendo las cosas a medida que lo hace Leo, lo que le da a la novela un plus de credibilidad que la hace realmente apetecible.
Dios, no sabéis como echo de menos los percebes... Otra de las cosas que tengo que decir de este libro es que me ha dado mucha hambre...
Un poco más largo que el primer caso, ha conseguido meterme más en la historia. Y como repite la fórmula de capítulos cortos, el ritmo es muy ágil, y facilita que nuestra mente, con ganas de más, nos diga aquello de... Vaaa, que son cortitos... Un capítulo más y lo dejamos. Ya os advierto, es imposible.
Tengo que decir que ha sido una verdadera lástima perder a este escritor, justo ahora que lo acababa de descubrir. Solo me queda su último libro de Leo Caldas, El último barco, y lo disfrutaré al máximo, de eso estoy segura.
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Beatriz_Villarino
 30 July 2022
¡Qué poco tiempo ha tenido Domingo Villar para escribir! y qué pena para nosotros, lectores que lo hemos descubierto tarde. He terminado La playa de los ahogados. No conocía el título ni al autor; menos mal que mi hermana me lo recomendó y, además me dejó el libro. Lo he leído del tirón. En algunos momentos, Villar me ha recordado a Vázquez Montalbán, el grande desaparecido de la novela negra española; no es que tengan un estilo igual, ni sus protagonistas las mismas inquietudes, pero cada uno a su manera, supo transmitir, con un estilo ameno y penetrante, el amor hacia su tierra y el gusto por la buena cocina, algo que, en Domingo Villar aporta cierto halo costumbrista y, por supuesto, contribuye a valorar los elementos de la cultura popular. He de reconocer que, mientras leía la novela he sentido ganas de probar las castañas de Lola o la lechuga gallega. Alimentos sencillos pero sugerentes por la descripción que les acompaña. La cocina como marca de identidad rubrica la diferencia de valores, donde lo sencillo prevalece y lo tradicional se vuelve imprescindible «—¿Te estás cuidando? —No —aseguró. Es que aquí tienen una lechuga cojonuda. —¿Aquí? —En Galicia —Ah, ya».
Nécoras, camarones, pulpo, percebes, tortilla de patatas, ensalada, patas con garbanzos, fideos con almejas son una muestra de los platos que, naturalmente, comen los protagonistas, con la única pretensión de que sean alimentos frescos. Y sigo pensando que Galicia es una de mis asignaturas pendientes, de hecho las descripciones de la novela me han llevado hasta la costa gallega y me han avivado el deseo de conocerla, «…quedaba oculto por los árboles, pero podían ver el monte Lourido […] Baiona, con su fortaleza medieval, cerraba la bahía, y detrás se vislumbraba el cabo Silleiro, el último quiebro de la costa gallega antes de que el mapa trazase una línea casi recta de cuatrocientos kilómetros hacia el sur».
Tanto la trama como la estructura de la novela revelan, nuevamente, el entorno gallego y el carácter misterioso de su gente. Los capítulos, numerosos y bastante cortos, van enredando a personajes, lugares, actividades y caracteres. Todos comienzan por una palabra cuyos diferentes significados, según el DRAE, aparecen señalados. Uno de ellos tiene que ver con lo expuesto en el capítulo y el lector, cuando lo acaba, se da cuenta de qué acepción es. Todo es discutible, los hechos, las personas… No hay evidencias, hasta que no terminamos la novela, pero mientras la leemos nos acostumbramos a ver el mundo según los gallegos.
En la playa de Panxón aparece muerto un marinero con las manos atadas y dos marcas en la cabeza, que indican que fue golpeado por atrás y luego, caído o echado al mar. Todo queda construido alrededor de la investigación que llevan a cabo los policías Leo Caldas y Rafael Estévez, de la comisaría de Vigo, quienes parten además, de la posibilidad de un suicidio, ya que las manos atadas suele ser algo habitual en estos casos para imposibilitar un último arrepentimiento y salir nadando a la superficie.
