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RAMON; HERNANDEZ GARCIA (Traductor)
ISBN : 8497594258
Editorial: Debolsillo (31/03/2003)

Calificación promedio : 4.01/5 (sobre 114 calificaciones)
Resumen:
Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo. Con ironía mordiente, el genial autor inglés plasma una sombría metáfora sobre el futuro. Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo. Con ironía mordiente, el genial autor inglés plasma una sombría metáfora sobre el futuro, muchas de cuyas previsiones se han materializado, acelerada e inquietantemente, en los últimos años. La novela describe un mundo en el que finalmente se han cumplido ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (34) Ver más Añadir una crítica
Yani
 11 octubre 2018
Confieso que esperaba más de esta distopía porque tiene un comienzo excelente. A pesar de ello, me gustó más que The Time Must Have a Stop, una novela del mismo autor que leí este año y que probablemente mencione mucho durante la reseña. Les puse la misma calificación casi por los mismos motivos, así que no pude evitar compararlas. Pero esto es fundamentalmente sobre Un mundo feliz y hablaré más de este, como corresponde. A grandes rasgos que ampliaré después, la novela me pareció que tiene lo justo y lo necesario para ser considerada como una lectura imprescindible que “predice” nuestro presente pero que, en algún momento, se deforma y pierde fuerza hacia el final. No sentí el golpe de efecto y hasta creí que no podría haber terminado de otra forma, en cuanto al destino de X personaje.
Los primeros capítulos nos introducen a un mundo que mide el tiempo a partir de Henry Ford, está dividido en castas cuyos miembros tienen la función en la sociedad predeterminada desde la concepción (en un frasco) y es visiblemente ateo. No hay enfermedades, no hay preocupaciones y ni siquiera se teme a la muerte. Entre esta gente hay un individuo llamado Bernard Marx que se cuestiona el orden existente (hasta donde le conviene) y será el puntapié inicial de un interesante y bizarro cambio de rumbo.
No hay mucho secreto en las distopías: siempre hay alguien que trata de revolucionar a la sociedad dormida. En este caso las personas están dominadas por el “soma”, una píldora que las relaja y las vuelve felices. El secreto del éxito de esta novela está en que el mundo que describe es peligrosamente parecido al nuestro, en donde se desecha lo viejo para adquirir lo nuevo (el nuevo IPhone, la última tablet, el último libro, el último juego) y permanecer en estado de pasividad total. Lo que estoy diciendo no es ninguna novedad, si se permite el chiste. El consumo y la dependencia de una droga para sentirse medianamente con energía en medio de situaciones adversas son característicos de este mundo feliz. En el de Huxley, todo se arregla con “soma” y difícilmente una persona muestre la insatisfacción que le provoca el trabajo. Ni siquiera lo hacen los Épsilon, que están diseñados para hacer las tareas pesadas. Y luego está, por supuesto, lo efímero de las relaciones sentimentales, que aquí son fundamentalmente sexuales. Los hombres y las mujeres tienen amantes, no parejas estables.
Así que no puedo criticar que sea considerada como una novela que reflejó el futuro. Está bastante acertado. Lo que me pareció casi inadmisible es el giro que da en la mitad para poner en contraste la civilización con la barbarie, ese binomio tan delicado como mentiroso. No cuestiono que Huxley lo haya hecho, sino la forma en que lo hizo. Introdujo bruscamente personajes que luego toman el protagonismo como si el lector los conociera desde el inicio y vuelve el libro un poco más oscuro, más allá de todas las bromas y de la ironía que hay en la totalidad de la novela (eso me gustó). La barbarie empieza a socavar esas conciencias porque despierta curiosidad. Después de reflexionarlo me di cuenta de que el viraje impactante (no en el buen sentido) lo usó también en “The Time…” y no tuvo mi mejor opinión.
