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ISBN : 8491050531
Editorial: Penguin Random House (15/10/2015)

Calificación promedio : 4.14/5 (sobre 42 calificaciones)
Resumen:
Nacimiento, ascensión y caída de un héroe, Julien Sorel. sentimientos encontrados finamente descritos por Henri Beyle, Stendhal, en una de las novelas clave del siglo XIX: el amor que se transforma en amor propio, la pasión en ambición, la generosidad, el entusiasmo, la hipocresía... 1824-1830. Francia, la gran muñidora de la Europa decimonónica: un antiguo régimen que se resiste a morir tras el vuelco que supuso la Revolución francesa, una iglesia romana que no qu... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (13) Ver más Añadir una crítica
rafaperez
 24 junio 2022
Más feliz que una perdiz inicié la lectura de este clásico allá por el siglo XV antes de Cristo.
Hasta la fecha ningún escritor francés de la época me había decepcionado, pero para casi todo hay una primera vez.
Stendhal consigue un abrumador efecto soporífero muy versado y bien escrito. Me he aburrido como cien rebaños de ovejas negras y rojas.
Su narrativa, pese a la gran calidad que posee, no me conducen por los senderos de la admiración sino por el abismo del tedio.
¡ Qué hombre más pesado!
La novela tiene buenos mimbres e intenciones:
Julien Sorel, joven pobre como las ratas y con un solo talento, medrará en el fascinante mundo burgués.
La hipocresía de ese casposo círculo hará que nuestro protagonista progrese, con tal de que no trabaje para el rival de su perceptor.
Nada importa su falta de aptitudes o que se acueste con su mujer, al contrario, se asume como un coste añadido para evitar que su burgués competidor no se haga con los servicios de Sorel.
En su primera parte, Stendhal nos habla de este ascenso, de sus amoríos, del perfil pro napoleónico y de la baja estima que Julien muestra por cualquier cosa que no sea el mismo.
En definitiva, una presentación de protagonista y su entorno, con mucha ironía y crítica hacia la época y las clases establecidas. Incluido el clero.
La segunda parte del libro sigue la dinámica de prosa exquisita y de darle cientos de vueltas al mismo asunto sin que nada más allá de mis bostezos ocurra.
600 páginas después el autor espabila, las ovejas despiertan y el libro se precipita al drama que todos queremos. Stendhal deja de ser marciano y renace en la genial escritura francesa del XIX.
Como todo en la vida, entiendo que haya fieles que disfruten en el barro del autor, yo puesto a ensuciarme prefiero otros lodos más fluidos.
Lo que cuenta es muy digno e interesante, pero como lo hace me ha provocado infinitas digestiones pesadas.
Eso sí, la calidad literaria es incuestionable, pero no solo de palabras bien colocadas, se alimenta mi alma.
Lo mejor fue cerrar el libro y colocarlo en la estantería. Pertenece a una colección de tapas muy coloridas que decoran con buen gusto mi biblioteca.
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Queridobartleby
 24 septiembre 2021
Tenía el libro en la estantería de pendientes desde un tiempo considerable. Siempre lo iba postergando, ¡Qué si algunas compras más recientes!, ¡Qué si otros libros acumulados!… Hubo un tiempo que me adentré bastante en los clásicos, sobre todo en la época del Instituto, la Universidad e inmediatamente posterior. Después, como a todos nos ha pasado, creo yo, te vas abriendo a nuevos autores y propuestas diferentes y acudir a los clásicos se torna más lejano. Pero por fin encontré el momento para él y, ciertamente regresar a un clásico, es una garantía de calidad de escritura, independientemente del tema tratado.
Pero creo que para hablar del libro conviene detenerse un poco en la vida de Stendhal y su época, para comprender en mayor medida esta magna obra.
Tenemos que considerar, en primer lugar, al siglo XIX, como uno de los períodos más turbulentos que han tenido lugar en Francia.
En 1815 tiene lugar la derrota del Imperio Napoleónico dando paso a la Restauración con la subida al trono de Luis XVIII.
Tras sucesivas revueltas, la Monarquía Constitucional fracasa y la República Democrática no se sostiene, dando lugar a la Revolución de 1830. Sube al trono Luis Felipe I, dando paso de nuevo a una Monarquía Constitucional. Adquiere importancia la burguesía, que releva a una nobleza venida a menos. Pero la burguesía solo se preocupa de sí misma, sin tener en cuenta a las clases populares.
