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Miguel Temprano García; (Traductor)
ISBN : 8490328242
Editorial: Debolsillo (12/01/2018)

Calificación promedio : 4.29/5 (sobre 670 calificaciones)
Resumen:
Edición especial para escuelas de la emblemática novela de Orwell 1984. Incluye material didáctico a cargo de Maribel Cruzado Soria. «No creo que la sociedad que he descrito en 1984 necesariamente llegue a ser una realidad, pero sí creo que puede llegar a existir algo parecido», escribía Orwell después de publicar su novela. Corría el año 1948, y la realidad se ha encargado de convertir esa pieza -entonces de ciencia ficción- en un manifiesto de la realidad. En e... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (153) Ver más Añadir una crítica
leleentrelibros
 19 mayo 2021
Leí esta novela a causa de la asignación derecho político, realicé un comentario de la misma, así que lo adjunto:
1984 me pareció una obra brillante porque si bien al ingresar a la sociedad totalitaria que te describe Orwell tu primera impresión es que hoy estamos muy alejados de ese modelo, no resulta más que una dimensión futurista de lo que podría pasarnos si dejamos que el Gobierno rompa las barreras de la individualidad, la privacidad, la propiedad privada, avanzando de manera abrazadora a través del uso de las tecnologías y la tergiversación de la información y de la creencia popular sobre los derechos humanos con el egoísta propósito del mantenimiento del poder.
La historia tiene como protagonista a Winston Smith que trabaja en el Ministerio de Verdad, su trabajo consiste en rectificar el pasado para adaptarlo al presente que escribe el Gran Hermano, el jefe semidivino del Partido que gobierna Oceanía. Si bien él es consciente que lo obligan a falsificar la información que le proveen a la población, al mismo tiempo los preceptos del doblepensar le impiden realmente creerlo porque es en beneficio del Partido el cual ha traído abundancia y prosperidad en comparación a épocas pasadas, acorde a los archivos oficiales.
A raíz de rumores de la existencia de la Hermandad, un grupo de personas encabezado por su líder, Emmanuel Goldstein, enemigos de los actuales gobernantes, y su odio inhibido al Gran Hermano, irá tomando parte de acontecimientos que lo llevarán a conocer a Julia, con quien mantendrá una relación íntima, a un supuesto miembro de la resistencia, O'Brien, guiado por el conocimiento que no viven en la realidad que apuntan en los libros y que puede cambiar, el hombre puede ser libre.
Los principios del Ingsoc: “La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza” son los tres puntos clave del régimen totalitario de Oceanía, los cuales comparte en mayor o menor medida Eurasia a través del neobolchevismo y Asia Oriental con la adoración de la muerte, más bien, la desaparición del yo.
En primer lugar, la sociedad se inserta en una guerra continua, de la cual nadie resulta verdaderamente vencedor o perdedor porque aquello contribuiría a romper el equilibrio existente entre los tres superestados.
La contienda vista desde enemigos y aliados se trata de una cuestión de dominación de la tierra para conseguir minerales y materiales que escaseen en sus territorios, y fundamentalmente para conseguir de las regiones densamente pobladas en disputa, mano de obra barata a los fines de emprender otra guerra, constituyendo un círculo vicioso de conflicto.
En relación a los ciudadanos es una manera de mantener la eterna desigualdad entre las distintas clases, conservando en marcha a la industria, tras la mecanización, sin aumentar la riqueza real del mundo mediante la destrucción de los productos del trabajo sobrantes tras cubrir las necesidades básicas de la población, concediendo privilegios solo a unos pocos, evitando así la excesiva comodidad y el levantamiento contra la minoría dirigente.
Una situación de guerra se traduce en peligro para la comunidad, sumergiéndola en un estado constante de temor, resultando natural e inevitable para sobrevivir la entrega de todo el poder a una reducida casta.
Está prohibido el contacto con el extranjero, aparte de los prisioneros, porque se condena las otras ideologías inmorales y faltantes de sentido común, a pesar que al final son lo mismo. Con ello se impide que empaticen con los hombres de las potencias vecinas para evitar la posibilidad del pensamiento que son todos iguales. Es costumbre deshumanizar al otro para eludir cualquier idea fugaz que atente contra el propósito que se tenga en mente, crear un monstruo contra el que luchar, alimentando el odio, enceguecer al guerrillero, al populacho.
La segunda cuestión es la supresión de libertad en sus múltiples formas: “Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo”. A diario, las personas que vivimos en democracia infravaloramos la libertad que tenemos y no nos damos cuenta de lo valiosa que es hasta que se nos presenta una situación que nos la restringe de manera involuntaria.