Pero estamos en Galicia y los fantasmas aparecen, de manera que, por el pueblo, se va viendo al capitán Sousa, patrón del Xurelo, barco donde, en el pasado, faenaba el ahogado, Justo Castelo, el Rubio. El problema es que Sousa fue el único desaparecido en un naufragio, diez años atrás, en el que además del Rubio iban José Arias, quien a partir del accidente salió un tiempo de Galicia, y Marcos Valverde, que abandonó la pesca desde entonces para dedicarse a los negocios. Ninguno de los tres marineros se hablaba tras el naufragio. Ahora, no solo el Rubio ha muerto, los otros dos también están siendo amenazados «—Hay quien asegura que ha vuelto a ver a Sousa en el pueblo. Dicen que es él quien estaba amenazando a Justo Castelo. Estévez dio un paso atrás, resguardándose del salivazo que se producía una vez que alguien mentaba al capitán».
Estamos en Galicia y hasta que no se despeje la bruma nada resultará claro, el hijo del capitán vive en Barcelona y reconoció el cadáver de su padre meses después de desaparecer, desfigurado por la acción del mar y los peces. Las bridas que sujetaban las manos del Rubio no eran españolas. Incluso hay desavenencias entre los inspectores a la hora de decantarse por el arma y la causa del crimen.
Hay sospechosos, aunque el principal es el fantasma que vaga por el pueblo asustando a los vecinos y, sobre todo, a los dos marineros vivos del Xurelo. Si a esto añadimos que el zamorano Estévez no termina de hacerse a la vaguedad expresiva de los gallegos, nos encontramos con situaciones humorísticas que reflejan tanto la forma de ser de estos como la forma de vida en los pueblos o el temple de Leo Caldas.
—Tranquilo, Rafa —trató de serenarlo el inspector —Ni que te hubiera echado un mal de ojo
—¡Qué mal de ojo ni qué cojones! […] Me ha escupido en el zapato.
La playa de los ahogados fomenta la cultura popular aunque la novela de Villar es literatura culta. Los términos técnicos, relacionados con la pesca, conviven con expresiones populares y la investigación científica no descarta apoyarse en creencias ancestrales. El autor conforma un homenaje a la tierra y sus gentes, «noray, chalupa, defensa, nasa, traje de aguas, escollera, leira, arriate, liquidámbar…» así como un respeto hacia la labor policial y la esperanza en una sociedad mejor.
Leo Caldas reflexiona, con su padre, sobre el paso del tiempo y la importancia del hombre durante toda la vida, no solo en época laboral activa. La nostalgia del pasado convive sin problemas con el presente. La importancia de la memoria es evidente y, aunque débilmente, aparece cierta crítica a las gestiones de los ayuntamientos en los pueblos y a la especulación inmobiliaria. Sin embargo no es una novela negra del desencanto a pesar de que Caldas encarne una visión desencantada del mundo, con cierto sentimiento de culpa ante un caos laboral que le impide mantener las relaciones personales de antaño; arrastra algo de frustración al ser consciente de que la cotidianeidad coarta la exteriorización de sensaciones. Y es, precisamente esto, lo que hace de la trama una historia profundamente humana y del inspector, una persona tremendamente cercana
—Yo ya no sé qué creer —dijo Caldas y, tras sacarse el cigarrillo apagado de la boca comenzó a tamborilear con los dedos en el encendedor de metal.
Estévez le miró de soslayo.
—Inspector —le advirtió—, si va a escupir, haga el favor de abrir un poco más la ventanilla.
El autor se separa de la creencia generalizada de que en la novela negra debe haber un poso de malestar social y crea a Caldas, un hombre con dificultades para perfeccionar sus pasiones individuales. El lector tiene poca información sobre la vida personal del protagonista, esto genera cierta tensión, también las coincidencias que se van dando en el presente con el pasado. Y, por supuesto, nada mejor que los rodeos gallegos para mantener el secreto y la intriga
—¿Y cómo fue la noche? —se interesó Caldas
—Fue —contestó el viejo, arrancando un carraspeo al agente Estévez
Caldas sonrió
—Dicen que hay poca pesca
—Mucha no hay —confirmó—
El ritmo de la novela es lento, esto da tiempo a ir construyendo los hechos hasta que creemos que tenemos la historia, sin sorpresas. Pero los rodeos, las disquisiciones, las posibilidades van de un lado a otro de la cabeza de Caldas hasta solucionar, no uno sino dos casos y dejarnos admirados, con pena de no seguir las andanzas de este inspector que, no cabe duda, fue creado para formar una larga saga y se ha quedado en brillante emblema de la novela negra española.