El malestar popular culmina con la Revolución de febrero de 1848.
Se destierra la monarquía y se proclama la Segunda República. Se constituye un gobierno provisional donde el poeta Lamartine cobra importancia. Se instituye el sufragio universal, se suprime la esclavitud y se establece la libertad de prensa. Pero el gobierno provisional se ve incapaz de mantener las promesas.
La Revolución de junio de 1848 pondrá fin a esta utopía. La dirección de la República correrá a cargo de Luis Napoleón Bonaparte, suponiendo un nuevo triunfo del bonapartismo que Stendhal, bonapartista declarado, ya no llegó a ver.
Stendhal prospera con Napoleón. Después, sobrevive con pocos recursos económicos teniendo a partir de 1830 cierta estabilidad con el consulado de Civitavecchia aunque es condenado al ostracismo y la soledad.
En la etapa postnapoleónica, la sociedad no le acepta y viceversa. Curiosamente en este período produce su mejor obra.
Por supuesto, ese clima de crispación de finales de 1820, está de algún modo, reflejado en la obra. En cuanto al tema principal viene a ser, simplificando, la ascensión social del joven hijo de un carpintero de provincias, de nombre, Julien Sorel.
En lo tendente al título de la novela, coexisten diferentes hipótesis.
Una hipótesis posible, sería que el rojo podría hacer referencia al uniforme napoleónico. Si bien en su mayoría es azul, tiene algunas partes rojas. Pero también podría ser el rojo de la sangre en la batalla, donde para Julien, sus conquistas amorosas suponen una confrontación. Él color negro podría aludir a la sotana del seminarista.
Otro posible significado estaría relacionado con el juego de la ruleta, donde la bola caprichosamente puede emplazarse en la casilla roja o en la negra.
Una alternativa interpretación sería política, en este caso reflejaría el enfrentamiento durante el reinado de Carlos X, entre liberales (rojo) y la Congregación o clase sacerdotal (negro).
La obra en cuanto a estilo, podemos encuadrarla en un Realismo Romántico. Anticipa, por tanto, el Realismo propiamente dicho, que tendrá su punto álgido durante la segunda mitad del siglo XIX.
La obra se estructura en torno a la realidad, pero tiene un componente romántico muy acusado: tenemos los temas de la heroicidad y el ensalzamiento de la figura de Napoleón que tanta repercusión tuvieron en el movimiento Romántico. No olvidemos que Stendhal estuvo enrolado en las filas napoleónicas. En cuanto al individualismo, el «yo», no es propiamente en la obra, Romántico; tiene un componente social propio del Realismo. El personaje está influido por el entorno social. Se produce un juego dialéctico entre el «yo» de Sorel y la realidad. de fondo estaría también el tema político, con una tendencia más jacobina que liberal en Stendhal.
El autor para elaborar su obra tuvo presentes unos casos reales acaecidos. Por un lado, el caso del joven Antoine Berchet, hijo de un artesano con pocos recursos. Entra en un seminario por sus capacidades y es acogido por una familia burguesa. Se enamora de la señora que cuenta con 36 años de edad. Pierde el empleo. Es acogido por otra familia y se enamora de la hija, volviendo a perder el empleo. Se inspira también en el caso del ebanista Lafargue, que asesina a su amante y es condenado a 5 años de prisión.
Como podemos observar, el itinerario de Sorel es similar. En cuanto a Mathilde de la Mole, tomó como modelo a Mary de Neuville, sobrina de un ministro de Carlos X. La joven se fuga a Inglaterra con el secretario de su padre.
Stendhal se sentía fascinado por estos casos turbulentos pasionales.
El eje de la obra, por tanto, se articula en torno al joven Julien Sorel. Es hijo de un carpintero. Tanto su padre, dado que su madre falleció, como sus hermanos; lo menosprecian. Es de complexión delgada y parece poco dotado para trabajos manuales, pero en cambio tiene una agudizada capacidad intelectual. le gustan los libros y su padre, analfabeto, considera que pierde el tiempo:
«Julien estaba leyendo. Nada le resultaba más antipático al anciano Sorel; podría haberle perdonado quizá la complexión delgada, poco apta para los trabajos de fuerza y tan diferente de la de sus hermanos mayores; pero aborrecía esa manía por la lectura; él no sabía leer.»
La novela prácticamente transcurre en la pequeña provincia de Verrières. El parroco, Chelan, facilita la entrada en el Seminario de Sorel. A su vez, le consigue un empleo como preceptor de los hijos del matrimonio burgués, Rênal, dada su condición de latinista.
