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RAMON HERNANDEZ GARCIA; (Traductor)
ISBN : 8466350942
Editorial: Debolsillo (28/01/2021)

Calificación promedio : 4.09/5 (sobre 514 calificaciones)
Resumen:
Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo. Con ironía mordiente, el genial autor inglés plasma una sombría metáfora sobre el futuro. Un mundo feliz es un clásico de la literatura de este siglo. Con ironía mordiente, el genial autor inglés plasma una sombría metáfora sobre el futuro, muchas de cuyas previsiones se han materializado, acelerada e inquietantemente, en los últimos años. La novela describe un mundo en el que finalmente se han cumplido ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (80) Ver más Añadir una crítica
Homolectus
 22 febrero 2022
¡Bienvenidos al futuro! Estamos a 632 años de que apareciera el modelo T de Ford y con este, de la cadena de producción optimizada. Estamos en un futuro donde la idea de la cadena de producción ha permeado todo lo posible —y hasta lo imposible— y ha permitido la creación de una sociedad aparentemente ideal. La humanidad se ha despedido de cosas como la familia, la maternidad, la crianza y el labrarse un destino: ahora nos encontramos ante una sociedad en la que los humanos son producidos en cadena en laboratorios, reciben la educación necesaria para desempeñar las tareas para las que son aptos y donde cualquier deje de malestar, desánimo o cualquier otra sensación humana es saldada con la droga de las drogas: el todo poderoso soma.
En esta sociedad que se vende como la cúspide de la civilización, pero que tiene más tonos oscuros que brillantes en sus calles, nos encontramos con Bernard Marx y Lenina Crowne: un par de miembros de esta comunidad que muestran dos puntos de vista contrarios de la sociedad: Lenina es una buena ciudadana, es feliz, exhibe un comportamiento normal según lo dictado por su casta, pero sin muestra alguna de libertad de pensamiento. En el otro lado está Bernard, un tipo con un intelecto brillante hasta para su casta, pero que físicamente dista mucho de sus semejantes, que ha sido victima del rechazo y que no parece encajar del todo en su mundo. Ambos emprenden un viaje —hablo de un viaje real, no figurativo, ni arquetípico— lejos de la sociedad fordiana, quizás con ganas de encontrar afuera el motivo para recuperar su rumbo. Para sorpresa no solo de ellos, su regreso supone un cambio en la vida de más personas de las que creen y deja en el aire, en forma de un perfume que gotea constantemente en la sala, la cuestión de si ¿el trato que recibe el otro, el extraño, el desconocido, es el justo?
No cabe duda alguna de que Un mundo feliz es la obra maestra de Aldous Huxley (1894-1963) y la novela que moldearía la distopía como la conocemos hoy día. Si bien el subgénero distópico no se lo inventó Huxley —algunos años antes Yevgueni Zamiatin había hecho un trabajo bastante interesante en este campo en su novela Nosotros—, sí es el primero que dentro de su novela se plantea la cuestión del ¿cómo llegamos aquí?, pregunta central en las distopías que vendrían más adelante.
Con esto y las implicaciones que siguen a la premisa, Huxley construye una crítica a la sociedad actual desde múltiples panoramas: social, político, filosófico y estético, por mencionar solo algunas de las aristas de la obra. Desde un punto de vista histórico las distopías surgen en un momento de la historia menos brillante que antaño, un punto donde el “progreso” comienza a estancarse, las crisis se agravan, los estados cambian en respuesta a un alzamiento de la identidad y las historias de un futuro en el que todo es perfecto, los humanos han conquistado no solo el planeta, sino otros y la tecnología ha abierto un número casi infinito de posibilidades; no tienen mucho sentido, es hora de contar otros futuros menos utópicos, menos oníricos y más reales, quizás más posibles y más llenos de las partes de la naturaleza humana que aquellos sueños de la antigua generación pasaban por alto.