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CARMINA
 25 April 2019
Nos encontramos ante una novela negra bien escrita, más madura que la anterior, que te lleva a sospechar uno a uno de todos los posibles sospechosos, por más que Leo Caldas apunte siempre en la misma dirección, no es una novela ágil, si no reposada de acuerdo al caracteres de los gallegos, el contrapunto lo da el impetuoso Estévez que en esta ocasión se enfrenta a su jefe al que acusa de no tener vida personal fuera de la oficina y de dar por sentado que nadie la tiene... Y es que Leo Caldas es un solitario cuya vida gira en torno al trabajo, persona de ideas fijas echa de menos a Alba pero es incapaz de darle lo que ella ansía, ni de llamarla por teléfono o de ser sincero cuando ella lo hace. Su vida se centra en la comisaría y el Eligio que nos describe con guante blanco tanto la taberna en cuestión como su menú... si un día voy a Vigo no dejaré de pasarme por allí para comprobar lo que Domingo Villar describe con maestría.
A pesar de que la investigación se encalla y está en punto muerto durante gran parte del libro, porque dan vueltas en círculos sin encontrar nada que les lleve al asesino, el libro no se hace pesado, vamos descubriendo las costumbres de la vida del mar, se van revelando de a poquitos el carácter de los personajes, la superstición de la gente del mar, a través de la lectura de esta novela nos queda una idea muy clara de una comunidad que vive con los ojos puestos en el mar, un mar que tiene el poder de darles todo y de quitárselo también. La trama se agiliza en el momento toman el camino correcto, nada es lo que parece y el primer sorprendido parece ser el inspector Caldas, y con él el lector, yo al menos no fui capaz de adivinar en esta ocasión quien era el asesino. Domingo Villar ha demostrado una habilidad increíble en esta entrega, se ha escondido un as en la manga, lo hemos tenido siempre enfrente y no hemos sabido verlo, quizás porque no era lo lógico, pero nadie ha dicho que un asesino fuera lógico...

Pasear con Leo Caldas por Vigo , por Panxón, y por el resto de las Rias es todo un lujo, creo que si algún día me acerco a Galicia en muchas cosas tendré la sensación de un dejà vú. Ahora toca esperar una nueva entrega para ver si Domingo Villar ahonda más en el personaje... esta es una novela más intimista, se centra mucho en la figura del padre del inspector, de su entorno familiar y por lo tanto algo se deduce del personaje. Leo Caldas es un buen amante de la comida y de los vinos de su tierra y estos tienen su importancia en la trama, nos enseña a comer percebes y a prepararlos como si cada uno de nosotros fuera un Estévez, nos canta las excelencias de la cocina gallega, y de los productos estrella de esta comunidad, las nécoras.... me ha gustado la cuña ecologista que ha intercalado con el personaje de Arias, que separa las hembras cubiertas de huevos y las devuelve al mar, es la única forma de asegurarse el futuro, sin embargo no todo el mundo es consciente de ello, puesto que el propio Caldas reconoce haberlas comido repletas de ellos.
En una novela costumbrista no podía faltar el reflejo de los furtivos, de los percebeiros que para redondear un sueldo arriesgan su vida en el mar, para Estévez esto es incomprensible... sin embargo para ellos, es un modo de vida, aún cuando no se dediquen a ello... me ha hecho gracia la reacción de Caldas con el furtivo... pocas veces se olvida de que es policía pero unos percebes bien se lo merecen.
Mención aparte merece el libro de idiotas del padre del padre del inspector, hasta he pensado en hacer uno yo, una forma de desahogarse muy digna, me he reído mucho cuando ha propuesto a su hijo que apunte su nombre en él...
