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ISBN : 8490321477
Editorial: Debolsillo (05/12/2016)

Calificación promedio : 4.24/5 (sobre 76 calificaciones)
Resumen:
Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.
Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento.El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros. Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Ald... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (34) Ver más Añadir una crítica
Dreammewords
 08 enero 2019
”-La gente no habla de nada. Citan automóviles, ropas, piscinas, y dicen ¡que bien! Pero siempre repiten lo mismo, y nadie dice nada diferente, y la mayor parte del tiempo, en los cafés, hacen funcionar los gramófonos automáticos de chistes, y escuchan chistes viejos, o encienden la pared musical y las formas coloreadas se mueven para arriba y para abajo, pero son sólo figuras de color, abstractas. ¿Ha estado en los museos? Todo es abstracto. Mi tío dice que antes era distinto. Hace mucho tiempo los cuadros decían cosas, y hasta representaban gente.”
Fahrenheit 451 es uno de esos libros que siempre quise leer pero de los que tenía la falsa imagen que al ser clásicos iban a tener un estilo de escritura recargado y pesado de leer; cuando lo agarré fue sin estar convencida de que fuera mi momento de leerlo, con miedo de que no me gustara pero ahora que por fin lo leí tengo que decir que no podría haber estado más equivocada.
Para empezar, Fahrenheit 451 trata de una sociedad distópica en la que los bomberos no apagan fuegos, sino que son ellos los que los inician usando como combustible nada más y nada menos que libros.
Estos bomberos son básicamente los peones del gobierno. Cada vez que alguien subversivo es denunciado, las alarmas del cuartel suenan y los trabajadores salen en búsqueda del criminal.
Guy Montag, nuestro protagonista, es uno de estos bomberos y tras la simple pregunta “¿Eres feliz?” empieza a darse cuenta que este estilo de vida no es uno que a él le gustaría vivir: algo simplemente se siente mal.
De esta forma, Ray Bradbury nos abre la puerta a reflexiones que tal vez hasta dan miedo.
Lo que más me hacía poner “incómoda” -si se quiere- es la idea de que los temas que toca el autor no solo son reales, sino que son muy actuales: gente siendo perseguida por su línea de pensamiento, las “familias” en las paredes, los caracoles en los oídos, las autopistas de alta velocidad, etc. Como bien tratan en el libro, tenemos todo el tiempo del mundo, pero nunca usamos ese tiempo para pensar, y cuando vamos en un auto a 150 km/h, por ejemplo, ni siquiera atinamos a pensar en estas cosas.
Lo más triste de toda la trama es que el gobierno ni siquiera tuvo que imponer una ley contra la literatura, la sociedad misma decidió dejar de lado todo tipo de cultura. Toda esencia que tuvieran tanto los libros como la música o las películas –su alma, básicamente- fue siendo dejado de lado por entretenimiento superfluo, pero esto no es suficiente para Montag. Él necesita o más bien desea desde lo más profundo de su corazón tener una relación que lo llene con otro ser humano. Tiene una esposa, tiene compañeros de trabajo, pero no tiene amigos ni familia: nadie con quien forme una conexión suficientemente poderosa. Claro que para esta gente eso es simplemente la vida, pero Guy necesita más, lo que él realmente quiere es vivir, no sólo existir con personas extremadamente conformistas y sintéticas.
Una de mis frases favoritas del libro dice exactamente eso: ”No son libros lo que usted busca. Puede encontrarlo en muchas otras cosas: viejos discos de fonógrafo, viejas películas y viejos amigos; búsquelo en la naturaleza, y en su propio interior. Los libros eran solo un receptáculo donde guardábamos algo que temíamos olvidar. No hay nada de mágico en ellos, de ningún modo. La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura”.
Como simple contexto tenemos un mundo distópico pero no necesariamente futurista. Con los avances tecnológicos que tenemos hoy en día, se podría decir que la novela es una realidad alternativa, porque como digo es muy actual.
