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ISBN : 8483464950
Editorial: Debolsillo (30/09/2016)

Calificación promedio : 3.9/5 (sobre 29 calificaciones)
Resumen:
El primer caso del inspector Leo Caldas. En una casa cercana a la playa, en la costa gallega, se descubre el cadáver de un joven saxofonista que sufrió una de las torturas más crueles que se recuerden. Les asignan el caso al inspector Leo Caldas, un hombre solitario y nocturno, de buen paladar para los vinos y mejor oído para el jazz, y a su ayudante Rafael Estévez, un llano aragonés perdido entre gallegos. Este singular tándem deberá investigar las altas esfe... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (15) Ver más Añadir una crítica
Yalonso
 02 agosto 2020
Imagino que todos aquellos países que tienen una comunidad emigrante gallega tengan infinidad de cuentos que dan cuenta de la testarudez de los gallegos, y su idiosincrasia, esa que saca de paso a un peleonero Rafael Estévez.
La verdad es que he disfrutado mucho esta suerte de novela de humor negro, más que policiaca, al menos así me lo pareció a mí. El desarrollo de la trama policiaca va lento, pero eso da paso a repasar otros matices de la vida, el proceso mental de llegar a la conclusión, los giros hasta descubrir al asesino.
Es una lectura ligera, ágil y entretenida; sin muchas pretensiones literarias. Lo recomiendo.
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Marinieves
 16 abril 2020
Tenía pendiente a este autor desde hace tiempo ya que no había oído más que elogios de sus libros, sobre todo de "La playa de los ahogados", pero no había leído ninguno, así que qué mejor principio que empezar por su primera obra: "Ojos de agua", que me ha gustado, pero con reservas. Se nota que es una primera novela, o eso me parece, y se le nota el tiempo que ha pasado desde su publicación en 2006.
El protagonista, el policía Leo Caldas, es un gallego cachazudo y muy gallego, de los que responden a las preguntas con otra, aunque no todo el rato como piensa su compañero de fatigas, Rafael Estévez, un aragonés bruto, iracundo y sin modales que ha sido "trasladado" debido que su forma de ser ya había generado problemas en su destino anterior.
La combinación entre ambos personajes anima el relato. Leo Caldas compensa con su moderación los excesos de su compañero, de forma que pareciera que lo han puesto a su cargo para que lo controle y sea una buena influencia para él, pero la influencia parece funcionar en ambos lados y el empuje de Estévez empuja a Caldas a la acción que parecía rehuir.
En la vida personal de Caldas parece que hubo una mujer que desapareció de su vida dejándole un regusto de tristeza. No sabemos por qué rompieron, pero no parece que la iniciativa fuera del policía. Pero claro, ¿qué novela policiaca sin un protagonista con problemas personales?
Por contra, Estévez no parece tener vida personal, aunque su traslado a Galicia podría justificar que viva solo. Lo que está claro es que le gustan las mujeres y en un punto del relato defiende su derecho a que le puedan gustar guapas y de otro nivel intelectual o social. Se ofende hasta casi la agresión con el acercamiento de un homosexual, pero no parece tener ideas homófobas demasiado claras, sino más bien temor a que pueda ponerse en entredicho su hombría delante de otros hombres.
Los capítulos del libro aparecen encabezados con la definición de una palabra en el diccionario. Me recordó al Jaritos de Márkaris leyendo definiciones en su Dimitrakos, aunque en la novela que reseño no son los protagonistas quien leen las definiciones de cada palabra, sino quienes leemos el libro. Una de las acepciones de cada palabra que abre los capítulos tiene relación con el contenido del mismo, así que casi vamos buscando dónde para descubrir la relación.
La historia que se cuenta en la novela es la investigación del asesinato de Rafael Reigosa, un saxofonista con unos preciosos ojos azules, conocido por ello con el apelativo que da título a la novela. El cadáver del músico aparece atado a la cabecera de su cama en su apartamento de la isla de Toralla, frente a Vigo, situado en una de las torres más feas pero con mejores vistas de la zona. A la isla sólo puede llegarse por un puente por lo que no mucha gente puede acceder al lugar sin ser controlada y pocos los sospechosos.
El cuerpo de Reigosa aparece con sus partes pudendas salvajemente destrozadas, como si las hubieran quemado con ácido o algo así y sin que aparentemente sepan la causa, lo que afecta mucho a los investigadores, todos hombres.
Tras analizar la escena del crimen, que ha sido concienzudamente limpiada, se descubre, por la mujer que ha realizado la recogida de pistas, qué han inyectado al difunto provocando el desastre que mostraba en sus genitales, lo que orienta la investigación hacia las personas que puedan tener acceso al producto que le pincharon llevando a Caldas y Estévez a bucear por turbulentas aguas de la vida privada del asesinado y atreverse también a molestar a personas muy bien relacionadas con las altas esferas de la vida de la ciudad. Por supuesto, eso trae problemas a los protagonistas ya que meterse con los de arriba es lo que tiene.
