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Crítica de SandraCP


SandraCP
09 octubre 2018
Helena es una abogada. Desde hace años trabaja en uno de los más prestigiosos despachos de abogados, MAC, al que dedica prácticamente todas las horas de sus días. Dejándose llevar por "lo normal", se va a casar en unas semanas con Jofre, su novio desde hace años y lo va a hacer en el pueblo de su padre, Serralles, donde pasó los veranos de su infancia. Desde que este murió, no ha vuelto por allí por el miedo a su pérdida.

En esta ocasión, decide aventurarse sola, unas semanas antes de la boda, quizá para enfrentarse a sus miedos o quizá para controlar a su familia. Nada más llegar se da cuenta de que lo segundo va a ser imposible. Su madre ha modificado la casa para añadir un nuevo módulo en el que ha montado una escuela de cocina para turistas. Su hermana Silvia sigue a la defensiva atacándola por trabajar para unos abogados que defienden a petroleras y corruptos. Su hermano Xavier mantiene su carácter de escritor decimonónico y trae a sus hijos, con los que Helena no encuentra nada de qué hablar.

Pero también encontrará nuevas sorpresas como la apertura en la plaza del pueblo de "La biblioteca voladora", una pequeña librería regentada por un extraño ser con acento inglés en la que podrá encontrar refugio gracias a su té negro con una nube de leche, sus bollos delicious y sus libros fuera de las novedades comerciales. Además, se topará de golpe con un recuerdo del pasado, Marc, su amigo de la infancia, con el que recorría el pueblo entero y alrededores, con el que se escapaba al río a montar grandes batallas. Marc, al que había perdido de vista hace más de veinte años. Su fiel compinche Marc. Pero estas novedades las descubrirá más tarde.

Nada más llegar a Serralles y antes siquiera de ver a su familia, Helena recibe el calor de algunos de sus vecinos, apenas unos conocidos, pero que saben ver dentro de ella la coraza que lleva puesta. Como bien dice su hermano Xavier en algún momento, quien siempre logra encontrar la referencia literaria perfecta en cada momento, Helena es la chica que juega disfrazarse de Reina de las Nieves. La sensación de esa Helena fría y distante se acentúa cuando llega a casa y se encuentra con su familia. En primer lugar, el recuerdo que tenía de la casa salta por los aires nada más ver la silueta y detectar un nuevo edificio adyacente. Más tarde descubrirá que su madre ha montado una escuela de cocina para aprovechar el tirón turístico de la zona, lo que conlleva que en el vestíbulo de casa haya casi siempre una recepcionista y que los alumnos campen a sus anchas por las dependencias del hogar de sus recuerdos.

Con el paso de los días, Helena descubrirá que, quizás, su estancia en Serralles la esté cambiando, con pequeños gestos como dejar que los pies pisen la hierba, soltar su moño de abogada y dejar caer su melena o disfrutar de un bocadillo de bacon en los soportales de plaza.

Probablemente, habrá quien piense que Helena, al inicio, es una pesimista, una persona cerrada que no entiende ni se esfuerza por entender a su familia. Para mí, Helena es una pieza más de esta sociedad urbanita en la que vivimos en la que nos centramos en nuestro trabajo, con jornadas maratonianas y un ritmo de vida infernal. Esa lejanía de su familia y de la situación actual de cada uno de la que tanto se queja porque nadie le cuenta nada (¡madre mía, cuántas veces pronuncio yo esa frase a lo largo del año en mi familia!) es algo aceptado por ella, deja caer la relación con la gente que la quiere por falta de tiempo y, sobre todo, por miedo a la incomprensión por su tristeza tras la muerte de su padre. Aunque Helena me ha encantado (especialmente, su evolución) vive rodeada de una serie de personajes maravillosos que no puedo evitar mencionar: sus hermanas Xavier y Silvia que son tan diferentes pero tan complementarios, sus sobrinos Anna y Miquel, su madre, el misterioso alumno de la escuela de cocina que merecería casi una historia aparte, el librero inglés recién llegado al pueblo siempre preparado para una conversación sobre literatura, el vikingo con el ceño fruncido y Marc, su amigo de la infancia.