Desde lo más insignificante, de tener que vestir monos azules, al ocio predeterminado y modificado en concordancia a la doctrina del Partido; a la represión sexual en cuanto se condena el placer, la homosexualidad, el sexo con la única finalidad de procrear, en búsqueda de la asexualidad como modo de vida para poder volcar como combustible los instintos animales embotellados al fuego guerrero y a la adoración de su líder.
No existe privacidad, todo el tiempo te están observando a través de las telepantallas, te escuchan por micrófonos, en el trabajo, en el baño, mientras duermes (Mala suerte si balbuceas entre sueños), en la calle, el Gran Hermano te persigue con sus ojos vayas donde vayas porque no eres dueño de ti mismo, ni de tus pensamientos, tus sentimientos. Bajado a la actualidad, es común escuchar “Google te observa”, conoce de tu historial, tus datos personales, firmas virtualmente contratos y a la mañana siguiente te encuentras con que una foto tuya circula por los medios, incluso algunos tapan la cámara de la notebook para no ser vistos. En el exterior o en el interior, siempre hay alguien vigilando, una cámara de seguridad, un agente, un vecino.
Los sentimientos se admiten bajo el ala del miedo y el odio, no existen los sentimientos puros, abunda la adulación y la sensación de triunfo, se incentiva el amor de los padres para sus hijos a la vez que se educa a los niños a desconfiar, espiando a sus progenitores a todas horas y denunciarlos si cometen crimental. Para Winston, su libertad sería morir odiándolos.
La tercera base del régimen es el control del pensamiento y de la realidad. En Oceanía no existen leyes, las detenciones y vaporizaciones realizadas por la Policía del Pensamiento se le aplica al individuo ante la probabilidad de cometer un crimen político, o en neolengua, un crimental.
Desde jóvenes los disciplinan en el paracrimen, la facultad de parar de un modo casi instintivo todo pensamiento peligroso que pretenda salir a la superficie. Deben cuidarse todo el tiempo de no manifestar ideas contrarias a la ideología, un tic podría traicionarlos.
Utilizan la herramienta del doblepensar como control de la realidad, saber y no saber, amar el Líder y creer en lo que dice sin existir otras alternativas, no hay lugar para pensamientos propios ni ciencia que contradiga, si dos más dos son cinco, son cinco.
Los operarios a través de las telepantallas te dicen qué debes y no debes hacer, suenan los himnos como música de autohipnosis para ahogar la conciencia, hay autosugestión, los medios de comunicación y lo que te rodea te hacen creer en una realidad paralela, de constante guerra, de riquezas respecto a décadas pasadas, de certeza de los gobernantes y de un deber de obediencia absoluto a un ser omnipotente, a una voluntad colectiva, a una agrupación política infalible porque el individuo perece, tiene fallas en su memoria, comete errores y carece de medios de comprobación.
Están en proceso de la implementación de la neolengua, mudando el idioma inglés a un vocabulario y pronunciación más sencillo, abreviando palabras para rehuir la asociación de ideas, predominantemente ambivalente, despojada de significados indeseables, disminuyendo el área del pensamiento de las masas.
La lengua es fundamental para la sociedad, en el ámbito procesal penal, es distinto el estado de “acusado” al de “imputado”, sin embargo, para un no letrado es corriente que los utilice como sinónimos y les agregue la presunción de culpabilidad. Si elimináramos la primera noción, de seguro el sujeto ya estaría condenado y todas las garantías que le concede la Constitución Nacional quedarían en el aire.
Otro ejemplo reciente sería el lenguaje inclusivo, cómo la transformación de las palabras mediante el uso de la “e” puede evitar el sexismo en nuestras conversaciones diarias. No es suficiente cambiar la forma por medio de la cual nos expresamos pero resulta un aditamento a cambiar nuestra mentalidad.
En la distopía de Orwell, el pasado es mutable, se degenera la realidad objetiva “El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado”. El pasado es puesto al día, se rectifica y si no es posible, se destruye, tal y como han hecho los dictadores a través de la quema de libros, arte. La única realidad es la que maneja el Partido.
