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ISBN : 8445006738
Editorial: Minotauro (19/11/2019)

Calificación promedio : 3.78/5 (sobre 9 calificaciones)
Resumen:
Todos los años en el mes de diciembre, los hijos de J.R.R. Tolkien recibían cartas de Papá Noel. El presente libro recoge todos los extraordinarios dibujos y cartas, desde la primera nota para su hijo mayor en 1920 hasta la última y conmovedora correspondencia con su hija en 1943, en una única y maravillosa edición.

En estas cartas, «Papá Noel» relataba maravillosas historias sobre la vida en el Polo Norte:

• Cómo todos los renos se es... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (8) Ver más Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 23 diciembre 2019
La de años y años que llevaba detrás de este libro... yo quería aquella edición tan preciosa grande y de portada roja descatalogada desde hace años, pero los precios prohibitivos de segunda mano han hecho que no pueda hacerme con él hasta esta reciente edición... y sí, ahora mismo estoy muy enamorada de las cartas, de los dibujos, de todo lo que significan y del mismísimo Tolkien en persona si se tercia.
En una introducción inicial se explica el contenido del libro: cada Navidad, desde 1920 hasta 1943, en casa de los Tolkien se recibía puntualmente correo desde el Polo Norte con un remitente muy especial: Papá Noel. John, el primogénito de la prole Tolkien, tenía 3 años cuando llegó la primera carta, breve, concisa y con unas palabras afectuosas. Ese tipo de cartas llegaron durante unos cuantos años más pero, conforme fueron naciendo sus hermanos (Michael, Christopher y Priscilla), las cartas fueron alargándose, introduciendo nuevos personajes, contando aventuras sin fin, anécdotas de la vida en el Polo Norte, desavenencias con otras especies... convirtiendo la recepción y la lectura de estas cartas en todo un acontecimiento.

De este modo entraron en liza el Oso Polar y sus sobrinos, Paksu y Valkotukka; los Hombres de la Nieve y sus hijos, los Niños de la Nieve; el Oso Cavernario; los malvados trasgos que roban regalos y con los que deben entrar en guerra cada pocos cientos de años; los elfos ayudantes... y con ellos las cartas narraban la vida en el Polo Norte, las dificultades para preparar los regalos todos los años, las torpezas bienintencionadas del Oso Polar, cómo tuvo que mudarse Papá Noel a la Casa del Acantilado... Fijaos si los niños Tolkien esperaban con ansias estas cartas cada año que a partir de cierto momento las misivas desde el Polo Norte ya no llegaban solo para Nochebuena, sino que a veces el pobre Papá Noel ya tenía que responder cartas de estos niños desde octubre y debía escribirles varias veces en los últimos meses del año.

Leer estas cartas siendo niño, con esa inocencia, con la certeza de que te estás carteando con el mismísimo Papá Noel, me parece simplemente mágico. Pero leer estas cartas en edad adulta, cuando ya conoces la fealdad que impera en el mundo, cuando ese mundo a veces da poco margen para creer en la magia y en las cosas buenas que nacen del corazón, emociona... emociona imaginarse el contexto en el que nacieron estas cartas y la constancia y el cariño con las que perduraron hasta que la última de la prole Tolkien, Priscilla, cumplió 14 años y se interrumpieron.

Tolkien, el maravilloso Tolkien, otorgó a Papá Noel una caligrafía temblorosa a causa de su avanzada edad; y cuando el Oso Polar empezó a intervenir en las cartas, le concedió una letra más angulosa y grande porque sus gordas y enormes patas no podían escribir de manera más elegante; y cuando Ilbereth, el secretario elfo de Papá Noel, empezó a echarle una mano con la correspondencia, su letra pequeñita-pequeñita resultaba claramente distintiva. Cada habitante del Polo Norte tenía su propia personalidad en esas cartas, todas ellas con letras en rojo y negro, con anotaciones aquí y allá, pequeños dibujos... Me imagino a Tolkien sentado ante su escritorio no solo ideando las aventuras que iba a narrar, sino quién las iba a narrar y, llegado un punto, incluso dibujándolas. Porque sí, al principio solo dibujaba los sellos del Polo Norte que aparecían en los sobres de las cartas, pero a partir de 1925 también empezó a mandarles dibujos que ilustraban lo que les contaba en las cartas, y creedme, algunos de esos dibujos son simplemente maravillosos en su sencillez. No podía evitar sonreír cuando leía en la carta eso de que "solo le había llevado un minuto dibujarlos" y pensaba en el tiempo que realmente debía dedicar a cada unas de esas imágenes.

