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ISBN : 8490321477
Editorial: Debolsillo (05/12/2016)

Calificación promedio : 4.21/5 (sobre 97 calificaciones)
Resumen:
Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.
Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento.El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros. Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Ald... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (38) Ver más Añadir una crítica
joseluispoetry
 25 julio 2019
FARENHEIT 451, DE RAY BRADBURY

Farenheit 451 de Ray Bradbury es una novela distópica pura. Como ya se sabe, una distopía es una utopía en su sentido peyorativo, una sociedad que se supone debería ser idónea pero que no lo es, simple y sencillamente porque los valores impuestos son indeseables para el ser humano.
Ray Bradbury escribió Fahrenheit 451 con una máquina de escribir que rentó en la biblioteca por $0,10 por cada media hora, pagando un costo total de $9,80, lo que significa que le hubo tomado exactamente 49 horas escribir el clásico[1].
Primero apareció en capítulos en 1952, en la revista Play Boy, cuando ésta era precisamente una revista mucho más completa y más integradora que su versión actual. La obra completa fue publicada al año siguiente, en plena época de la tan llevada y traída Guerra Fría, justo cuando el mundo se había dividido en dos bloques: los comunistas rusos y los capitalistas norteamericanos.
Como distopía pura, Farenheit 451 –algo así como 332 grados centígrados, temperatura idónea en la cual arde el papel- se erige como una civilización cuyo gobierno es represor y encierra en sí misma una fuerte relación con la época y el contexto económico, político y social norteamericano que la vio nacer. Aunque cabe aclarar que Ray Bradbury ya había cosechado fama con la novela Crónicas marcianas, publicada en 1950.
Concebida no como se asevera en Wikipedia, por un afán de protesta contra la muy lejana quema de libros en la Alemania Nazi de 1933; no como -algo más cercano a Bradbury- el lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en 1945 (si Wikipedia tuviera razón en su razonamiento irracional, se quedarían atrás la quema de la inmensa Biblioteca de Alejandría, y aún más atrás en el tiempo, el incendio de Roma por Nerón y también hubieran contado); sino como una severa crítica a la prohibición de libros y a la “cacería de brujas” orquestada por el senador Joseph Mc Carthy ese mismo año, 1953, en el que los grandes artistas norteamericanos y extranjeros comienzan a sufrir de hostigamiento en la tierra de las promesas fallidas por la más mínima sospecha de que albergan en sus almas una pequeña pizca de “comunistas”. Recuérdese el triste y valiente caso de Lillian Hellman, la esposa del novelista del género negro Dashiell Hammet, quien fue sometida a un severo juicio, o la de los cineastas, como Dalton Trumbo y sus amigos, y a todos los políticos de la época, quienes fueron obligados a declarar ante el famoso tribunal anticomunista (una especie de Tribunal del Santo Oficio, sin ser santo y sin ser oficio, en pleno siglo XX) su desapego a las ideas de Marx y Engels.
Farenheit 451 es una novela sincrética, porque concilia dos universos de la mitología si no totalmente opuestos, sí distintos en sus puntos torales: el judeocristiano y el griego. Es una alegoría que reúne lo crístico con lo órfico, y que se reconcilian, se mezclan en el gran mito de la resurrección. Job, prefigura de Cristo, Orfeo, y el ave Fénix se dan cita en estas páginas.
En el fondo, Farenheit 451 encierra la eterna alegoría del paraíso perdido por recuperar. Un mundo patriarcal, autoritario, donde existe un dios en la figura del estado, que ha prohibido terminantemente el acceso al huerto del fruto del conocimiento.
Durante seis días dios creó el universo, al séptimo de ellos, el domingo, descansó. Por eso en Farenheit la eternidad comienza un lunes. Y precisamente, en alemán, Montag, que es el nombre del protagonista de la novela más leída de Ray Bradbury, significa lunes.
El lunes es el octavo día y a la vez el primero, en donde el hombre deja el ocio y se pone en acción, es el emblema del comienzo. Montag pertenece a una de las cientos de estaciones de bomberos que existen desperdigadas por toda la geografía del estado totalitario, la cual, paradójicamente, no se dedica a apagar incendios, sino a provocarlos en cada sitio donde se encuentren los grandes volúmenes nacidos del invento de Johannes Gutenberg.