Con el anterior análisis a la obra de 1984 hago alusión a que en cierto punto a lo largo de la historia todos los gobernantes incurrieron, incurren, en estas técnicas de represión para controlar a la población, posicionarse y mantenerse en el poder. Se utilizan políticas socialistas con el propósito visible de contribuir a disminuir la desigualdad mientras la socavan a través de los bolsos que llenan de los mismos pozos de asistencia social, promoviendo la comodidad y conformidad instantánea de los sectores más vulnerables, evitando su escolarización y alimentación adecuada, publicitando acontecimientos y frases fríamente calculadas, persiguiendo a la oposición pensante. Debemos pensar, criticar, accionar, evitar que los Gobiernos evadan y sobrepasen los límites impuestos por nuestra Constitución Nacional, esta debe ser respetada y la justicia no tiene que ser una ilusión popular sino un hecho.
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rafaperez
 08 enero 2022
A decir verdad me siento como Winston al inicio del libro, tratando de escapar de la telepantalla y de la policía del pensamiento, para escribir, de forma libre, una reseña, que no encumbrara precisamente a la obra de orwell.
Seguramente el ministerio de la verdad se encargará de corregir mis palabras, haciendo desaparecer para siempre las partes donde exprese que para mí, 1984 no es ni un texto cumbre de la literatura contemporánea, ni se le acerca.
Así que aprovecharé el poco tiempo que me queda de asegurar que dos y dos no son cinco, antes de que los adeptos al partido empiecen a torturarme o, incluso, me vaporicen.
Podríamos debatir apasionada y largamente que es escribir bien, unos dirán que solo es aquel que consigue un lenguaje soberbio, otros entre lírico y musical, y los más osados diran que no es tanto el preciosismo, como la capacidad de reflejar la idea de forma clara y hasta con cierta originalidad.
Todo es cierto, y falso también.
Para mi orwell no escribe nada bien, pero sabe reflejar ideas de forma original.
Llevo días madurando que ha ocurrido, donde está el error de conexión, en como es posible que el autor con un mensaje tan apabullante me haya aburrido en una proporción indigesta y creo que el problema fundamental está en la elección del lenguaje, en el áspero conjunto de palabras que componen el libro, y que me dejan una acústica desafinada.
No todo es malo:
Es cierto que 1984 está escrita desde la derrota, y por tanto la lógica nos lleva a que el pesimismo deba acompañarnos durante su lectura, de hecho esta es la gran virtud.
Reconozco la capacidad visionaria del autor ( tampoco era tan difícil) el totalitarismo está más vivo que nunca, incluso ha evolucionando en formas insospechadas, el ansia de dominar nuestro pensamiento sigue siendo el objetivo del poder hoy en día.
Me convence la idea, pero me falla todo lo demás y mientras viva o mantenga mis capacidades mentales seré un claro reaccionario a elevar esta obra al olimpo universal de la literatura.
Oigo pasos en la escalera, ya vienen a por mi, la policía del pensamiento ha derribado la puerta...
Que empiece mi tortura.
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Caro_Ceci
 18 julio 2019
1984, no solo es una de las más grandes obras distopicas que se han escrito ; también es el pasado y el presente del mundo en que vivimos.
Todo el tiempo parece como si Orwell hubiese visto en una visión, lo que iba a suceder muchos años después.
Junto con Winston Smith nos adentramos a un país donde hay un totalitarismo extremo; el gobierno controla las mentes de los ciudadanos, desde que nacen.Todos viven sin recordar el pasado, ya que ellos hacen reescribir la historia día tras día ;viven en un mundo de mentiras, en donde el hermano mayor es una especie de salvador para ellos, cuando en realidad es su carcelero ,al igual que sus tele-pantallas.
Winston ,vive entre el pasado y el presente, y se cuestiona todo el tiempo el infierno que lo controla cada día.Hasta que empiezan a acontecer una serie de sucesos que lo harán rebelarse contra el sistema que lo tiene oprimido y controla su mente.
La aparición de Julia será fundamental para reencontrarse con los sentimientos que creía muertos y también, para recordar el pasado, a su madre.
1984 es una obra futurista que habla de todos los gobiernos totalitarios, del neoliberalismo, del socialismo, del capitalismo, etc. Orwell no rescata a ninguno y deja claro que la gente de clase baja (la prole) será la que cambie el mundo.
Este libro es fundamental para entender que la libertad es lo más bello de este mundo y hay que luchar por ella. Y me asombra ver como Orwell predijo lo del Gran Hermano ,la tecnología desenfrenada y la reescritura del pasado.

"En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario."
En 1944, tres años antes de plasmar 1984 y cinco años antes de su publicación, George Orwell escribió una carta detallando la tesis de su gran novela. La carta advierte sobre el surgimiento de políticas de estado totalitarias, que “dirán que dos y dos son cinco”.
