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RAMON; HERNANDEZ GARCIA (Traductor)
ISBN : 8497594258
Editorial: Debolsillo (31/03/2003)

Calificación promedio : 4.08/5 (sobre 146 calificaciones)
Resumen:
Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo. Con ironía mordiente, el genial autor inglés plasma una sombría metáfora sobre el futuro. Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo. Con ironía mordiente, el genial autor inglés plasma una sombría metáfora sobre el futuro, muchas de cuyas previsiones se han materializado, acelerada e inquietantemente, en los últimos años. La novela describe un mundo en el que finalmente se han cumplido ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (40) Ver más Añadir una crítica
CelesteR1995
 16 julio 2019
Este libro fue el último que adquirí el año pasado y llegué a él gracias a que mi novio me contó que la banda Iron Maiden hizo un álbum conceptual sobre él, y al empezar a investigar y de contarme de qué iba la historia, nos decidimos a comprarlo, y les juro que no me ha decepcionado en nada.
La historia comienza en el año 632 de la Era Ford, una dictadura que se basa en la felicidad y donde la libertad es sinónimo de sufrimiento.
Un grupo de estudiantes que se encuentran en el Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, guiados por el Director que les explica cada cosa que allí se hace. Aquí se nos explica que las personas nacen gracias a científicos los cuales los crean, ya que esa idea de gestar que tenían sus antepasados (es decir, nosotros) es totalmente incivilizada e incluso sinónimo de vergüenza.
En cambio, creando a las personas de esta manera, podías evitarte muchos males, como enfermedades e incluso la misma vejez, todos crecen hasta verse como una persona aproximadamente de 20 años y es como que se congelarían ahí. Estos tienen categorías que van desde los Alfas: todos son altos, delgados, sanos, de cuerpos perfecto y facciones hermosas, designados para las tareas más altas.
hasta los Épsilon: para realizar tareas repetitivas y peligrosas.
y no esta de menos mencionar que aquí cuando se crea a alguien, se crean varias copias de él o ella, es decir, se pueden crear decenas de mellizos que luego te los puedes cruzar mientras vas por la ciudad.
Incluso la muerte es bien recibida, porque desde el momento en que son niños los condicionan para que nunca se preocupen por ella ¿cómo? pues llevan los niños al hospital, donde están aquellos esperando su último suspiro y los hacen jugar, corretean en medio de los moribundos y les regalan golosinas de vez en cuando. Para las personas que están a punto de fallecer les ponen música y endulzan el ambiente con aromas riquísimos y relajantes, más dosis de soma que se les aplican.
Por supuesto, que con esto, se podrían hacer a todas las personas perfectas, inteligentes, líderes, pero no lo hacen. Ya que antes esto se había intentado en una isla y no les fue muy bien, al estar todos condicionados con una personalidad para dirigir, los problemas no tardaron en llegar.
Por eso, se crean personas con distintas características e inteligencia, pero a todos los condicionan (desde los más superiores hasta lo menos importantes) para que amen lo que son en la vida, y el destino que se les ha asignado.
Hubo una escena que me causó un poco de escalofríos, donde una persona encargada del ascensor, tuvo que subir hasta el techo para dejar a sus pasajeros, y al abrir las puertas de éste y entrar la luz exterior al mismo, este sujeto no lo puedo soportar, ya que la luz lo encandilaba, él se sentía cómodo trabajando hasta el último de sus días en aquel espacio con luz artificial, ya que lo había creado para que así fuera.
El "soma"es una píldora que todos toman al más mínimo síntoma de "estrés" la misma hace que de pronto te sientas en paz y feliz. Esta pastilla esta al alcance de todos y es clave en esta historia.
En este mundo no existe la familia, las religiones, e incluso hasta los libros se han destruido porque ellos mostraban cómo era el mundo antes, y uno de los objetivos de esta dictadura es borrar todo lo pasado.
Todo va perfecto hasta que un día Bernard y Lenina hacen un viaje a un lugar recóndito en donde viven incivilizados, (gente que vive como lo hacemos nosotros), allí aparece un chico llamado John, que logra que lo saquen de aquel lugar junto a su madre, ya que su sueño es ir al mundo de donde vienen Lenina y Bernard.
