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ISBN : 8417092927
Editorial: Roca Editorial (05/07/2018)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 11 calificaciones)
Resumen:
Helena no sabe cómo sobreviven las familias cuando coinciden todos sus miembros bajo el mismo techo, pero está a punto de averiguarlo.Helena, decidida a casarse en Serralles, el pueblo de todos sus veranos de infancia, regresa a la casa de sus padres para preparar la boda y reencontrarse con sus hermanos y sobrinos. Un lugar sin sorpresas, hasta que Helena tropieza con Marc, un buen amigo al que había perdido de vista durante muchos años, y la vida en el pueblo deja... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (10) Ver más Añadir una crítica
CARMINA
 26 octubre 2018
Todos los veranos del mundo es una historia agradable, con aires de nostalgia, un toque de romanticismo, un canto a la vida, al disfrute de las pequeñas cosas, a la valentía de vivir la vida y de enfrentar los cambios necesarios para conseguir pequeñas parcelas de felicidad. Es un canto a la amistad, a la fraternidad, a las relaciones humanas y sobre todo familiares. Es una dosis de realidad capaz de provocar un tsunami emocional con el simple aleteo de una mariposa.
Mónica Gutiérrez me ha sorprendido con su prosa, con su frescura al narrar, con sus diálogos, algunos de los cuales no tienen precio, con una historia tan cotidiana en la que los protagonistas bien podríamos ser nosotros o gente a la que conozcamos, cualquiera podríamos ser Helena, Silvia, o incluso el soñador Xavier, o Marc Saugrés y que lector no ha soñado con montar una librería en la que poder hablar horas y horas de libros en torno a una bebida caliente.
Con sus descripciones me ha transportado al jardín de la casa familiar de Helena, que buen refugio sería para mis tardes de verano con un libro en la mano, incluso para esas noches en las que apetece sofá, una manta ligera por aquello del fresco nocturno y un buen libro, y el aroma de las flores, incluso he sido capaz de oler ese jazmín que a Helena le molestaba tanto y que por la noche es especialmente aromático.
Todos los veranos del mundo me ha transportado a los estíos de mi infancia, yo los pasaba en un pequeño pueblo de interior, con amigos a muchos de los cuales con los años les he perdido la pista, también dejé de ir hace mucho tiempo, aunque allí continúa el apartamento y mis hermanas van de vez en cuando. Reconozco que cuando voy me invade la calma, que desconecto, pero a pesar de que no son demasiados quilómetros los que me separan, como a Helena me cuesta volver, a ella le pesan las ausencias, yo no soy capaz de saber porque.
Tiene a bien Mónica no presentarnos a una familia idílica, si no a una normal, con sus defectos y sus virtudes, con sus celos, sus envidias, una familia como la tuya o la mía, en la que los silencios en ocasiones se malinterpretan. Me reconozco en la madre de Helena, yo no soy mucho de exteriorizar mis sentimientos, la he comprendido, me he mimetizado con ella, a pesar que yo si soy de dar abrazos, porque con ellos transmito todo lo que mis palabras callan, o por lo menos soy de darlos a mi gente más próxima, tampoco voy invadiendo el espacio de personas que no conozco y que no se si los van a desear.
En todas las familias todos los miembros no están cortados por el mismo patrón sin embargo, todos somos capaces de encontrar lugares de encuentro, abiertos a las confidencias, o a las gratas conversaciones, los diálogos entre los hermanos me han parecido una delicia, quería quedarme anclada en esos momentos, charlar con ellos, arrebujarme entre los tres junto a esa chimenea y poder ser cómplice yo también.
Y es que tendemos a callarnos muchas cosas cuando las penas compartidas son más llevaderas, por ello he valorado tanto esos pequeños momentos llenos de confidencia en los que se abre el alma y son capaces de desnudarla sacando a la luz sus miedos y verdades, asumiendo en muchas ocasiones sus culpas como Xavier ante una separación que el mismo ha provocado con sus silencios y ausencias. Y si hay un personaje que me ha provocado sentimientos dispares ese ha sido Silvia, tan libre, tan lenguaraz, tan con la verdad como espada, ha tenido a quién recordarme, pero al mismo tiempo se que personas así de auténticas cada vez quedan menos, porque la gente no quiere ser golpeada con la verdad, prefiere vivir en su ignorancia o en el mundo que se han creado muy a medida de una realidad inventada y del que no están dispuestos a salir.
Anna la sobrina de Helena encarna la ternura, la madurez, la inocencia, esa niña de doce años me ha llegado al alma, ha sido capaz de sacudir a su tía, de conseguir lo que sus hermanos y su madre no han logrado ni que se plantee, la pureza de ese personaje es bestial, tiene las apariciones justas, en los momentos adecuados, intentado buscar complicidad con una persona que no es tan distinta a ella, y de soltar verdades capaces de remover a nuestra protagonista como no lo consigue su hermana Silvia, las dos conversaciones así más serias entre tía y sobrina son para enmarcar, para releer, para quedarse a vivir en ellas. Quizás exagere, pero es mi opinión.