En este mundo hay una guerra, pero nunca se especifica nada sobre esta misma. Bien podría ser una metáfora al viaje de Montag como podría ser también una crítica al periodo histórico por el que pasó el autor, pues el libro es de 1953.
Un personaje que me pareció muy interesante fue Beatty. Hubo una escena clave en que sentí que todo su personaje estaba abriéndose en algo más profundo, pero obviamente por culpa de los spoilers no puedo decir mucho. Simplemente pensar que hay personas que por puro miedo a enfrentarse a lo real, al status quo prefieren vivir una vida infeliz que no los satisface es algo que da miedo.
El final me gustó mucho porque no es el típico que se ve hoy en día donde un grupo de cinco adolescentes vencen a un gobierno totalitario y miran al horizonte con una sonrisa en la cara.
Es un final triste pero al mismo tiempo esperanzador, porque pueden quemar todos los libros que necesiten, pero mientras estén en la cabeza y el corazón de la persona que los leyó no pueden destruirlos completamente.
Tanto Montag como el resto de personas que encuentra en el bosque se convierten en hombres-libro, y en una metáfora que me gustó bastante en la que comparan a la humanidad con el fénix, nos cuentan cómo la humanidad puede destruirse cíclicamente, pero siempre va a poder levantarse de nuevo.
En fin, es uno de esos libros que se quedan para siempre dentro del lector, en el que lo que importa no son los detalles técnicos como la pesadez de la pluma o lo rebuscada de la trama, sino el mensaje que intenta dar. Por eso para mí, se lleva 4.5 estrellas.
Ray Bradbury es un autor que definitivamente quiero seguir leyendo, y espero que me siga sorprendiendo de esta manera. Por ahora ya está encaminado a mis autores favoritos, y Fahrenheit 451 es el primero en irse a los favoritos del 2019.
De todas formas, en algún momento voy a darle una releída a esta obra en búsqueda de las 5 estrellas que se merece.
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Paloma
 29 mayo 2018
“¿Sabía que los libros huelen a nuez moscada o alguna otra especie procedente de una tierra lejana? de niño, me encantaba olerlos. ¡Dios mío! En aquella época, había una serie de libros encantadores, antes de que los dejáramos desaparecer.”
Cuando reseño un libro que no me ha gustado, suelo decir que no soy una hater porque no critico por el hecho de hacerlo, o de mala fe. Sin embargo, he de reconocer que últimamente me parece más sencillo escribir reseñas sobre los libros que me han parecido malos que sobre los buenos. Cuando no he disfrutado una historia, desde antes de terminarla ya he preparado mentalmente los puntos por los cuales me parece mala y una serie de argumentos para sustentar mi opinión. Pero hoy me cuesta trabajo encontrar las palabras correctas para describir lo que me ha parecido esta novela breve del Sr. Bradbury.
Podría decir que me ha encantado y que es una pequeña joya.
Que ahora entiendo porque se ha ganado su lugar como un clásico contemporáneo y que no sé porque no lo leí antes.
Lo anterior es cierto pero es una descripción muy simple a todo lo que me ha provocado Fahrenheit 451. Quizá ante lo sublime uno simplemente se queda en silencio, asimilando, procesando el impacto que ha tenido la obra en uno mismo.
Lo que más me ha impactado de la novela es el hecho que a pesar de narrar un futuro aterrador –un mundo sin libros, y peor, un mundo donde la gente ya ni siquiera tiene el interés de leer y se contenta con placeres superfluos, existe, al final del camino, esperanza. Esto es que, si bien el hombre es capaz de destruir lo más preciado –libros, relaciones humanas, el pensamiento- también tiene la enorme capacidad de maravillarse, rebelarse y actuar. Bradbury presenta un mundo gris y monótono pero también uno en donde en el momento y lugar menos esperado, hay un resplandor, una prueba de vida interior.
