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Crítica de leleentrelibros


leleentrelibros
19 mayo 2021
Leí esta novela a causa de la asignación derecho político, realicé un comentario de la misma, así que lo adjunto:

1984 me pareció una obra brillante porque si bien al ingresar a la sociedad totalitaria que te describe Orwell tu primera impresión es que hoy estamos muy alejados de ese modelo, no resulta más que una dimensión futurista de lo que podría pasarnos si dejamos que el Gobierno rompa las barreras de la individualidad, la privacidad, la propiedad privada, avanzando de manera abrazadora a través del uso de las tecnologías y la tergiversación de la información y de la creencia popular sobre los derechos humanos con el egoísta propósito del mantenimiento del poder.
La historia tiene como protagonista a Winston Smith que trabaja en el Ministerio de Verdad, su trabajo consiste en rectificar el pasado para adaptarlo al presente que escribe el Gran Hermano, el jefe semidivino del Partido que gobierna Oceanía. Si bien él es consciente que lo obligan a falsificar la información que le proveen a la población, al mismo tiempo los preceptos del doblepensar le impiden realmente creerlo porque es en beneficio del Partido el cual ha traído abundancia y prosperidad en comparación a épocas pasadas, acorde a los archivos oficiales.
A raíz de rumores de la existencia de la Hermandad, un grupo de personas encabezado por su líder, Emmanuel Goldstein, enemigos de los actuales gobernantes, y su odio inhibido al Gran Hermano, irá tomando parte de acontecimientos que lo llevarán a conocer a Julia, con quien mantendrá una relación íntima, a un supuesto miembro de la resistencia, O'Brien, guiado por el conocimiento que no viven en la realidad que apuntan en los libros y que puede cambiar, el hombre puede ser libre.
Los principios del Ingsoc: “La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza” son los tres puntos clave del régimen totalitario de Oceanía, los cuales comparte en mayor o menor medida Eurasia a través del neobolchevismo y Asia Oriental con la adoración de la muerte, más bien, la desaparición del yo.
En primer lugar, la sociedad se inserta en una guerra continua, de la cual nadie resulta verdaderamente vencedor o perdedor porque aquello contribuiría a romper el equilibrio existente entre los tres superestados.
La contienda vista desde enemigos y aliados se trata de una cuestión de dominación de la tierra para conseguir minerales y materiales que escaseen en sus territorios, y fundamentalmente para conseguir de las regiones densamente pobladas en disputa, mano de obra barata a los fines de emprender otra guerra, constituyendo un círculo vicioso de conflicto.
En relación a los ciudadanos es una manera de mantener la eterna desigualdad entre las distintas clases, conservando en marcha a la industria, tras la mecanización, sin aumentar la riqueza real del mundo mediante la destrucción de los productos del trabajo sobrantes tras cubrir las necesidades básicas de la población, concediendo privilegios solo a unos pocos, evitando así la excesiva comodidad y el levantamiento contra la minoría dirigente.
Una situación de guerra se traduce en peligro para la comunidad, sumergiéndola en un estado constante de temor, resultando natural e inevitable para sobrevivir la entrega de todo el poder a una reducida casta.
Está prohibido el contacto con el extranjero, aparte de los prisioneros, porque se condena las otras ideologías inmorales y faltantes de sentido común, a pesar que al final son lo mismo. Con ello se impide que empaticen con los hombres de las potencias vecinas para evitar la posibilidad del pensamiento que son todos iguales. Es costumbre deshumanizar al otro para eludir cualquier idea fugaz que atente contra el propósito que se tenga en mente, crear un monstruo contra el que luchar, alimentando el odio, enceguecer al guerrillero, al populacho.
La segunda cuestión es la supresión de libertad en sus múltiples formas: “Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo”. A diario, las personas que vivimos en democracia infravaloramos la libertad que tenemos y no nos damos cuenta de lo valiosa que es hasta que se nos presenta una situación que nos la restringe de manera involuntaria.
Desde lo más insignificante, de tener que vestir monos azules, al ocio predeterminado y modificado en concordancia a la doctrina del Partido; a la represión sexual en cuanto se condena el placer, la homosexualidad, el sexo con la única finalidad de procrear, en búsqueda de la asexualidad como modo de vida para poder volcar como combustible los instintos animales embotellados al fuego guerrero y a la adoración de su líder.