He confesado ya que es la primera novela de autora y que no será la última así que encontrarme esa librería ha sido toda una sorpresa, en un pueblo pequeño no suele haberlas, y que además no tenga lo más comercial ya es de por sí raro, pero que su librero esté más interesado en conversar de literatura y tomar un te con bollos que de vender libros, ya lo convierte en un rara avís. Me he enamorado de la Biblioteca voladora, no tanto de su propietario Jhonathan Strenge, aunque al final le cogí cariño. Ese guiño de Mónica al placer de conversar de libros, a la LITERATURA, sí en mayúsculas, ese repaso por grandes obras literarias y autores, ese recuerdo a Alicia en el País de las Maravillas, me ha robado el corazón.
Si un personaje me hizo soñar ese fue Marc Saugrés, el eterno Peter Pan empeñado en que su Wendy aprenda a volar, un soñador con los pies en el suelo, el que vuelve del revés el mundo cuadriculado de Helena, el que le hace replantearse si es esa vida la que realmente desea, o quiere aprender a volar. Marc es ese bohemio que un día coge las riendas de su vida, se estampa y pretende recoger sus pedacitos para empezar de nuevo, resurgir de sus cenizas cual ave fénix, aunque cada vez nota que le quedan menos fuerzas y menos ilusiones.
Esta novela tiene un final previsible, lo estamos esperando casi desde el principio, yo juraría que incluso estamos deseándolo tal es el poder de Mónica al narrar, si hay un personaje que no he soportado es a Jofre, al juez Dredd. Me ha parecido un ser frío, inhumano, calculador y no he encontrado redención posible en toda la historia, ni siquiera cuando las tornas se vuelven en su contra, ni en ese momento sentí empatía con él, con su forma de vida, con lo que representa.
Cada personaje de esta novela encarna un valor Xavier el romanticismo, Silvia la libertad, la madre de ambos la superación, el huésped despistado el humor, Marc Saugrés el tesón, Helena la sensibilidad, la pequeña Anna la madurez, Miquel la inocencia, el vikingo nórdico la solidaridad, y todos y cada uno de ellos aportan un granito de arena para hacer de esta novela una agradable lectura que no desearías que acabara nunca.
Conclusión:
Mónica Gutiérrez nos cuenta de forma sencilla, situaciones más o menos cotidianas, nos ofrece una visión optimista de la vida y de la búsqueda de la felicidad en las pequeñas cosas que nos rodean o en los momentos compartidos con personas que queremos.
Nos ofrece un par de alas para volar, para soñar, para sentir que cualquiera es capaz de aprender a volar como Peter Pan, solo tiene que olvidar los miedos a los cambios, y ser capaz de afrontarlos con valentía y para ello cualquier estación del año es buena, pero ese final de verano en Serralles es perfecto, serás capaz de apreciar los sonidos de la pequeña población, la espesura del silencio, y el olor de las flores del jardín.
Te ruborizarás con Helena y Silvia, te emocionarás con Xavier, Anna y nuestra protagonista, querrás ser Wendy para conquistar a Marc Saugrés y tener pocos recursos para que el viquingo nórdico te trate con amabilidad. Sobre todo desearás tener una masia en el Pirineo y allí reunir a tus hermanos porque la complicidad en torno al fuego me ha dado mucha envidia.
No soy muy de etiquetas, y he descubierto que este tipo de novelas pertenece al género feel-good, solo sé que Mónica ha llegado para quedarse en mi estantería y que reservaré sus libros para esos momentos en que los necesito como agua de mayo.
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SandraCP
 09 octubre 2018
Helena es una abogada. Desde hace años trabaja en uno de los más prestigiosos despachos de abogados, MAC, al que dedica prácticamente todas las horas de sus días. Dejándose llevar por "lo normal", se va a casar en unas semanas con Jofre, su novio desde hace años y lo va a hacer en el pueblo de su padre, Serralles, donde pasó los veranos de su infancia. Desde que este murió, no ha vuelto por allí por el miedo a su pérdida.
En esta ocasión, decide aventurarse sola, unas semanas antes de la boda, quizá para enfrentarse a sus miedos o quizá para controlar a su familia. Nada más llegar se da cuenta de que lo segundo va a ser imposible. Su madre ha modificado la casa para añadir un nuevo módulo en el que ha montado una escuela de cocina para turistas. Su hermana Silvia sigue a la defensiva atacándola por trabajar para unos abogados que defienden a petroleras y corruptos. Su hermano Xavier mantiene su carácter de escritor decimonónico y trae a sus hijos, con los que Helena no encuentra nada de qué hablar.