La premisa del libro es muy bien conocida –en el mundo, la gente ya no lee y los bomberos se dedican a quemar los pocos volúmenes y ediciones de esas cosas tan extrañas conocidas como libros. La gente misma denuncia la existencia de éstos –nadie quiere contaminarse con su contenido, que hace pensar en cosas que le llevan a uno a la melancolía. ¿Y quién, en su sano juicio, quisiera deprimirse? Guy Montag es un bombero que cumple con su tarea sin mayores problemas. Hasta que un día conoce a una joven, Clarisse, quien comienza a hablarle de forma extraña –que disfruta el silencio, caminar por las calles, conversar; que cree que un diente de león puede decirle a uno si está enamorado. Entonces Montag comienza a cuestionar su profesión, su matrimonio con Mildred, y sobre qué esconden los libros y se da cuenta que está vacío: que no sabe por qué hace lo que hace, no comprende porque una mujer es capaz de morir quemada con su biblioteca, no conoce a la mujer con la cual ha estado casado 10 años; ni siquiera recuerda cómo la conoció.
Y así empieza su rebelión y su decisión por lograr algo distinto, por rescatar algo más que los libros: su humanidad, su capacidad de pensamiento y sentimiento. Porque los libros contienen eso y más, y considero que esa era la crítica que Bradbury quería hacer en ese contexto (y que continúa siendo muy válida): una sociedad aterrada por una amenaza exterior y que para hacerlo llevadero, elimina toda fuente de angustia pero también de cuestionamiento.
Como Faber –el hombre del que Montag va entendiendo cómo llegaron a esa situación:
“Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia sólo está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para nosotros.”
El mundo que construye Bradbury no está tan alejado de la sociedad que hoy tenemos (y hay miles de ejemplos de ello, los reality shows, el consumismo, etc.) si bien creo que, en los últimos años, sí ha existido una revalorización del libro y la lectura alrededor del mundo –la existencia de la comunidad de Goodreads me parece un ejemplo extraordinario y recuerdo que hace 5 años se dijo que el libro digital terminaría con el impreso, lo cual afortunadamente no ha sido el caso.
El tema es más bien que a nadie se le puede obligar a cómo entretenerse y en muchas ocasiones, es más sencillo elegir lo digerible, lo divertido. Tal como en la novela, hay un punto en que quizá el gobierno o el poder no necesitan desaparecer libros porque la gente tomó la decisión de no recurrir a ellos. No sé exactamente en qué punto se encuentran nuestras sociedades actuales al respecto porque considero que hay una comunidad grande que disfruta mucho leer pero faltan muchos más lectores para un mundo mejor.
Y en ese sentido, novelas comoFahrenheit 451 son fundamentales para promover el amor a los libros –no sólo porque plantean las consecuencias de su extinción sino también porque son un pequeño y hermoso homenaje al texto impreso.
Por otra parte, y a pesar que esta historia es una distopia, retratando una sociedad mecanizada, fría, considero que Bradbury construyó también un texto bellamente poético y reflexivo: ante el peligro y la pérdida, siempre tendremos la opción de elegir un camino distinto. Es decir: de vivir la vida, de manera íntegra, a través de los libros, conversando en el jardín de nuestra casa con un amigo o mirando un atardecer.
“Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve el mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así”.
Releo esta cita y pienso que Bradubury no escribió más que una oda a la vida.
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GuadalupeVazquez
 27 noviembre 2018
Narrativa:

Ray Bradbury escribe de una manera magnífica. A pesar de ser un libro relativamente "viejo", su prosa es amena y fluida. A diferencia de otros libros tediosos y recargados en frases, Bradbury nos cuenta exactamente lo que sucede. Más allá de eso, su prosa está cargada de filosofía y reflexiones. Profundiza en todas las cosas que a veces son necesarias profundizar, pero nos callamos la boca porque son muy dolorosas de aceptar.

Mi opinión:

Fahrenheit 451 es mi libro favorito. Probablemente influyó mucho el hecho de que lo leí en la secundaria, en Literatura, analizando cada frase que leíamos. Y es uno de esos libros que creo que todos deberían leer. Fahrenheit 451 es un libro escrito hace mucho, pero que siempre va a ser actual.