Un mundo feliz propone a lo largo de sus páginas un variado grupo de paralelos que son el centro de la discusión filosófica que propone el autor. El primero de ellos es el contraste propuesto entre la sociedad fordiana y la vieja sociedad —la nuestra—, y cómo la inversión de los valores llevó a constituir la sociedad fordiana. Más adelante nos encontramos con un paralelo entre lo utópico y distópico presente en ambas sociedades. Esta radiografía que hace Linda de ambas sociedades resulta demasiado reveladora y ratifica las conclusiones que se obtienen del momento citado antes. Finalmente, y de forma más contundente y con una mayor carga epistemológica que los dos paralelos anteriores, se nos presenta un enfrentamiento entre las ideas del racionalismo desnaturalizado que rige la vida en Londres, encarnado por Mustafá Mond, y la pasión y la búsqueda del sentido de la vida de forma individual, representado por John. Para mí este es el momento más potente de toda la novela y donde confluyen la mayoría de las ideas que se pusieron en el tablero antes de llegar acá. Es un momento concluyente no solo para la trama, si no además para intentar darle una respuesta a la gran pregunta de ¿cómo llegamos aquí?. Es a la vez un manual y un llamado de atención.
Mond es el único que parece entender en realidad de forma macro las necesidades e implicaciones de una sociedad como en la que se mueve. Entiende el papel que juega el sentimiento de soledad en el pensamiento crítico, lo fundamental de que los individuos asuman con beneplácito su esclavitud, la necesidad de conservar un sistema de castas bien diferenciadas en las que ninguno se cuestione sobre su contexto para mantener el equilibrio social y el poder que tiene deslegitimar una entidad como la familia para lograr una cohesión más grande y más lejos de cualquier atisbo de humanidad. Entiende, además, las crisis derivadas de todo esto, crisis que son fruto de los relictos de la evolución humana: la crisis de vocación, de identidad o de creencias que son intrínsecas a los humanos y que no dependen de su contexto más inmediato.
Si bien la novela es sobre el futuro, propone tres momentos de encuentro entre ambos mundos. El primero de ellos es histórico y es también uno de los momentos que se proponen como paralelo dentro de la novela, el segundo es la excursión que hacen Bernard y Lenina a Malpaís con el fin de conocer a ese puñado de incivilizados y el tercero es inmersivo una vez John viaja a Londres y ve con sus propios ojos el lugar del que tanto hablaba Linda. Tres momentos tan diferentes que ponen frente a frente a ambas sociedades con el fin de mostrar los valores propios de cada una de ellas sin necesidad de llegar a hacer juicios de valor sobre los sistemas.
Hay dos elementos que me parecen bastante curiosas. El primero es el origen del título del libro: Brave new world es una línea de Miranda en el acto V de la Tempestad de William Shakespeare:
O wonder!
How many goodly creatures are there here!
How beauteous mankind is! O brave new world,
That has such people in't.
Bajo esta perspectiva, la gente que habita el Mundo feliz dista mucho de ser aquella que admiraba Miranda en las líneas citadas. El segundo elemento es cómo Huxley se las ha apañado para construir todo un discurso que gira alrededor de las castas biológicas con tan pocos conocimientos sobre la tecnología genética disponibles en su época. Vale la pena recordar que el libro fue publicado en 1932 y que la descripción de la estructura del ADN —hito que es considerado el boom de la era del ADN— por parte de Watson y Crick fue en 1953. Seguro con esto en la cabeza y un par de cabos mal atados habrá algún necio diciendo en medio de las calles que todo lo hecho por los científicos está llevando a la humanidad casi que desbocados a una sociedad como la que describe Huxley, pero afirmar algo del tipo es desconocer todos los demás elementos que tiene la obra, las libertades creativas que se toma el autor y las veces que los científicos se la pasan diciendo “esto no pasa así”; que son más de las veces de las que juegan a ser seres malvados como algunos los pintan.
En Un mundo feliz también hay espacio para el manejo de la historia y el reordenamiento de esta en beneficio del estado. Lo cual parece paradójico si recordamos que nos encontramos en un mundo en el cual prima el condicionamiento prenatal de los individuos, pero que cobra sentido una vez se reconoce la principal falla dentro del sistema de castas de la sociedad fordiana: los humanos somos una especie social en lo más hondo de nuestra historia evolutiva y las sociedades que hemos formado lo hemos hecho de forma natural y en función de los intereses que nos han movido a lo largo de la historia. Si estos intereses, si estos fundamentos de las sociedades humanas se mostraran tal cual son, sin que Ford fuera el gran mesías de la sociedad, el sistema no tardaría en empezar a mostrar fugas que pronto devendrían en incontrolables.