A continuación, transcripción íntegra de la misiva de Orwell a Noel Willmett:
Para Noel Willmett
18 de mayo de 1944
10a Mortimer Crescent NW 6
Estimado Sr. Willmett:
Muchas gracias por su carta. Usted pregunta si el totalitarismo, el culto al líder, etc., están realmente en auge en tanto aparentemente esto mismo no sucede en este país y en Estados Unidos.
Debo decir que creo, o temo, que tomando al mundo como un todo, estas cosas van en incremento. Hitler, sin duda, pronto desaparecerá, pero solo a expensas de fortalecer a Stalin, los multimillonarios anglo-americanos y toda suerte de pequeños führers del tipo de de Gaulle. Todos los movimientos nacionales, en todos lados, incluso aquellos nacidos como resistencia a la dominación alemana, parecen adoptar formas no democráticas para agruparse a sí mismos en torno a un führer sobrehumano (Hitler, Stalin, Salazar, Franco, Gandhi, de Valera, son todos ejemplos varios) y siguen la teoría de que el fin justifica los medios. En todas partes del mundo los movimientos parecen ir en la dirección de las economías centralizadas que pueden “funcionar” en un sentido económico pero no están organizadas democráticamente, mismas que tienden a establecer un sistema de castas. Con esto vienen los horrores del nacionalismo emocional y una tendencia a descreer de la existencia de la verdad objetiva, dado que todos los hechos tienen que encajar con las palabras y las profecías de algún führer infalible. En cierto sentido la historia ya dejó de existir: por ejemplo, ya no hay tal cosa como una historia de nuestro tiempo que pueda ser universalmente aceptada, y las ciencias exactas se encuentran amenazadas en tanto la necesidad militar deja de mantener a la gente a raya. Hitler puede decir que los judíos comenzaron la guerra y, si sobrevive, eso se convertirá en la historia oficial. No puede decir que dos y dos son cinco porque, en la práctica, digamos, en balística, dos y dos tienen que ser cuatro. Pero si sobreviene el tipo de mundo que temo, un mundo donde dos o tres súper-estados sean incapaces de conquistarse el uno al otro, dos y dos podrían ser cinco si el führer así lo desea. Esa, tanto como entiendo, es la dirección en la cual nos estamos moviendo actualmente, aunque, claro, el proceso es reversible.
En cuanto a la inmunidad comparativa de Gran Bretaña y los Estados Unidos, pese a lo que los pacifistas, etc., quizá digan, aún no nos hemos vuelto totalitarios, y esto es un síntoma sumamente esperanzador. Creo muy profundamente, como expliqué en mi libro El león y el unicornio, en el pueblo inglés y su capacidad pata centralizar su economía sin destruir la libertad en el proceso. Pero debemos recordar que Gran Bretaña y Estados Unidos no lo han intentado realmente, no han conocido la derrota o el sufrimiento severo, y hay algunos malos síntomas al momento de hacer el balance de los buenos. Para empezar, hay una indiferencia general al declive de la democracia. ¿Se ha dado cuenta, por ejemplo, que nadie en Inglaterra de menos de 26 años ha votado y que según se puede entender la gran masa de población de esa edad no les importa esto? En segundo lugar está el hecho de que los intelectuales son más totalitarios al juzgar a la gente común. En términos generales la intelligentsia inglesa se ha opuesto a Hitler, pero solo a cambio de aceptar a Stalin. Muchos de ellos están perfectamente listos para los métodos dictatoriales, la policía secreta, la falsificación sistemática de la historia, etc., en tanto sientan que todo eso está de “nuestro” lado. de hecho, la afirmación de que en Inglaterra no tenemos un movimiento fascista significa que los jóvenes, en este momento, buscan su führer donde sea. No podemos estar seguros de que eso no cambiará, tampoco de que el común de la población no piense de aquí a diez años como ahora piensan los intelectuales. Espero que no, incluso confío en que no, pero si pasa, será a costa de una lucha. Si simplemente se proclama que todo eso es por el bien y no reconoce los síntomas siniestros, solo se ayuda a acercar el totalitarismo.
Usted también pregunta: si pienso que el mundo tiende hacia el fascismo, ¿por qué no apoyo la guerra? Es una elección entre demonios —me imagino que todas las guerras lo son. Sé lo suficiente sobre el imperialismo británico como para que no me agrade, pero lo apoyaría frente al nazismo o al imperialismo japonés como el menos malévolo. del mismo modo, apoyaría a la URSS frente a Alemania porque pienso que la URSS no puede escapar completamente de su pasado y conserva suficiente de las ideas originales de la Revolución para hacer de ello un fenómeno mucho más esperanzador que la Alemania nazi. Pienso y he pensado desde que la guerra comenzó, ahí por 1936, que nuestra causa es la mejor, pero tenemos que empeñarnos en hacerla la mejor, lo cual implica crítica constante.
