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ISBN : 8439734891
Editorial: LITERATURA RANDOM HOUSE (11/10/2018)

Calificación promedio : 3.5/5 (sobre 10 calificaciones)
Resumen:
Una nueva novela de la prestigiosa autora argentina Samanta Schweblin que desvela el lado más inquietante de las nuevas tecnologías. Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca... y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema -se dice en las noticias y se comparte en las redes- es que una... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (11) Ver más Añadir una crítica
Hefesto
 07 septiembre 2019
La obra de Samanta Schweblin parte de una idea aparentemente estrambótica: unas mascotas mecánicas con formas de animales, dirigidas por otros humanos elegidos al azar que pueden observarte e interactuar contigo pero no hablarte y de los que nada sabes en un principio. Sí, ya se que parece demasiado rebuscado e ilógico, que no los dejarías entrar en tu casa y espiarte, pero detente un momento y piensa que esa idea combina la necesidad creciente de gran parte de la población de vivir con mascotas por un lado, y por otro nuestra adicción a las redes sociales en las que podemos exhibirnos o “cotillear” a los demás sin pudor alguno.
Y girando en torno a esto, pasando de puntillas por el debate ético y dando por hecho que la moda se impone al sentido común, la autora argentina construye una obra coral en la que se intercalan relatos de gente que, o bien tiene un “Kentuki”, o decide ser uno de ellos a través de una pantalla y unos sencillos mandos.
La primera historia, fresca y divertida, ya te advierte de los peligros de esta situación y te hace prever que estás ante un thriller y un alegato en defensa de la privacidad. Pero en realidad lo que encontramos en esta obra son las vidas de distintos tipos de personas; ancianas, niños, adultos, oportunistas, malintencionados, pervertidos, gente buena y gente mala, seres a los que su vida les parece poco y otros que se consideran dignos de ser admirados... Y partiendo de estos personajes Schewblin orienta la narración hacia las distintas necesidades de dichas personas para tener/ser un Kentuki y la manera en que estos cambian su existencia. Nos describe diferentes vidas que tratan, casi siempre, de suplir algo que creen que les falta, ya sea compañía, una vía de escape a la cotidianidad o el trauma, un modo de obtener beneficios o la forma de tener a “alguien” en quien focalizar sus actos más viscerales o reprobables. Y es que la autora se permite apuntar en una frase que hay gente que paga por tener a otra persona como mascota, alguien real que les adore, y desde que eso tiene lugar, nada es impensable.
Todas las historias comienzan de un modo más o menos amable y van tendiendo a oscurecerse dando como resultado una novela muy recomendable que, una vez asimilada y reposada (a pesar de su aparente simplicidad), hace que te plantees cuestiones como, por ejemplo, ¿cuál será el siguiente paso en nuestro modo cada vez más impersonal de relacionarnos?
Enlace: https://elyunquedehefesto.bl..
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macarenamamone
 13 noviembre 2018
Una sorpresa. Entré con precaución a esta historia por las malas reseñas que había leído y tal vez así, sin expectativas, lo disfruté muchísimo más de lo que esperaba.
El argumento me enganchó desde la primera página, los kentukis son unos peluches que, al estilo gran hermano, lo ven todo, y quienes lo poseen nunca saben quién los está mirando, puede ser un vecino como alguien que vive en la otra punta del planeta. Además, me pareció interesante como está estructurada la novela, que cuenta la historia de algunos personajes centrales (Emilia, Alina, Enzo, Marvin y Grigor, creo que no olvido ninguno) y mecha algunas historias más esporádicas que no se vuelven a tocar. Creo que es interesante, más allá de seguir la progresión de tres o cuatro personajes principales, tener esos episodios extras que narran otras experiencias, quizás mas cortas aunque no menos impactantes, con los kentukis.
Me gusta como Schweblin retrata el “boom” de cierta moda que, en un comienzo, todos podemos juzgar de ilógica, pero que aún así se instala y es aceptada por la sociedad, incluso por quienes tenían sus reparos al principio. La manera en la que los kentukis empiezan a aparecer y poco a poco pasan a estar en absolutamente todos lados es muy actual y la autora capta ese fenómeno muy bien.
Otro punto que me gustó es la representación de una sociedad divida entre los que son mirados y los que miran, los que “tienen” (un kentuki) y los que “son” (un kentuki), es interesante pensar por qué y qué implica que algunos elijan ser mirados y otros elijan mirar.
Por último, creo que lo que más me gustó de esta novela es ese tinte de cyber punk que tiene cuando los que “son” kentukis se meten tanto esa vida virtual y paralela que se sienten más kentuki que humanos. La “vida” kentuki empieza a tomar más importancia que la vida humana, tanto que casi podrían vivir sin esa parte humana. Los límites entre ambas “vidas” empiezan a difuminarse.
En fin, para mí, Kentukis es un súper recomendado, tanto el libro como la autora, a quien pienso seguir leyendo.
