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ISBN : 8423342301
Editorial: Austral (16/03/2006)

Calificación promedio : 4.31/5 (sobre 75 calificaciones)
Resumen:
Daniel el Mochuelo intuye a sus once años que su camino está en la aldea, junto a sus amigos, sus gentes y sus pájaros. Pero su padre quiere que vaya a la ciudad a estudiar el Bachillerato. A lo largo de la noche que precede a la partida, Daniel, insomne, con un nudo en la garganta, evocará sus correrías con sus amigos ?Roque el Moñigo y Germán el Tiñoso? a través de los campos descubriendo el cielo y la tierra, y revivirá las andanzas de la gente sencilla de la ald... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (14) Ver más Añadir una crítica
MarioG17
 11 febrero 2020
El camino, de Miguel Delibes, es un libro que había sido de mi madre. de hecho, tiene la parte interior de la portada y de la contraportada llena de letras de canciones de la época que ella transcribía de su puño y letra. Dentro del libro he encontrado un mini calendario de 1986 y un papelito donde mi madre guardó el número de teléfono fijo de un familiar lejano. Con todo este contexto comencé a leer este libro que tantos recuerdos me trae aunque no me haya pertenecido a mí directamente.
Esta novela está protagonizada por Daniel, el Mochuelo, un chico que vive en un pueblo español y que, al cumplir los once años, se va por voluntad de su padre a la ciudad a estudiar el bachillerato. La novela comienza con Daniel acostado en su cama, en la que será la última noche que duerma en su pueblo. El resto de la novela es esa noche. Y el último capítulo ya es de día, cuando Daniel se ha dado cuenta de que ha pasado toda la noche pensando en toda su vida en el pueblo y que no ha dormido nada el mismo día que se va a la ciudad.
Con una fuerte presencia de la vida rural, como en muchas obras de Delibes, Daniel va repasando su infancia en un pueblo que no fue ajeno a la Guerra Civil española, durante la cual se camuflaban en mitad del campo intentando eludir los bombardeos, se suceden las descripciones y la historia del pueblo y de sus habitantes, algunos con motes altisonantes como la Guindilla mayor, una cotilla de mucho cuidado que, al mismo tiempo, es la más devota cristiana del pueblo (Delibes para los motes también es un hacha, porque en Las ratas había un personaje parecido a la Guindilla mayor a la que llamó el Undécimo Mandamiento).
La novela se clausura con la entrada en la vida adulta del pequeño Daniel, que ha visto pasar por sus recuerdos aquellos días en que conoció a la Mica, una muchacha diez años mayor que él de la que se enamoró, o la Uca-uca, una chica de su edad que estaba loca por él y a la que despreció primero y apreció después, o a aquel vecino del pueblo que se marchó a trabajar a América y se hizo rico (el padre de la Mica), o el cura, que pierde ese sambenito de represión religiosa para encarnar la bondad humana (de hecho, el narrador siempre se refiere a él como “don José, que era un gran santo”). Aunque, todo hay que decirlo, la Guindilla mayor ejerce de embajadora de la moralidad religiosa imperante en la época y llega a preguntar al benévolo cura: “Padre, ¿es que se puede ser bueno sin creer en Dios?”.
Casi al final de la novela, Daniel rememorará la muerte accidental de uno de sus mejores amigos, si no el mejor, y empezará a ser consciente de la existencia de la muerte, de que todos acabarán muriendo, incluso él, o la Mica, o la Uca-uca, cuyas muertes parecen tan lejanas e improbables. Y esta escena me recordó a un párrafo de una entrevista que leí hoy mismo (estoy escribiendo esta reseña a principios de 2019 aunque se publique a finales de año, así que la entrevista es de estas fechas también). Una entrevista a Luisgé Martín en La Razón, donde el autor de El amor del revés dice: “A partir de una determinada edad, que en general suele ser la de la adolescencia, la de la pubertad, la de los 12, 13 años, es cuando uno empieza a tener consciencia de que las cosas se pierden y no se consiguen. Es cuando se descubre el amor por un lado y la muerte por otro”.