A pesar de las reticencias del señor Rênal, alcalde de Verrières, Sorel comienza a enseñar a los niños. Conocer a la señora Rênal supone un impacto para el joven. Es una mujer madura que dobla la edad de Julien, pero mantiene intacta la hermosura:
«Aquel tono tan dulce y casi suplicante en una señora tan hermosa le hizo olvidar de repente a Julien las consideraciones que debía exigir para su reputación de latinista. Tenía junto a sí el rostro de la señora de Rênal, notó el aroma de la ropa de verano de una mujer, cosa muy asombrosa para un pobre aldeano.»
Aparece entonces otro de los personajes destacados de la obra: la señora de Rênal. Se destaca su casamiento temprano con un hombre bastante mayor que ella, donde todo parece indicar un matrimonio de conveniencia:
«La señora de Rênal, rica heredera de una tía beata, casada a los dieciséis años con un caballero tradicional y de buena cuna, no había ni visto ni sentido nunca en la vida nada que se pareciera ni de lejos al amor.»
Es una mujer ingenua y sensible. Con su marido se aburre y solo parece estar centrada en la educación de sus tres hijos. La llegada de Julien, supone un revulsivo para ella.
Julien desprecia a la gente adinerada. Tiene la ambición de ascender en el escalafón social para demostrar a la gente su valía.
Se plantea cortejar a la señora de Rênal, practicando la hipocresía, es decir, mentir en cuanto a sus verdaderas intenciones. Ve la empresa de enamorar a la mujer como una conquista, como si fuera una batalla a cargo de Napoleón, por el que siente fascinación, al igual que Stendhal; quien formo parte de sus tropas y junto a su reinado tuvo su época de esplendor.
Por avatares, que es mejor que descubra el lector, Julien entra a trabajar de secretario en casa del marqués de la Mole. Aparece en escena una tercera protagonista que irrumpe con fuerza a partir de la mitad de la obra: Mathilde de la Mole, hija del marqués. Es una joven de 19 años, ingeniosa, lectora, como Julien, entre otros, de Voltaire:
«Pero Julien sabía de buena tinta que tenía siempre en su cuarto uno o dos tomos de los más filosóficos de Voltaire. Él también robaba con frecuencia algunos tomos de esa hermosa edición tan espléndidamente encuadernada. al espaciar un poco los tomos ocultaba la ausencia del que se llevaba; pero no tardó en caer en la cuenta de que había otra persona que leía a Voltaire.»
Mathilde se podría decir, que es muy similar a Julien. Es un torbellino. Es temida por los pretendientes dada su inteligencia y mordacidad:
«La señorita de la Mole miraba a los jóvenes franceses con esa expresión de profunda seriedad que ninguna de sus rivales podía imitar… Aquella mirada singular halagaba a los poco inteligentes, pero inquietaba a los demás. Temían el estallido de alguna frase aguda y de difícil respuesta.»
Mathilde se aburre con las visitas que acuden a su casa. Stendhal critica ese comportamiento tan comedido de los nobles de ese tiempo.
Tanto Julien como Mathilde son fuerzas de la naturaleza. Ambos establecerán una pugna sin tregua.
Julien desprecia a los nobles. Él es orgulloso y ve o parece creer en comportamientos humillantes hacia su persona. Habría que decir, sin embargo, que el señor de la Mole lo considera por sus cualidades, como un hijo y como tal, lo trata.
Hay que mencionar la figura del narrador. Un narrador omnisciente que no duda en establecer un vínculo entre Julien y el lector. Trata al protagonista como «nuestro héroe», debido a su complicidad con él. Igualmente, establece un acercamiento con nosotros, los lectores. Pongamos como ejemplo este fragmento tan ingenioso:
«¡Porque, lector mío, una novela es un espejo que pasea por el camino real! Ora refleja, para que lo vea usted, el azul del cielo, ora el cieno de los barrizales del camino. ¿Y llamará inmoral al hombre que lleva el espejo en su cuévano? ¡Su espejo muestra el cieno y usted acusa al espejo! ¡Acuse más bien al camino real donde está el barrizal y, más aún, al inspector de carreteras, que deja que el agua se estanque y se forme ese barrizal!»