Estas cartas, que abarcan 24 navidades, son un testimonio fantástico no solo del cariño que había en esta familia, sino de la época en que fueron escritas y la propia carrera como escritor de Tolkien. En lo que respecta a la familia, no solo conocemos a los cuatro hijos del autor, sus gustos, los nombres de sus muñecos... sino que vamos viendo cómo van creciendo y dejan de escribir a Papá Noel aunque Papá Noel siempre se acuerde de ellos en sus cartas y, con respecto a esto, cómo debía llegar un punto que los mayores iban descubriendo quién escribía realmente esas cartas y callaban para que sus hermanos las siguiesen disfrutando. Por las cartas se deduce que ningún hermano jamás estropeó la magia al resto de sus hermanos, y a mí eso emociona, qué queréis que os diga (sí, estoy sensiblera, qué le voy a hacer). También en una de las cartas descubrimos que ya se había publicado El hobbit con un éxito tremendo (libro que mucha gente no sabe que Tolkien también escribió precisamente para sus hijos), y llega un punto en que la inevitable guerra y su miseria también meten la zarpa, aunque Tolkien en ningún momento se muestra condescendiente con su hija Priscilla (única destinataria ya por aquel entonces): no le esconde la realidad de lo mal que está el mundo, de las familias expulsadas de sus casas, de los niños que se han quedado sin hogar, de la falta de recursos, de que hay que compartir lo poco que hay para repartir... pero curiosamente sigue escribiéndole cartas desde el Polo Norte contándole las aventuras de un puñado de personajes fantásticos e irreales. Cruda realidad y magia dentro del mismo sobre.
A mí estas cartas me han transmitido cariño y amor a raudales, valores y buenos sentimientos, fantasía, aventuras, humor, muchísima imaginación... pero a Tolkien también se le escapa cierta nostalgia y melancolía que va en aumento con el transcurrir de los años conforme sus hijos crecen, Europa entra en guerra, etc..., aunque supongo que esas cosas solo las notamos los adultos (afortunadamente).
Lo he dicho arriba: estoy enamorada de este libro, sin más. Idear algo así, crear todo ese mundo y mantenerlo durante más de dos décadas ininiterrumpidamente, solo está al alcance de mentes privilegiadas con un genio infinito y un corazón de oro. Un libro al que recurrir de vez en cuando para releer alguna carta, recordar algún dibujo, volver a reírse con alguna aventura... pero no solo en Navidad, sino en cualquier época del año.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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Homolectus
 27 febrero 2020
Cada Navidad los hijos de J. R. R. Tolkien recibieron junto a los regalos de Navidad un par de cartas escritas por él mismo, por el Oso Polar o por uno de los elfos que habitan el Polo. La tradición creció conforme los cuatro hijos del matrimonio también lo hacían y la situación en el mundo cambiaba para convertirse en algo para lo que ni siquiera Papá Noel estaba preparado.
Al igual que todos los padres en el mundo, Tolkien dedicó bastante tiempo para hacer de la Navidad un momento alegre para sus hijos. Sin embargo, a diferencia de otros padres, Tolkien resultó construyendo por medio de sus cartas navideñas todo un mundo con habitantes, lenguas, historia legendaria, guerras y batallas. Un hecho bastante particular, pero muy interesante y muy característico de él.
Con una caligrafía que parece más patas de araña por los años y por el frío en el Polo que tiene que soportar Papá Noel, con otra estilizada y refinada del elfo Ilbereth, el secretario personal de Papá Noel y con otra tosca, muy rúnica y con errores ortográficos propios de alguien que apenas está aprendiendo a escribir del Oso Polar; Tolkien cuenta las historias que pasan a lo largo de los años durante la temporada previa a la Navidad en el Polo Norte y de cómo la actualidad del resto del mundo va afectando también las actividades de Papá Noel.
Para contar todas estas historias Tolkien pone elfos en el Polo Norte. Pero a pesar del hecho de que estos son duendes diminutos y alegres con sombreros puntiagudos (muy lejos de los de El Señor de los Anillos) pertenecen a diferentes familias: elfos de nieve, elfos rojos o gnomos, elfos verdes, no muy diferentes de los altos elfos, elfos silvanos y otros del Legendarium.
Algunos de los elfos navideños eran guerreros feroces, que daban a los duendes malvados una buena batalla para sacarlos del Polo. de hecho, los goblins mismos son precursores de los Goblins en The Hobbit, y más tarde los Orcos. Viven bajo tierra, les gusta hacer túneles y son una amenaza permanente para la Navidad.
Al mismo tiempo, Tolkien expande considerablemente la mitología navideña. El mejor amigo de Papá Noel es el Oso Polar, cuyas divertidas travesuras son el foco de las primeras cartas. Más tarde, sus sobrinos, Paksu y Valkotukka (palabras finesas para "gordo" y "cabello blanco") proporcionan un alivio cómico adicional y muestran el amor de Tolkien por el idioma que influyó en uno de sus propios idiomas inventados, el quenya, hablado por los elfos de Tierra Media.
También se agregan una serie de mitos "etiológicos" que "explican" las cosas que suceden en el mundo real de los niños de Tolkien. de modo que los chocolates partidos pueden explicarse por el Oso Polar aplastándolos, y una luz brillante en el cielo nocturno seguramente es una visión del gigantesco árbol de Navidad en el Polo Norte.