Me esperaba una novela del estilo de Las ratas, y en cierto sentido se le parece muchísimo, pero esta tiene un aura mágica que envuelve la historia e impregna enteramente esta historia a priori tan sencilla, pero tan espléndida. Toda la novela es el compendio de los recuerdos de Daniel, que dice adiós a su infancia en una noche inevitablemente emotiva para él. Delibes ha conseguido que se me coja un nudo en la garganta con esta oda a la infancia que también está tan llena de tristeza, de melancolía, de nostalgia. Desde luego, Delibes es de mis escritores favoritos desde que me deslumbró con Cinco horas con Mario. Y ahora ha vuelto a hacerlo, desde otro ángulo le ha marcado un gol olímpico a mis emociones. Gracias, don Miguel.
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LEMB
 21 diciembre 2020
Publicado en 1950, está considerada la primera incursión del autor en el género literario de novela. Es una novela en la que se aúnan realismo social y novela de aprendizaje, y en la que se nos habla de la vida en una pequeña aldea castellana, en los años posteriores a la Guerra Civil. Se asocia esta historia con el pueblo de Cantabria donde pasaba los veranos Miguel Delibes (Cantabria formaba parte de Castilla hasta el año 1981, si no me equivoco).
¿Qué me he encontrado en El camino? Imaginaos un chiquillo de once años que ha pasado toda su vida en su aldea, en ese pequeño y limitado mundo, rodeado de la gente que conoce y del entorno donde se encuentra seguro. Ese niño se acuesta con miedo, sabiendo que al día siguiente su vida va a cambiar porque se va a ir a estudiar a la ciudad. Él no quiere, pero el afán de superación de su padre, que es quesero, le obliga a dar ese paso. Esta decisión ha condicionado su vida. Ese niño, nervioso, intenta dormir con la mente bullendo, llena a rebosar; piensa en lo que conoce, sus amigos, sus amoríos, las gentes del pueblo, su día, su mundo... y va dando un repaso a sus recuerdos y a su entorno, y ese repaso es el camino que le ha llevado a él, Daniel el Mochuelo, a encontrarse donde está. También podría determinarse que ese momento es el comienzo de su camino, el camino que tomará Daniel para conformar su vida.
Está escrito como reflexiones y recuerdos, y lo maravilloso de este texto es cómo percibe el niño todas esas reflexiones. El narrador, como buen observador y comprendiendo las limitaciones del Mochuelo, acompaña el texto con alguna que otra aclaración y algún que otro recuerdo que explique y amplifique lo que nuestro niño va pensando, y recordando.
Con esos pensamientos, se nos describe una época increíble, llena de vitalidad y aprendizaje, desde la humildad y sencillez de una vida en una pequeña y apartada aldea, que el mismo narrador llama vulgar y pequeña; una vida ya casi perdida y lejana, donde las prioridades eran otras, y donde cada habitante, con su apodo y su realidad, conforma un compendio de sabiduría rural y vital. Tiene el valor de mostrar tanto partiendo únicamente de ese miedo de Daniel el Mochuelo al cambio y a la pérdida de su existencia tal y como lo conoce.
En la historia se juega con dos planos temporales: el cercano, que es esa noche previa al viaje, y el lejano, o evocado, que confluye el groso del texto, y nos habla de la vida en ese microcosmos de Daniel, que es su aldea. Además, la novela tiene una estructura circular, ya que comienza en un momento y vuelve a él al final del capítulo XXI; y, entremedias, los recuerdos, las anécdotas y los personajes del pueblo. Capítulos cortos y muy ágiles, que se leen casi de un tirón, con un estilo narrativo muy sencillo y directo, muy popular, pero que no carece de un nivel de vocabulario interesante y locuaz, que hace ricas las descripciones, una parte esencial del texto.
Yo me quedo asombrada con la facilidad del autor para transmitir escribiendo; cómo consigue conformar personajes con dos frases y hacerlo de manera tan acertada. Tiene esa capacidad de hacer que lo sencillo sea tan increíble.
He notado una mezcla en el estilo narrativo entre el pensamiento de un niño de once años, cómo se expresa en el texto lo que él ha visto o recuerda, y una construcción adulta, que acompaña, porque detrás de esas palabras sencillas o de esas repeticiones está la mano de alguien que sabe por qué coloca cada coma, cada punto o cada repetición. Me ha parecido un texto que casi se recita mientras se lee. Creo que eso es una de las cosas que más me atrae de Delibes, esa sonoridad narrativa que he encontrado (¿existe esto o simplemente me lo he inventado?)