Estamos ante un libro de aventuras, donde la condición amorosa estructura la obra. La señora de Rênal, representa el amor sensible, un amor sin egoísmo; en cambio, en Mathilde el amor es más cerebral, debatiéndose entre su amor por Sorel y el orgullo de clase. Pero Stendhal no desdeña la crítica con un componente satírico y a lo largo de la obra refleja la sociedad anterior a la Revolución de Julio de 1830. Deja notar su anticlericalismo, su rechazo de la burguesía que solo busca mejorar su posición; la crítica a los liberales que no dudan en cambiar sus ideales por obtener privilegios. Observamos en cambio, una defensa del heroísmo de los nobles del Antiguo Régimen, de los ideales jacobinos y bonapartistas.
Por último, destacar la maestría de Stendhal en el retrato de personajes. Los dos personajes principales femeninos están ejemplarmente perfilados; haciendo de perfecto contrapunto de un personaje literario imperecedero: Julien Sorel. Representa a millares de jóvenes de condición humilde de su época, cuyas únicas salidas eran ingresar en un Seminario o alistarse en el ejército. Sorel ambiciona doblegar su destino. Hacerse respetar por las clases privilegiadas, mostrando su orgullo de manera permanente. Pero Sorel, como humano que es, alberga luces y sombras. Observaremos su lado más violento a la par que sensible. Pero, ¿No deviene su carácter oscilante acaso, en la adversidad de un medio que le ha tocado padecer?

Editorial: Alba, Edición 2014
Colección: Clásica Maior
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia

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UnaiGoiko74
 16 agosto 2020
Rojo y negro”, ambientada en la Francia post napoleónica, cuenta las vicisitudes de Julián Sorel, un joven provinciano que, debido a varias coincidencias y avatares, irá medrando en la sociedad, pasando de la serrería de su padre al palacio de un influyente aristócrata parisino. La novela se estructura en dos libros; cada uno de ellos representa un color, el rojo de la pasión y la vida en el campo y el negro de lo adusto, la seriedad de la vida cortesana parisina.
Julián es el hijo despreciado de un maderero de Verrières; su padre le odia por la propensión del hijo a evadirse del trabajo y enfrascarse en lecturas que el padre considera inútiles. Pero son esas lecturas, precisamente, las que propiciaran que el alcalde de la localidad, el señor Renal, piense en él como el preceptor de sus hijos.
De este modo Julián irá ascendiendo en la escala social de esa localidad provinciana, si bien, en el fondo, él sentirá un profundo desprecio hacia las clases aristocráticas y el desprecio o condescendencia que éstas demuestran hacia las clases “inferiores”. Ese desprecio nace de la influencia que en él tuvo un antiguo médico del ejercito napoleónico que, retirado en Verrières, insufló los ideales revolucionarios en el adolescente Julián.
“Julián la miró con ojos que reflejaban el más soberano desprecio.
La mirada dejó estupefacta a la señora Derville, pero habría sido mayor su asombro si hubiese podido adivinar su verdadera expresión, porque en ella hubiera leído algo así como una esperanza vaga de tomar venganza atroz. Probablemente los momentos de humillación semejante a la que sufría Julián son los que han creado a los Robespierres.”
En la casa de los Renal, el joven preceptor vivirá un romance con la mujer del alcalde que propiciará, al final, su marcha, inicialmente, a el seminario de Besançon y, posteriormente, a París. En París, servirá como secretario de confianza del marqués de la Mole, y será testigo de excepción de la frivolidad y altanería de la alta sociedad parisina, a la cual llegará a aborrecer con todas sus fuerzas. Herido en su orgullo por esa actitud hacia él, decidirá conquistar a la bella hija del marqués. Finalmente, la aventura amorosa terminará en tragedia.
Stendhal huye del romanticismo predominante en la literatura de su época y se adentra por la senda del realismo, al que en más de una ocasión hace alusión: “[…] No olvide usted, querido lector, que una novela es un espejo que se pasea por un ancho camino. Tan pronto refleja el cielo azul, como el fango de los lodazales del camino.” Ese espejo está presente durante toda la narración, y reflejará tanto los paisajes exteriores, como los interiores del protagonista.
Otro aspecto que llama la atención en cuanto al estilo de Stendhal es las continuas interpelaciones al lector, que propicia que nos sintamos más participes de la historia y más cercanos al narrador, el cual, tiene esa deferencia de tendernos la mano de tanto en cuanto:
“Aquí, el autor hubiera querido poner una página de puntos suspensivos. Eso sería quitarle gracia-objetó el editor-, y tratándose de un escrito tan frívolo, la falta de amenidad es la muerte.