John tiene este sueño gracias a su madre, porque ella en realidad es como nuestros protagonistas solo que gracias a un desafortunado incidente queda atrapada en aquel sitio sin posibilidad de escapar. Queda embarazada de John, lo que le causa por momentos asco hacia si misma pero en otros aparece su amor de madre.
Al estar acostumbrada al soma y no poder conseguirlo, se conforma con un extraño líquido que le lleva uno de sus vecinos que si bien la hace sentir bien bajo sus efectos, cuando estos se le pasan... el dolor de cabeza es insoportable.
John, con el pasar de las páginas descubre que no todo en ese mundo feliz era tan bueno como le solía contar su madre.
Esto lo lleva a aislarse de todos de nuevo, pero ya no será tan fácil.
Este libro lo que hace es pintarte una vida tan utópica, perfecta, sin sufrimientos, dolores, miedos, ansiedad o cualquier tipo de sentimiento negativo.
La vida es tan perfecta que asusta, pero por momentos te pones a pensar que tampoco es tan mala idea lo que el libro te propone, incluso yo, por momentos no sabía si prefería la vida real o aquella.
A este libro lo han definido como una anti utopía y me parece tan acertado este concepto.
Por mi parte, mientras lo leía, me acordaba de mis clases de Filosofía y no pude evitar verlo de esa manera, lo tomé como un libro filosófico. Te hace pensar ¿y qué está bien y qué esta mal? por qué no podemos vivir en un mundo donde todos estén felices con lo que les ha tocado vivir, porque si todos están felices la delincuencia por ejemplo ya no tendría razón de ser.
Pero... a qué precio estaríamos aceptando ese mundo feliz, donde la libertad no existe.
He incluso me han dado ganas de leer más de este género, más específicamente quisiera leer "1984" de George Orwells y "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury (que curiosamente se los tiene junto con "Un mundo feliz" como La Trilogia de la Utopía)
La charla que tiene John (el chico salvaje) junto a Mustafá Mond (quien es es el cargado de mantener ese equilibrio actual) en las últimas páginas no tiene desperdicio.
Es una discusión de argumentos en contra y a favor de ambos mundos. Aquí les dejo un fragmento que lo expresa muy bien:

_Resumidamente -dijo Mustafá Mond-, Usted exige el derecho a ser infeliz, un simple desdichado.
_ Bueno, entonces -dijo john, retador-. Exijo el derecho a ser infeliz.
_ Esto sin mencionar el derecho a ponerse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a ser piojoso, el derecho a vivir en el miedo permanente de lo que pueda suceder mañana; el derecho a ser atormentado por inenarrables dolores de cualquier tipo, el derecho a enfermarse de tifoidea, el derecho a envejecer.
_Sí exijo a todos ellos -dijo John, por último.
Entonces Mustafá Mond se encogió de hombros.
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Yani
 11 octubre 2018
Confieso que esperaba más de esta distopía porque tiene un comienzo excelente. A pesar de ello, me gustó más que The Time Must Have a Stop, una novela del mismo autor que leí este año y que probablemente mencione mucho durante la reseña. Les puse la misma calificación casi por los mismos motivos, así que no pude evitar compararlas. Pero esto es fundamentalmente sobre Un mundo feliz y hablaré más de este, como corresponde. A grandes rasgos que ampliaré después, la novela me pareció que tiene lo justo y lo necesario para ser considerada como una lectura imprescindible que “predice” nuestro presente pero que, en algún momento, se deforma y pierde fuerza hacia el final. No sentí el golpe de efecto y hasta creí que no podría haber terminado de otra forma, en cuanto al destino de X personaje.
Los primeros capítulos nos introducen a un mundo que mide el tiempo a partir de Henry Ford, está dividido en castas cuyos miembros tienen la función en la sociedad predeterminada desde la concepción (en un frasco) y es visiblemente ateo. No hay enfermedades, no hay preocupaciones y ni siquiera se teme a la muerte. Entre esta gente hay un individuo llamado Bernard Marx que se cuestiona el orden existente (hasta donde le conviene) y será el puntapié inicial de un interesante y bizarro cambio de rumbo.