(Son cuatro estrellas porque esperaba algo más impactante para el final)
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MariaT
 24 mayo 2019
¿Dejarían entrar a un completo desconocido a su hogar para que tuviese acceso remoto las veinticuatro horas del día? ¿Qué podría llevarnos a querer comprar un animal de peluche que fuese controlado por una persona completamente anónima desde cualquier lugar del mundo? ¿Qué nos llevaría a adquirir el control de esos animales electrónicos si saber dónde nos tocará despertar o a quién tendrías que hacerle compañía? Hoy quiero hablarles de Kentukis, la nueva y fascinante novela de la escritora argentina Samanta Schweblin.
“Necesitaba saber qué tipo de usuario le había tocado. ¿Qué tipo de persona elegiría «ser» kentuki en lugar de «tener» un kentuki?” .
Nos encontramos en un futuro tan cercano que bien podría ser el presente, en el que existen los kentukis, unos muñecos de peluche articulados controlados a distancia por un usuario anónimo. Cada vez que un usuario compra un kentuki se convierte en el amo, y cada vez que alguien adquiere un código tiene derecho a «ser» un kentuki. Pero mientras que los amos pueden elegir el aspecto de su mascota, las conexiones entre los diversos usuarios son aleatorias y no pueden controlar quién será la persona que los verá a través de la cámara. Los kentukis, además de observar y controlar la movilidad de sus avatares, pueden oír a sus amos, pero no pueden hablar directamente con ellos.
Pero que los muñecos no puedan articular palabras desde sus avatares, no quiere decir que la comunicación no es posible. Amos y mascotas pueden establecer diversas maneras de comunicación, algunas más directas y efectivas que otras. Pero la forma elegida dependerá de cada pareja. Para describir las diversas relaciones que se establecen entre los que eligen tener un kentuki y los que deciden serlo contaremos con capítulos cortos narrados por los más variopintos protagonistas. Algunos funcionan como relatos únicos y cerrados, con protagonistas a los que no volveremos a ver; pero a otros usuarios de esta particular tecnología los seguiremos en el tiempo, y veremos su historia evolucionar para fascinarnos y aterrorizarnos a partes iguales.
“Tenía dos vidas y eso era mucho mejor que tener apenas media vida y cojear en picada. Y al final, qué importaba hacer el ridículo en Erfurt, nadie la estaba mirando y bien valía el cariño que obtenía a cambio”.
Algunas de las historias son realmente impactantes. Otras simplemente crueles y muy humanas, como las de un ancianato que compra dos kentukis para que les hagan compañía a los internos, pero cuyos usuarios deciden suicidarse porque el lugar al que han ido a parar no es lo suficientemente interesante, dejando así perdido tanto el dinero de la conexión como el animal de peluche, creado para una única y exclusiva relación amo/kentuki. Pero esa es solo una de las situaciones normales, porque si le compras un kentuki de regalo a un niño, ¿cómo sabes qué tipo de persona está detrás de la cámara, siguiéndolo día y noche?
Como con toda tecnología, pronto saldrán oportunidades para el mercado negro. Usuarios que compran conexiones para luego revenderlas a personas dispuestas a pagar pequeñas fortunas por la posibilidad de manejar un avatar en las condiciones o lugares que ellos elijan. Eliminando así de la ecuación la aleatoriedad que impone el servicio original. Precisamente a uno de esos revendedores de conexión le seguiremos la pista durante diversos capítulos, y las cosas que va descubriendo a medida que establece más y más conexiones son sorprendentes y espeluznantes.
“Había gente dispuesta a soltar una fortuna por vivir en la pobreza unas horas al día, y estaban los que pagaban por hacer turismo sin moverse de sus casas, por pasear por la India sin una sola diarrea, o conocer el invierno polar descalzos y en pijama”.
Samanta Schweblin logra con un relato adictivo que entendamos qué puede llevar a alguien a buscar la compañía de un desconocido, pero tocará que cada uno analice hasta qué punto está dispuesto a renunciar a su privacidad o a invadir la de otro para conseguir una conexión que parece tan poco real. Por momentos dulce para luego transformarse en aterradora y cruel, es el tipo de novela que cierras pero que se queda contigo, pues consigue que no puedas dejar de pensar en sus personajes y en las situaciones a las que tienen que hacer frente. Como sucedió con Distancia de rescate (pueden leer mi reseña aquí), no puedo hacer otra cosa que recomendarles que le den una oportunidad. Schweblin es una autora que no para de sorprender.
Enlace: http://inthenevernever.blogs..
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Jeraviz
 14 octubre 2019
Samanta Schweblin parte de una premisa muy interesante: los kentukis, unos bichos que tienes en tu casa que sirven de cámara para que otra persona pueda ver todo lo que haces en la intimidad de tu hogar.
Este inicio que parece de Black Mirror le sirve para explorar los límites del anonimato, la privacidad y hasta el vouyerismo.
Muy interesante todo este planteamiento pero se queda un poco corta al explorarlo. Se centra en historias pequeñas del día a día de las personas y no en todos los posibles caminos que ocurrirían si existiese esto. Pero por otra parte, creo que lo hace intencionadamente porque incluso uno de los personajes lo plantea en un momento del libro.