No existe privacidad, todo el tiempo te están observando a través de las telepantallas, te escuchan por micrófonos, en el trabajo, en el baño, mientras duermes (Mala suerte si balbuceas entre sueños), en la calle, el Gran Hermano te persigue con sus ojos vayas donde vayas porque no eres dueño de ti mismo, ni de tus pensamientos, tus sentimientos. Bajado a la actualidad, es común escuchar “Google te observa”, conoce de tu historial, tus datos personales, firmas virtualmente contratos y a la mañana siguiente te encuentras con que una foto tuya circula por los medios, incluso algunos tapan la cámara de la notebook para no ser vistos. En el exterior o en el interior, siempre hay alguien vigilando, una cámara de seguridad, un agente, un vecino.
Los sentimientos se admiten bajo el ala del miedo y el odio, no existen los sentimientos puros, abunda la adulación y la sensación de triunfo, se incentiva el amor de los padres para sus hijos a la vez que se educa a los niños a desconfiar, espiando a sus progenitores a todas horas y denunciarlos si cometen crimental. Para Winston, su libertad sería morir odiándolos.
La tercera base del régimen es el control del pensamiento y de la realidad. En Oceanía no existen leyes, las detenciones y vaporizaciones realizadas por la Policía del Pensamiento se le aplica al individuo ante la probabilidad de cometer un crimen político, o en neolengua, un crimental.
Desde jóvenes los disciplinan en el paracrimen, la facultad de parar de un modo casi instintivo todo pensamiento peligroso que pretenda salir a la superficie. Deben cuidarse todo el tiempo de no manifestar ideas contrarias a la ideología, un tic podría traicionarlos.
Utilizan la herramienta del doblepensar como control de la realidad, saber y no saber, amar el Líder y creer en lo que dice sin existir otras alternativas, no hay lugar para pensamientos propios ni ciencia que contradiga, si dos más dos son cinco, son cinco.
Los operarios a través de las telepantallas te dicen qué debes y no debes hacer, suenan los himnos como música de autohipnosis para ahogar la conciencia, hay autosugestión, los medios de comunicación y lo que te rodea te hacen creer en una realidad paralela, de constante guerra, de riquezas respecto a décadas pasadas, de certeza de los gobernantes y de un deber de obediencia absoluto a un ser omnipotente, a una voluntad colectiva, a una agrupación política infalible porque el individuo perece, tiene fallas en su memoria, comete errores y carece de medios de comprobación.
Están en proceso de la implementación de la neolengua, mudando el idioma inglés a un vocabulario y pronunciación más sencillo, abreviando palabras para rehuir la asociación de ideas, predominantemente ambivalente, despojada de significados indeseables, disminuyendo el área del pensamiento de las masas.
La lengua es fundamental para la sociedad, en el ámbito procesal penal, es distinto el estado de “acusado” al de “imputado”, sin embargo, para un no letrado es corriente que los utilice como sinónimos y les agregue la presunción de culpabilidad. Si elimináramos la primera noción, de seguro el sujeto ya estaría condenado y todas las garantías que le concede la Constitución Nacional quedarían en el aire.
Otro ejemplo reciente sería el lenguaje inclusivo, cómo la transformación de las palabras mediante el uso de la “e” puede evitar el sexismo en nuestras conversaciones diarias. No es suficiente cambiar la forma por medio de la cual nos expresamos pero resulta un aditamento a cambiar nuestra mentalidad.
En la distopía de Orwell, el pasado es mutable, se degenera la realidad objetiva “El que controla el pasado controla el futuro; y el que controla el presente controla el pasado”. El pasado es puesto al día, se rectifica y si no es posible, se destruye, tal y como han hecho los dictadores a través de la quema de libros, arte. La única realidad es la que maneja el Partido.
Con el anterior análisis a la obra de 1984 hago alusión a que en cierto punto a lo largo de la historia todos los gobernantes incurrieron, incurren, en estas técnicas de represión para controlar a la población, posicionarse y mantenerse en el poder. Se utilizan políticas socialistas con el propósito visible de contribuir a disminuir la desigualdad mientras la socavan a través de los bolsos que llenan de los mismos pozos de asistencia social, promoviendo la comodidad y conformidad instantánea de los sectores más vulnerables, evitando su escolarización y alimentación adecuada, publicitando acontecimientos y frases fríamente calculadas, persiguiendo a la oposición pensante. Debemos pensar, criticar, accionar, evitar que los Gobiernos evadan y sobrepasen los límites impuestos por nuestra Constitución Nacional, esta debe ser respetada y la justicia no tiene que ser una ilusión popular sino un hecho.
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