Suyo sinceramente,
Geo. Orwell
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gustavoadolfo
 27 mayo 2019
Uno
En Colombia los libros siempre han sido costosos. Parece que de nada han servido las innovaciones técnicas y tecnológicas en esta industria, ni tampoco el tan celebrado incremento del mercado de los lectores. Incluso la diferencia en precios entre los libros de papel y los electrónicos aún no es significativa. Considero que en nuestra sociedad el alto costo de los libros —y en general del arte y la cultura—, es la forma más efectiva de censura: aquí no es necesario prohibir leer, y no son necesarios los antiguos listados de autores y libros prohibidos. El precio económico que debemos pagar por los libros y la cultura parece ser suficiente para alejar a la mayor parte de los interesados. Por ello no sorprende que un libro nuevo cueste más que un litro de licor; ni tampoco llama la atención que las salas de nuestras casas estén coronadas por un televisor, y no por una biblioteca. Otro tanto deberíamos decir al comprobar que muchas de estas casas ni siquiera cuentan con un espacio reservado para el estudio. Licor de fácil consecución, pantallas por doquier y una cultura desestimada… como en el futuro distópico de 1984, la famosa novela de Eric Arthur Blair, más conocido por el seudónimo de George Orwell (1903-1950).

Dos
Por mucho tiempo, como estudiante, me vi obligado a comprar “libros leídos”, libros “de segunda mano”. Sólo con el tiempo —cuando las condiciones económicas me lo han permitido—, he logrado adquirir libros nuevos y me he permitido pensar en comprar una que otra edición especial (en términos materiales). Un ejemplo de ello lo representa 1984, de la editorial Lumen (2014). Realmente este libro no tiene ninguna particularidad material que lo haga especial, sólo tiene las características básicas que antiguamente tenían muchos libros, pero que hoy escasean dada la proliferación de ediciones “económicas”, las cuales —realmente—, no son del todo asequibles. de esta manera, por sólo tener las antiguas características mínimas puede ser considerado hoy como una edición “especial”. Él posee una faja de color naranja encendido, en la que se lee, en términos publicitarios: «1984…2018 CUANDO LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN». El color de la faja contrasta con la solapa blanquísima en la que admiramos el juego visual entre los ojos del Hermano Mayor y el título de la obra (el diseño pertenece a Wolfgang Warzilek). El libro está editado en pasta dura, de color negra, y las guardas están impresas con la característica “L” de la editorial. Además de la novela, traducida por Miguel Temprano García (2013); la edición contiene el prólogo «Orwell, o la energía visionaria», escrito por Umberto Eco para la edición italiana de Mondadori (1984), y traducido al español por María Pons Irazazábal (2014); así como un «Epílogo» escrito por Thomas Pynchon (2003). Las tres partes de la novela están divididas por páginas que repiten el juego visual de la portada, pero en este caso sobre un fondo negro. No sobra decir que el papel, la cocida y el armado de la tapa suelta están a la altura del ejemplar traducido.
Me gusta leer un libro bien armado. Considero que, en una sociedad ideal, el soporte material de un libro debe ser igual de importante que su propio contenido. Los libros deben resistir los repetidos intentos de lectura, anotación y re-lectura; así como el traslado y desgaste entre los diferentes lectores, gracias a la práctica del préstamo. Los libros también deben ser fuertes y soportar el desgaste que, ahora mismo, significa vivir una vida en la que tenemos que robarle tiempo a nuestro trabajo para poder leer. Incluso, paradójicamente, nuestros estudiantes también deben robarles tiempo a sus labores para poder entregarse —sólo de vez en cuando—, a la lectura y a la reflexión que ella conlleva. Es una lástima que las ediciones 'fuertes' (permítanme ese nombre) no sean las populares; y es triste que cada vez existan menos interesados en estas peculiaridades. No me gusta pensar que nuestro desconocimiento sobre estos detalles sea un síntoma de la lenta y sistemática desaparición del libro y de sus contenidos. Lo anterior trae a mi mente una escena de 1984, en la que luego de lo que parecía ser un sueño revelador, pero que al final resulta ser un “sueño intranquilo” (como en La metamorfosis, de Kafka), se lee: “Winston despertó con la palabra «Shakespeare» en los labios” (54); quizás una premonición de lo que luego conoceríamos como los «hombres-libro», presentados y descritos en Fahrenheit 451 (1953), la novela —también distópica— de Ray Bradbury (1920-2012).