John es el personaje que para mí tiene más matices dentro de la obra. Es un ente antinatural para la sociedad fordiana y es un extraño entre los salvajes. Conocer el lugar del que tanto le hablaba Linda dista mucho de ser la experiencia placentera que ella le prometió y las formas tan contrarias en las que la sociedad recibe a ambos es tan distinta que seguramente John pensaría que se han equivocado de lugar y no han ido al lugar de los sueños, si no a uno digno de pesadillas: La realidad conoce la distopia cara a cara.
De esta forma John parece no pertenecer a ningún lugar y ambos grupos sociales se encargan de repetirle cada tanto que hace parte del otro, no de este porque es diferente, porque no encaja, porque tiene otro origen. John intentará darse su propio lugar luego de reconocer lo peor de ambos lugares y rescatar lo que le pueda ayudar a soportar su realidad. En esta tarea se encontrará con las obras de William Shakespeare, que pronto se convierten casi que en su mantra y que no titubeará cada vez que amerite ser citado. Es casi como un encuentro de la vieja humanidad con la nueva como recuerdo de que los problemas actuales siempre tienen un eco en el pasado.
El final de Un mundo feliz es algo para lo que simplemente Huxley no prepara al lector. Está cargado de tantas imágenes, de tantas sensaciones, que parece que pasa en una ráfaga sin dar tiempo a que algunos personajes se cierren de una forma más prolija. Sin duda es un final con sinsabor, pero que no pierde el espíritu del libro y que siempre estuvo latente a lo largo de él: los planteamientos del autor sobre las implicaciones de un mundo como aquel que parece ser feliz, siempre y cuando se mire muy de lejos.
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Yani
 11 octubre 2018
Confieso que esperaba más de esta distopía porque tiene un comienzo excelente. A pesar de ello, me gustó más que The Time Must Have a Stop, una novela del mismo autor que leí este año y que probablemente mencione mucho durante la reseña. Les puse la misma calificación casi por los mismos motivos, así que no pude evitar compararlas. Pero esto es fundamentalmente sobre Un mundo feliz y hablaré más de este, como corresponde. A grandes rasgos que ampliaré después, la novela me pareció que tiene lo justo y lo necesario para ser considerada como una lectura imprescindible que “predice” nuestro presente pero que, en algún momento, se deforma y pierde fuerza hacia el final. No sentí el golpe de efecto y hasta creí que no podría haber terminado de otra forma, en cuanto al destino de X personaje.
Los primeros capítulos nos introducen a un mundo que mide el tiempo a partir de Henry Ford, está dividido en castas cuyos miembros tienen la función en la sociedad predeterminada desde la concepción (en un frasco) y es visiblemente ateo. No hay enfermedades, no hay preocupaciones y ni siquiera se teme a la muerte. Entre esta gente hay un individuo llamado Bernard Marx que se cuestiona el orden existente (hasta donde le conviene) y será el puntapié inicial de un interesante y bizarro cambio de rumbo.
No hay mucho secreto en las distopías: siempre hay alguien que trata de revolucionar a la sociedad dormida. En este caso las personas están dominadas por el “soma”, una píldora que las relaja y las vuelve felices. El secreto del éxito de esta novela está en que el mundo que describe es peligrosamente parecido al nuestro, en donde se desecha lo viejo para adquirir lo nuevo (el nuevo IPhone, la última tablet, el último libro, el último juego) y permanecer en estado de pasividad total. Lo que estoy diciendo no es ninguna novedad, si se permite el chiste. El consumo y la dependencia de una droga para sentirse medianamente con energía en medio de situaciones adversas son característicos de este mundo feliz. En el de Huxley, todo se arregla con “soma” y difícilmente una persona muestre la insatisfacción que le provoca el trabajo. Ni siquiera lo hacen los Épsilon, que están diseñados para hacer las tareas pesadas. Y luego está, por supuesto, lo efímero de las relaciones sentimentales, que aquí son fundamentalmente sexuales. Los hombres y las mujeres tienen amantes, no parejas estables.
Así que no puedo criticar que sea considerada como una novela que reflejó el futuro. Está bastante acertado. Lo que me pareció casi inadmisible es el giro que da en la mitad para poner en contraste la civilización con la barbarie, ese binomio tan delicado como mentiroso. No cuestiono que Huxley lo haya hecho, sino la forma en que lo hizo. Introdujo bruscamente personajes que luego toman el protagonismo como si el lector los conociera desde el inicio y vuelve el libro un poco más oscuro, más allá de todas las bromas y de la ironía que hay en la totalidad de la novela (eso me gustó). La barbarie empieza a socavar esas conciencias porque despierta curiosidad. Después de reflexionarlo me di cuenta de que el viraje impactante (no en el buen sentido) lo usó también en “The Time…” y no tuvo mi mejor opinión.