Las gestiones de Caldas para averiguar lo que ha pasado se llevan a cabo a la antigua usanza, que más parece un detective que un policía ya que no cita a los testigos ni a los investigados a la comisaría sino que es él el que se desplaza a los lugares y visita a posibles sospechosos, lo que da un viso de antigüedad (o de clasicismo, según se vea) al relato, lo que fomenta también el hecho de que los protagonistas no utilicen móviles, usen el teléfono fijo e incluso teléfonos públicos y cabinas. Y es que, claro, el copyright de la novela es de 2006, cuando todavía no había smartphones y no se había generalizado el uso de terminales móviles, como lo conocemos hoy.
En general está entretenido, aunque la investigación del asesinato se me hizo un poco lenta, y eso que el libro es corto (187 páginas de la edición de bolsillo que he leído), y lo peor que llevé fue averiguar quién había sido antes de acabar el libro, que se veía venir, aunque introduce algún elemento que no había tenido mucha importancia para explicar el desenlace. No obstante, me han quedado muchas ganas de seguir leyendo a Domingo Villar porque como primera novela prometía mucho.

Enlace: https://marinieves.blogspot...
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laurass89
 24 abril 2020
De la Mancha a Galicia
Un saxofonista, Luis Reigosa, aparece muerto en su apartamento. No hay huellas, no hay motivaciones, la conclusión: crimen pasional. Sin embargo, esta conclusión tampoco facilita las cosas a Leo Caldas que, además de resolver el crimen, tiene que aguantar a su compañero, Rafael Estévez. Estévez acaba de ser trasladado a Galicia por su comportamiento, pero el humor de la región no le está poniendo nada fáciles las cosas.
Este es el punto de partida para esta pareja de policías que nos acercarán en sus reflexiones e interacciones a un nuevo Quijote y Sancho policiacos. Esta es sin duda una de las cosas que más me ha llamado la atención de la novela, ya que estamos acostumbrados a que la relación inspector-ayudante sea de sumisión-admiración. En este caso la relación estará muy cerca de la igualdad y lo que determinará la posición de uno y otro, además de su cargo, por supuesto, será su capacidad de reaccionar ante el exterior.
Así, tenemos a Leo Caldas que será una persona sosegada, reflexiva y a la que le gusta que todas las piezas encajen (preferiblemente como él piensa que encajan); después tendremos a Rafael Estévez, un policía que ha sido trasladado por su comportamiento, demasiado agresivo y vehemente, no conoce el gris ni las sutilezas, un poco simple en sus reflexiones, pero que encajará las piezas nada más verlas, aunque sus explicaciones para ello no terminen de ser muy ortodoxas. de este modo, vemos que tenemos la típica pareja del listo-tonto, bruto-sutil que en tantos géneros nos encontramos, con la diferencia de que ambos se irán igualando a lo largo de la novela.
En este sentido, la novela es quijotesca por sus personajes y su forma de ser, el deambular por la Mancha pasa a ser un ir y venir por Vigo, que nos reflejará una ciudad fría, solitaria y triste, como nos señala el padre del inspector Caldas.
De Londres a Vigo
Eso sí, por mucho que ambos personajes tengan sus particularidades de carácter, no debemos olvidar que nos encontramos ante una novela policíaca, por lo que a estos personajes los acompañará una trama elaborada y que fluye como el agua en la lluvia.
Luis Reigosa, el asesinado, llevará a nuestro Sherlock y Watson por el mundo de los bares de ambiente, del jazz y del sentir de la música y el arte. Como viene siendo habitual, Caldas será el inspector que ha perdido algo que no puede recuperar, la ambientación y la trama le harán dolerse por ello, por su parte Estévez acudirá como espectador cauto a estos lugares.
Mientras tanto, la trama continua. Comenzando con el asesinato, como buen libro policíaco, se nos llevará a través de los hitos importantes de la investigación, siempre desde la perspectiva de Caldas. Método del crimen, personas relacionadas con el entorno del difunto, conexiones inesperadas entre unos y otros, serán aquellas cosas que nos hagan avanzar más y más rápido en una trama que nos golpea contra una pared hacia el final de la novela.
Para ello, el autor ha utilizado un estilo sencillo y llano, que nos permite entender a la perfección el sistema deductivo del inspector y de errores de su ayudante. Además, a ello añade toques de humo e ironía, que nos hacen reflexionar, levemente sí, pero lo hace, sobre la sociedad actual y sus dobleces.
Un desatino a destiempo
Sí, el título de este apartado es muy reiterativo, pero es así como he sentido yo el final de la novela.