Algo que no pude obviar es la construcción de personajes para llevar adelante esta historia. Bernard Marx, Helmholtz Watson, el director, Henry Foster, Lenina y otros más son personajes recurrentes que suelen hacer escuchar su voz, a veces intercaladas (reforzando el sentido de la comunidad falsa, el “cada uno pertenece a todos los demás”) y otras veces con un toque individualista, sobre todo para las reflexiones. Bernard Marx, como ya comenté, es quien no comparte algunas premisas de la sociedad (no le gusta que a Lenina la vean como un pedazo de carne, por ejemplo, ya que en ese mundo las personas son sólo eso). No remueve demasiado las cosas, pero hace lo suficiente. Es un personaje extraño, difícilmente querible después de la mitad del libro, y consigue interesar a duras penas. Su amigo, el Ingeniero de Emociones, llega un poco más con su sensibilidad literaria (a pesar de que no conozca a Shakespeare) y me hubiese gustado que tenga más participación en el libro. Luego está Lenina, único personaje femenino medianamente importante en la trama y un desperdicio, al igual que las mujeres de “The Time…”. Sostengo que sus diálogos son deliberadamente cortos, repetitivos y superficiales y funciona como la observadora más pura del grupo: es la ciudadana perfecta, la que cumple con el adoctrinamiento a rajatabla.
La parte final es un entrecruce de discursos sobre el Arte y la Verdad que explican filosóficamente qué sucede en esa sociedad tan infantil que toma todo a la ligera. Me hubiera gustado que eso se extendiera a toda la novela y no quedara reservada para un momento cúlmine. El inicio, por el contrario, es perfecto y los términos científicos no son tan pesados como se supone que siempre son para el lector que no está en el tema. Se dan las pautas técnicas de ese mundo y se construye hasta el capítulo de la debacle del texto. Y ahí empieza a llenarse de episodios innecesarios y poco interesantes.
Queda decir que hay un buen trabajo en el contraste de las sociedades, ya que terminé pensando que se pueden rescatar cosas positivas de las dos. Creo que actualmente estamos balanceándonos entre el legado de Ford y la Reserva, viendo para qué lado caemos definitivamente. Pero mientras se está en la cuerda, se puede aprovechar el tiempo para leer Un mundo feliz.
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Shorby
 03 marzo 2019
Este no es un un clásico cualquiera, este es uno de los que todo el mundo debe leer, independientemente del género que suela catar de normal.
Además, es de los que tiene algo que me encanta, y es que hace pensar al lector. Mucho.
Estamos, como reza el título, en Londres, en un futuro donde la Tierra ha sido destruida y los líderes que han quedado han decidido crear un mundo sin los defectos del anterior, un mundo feliz de la muerte, donde todo está estipulado de determinada forma, según clase social, edad, sexo y ocupación; dándonos diversos tabúes que escandalizan a más de uno en esta sociedad tan happyflower, pues términos o conceptos como el amor o la fidelidad no son más que una barbaridad, e incluso el embarazo una soberana estupidez y vejación. ¿Quién quiere gestar un crío cuando puedes esperar a que crezcan por sí solos en su departamento correspondiente? Y mejor: ya con una clase social designada.
En medio de mil y una referencias a la obra de Shakespeare (tan antiquísimo en todo que hasta los más ancianos se llevan las manos a la cabeza son solo mencionarlo), tenemos una obra ejemplar que habla de valores, de cómo se inculcan -o no- los mismos en esta sociedad ejemplar donde puedes tomar una pastillita de “sorna” para relajarte y no comerte la cabeza. Sin embargo, la cabra siempre acaba tirando al monte, pues la conducta humana es tan predecible como que por la mañana amanece y por la tarde se va el sol.
Me ha gustado mucho, tiene escenas impactantes, de las que no se van de la cabeza y dan para debatir largo y tendido, una apuesta que en su tiempo resultó muy arriesgada, pues fue publicada a principios de los años 30.