Algo que no pude obviar es la construcción de personajes para llevar adelante esta historia. Bernard Marx, Helmholtz Watson, el director, Henry Foster, Lenina y otros más son personajes recurrentes que suelen hacer escuchar su voz, a veces intercaladas (reforzando el sentido de la comunidad falsa, el “cada uno pertenece a todos los demás”) y otras veces con un toque individualista, sobre todo para las reflexiones. Bernard Marx, como ya comenté, es quien no comparte algunas premisas de la sociedad (no le gusta que a Lenina la vean como un pedazo de carne, por ejemplo, ya que en ese mundo las personas son sólo eso). No remueve demasiado las cosas, pero hace lo suficiente. Es un personaje extraño, difícilmente querible después de la mitad del libro, y consigue interesar a duras penas. Su amigo, el Ingeniero de Emociones, llega un poco más con su sensibilidad literaria (a pesar de que no conozca a Shakespeare) y me hubiese gustado que tenga más participación en el libro. Luego está Lenina, único personaje femenino medianamente importante en la trama y un desperdicio, al igual que las mujeres de “The Time…”. Sostengo que sus diálogos son deliberadamente cortos, repetitivos y superficiales y funciona como la observadora más pura del grupo: es la ciudadana perfecta, la que cumple con el adoctrinamiento a rajatabla.
La parte final es un entrecruce de discursos sobre el Arte y la Verdad que explican filosóficamente qué sucede en esa sociedad tan infantil que toma todo a la ligera. Me hubiera gustado que eso se extendiera a toda la novela y no quedara reservada para un momento cúlmine. El inicio, por el contrario, es perfecto y los términos científicos no son tan pesados como se supone que siempre son para el lector que no está en el tema. Se dan las pautas técnicas de ese mundo y se construye hasta el capítulo de la debacle del texto. Y ahí empieza a llenarse de episodios innecesarios y poco interesantes.
Queda decir que hay un buen trabajo en el contraste de las sociedades, ya que terminé pensando que se pueden rescatar cosas positivas de las dos. Creo que actualmente estamos balanceándonos entre el legado de Ford y la Reserva, viendo para qué lado caemos definitivamente. Pero mientras se está en la cuerda, se puede aprovechar el tiempo para leer Un mundo feliz.
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CelesteR1995
 16 julio 2019
Este libro fue el último que adquirí el año pasado y llegué a él gracias a que mi novio me contó que la banda Iron Maiden hizo un álbum conceptual sobre él, y al empezar a investigar y de contarme de qué iba la historia, nos decidimos a comprarlo, y les juro que no me ha decepcionado en nada.
La historia comienza en el año 632 de la Era Ford, una dictadura que se basa en la felicidad y donde la libertad es sinónimo de sufrimiento.
Un grupo de estudiantes que se encuentran en el Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, guiados por el Director que les explica cada cosa que allí se hace. Aquí se nos explica que las personas nacen gracias a científicos los cuales los crean, ya que esa idea de gestar que tenían sus antepasados (es decir, nosotros) es totalmente incivilizada e incluso sinónimo de vergüenza.
En cambio, creando a las personas de esta manera, podías evitarte muchos males, como enfermedades e incluso la misma vejez, todos crecen hasta verse como una persona aproximadamente de 20 años y es como que se congelarían ahí. Estos tienen categorías que van desde los Alfas: todos son altos, delgados, sanos, de cuerpos perfecto y facciones hermosas, designados para las tareas más altas.
hasta los Épsilon: para realizar tareas repetitivas y peligrosas.
y no esta de menos mencionar que aquí cuando se crea a alguien, se crean varias copias de él o ella, es decir, se pueden crear decenas de mellizos que luego te los puedes cruzar mientras vas por la ciudad.
Incluso la muerte es bien recibida, porque desde el momento en que son niños los condicionan para que nunca se preocupen por ella ¿cómo? pues llevan los niños al hospital, donde están aquellos esperando su último suspiro y los hacen jugar, corretean en medio de los moribundos y les regalan golosinas de vez en cuando. Para las personas que están a punto de fallecer les ponen música y endulzan el ambiente con aromas riquísimos y relajantes, más dosis de soma que se les aplican.