Aunque los personajes son maravillosos, lo que más me ha gustado de ellos es la idea central del cambio de actitud de Helena conforme van pasando los días en Serralles. de la tensión con la que llega, se va relajado poco a poco gracias a las conversaciones con sus hermanos y con Marx, las visitas a la librería. Comparte lo que le preocupa, verbaliza y pone en común recuerdos de su infancia y se convierte más en ella misma. En resumen, aprende a valorar los pequeños detalles.

Pero, sin lugar a dudas, lo que me ha hecho desconectar del mundo y suspirar es la ambientación en Serralles, el pueblo de la infancia de Helena. Me siento orgullosa de reconocer que yo, como ella, he pasado todos los veranos de mi infancia en mi pueblo y, desde el primer momento, he visto reflejados tantos y tantos detalles de mi vida que era imposible no cerrar los ojos y recordar. Sin duda, se nota que es una novela auténtica con experiencias reales en las que cualquier persona que ha pasado por eso, puede reconocerse. Detalles como el cariño de la gente que apenas ves alguna vez al año pero que te conocen mejor que algunos que te ven todos los días, las excursiones a la montaña con el almuerzo en la mochila, coger la bicicleta y perderte por las calles del pueblo o por los caminos cercanos, las reuniones en la terraza del bar en las que se fraguan grandes planes, los bocadillos de lomo con queso que salvan el mundo, el olor del monte en pleno verano, el rumor de un río, el respirar fuerte al llegar como si quisieras renovar todo el aire de tus pulmones, desconectar de todo lo que ocurre fuera de allí, esos vecinos que te echan una mano cuando lo necesitas. No sé cómo lo ha conseguido pero lo ha reflejado de lujo, tanto que mi mente viajaba del Serralles imaginario de Mónica al Codesal de mis vivos recuerdos.

Siendo un libro de Mónica, no pueden faltar los detalles metaliterarios. Desde los más evidentes como "La librería voladora" donde refugio de madera y libros, un oasis protector tan alejado de la ciudad que ya apenas recuerdo su ruido infernal, donde charlar con su peculiar propietario de libros tan especiales como él, a los cientos de referencias que se intercalan entre los párrafos entre las que destacan la Wendy de Peter Pan, el mito de Helena de Troya y Paris o el Señor de los Anillos.

Llegados a este punto, creo que sobra decir lo mucho que me ha gustado. Iba con miedo a tener las expectativas muy altas y que me defraudara por ser demasiado parecido a otros libros de la autora con los mismos esquemas o los mismos personajes pero la sensación la olvidé completamente en las primeras páginas. Es posible que haya señas similares a otras novelas suyas como las referencias metaliterarias, las comparaciones de algunas chicas con hadas (en este caso, también hay un par de hadas del bosque rondando a Helena) o jardines increíbles en los que parece que puedes oler las flores. Pero, para mí, Helena es una protagonista muy novedosa ya que, hasta ahora todas nuestras chicas* habían tenido algún problema o trauma del que tenían que recuperarse pero ella no. Helena se muestra como una mujer fuerte y dura que puede con todo, y por tanto, es la que más tiene que aprender de todas. También habrá quien piense que es una novela previsible y, probablemente, tengan razón pero lo que importa no es el fin sino el camino. Sé que ha quedado muy filosófico pero es sencillo de entender. Con bien demuestra esta novela y cualquier otra de feel good, la felicidad está en los pequeños placeres y los ratitos de disfrute que me ha dado este libro hace meses que no me los daba ningún otro. Además, está historia transmite felicidad y, como es lógico, no puede tener un mal final. Como dice una amiga, bastante dura es la vida como para leer libros que no sean happy ending.

En conclusión, si queréis pasar un buen rato de lectura y recordar los veranos de vuestra infancia, no dudéis en acercaros a Serralles para conocer a Helena y su familia. Con ellos descubriréis que los pequeños gestos como sentarte a la sombra de las glicinias o dejar caer tus sandalias para posar tus pies sobre la hierba puede ayudarte a cambiar tu visión del mundo.
Enlace: http://miviajeliterario.blog..
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