-La política-prosigue el autor- es una piedra atada al cuello de la literatura, y que, en menos de seis meses, la sumerge y ahoga.”
Rojo y negro” rezuma conciencia política. No hay que olvidar que Stendhal sirvió a Napoleón y compartió sus ideales revolucionarios. En cierto modo, Julián podría considerarse su alter ego. A lo largo de las páginas de la obra nos encontramos con muchas alusiones a la emergente lucha de clases de comienzo del siglo XIX.
“-Es preciso que haya en Francia dos partidos -prosiguió el Marqués de la Mole-; pero dos partidos no solamente de nombre: dos partidos bien claros, bien definidos. Sepamos a quién hay que aplastar. Por un lado, a los periodistas, a los electores, a la opinión pública, en una palabra, a la juventud y a todo lo que la juventud admira. Mientras ella se aturde con el ruido de sus vanas palabras, nosotros tenemos la ventaja de consumir el presupuesto.”
“[…] El derecho natural no existe; esta palabra no es más que una anticuada sandez, digna del fiscal que dio caza el otro día y cuyos antepasados se enriquecieron gracias a una confiscación decretada por Luis XIV. No puede existir el derecho si no lo apoya una ley y lo sanciona un castigo. Antes de la ley, no hay nada natural más que la fuerza del león o la necesidad del individuo que tiene hambre, que tiene frío; en una palabra, la necesidad…No, las gentes que pasan por honorables no son más que granujas que han tenido la suerte de no ser sorprendidos en flagrante delito.”
En conclusión, “Rojo y negro” debería de ser una lectura obligatoria en las escuelas de esta sociedad cada vez más neoliberal.
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lauli
 28 noviembre 2021
Subtitulada “Crónica del siglo XIX”, este clásico francés narra las peripecias de Julien Sorel, nacido en el provinciano pueblo de Verrieres de una familia insignificante socialmente, mientras busca abrirse camino en el gran mundo y alcanzar el éxito. Primero intenta hacerlo en el clero, gracias a una memoria prodigiosa que le permite memorizar la biblia en Latín, y luego ve la posibilidad de hacerlo entre la nobleza gracias a su poder de seducción y su participación política en complots realistas. En el medio encontramos la conformación de un triángulo amoroso entre Julien, la bella y provinciana Mme. de Renal, y Mathilde, una joven noble con una fijación por los amores contrariados y los finales trágicos. También nos topamos con una galería de personajes que van encarnando distintas actitudes características del siglo XIX: el arribismo, la hipocresía, el esnobismo, la ironía, el aburrimiento, y en pocos casos el culto al trabajo como medio de ascenso social.
Para mí la lectura de esta novela fue una experiencia compleja. Creo que Stendhal es un poco desparejo en cuanto a la calidad de las diversas partes, y estructuralmente la novela dista de parecerme perfecta. Hay partes demasiado largas sobre cuestiones que luego no tienen mayor relevancia, y la forma de presentar las relaciones amorosas raya varias veces en lo absurdo (un rasgo del romanticismo que también me chocó muchísimo en el “Werther” de Goethe).
Sin embargo, con el correr de los días me fui dando cuenta de lo representativo que es Julien Sorel de un momento muy particular de la burguesía europea. Julien admira fervientemente a Napoleón y dice simpatizar con las ideas de la Revolución Francesa. Cuando llega a la Mansión del Marqués de la Mole, donde comenzará su derrotero por las altas esferas de la sociedad parisina, lo primero que evoca son las hordas revolucionarias atacándola, y constantemente critica la mediocridad, el cinismo y la hipocresía de la aristocracia. Sin embargo, en su lucha por trepar la escalera social, incurre una y otra vez en las mismas actitudes que dice detestar en los que se creen superiores a él. Incluso participa en un complot pro-monárquico contra los jacobinos, en contra de sus propios principios napoleónicos. Creo que esa contradicción captura un emergente social muy característico del momento en que la burguesía está pasando de ser la clase revolucionaria a ser la clase dominante, en una lógica que podría aplicarse a las clases medias en general como clases aspiracionales: se quiere por un lado terminar con un sistema que se percibe como injusto, solamente para que otra clase pueda ocupar los espacios de poder y establecer otro tipo de injusticia, como quedará plasmado a partir de 1848 cuando sea la clase obrera la que empieza a exponer la explotación burguesa. En esa clave de lectura, el personaje de Julien Sorel y sus contradicciones cobran para mí una dimensión muy interesante.
