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ISBN : 8483835304
Editorial: Tusquets (01/01/2009)

Calificación promedio : 4.07/5 (sobre 58 calificaciones)
Resumen:
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la Selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo L... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (14) Ver más Añadir una crítica
Mariano72
 07 agosto 2022
Tiene todo lo que me gusta en un libro: una historia que no podés dejar de leer, un personaje espectacular como Antonio J
osé Bolivar Proaño, una enseñanza de lo tétrico de la invasión del hombre “blanco” en el Amazonas, un aprendizaje de cómo viven los Shuar en la Amazonia ecuatoriana y la “convivencia” entre la flora y la fauna espectacular en la selva latinoamericana.
Gran libro del autor chileno.
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rafaperez
 04 abril 2022
Cuando en mi reseña de Pedro Páramo digo que la ecuación esfuerzo/ recompensa no me sale a cuenta, en mi insuficiencia, argumento desde la razón.
Le pese quien le pese, mientras que a Rulfo parece que se le cayó el manuscrito y no lo supo ordenar, Sepúlveda ha sido poseído por el demonio de la transparencia.
Esta es la gran diferencia. La capacidad de un autor de facilitar al lector su propuesta, sin renunciar a la palabra exquisita y a la " locura" de un realismo mágico, que se me ha metido muy adentro.
Pese a estar avisado en otras reseñas, acudí al libro tan sólo unos días después de la extracción de mi 47.
Puntos de sutura y un hueco en plena cicatrización se hacen más llevaderos con el barbero/cirujano/dentista/ torturador/ traficante de novelas de amor que desembarca en El Idilio justo al comienzo de la novela, logrando las delicias de los lugareños y de mi cercana memoria.
Haciendo de muela corazón, me adentro en el amazonas sin tener ni puñetera idea de donde me estoy metiendo. Pero, en lugar de hacerlo como un gringo en una armería, soy cauteloso, y voy pisando con respeto la maravillosa selva de palabras que el chileno pone a mi disposición.
Afortunadamente me dejo llevar por la fuerza de Antonio José Bolívar Proaño y de su mano contemplo el estallido de colores, sonidos, olores, flora y fauna .
Aquí el intruso soy yo.
El personaje de Sepúlveda me enseña la soberbia del humano civilizado en un medio que desconoce, que malinterpreta y devasta.
Y como la naturaleza, harta de que la corrompan, llora y herida de muerte.
Ataca.
Toda vez que la mezcla de analgésicos, vino y mensaje logran su equilibrio (que no el mío) disfruto también de otros aspectos del texto.
El protagonista, sus rasgos, estilo de vida, peculiaridades, y en especial su forma de relacionarse con el entorno.
Hombre que lee de pie, en voz alta, como un niño que está aprendiendo, y con una inmensa capacidad de entender aquello que no ha visto o desconoce.
¿Cómo no sentir empatía por el viejo Proaño? ¿Cómo no va a trascender el dolor de la tesitura a la que tendrá que enfrentarse?
¡Cómo no sentirlo en mi propia piel!
Me encuentro muy a gusto con este tipo de autores que desde la brillantez y el orden, muestran una Latinoamérica profunda, que ya empiezo a tocar con la punta de mis dedos.
Librito que denuncia como arrasamos con todo, incluso entornos que ni nos molestamos en comprender.
A ver si con suerte, dejamos de hacer sangrar a la madre tierra.
Aunque esto está más jodido, pues nos sentimos cómodos con la autodestrucción.
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Alvarohernandez_81
 15 abril 2022
Que grande Antoni José Bolívar Proaño y como se lo pasa en grande leyendo novelas de amor.
Partiendo de la base que la novela transcurre en medio de la Amazonía y me pirran las novelas de aventuras, tenía todas las papeletas de gustarme. Tendré algún descendiente de Indiana Jones, que se yo.
Tengo que reconocer que se me ha quedado corta pero como dicen; los buenos perfumes vienen en frascos pequeños.
Un homenaje a la naturaleza y a la lógica abrumadora con la que actúa. Porque incuestionableme todo aquél que intente dañarla, la naturaleza se defenderá.
Un libro breve y hermoso que merece mucho la pena leer, puesto que fomenta el amor a la lectura y la naturaleza.
Lectura altamente recomendable. Punto final.
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Carampangue
 04 marzo 2019
Con Un Viejo que leía novelas de amor (Tusquets, Barcelona, 1997, 35° ed.) estamos ante una novela que a todo el mundo le gusta: muy leída, editada, premiada, llevada al cine, y que ha sido además valorada positivamente por la crítica. No obstante, es una novela que presenta debilidades notorias, de las que se habla muy poco y que revisaremos aquí.