Por supuesto, que con esto, se podrían hacer a todas las personas perfectas, inteligentes, líderes, pero no lo hacen. Ya que antes esto se había intentado en una isla y no les fue muy bien, al estar todos condicionados con una personalidad para dirigir, los problemas no tardaron en llegar.
Por eso, se crean personas con distintas características e inteligencia, pero a todos los condicionan (desde los más superiores hasta lo menos importantes) para que amen lo que son en la vida, y el destino que se les ha asignado.
Hubo una escena que me causó un poco de escalofríos, donde una persona encargada del ascensor, tuvo que subir hasta el techo para dejar a sus pasajeros, y al abrir las puertas de éste y entrar la luz exterior al mismo, este sujeto no lo puedo soportar, ya que la luz lo encandilaba, él se sentía cómodo trabajando hasta el último de sus días en aquel espacio con luz artificial, ya que lo había creado para que así fuera.
El "soma"es una píldora que todos toman al más mínimo síntoma de "estrés" la misma hace que de pronto te sientas en paz y feliz. Esta pastilla esta al alcance de todos y es clave en esta historia.
En este mundo no existe la familia, las religiones, e incluso hasta los libros se han destruido porque ellos mostraban cómo era el mundo antes, y uno de los objetivos de esta dictadura es borrar todo lo pasado.
Todo va perfecto hasta que un día Bernard y Lenina hacen un viaje a un lugar recóndito en donde viven incivilizados, (gente que vive como lo hacemos nosotros), allí aparece un chico llamado John, que logra que lo saquen de aquel lugar junto a su madre, ya que su sueño es ir al mundo de donde vienen Lenina y Bernard.
John tiene este sueño gracias a su madre, porque ella en realidad es como nuestros protagonistas solo que gracias a un desafortunado incidente queda atrapada en aquel sitio sin posibilidad de escapar. Queda embarazada de John, lo que le causa por momentos asco hacia si misma pero en otros aparece su amor de madre.
Al estar acostumbrada al soma y no poder conseguirlo, se conforma con un extraño líquido que le lleva uno de sus vecinos que si bien la hace sentir bien bajo sus efectos, cuando estos se le pasan... el dolor de cabeza es insoportable.
John, con el pasar de las páginas descubre que no todo en ese mundo feliz era tan bueno como le solía contar su madre.
Esto lo lleva a aislarse de todos de nuevo, pero ya no será tan fácil.
Este libro lo que hace es pintarte una vida tan utópica, perfecta, sin sufrimientos, dolores, miedos, ansiedad o cualquier tipo de sentimiento negativo.
La vida es tan perfecta que asusta, pero por momentos te pones a pensar que tampoco es tan mala idea lo que el libro te propone, incluso yo, por momentos no sabía si prefería la vida real o aquella.
A este libro lo han definido como una anti utopía y me parece tan acertado este concepto.
Por mi parte, mientras lo leía, me acordaba de mis clases de Filosofía y no pude evitar verlo de esa manera, lo tomé como un libro filosófico. Te hace pensar ¿y qué está bien y qué esta mal? por qué no podemos vivir en un mundo donde todos estén felices con lo que les ha tocado vivir, porque si todos están felices la delincuencia por ejemplo ya no tendría razón de ser.
Pero... a qué precio estaríamos aceptando ese mundo feliz, donde la libertad no existe.
He incluso me han dado ganas de leer más de este género, más específicamente quisiera leer "1984" de George Orwells y "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury (que curiosamente se los tiene junto con "Un mundo feliz" como La Trilogia de la Utopía)
La charla que tiene John (el chico salvaje) junto a Mustafá Mond (quien es es el cargado de mantener ese equilibrio actual) en las últimas páginas no tiene desperdicio.
Es una discusión de argumentos en contra y a favor de ambos mundos. Aquí les dejo un fragmento que lo expresa muy bien:

_Resumidamente -dijo Mustafá Mond-, Usted exige el derecho a ser infeliz, un simple desdichado.
_ Bueno, entonces -dijo john, retador-. Exijo el derecho a ser infeliz.
_ Esto sin mencionar el derecho a ponerse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a ser piojoso, el derecho a vivir en el miedo permanente de lo que pueda suceder mañana; el derecho a ser atormentado por inenarrables dolores de cualquier tipo, el derecho a enfermarse de tifoidea, el derecho a envejecer.