Con todo lo dicho creo que queda claro que he disfrutado la novela, no la he podido soltar en días y eso que he de reconocer que tengo poco tiempo para leer, pero lo he sacado hasta de debajo de las piedras... necesitaba saber quien había matado a Justo Castelo y que le había empujado a simular un suicidio.... y el misterio no se resuelve hasta las ultimas páginas y siempre por casualidades, encontrando pistas cuando no se buscaban y no hallándolas cuando se las seguía con ahinco.
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Samarkanda
 15 August 2019
Nos trasladamos a Panxón, un pueblito marinero de la costa pontevedresa, donde aparece el cadáver de uno de sus habitantes en la playa con claros síntomas de ahogamiento. Tras conocerse la identidad del ahogado a nadie en Panxón le sorprende que el cuerpo pertenezca a Castelo, un solitario y depresivo marinero. Si el cuerpo de Castelo no hubiera aparecido con las manos atadas por una brida verde y un golpe en la cabeza, lo que apunta a que el marinero fue asesinado antes de aparecer muerto en la playa, todo se hubiera quedado en un mero suicidio.
El inspector Caldas y su ayudante Estévez serán los encargados de esclarecer el caso. Para ello interrogan a las personas del entorno de Castelo: su familia, vecinos y compañeros de la mar pero, aunque no les será fácil debido a la desconfianza que muestran los lugareños, la hipótesis que se plantea tras sus respuestas resulta ser demasiado insólita.
Como gatos que tiran de la madeja, Caldas y Estévez irán desgranando los hechos hasta llegar al naufragio del Xurelo, un barco de pesca que se hundió hace doce años y en el que estuvo enrolado Castelo pero ¿qué relación puede tener ese naufragio con la muerte del marinero? Para saber la respuesta hay que adentrarse en La playa de los ahogados y acompañar a Caldas y Estévez en su investigación.
Una vez finalizada su lectura pienso que debería haber leído su anterior y primera obra, Ojos de agua, porque, aunque se pueden leer independientemente, hay partes de la historia en las que me he sentido un poco perdida al no saber cómo se conocen Caldas y Estévez (éste es aragonés y parece que no lleva demasiado tiempo en Galicia puesto que le sorprende el carácter gallego) o qué es lo que ha pasado entre Caldas y Alba, una mujer de la que solo unas pequeñas pinceladas permiten presuponer que ha sido o es (no queda nada claro) su pareja.
Pese a estos pequeños inconvenientes la trama atrapa de principio a fin y las páginas pasan volando sin que nos demos cuenta gracias a una historia interesante, a unos personajes bien construidos, a la abundancia de diálogos, al lenguaje sencillo, directo y sin artificios que emplea Villar y a los cortos capítulos en los que está estructurada la obra. Todo ello contribuye a que el lector se sienta como un espectador frente a una película, y no en vano, ya que el autor fue guionista de varias series de la televisión gallega.
Si algo me ha llamado la atención a lo largo de toda la lectura es que, al comienzo de cada capítulo, hay la definición de una palabra que está presente de forma implícita o explicita en el texto. Otra cosa que me ha sorprendido, y gratamente, es que cuando crees saber quién es el asesino –porque todo apunta a que es esa persona en cuestión-, Villar te sorprende dando un giro a los hechos y desbaratando tu hipótesis, así que hasta el final no descubres (al menos yo no lo he descubierto antes) quién es realmente la persona que asesinó a Castelo.
Sin embargo, lo que más me ha gustado, a parte del a historia en sí, es dar un paseo por las calles y tascas de Vigo junto a Caldas, e imaginar el paisaje bucólico de la Ría a primeras horas del día.
Enlace: https://libropoli.blogspot.c..