Aunque ha sido una lectura que he devorado y con la que me he entretenido mucho, no ha dejado de parecerme que el final no debería ser como es. Sin hacer spoilers quiero deciros que es como si me dijeran que alguien va a venir hoy a las cinco y resulta al final, cuando son las cinco, que no eran las de hoy sino la cinco de mañana. Pues es guay que llegue la persona, pero la sensación es de frustración y de un poquitín de estafa. Esa es la idea con la que me he quedado yo.
Por lo demás, ya lo he dicho, los personajes, incluido el difunto, me han parecido interesantes tanto por ellos mismos como por los recuerdos literarios que me han suscitado. Por otra parte, la trama es ágil y tiene las conexiones muy bien definidas, no así el final, pero es que es difícil rematar. Y, finalmente, el estilo del autor es estupendo, sabe como hacer contrapuntos entre el humor y lo serio, con un lenguaje muy fácil de llevar y que nos invita a seguir leyendo. Espero que os animéis con ella.

Enlace: http://ellibroenelbolsillo.b..
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Samarkanda
 03 diciembre 2019
Ojos de agua supuso la primera incursión en el panorama literario del vigués Domingo Villar, guionista de cine y televisión así como comentarista gastronómico en una emisora de radio –hecho éste que se trasmite en su obra-, y lo hizo por la puerta grande ya que fue galardonada con el I Premio Sintagma, el Premio Brigada 21 y el Premio Frei Martín Sarmiento. Con La playa de los ahogados, su segunda novela, sigue cosechando premios y se consolida como autor en el mundo de las legras negro-criminales.
En un duplex de la singular Isla Toralla aparece el cadáver de Luis Reigosa, un joven saxofonista que ha sufrido una muerte atroz. Cuando la mujer de la limpieza encuentra el cuerpo y avisa a la policía el caso es asignado al inspector Leo Caldas y a su ayudante Estévez que, al personarse en el lugar de los hechos, se encuentran con una escena un tanto singular: Reigosa reposa en la cama con los ojos abiertos, las manos atadas al cabecero y el cuerpo presenta desde el abdomen hasta las rodillas un aspecto negruzco como si le hubieran rociado con algún tipo de líquido abrasivo.
A primera vista todo apunta a un crimen pasional pero ¿quién ha sido capaz de cometer un crimen tan cruel y qué motivos le han llevado a hacerlo? Estas son dos de las muchas preguntas a las que se enfrentan Caldas y Estévez a lo largo de los cortos capítulos en los que está estructurada la novela y que les llevará a investigar tanto en las altas esferas como en los bajos fondos.
Pese a los premios cosechados, Ojos de agua es la opera prima de Villar y, desde mi punto de vista, los personajes podrían estar más trabajados ya que lo único que sabemos de ellos es que Caldas posee un carácter introvertido y que Estévez es visceral, tosco y brusco en sus modos pero sensible al paisaje vigués. Sin embargo, esto se compensa con las descripciones de la ciudad, tanto de sus calles como de sus edificios, de sus bares y tascas –algunas reales como el Bar Puerto o el Eligio donde el autor despliega su buen hacer como crítico gastronómico- así como de los lugares de visita obligada como Monte de Castro.
Otra de las cosas de las que adolece es el final en el que, aunque todo a punta a un culpable y el pastel se descubre por una de esas casualidades tontas de la vida, hay cosas que no terminan de encajar a la perfección pese a no dejar ningún cabo suelto. Quien haya leído el libro sabrá a lo que me refiero.
Si bien me ha gustado por lo rápido y fácil que se lee, así como por el estilo sencillo y sin artificios del autor que hace que devores el libro en un par de tardes, reconozco que disfruté muchísimo más con La playa de los ahogados en la que la trama está más trabajada y el final resulta mucho más sorprendente.
Aunque ambos títulos pueden leerse por separado, de Ojos de agua a La playa de los ahogados se aprecia una ligera evolución en los personajes pese a que seguimos sin saber los motivos reales que hacen que Estévez sea trasladado desde su Zaragoza natal a Vigo. Lo que no varia en ambos libros son las descripciones de una palabra al comienzo de cada capítulo y que tienen relación con lo que vamos a leer en las próximas páginas.
Lectura ligera, fresca y, sobre todo, entretenida para todo aquel que quiera pasar un buen rato con una novela policíaca así como disfrutar de un viaje a Vigo sin moverse del sofá. ¿Qué más se puede pedir?
Enlace: https://libropoli.blogspot.c..
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joes093
 19 junio 2018
Las aventuras de Domingo Villar, me las empecé a leer al revés; es decir, empecé primero por "La Playa de los Ahogados" y fue cuando descubrí que existía una primera parte.
En esta primera entrega, Leo Caldas es un detectivo ingenioso mientras que su compañero Estévez es quien aporta el humor con los diálogos y las múltiples situaciones en las que se ve sumergido.