Se habla de un mundo feliz, hecho literalmente a medida, donde no existe el amor, lo dioses, la familia… y sin embargo hay alguien que tiene la desfachatez de no sentirse pleno: Bernard Marx, un Alfa que ni tomando “soma” alcanza la felicidad. Cosa rara, pues la droga nombrada es infalible.
Una crítica a la sociedad y los valores que, como decía, da mucho que pensar, partiendo de la base de lo increíblemente actual que resulta, aún habiéndose escrito hace tantos años. En este sentido, muy de la línea del 1984 de Orwell.
Imprescindible lectura.
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Rosa
 08 febrero 2018
Un mundo feliz” nos traslada a un futuro en el que la sociedad se divide en castas ordenadas de manera descendiente en función de su inteligencia y donde las personas pertenecen a una u otra casta o clase social dependiendo de cómo han sido manipuladas genéticamente desde el embrión y el condicionamiento que han recibido de pequeñas para estar felices y conformes con el trabajo y estatus asignados a su condición. Así, las clases altas (Alfa y beta) están preparadas para desarrollar labores científicas y ostentar el poder en distintos ámbitos, mientras que las clases gamma, delta y épsilon trabajan sin rechistar ni desear otra cosa en cadenas de montaje, agricultura, etc. En esta sociedad aparentemente perfecta cada uno tiene su lugar todo el mundo se siente feliz, no existen las enfermedades, y la tecnología domina todos los aspectos de la vida, pero la humanidad ha perdido parte de sus valores, ya no existe la individualidad ni la espontaneidad y la creatividad es abolida desde las primeras etapas de la vida. En este mundo de precisos engranajes no tienen cabida los conceptos de familia, amor o personalidad y el ser humano, diseñado y condicionado desde antes de nacer, no tiene ningún tipo de libertad ni conciencia.
En este panorama presentado por Aldous Huxley existen dos personajes clave: por un lado está Lenina, una perfecta ciudadana beta que se siente feliz con su papel en la sociedad, acude a los eventos y distracciones que se esperan de ella y se acuesta con diversos hombres como dicta la norma para evitar enamorarse de una sola persona. Por otro lado tenemos a Bernard Marx, un alfa más inteligente que el resto que parece cuestionarse la sociedad en la que vive, sintiéndose a menudo descontento y disconforme con su modo de vida. Pero la vida de ambos cambia cuando, en una visita a una reserva habitada por personas que viven al margen de este sistema controlado, conocen a John, un “salvaje” que resulta ser hijo del jefe de Bernard y que por tanto llevan junto a su madre desaparecida en la reserva años atrás al Londres “civilizado”. Pronto el choque cultural entre “El salvaje” y este mundo feliz se hace inevitable, ya que John se siente incapaz de comprender una sociedad en la que la felicidad se consigue de manera artificial, sin “alma” y donde ni siquiera se pueden leer los libros con los que él ha crecido. John considera que el dolor, la pérdida, la angustia e incluso la infelicidad son parte intrínseca de la experiencia vital y aspectos necesarios para valorar la felicidad. Mientras que John no consigue adaptarse a este sistema impuesto, Bernard va comprendiendo mejor la mentira e ironía de su modo de vida y Lenina se enamora de John siendo incapaz, debido a su condicionamiento, de aceptar lo que siente.
Un mundo feliz” es un libro profundamente reflexivo que pone en tela de juicio los supuestos beneficios de una sociedad exageradamente fundamentada en la tecnología y la manipulación genética y que hace frecuentes guiños a personajes históricos como Henry Ford, Lenin, Karl Marx y Willian Shakespeare. Se trata, sin duda, de una de las mejores distopías que he leído junto con “1984” y “Farenheit 451”
Enlace: https://viviendomilvidas.wor..
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laberintosdetinta
 27 junio 2018

A una sociedad futura, donde los valores de belleza, filosofía, religión... han desaparecido y donde la literatura, el teatro, las artes en sí y la ciencia experimental han sido censuradas por completo. Ahí es donde nos transporta Huxley a través de las páginas de Un mundo feliz.