Montag parece estar conforme con su vida, con su rutina de tragahumo y con Mildred, su querida, depresiva y amnésica esposa, quien siempre lo espera en casa y hasta celebra cada “hazaña” de volver cenizas a alguna biblioteca clandestina.
Todo comienza a cambiar cuando Montag conoce a la subversiva involuntaria Clarisse Macclellan, una muchacha rústica, silvestre, desenfadada, ajena a ese mundo que los rodea. Clarisse es una Eva futurista, un filósofo en potencia y su pregunta ontológica resulta ser el fruto demasiado apetecible con el que cimbra todo el, hasta entonces, reducido y conformista universo de Adán-Montag: -¿Es usted feliz?
De esa forma, Clarisse hace honor a su nombre: le brinda claridad a Montag. Es a la vez Eva y a la vez la serpiente que tentó a Adán-Montag en el Paraíso.
El sacudimiento de conciencia de Montag se completa cuando él, Beatty y el resto de su cuadrilla de bomberos acuden a incendiar un domicilio que ha sido descubierto y denunciado por una vecina de apellido Blake como guardador de libros en el ático en potencia. La dueña de la casa no sólo no sale a la calle, como ocurre la mayoría de las veces, en esos casos en que la casa habrá de ser devorada por el fuego, sino que es ella misma quien prende la cerilla que pondrá fin a su vida y a sus pertenencias. Montag se cuestiona sobre el posible sentido poderoso y oculto -aún a sus obnubilados ojos y a su mente embotada- que los libros encierran como para que un ser humano sea capaz de darlo todo por ellos.
Beatty es el memorioso jefe de la estación de bomberos donde Montag labora. Beatty está recalcitrantemente convencido de que su vida es perfecta. Él es el representante corpóreo del estado totalitario. Piensa que los libros son el verdadero estorbo en el camino a la felicidad, pues provocan una angustia existencial, por eso hay que acabar con todos. Y pobre de aquel que se oponga, el sabueso -ese perro mecánico, asignado uno para cada estación de bomberos, cuya aguja que inyecta procaína actúa como un poderoso sedante- irá por él. Y la casa donde habite el transgresor o la transgresora habrá de ser reducida a escombros.
Faber hace su aparición. Faber es un viejo profesor de literatura, es el homo faber que habrá de proporcionar las ideas y los medios para escapar del absoluto control que el estado ejerce sobre todos los ciudadanos, para iniciar el proceso de liberación. le proporciona a Montag un pequeño pero efectivo dispositivo para estar en constante comunicación.
Ray Bradbury nos recuerda el poder subversivo que tiene la poesía en quienes la escuchan, por eso cuando Montag, en un acto de ira por lo superficial que son, lee un poema en voz alta a Mildred y a sus amigas, una suelta el llanto desconsoladoramente, mientras otra se enfurece. Ésta es la razón por la cual según Platón deben ser expulsados de la República todos los poetas. Mildred no está dispuesta a seguir casada con el pobre Job-Montag que parece estar enloqueciendo. Ella y sus amigas lo denunciarán. Este es el clímax de la novela.
Cuando llegan al domicilio donde habitan los insurrectos, Montag ve salir a Mildred-Eurídice a la inversa, llevando sus cosas. ¡Entonces comprende tardíamente que es su propia casa la que tienen que quemar! Accidentalmente se le cae el dispositivo con el cual se comunica con Faber. Beatty lo recoge y asegura que dará con el subversivo para darle su merecido y obliga a Montag a que sea él quien prenda fuego a todo sin dejar un solo momento de hostigarlo. Montag, en un arrebato de ira, incendia a su jefe y al sabueso. Éste le inyecta el poderoso sedante. Aún así, consigue huir.
A final de cuentas, desposeído ya de todo, virtual y mediáticamente asesinado por otro sabueso, Montag habrá de unirse a esos hombres-biblioteca deambulando a las orillas de las ciudades, de las vías del tren y de los ríos y significan la última esperanza de la civilización. Son libros vivientes, la alegoría del ave fénix renaciendo desde sus propias cenizas. En ellos, el fuego no es un elemento destructivo, sino civilizador. Son grandes dialogantes. Buscan incentivar el calor humano. Saben que después de la guerra, que ronda por doquier como fantasma, mejores tiempos para ellos se aproximan.