Está escrito en tercera persona; el narrador habla de lo que siente el Mochuelo, habla de lo que piensa el Mochuelo, cuenta lo que vivió el Mochuelo y recuerda, y, a todos los personajes que son nombrados en esta historia, los marca desde la visión del mismo Mochuelo, añadiendo aclaraciones para ampliar la comprensión. le toca al lector asimilar lo que lee y darle el valor adecuado, según la experiencia vital que tenga.
He tenido la sensación de que el pueblo era un personaje muy importante, por no decir el central. El protagonista es Daniel el Mochuelo, porque es a partir de quien cobra sentido lo que se está leyendo, pero, para mí, adquiere muchísima importancia el pueblo, la vida allí; con sus personajes, como algo real y cercano al lector. También físicamente, con su aislamiento (solo habla de la comunicación por el tren que llega de vez en cuando) y su vulgaridad, muy alejada del romanticismo de la ciudad.
¡Qué sencillo y qué complejo a la vez!¡Qué maravilloso poner a ese Mochuelo, que crece frente a nosotros, como caminante que busca su camino impuesto y no deseado! Llena de reflexiones sobre la vida y sobre nuestro papel en ella. No esperaba un trabajo tan increíble y variado de personajes que pasan, dejan su impronta en cierta manera, y siguen su propio camino, y todo con tan pocas palabras. En cierta manera, la mirada inocente de Daniel nos devuelve la creencia en una vida casi perdida, y nos lleva a leer sobre la soledad, sobre el amor, sobre la amistad, sobre la paternidad, sobre las decisiones, sobre la muerte, sobre la naturaleza, sobre hacer lo que se debe y lo que se quiere... un texto lleno de sabiduría.


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Tontoelquenolea
 10 enero 2022
No se puede entender la narrativa española contemporánea sin conocer a Miguel Delibes, y es por eso que he vuelto a leer «El camino», después de muchos años, antes de continuar leyendo (y releyendo) otras de sus obras.
Podríamos decir que esta es la novela que consolidó a este prolífico escritor, en la que transitamos por “el camino” de la vida de Daniel, el Mochuelo, mientras vemos cómo se despide de la infancia en su pueblo natal para hacer frente a la vida adulta en la ciudad, donde tendrá que empezar de cero en un ambiente completamente desconocido.
Si algo me encanta de Delibes es su estilo narrativo tan fresco y natural, sin artificios, sobre todo en sus diálogos, auténtico y cotidiano, pero al que dota a su vez de un aire lírico y poético, sobre todo en las descripciones.
Se trata de una novela muy ágil, muy fácil de leer, divertida aunque también cuente con algún que otro momento duro, realista, muy crítica con la sociedad española de la posguerra en general y con la de los pueblos pequeños en particular, pero también, y sobre todo, una oda a la vida sencilla y natural, un alegato en favor de la naturaleza, de la vida auténtica, sana, libre.
Y, por otro lado, nos encontramos con la amistad en todo su explendor, la camaradería más absoluta que se da entre tres amigos que son más que solo eso, quienes crean unos vínculos, unos lazos y una férrea lealtad muy difícilmente destruible.
Una obra corta, sencilla, con una trama muy fácil de entender pero que consigue calar al lector (al menos conmigo siempre lo ha hecho), en la que parece que no está sucediendo nada pero con la que te sorprendes sintiendo un pellizquito final en el corazón que hace que no se olvide. Dicen que todos los caminos llevan a Roma, pero para mí hay uno que solo me lleva y me llevará siempre hasta el maravilloso Delibes.
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herbookss
 12 noviembre 2021
Aún no había leído nada de Miguel Delibes y este primer acercamiento me ha gustado mucho, me he encontrado con una historia preciosa y muy entrañable. Está ambientada en la España rural de la posguerra, en un pueblecito que podría ser cualquiera y que vemos a través de los ojos de un niño de once años. Es su última noche en el pueblo y Daniel el Mochuelo no puede dormir, porque a la mañana siguiente se marchará a la ciudad para estudiar y él no quiere irse. Ha sido decisión de su padre, quien quiere que su hijo tenga una vida mejor que la suya, pero Daniel es feliz en el pueblo, con sus amigos, sus gentes, sus costumbres...