Pero también encontrará nuevas sorpresas como la apertura en la plaza del pueblo de "La biblioteca voladora", una pequeña librería regentada por un extraño ser con acento inglés en la que podrá encontrar refugio gracias a su té negro con una nube de leche, sus bollos delicious y sus libros fuera de las novedades comerciales. Además, se topará de golpe con un recuerdo del pasado, Marc, su amigo de la infancia, con el que recorría el pueblo entero y alrededores, con el que se escapaba al río a montar grandes batallas. Marc, al que había perdido de vista hace más de veinte años. Su fiel compinche Marc. Pero estas novedades las descubrirá más tarde.
Nada más llegar a Serralles y antes siquiera de ver a su familia, Helena recibe el calor de algunos de sus vecinos, apenas unos conocidos, pero que saben ver dentro de ella la coraza que lleva puesta. Como bien dice su hermano Xavier en algún momento, quien siempre logra encontrar la referencia literaria perfecta en cada momento, Helena es la chica que juega disfrazarse de Reina de las Nieves. La sensación de esa Helena fría y distante se acentúa cuando llega a casa y se encuentra con su familia. En primer lugar, el recuerdo que tenía de la casa salta por los aires nada más ver la silueta y detectar un nuevo edificio adyacente. Más tarde descubrirá que su madre ha montado una escuela de cocina para aprovechar el tirón turístico de la zona, lo que conlleva que en el vestíbulo de casa haya casi siempre una recepcionista y que los alumnos campen a sus anchas por las dependencias del hogar de sus recuerdos.
Con el paso de los días, Helena descubrirá que, quizás, su estancia en Serralles la esté cambiando, con pequeños gestos como dejar que los pies pisen la hierba, soltar su moño de abogada y dejar caer su melena o disfrutar de un bocadillo de bacon en los soportales de plaza.
Probablemente, habrá quien piense que Helena, al inicio, es una pesimista, una persona cerrada que no entiende ni se esfuerza por entender a su familia. Para mí, Helena es una pieza más de esta sociedad urbanita en la que vivimos en la que nos centramos en nuestro trabajo, con jornadas maratonianas y un ritmo de vida infernal. Esa lejanía de su familia y de la situación actual de cada uno de la que tanto se queja porque nadie le cuenta nada (¡madre mía, cuántas veces pronuncio yo esa frase a lo largo del año en mi familia!) es algo aceptado por ella, deja caer la relación con la gente que la quiere por falta de tiempo y, sobre todo, por miedo a la incomprensión por su tristeza tras la muerte de su padre. Aunque Helena me ha encantado (especialmente, su evolución) vive rodeada de una serie de personajes maravillosos que no puedo evitar mencionar: sus hermanas Xavier y Silvia que son tan diferentes pero tan complementarios, sus sobrinos Anna y Miquel, su madre, el misterioso alumno de la escuela de cocina que merecería casi una historia aparte, el librero inglés recién llegado al pueblo siempre preparado para una conversación sobre literatura, el vikingo con el ceño fruncido y Marc, su amigo de la infancia.
Aunque los personajes son maravillosos, lo que más me ha gustado de ellos es la idea central del cambio de actitud de Helena conforme van pasando los días en Serralles. de la tensión con la que llega, se va relajado poco a poco gracias a las conversaciones con sus hermanos y con Marx, las visitas a la librería. Comparte lo que le preocupa, verbaliza y pone en común recuerdos de su infancia y se convierte más en ella misma. En resumen, aprende a valorar los pequeños detalles.
Pero, sin lugar a dudas, lo que me ha hecho desconectar del mundo y suspirar es la ambientación en Serralles, el pueblo de la infancia de Helena. Me siento orgullosa de reconocer que yo, como ella, he pasado todos los veranos de mi infancia en mi pueblo y, desde el primer momento, he visto reflejados tantos y tantos detalles de mi vida que era imposible no cerrar los ojos y recordar. Sin duda, se nota que es una novela auténtica con experiencias reales en las que cualquier persona que ha pasado por eso, puede reconocerse. Detalles como el cariño de la gente que apenas ves alguna vez al año pero que te conocen mejor que algunos que te ven todos los días, las excursiones a la montaña con el almuerzo en la mochila, coger la bicicleta y perderte por las calles del pueblo o por los caminos cercanos, las reuniones en la terraza del bar en las que se fraguan grandes planes, los bocadillos de lomo con queso que salvan el mundo, el olor del monte en pleno verano, el rumor de un río, el respirar fuerte al llegar como si quisieras renovar todo el aire de tus pulmones, desconectar de todo lo que ocurre fuera de allí, esos vecinos que te echan una mano cuando lo necesitas. No sé cómo lo ha conseguido pero lo ha reflejado de lujo, tanto que mi mente viajaba del Serralles imaginario de Mónica al Codesal de mis vivos recuerdos.