No hay mucho secreto en las distopías: siempre hay alguien que trata de revolucionar a la sociedad dormida. En este caso las personas están dominadas por el “soma”, una píldora que las relaja y las vuelve felices. El secreto del éxito de esta novela está en que el mundo que describe es peligrosamente parecido al nuestro, en donde se desecha lo viejo para adquirir lo nuevo (el nuevo IPhone, la última tablet, el último libro, el último juego) y permanecer en estado de pasividad total. Lo que estoy diciendo no es ninguna novedad, si se permite el chiste. El consumo y la dependencia de una droga para sentirse medianamente con energía en medio de situaciones adversas son característicos de este mundo feliz. En el de Huxley, todo se arregla con “soma” y difícilmente una persona muestre la insatisfacción que le provoca el trabajo. Ni siquiera lo hacen los Épsilon, que están diseñados para hacer las tareas pesadas. Y luego está, por supuesto, lo efímero de las relaciones sentimentales, que aquí son fundamentalmente sexuales. Los hombres y las mujeres tienen amantes, no parejas estables.
Así que no puedo criticar que sea considerada como una novela que reflejó el futuro. Está bastante acertado. Lo que me pareció casi inadmisible es el giro que da en la mitad para poner en contraste la civilización con la barbarie, ese binomio tan delicado como mentiroso. No cuestiono que Huxley lo haya hecho, sino la forma en que lo hizo. Introdujo bruscamente personajes que luego toman el protagonismo como si el lector los conociera desde el inicio y vuelve el libro un poco más oscuro, más allá de todas las bromas y de la ironía que hay en la totalidad de la novela (eso me gustó). La barbarie empieza a socavar esas conciencias porque despierta curiosidad. Después de reflexionarlo me di cuenta de que el viraje impactante (no en el buen sentido) lo usó también en “The Time…” y no tuvo mi mejor opinión.
Algo que no pude obviar es la construcción de personajes para llevar adelante esta historia. Bernard Marx, Helmholtz Watson, el director, Henry Foster, Lenina y otros más son personajes recurrentes que suelen hacer escuchar su voz, a veces intercaladas (reforzando el sentido de la comunidad falsa, el “cada uno pertenece a todos los demás”) y otras veces con un toque individualista, sobre todo para las reflexiones. Bernard Marx, como ya comenté, es quien no comparte algunas premisas de la sociedad (no le gusta que a Lenina la vean como un pedazo de carne, por ejemplo, ya que en ese mundo las personas son sólo eso). No remueve demasiado las cosas, pero hace lo suficiente. Es un personaje extraño, difícilmente querible después de la mitad del libro, y consigue interesar a duras penas. Su amigo, el Ingeniero de Emociones, llega un poco más con su sensibilidad literaria (a pesar de que no conozca a Shakespeare) y me hubiese gustado que tenga más participación en el libro. Luego está Lenina, único personaje femenino medianamente importante en la trama y un desperdicio, al igual que las mujeres de “The Time…”. Sostengo que sus diálogos son deliberadamente cortos, repetitivos y superficiales y funciona como la observadora más pura del grupo: es la ciudadana perfecta, la que cumple con el adoctrinamiento a rajatabla.
La parte final es un entrecruce de discursos sobre el Arte y la Verdad que explican filosóficamente qué sucede en esa sociedad tan infantil que toma todo a la ligera. Me hubiera gustado que eso se extendiera a toda la novela y no quedara reservada para un momento cúlmine. El inicio, por el contrario, es perfecto y los términos científicos no son tan pesados como se supone que siempre son para el lector que no está en el tema. Se dan las pautas técnicas de ese mundo y se construye hasta el capítulo de la debacle del texto. Y ahí empieza a llenarse de episodios innecesarios y poco interesantes.
Queda decir que hay un buen trabajo en el contraste de las sociedades, ya que terminé pensando que se pueden rescatar cosas positivas de las dos. Creo que actualmente estamos balanceándonos entre el legado de Ford y la Reserva, viendo para qué lado caemos definitivamente. Pero mientras se está en la cuerda, se puede aprovechar el tiempo para leer Un mundo feliz.