Y es en esa noche, en su cama, con una mezcla de miedo y nerviosismo, en que recuerda todo lo que ha vivido allí en sus once años. le acompañamos en sus anécdotas, travesuras junto a sus amigos y también vivencias más difíciles. A través de su mirada infantil e inocente conocemos a los habitantes del pueblo y todo lo que pasa allí, tocando temas universales con un tono muy entrañable pero real. La narración te hace estar todo el rato con una sonrisa en los labios y llegas a encariñarte tanto de Daniel como de todos los personajes secundarios, que me han encantado.
Una lectura cercana que a mí personalmente me estuvo recordando en todo momento a mi abuelo, me lo imaginaba entre los niños en su pequeño pueblo y viviendo cosas muy parecidas. Me dejó con una mezcla de nostalgia y melancolía y a la vez pensando "qué bonita ha sido".
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alpolorenedo
 31 agosto 2018

La novela comienza la noche antes en que Daniel, El Mochuelo, con 11 años se marcha a lo que su padre llama progresar, estudiar fuera.
Pensó en su partida y en lo que su amigo Roque, El Moñigo le solía decir: "Un hombre bien hombre no debe llorar aunque se le muera el padre".
Durante la noche que se pasa en vela, Daniel narrará las historias que más marcaron su infancia y que junto a sus amigos Roque, El Moñigo, y Germán, El Tiñoso, nos abrirán la vida de un pueblo de un valle cualquiera que en la españa de la posguerra nos acercará a los típicos personajes con sus motes correspondientes: Paco El Herrero, Las Guindillas, Las Lepóridas, El Chano, El maestro Don Antonio El peón, El párroco Don José que era un Santo, La Uca-Uca, Quino El Manco, Gerardo El Indiano y su hija La Mica, Cuco El Factor.....
El porqué de detallar todos estos personajes no es más que el detallar la esencia del libro, un libro muy profundo donde lo que te llevas es un pueblo cualquiera de la época y sobre todo esos personajes y sus personalidades vistas a través del protagonista.
CONCLUSIÓN:
Este libro está brillantemente escrito por Miguel Delibes al que poco a poco estoy descubriendo, ya que he de confesar que lo conocí personalmente en su entorno familiar a la edad de 80 años y era una persona adusta no muy sociable, pero correcta. Quizás por esta imagen me costó empezar a leerle, aunque mi debut con El Hereje me dejó muy convencido, y ahora con El Camino, no he hecho más que confirmar el bien merecido nombre del Autor.
En esta novela está escrita en la propia época, cosa que hace que la ambientación sea impecable, nos trasporta literalmente a las ausencias propias de la posguerra española, y también a las esencias de lo necesario y los valores de lo inmaterial, las relaciones vecinales, la amistad, el amor, en definitiva sentimientos puros no viciados por lo material de nuestra época. Toda la historia salpicada por un sentido del humor justo e inteligente y que hace que sea un relato recomendable para cualquier edad, no obstante ha sido una obra muy recomendada (obligada) en las lecturas escolares.

A medida que voy descubriendo al autor, parece que voy intuyendo reminiscencias de su forma de escribir en algunos de los mejores autores actuales.
Sin duda un clásico que nunca pasará de moda, con una extensión ideal y que recomiendo sin duda alguna.
VALORACIÓN: 10 / 10
Enlace: https://familialectorade4.bl..
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Citas y frases (14) Ver más Añadir cita
LEMBLEMB01 diciembre 2020
Gerardo, el Indiano, no renegó, en cambio, de su pueblo. Los ricos siempre se encariñan, cuando son ricos, por el lugar donde antes han sido pobres. Parece ser esta la mejor manera de demostrar su cambio de posición y fortuna y el más viable procedimiento para sentirse felices al ver que otros que eran pobres como ellos siguen siendo pobres a pesar del tiempo
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MarioG17MarioG1711 febrero 2020
Con frecuencia, Daniel, el Mochuelo, se detenía a contemplar las sinuosas callejas, la plaza llena de boñigas y guijarros, los penosos edificios, concebidos tan sólo bajo un sentido utilitario. Pero esto no le entristecía en absoluto. Las calles, la plaza y los edificios no hacían un pueblo, ni tan siquiera le daban fisonomía. A un pueblo lo hacían sus hombres y su historia. Y Daniel, el Mochuelo, sabía que por aquellas calles cubiertas de pastosas boñigas y por las casas que las flanqueaban, pasaron hombres honorables, que hoy eran sombras, pero que dieron al pueblo y al valle un sentido, una armonía, unas costumbres, un ritmo, un modo propio y peculiar de vivir.