Siendo un libro de Mónica, no pueden faltar los detalles metaliterarios. Desde los más evidentes como "La librería voladora" donde refugio de madera y libros, un oasis protector tan alejado de la ciudad que ya apenas recuerdo su ruido infernal, donde charlar con su peculiar propietario de libros tan especiales como él, a los cientos de referencias que se intercalan entre los párrafos entre las que destacan la Wendy de Peter Pan, el mito de Helena de Troya y Paris o el Señor de los Anillos.
Llegados a este punto, creo que sobra decir lo mucho que me ha gustado. Iba con miedo a tener las expectativas muy altas y que me defraudara por ser demasiado parecido a otros libros de la autora con los mismos esquemas o los mismos personajes pero la sensación la olvidé completamente en las primeras páginas. Es posible que haya señas similares a otras novelas suyas como las referencias metaliterarias, las comparaciones de algunas chicas con hadas (en este caso, también hay un par de hadas del bosque rondando a Helena) o jardines increíbles en los que parece que puedes oler las flores. Pero, para mí, Helena es una protagonista muy novedosa ya que, hasta ahora todas nuestras chicas* habían tenido algún problema o trauma del que tenían que recuperarse pero ella no. Helena se muestra como una mujer fuerte y dura que puede con todo, y por tanto, es la que más tiene que aprender de todas. También habrá quien piense que es una novela previsible y, probablemente, tengan razón pero lo que importa no es el fin sino el camino. Sé que ha quedado muy filosófico pero es sencillo de entender. Con bien demuestra esta novela y cualquier otra de feel good, la felicidad está en los pequeños placeres y los ratitos de disfrute que me ha dado este libro hace meses que no me los daba ningún otro. Además, está historia transmite felicidad y, como es lógico, no puede tener un mal final. Como dice una amiga, bastante dura es la vida como para leer libros que no sean happy ending.
En conclusión, si queréis pasar un buen rato de lectura y recordar los veranos de vuestra infancia, no dudéis en acercaros a Serralles para conocer a Helena y su familia. Con ellos descubriréis que los pequeños gestos como sentarte a la sombra de las glicinias o dejar caer tus sandalias para posar tus pies sobre la hierba puede ayudarte a cambiar tu visión del mundo.
Enlace: http://miviajeliterario.blog..
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carlotenia
 28 enero 2019
Por favor por favor por favor, antes de entrar en harina, dejadme hablar de la portada de esta novela! Porque para que una novela sea feelgood también tiene que dar buen rollo y buenas impresiones desde su portada. Y además, seamos sinceras, a todas nos llama la impresión una portada colorida, sencilla pero con detalles, con colorines, que hace que se nos vayan los ojos hacía ese libro. Y en eso la editorial ha acertado de pleno!
Estructuralmente la novela consta de unas 200 páginas, dividida en capítulos que no llevan número sino títulos yo diría que oníricos y muy típicos de esta escritora, algunos de estos títulos son por ejemplo En el jardín de los jazmínes, Orillas de arena blanca, Chocolate a media noche... Porque en las novelas de Mónica, aunque se desarrollen en un lugar a priori normal, siempre van a aparecer retazos de sitios como de cuento de hadas, mágicos... Y eso es porque ella sabe buscarlos, algo que a muchos nos hace falta. Tener ese sexto sentido para en sitios cotidianos, encontrar un trocito de magia que nos haga recordarlo para siempre. Seguro que todos a nuestro alrededor tenemos un parque en el que hay unas piedras con unas formas extrañas que podrían ser mágicas y abrir la puerta a otro mundo. Eso que no sabemos ver nosotros Mónica nos lo muestra en sus novelas de forma admirable.
Todo empieza cuando nuestra protagonista, Helena, llega a Serralles, el pueblo de su infancia al que no visita desde hace tiempo con la excusa del trabajo porque es la típica abogada entregada a su trabajo y sin tiempo para nada, para organizar los últimos detalles de su boda con su super perfecto prometido Jofre, que es juez y con el que lleva una relación idílica y también perfecta a ojos de todo el mundo, aunque ya veremos que esto no es así y sus allegados se dan cuenta en cuanto pisa la casa de su niñez. Casa que, para sorpresa y cabreo de Helena, su madre ha reformado y la ha transformado en una escuela de cocina, donde los visitantes del pueblo hacen locuras de platos casi siempre incomibles. Helena se ofende muchísimo al ver que la casa de sus veranos se ha convertido en un trasiego de frikis y de guiris, que sus cosas íntimas han cambiado de sitio, y que sobre todo nadie la ha avisado de esto. Pero ella se ha preocupado por su madre o esa casa en todo el tiempo en el que ha estado sin aparecer por allí? En verdad a Helena le puede la nostalgia de volver allí, al pueblo en el que fue tan feliz con su padre, cuando él ya no está entre ellos. Además, ahora que acaba de ser despedida de su trabajo, no sabe en verdad qué hacer con su vida y es un poco una huída hacia adelante, ir allí, celebrar la boda, y comenzar la "vida perfecta que toca".