El libro estaría dividido en dos partes bien marcadas: la primera sería una muestra de esta nueva y “mejor” sociedad cuyos protagonistas son Lenina y Bernard. Explica cómo son producidos los niños (para ellos la idea de madre es tan repugnante como indecorosa), cómo lo normal es que se tengan múltiples relaciones en el mismo periodo de tiempo y enamorarse es tomado por absurdo, no existe una palabra en su vocabulario que represente la infidelidad.
La sociedad está dividida en Alfas, Betas, Deltas, Gammas y Epsilones, de mayor nivel a menor, que están condicionados hipnopédicamente para ser como son, hablan con frialdad de temas tabú (sexo, muerte, aborto), sus cuerpos permanecen jóvenes hasta el final y han desarrollado una droga (el soma) que tiene todas las ventajas de una droga normal- a su efecto se le denomina “vacaciones”, que está estrechamente ligado con “el viaje” producido por el LSD- pero sin ningún tipo de consecuencia si se hace un consumo normal (aunque la esperanza de vida no sobrepasa los 60).
La segunda parte se iniciaría con la llegada de Lenina y Bernard a La Reserva, un área no “civilizada” donde siguen habiendo madres, religión, etc... Lenina queda horrorizada ante esto, mientras que Bernard no puede más que replantearse si realmente la civilización es lo correcto. Bernard lleva a un "salvaje" bastante especial a la civilización y de su vida en el “Nuevo mundo” trata la figurada segunda parte.
Las dos partes tienen sus más y sus menos. En la primera descubrimos todas esas cosas fantásticas, la sociedad, las costumbres... pero en la segunda parte comprobamos la adaptación de El salvaje y el choque entre culturas.
Los personajes no gustan y así es como debe ser:
-Bernard Marx es un Alfa plus que no es igual que los demás, prefiere sentir melancolía que tomarse una dosis de soma, y se replantea el sistema en el que vive, llegando a plantear una teoría sobre la libertad. Este personaje es muy voluble, cobarde e hipócrita.
-Lenina Crowne es una joven Alfa perfectamente condicionada, una ciudadana ejemplar. Es el personaje utilizado para comprender como es realmente la sociedad y cómo funcionan sus mentes.
-El salvaje sí que es una de las maravillas del libro, es genial ver como colisionan la cultura y el medio en el que ha crecido con la civilización en la que se ve sumergido repentinamente.
Al final hay una confrontación dialéctica entre una persona importante de la sociedad de Un mundo feliz y El salvaje, donde se ve perfectamente a qué ha tenido que renunciar la sociedad para ser “feliz”y las razones para que el mundo haya avanzado de esa forma.
El libro está plagado de críticas a la sociedad y múltiples referencias. Por ejemplo, el apellido de Bernard es Marx, el fundador del marxismo, y Lenina podría hacer referencia a Lenin. Además, los años se cuentan d.F. (después de Ford). Henry Ford, propietario fundador de la compañía automovilística Ford, y la T -que hace referencia al primer modelo que fue producido en cadena, cosa que se critica con la decantación de los embriones, que básicamente es como una producción en cadena (símbolo capitalista por excelencia) y Huxley (anarquista) lo critica con fuerza- es tratada casi como símbolo religioso.
Un mundo feliz pordría considerarse, sin exagerar, el súmmum de la distopía, con un lenguaje ameno pero no por eso poco cuidado: las páginas pasan casi sin querer y nos transportan a este mundo distópico creado por Huxley.
Enlace: https://laberintosdetinta.bl..
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santialonsoyuso
 20 junio 2018
¿Cómo seria para vosotros un mundo perfecto? ¿Un mundo sin guerras? ¿Un mundo sin fronteras? ¿Un mundo igualitario? ¿Un mundo sin confrontaciones?
Pero, ¿y si os dijera que el mundo perfecto es aquel en el que no hay sentimientos, anhelos ni pasado?