Tres
La primera vez que leí 1984 era un adolescente. Recuerdo que me aburrieron los capítulos dedicados al libelo Teoría y práctica del colectivismo oligárquico, así como pensé que era inoficioso el apéndice “Principios de nuevalengua”. En ese entonces sólo estaba interesado en la oposición del protagonista y en la potencial revuelta y lucha de los rebeldes. Hasta llegué a pensar que la relación de Winston con Julia reafirmaba la futura victoria de la humanidad contra el Hermano Mayor. Obviamente, mis expectativas eran otras: yo quería una novela ¿de acción y aventuras? y no quería por ningún motivo el tono ensayístico de la obra. ¿Acaso no se podía novelar todo lo descrito en Teoría y práctica del colectivismo oligárquico?, me preguntaba. Mi afán por la acción se cifraba en mi deseo de que todos juntos, personajes y lectores, lográramos derrocar al enemigo omnipresente… En ese entonces el final de la novela me decepcionó. Tengo que aclarar que siendo un adolescente la “decepción” era —casi— un concepto que me permitía evaluar ¡y hasta juzgar! una obra literaria. No soportaba el sentimiento de decepción. Pensaba que había sido engañado y que la obra que parecía perfecta resultaba ser, apenas, una obra mediocre.
Siendo un adolescente me concentraba en los detalles que, de 1984, más llamaban mi atención; los mismos que, según yo, Orwell no había sabido “explorar”. Entre esos detalles, el que más me gustaba era la creación de ese enemigo denominado Hermano Mayor, pero más que su creación: su presencia y su poder omnipresente. También me llamaba la atención aquella sociedad en la que los hombres debían trabajar más de sesenta horas semanales; en la que todo debía realizarse en conjunto y en la que prácticamente la soledad y el individualismo estaban prohibidos. Recuerdo que la escena dedicada a la lotería como un acontecimiento público, casi digno de celebrarse, hacía que me preguntara cómo algo tan ilógico podía tener tanto sentido...
También llamó mi atención la constante presencia de las “telepantallas” y de los “micrófonos” en todos los espacios de la derruida ciudad; así como la unión de los continentes en fuertes grupos económicos y militares; por supuesto, en esa época nada sabía yo sobre la globalización y la Internet. Con el tiempo aprendí que esta novela distópica intenta construir un mundo utópico basado en el miedo; y no en el hedonismo, tal como ya lo había hecho la novela Un mundo feliz (1932), de Aldous Huxley (1894-1963); cuyo título (y parte de su contenido) también rememora al Bardo de Avon, al escritor William Shakespeare (1564-1616). Por cierto, otro tanto sucede en la ya mencionada Fahrenheit 451, donde Shakespeare es aludido en varias ocasiones. de seguro se trata del homenaje que los escritores de distopías en lengua inglesa le hacen al referente literario inglés de mayor renombre...

Cuatro. El indeseable futuro de las lenguas
Mi segunda lectura de 1984 la hice hace tres años. Más de veinte años la separan de la primera. Por suerte, muchas cosas han cambiado entre una y otra lectura, y ahora en mi apreciación literaria intento no “juzgar” malsanamente aludiendo a concepciones subjetivas, tales como la ya aludida “decepción” adolescente. Ahora mismo siento que la obra tiene un valor agregado gracias a la adición del libelo de Emmanuel Goldstein y a los “Principios de nuevalengua”. En otras palabras, considero que el tono ensayístico de la obra tiene toda su razón de ser en el interior de la obra. Considero que el mayor agravio del Hermano Mayor es, justamente, su plan de reducir el léxico existente (y con ello, la literatura) para minimizar la riqueza y amplitud de las ideas y de los propios sentimientos. Esto me atemoriza mucho más que la fácil adquisición de la “ginebra sintética”, o la presencia cotidiana y avasalladora de la guerra, o la existencia de máquinas que escriben programáticamente el cine y la literatura contemporánea (me refiero tanto a la época distópica de la obra, como a nuestro mundo presente).