Una alegoría excelente la de Farenheit 451, misma que presupone un abandono al progreso mecanizado y un regreso a los cinco sentidos y a la naturaleza. Montag es un moderno Orfeo volviendo del mundo de los muertos. El baño de lodo, de tierra, de cenizas, mientras es perseguido, nos habla de su renacimiento. Montag es el hombre que ha regresado a sus orígenes, a su útero materno, la madre tierra, para poder nacer nuevamente. Montag es el hombre nuevo constituido por lo antiguo. El sénex puer o el puer sénex, el viejo-niño, el niño viejo que dará al mundo un sentido más profundo, más significativo, por lo tanto más humano. Y qué puede ser el símbolo que reúne lo viejo con lo nuevo, lo muriente con lo naciente sino el ave fénix. El dios viejo que se hace un dios nuevo, como Jesús, el cristo.
[1] Ray Bradbury murió el 5 de junio de 2012 a la edad de 91 años en Los Ángeles, California. A petición suya, su lápida funeraria, en el Cementerio Westwood Village Memorial Park, lleva el epitafio: «Autor de Fahrenheit 451».
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Dreammewords
 08 enero 2019
”-La gente no habla de nada. Citan automóviles, ropas, piscinas, y dicen ¡que bien! Pero siempre repiten lo mismo, y nadie dice nada diferente, y la mayor parte del tiempo, en los cafés, hacen funcionar los gramófonos automáticos de chistes, y escuchan chistes viejos, o encienden la pared musical y las formas coloreadas se mueven para arriba y para abajo, pero son sólo figuras de color, abstractas. ¿Ha estado en los museos? Todo es abstracto. Mi tío dice que antes era distinto. Hace mucho tiempo los cuadros decían cosas, y hasta representaban gente.”
Fahrenheit 451 es uno de esos libros que siempre quise leer pero de los que tenía la falsa imagen que al ser clásicos iban a tener un estilo de escritura recargado y pesado de leer; cuando lo agarré fue sin estar convencida de que fuera mi momento de leerlo, con miedo de que no me gustara pero ahora que por fin lo leí tengo que decir que no podría haber estado más equivocada.
Para empezar, Fahrenheit 451 trata de una sociedad distópica en la que los bomberos no apagan fuegos, sino que son ellos los que los inician usando como combustible nada más y nada menos que libros.
Estos bomberos son básicamente los peones del gobierno. Cada vez que alguien subversivo es denunciado, las alarmas del cuartel suenan y los trabajadores salen en búsqueda del criminal.
Guy Montag, nuestro protagonista, es uno de estos bomberos y tras la simple pregunta “¿Eres feliz?” empieza a darse cuenta que este estilo de vida no es uno que a él le gustaría vivir: algo simplemente se siente mal.
De esta forma, Ray Bradbury nos abre la puerta a reflexiones que tal vez hasta dan miedo.
Lo que más me hacía poner “incómoda” -si se quiere- es la idea de que los temas que toca el autor no solo son reales, sino que son muy actuales: gente siendo perseguida por su línea de pensamiento, las “familias” en las paredes, los caracoles en los oídos, las autopistas de alta velocidad, etc. Como bien tratan en el libro, tenemos todo el tiempo del mundo, pero nunca usamos ese tiempo para pensar, y cuando vamos en un auto a 150 km/h, por ejemplo, ni siquiera atinamos a pensar en estas cosas.
Lo más triste de toda la trama es que el gobierno ni siquiera tuvo que imponer una ley contra la literatura, la sociedad misma decidió dejar de lado todo tipo de cultura. Toda esencia que tuvieran tanto los libros como la música o las películas –su alma, básicamente- fue siendo dejado de lado por entretenimiento superfluo, pero esto no es suficiente para Montag. Él necesita o más bien desea desde lo más profundo de su corazón tener una relación que lo llene con otro ser humano. Tiene una esposa, tiene compañeros de trabajo, pero no tiene amigos ni familia: nadie con quien forme una conexión suficientemente poderosa. Claro que para esta gente eso es simplemente la vida, pero Guy necesita más, lo que él realmente quiere es vivir, no sólo existir con personas extremadamente conformistas y sintéticas.