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joseluispoetry
 18 septiembre 2019
Un mundo feliz, de Aldous Huxley es una obra clásica que trasciende por su visión premonitoria del rumbo que ha seguido, desde su publicación, el mundo postmoderno. Como distopía, se va alejando poco a poco para irse ajustando a la realidad nuestra de cada día. El postmodernismo que persigue la destrucción de los grandes relatos: La Biblia, la pareja original que dio pie a la especie, la familia, como núcleo social importantísimo, el concepto de Historia, la Democracia, el concepto del Cuerpo, etc, etc, cayendo dichos rubros en las redes del control mediático que ejercen quienes controlan el mundo, conducíéndonos a un estado de cosas en las que amenaza con surgir el elemento cyborg y dejar de ser normal el Humanismo. Aldous Huxley, con la creación del Salvaje Nuevo Mundo, como así se llama en inglés originalmente, nos prende los focos rojos de alerta cuando cuestiona un mundo donde el valor de X, es decir, el mayor valor del ser humano que es la diferencia, la unicidad ha sido desaparecida, como ha ido ocurriendo paulatinamente a través de las décadas. Un mundo feliz arranca desde una perspectiva en la cual en el mundo el único dios que existe y que se aclama por doquier es Ford, aludiendo evidentemente al principal creador y distribuidor del automóvil, Henry Ford, estableciendo que mientras el mundo se base en el consumo de hidrocarburos la contaminación y el peligro para la humanidad han sido puestos en marcha. Una novela donde el salvaje, es decir el hombre que defiende fieramente su valor de autenticidad, no tiene cabida. Una visión desgarradora la de esta novela que comienza a hacerse realidad. del Salvaje Nuevo Mundo al mundo de Blade Runner sólo media un centímetro. Triste futuro para nuestros hijos, y para los hijos de nuestros hijos. Una novela que no podemos dejar de lado, hay que leerla y releerla hasta que tomemos conciencia de lo que somos y de lo que seremos.
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Shorby
 03 marzo 2019
Este no es un un clásico cualquiera, este es uno de los que todo el mundo debe leer, independientemente del género que suela catar de normal.
Además, es de los que tiene algo que me encanta, y es que hace pensar al lector. Mucho.
Estamos, como reza el título, en Londres, en un futuro donde la Tierra ha sido destruida y los líderes que han quedado han decidido crear un mundo sin los defectos del anterior, un mundo feliz de la muerte, donde todo está estipulado de determinada forma, según clase social, edad, sexo y ocupación; dándonos diversos tabúes que escandalizan a más de uno en esta sociedad tan happyflower, pues términos o conceptos como el amor o la fidelidad no son más que una barbaridad, e incluso el embarazo una soberana estupidez y vejación. ¿Quién quiere gestar un crío cuando puedes esperar a que crezcan por sí solos en su departamento correspondiente? Y mejor: ya con una clase social designada.
En medio de mil y una referencias a la obra de Shakespeare (tan antiquísimo en todo que hasta los más ancianos se llevan las manos a la cabeza son solo mencionarlo), tenemos una obra ejemplar que habla de valores, de cómo se inculcan -o no- los mismos en esta sociedad ejemplar donde puedes tomar una pastillita de “sorna” para relajarte y no comerte la cabeza. Sin embargo, la cabra siempre acaba tirando al monte, pues la conducta humana es tan predecible como que por la mañana amanece y por la tarde se va el sol.
Me ha gustado mucho, tiene escenas impactantes, de las que no se van de la cabeza y dan para debatir largo y tendido, una apuesta que en su tiempo resultó muy arriesgada, pues fue publicada a principios de los años 30.
Se habla de un mundo feliz, hecho literalmente a medida, donde no existe el amor, lo dioses, la familia… y sin embargo hay alguien que tiene la desfachatez de no sentirse pleno: Bernard Marx, un Alfa que ni tomando “soma” alcanza la felicidad. Cosa rara, pues la droga nombrada es infalible.
Una crítica a la sociedad y los valores que, como decía, da mucho que pensar, partiendo de la base de lo increíblemente actual que resulta, aún habiéndose escrito hace tantos años. En este sentido, muy de la línea del 1984 de Orwell.
Imprescindible lectura.