En 1984 este indeseable futuro de las lenguas sólo se compara a la aludida negación de la sexualidad y a la abolición del orgasmo, que en la novela se configuran como los acontecimientos necesarios para lograr —finalmente— la dominación completa por parte del Hermano Mayor. Pero gracias al tono del apéndice, a su presencia de proyecto pasado, inacabado, podemos comprender (nosotros los idealistas) que el futuro del enemigo omnipresente fracasó… Así que en esta ocasión he disfrutado leer cada línea del apéndice, así como su tono ensayístico. Me gustaría seguir siendo un idealista y pensar que el Hermano Mayor aún no domina estas otras facetas de la vida humana...
No quiero cerrar estas notas sin antes aludir a otra temática de 1984. Me refiero a todo lo que tiene que ver con la manipulación de los medios de comunicación, como la prensa, pero también con la manipulación de la historia y de todo registro público. En la obra se nos advierte: “La historia era un palimpsesto, borrado y reescrito tantas veces como fuese necesario” (65). Otro tanto sucede con las noticias y con la propia vida de las personas. No podemos olvidar que para controlar el futuro se debe controlar el pasado, el cual es manipulado en el presente... tal como sucede en la obra literaria.
Dado lo anterior, no resulta gratuito que la primera adaptación cinematográfica de esta novela (1984. Dirección y Guión: Michael Radford) empieza citando textualmente ese fragmento, en letras blancas, bajo un fondo negro. Luego se sucede la música y se presenta a una multitud congregada frente a una “telepantalla” gigante, multitud que escucha al Hermano Mayor, absorbida en sus palabras, como si se tratara de un grupo de autómatas.
Enlace: https://guardopalabras.blogs..
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celeste
 26 febrero 2018
Creo que para hablar de este libro es necesario explicar algunas cuestiones básicas de esta novela y de dónde sacó la inspiración George Orwell. En 1984, el mundo se encuentra dividido en tres grandes estados, Eurasia, Esteasia y Oceanía. Se dice que Orwell intentó plasmar en su novela su visión extrema de lo que podría haber sucedido luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Nazis fueron derrotados y Estados Unidos, Rusia y el Reino Unido deciden dividir la Alemania Nazi y prácticamente el resto de Europa. En este caso, el Reino Unido, hogar de nuestro personaje principal, forma parte de Oceanía y se encuentra en una guerra constante e interminable con Esteasia y Eurasia, dependiendo de lo que el Partido disponga. Es muy fácil encontrar en 1984 las propias opiniones de Orwell sobre el socialismo, o por lo menos, lo que la Rusia soviética y la Alemania Nazi e incluso el socialismo inglés en realidad representaban, ya que esto se ve plasmado perfectamente en la novela en el totalitarismo y fascismo en el que Londres se ve sumergida. La falta de alimentos y la pésima calidad de éstos, el nivel precario de vida de los londinenses, la constante vigilancia, la propaganda política, la Policía del Pensamiento y muchas cosas más son ejemplos similares a lo ocurrido en el comunismo y nazismo. Ahora, vayamos a la historia en sí.
La novela comienza con nuestro personaje principal llamado Winston Smith, un hombre de mediana edad que trabaja para el Departamento de Archivos, donde básicamente se encarga de “rectificar” información de los periódicos según lo que ordene el Hermano Mayor. Y es que esta es una práctica de lo más común y esencial del llamado Partido, cambiar constantemente los datos de la realidad en la que viven y eliminar cualquier tipo de archivo anterior o rastro que pueda servir de prueba como para que alguien llegue a dudar en lo más mínimo de lo que predican. Y sin embargo, es el mismo Winston quien comienza a dudar cada vez más de la verdadera consigna del Partido, duda incluso de la existencia del Hermano Mayor y decide rebelarse de alguna forma posible ante semejante sistema opresor al que se ve subordinado. Pero la pregunta es de qué forma puede alguien rebelarse ante un totalitarismo tan fanático en el que uno es vigilado las 24 horas del día, no sólo por las demás personas sino también a través de las llamadas telepantallas, televisores que espían en cualquier momento del día los movimientos y el habla de todos aquellos que posean una. Es aquí cuando Winston decide comenzar a escribir en un diario que tiene en su departamento sus verdaderos pensamientos y sus deseos de que el Partido sea derrocado, y también sus ansias de encontrar la denominada “Hermandad”, la cual se cree que es una organización clandestina opositora cuyo fin es el derrocamiento del Partido. Su vida comienza a correr peligro desde el momento en que comienza a escribir en su diario, ya que lo que él está haciendo, actuar en contra del Partido incluso tan sólo sea mentalmente, es denominado “crimental” -crimen mental en nuevalengua- el cual es penado con la ejecución.
