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ISBN : 8439734891
Editorial: LITERATURA RANDOM HOUSE (11/10/2018)

Calificación promedio : 3.65/5 (sobre 23 calificaciones)
Resumen:
Una nueva novela de la prestigiosa autora argentina Samanta Schweblin que desvela el lado más inquietante de las nuevas tecnologías. Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca... y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema -se dice en las noticias y se comparte en las redes- es que una... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (21) Ver más Añadir una crítica
Zairamec
 08 julio 2020
Samantha Schweblin es una de las escritoras latinoaméricas que descubrí este año y cada que leo un libro suyo me atrapa aún más, en esta oportunidad quiero hablarles de su novela "Kentukis" si bien ella es una cuentista (una gran cuentista), se ha aventurado en la escritura de novelas que terminan siendo cortas, pero llenas de muchas reflexiones, con personajes con pocas descripciones en lo referente apariencia y nombres, pero con análisis profundos de su cotidianidad y termina con finales abiertos, confusos, inconclusos y para mí, majestuosos (siempre termino aplaudiendo y asintiendo cada vez que terminó un cuento suyo).
Regresando, ¿De que va "Kentukis"?, bueno, es una novela donde el eje central de la narración es lo que hoy se ha convertido en el lenguaje universal, la tecnología y su multiplicidad de dispositivos, aquí estos se llaman Kentukis y son una mezcla de tamagoshis con esos famosos furby que incoporaban inteligencia artificial, solo que aquí son unos peluches con formas de animales reales o fantásticos, como conejos o dragones, que son controlados y manejados por otro ser humano, entonces tu puedes ser dos tipos de usuario, el que compra el Kentuki y que por lo tanto esta abierto a que sea observado por este y los que compran el software que son quienes controlan los kentukis y se meten en las casas de otros, pero aquí todo mundo sabe como funciona, es conciente que quien esta al otro lado de la pantalla es otro ser humano ubicado en quien sabe que lugar del planeta y quien sabe con que intenciones y aún asi acepta hacerlo parte de su vida y de su cotidianidad, la única regla: un dispositivo por cada software, asi que si se daña se desecha y si lo apagas porque te aburres de "tu amo", pierdes tu dinero.
Hasta aquí es el eje central, despues la autora mete estos Kentukis en distintas familias y va contando lo que sucede en cada una de las casas, algunas historias estan centradas en los amos con historias curiosas, divertidas, agradables, es como decirlo, la parte bonita e inocente, ver a otros comer, servir como compañero a una persona solitaria (pues sí, podría considerarse una especie de mascota por la forma que tienen y porque se mueven a voluntad), pero por otro el lado te muestra la parte peligrosa de la historia, secuestro, acoso, abuso, exposición, destrucción. La narración va de una casa a otra, de una familia a otra tipo cortes de cine y con su ritmo te va contando lo que se siente estar en cada uno de esos escenarios. 
Disconfort, sí, fue todo lo que sentí en la lectura. Es una novela que tiene la habilidad de hacerte sentir desconcertado, pero a la vez aburrido, porque a veces da la sensación que no esta pasando nada, pero si tus ojos se fijan bien, si eres capaz de leer y te concentras serás capaz de abrir las cerraduras que blindan todos los escenarios familiares, cerraduras que ocultan los secretos, los problemas, los dilemas, el dolor, el llanto, en fin, los problemas que siempre vienen en las cajas y las bolsas que cada miembro de la familia mete en la casa que se convertirá en su hogar; y son estos secretos los que, sin saberlo (o tal vez sabiéndolo, pero con aceptación conciente) estan dispuestos a revelar a través de una forma aparentemente inocente, un muñeco llamado Kentuki, o tal vez también es solo el reflejo de ese extraño "morbo" o placer que ha invadido la sociedad actual, el querer ser observados pues así podemos curar ese extraño veneno que parece diseminarse en el aire, pues hoy en día solo podemos existir si vivimos en la red (y viceversa).
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corga79
 15 septiembre 2020
Libro con una serie de historias cortas de la vidas de varias personas que no se entrelazan entre si, solo comparten la particularidad de pertenecer a l grupo de personas que tienen como accesorio un Kentuki, tal como dice la sinopsis, es un muñeco peluche que tiene como objetivo, ser el receptor de un huésped que por medio de una cámara y conexion a internet, se vuelve en observador de la persona o personas que adquieren dicho muñeco, estos sin tener conocimiento alguno de quien sera quien lo esta observando, si es hombre o mujer, si es joven o adulto mayor pero que conscientemente acepta que alguien en algún lugar del mundo lo observa constantemente.