Una de mis frases favoritas del libro dice exactamente eso: ”No son libros lo que usted busca. Puede encontrarlo en muchas otras cosas: viejos discos de fonógrafo, viejas películas y viejos amigos; búsquelo en la naturaleza, y en su propio interior. Los libros eran solo un receptáculo donde guardábamos algo que temíamos olvidar. No hay nada de mágico en ellos, de ningún modo. La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura”.
Como simple contexto tenemos un mundo distópico pero no necesariamente futurista. Con los avances tecnológicos que tenemos hoy en día, se podría decir que la novela es una realidad alternativa, porque como digo es muy actual.
En este mundo hay una guerra, pero nunca se especifica nada sobre esta misma. Bien podría ser una metáfora al viaje de Montag como podría ser también una crítica al periodo histórico por el que pasó el autor, pues el libro es de 1953.
Un personaje que me pareció muy interesante fue Beatty. Hubo una escena clave en que sentí que todo su personaje estaba abriéndose en algo más profundo, pero obviamente por culpa de los spoilers no puedo decir mucho. Simplemente pensar que hay personas que por puro miedo a enfrentarse a lo real, al status quo prefieren vivir una vida infeliz que no los satisface es algo que da miedo.
El final me gustó mucho porque no es el típico que se ve hoy en día donde un grupo de cinco adolescentes vencen a un gobierno totalitario y miran al horizonte con una sonrisa en la cara.
Es un final triste pero al mismo tiempo esperanzador, porque pueden quemar todos los libros que necesiten, pero mientras estén en la cabeza y el corazón de la persona que los leyó no pueden destruirlos completamente.
Tanto Montag como el resto de personas que encuentra en el bosque se convierten en hombres-libro, y en una metáfora que me gustó bastante en la que comparan a la humanidad con el fénix, nos cuentan cómo la humanidad puede destruirse cíclicamente, pero siempre va a poder levantarse de nuevo.
En fin, es uno de esos libros que se quedan para siempre dentro del lector, en el que lo que importa no son los detalles técnicos como la pesadez de la pluma o lo rebuscada de la trama, sino el mensaje que intenta dar. Por eso para mí, se lleva 4.5 estrellas.
Ray Bradbury es un autor que definitivamente quiero seguir leyendo, y espero que me siga sorprendiendo de esta manera. Por ahora ya está encaminado a mis autores favoritos, y Fahrenheit 451 es el primero en irse a los favoritos del 2019.
De todas formas, en algún momento voy a darle una releída a esta obra en búsqueda de las 5 estrellas que se merece.
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Paloma
 29 mayo 2018
“¿Sabía que los libros huelen a nuez moscada o alguna otra especie procedente de una tierra lejana? de niño, me encantaba olerlos. ¡Dios mío! En aquella época, había una serie de libros encantadores, antes de que los dejáramos desaparecer.”
Cuando reseño un libro que no me ha gustado, suelo decir que no soy una hater porque no critico por el hecho de hacerlo, o de mala fe. Sin embargo, he de reconocer que últimamente me parece más sencillo escribir reseñas sobre los libros que me han parecido malos que sobre los buenos. Cuando no he disfrutado una historia, desde antes de terminarla ya he preparado mentalmente los puntos por los cuales me parece mala y una serie de argumentos para sustentar mi opinión. Pero hoy me cuesta trabajo encontrar las palabras correctas para describir lo que me ha parecido esta novela breve del Sr. Bradbury.
Podría decir que me ha encantado y que es una pequeña joya.
Que ahora entiendo porque se ha ganado su lugar como un clásico contemporáneo y que no sé porque no lo leí antes.
Lo anterior es cierto pero es una descripción muy simple a todo lo que me ha provocado Fahrenheit 451. Quizá ante lo sublime uno simplemente se queda en silencio, asimilando, procesando el impacto que ha tenido la obra en uno mismo.