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LEMBLEMB03 diciembre 2020
Pero a Daniel, el Mochuelo, nada de esto le causó sorpresa. Empezaba a darse cuenta de que la vida es prodiga en hechos que antes de acontecer parecen inverosímiles y luego, cuando sobrevienen, se percata uno de que no tienen nada de inextricables ni de sorprendentes. Son tan naturales como que el sol asome cada mañana, o como la lluvia, o como la noche, o como el viento.
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pasiondelalecturapasiondelalectura02 julio 2018
Vivir de esta manera era algo brillante, y a la vez, terriblemente tétrico y desolado. Vivir era ir muriendo cada día, poquito a poco, inexorablemente. A la larga todos acabarían muriendo. Todos eran efímeros y transitorios y a la vuelta de cien años no quedaría rastro de ellos sobre las piedras del pueblo. La muerte era lacónica, misteriosa y terrible (pg 204)
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pasiondelalecturapasiondelalectura02 julio 2018
Seguramente en la ciudad se pierde mucho el tiempo-pensaba el Mochuelo- y, a fin de cuentas, habrá quien, al cabo de catorce años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era asi de rara, absurda y caprichosa. El caso era trabajar y afanarse en las cosas inútiles o poco prácticas (pg 8).
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Vidéo de Miguel Delibes
“¿Qué mundo heredarán nuestros hijos?” es el subtítulo del libro La Tierra herida, una charla sobre la amenaza del colapso ecológico entre el escritor Miguel Delibes y su hijo, el biólogo Miguel Delibes de Castro, publicado en 2005. En aquel libro el padre, ya anciano, apremiaba al científico en plenitud para que le diera respuestas concretas sobre cómo arreglar el destrozo que se estaba cometiendo en el planeta.
Casi 20 años después, cuando catástrofes como una pandemia o una guerra cercana alertan de que el colapso planetario puede ser más que una simple amenaza, Miguel Delibes de Castro se reformula la pregunta. Para este científico, la demanda humana de recursos y la producción de residuos excede la capacidad de la Biosfera para producir los unos y depurar los otros. Es insostenible aspirar a vivir todos como los que mejor viven. Por eso se precisa una justicia económica global para salvar la naturaleza. Es decir, la sostenibilidad ambiental debe ir a la par de la sostenibilidad social. Mientras sigan creciendo globalmente la población y el consumo habrá daño al medio ambiente y peligrarán las especies animales, habrá pérdida de bosques y biodiversidad y crecerán el calentamiento global y la hiperfertilización de la tierra y de los océanos.
En el tiempo transcurrido desde la publicación de la Tierra herida, la inquietud por el medio ambiente ha crecido. Se han llevado a cabo políticas ecológicas y sostenibles generalizadas y se han producido pequeños avances -los ríos europeos están más limpios, hay más parques naturales y más especies, como el lince y la nutria, que han mejorado su situación-. Sin embargo, Delibes de Castro asegura que a escala global la situación ha empeorado. Tomar consciencia es un primer paso, pero las pequeñas mejoras locales solo son tiritas en una Tierra herida en su totalidad.
Miguel Delibes de Castro visita La Térmica para advertir de que solo se podrá evitar el colapso del planeta alumbrando una gobernanza global, que haga hincapié en cambiar la manera de vivir y repartir mejor lo que es de todos. Hacen falta economistas que orienten hacia la economía del no crecimiento y políticos que ayuden a mejorar el nivel de vida de los que menos tienen. de no hacerlo por las buenas, serán las catástrofes venidas y por venir las que obligarán a ir por ese camino.
Más información en latermicamalaga.com
#Latermicamalaga #DiputacióndeMálaga
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