Habla sobre todo lo que alguna vez vi y critiqué en el mundo: las cosas mundanas, el llenarnos la cabeza con cosas sin sentido, el ocupar nuestro tiempo con cualquier cosa con tal de no pensar, el hacer todo rápido y automatizado, el trabajar solo para hacer dinero. El no disfrutar. El no vivir. Cada uno de los personajes te muestra y enseña algo. No hay ningún personaje de relleno, o que no debería estar. Algunos son lo que uno querría ser, otros los que no querría ser. Pero todos te hacen abrir los ojos, de la buena o mala manera.
Fahrenheit 451 nos presenta un mundo totalitario, una distopía desagradable donde están prohibidos los libros pero, principalmente, están prohibidas las cosas que ellos conllevan: pensar. Bradbury nos presenta una sociedad devastada, donde todos están embobados por las "personas en la pared" -¿celulares?- y viven todos los días de su vida hablando con esas personas inexistentes. Con esas imágenes que están y no están. Se llenan la cabeza con lo que ven en la televisión, con el deporte, con la basura que les transmiten, con personas, fiesta, alcohol, pero no profundizan. A pesar de tener esposos/as, hijos/as, familia... no son nadie entre sí. Meros desconocidos que comparten un hogar. Viven una vida de superficialidades y soberbia donde los propios habitantes se creyeron tanto el discurso del gobierno que juzgan y critican a aquellos que muestran un atisbo de pensamiento o profundidad.
Montag es un bombero que, en vez de apagar incendios, los inicia. Él quema libros. Pero se siente fuera de esa sociedad, fuera de ese mundo. Anhela poder comunicarse con su esposa, tener una relación con ella. Anhela tener amigos. Anhela poder ser más. Vive deprimido, nostálgico, con miedo...
Lo que más me gustó es el final. Sin dar spoilers, me agradó el hecho de que no finaliza como cualquier fantasía YA actual donde los super héroes derrotan un gobierno establecido hacía muchos años. No, Fahrenheit 451 no termina así. Termina crudo, y real. Termina de una manera devastadora, pero al mismo tiempo hermosa. de nuevo, sin dar spoilers, Montag descubre una mejor manera de luchar contra ese gobierno: se convierte en libro. Porque ellos podían quemar todos los libros que quisieran, pero nunca podrían borrar sus recuerdos.
En fin, nuevamente lo recomiendo. Prometo que después de leer este libro no van a ser los mismos, de una buena manera espero.
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Yani
 05 mayo 2018
Lo primero que sentí cuando leí Fahrenheit 451 fue dolor ¿Los libros pueden sentir dolor? Porque casi escuchaba gritos en las escenas donde los queman. Y ahí una no sabe si son los gritos propios o si de verdad los libros se quejan. Esta historia causa impresión por varias cuestiones, pero las principales se reducen a dos: la aniquilación del conocimiento y la estupidización de las masas. Suena curiosamente real, ¿no creen?
Estados Unidos, año incierto (el futuro, eso seguro). Los bomberos ya no apagan incendios, sino que los provocan cada vez que alguien da el alarma: cualquier libro que se encuentre debe reducirse a cenizas, junto con la casa. Montag es un bombero que viene sufriendo una crisis “profesional” que se profundiza cuando conoce a su vecina, Clarisse, que le genera dudas en las conversaciones.
Bradbury presenta las preocupaciones de la época, donde cada pequeño invento era un gran acontecimiento. Y de repente las personas se veían atraídas por una pantalla, por las emisiones de radio, las comunicaciones y por la inmediatez de las noticias. Ahora esto nos parece pan comido, pero en aquellos años debió haber sido tan asombroso como terrorífico. En la realidad de Montag, la familia aparece por televisión, hablando y chillando cosas sin sentido. No hay debates, los pocos libros que existen (o que se permiten) están ilustrados y cuentan historias vacías, las artes liberales están prohibidas. En cierto momento el vacío de los diálogos y la negligencia de las personas generan pánico intelectual. Y no sé hasta qué punto no se trata del eco de un pánico actual (lamento ser pesimista, pero lo soy).