Luis Sepúlveda es un viajero incansable, y esta novela nace a partir de su experiencia junto a los indios shuar, en la selva amazónica. En ella se revela un profundo conocimiento de la selva, así como de las costumbres y la visión de mundo propia de ese pueblo. de hecho, ella es la gran protagonista del libro, y a través de ella se vertebra toda la historia.
El autor presenta aquí un texto que presenta muchas características de fábula. Toda ella es un alegato ecológico en favor de la selva amazónica, y sus personajes y peripecias se van desarrollando en función de la propuesta ideológica del autor. El protagonista es Antonio José Bolívar Proaño, un viejo residente de El Idilio, un pueblito costero en el linde de la selva. Se trata de un hombre que viajó a la selva junto a su mujer, como colono, pero fue incapaz de convivir con el difícil ambiente selvático: pasaron hambre, temieron por su casa y su vida muchas veces, y finalmente terminó perdiendo a su mujer, víctima de una enfermedad tropical. Cuando estaban desesperados, y enfrentándose a una selva que no comprendían, los shuar les prestaron ayuda.
Antonio, ya viudo, vive una temporada con los shuar, donde aprendió a conocer y respetar la selva. Se vuelve en amigo de los shuar (“eres como nosotros, pero no uno de nosotros”, le repiten), y en su retorno al pueblo ya no es el mismo hombre, sino uno más curtido, mejor conocedor de la selva y más sabio, enriquecido por el contacto con la naturaleza y un pueblo que la conoce bien. Siendo ya un viejo, Antonio se verá obligado a luchar contra una hembra de tigrillo que ha enloquecido y amenaza con atacar al poblado. Viajará junto a un grupo de conocedores de la selva, a quienes se suma el alcalde del pueblo, un hombre obeso, corrupto e incompetente; no obstante, terminará su viaje en solitario, enfrentado al animal más peligroso de la selva, sin desear luchar contra él, pero sin opción de evitarlo.
Antonio es un personaje sorprendente: no sabe escribir más que su nombre, y con dificultad, y solamente es capaz de leer juntando las letras, pese a que hace años ya que la lectura de historias románticas es su único pasatiempo. A pesar de ello, cuando habla lo hace con largos párrafos, frases complejas y un vocabulario variado y preciso, sobretodo cuando habla de la selva. Antonio José Bolívar no habla como un campesino de un pueblito perdido en la selva, sino más bien habla como Luis Sepúlveda. Se manifiesta, por otra parte, infalible en el conocimiento de su territorio (por cierto, invariablemente sus interlocutores fallan en ese conocimiento), además de mostrarse como un hombre de admirable consistencia moral, y una parquedad viril y austera que impone respeto al resto. Un Gary Stu* de la tercera edad, digamos.
Por otra parte, los hombres de la ciudad representan toda la barbarie, ignorancia y prepotencia de eso que llamamos civilización. Ya sean los turistas gringos que, en su arrogancia infantil, se ponen en peligro a sí mismos y a los demás, sean aventureros embrutecidos que destrozan la naturaleza y agreden a los indios de los que habrían podido aprender, sea un alcalde inepto, autoritario pero servil con los poderosos, que representa la estupidez burocrática. Siempre los blancos, o los que vienen de la ciudad, se encuentran ante un ambiente que desconocen, que son incapaces de comprender y ante el cual sólo saben reaccionar destruyéndolo, como niños con escopetas.
De hecho, no es casual que la escopeta simbolice precisamente esto: la violencia brutal, ruidosa y destructora del bruto que cree sabérselas todas, el arma que no respeta a nadie y que es tratada de “bestia de metal indeseada por todas las criaturas” al final de la novela. Este maniqueísmo de indios y naturaleza buenos v/s blancos y citadinos malos es una constante que empobrece la lectura y que le quita profundidad al texto, acercándonos al mundo del sermoneo: parece que Luis Sepúlveda quiere darnos una lección en vez de actuar como un novelista.
Sin embargo, estamos ante una novela a pesar de todo: una novela de la selva, ante la cual Sepúlveda se muestra como un artista de verdad. Su descripción de la selva, y más aún, su incorporación en la historia como un personaje más, que ha de ser respetado y escuchado, bajo pena de caer víctima de tu propia torpeza es magistral. El tratamiento que le da el autor a la selva es espléndido, y quizá sea porque no nos la está contando: nos está llevando a ella. Luis Sepúlveda respeta profundamente a los otros, a los shuar y a la Amazonía, y cuando nos habla de ella, nos la muestra sin las anteojeras de un hombre occidental, sino con la comprensión cabal del hombre que vive en la naturaleza, y porque es su casa, no tolera que otros le falten el respeto.
