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ISBN : 8483835304
Editorial: Tusquets (01/01/2009)

Calificación promedio : 3.77/5 (sobre 13 calificaciones)
Resumen:
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar (mal llamados jíbaros), y con ellos aprendió a conocer la Selva y sus leyes, a respetar a los animales y los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo como ningún blanco jamás pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -«del verdadero, del que hace sufrir»- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo L... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (6) Ver más Añadir una crítica
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 04 marzo 2019
Con Un Viejo que leía novelas de amor (Tusquets, Barcelona, 1997, 35° ed.) estamos ante una novela que a todo el mundo le gusta: muy leída, editada, premiada, llevada al cine, y que ha sido además valorada positivamente por la crítica. No obstante, es una novela que presenta debilidades notorias, de las que se habla muy poco y que revisaremos aquí.
Luis Sepúlveda es un viajero incansable, y esta novela nace a partir de su experiencia junto a los indios shuar, en la selva amazónica. En ella se revela un profundo conocimiento de la selva, así como de las costumbres y la visión de mundo propia de ese pueblo. de hecho, ella es la gran protagonista del libro, y a través de ella se vertebra toda la historia.
El autor presenta aquí un texto que presenta muchas características de fábula. Toda ella es un alegato ecológico en favor de la selva amazónica, y sus personajes y peripecias se van desarrollando en función de la propuesta ideológica del autor. El protagonista es Antonio José Bolívar Proaño, un viejo residente de El Idilio, un pueblito costero en el linde de la selva. Se trata de un hombre que viajó a la selva junto a su mujer, como colono, pero fue incapaz de convivir con el difícil ambiente selvático: pasaron hambre, temieron por su casa y su vida muchas veces, y finalmente terminó perdiendo a su mujer, víctima de una enfermedad tropical. Cuando estaban desesperados, y enfrentándose a una selva que no comprendían, los shuar les prestaron ayuda.
Antonio, ya viudo, vive una temporada con los shuar, donde aprendió a conocer y respetar la selva. Se vuelve en amigo de los shuar (“eres como nosotros, pero no uno de nosotros”, le repiten), y en su retorno al pueblo ya no es el mismo hombre, sino uno más curtido, mejor conocedor de la selva y más sabio, enriquecido por el contacto con la naturaleza y un pueblo que la conoce bien. Siendo ya un viejo, Antonio se verá obligado a luchar contra una hembra de tigrillo que ha enloquecido y amenaza con atacar al poblado. Viajará junto a un grupo de conocedores de la selva, a quienes se suma el alcalde del pueblo, un hombre obeso, corrupto e incompetente; no obstante, terminará su viaje en solitario, enfrentado al animal más peligroso de la selva, sin desear luchar contra él, pero sin opción de evitarlo.
Antonio es un personaje sorprendente: no sabe escribir más que su nombre, y con dificultad, y solamente es capaz de leer juntando las letras, pese a que hace años ya que la lectura de historias románticas es su único pasatiempo. A pesar de ello, cuando habla lo hace con largos párrafos, frases complejas y un vocabulario variado y preciso, sobretodo cuando habla de la selva. Antonio José Bolívar no habla como un campesino de un pueblito perdido en la selva, sino más bien habla como Luis Sepúlveda. Se manifiesta, por otra parte, infalible en el conocimiento de su territorio (por cierto, invariablemente sus interlocutores fallan en ese conocimiento), además de mostrarse como un hombre de admirable consistencia moral, y una parquedad viril y austera que impone respeto al resto. Un Gary Stu* de la tercera edad, digamos.
Por otra parte, los hombres de la ciudad representan toda la barbarie, ignorancia y prepotencia de eso que llamamos civilización. Ya sean los turistas gringos que, en su arrogancia infantil, se ponen en peligro a sí mismos y a los demás, sean aventureros embrutecidos que destrozan la naturaleza y agreden a los indios de los que habrían podido aprender, sea un alcalde inepto, autoritario pero servil con los poderosos, que representa la estupidez burocrática. Siempre los blancos, o los que vienen de la ciudad, se encuentran ante un ambiente que desconocen, que son incapaces de comprender y ante el cual sólo saben reaccionar destruyéndolo, como niños con escopetas.
De hecho, no es casual que la escopeta simbolice precisamente esto: la violencia brutal, ruidosa y destructora del bruto que cree sabérselas todas, el arma que no respeta a nadie y que es tratada de “bestia de metal indeseada por todas las criaturas” al final de la novela. Este maniqueísmo de indios y naturaleza buenos v/s blancos y citadinos malos es una constante que empobrece la lectura y que le quita profundidad al texto, acercándonos al mundo del sermoneo: parece que Luis Sepúlveda quiere darnos una lección en vez de actuar como un novelista.