Lo que más me ha impactado de la novela es el hecho que a pesar de narrar un futuro aterrador –un mundo sin libros, y peor, un mundo donde la gente ya ni siquiera tiene el interés de leer y se contenta con placeres superfluos, existe, al final del camino, esperanza. Esto es que, si bien el hombre es capaz de destruir lo más preciado –libros, relaciones humanas, el pensamiento- también tiene la enorme capacidad de maravillarse, rebelarse y actuar. Bradbury presenta un mundo gris y monótono pero también uno en donde en el momento y lugar menos esperado, hay un resplandor, una prueba de vida interior.
La premisa del libro es muy bien conocida –en el mundo, la gente ya no lee y los bomberos se dedican a quemar los pocos volúmenes y ediciones de esas cosas tan extrañas conocidas como libros. La gente misma denuncia la existencia de éstos –nadie quiere contaminarse con su contenido, que hace pensar en cosas que le llevan a uno a la melancolía. ¿Y quién, en su sano juicio, quisiera deprimirse? Guy Montag es un bombero que cumple con su tarea sin mayores problemas. Hasta que un día conoce a una joven, Clarisse, quien comienza a hablarle de forma extraña –que disfruta el silencio, caminar por las calles, conversar; que cree que un diente de león puede decirle a uno si está enamorado. Entonces Montag comienza a cuestionar su profesión, su matrimonio con Mildred, y sobre qué esconden los libros y se da cuenta que está vacío: que no sabe por qué hace lo que hace, no comprende porque una mujer es capaz de morir quemada con su biblioteca, no conoce a la mujer con la cual ha estado casado 10 años; ni siquiera recuerda cómo la conoció.
Y así empieza su rebelión y su decisión por lograr algo distinto, por rescatar algo más que los libros: su humanidad, su capacidad de pensamiento y sentimiento. Porque los libros contienen eso y más, y considero que esa era la crítica que Bradbury quería hacer en ese contexto (y que continúa siendo muy válida): una sociedad aterrada por una amenaza exterior y que para hacerlo llevadero, elimina toda fuente de angustia pero también de cuestionamiento.
Como Faber –el hombre del que Montag va entendiendo cómo llegaron a esa situación:
“Los libros sólo eran un tipo de receptáculo donde almacenábamos una serie de cosas que temíamos olvidar. No hay nada mágico en ellos. La magia sólo está en lo que dicen los libros, en cómo unían los diversos aspectos del Universo hasta formar un conjunto para nosotros.”
El mundo que construye Bradbury no está tan alejado de la sociedad que hoy tenemos (y hay miles de ejemplos de ello, los reality shows, el consumismo, etc.) si bien creo que, en los últimos años, sí ha existido una revalorización del libro y la lectura alrededor del mundo –la existencia de la comunidad de Goodreads me parece un ejemplo extraordinario y recuerdo que hace 5 años se dijo que el libro digital terminaría con el impreso, lo cual afortunadamente no ha sido el caso.
El tema es más bien que a nadie se le puede obligar a cómo entretenerse y en muchas ocasiones, es más sencillo elegir lo digerible, lo divertido. Tal como en la novela, hay un punto en que quizá el gobierno o el poder no necesitan desaparecer libros porque la gente tomó la decisión de no recurrir a ellos. No sé exactamente en qué punto se encuentran nuestras sociedades actuales al respecto porque considero que hay una comunidad grande que disfruta mucho leer pero faltan muchos más lectores para un mundo mejor.
Y en ese sentido, novelas comoFahrenheit 451 son fundamentales para promover el amor a los libros –no sólo porque plantean las consecuencias de su extinción sino también porque son un pequeño y hermoso homenaje al texto impreso.
Por otra parte, y a pesar que esta historia es una distopia, retratando una sociedad mecanizada, fría, considero que Bradbury construyó también un texto bellamente poético y reflexivo: ante el peligro y la pérdida, siempre tendremos la opción de elegir un camino distinto. Es decir: de vivir la vida, de manera íntegra, a través de los libros, conversando en el jardín de nuestra casa con un amigo o mirando un atardecer.
“Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve el mundo. Es más fantástico que cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así”.
Releo esta cita y pienso que Bradubury no escribió más que una oda a la vida.
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GuadalupeVazquez
 27 noviembre 2018
Narrativa:

Ray Bradbury escribe de una manera magnífica. A pesar de ser un libro relativamente "viejo", su prosa es amena y fluida. A diferencia de otros libros tediosos y recargados en frases, Bradbury nos cuenta exactamente lo que sucede. Más allá de eso, su prosa está cargada de filosofía y reflexiones. Profundiza en todas las cosas que a veces son necesarias profundizar, pero nos callamos la boca porque son muy dolorosas de aceptar.

Mi opinión:

Fahrenheit 451 es mi libro favorito. Probablemente influyó mucho el hecho de que lo leí en la secundaria, en Literatura, analizando cada frase que leíamos. Y es uno de esos libros que creo que todos deberían leer. Fahrenheit 451 es un libro escrito hace mucho, pero que siempre va a ser actual.
Habla sobre todo lo que alguna vez vi y critiqué en el mundo: las cosas mundanas, el llenarnos la cabeza con cosas sin sentido, el ocupar nuestro tiempo con cualquier cosa con tal de no pensar, el hacer todo rápido y automatizado, el trabajar solo para hacer dinero. El no disfrutar. El no vivir. Cada uno de los personajes te muestra y enseña algo. No hay ningún personaje de relleno, o que no debería estar. Algunos son lo que uno querría ser, otros los que no querría ser. Pero todos te hacen abrir los ojos, de la buena o mala manera.
Fahrenheit 451 nos presenta un mundo totalitario, una distopía desagradable donde están prohibidos los libros pero, principalmente, están prohibidas las cosas que ellos conllevan: pensar. Bradbury nos presenta una sociedad devastada, donde todos están embobados por las "personas en la pared" -¿celulares?- y viven todos los días de su vida hablando con esas personas inexistentes. Con esas imágenes que están y no están. Se llenan la cabeza con lo que ven en la televisión, con el deporte, con la basura que les transmiten, con personas, fiesta, alcohol, pero no profundizan. A pesar de tener esposos/as, hijos/as, familia... no son nadie entre sí. Meros desconocidos que comparten un hogar. Viven una vida de superficialidades y soberbia donde los propios habitantes se creyeron tanto el discurso del gobierno que juzgan y critican a aquellos que muestran un atisbo de pensamiento o profundidad.
Montag es un bombero que, en vez de apagar incendios, los inicia. Él quema libros. Pero se siente fuera de esa sociedad, fuera de ese mundo. Anhela poder comunicarse con su esposa, tener una relación con ella. Anhela tener amigos. Anhela poder ser más. Vive deprimido, nostálgico, con miedo...
Lo que más me gustó es el final. Sin dar spoilers, me agradó el hecho de que no finaliza como cualquier fantasía YA actual donde los super héroes derrotan un gobierno establecido hacía muchos años. No, Fahrenheit 451 no termina así. Termina crudo, y real. Termina de una manera devastadora, pero al mismo tiempo hermosa. de nuevo, sin dar spoilers, Montag descubre una mejor manera de luchar contra ese gobierno: se convierte en libro. Porque ellos podían quemar todos los libros que quisieran, pero nunca podrían borrar sus recuerdos.
En fin, nuevamente lo recomiendo. Prometo que después de leer este libro no van a ser los mismos, de una buena manera espero.
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AlmaLectora
 26 octubre 2017
Nos encontramos en un nuevo mundo distópico. Ya que esta es una de las novelas clásicas distopicas en las que toda novela de ciencia ficción o distopica actual se basa, junto a 1984 y un mundo feliz (las dos reseñadas en el blog)
Como os decía en este mundo distópico los libros están censurados/prohibidos. Y nuestro protagonista Montag es un bombero. Pero aquí los bomberos no se dedican a apagar fuegos sino a crearlos, quemado los libros que encuentran. Ya que el gobierno de esta sociedad ha impuesto la ley de que los libros son peligrosos y tienen que ser destruidos. Además la gente está alineada a través de la televisión. Los programas de televisión y sus protagonistas (la familia) hacen creer a la sociedad que no tienen que pensar. Que son importantes para ellos y que todo tiene que ir rápido. Por lo que la gente no piensa en nada. En medio de todo esto hay una guerra por la que la gente, al estar alineada, no muestra el menor interés. Lo que más me impactado es esa indiferencia hacia todo lo que les rodea. Como incluso los sentimientos hacia sus seres queridos son neutros, es decir, si se muere el marido de alguien no lloran en seguida buscan otro marido porque de que sirve ponerse triste...