No os penséis que os he desvelado el argumento, que queda mucha tela que cortar, esto ya lo vamos viendo en las primeras páginas de la novela. La historia va mucho más allá, porque Helena tendrá que aparentar mucho al principio de su vuelta al pueblo, sobre todo con sus hermanos, Silvia y Xavier, pero finalmente dejará que caiga la máscara que traía consigo y entonces empezará a recordar porque era feliz en ese pueblecito tan especial, y se replanteará toda su vida. Sobre todo cuando aparezca Marc en escena, su mejor amigo de la infancia, su primer amor también, y revuelva su vida más aún.

* Tarta de piña, un cafelito, y una novela de Mónica Gutierrez,
una tarde genial!

Marc también ha vuelto al pueblo después de mucho años fuera, casi tantos como los que hace que Helena y él no se han visto. Se fue a estudiar fuera, se suponía que durante un tiempo... Y se perdieron la pista. Pero ahora se han reencontrado y a su mente han vuelto todas las aventuras de pequeños, lo que han vivido, sus sentimientos de pequeños... Y todo se remueve entre ellos... Mark se quiere dedicar al mundo de la uva, algo raro porque en Serralles parece que es un trabajo que no tiene futuro pero Helena se da cuenta de que es su pasión y quiere ayudarlo como sea. Si hace falta poner patas arriba a todo un pueblo lo hará! Total, no tiene nada mejor que hacer, Jofre casi no da señales de vida, y a ella le apetece más ponerse a recoger uvas con Marc que ponerse a buscar su traje de novia...
Me encantaría contar más cositas de la historia pero es que entonces lo desvelaría todo y noooooooooo, hay que descubrirlo a lo largo de sus páginas, porque os vais a encontrar momentos cómicos (por algo es novela feelgood) pero también momentos de ternura, momentos en los que se nos escapará la lagrimita, momentos de añoranza a lugares o situaciones que nosotros también hemos vivido...
Y como siempre no faltarán los lugares mágicos que sólo pueden salir de la mano de Mónica: Una librería extravagante con un dependiente aún más extravagente que ofrece té a sus clientes y libros super especiales y raros, una tienda de flores con un dueño que da miedo y luego será todo un buenazo, una chimenea con chocolate calentito para que se confiesen los tres hermanos entre ellos, un jazmín oloroso en el jardín... ¿Y qué decir de los personajes? Todos muy especiales a su manera, y todos nos llegarán al corazón... Los hermanos de Helena, uno de los alumnos de su madre que es un puro despiste al que todos llaman Eduardo Mendoza y que me hace muchísima gracia porque me encanta este escritor, y es que lo podía visualizar cada vez que salía a escena, los sobrinos, y esos peculiares vecinos del pueblo que propiciarán el cambio de nuestra protagonista.
Sin duda hay que destacar la pluma de Mónica para crear fragmentos de pura poesía dentro de una novela de prosa. Nos describe lugares o situaciones en las que sin duda, nos encantaría estar presentes. Aquí os dejo un retazo:
"A la hora de la siesta, cuando el sol inclemente recluía a todos los habitantes de Serralles en sus casas, nosotros cruzábamos el pueblo a la carrera, con las espardenyas rotas y los pies ligeros para no notar la picazón ardiente de los adoquines. Corríamos sin parar hasta dejar atrás la última casa, la de la señora Montse, la amiga de mi madre, y seguíamos imparables hata cruzar el bosquecillo de abedules. Solo cuando nuestros pies descrubrían la arena suavísima del cauce del río, nos deteníamos para quitarnos las zapatillas. Y así, descalzos, hundiendo con glotonería los dedos de los pies en aquel paraíso de arenas claras, disfrutábamos de la sombra protectora de los helechos gigantes, de los inevitables abetos pirenaicos, de los grandes castaños, hasta que un escalofrío nos cruzaba la espalda empapada de sudor y nos ponía la piel de gallina..."
Como veis, un libro que recomiendo y que apetece muchísimo leer en cualquier época del año, que nos hará sonréir, nos creará nostalgia y nos llevará de la mano por rincones increíbles. Y es que el universo de Mónica Gutiérrez es único! Asistiremos a una evolución de Helena a la que ese verano que forman todos los veranos del mundo cambiará para siempre!