Lo que más me llamó la atención de 1984 -además de la trama- es cuán apropiado y relevante son muchos de los hechos descritos en ese libro con la realidad que personalmente vivimos hoy en día. Las menciones de cómo constantemente cambiaban los datos de la realidad, cómo dibujaban cifras totalmente inexistentes respecto a la pobreza, el crecimiento del país, la producción de bienes, es sumamente similar a lo que lamentablemente se vivió por mucho tiempo en mi país. Resulta casi imposible realizar una lectura de esta novela sin analizar el matiz político que tiñe esta historia -siendo éste el punto clave de la misma- y sin compararla con la actualidad de los partidos políticos, en especial los de Latinoamérica, en los cuales podemos encontrar muchísimas similitudes con el Socing -socialismo inglés- de 1984 de Orwell.
Creo que no me queda más nada para agregar. Orwell se ha convertido en uno de mis autores favoritos no sólo por su estilo sino por la creatividad de sus tramas, la forma en que logra relatar varios períodos oscuros de nuestra historia en sátiras que siguen siendo relevantes y lo seguirán siendo en el futuro sin duda alguna.
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Las críticas de la prensa (1)
confabulario16 marzo 2021
Desde su publicación, poco después de la Segunda Guerra Mundial, esta novela de George Orwell ha representado la libertad de pensamiento frente a las tentaciones totalitarias de diversos líderes políticos.
Leer la crítica en el sitio web: confabulario
Citas y frases (107) Ver más Añadir cita
ciaovalentinaciaovalentina22 diciembre 2019
Por eso estás aquí. Porque careces de humildad y no sabes dominarte. No has querido aceptar que el precio de la cordura es la sumisión. Has preferido ser un loco, una minoría de uno solo. Solo la mente disciplinada puede ver la realidad. Tu crees que la realidad es algo objetivo, externo, que existe por derecho propio. También crees que la naturaleza de la realidad es evidente por sí misma. Cuando te engañas y crees que has visto algo, das por sentado que todo el mundo lo ve. Pero te aseguro que la realidad no es externa. La realidad existe solo en la imaginación. Aunque no en la imaginación individual, que es falible y perecedera, sino en la del Partido, que es colectiva e inmortal. Lo que el Partido diga que es cierto es cierto.
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romimelianromimelian14 enero 2019
El poder se basa en infligir dolor y humillación. El poder consiste en hacer pedazos el espíritu humano y darle la forma que elijamos. ¿Empiezas a ver ahora el mundo que estamos creando? Es justo lo contrario de las bobas utopías hedonistas que imaginaron los antiguos reformistas. Un mundo de miedo, de traición y torturas, en el que pisoteas y te pisotean, y que se volverá más despiadado a medida que vaya refinándose.
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Yanina_DanieleYanina_Daniele20 junio 2020
No hablaba el cerebro de aquel hombre, sino su laringe. Lo que salía de ella consistía en palabras, pero no era un discurso en el verdadero sentido, sino un ruido inconsciente como el cuac-cuac de un pato.
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MarsoMarso22 junio 2021
Los pájaros cantaban; los proles cantaban también, pero el Partido no cantaba. Por todo el mundo, en Londres y en Nueva york, en África y en el Brasil, así como en las tierras prohibidas más allá de las fronteras, en las calles de París y Berlín, en las aldeas de la interminable llanura rusa, en los bazares de china y del Japón, por todas partes existía la misma figura inconquistable, el mismo cuerpo deformado por el trabajo y por los partos, en lucha permanente desde el nacer al morir, y que sin embargo cantaba.
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MasquepalabrasblogMasquepalabrasblog25 diciembre 2018
Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.
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Vidéo de George Orwell
“1984”, la más célebre e impactante novela de George Orwell, percute de forma renovada con las ilustraciones del maestro Luis Scafati.
Más de setenta años después de su publicación, esta crítica demoledora a los totalitarismos sigue vigente. El control absoluto que ejerce el Gran Hermano —el omnipresente ojo censurador— sobre la conciencia de todos los individuos tiene indudables resonancias diacrónicas.
No podéis perderos esta obra maestra: la primera edición ilustrada en castellano del clásico de Orwell.
Música del vídeo: "1984" ©2020, Sabrina Pena Young. Disponible aquí: https://music.apple.com/es/artist/sabrina-pena-young/389263592.
Más información: https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/1984/ Edición argentina: https://librosdelzorrorojo.mitiendanube.com/productos/1984/
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George Orwell: Verdadero o Falso

Además de haber sido novelista, Orwell fue fotógrafo.

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