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tamyreyes
 18 October 2019
Aquí tenemos de nuevo al inspector Leo Caldas y a su compañero Rafael Estévez, este libro sería la segunda aventura del inspector, ya que por ahora Domingo Villar ha escrito tres historias. Como ya me ha pasado con otros libro, descubrí al inspector Leo Caldas en "El último barco" que es la tercera entrega, después leí "Ojos de agua" que realmente es el primer caso y dado que me gustan las aventuras de nuestro protagonista me tenía que leer "La playa de los ahogados". Lo bueno de este escritor es que ha sido capaz de crear tres fantásticas historias, pero que no pasa nada porque no se siga el orden en el que se escribieron, en cada libro te recuerda lo más importante sobre ellos y no tenemos una trama entre los protagonistas, los que permite leer las historias en el orden que quieras, aunque después de leerlas todas si no os pasa como a mi os recomiendo hacerlo en orden. En esta ocasión Leo tendrá entre manos un caso de lo más curioso. Comenzaremos la investigación con la aparición del cadáver de Justo Castelo, un marinero que aparece ahogado, de no ser, que apareció con las manos atadas de forma extraña todo apuntaba a un suicidio. La investigación llevará a Leo y Rafa entre Vigo y Panxón. Nos cantarán el pasado de Justo y revolverá el presente para poder resolver el caso, que en esta ocasión trae de cabeza al inspector. Sigo disfrutando con los diálogos de Rafael que sigue sin acostumbrarse a el carácter gallego.
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megmeg04 July 2019
El inspector cerró los ojos y Estévez encendió la radio, que en aquel momento adelantaba las noticias locales. El boletín no hizo referencia al marinero ahogado. Se limitó a informar de la previsión meteorológica y el aumento de peatones atropellados en las calles de la ciudad.
—Pues yo hace tiempo que no atropello a nadie —comentó Estévez de pronto—. La última vez fue en Zaragoza, pero ya hace más de tres años.
Los párpados de Leo Caldas se abrieron como impulsados por un resorte.
—No lo echarás de menos… —inquirió.
—No diga tonterías, ¿quiere?
—Pues mejor. Mientras estés a mis órdenes te prohíbo atropellar a nadie.
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megmeg04 July 2019
(…) Tras unas pocas horas sin lluvia, una bóveda de nubes negras se había situado sobre la ciudad y comenzaba a vaciarse nuevamente sobre ella.
Estévez caminaba pegado a las paredes tratando de protegerse del agua. Su gabardina colgaba en un perchero de la comisaría. Se preguntaba en voz alta cómo podían los gallegos entender que en pocas horas una mañana primaveral se transformase en invierno, y lanzaba un juramente si algún goterón se colaba entre las cornisas y hacía blanco en su cabeza.
A su lado, el inspector avanzaba en silencio, sin confesarle que se limitaban a convivir con el clima sin tratar de comprenderlo.
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megmeg04 July 2019
—¿Pero nunca habías visto un ahogado? —se sorprendió Caldas.
—En Zaragoza a veces teníamos que recoger del río a algún suicida, pero yo nunca me acerqué demasiado. Ya sabe que no me gustan los muertos, inspector —dijo el ayudante con un asomo de timidez.
—Tampoco tú gustas demasiado a los vivos —murmuró Caldas (…).
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megmeg04 July 2019
En cuanto Cristina se perdió en el vocerío del comedor, Rafael Estévez protestó:
—No sé para qué coño pregunto nada a esta gente.
Estévez reparó en que Caldas le miraba en silencio desde el otro lado de la mesa.
—Perdone, jefe —se disculpó—. A veces se me olvida que es usted uno de ellos.
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Vane24Vane2413 July 2018
Oye Leo, ¿cómo se llamaba aquel novio de Laura, que era tonto del culo?
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Videos de Domingo Villar (4) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Domingo Villar
El 10 de junio de 2022 se celebró en la Feria del Libro de Madrid un homenaje al escritor Domingo Villar, fallecido recientemente. Participaron: Ofelia Grande, Toni Garrido, Marta Rivera de la Cruz, Pablo Bonet, Fernando Valverde, Luis Solano, Anna Soler-Pont, Berna G. Harbour y Beatriz Lozano, esposa de Domingo.
Domingo Villar fue el autor de tres exitosas novelas policiacas protagonizadas por el inspector gallego Leo Caldas ("Ojos de agua", "La playa de los ahogados" y "El último barco") y la colección de relatos "Algunos cuentos completos".
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