Enlace: https://losauguriosdelaluna...
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Inquilinas_Netherfield
 12 septiembre 2018
Esta reseña sale un poco a traición, porque le dije a su autora que no se enteraría de cuándo hubiese leído su novela, mucho menos de lo que me había parecido, hasta que una mañana se encontrase la reseña en Netherfield sin nocturnidad pero con mucha alevosía. Y he mantenido mi palabra. Pero hoy sí, hoy es el día. Vengo a reseñar Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez, y creo que pocos autores (salvo Jane Austen, patrona del lugar, que tiene nada menos que nueve), pueden presumir de tener hasta cinco reseñas en esta santa casa. Sé que no es su escritora favorita para compartir podio, pero podría ser peor xD. de todos modos estoy en pleno proceso de darle un empujón a su querida Barbara Pym y pronto le hará grata compañía en el olimpo :)
Bueno, al grano, que yo aquí he venido a hablar de Helena. Y de Serralles. de las luces del jardín. de Eduardo Mendoza. de la Comarca librera. de vikingos. de chocolates acogedores a medianoche. de uvas, vino, moños que encorsetan y melenas al viento que liberan. de ojos grises y escritores encantadores rendidos al Romanticismo. de aprendices a cocinero y de aspirantes a ser felices. de vestidos de novia que nadie quiere lucir y flores que cambian de precio según quien las vaya a adquirir. de ausencias que duelen y tés con bollitos de canela a las cinco en compañía de ingleses excéntricos. de hermanos que se adoran y madres que también aman aunque no sepan demostrarlo. de floristerías con nombres en rohírrico que alegran el corazón de una rohirrim como la que escribe. ¡Y de Loki! ¡Team Loki! de ese mundo, en definitiva, que tan bien se le da crear a Mónica: mundos donde las cosas malas y feas son menos malas y feas si se busca la felicidad en los pequeños detalles, si se tiene un libro en la cabeza para cada situación, si se mira lo que se tiene alrededor con los ojos del alma en vez de los de la cabeza, si se hurga en el interior de uno mismo y se sabe comprender lo que ahí se esconde... y se actúa en consecuencia.
Porque ahí está la clave de todo, eso es lo que altera ese pequeño universo que somos cada individuo: en no tener miedo a los cambios, en ser capaces de dar ese paso hacia delante que nos libere de corsés que nadie más que nosotros nos hemos atado con fuerza y andar nuevos caminos con la ropa del alma más holgada y sin apretones. Y Mónica es la maga literaria que todo lo puede: sus protagonistas empiezan con una piedra enorme encadenada al tobillo que las mantiene aferradas a un mundo que no les deja ser ellas mismas, y poco a poco aprenden a mirar alrededor con unos ojos despiertos que hasta entonces habían sido miopes y que les muestran dónde se esconde la llave llave para abrir esas cadenas y dejarlas caer... y te lo cuenta de una manera tan tranquila, elegante, chispeante y reposada que te deja en ko técnico durante un buen rato después de cerrar el libro, con la sonrisa en la boca y la intención de mirar y recorrer el mundo del mismo modo, a ver si cae la breva y te pasan unas cuantas de las cosas que acabas de leer :)
Y es que Helena, la protagonista de Todos los veranos del mundo, vive en su castillo-madriguera, ese que se ha construido para que nada le haga daño y poder vivir una existencia lo más anodina y sin sobresaltos posible. Para ello, como príncipe de la fortaleza se ha buscado a un caballero más anodino todavía a juego con la situación, con el que se percibe desde el principio que está por estar, por comodidad, por costumbre y porque ponerse a buscar otro caballero andante implica una valentía y un cambio que no está dispuesta a asumir. Y se va a casar con él porque se lo ha pedido y es lo que toca, pero vamos, que ilusiones y fanfarrias, las mínimas. Y es que a ver, ¿en qué novela podría casarse Wendy con el juez Dredd, ser feliz y comer perdices? En una de terror, seguro. Y de las malas con final chungo. Se me ponen los pelillos como escarpias xD.
Así que aquí estamos, preparando sin muchas ganas una boda en Serralles, el pueblo donde Helena pasaba sus veranos infantiles y de la adolescencia junto a sus padres, sus hermanos... y Marc. Y este verano, el verano de su boda, duele por una ausencia enorme que pesa en el alma y la anega de añoranza, pero resplandece e ilusiona ante reencuentros que no se sabía cuánto se anhelaban hasta que se hacen realidad y trastornan mundos cuadriculados y esquemas inamovibles. Helena no sabe que, al poner en marcha el coche rumbo a Serralles, también se dirige hacia la mejor versión de ella misma, la que ha encerrado bajo llave y que clama por salir y tomar el mando.