Por eso, 3 estrellas que significan que me ha gustado, que Samanta Schweblin escribe muy bien y que merece la pena leerlo.
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lector_salteado
 01 febrero 2019
Muchos problemas en este libro. El tema es aburrido, obsoleto hace varias décadas. La objeción paranoica contra la irrupción de la comunicación global de la tecnología en la vida cotidiana ya era vieja y algo ridícula en los libros de Negroponte. Además, los dispositivos tecnológicos que funcionan como animalitos de Philip K. Dick ponen un estándar de calidad literaria bastante alta que deja muy mal ubicados a estos kentukis. Quizás un cuento breve hubiera sido mejor, más gótico rioplatense como Pájaros en la boca, que es trivial, pero por lo menos le habría permitido a Schweblin proliferar en ese sadismo teenager que tanta taquilla le ha regalado. Los procedimientos narrativos me parecieron sin vida. Quizás sea intencional de Schweblin, pero en este libro no encontré a nadie. El recurso que sobresale es la redundancia. Insoportable. Ejemplo, abro al azar, página 140: “Sus dos hijas se plantaron frente a la góndola de los kentukis. Estaban en el supermercado, unidas por primera vez en un berrinche conjunto”. La lectura creo que opera tanto por lo explícito del texto, como por las inferencias que activa, creo que “implicature” es el término técnico que usan en pragmática para esta representación de lo inferido. La idea es que una buena parte de la lectura es inferencia, implicación. Si en el español que se habla en Argentina alguien dice “dos hijas”, activa un pensamiento de conflicto. Por eso, el Martín Fierro advierte que mejor los hermanos sean unidos, que no se peleen. Es decir, al leer “dos hijas” queda una hipótesis automática de confrontación. Entonces viene la redundancia: “unidas por primera vez en un berrinche conjunto”. Y empeora. Decir “góndola” en español argentino activa la idea de “supermercado”. Entonces, otra redundancia, también en la segunda frase: “Estaban en el supermercado”. Este efecto estético deriva en una desvalorización de la sucesión de frases. Si ya lo pensé desde la primera frase, cuando me lo explicita en la segunda frase me aburre, me pesa, me desvaloriza la lectura. No logro entender qué lector imaginario pensó Schweblin para este libro.
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Las críticas de la prensa (6)
confabulario08 abril 2019
En apariencia son inofensivos. Tienen forma de dragón, cuervo y conejo. Los han adquirido personas de muchas ciudades, desde Oaxaca, Vancouver, Hong Kong y Barcelona. Son los kentukis, protagonistas de esta novela, y quienes encarnan la faceta más real de nuestra relación con la tecnología.
Leer la crítica en el sitio web: confabulario
larazon21 noviembre 2018
«Kentukis» una obra breve, extraña y eficaz, que se mueve en los límites entre la intimidad y la intromisión, entre la privacidad y el espectáculo y que la autora de «Pájaros en la cabeza» conduce con un pulso narrativo firme, sin fisuras, en sintonía con la cadencia de sus mejores relatos.
Leer la crítica en el sitio web: larazon
Abc14 noviembre 2018
La escritora argentina, candidata al Man Booker en 2017, publica «Kentukis», una inteligente reflexión sobre la soledad y la privacidad en nuestra sociedad
Leer la crítica en el sitio web: Abc
elperiodico14 noviembre 2018
Con la invención de unos extraños dispositivos tecnológicos, Samanta Schweblin crea una fábula sobre la incomunicación.
Leer la crítica en el sitio web: elperiodico
elmundo29 octubre 2018
Kentukis, la nueva novela de la escritora argentina, convierte elpresente en una distopía blackmirroriana.
Leer la crítica en el sitio web: elmundo
revistan12 octubre 2018
Por su primera novela fue nominada al Man Booker, uno de los premios más prestigiosos. Ahora nos sumerge en un mundo de mascotas electrónicas, con las que se interroga por los límites de la intimidad y el voyeurismo.
Leer la crítica en el sitio web: revistan
Citas y frases (6) Ver más Añadir cita
HefestoHefesto02 septiembre 2019
La gente pagaba para que la siguieran como un perro el día entero, querían a alguien real mendigando sus miradas.
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MariaTMariaT24 mayo 2019
Había gente dispuesta a soltar una fortuna por vivir en la pobreza unas horas al día, y estaban los que pagaban por hacer turismo sin moverse de sus casas, por pasear por la India sin una sola diarrea, o conocer el invierno polar descalzos y en pijama.
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lectoraaburridalectoraaburrida05 marzo 2019
se preguntó, con un miedo que casi podría quebrarla, si estaba de pie sobre un mundo del que realmente se pudiera escapar.
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MariaTMariaT24 mayo 2019
Tenía dos vidas y eso era mucho mejor que tener apenas media vida y cojear en picada. Y al final, qué importaba hacer el ridículo en Erfurt, nadie la estaba mirando y bien valía el cariño que obtenía a cambio.
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HefestoHefesto31 agosto 2019
Un «amo» no quiere saber lo que opinan sus mascotas
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