Un libro perturbador pero al mismo tiempo fascinante de leer, pues es en cierta manera el reflejo de la sociedad actual donde todos participamos en uno u otro papel, el ser observadores o ser observados, por medio de las redes sociales al publicar nuestras vidas las exponemos al escrutinio de otros que jamas veremos y no sabremos que idea se forman de nosotros pero que al mismo tiempo están al pendiente de nuestros movimientos o viceversa, somos quienes estamos al pendiente de que es lo que publica la persona de nuestro interés, pero en este caso, en el caso de los Kentukis, es una critica que lleva al desastre cuando como seres humanos nos abandonamos al hecho de dejar que nuestra necesidad de atención sea mas importante que vivir nuestra propia vida.
hay algunas historias que son cortas y terminan rápido, otras que tienen una continuidad pero que el final de cada historia es tan tragico como hilarante, no pude dejar de sentir el vacío que te da el saber que la vida en realidad no tiene finales felices. la misma sensación que me dio cada capitulo de la serie Black Mirror
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Hefesto
 07 septiembre 2019
La obra de Samanta Schweblin parte de una idea aparentemente estrambótica: unas mascotas mecánicas con formas de animales, dirigidas por otros humanos elegidos al azar que pueden observarte e interactuar contigo pero no hablarte y de los que nada sabes en un principio. Sí, ya se que parece demasiado rebuscado e ilógico, que no los dejarías entrar en tu casa y espiarte, pero detente un momento y piensa que esa idea combina la necesidad creciente de gran parte de la población de vivir con mascotas por un lado, y por otro nuestra adicción a las redes sociales en las que podemos exhibirnos o “cotillear” a los demás sin pudor alguno.
Y girando en torno a esto, pasando de puntillas por el debate ético y dando por hecho que la moda se impone al sentido común, la autora argentina construye una obra coral en la que se intercalan relatos de gente que, o bien tiene un “Kentuki”, o decide ser uno de ellos a través de una pantalla y unos sencillos mandos.
La primera historia, fresca y divertida, ya te advierte de los peligros de esta situación y te hace prever que estás ante un thriller y un alegato en defensa de la privacidad. Pero en realidad lo que encontramos en esta obra son las vidas de distintos tipos de personas; ancianas, niños, adultos, oportunistas, malintencionados, pervertidos, gente buena y gente mala, seres a los que su vida les parece poco y otros que se consideran dignos de ser admirados... Y partiendo de estos personajes Schewblin orienta la narración hacia las distintas necesidades de dichas personas para tener/ser un Kentuki y la manera en que estos cambian su existencia. Nos describe diferentes vidas que tratan, casi siempre, de suplir algo que creen que les falta, ya sea compañía, una vía de escape a la cotidianidad o el trauma, un modo de obtener beneficios o la forma de tener a “alguien” en quien focalizar sus actos más viscerales o reprobables. Y es que la autora se permite apuntar en una frase que hay gente que paga por tener a otra persona como mascota, alguien real que les adore, y desde que eso tiene lugar, nada es impensable.
Todas las historias comienzan de un modo más o menos amable y van tendiendo a oscurecerse dando como resultado una novela muy recomendable que, una vez asimilada y reposada (a pesar de su aparente simplicidad), hace que te plantees cuestiones como, por ejemplo, ¿cuál será el siguiente paso en nuestro modo cada vez más impersonal de relacionarnos?
Enlace: https://elyunquedehefesto.bl..
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macarenamamone
 13 noviembre 2018
Una sorpresa. Entré con precaución a esta historia por las malas reseñas que había leído y tal vez así, sin expectativas, lo disfruté muchísimo más de lo que esperaba.
El argumento me enganchó desde la primera página, los kentukis son unos peluches que, al estilo gran hermano, lo ven todo, y quienes lo poseen nunca saben quién los está mirando, puede ser un vecino como alguien que vive en la otra punta del planeta. Además, me pareció interesante como está estructurada la novela, que cuenta la historia de algunos personajes centrales (Emilia, Alina, Enzo, Marvin y Grigor, creo que no olvido ninguno) y mecha algunas historias más esporádicas que no se vuelven a tocar. Creo que es interesante, más allá de seguir la progresión de tres o cuatro personajes principales, tener esos episodios extras que narran otras experiencias, quizás mas cortas aunque no menos impactantes, con los kentukis.
Me gusta como Schweblin retrata el “boom” de cierta moda que, en un comienzo, todos podemos juzgar de ilógica, pero que aún así se instala y es aceptada por la sociedad, incluso por quienes tenían sus reparos al principio. La manera en la que los kentukis empiezan a aparecer y poco a poco pasan a estar en absolutamente todos lados es muy actual y la autora capta ese fenómeno muy bien.
Otro punto que me gustó es la representación de una sociedad divida entre los que son mirados y los que miran, los que “tienen” (un kentuki) y los que “son” (un kentuki), es interesante pensar por qué y qué implica que algunos elijan ser mirados y otros elijan mirar.