*Si te preguntas qué es un Gary Stu, puedes consultarlo aquí: https://www.inteligencianarrativa.com/10-caracteristicas-convierten-personaje-una-mary-sue/
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IsaMtnez
 17 septiembre 2020
Llevaba años esperando su momento. Pacientemente reposaba en su espacio en la estantería y era testigo de como me decantaba por otros en vez de por él. Los últimos meses ha estado en una caja junto a sus compañeros de balda, en buena compañía pero ya con un poco de impaciencia por llegar a su nuevo hogar. Las circunstancias han hecho que saliera antes de tiempo a hacerme más ameno el confinamiento y a darme una lección. Me queda claro que tengo que empezar a dar prioridad a todos los libros que tengo pendientes, ahora es cuestión de ponerlo en práctica.
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Es triste, muy triste, que el fallecimiento del autor haya sido el empujón que necesitaba para leerlo. Tantos años esperando su momento para que haya tenido que ser en estas circunstancias. Pero, como se suele decir, no hay mejor homenaje que leer su obra. ¿Pensáis también así? No lo dudé ni un momento, busqué entre todas las cajas hasta que lo encontré y lo leí en muy buena compañía. @rcanedom , @crismartinpetrus , @y4zuric @francesca.arteterapia y @soffficastillo me han acompañado en este viaje.
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‘Un viejo que leía novelas de amor' me ha parecido un canto de amor hacia la naturaleza y los animales. Una crítica hacia los humanos que siempre se han creído con más derechos de los que les corresponden. Eso lo encontramos en la superficie y si seguimos ahondando nos encontramos una crítica al consumismo, a la avaricia y al materialismo. Mirad a vuestro alrededor, ¿realmente necesitais todo lo que tenéis? Antonio José Bolivar Proaño demuestra que se puede ser feliz con muy poco. Solamente necesita una novela de amor, el sonido de los animales y la naturaleza.
Ha sido un acierto leer este libro en este momento por el que estamos pasando. Ha sido su momento, lo tengo muy claro.
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Luis Sepúlveda me ha conquistado con su bonita forma de escribir y con todas las reflexiones que ha despertado en mi interior. He tardado en descubrirlo, en unas circunstancias que no quería, pero no tardaré en seguir ahondando en su obra.
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Citas y frases (12) Ver más Añadir cita
Alvarohernandez_81Alvarohernandez_8114 abril 2022
La vida en la selva templó cada detalle de su cuerpo. Adquirió músculos felinos que con el paso de los años se volvieron correosos. Sabía tanto de la selva como un shuar. Era tan buen rastreador como un shuar. Nadaba tan bien como un shuar. En definitiva, era como uno de ellos, pero no era uno de ellos.
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rafaperezrafaperez29 julio 2022
Los gobiernos viven de las dentelladas traicioneras que les propinan a los ciudadanos.
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Mamen212Mamen21227 junio 2022
Nadie consigue atar un trueno, y nadie consigue apropiarse de los cielos del otro en el momento del abandono.
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Mamen212Mamen21202 julio 2022
Con los años llega la sabiduría, y él esperó, confiando en qué tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que estos tendían a menudo.
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Alvarohernandez_81Alvarohernandez_8115 abril 2022
Había desayuno temprano y sabía de los convenientes de cazar con el cuerpo pesado. El cazador ha de ir siempre un poco hambriento, pues el hambre agudiza los sentidos.
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Videos de Luis Sepúlveda (3) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Luis Sepúlveda
Participan: Carmen Yáñez, Federica Matta, Bruno Serrano, Yuri Soria y Víctor de la Fuente. Organiza: Cámara Chilena del Libro
Domingo 6 de diciembre 2020
Luis Sepúlveda fue un destacado escritor, guionista y director de cine, apasionado por las diferentes culturas.
Fue autor de una veintena de novelas, guiones y ensayos, convirtiéndose en un fenómeno literario con “Un viejo que leía novelas de amor”, novela que se tradujo a más de 60 idiomas y alcanzó los 18 millones de libros vendidos. Con guión propio del escritor y bajo dirección del australiano Rolf de Heer se hizo película.
También escribió “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”, “Mundo del Fin del Mundo”, “Patagonia Express”, “Fin de Siglo”, y su última novela, “Historia de una ballena blanca” del 2019.
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