La historia comienza cuando Caldas es llamado a una escena del crimen: Luis Reigosa, un músico, ha sido asesinado y parece ser un caso dificil de resolver porque la escena está limpia de huellas o algún rastro que pueda dar un indicio.
Honestamente, cuando terminé el libro, lo había puntuando con 3 estrellas porque pensé: "Bueno, me ha gustado, pero no tanto como La Playa de los Ahogados", y lo puntué de esa manera pensando que no lo recordaría tanto como la segunda entrega, pero conforme pasaron los meses todavía me sigo riendo con las escenas de Estévez, y algunos pasajes regresan a mi memoria cuando le encuentro relación con algunos lugares de mi zona así que lo subí a 4 estrellas.
La razón por la que no le doy una calificación perfecta es que, a pesar de tener unos personajes tan memorables, el caso en sí no me pareció tan interesante como el de la Playa de los Ahogados, incluso Caldas llega a resolver todo muy sacado de la manga, se podría decir que casi todo lo adivinó, es por eso que no pienso que sea un libro perfecto.
Aunque eso sí, recomiendo muchísimo que lo lean para poder llegar a su segunda entrega (aunque pienso que se le puede entender perfectamente). Leo Caldas recuerda mucho a Sherlock Holmes, pero con un toque más Gallego.
En adición, me gusta las definiciones de palabras que coloca al principio de cada capítulo en relación a lo que vamos a leer. Siempre me despertó curiosidad el por qué elegía esas palabras en concreto.
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Citas y frases (8) Ver más Añadir cita
LuisMinskiLuisMinski11 agosto 2019
Volvió a tener la impresión de que estaba pasando por alto algún detalle importante. No podía identificarlo, pero una pequeña lucecita brillaba en su interior susurrándole que alguna pieza no encajaba en aquel puzzle. Conocía aquella sensación y se fiaba de su instinto. Estaba seguro de que, por pequeño que fuera, lo que ahora se escondía en algún rincón de su cabeza terminaría por mostrarse de un modo repentino más tarde o más temprano
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megmeg09 junio 2019
Rafael Estévez había recalado en Galicia pocos meses atrás. Su traslado se debía, según se rumoreaba en comisaría, a un castigo que alguien le había impuesto en su Zaragoza natal. El agente había aceptado sin especial desagrado trabajar en Vigo, aunque había algunas cosas a las que le estaba costando más tiempo del previsto acostumbrarse. Unaa era lo impredecible del clima, en variación constante, otra la continua pendiente de las calles de la ciudad, la tercer era la ambigüedad. En la recia mente aragonesa de Rafael Estévez las cosas eran o no eran, se hacían o se dejaban de hacer, y le suponía un considerable esfuerzo desentrañar las expresiones cargadas de vaguedades de sus nuevos conciudadanos.
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megmeg09 junio 2019
—Qué gusto da encontrar gente amable —agregó Rafael Estévez guiñando un ojo a la chica, quien le devolvió la sonrisa al levantarse a recoger las páginas impresas.
Leo Caldas no reconocí a su ayudante en aquel adulador de mirada beatífica. Pensaba que una inclinación natural a la barbarie le mantenía apartado de los caminos del amor.
—¿Rafa, intentas ligar? —le preguntó en voz baja.
Estévez aproximó sus labios al oído de su superior.
—Ahora comprendo que haya llegado tan pronto a inspector —susurró—. Es usted un lince.
Caldas no le contestó. Su absurda pregunta tenía bien merecida la respuesta burlona de Estévez.
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megmeg09 junio 2019
Leo Caldas sacó del bolsillo de su chaqueta el retrato que había tomado del dormitorio de Reigosa. Volvió a tener la impresión de que estaba pasando por alto algún detalle importante. No podía identificarlo, pero una pequeña lucecita brillaba en su interior susurrándole que alguna pieza no encajaba en aquel puzle. Conocía aquella sensación y se fiaba de su instinto. Estaba seguro de que, por pequeño que fuera, lo que ahora se escondía en algún rincón de su cabeza terminaría por mostrarse de un modo repentino más tarde o más temprano.
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megmeg09 junio 2019
(…) No sé qué coño me verán los perros que siempre vienen a tocarme las pelotas —añadió—. Puedo estar en medio de una manifestación, que como haya un chucho suelto seguro que se acerca a mí.
—Pues no será por cómo los tratas —musitó Leo Caldas.
Cuando se puso en pie, el perrillo volvió a cargar contra los zapatos del agente.
—¿Ve a qué me refiero, inspector, cómo no le voy a dar patadas?
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Vidéo de Domingo Villar
Domingo Villar ha pasado por nuestra librería de Vigo y a aprovechado para felicitar las fiestas a nuestros lectores/as
Aquí tienes todos sus libros http://bit.ly/2EdVF6X
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