Por último, creo que lo que más me gustó de esta novela es ese tinte de cyber punk que tiene cuando los que “son” kentukis se meten tanto esa vida virtual y paralela que se sienten más kentuki que humanos. La “vida” kentuki empieza a tomar más importancia que la vida humana, tanto que casi podrían vivir sin esa parte humana. Los límites entre ambas “vidas” empiezan a difuminarse.
En fin, para mí, Kentukis es un súper recomendado, tanto el libro como la autora, a quien pienso seguir leyendo.
(Son cuatro estrellas porque esperaba algo más impactante para el final)
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MariaT
 24 mayo 2019
¿Dejarían entrar a un completo desconocido a su hogar para que tuviese acceso remoto las veinticuatro horas del día? ¿Qué podría llevarnos a querer comprar un animal de peluche que fuese controlado por una persona completamente anónima desde cualquier lugar del mundo? ¿Qué nos llevaría a adquirir el control de esos animales electrónicos si saber dónde nos tocará despertar o a quién tendrías que hacerle compañía? Hoy quiero hablarles de Kentukis, la nueva y fascinante novela de la escritora argentina Samanta Schweblin.
“Necesitaba saber qué tipo de usuario le había tocado. ¿Qué tipo de persona elegiría «ser» kentuki en lugar de «tener» un kentuki?” .
Nos encontramos en un futuro tan cercano que bien podría ser el presente, en el que existen los kentukis, unos muñecos de peluche articulados controlados a distancia por un usuario anónimo. Cada vez que un usuario compra un kentuki se convierte en el amo, y cada vez que alguien adquiere un código tiene derecho a «ser» un kentuki. Pero mientras que los amos pueden elegir el aspecto de su mascota, las conexiones entre los diversos usuarios son aleatorias y no pueden controlar quién será la persona que los verá a través de la cámara. Los kentukis, además de observar y controlar la movilidad de sus avatares, pueden oír a sus amos, pero no pueden hablar directamente con ellos.
Pero que los muñecos no puedan articular palabras desde sus avatares, no quiere decir que la comunicación no es posible. Amos y mascotas pueden establecer diversas maneras de comunicación, algunas más directas y efectivas que otras. Pero la forma elegida dependerá de cada pareja. Para describir las diversas relaciones que se establecen entre los que eligen tener un kentuki y los que deciden serlo contaremos con capítulos cortos narrados por los más variopintos protagonistas. Algunos funcionan como relatos únicos y cerrados, con protagonistas a los que no volveremos a ver; pero a otros usuarios de esta particular tecnología los seguiremos en el tiempo, y veremos su historia evolucionar para fascinarnos y aterrorizarnos a partes iguales.
“Tenía dos vidas y eso era mucho mejor que tener apenas media vida y cojear en picada. Y al final, qué importaba hacer el ridículo en Erfurt, nadie la estaba mirando y bien valía el cariño que obtenía a cambio”.
Algunas de las historias son realmente impactantes. Otras simplemente crueles y muy humanas, como las de un ancianato que compra dos kentukis para que les hagan compañía a los internos, pero cuyos usuarios deciden suicidarse porque el lugar al que han ido a parar no es lo suficientemente interesante, dejando así perdido tanto el dinero de la conexión como el animal de peluche, creado para una única y exclusiva relación amo/kentuki. Pero esa es solo una de las situaciones normales, porque si le compras un kentuki de regalo a un niño, ¿cómo sabes qué tipo de persona está detrás de la cámara, siguiéndolo día y noche?
Como con toda tecnología, pronto saldrán oportunidades para el mercado negro. Usuarios que compran conexiones para luego revenderlas a personas dispuestas a pagar pequeñas fortunas por la posibilidad de manejar un avatar en las condiciones o lugares que ellos elijan. Eliminando así de la ecuación la aleatoriedad que impone el servicio original. Precisamente a uno de esos revendedores de conexión le seguiremos la pista durante diversos capítulos, y las cosas que va descubriendo a medida que establece más y más conexiones son sorprendentes y espeluznantes.
“Había gente dispuesta a soltar una fortuna por vivir en la pobreza unas horas al día, y estaban los que pagaban por hacer turismo sin moverse de sus casas, por pasear por la India sin una sola diarrea, o conocer el invierno polar descalzos y en pijama”.
Samanta Schweblin logra con un relato adictivo que entendamos qué puede llevar a alguien a buscar la compañía de un desconocido, pero tocará que cada uno analice hasta qué punto está dispuesto a renunciar a su privacidad o a invadir la de otro para conseguir una conexión que parece tan poco real. Por momentos dulce para luego transformarse en aterradora y cruel, es el tipo de novela que cierras pero que se queda contigo, pues consigue que no puedas dejar de pensar en sus personajes y en las situaciones a las que tienen que hacer frente. Como sucedió con Distancia de rescate (pueden leer mi reseña aquí), no puedo hacer otra cosa que recomendarles que le den una oportunidad. Schweblin es una autora que no para de sorprender.