Montag, casado con Mildred, no se cuestiona seriamente su labor como bombero hasta que conoce a Clarisse. Mildred y Clarisse forman un par que se pondrá en oposición todo el tiempo, mucho más en lo concerniente a la inteligencia, así que eso resulta interesante. Y hablando de mujeres, la falta de representación de las intelectuales femeninas levantó mis sospechas. Hay cosas que no deberían llamarme la atención sobre la ciencia ficción del siglo XX, pero nunca está de más plantearse la cuestión. Uno de los personajes más interesantes, además de las mujeres ya mencionadas, es Beatty, el capitán de los bomberos. Su perspectiva cínica (e, incluso, un tanto hipócrita) teje el mundo de Fahrenheit 451 con unos pocos diálogos. Redoblo la apuesta: las descripciones del narrador en tercera persona no me parecieron tan útiles para entender ese escenario como sí me pareció Beatty. de Montag no quiero hablar mucho: su personaje se comporta de manera irritante. Es un nervio expuesto (gracias por la idea, Bruce Banner), un inconformista que desea salir violentamente del molde.
El estilo de Bradbury me gusta porque, aunque utilice la tercera persona, se mete en la conciencia del personaje y extrae pensamientos (sí, aunque esté prohibido pensar). Eso acompaña a los momentos de crisis de Montag. Las frases cortas, paradójicamente, aceleran la lectura como si fuera alguno de los libros permitidos en la distopía. Sin embargo, eso no significa que carece de profundidad. Lo único que tengo para criticar con respecto a la escritura es el uso reiterado de algunas metáforas (no sé si es un error… yo lo tomaría como algo que no me gustó mucho y ya) y la vaguedad con la que se tratan ciertos temas políticos. El centro de la atención está en la opresión, por supuesto, pero me hubiera gustado saber más de ese mundo en guerra.
En definitiva, todo esto que leyeron (ojalá que se hayan concentrado) desemboca en un “lo recomiendo” rotundo. Si les gusta leer, si se ponen mal cuando ven un libro deshecho (en esta novela los queman, no hay nada para hacer…), si les asusta la calidad del entretenimiento y la educación y una infinidad de temas acordes al siglo XXI, esta es su distopía. No hay nada que pensar.

Enlace: http://desarmandoclasicos.bl..
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Marisoliturrios
 17 julio 2019
Esta es una novela post literaria, donde los bomberos ya no se dedican a apagar incendios debido a que ahora todos los edificios son anti fuegos, pero realizan una labor para nada noble; ahora queman libros.
El nuevo orden tiene prohibido cualquier literatura ya que hace pensar a la gente, y aunque a algunos les guste Dostoyevski, a otros puede que no y eso es motivo suficiente para quemar sus libros... para evitar que la gente piense y discuta.
Entonces lo se crean actividades y mecanismos para que la gente sea algo así como autómatas, no tengan criterio, no analicen.
Después de una breve plática con su vecina, el bombero Guy Montang se cuestiona si en realidad es feliz, qué habrá en los libros que hay gente que arriesga su vida por ellos
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Citas y frases (12) Ver más Añadir cita
DiemDiem20 julio 2018
Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a dónde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas, en tanto que cambies algo respecto a como era entes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos.
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LaiaLaia30 septiembre 2018
No nacemos libres e iguales, como dice la Constitución, nos hacemos iguales. Todo hombre es la imagen de todos los demás, y todos somos así igualmente felices. No ha montañas sobrecogedoras que puedan empequeñecernos.
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LaiaLaia30 septiembre 2018
Es un hermoso trabajo. El lunes quemar a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner; quemarlos hasta convertirnos en cenizas, luego quemar las cenizas. Ése es nuestro lema oficial.
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LuisMinskiLuisMinski09 diciembre 2017
Las hojas otoñales se arrastraban por el pavimento iluminado por el claro de luna. Y hacían que la muchacha que se movía allí pareciese estar andando sin desplazarse, dejando que el impulso del viento y de las hojas la empujara hacia delante.
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DiemDiem16 julio 2018
Llena tus ojos de ilusión. Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así.
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