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Rosa
 08 febrero 2018
Un mundo feliz” nos traslada a un futuro en el que la sociedad se divide en castas ordenadas de manera descendiente en función de su inteligencia y donde las personas pertenecen a una u otra casta o clase social dependiendo de cómo han sido manipuladas genéticamente desde el embrión y el condicionamiento que han recibido de pequeñas para estar felices y conformes con el trabajo y estatus asignados a su condición. Así, las clases altas (Alfa y beta) están preparadas para desarrollar labores científicas y ostentar el poder en distintos ámbitos, mientras que las clases gamma, delta y épsilon trabajan sin rechistar ni desear otra cosa en cadenas de montaje, agricultura, etc. En esta sociedad aparentemente perfecta cada uno tiene su lugar todo el mundo se siente feliz, no existen las enfermedades, y la tecnología domina todos los aspectos de la vida, pero la humanidad ha perdido parte de sus valores, ya no existe la individualidad ni la espontaneidad y la creatividad es abolida desde las primeras etapas de la vida. En este mundo de precisos engranajes no tienen cabida los conceptos de familia, amor o personalidad y el ser humano, diseñado y condicionado desde antes de nacer, no tiene ningún tipo de libertad ni conciencia.
En este panorama presentado por Aldous Huxley existen dos personajes clave: por un lado está Lenina, una perfecta ciudadana beta que se siente feliz con su papel en la sociedad, acude a los eventos y distracciones que se esperan de ella y se acuesta con diversos hombres como dicta la norma para evitar enamorarse de una sola persona. Por otro lado tenemos a Bernard Marx, un alfa más inteligente que el resto que parece cuestionarse la sociedad en la que vive, sintiéndose a menudo descontento y disconforme con su modo de vida. Pero la vida de ambos cambia cuando, en una visita a una reserva habitada por personas que viven al margen de este sistema controlado, conocen a John, un “salvaje” que resulta ser hijo del jefe de Bernard y que por tanto llevan junto a su madre desaparecida en la reserva años atrás al Londres “civilizado”. Pronto el choque cultural entre “El salvaje” y este mundo feliz se hace inevitable, ya que John se siente incapaz de comprender una sociedad en la que la felicidad se consigue de manera artificial, sin “alma” y donde ni siquiera se pueden leer los libros con los que él ha crecido. John considera que el dolor, la pérdida, la angustia e incluso la infelicidad son parte intrínseca de la experiencia vital y aspectos necesarios para valorar la felicidad. Mientras que John no consigue adaptarse a este sistema impuesto, Bernard va comprendiendo mejor la mentira e ironía de su modo de vida y Lenina se enamora de John siendo incapaz, debido a su condicionamiento, de aceptar lo que siente.
Un mundo feliz” es un libro profundamente reflexivo que pone en tela de juicio los supuestos beneficios de una sociedad exageradamente fundamentada en la tecnología y la manipulación genética y que hace frecuentes guiños a personajes históricos como Henry Ford, Lenin, Karl Marx y Willian Shakespeare. Se trata, sin duda, de una de las mejores distopías que he leído junto con “1984” y “Farenheit 451”
Enlace: https://viviendomilvidas.wor..
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Citas y frases (27) Ver más Añadir cita
romimelianromimelian14 enero 2019
Hombres y mujeres estandarizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un sólo óvulo bokanovskificado.
- ¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas! -La voz del director casi temblaba de entusiasmo-. Sabemos muy bien adónde vamos. Por primera vez en la historia. -Citó la divisa planetario-: Comunidad, Identidad, Estabilidad.
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JuanfranJuanfran13 octubre 2017
...La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Y estar satisfecho de todo no posee el hechizo de una buena lucha contra la desventura, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
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MelyMrMelyMr05 marzo 2018
Dicen que el temor a la muerte y a lo que sigue a la muerte es lo que induce a los hombres a entregarse a la religión cuando envejecen
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Suenosentreletras7Suenosentreletras723 febrero 2018
-¿No has tenido nunca la sensación de que dentro de ti hay algo que solo espera que le des una oportunidad para salir al exterior?
-¿Te refieres a todas las emociones que uno podría sentir si las cosas fuesen de otro modo?
-No es eso exactamente. Me refiero a un sentimiento extraño que experimento de vez en cuando, el sentimiento de que tengo algo importante que decir, y de que estoy capacitado para decirlo; solo que no sé que es y no puedo emplear mi capacidad.
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santialonsoyusosantialonsoyuso20 junio 2018
- Pero, Bernard, dices unas cosas horribles.

– ¿Es que tú no deseas ser libre, Lenina?

– No sé qué quieres decir. Yo soy libre, libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz.

Bernard rió.

– Sí, “hoy en día todo el mundo es feliz”. Eso es lo que ya les decimos a los niños a los cinco años. Pero, ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz… de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos.
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