Enlace: http://inthenevernever.blogs..
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Las críticas de la prensa (6)
confabulario08 abril 2019
En apariencia son inofensivos. Tienen forma de dragón, cuervo y conejo. Los han adquirido personas de muchas ciudades, desde Oaxaca, Vancouver, Hong Kong y Barcelona. Son los kentukis, protagonistas de esta novela, y quienes encarnan la faceta más real de nuestra relación con la tecnología.
Leer la crítica en el sitio web: confabulario
larazon21 noviembre 2018
«Kentukis» una obra breve, extraña y eficaz, que se mueve en los límites entre la intimidad y la intromisión, entre la privacidad y el espectáculo y que la autora de «Pájaros en la cabeza» conduce con un pulso narrativo firme, sin fisuras, en sintonía con la cadencia de sus mejores relatos.
Leer la crítica en el sitio web: larazon
Abc14 noviembre 2018
La escritora argentina, candidata al Man Booker en 2017, publica «Kentukis», una inteligente reflexión sobre la soledad y la privacidad en nuestra sociedad
Leer la crítica en el sitio web: Abc
elperiodico14 noviembre 2018
Con la invención de unos extraños dispositivos tecnológicos, Samanta Schweblin crea una fábula sobre la incomunicación.
Leer la crítica en el sitio web: elperiodico
elmundo29 octubre 2018
Kentukis, la nueva novela de la escritora argentina, convierte elpresente en una distopía blackmirroriana.
Leer la crítica en el sitio web: elmundo
revistan12 octubre 2018
Por su primera novela fue nominada al Man Booker, uno de los premios más prestigiosos. Ahora nos sumerge en un mundo de mascotas electrónicas, con las que se interroga por los límites de la intimidad y el voyeurismo.
Leer la crítica en el sitio web: revistan
Citas y frases (8) Ver más Añadir cita
LecturasparavivirLecturasparavivir08 mayo 2020
Los kentukis no son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema —se dice en las noticias y se comparte en las redes— es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de otra que vive en Sídney; ni alguien que vive en Bangkok, desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial, cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.
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Rosa44Rosa4426 agosto 2020
"Y entonces lo entendió: no quería seguir viendo a desconocidos comer y roncar, no quería volver a ver ni un solo pollito gritando de terror mientras el resto lo desplumaba de los nervios, no quería mover a nadie más de un infierno a otro.
No iba a esperar a que las benditas regulaciones internacionales llegaran para sacarlo del negocio, ya habían tardado demasiado. Iba a salirse solo. Vendería los dispositivos que le quedaban y se dedicaría a otra cosa. Accedió a la
configuración general y, sin molestarse siquiera en sacar antes al kentuki de esa casa, cortó la conexión".
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lectoraaburridalectoraaburrida05 marzo 2019
se preguntó, con un miedo que casi podría quebrarla, si estaba de pie sobre un mundo del que realmente se pudiera escapar.
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HefestoHefesto02 septiembre 2019
La gente pagaba para que la siguieran como un perro el día entero, querían a alguien real mendigando sus miradas.
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MariaTMariaT24 mayo 2019
Había gente dispuesta a soltar una fortuna por vivir en la pobreza unas horas al día, y estaban los que pagaban por hacer turismo sin moverse de sus casas, por pasear por la India sin una sola diarrea, o conocer el invierno polar descalzos y en pijama.
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Videos de Samanta Schweblin (4) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Samanta Schweblin
Samanta Schweblin nació en Buenos Aires y vive en Berlín desde 2012.
Premiada en varios países y traducida a más de veinticinco idiomas, Schweblin ganó en 2001 el premio del Fondo Nacional de las Artes por su libro de cuentos El núcleo del disturbio. Pájaros en la boca obtuvo el premio Casa de las Américas 2008 y quedó seleccionado para disputar el prestigioso The Man Booker International 2019. En 2014 fue distinguida con el Premio Konex por su trayectoria como cuentista durante el período 2009-2013 y al año siguiente ganó el de Narrativa Breve Ribera del Duero por el volumen de cuentos Siete casas vacías. ?Un hombre sin suerte?, relato incluido en ese volumen, ganó el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012. El cuento ?La pesada valija de Benavides? fue llevado al cine por la directora Laura Casabé y la cineasta peruana Claudia Llosa recientemente terminó el rodaje de Distancia de rescate. Kentukis es la última novela de la escritora argentina.
Entrevista por Ana Da Costa y Gastón Francese (departamento de Prensa y Comunicación de la BNMM).
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