Sin embargo, estamos ante una novela a pesar de todo: una novela de la selva, ante la cual Sepúlveda se muestra como un artista de verdad. Su descripción de la selva, y más aún, su incorporación en la historia como un personaje más, que ha de ser respetado y escuchado, bajo pena de caer víctima de tu propia torpeza es magistral. El tratamiento que le da el autor a la selva es espléndido, y quizá sea porque no nos la está contando: nos está llevando a ella. Luis Sepúlveda respeta profundamente a los otros, a los shuar y a la Amazonía, y cuando nos habla de ella, nos la muestra sin las anteojeras de un hombre occidental, sino con la comprensión cabal del hombre que vive en la naturaleza, y porque es su casa, no tolera que otros le falten el respeto.
*Si te preguntas qué es un Gary Stu, puedes consultarlo aquí: https://www.inteligencianarrativa.com/10-caracteristicas-convierten-personaje-una-mary-sue/
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Andrews
 23 febrero 2019
Esta breve novela (apenas 130 páginas) me ha dejado un muy buen sabor de boca. al principio, he de reconocer, que leyendo el prologo me esperaba una novela mucho más guerrera y con un trasfondo crítico mucho más pronunciado. Sin embargo al leer la novela en sí, en mi opinión, la parte crítica o de denuncia está bastante equilibrada con lo que se podría denominar homenaje. Denuncia en lo referente a la explotación de los humanos (en este caso por parte de los gringos) de las zonas naturales y selváticas de Latino América y homenaje a la naturaleza y a la lógica aplastante con la que actúa. Porque evidentemente todo aquel quiera saltar o agredir lo natural( esto es: ir contra natura) la naturaleza responderá de manera clara pero también muy lógica. Me atrevo a definir esta obra como Novela Ecologista.
La novela tiene una estructura muy sencilla así como la historia que relata, que básicamente es el relato de un hombre que pasó de vivir en la civilización a vivir con una tribu Shuar en consonancia y en total respeto a la naturaleza en la que aprendió la “lógica de la selva” y de la que finalmente salió para volver a vivir en la “Civilización” en la cual intenta subsistir al mismo tiempo que descubre una nueva pasión, las novelas de amor.
A mi modo de ver esta obra se puede considerar una novela de transición, ya que la lectura del texto no requiere de mucha implicación y resulta una lectura muy agradable sin tener que estar muy “metido” en el libro. Este aspecto también está propiciado por la poca extensión del mismo, lo cual es otro mérito del autor Luis Sepúlveda ya que en mi opinión es muy complicado dar con la extensión precisa de cada Historia-Libro y Sepúlveda en este caso lo ha logrado.
Puedo, sin ningún miedo, recomendar la lectura de esta novela a cualquiera que le interese el tema de la Amazonía o el respeto a la Naturaleza, o quizá que quiera un entretenimiento que no le lleve mucho tiempo y que sea de una calidad más que razonable.
Enlace: http://unrincondeopinion.blo..
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lectoraaburrida
 24 junio 2019
Sigo con mi maratón de Luis Sepulveda con este afamado libro y puedo decir que me ha gustado muchísimo.
Sí, sé que el libro está lleno de estereotipos (el blanco malo y el indio bueno) pero más allá del mensaje (a ratos excesivo) es cómo nos cuenta la historia. Y ahí es donde radica la belleza de este texto. Cómo la selva se nos describe prácticamente como el principal protagonista, más aún que Proaño.
No dejaba de recordarme este personaje a otro de una afamada novela española, Don Cayo, de Miguel Delibes. Salvando las distancias culturales y de ubicación, al final los autores nos quieren contar prácticamente lo mismo. Sobrevive el más fuerte y no siempre ese es el que tiene más recursos a su alcance.
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pasiondelalectura
 16 abril 2019
Un libro "lindo" que deja enseñanza y se lee como una fábula. Probablemente que el autor, ex globe-trotter, deja muchas de sus vivencias.
También me gustó la película del 2001 con Richard Dreyfuss en el rol estelar.
Es un librito que tengo que releer.
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encarnipm
 15 octubre 2018
Ha sido una bonita historia, el protagonista ha llevado una vida curiosa e interesante. Las descripciones y las escenas relatadas y la forma de narrarlas ha sido muy agradables, lo recomiendo!
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