Al principio, nuestro protagonista es igual a todos pero tras un suceso con una mujer en su casa y el encuentro con su vecina, una joven con ideas poco comunes en esa sociedad, él empieza a pensar y a ver la realidad. Algo muy peligroso y que pronto será descubierto por el jefe de bomberos.
El principio de la obra es un poco pausado ya que el autor nos muestra la sociedad y los personajes. Como actúan ante determinados sucesos y como esos sucesos calan en Montag. Pero llega un punto en que la historia coge un ritmo muy frenético en que todo pasa muy rápido y precipitado. Dándome una sensación de angustia compartida con el protagonista en esa persecución de la libertad en esa sociedad claustrofobica.
También es una obra que no da muchas pistas o expone todas sus ideas claras. Sino que te da una serie de pistas y hace que el lector reflexione sobre ellas. Lo cual a pesar de ser un libro corto es denso de leer ya que cada poco ves un punto importante para pensar y ver reflejada la sociedad actual en ese libro escrito en la década de los treinta. Algo que da escalofríos como ocurre con las otras distopias clásicas, que es cómo un libro escrito hace tantos años pueda reflejar la sociedad actual tan bien.
No es la primera vez que leo este libro por lo que en esta ocasión me lo he tomado con más calma y he leído y reflexionado mucho los puntos que expone el autor sobre las políticas de los gobiernos, cómo la sociedad se deja alienar por este poder, o como la gente que piensa o las cosas que hacen pensar son peligrosas. Y aunque ahora no parezca que nos estén prohibiendo leer creo que los precios abusivos de los libros están consiguiendo esa perdida de cultura a mucha gente, aunque sé que hay muchos medios para conseguir leer, la gente se deja guiar por las masas. Pero espero que las cosas cambien para bien...
En conclusión, un libro muy importante para ver lo importante que es la literatura para pensar y reflexionar sobre cualquier tema. Como las personas pueden ser manipulas sin darse cuenta y a pesar de mostrárselo negar todo por propia comodidad. Como un libro escrito hace tanto tiempo parezca que esté hablando de la sociedad de hoy en día.
Enlace: https://almalectora.blogspot..
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Citas y frases (14) Ver más Añadir cita
DiemDiem20 julio 2018
Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a dónde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas, en tanto que cambies algo respecto a como era entes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos.
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KyosaiKyosai23 noviembre 2019
»Primera: ¿Sabe por qué libros como éste son tan importantes? Porque tienen calidad. Y, ¿qué significa la palabra calidad? Para mí, significa textura. Este libro tiene poros, tiene facciones. Este libro puede colocarse bajo el microscopio. A través de la lente encontraría vida, huellas del pasado en infinita profusión. Cuantos más poros, más detalles de la vida verídicamente registrados puede obtener de cada hoja de papel, cuanto más «literario» se vea. En todo caso, ésa es mi definición.
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LaiaLaia30 septiembre 2018
No nacemos libres e iguales, como dice la Constitución, nos hacemos iguales. Todo hombre es la imagen de todos los demás, y todos somos así igualmente felices. No ha montañas sobrecogedoras que puedan empequeñecernos.
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LaiaLaia30 septiembre 2018
Es un hermoso trabajo. El lunes quemar a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner; quemarlos hasta convertirnos en cenizas, luego quemar las cenizas. Ése es nuestro lema oficial.
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LuisMinskiLuisMinski09 diciembre 2017
Las hojas otoñales se arrastraban por el pavimento iluminado por el claro de luna. Y hacían que la muchacha que se movía allí pareciese estar andando sin desplazarse, dejando que el impulso del viento y de las hojas la empujara hacia delante.
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