No os voy a hablar de la parte romántica de la historia, nunca lo hago cuando reseño las novelas de Mónica, y por mucho que en esta novela tenga más espacio y más páginas, permanezco fiel a mi modus operandi (que además yo soy muy especialita y el que me ha hecho tilín es Xavier, el hermano de Helena xD). Y sé que esta novela está considerada la más romántica de la autora, la menos feelgood, y en cierto modo es verdad... pero yo leo los libros de esta autora a mi rollo, separando el romance presente en la historia de todo lo demás, porque lo que me fascina de sus libros son otras cosas. Y si despejamos un poco por aquí y por allá, entre las páginas de Todos los veranos del mundo siguen resplandeciendo todas las peculiaridades que a mí me pirran: las alusiones literarias tan específicas que tanto comparto, las excentricidades tan marca de la casa, los momentos de chocolate y las tazas de té, los buenos sentimientos, las librerías especiales con libreros singulares, los momentos del día a día que quedan en la memoria y los despertares a medianoche que se convierten en instantes mágicos en buena compañía.
Todos los veranos del mundo es una historia sencilla, de personas sencillas que buscan (y encuentran) su ventura en las pequeñas cosas y los gestos que a otros, los que no saben mirar, les pasan desarpercibidos. Sabes cómo va a acabar y es lo que menos importa: de lo que se trata es de andar el camino con los habitantes de la trama, ver cómo se hacen grandes conforme pasan las páginas, ver cómo van quitando piedras de la mochila que llevan a las espaldas y aprenden a caminar ligeras sin preocuparse por pisar sobre seguro en todo momento. Además, en esta ocasión la historia está narrada en primera persona, lo que nos acerca más todavía a lo que bulle en la cabeza de la protagonista.
Quien la haya leído antes ya lo sabe. Mónica transmite muy bien, escribe bonito, irradia bienestar y saber estar, y siempre consigue que adoptes a sus personajes, que los hagas tuyos, que te identifiques con ellos y les cojas de la mano en su andadura hacia la felicidad. A Mónica, básicamente, hay que leerla y conocer su literatura, la que lleva dentro, la que ya nos ha mostrado y la que está por venir. Y además hay que hacerle caso en aquellas cosas que son, como os diría yo... imprescindibles para una existencia digna: el té, siempre, ¡siempre!, se debe tomar sin azúcar y, a ser posible, con una nube de leche. ¡Insensatos del mundo que le echáis azúcar al té, aún estáis a tiempo de reconducir vuestras vidas y ver la luz! xD
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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Domiar
 29 agosto 2018
Todos los veranos del mundo, Mónica Gutiérrez.
Hola a todos!!
Agosto va tocando a su fin, otro verano que se acaba.
¿Lo atesoraréis como uno de los larguísimos y azules veranos de vuestra infancia? A la vuelta de la esquina están la vuelta al trabajo, al colegio, la vendimia... Y eso es lo que os traigo hoy, para que aprendáis a vivir en un eterno verano al sol, que decía la canción. Vamos a hablar de Todos los veranos del mundo, de Mónica Gutiérrez. El libro cuya portada ya levanta el ánimo está editado por Roca Editorial en tapa blanda y tiene 204 páginas.
Helena vive pendiente del reloj, de sus trajes oscuros de abogada, de sus calcetines negros que le aportan sobriedad, profesionalidad. de sus tirantes moños de competitiva solvencia legal. de su distante novio, el juez Dredd (perdón, Jofre) con el que va a casarse en breve. Todo está organizado, todo en su sitio, no hay nada fuera de lugar, su vida es metódica, rutinaria, sin sobresaltos, sin colores. Y ella piensa que está bien.
Lo que no está tan bien es llegar a la casa de tu niñez, donde fuiste tan feliz, y ver que tu madre la ha convertido en una especie de academia rural de cocina para pijos. Con un hada sonriente que la recibe al llegar y que cuando no está en el mostrador de recepción debe andar por cualquier convención de hadas, junto a Campanilla y las demás. Eso haría a cualquiera sentirse fuera de lugar, más aún si te cruzas con un completo extraño, el señor "Eduardo Mendoza" que con un aire perdido y despistado se pasea por toda la parte privada de la academia que es de la familia. Si para colmo llevas mucho tiempo sin pasar las vacaciones con tu familia, y piensas que no sabes como lo aguantarás y que no te prestan la suficiente atención tendremos el verano completo.