Un mundo feliz nos sitúa ante esta inquietante perspectiva en el año 632 tras (Henry) Ford.
Aldous Huxley trama ante nosotros una obra que dispone su eje principal en la sociedad moderna del futuro. Para ello, se sirve de una imaginación inhóspita sobre una visión del porvenir dada la época en la que se publicó el libro.
La firmeza y la excelencia de la narración convierten el ambiente de esta ficción en algo perfectamente tangible para el lector. Todos los detalles están cuidados minuciosamente y dispuestos de manera excepcional a lo largo de breves capítulos que agilizan el ritmo de una novela que es necesario digerir desde el sosiego y la tranquilidad más absoluta.
Los personajes muestran la bajeza del ser humano y de una sociedad aislada en una órbita ajena a la realidad. Sin embargo, por muy ilusa que pueda parecer la idea expuesta por Huxley, la precisión y la brillantez con las que adecúa la mentalidad y personalidad de cada personaje y los pasos hacia los que parece encaminarse hoy en día la Humanidad, convierten sus palabras en un vaticinio inquietante sobre el porvenir de nuestro sistema social.
No obstante, si hay algo que destacaría en especial no es la sobresaliente narrativa ni la sensacional ambientación, elementos que per se convierten este libro en una obra maestra, sino los diálogos y el trasfondo que habitan entre sus páginas.
No exagero si digo que, de todo lo que he leído (que cada vez va siendo un poco más), me he topado con las conversaciones más impactantes y que más me han removido hasta ahora.
Otro de los fundamentos principales sobre los que se asienta la historia y que ha resultado una delicia para mis emociones es la literatura. Las constantes alusiones a Shakespeare y la belleza desvirtuada de un mundo cuyas emociones fueron otrora regidas por la poesía, el teatro y la prosa nos trasladan a un entorno melancólico y triste pero hermoso al mismo tiempo.
Por último, el encuadre de las emociones clandestinas, la constante alusión a filósofos como Platón y Nietzsche (entre otros) respecto a los sentimientos, la religión, el miedo a la realidad y la falsa felicidad le dan la pincelada definitiva a la novela hasta convertirla en una obra de arte escrita.
Por ello, no cabe duda de que Un mundo feliz es una obra necesaria en la vida de todos nosotros.
Enlace: https://lacasadelnomada.com/..
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Citas y frases (25) Ver más Añadir cita
romimelianromimelian14 enero 2019
Hombres y mujeres estandarizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un sólo óvulo bokanovskificado.
- ¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas! -La voz del director casi temblaba de entusiasmo-. Sabemos muy bien adónde vamos. Por primera vez en la historia. -Citó la divisa planetario-: Comunidad, Identidad, Estabilidad.
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JuanfranJuanfran13 octubre 2017
...La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Y estar satisfecho de todo no posee el hechizo de una buena lucha contra la desventura, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
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MelyMrMelyMr05 marzo 2018
Dicen que el temor a la muerte y a lo que sigue a la muerte es lo que induce a los hombres a entregarse a la religión cuando envejecen
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Suenosentreletras7Suenosentreletras723 febrero 2018
-¿No has tenido nunca la sensación de que dentro de ti hay algo que solo espera que le des una oportunidad para salir al exterior?
-¿Te refieres a todas las emociones que uno podría sentir si las cosas fuesen de otro modo?
-No es eso exactamente. Me refiero a un sentimiento extraño que experimento de vez en cuando, el sentimiento de que tengo algo importante que decir, y de que estoy capacitado para decirlo; solo que no sé que es y no puedo emplear mi capacidad.
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santialonsoyusosantialonsoyuso20 junio 2018
- Pero, Bernard, dices unas cosas horribles.

– ¿Es que tú no deseas ser libre, Lenina?

– No sé qué quieres decir. Yo soy libre, libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.

Bernard rió.

– Sí, “hoy en día todo el mundo es feliz”. Eso es lo que ya les decimos a los niños a los cinco años. Pero, ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz… de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos.
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