_Sí exijo a todos ellos -dijo John, por último.
Entonces Mustafá Mond se encogió de hombros.
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leleentrelibros
 19 mayo 2021
Es la historia más extraña que leí en mi vida. Comencé leyendo esta novela con la escueta noción que se trataba de una distopía, qué tanto podría asombrarme después de le Guin, Lovecraft o una Agustina Bazterrica con su inolvidable denuncia en “Cadáver exquisito”. Si lo hizo fue especialmente por el choque cultural de mi vida en 2020 d.C. y la de Bernard Marx en 1908 d.F., tal y como le ocurrió a John que venía de una reserva de salvajes.
El libro “Un mundo feliz” del escritor británico Aldous Huxley versa sobre un futuro lejano en donde se han abolido conceptos tales como familia, monogamia, individualismo, Dios. Los hombres dejamos de ser vivíparos utilizando tecnología reproductiva y cultivando humanos. Descartamos diez pensamientos melancólicos con un gramo de soma, una droga posterior al mezcal y sin sus efectos secundarios. Todo el mundo es feliz, actualmente. Para luchar contra la confusión el poder ha sido centralizado y se han incrementado las prerrogativas del Gobierno. Se induce a amar la tarea asignada, la comunidad a través de la hipnopedia y los Ministerios de Propaganda.
Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Desde el mismo momento que se encuentran en un frasco son condicionados a un género, una clase, una ideología que los acompañará hasta su último suspiro.
Existe un gran contraste al respecto con nuestro siglo XXI, y resulta de la intensidad del condicionamiento. Cuando una mujer está embarazada (madre, qué obscenidad, se pondría escuchar de Lenina o de cualquier otro) se crean esperanzas de ese feto, cómo será, niño o niña, si será abogado como su padre o arquitecto como su madre, si tendrá hijos y me hará abuela, si será apuesto con cabellos rubios y ojos claros.
Hoy se ha puesto en marcha una revolución para eliminar todas esas inducciones a una vida que se considera perfecta en función a discursos verdaderos con efectos específicos de poder, otorgando la posibilidad a las personas de ser y vivir como lo sientan, acorde a sus deseos dentro de un contexto socioeconómico y cultural.
En cambio, en la sociedad que nos pinta Huxley se ha suprimido toda brecha de incertidumbre, de confusión, se ha cortado la libertad al punto que unas gotas de más de alcohol puede formarte con una estructura corporal inferior a los de tu clase, puedes nacer estéril, si te sumerges en estados como la soledad, la ira o la tristeza debes inmediatamente emerger olvidándolos mediante una tableta de soma o un sucedáneo de pasión violenta, la gran conciencia de clase Alfa, Beta, Gamma, Delta o Epsilon regula las relaciones con respeto o desprecio, se alaba el comportamiento neumático, los cuerpos esbeltos, eternamente jóvenes e infantiles considerados carnes para satisfacer el erotismo inherente y alimentado desde temprano en el ser humano.
Dios es Ford sin su concepto de deidad, Freud sin psicoanálisis. al igual que Auguste Comte propusieron un orden espiritual alternativo, no por falso sino por complejo. Impusieron el rito de la Orgía Porfía como servicio de solidaridad, admitieron la T como símbolo, prohibieron la biblia por antigua, repartieron soma en lugar de ostias.
Entre la ciencia pura y la felicidad, se inclinaron por la segunda en búsqueda de la consagración de la deseada estabilidad. Tres veces por semana entre los trece y los diecisiete años se repitieron el axioma hipnopédico de la ciencia lo es todo, para que ingenieros emocionales como Helmholtz practique una especie de ciencia supervisada por el Interventor Mundial de Europa Occidental, Mustafá Mond. Una ciencia no auténtica que permite tratar con los problemas más inmediatos y rechaza el verdadero progreso científico por considerarlo una amenaza destructora del sistema que creó.
Me pregunto qué hubiera pasado si el liberalismo al reemplazar la religión por la ciencia en el siglo XVIII hubiese volcado su lucha en el camino de la felicidad y no el individualismo a fines de alcanzar el bienestar general. Por supuesto que no se llamaría de tal modo la corriente, sobre todo el mundo no sería el mismo ¿Nos encontraríamos en los inicios de un mundo feliz? ¿Vale la pena pagar el precio por el equilibrio y la felicidad? Yo considero que no, como Mr. Salvaje exclamo a los cuatro vientos: ¡Reclamo el derecho a ser desgraciada!