No está bien que tu madre haya seguido adelante y haya modificado la casa de tu infancia sin consultarte ¿sin consultarte? ¿O es que no estabas pendiente de tu familia...? No está bien que vayas a casarte al final del verano y no tengas vestido de novia... ¿pero qué es peor, no tenerlo o que nadie te haya preguntado por el? No está bien que tu hermana Silvia, la activista de Greenpeace haya llegado con el hacha en alto, dispuesta a soltar hachazos a diestro y siniestro. No está bien que llegue también tu hermano Xavier, el famoso escritor, con tus dos sobrinos Anna, de 12 años y Miquel de 6 y que se esté separando de su mujer. Además, no sabes como tratar a los niños. ¿Y sabéis que más no esta bien? No está bien que vayas a comprar unas flores y un vikingo de dos metros te quiera cobrar mucho más que a otros clientes, te amedrante y te haga llorar en la floristería...

Y lo peor de todo, no está bien que su padre no esté. Que los dejara solos a su mujer y a sus hijos, él, que era el que daba los abrazos, los besos, el cariño y la comprensión y que lo llenaba todo de alegría y de energía, de buenos olores como los que traía siempre que venia de su fábrica de galletas. Aún lo pueden oler, a limón y canela...
No, definitivamente no está bien. Nada está bien. Parece que no todo está tan en su lugar ni tan controlado en la vida de nuestra Helena como ella pensaba.
Para compensar, el universo a veces también hace cosas buenas. Por ejemplo, han abierto una nueva librería en el pueblo, "La biblioteca voladora". El propietario es el ratonil, educado y british señor Strenge. Que además de tener siempre una buena conversación literaria esperando, la acompaña del té (un fuerte y aromático Earl Grey sin azúcar y con una nube de leche) y de unos bollos "delicious". Están Antonio y Milagros, que regentan el bar del pueblo, y que la conocen de toda la vida y llevan tanto tiempo juntos que hasta se parecen físicamente. Y además está Marc. Su compañero de juegos de todos los veranos de su infancia, Marc, que la cogía de la mano para perderse entre las calles, riachuelos y escondrijos de Serralles, para ser felices, para volar, Marc que la llama Wendy...
Todos los veranos del mundo es una novela de lectura rápida, pero creedme, querréis hacerla durar. Los capítulos son cortos y llenos de sentimientos y emociones, hay de todos, buenos y malos, lo normal en la vida. Hablando de vida, la de Helena llega al pueblo hecha unos zorros por muchos motivos y página a página iremos viendo como las diversas piezas del puzle van encajando y vuelve a encontrarse poco a poco. El género es feelgood, y francamente, se agradece un libro así de cuando en cuando, sobre todo cuando se lee tanta novela negra, es una forma de respirar aire fresco, reconciliarse con la vida y cargar las pilas de cara al nuevo curso que comienza, como siempre, después de cada verano. El que éste haya sido uno de los que se atesoran o de los que se olvidan ha estado en vuestra mano de un modo u otro.
TODOS LOS VERANOS DEL MUNDO, NUEVE.
PD: Si un vikingo te regala flores, es que no es Thor...

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Citas y frases (11) Ver más Añadir cita
SandraCPSandraCP09 octubre 2018

No deberíamos magnificar los recuerdos que tenemos de aquellos que ya no están porque corremos el riesgo de engañarnos hasta pensar que solo fuimos felices, que solo aquellas personas nos amaban, nos comprendían u nos hacían sentir bien. Porque no es cierto. Tú y yo tenemos la suerte de que haya un montón de personas que nos quieren y se preocupan por nosotras, y que todavía están aquí. En estos días he entendido que el abuelo no era mejor ni me quería más. Simplemente había mitificado su ausencia y su recuerdo. Y ha sido aquí, en su casa, en sus paisajes, donde he empezado a comprender que nos sentimos tan solos como ciegos nos empeñemos en estar.
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SandraCPSandraCP09 octubre 2018
No puede entenderlo. Aquí se para el tiempo y ninguna noticia importa más que las cosechas de la tierra, la llegada del camión del pescado o las aceitunas la señora milagros. En Serralles el ritmo de la vida se ralentiza y se noblezce, la luz se vuelve dorada y nuestros vecinos que devienen amigos con los que salir a tomar un helado o sentarse en las terrazas de los soportales con un bocadillo de beicon y queso caliente y una cerveza fría.
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SandraCPSandraCP09 octubre 2018
Si en los tribunales me preguntasen bajo juramento qué es la perfección, contestaría sin dudar que una tarde de verano con los pies descalzos, a la orilla de este arroyo, con un palo en la mano y aquel niño era inasequible al desaliento de mi timidez
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SandraCPSandraCP09 octubre 2018
No existe la felicidad absoluta pero son estos pequeños momentos felices -aquí, comiendo un bocadillo de lomo junto a dos niños extraordinarios y un adulto chiflado- los que hacen que valga la pena en la rutina de nuestros días
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sanhezpedsanhezped10 julio 2018
No importa lo lejos que corras a esconderte, la vida acaba por encontrarte
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