Recomiendo adentrarse un poco en el contexto histórico de la Francia de la Restauración antes de abordar esta novela, ya que Stendhal da por sentado que el lector conoce la época y eso puede resultar confuso para el lector contemporáneo.
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Marisoliturrios
 16 octubre 2021
Rojo y Negro de Marie-Henri Beyle, mejor conocido como Stendhal, publicado en 1830.
Julian Sorel un joven hijo de un aserrador, vive en una provincia francesa, poco a poco se abre camino en la alta sociedad. Gracias a su trabajo como preceptor de los hijos del alcalde, logra demostrar su capacidad mental y seducir a los miembros de la familia.
Una novela llena de dualidades: la ambición y el amor; la hipocresía y la honestidad; las pasiones y las apariencias; la monarquía y la república; la política y el clero; rojo y negro.
Está inspirada en el caso Antoine Berthet y su célebre juicio, todo cuanto le pasó, es lo acontecido con el personaje principal. Aclarando que la acción por sí misma, no es tan importante en la obra, como lo son los sentimientos y pensamientos de los personajes que los hacen llevar a cabo esas acciones u omisiones.
También es cierto que a Stendhal le gustaba hablar de Stendhal y Julian Sorel es la clase de hombre que le hubiera gustado ser: atractivo, enamoradizo y deseado por las mujeres; con una memoria prodigiosa; con coraje, etc. Pero también veremos a un personaje envidioso, resentido y ambicioso. Esta personalidad de Sorel, es una especie de juego que hace el autor con los lectores ¿es víctima o villano? ¿se debe sentir compasión por él o repulsión?
Cuando Stendhal muere, en 1842, solo dos periódicos dieron noticia de esto; solo tres personas acudieron a su funeral. Esto habla de la poca fama (aun cuando Balzac le admiraba) que tenía Stendhal en vida. Años después, un joven estudiante de la Escuela Normal Superior de París escuchó hablar con tanto entusiasmo a su profesor, que él como sus compañeros se dedicaron a leer las obras de Stendhal, y encontraron algo en ellas que había sido ignorado. Ese joven era Hipólito Taine, quien se convertiría en uno de los filósofos, críticos e historiadores más importante de su época. Taine publicaría un largo ensayo poniendo énfasis en la profundidad psicológica de Stendhal logrando con los lectores de toda Francia, lo que su profesor hizo con él.
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Citas y frases (8) Ver más Añadir cita
Rosa_HalcombeRosa_Halcombe14 enero 2020
La señora de Dubois se halla profundamente preocupada de sí misma, como todas las mujeres a quienes el cielo ha concedido demasiada nobleza, o demasiado dinero. Se mira a sí misma, en vez de mirarle a usted, y, naturalmente, no le conoce. Durante los dos o tres arrebatos de amor con que le ha favorecido, con un gran esfuerzo de imaginación, veía en usted al héroe soñado y no lo que es usted en realidad.
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QueridobartlebyQueridobartleby22 septiembre 2021
¡Porque, lector mío, una novela es un espejo que pasea por el camino real! Ora refleja, para que lo vea usted, el azul del cielo, ora el cieno de los barrizales del camino. ¿Y llamará inmoral al hombre que lleva el espejo en su cuévano? ¡Su espejo muestra el cieno y usted acusa al espejo! ¡Acuse más bien al camino real donde está el barrizal y, más aún, al inspector de carreteras, que deja que el agua se estanque y se forme ese barrizal!
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QueridobartlebyQueridobartleby22 septiembre 2021
La señorita de La Mole miraba a los jóvenes franceses con esa expresión de profunda seriedad que ninguna de sus rivales podía imitar… Aquella mirada singular halagaba a los poco inteligentes, pero inquietaba a los demás. Temían el estallido de alguna frase aguda y de difícil respuesta.
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QueridobartlebyQueridobartleby22 septiembre 2021
Julien estaba leyendo. Nada le resultaba más antipático al anciano Sorel; podría haberle perdonado quizá la complexión delgada, poco apta para los trabajos de fuerza y tan diferente de la de sus hermanos mayores; pero aborrecía esa manía por la lectura; él no sabía leer.
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Edd62Edd6218 septiembre 2018
Poseia una memoria prodigiosa, de esas que con frecuencia acompañan a la falta de talento
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