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Shorby
 03 marzo 2019
Este no es un un clásico cualquiera, este es uno de los que todo el mundo debe leer, independientemente del género que suela catar de normal.
Además, es de los que tiene algo que me encanta, y es que hace pensar al lector. Mucho.
Estamos, como reza el título, en Londres, en un futuro donde la Tierra ha sido destruida y los líderes que han quedado han decidido crear un mundo sin los defectos del anterior, un mundo feliz de la muerte, donde todo está estipulado de determinada forma, según clase social, edad, sexo y ocupación; dándonos diversos tabúes que escandalizan a más de uno en esta sociedad tan happyflower, pues términos o conceptos como el amor o la fidelidad no son más que una barbaridad, e incluso el embarazo una soberana estupidez y vejación. ¿Quién quiere gestar un crío cuando puedes esperar a que crezcan por sí solos en su departamento correspondiente? Y mejor: ya con una clase social designada.
En medio de mil y una referencias a la obra de Shakespeare (tan antiquísimo en todo que hasta los más ancianos se llevan las manos a la cabeza son solo mencionarlo), tenemos una obra ejemplar que habla de valores, de cómo se inculcan -o no- los mismos en esta sociedad ejemplar donde puedes tomar una pastillita de “sorna” para relajarte y no comerte la cabeza. Sin embargo, la cabra siempre acaba tirando al monte, pues la conducta humana es tan predecible como que por la mañana amanece y por la tarde se va el sol.
Me ha gustado mucho, tiene escenas impactantes, de las que no se van de la cabeza y dan para debatir largo y tendido, una apuesta que en su tiempo resultó muy arriesgada, pues fue publicada a principios de los años 30.
Se habla de un mundo feliz, hecho literalmente a medida, donde no existe el amor, lo dioses, la familia… y sin embargo hay alguien que tiene la desfachatez de no sentirse pleno: Bernard Marx, un Alfa que ni tomando “soma” alcanza la felicidad. Cosa rara, pues la droga nombrada es infalible.
Una crítica a la sociedad y los valores que, como decía, da mucho que pensar, partiendo de la base de lo increíblemente actual que resulta, aún habiéndose escrito hace tantos años. En este sentido, muy de la línea del 1984 de Orwell.
Imprescindible lectura.
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Citas y frases (68) Ver más Añadir cita
JuanfranJuanfran13 octubre 2017
...La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Y estar satisfecho de todo no posee el hechizo de una buena lucha contra la desventura, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza.
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Cuatro_de_SeisCuatro_de_Seis01 febrero 2021
¡Destruir su condicionamiento ante la muerte con aquella indecente explosión de dolor, como si la muerte fuese algo horrible, como si la vida de una persona pudiera llegar a importar tanto!
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romimelianromimelian14 enero 2019
Hombres y mujeres estandarizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un sólo óvulo bokanovskificado.
- ¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas! -La voz del director casi temblaba de entusiasmo-. Sabemos muy bien adónde vamos. Por primera vez en la historia. -Citó la divisa planetario-: Comunidad, Identidad, Estabilidad.
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tarealteregotarealterego13 noviembre 2021
No es raro que aquellos pobres vivíparos estuviesen dementes y fuesen miserables e infelices. Su mundo no les dejaba tomar las cosas con tranquilidad, no les dejaba ser sensatos, buenos, dichosos. Con madres y amantes, con las tentaciones y los arrepentimientos, con prohibiciones para las cuales no habían sido condicionados, con el dolor eterno y todas las enfermedades, por lo tanto no es raro que sintieran las cosas intensamente y sintiéndolas de esa manera (y, lo que es más, en soledad, en un aislamiento angustiosamente individual), ¿cómo podrían conseguir la estabilidad y la paz?
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LavidamurmuraLavidamurmura09 noviembre 2021
El remordimiento, y en ello coinciden todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y esfuérzate por comportarte mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes llevar a cabo una morosa meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse.
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Vidéo de Aldous Huxley
El undécimo capítulo de Una de clásicos está dedicado a «Un mundo feliz», de Aldous Huxley. Antonio Martínez Asensio, productor de audiolibros de @Penguin Audio y director de "Un libro en una hora" en la @Cadena SER comenta una de las grandes distopías del siglo XX.
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