Un mundo donde Papá Noel aparentemente tiene un grifo en su sótano que "enciende" la aurora boreal; donde hay arte rupestre de hombres primitivos en las cuevas de duendes, que incluyen representaciones de mamuts y renos; y niños de la nieve que son invitados a las fiestas en la casa de Papá Noel y con idiomas propios que recuerdan al propio quenya. Un mundo completamente vivo creado para sus hijos. Una saga navideña que lleva impreso también el amor del padre por sus hijos.
La última carta si bien está enmarcada en este mundo, no deja de ser un poco triste: es la despedida de Papá Noel de los Tolkien, esperando que vengan mejores tiempos y que pronto los vuelva a ver a todos en sus casas y con sus hijos para, quizás; seguir contándoles sus historias. Una carta triste que refleja el sentimiento común en toda Europa durante los primeros años de la década de los 40's del siglo pasado, una falta de esperanza y un futuro incierto para todos los seres queridos.
Este libro es el compendio de más de 20 años de cartas recibidas por los Tolkien desde el Polo Norte, el libro viene acompañado de una reproducción de cada uno de los textos y los dibujos que acompañan año a año las historias que cuenta Papá Noel en sus cartas. Una edición muy bien cuidada por parte de la editorial para mostrar el gran tesoro que son estas piezas.
Un libro que es digno de repasar a cada tanto sin importar la época del año. Un libro que, sin serlo en sus inicios —pues fue editado en este formato luego de la muerte del Profesor— es otro ejemplo de la capacidad imaginativa de él y de lo serio que se tomaba cualquier asunto que se le cruzaba en el camino.
De esta nueva edición, con nueva traducción a bordo —hecha de nuevo por M. Simonson— tuve noticias de primera mano en septiembre pasado; un hecho que me alegró bastante pues es uno de los libros de Tolkien de la vieja escuela que ya era casi imposibles de conseguir. Es muy grato saber que aún Minotauro sigue cuidando la imagen de Tolkien y dando lo mejor que tengan para que sus obras sigan vivas en español por más años.
Este año leí el libro como parte de un 'reto' para leer una carta por día antes de la navidad e ir compartiendo la lectura de este en Twitter. Ha sido una experiencia muy chévere, porque he descubierto nuevos datos, conocido nueva gente, leído diferentes puntos de vista sobre la misma lectura y sobretodo compartido esta gran pasión por Tolkien.
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Resi
 02 enero 2020
En Cartas de Papá Noel podemos leer las diferentes misivas que Papá Noel manda a los pequeños de la familia de Tolkien. La tradición empezó en 1920 con la primera que mandó a John que contaba con tres años y finalizan en 1943 cuando Priscilla tenía catorce años.
A medida que avanzan los años también cambian los nombres a quién se dirigen, los peques van creciendo y dejan de creer en Papá Noel pero otros van ocupando su lugar y las cartas que reciben son guardadas como un tesoro que van releyendo los que van llegando a la familia, mientras los otros guardan el secreto de quién las firma en realidad. Y por suerte para los lectores, unos años después de la muerte del autor, fueron publicadas.
Si podéis, lo ideal es leer el libro en papel pues Tolkien imitaba la letra temblorosa de Papá Noel, temblores que tienen su explicación en la elevada edad del personaje y en el frío que hace en la zona donde vive. Poco a poco aparecen otros comentaros, por un lado los del Oso Polar con una letra mucho más grande y luego el elfo Ilbereth con unos trazos más finos, además usan colores diferentes y enseñan a los niños su lengua, inventada por Tolkien y, no tienen desperdicio los diferentes dibujos que las acompañan y en las que podemos ver algunas de las escenas que se cuentan en las cartas, siempre las más divertidas.
Es un libro cortito, 112 páginas en tapa dura, que leeremos en un par de días máximo. Es interesante poder detenerse en las diferentes ilustraciones, ver los detalles que tienen las cartas originales, la decoración de los márgenes, los títulos... y respecto al contenido, a medida que avanza el tiempo en algunas de ellas encontramos referencias a la situación mundial, la guerra que provocaba que muchos niños no tuvieran ya no solo regalos, tampoco ropa, comida o un sitio donde dormir, la Segunda Guerra Mundial también tiene cabida en este libro infantil. A veces Papa Noel se disculpa por no poder mandar todo lo que le piden pero menciona también a esos que viven sin lo básico y no deja de ser una enseñanza para los que leen sus escritos: no siempre se puede tener todo y más en un momento en que algunas personas están sufriendo por culpa de una guerra.
Así pues, un libro totalmente recomendado tanto para los peques como para los adultos. Los dibujos son una pasada pero también todos los relatos que nos cuenta, ideal para regalar y autoregalarnos.


Enlace: https://loslibrosoyo.blogspo..
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bravidobardo
 12 febrero 2020
Cuando era pequeño, el Ratón Pérez me escribía cartas cada vez que se llevaba uno de mis dientes de leche. Eran cartas breves, con una letra pésima. Cuando le preguntaba a mis padres sobre el porqué de esa letra, me decían que era porque el ratón, siendo pequeño, tenía que sostener con sus brazos unos de mis bolígrafos para poder escribirme esos mensajes. Aquella «lógica aplastante» sirvió para que dejase de hacer preguntas sobre ese asunto.
Desconozco si los cuatro hijos de Tolkien hicieron muchas preguntas a su padre, pero estoy seguro de que estaban encantados con las cartas que, año tras año, les enviaba Papá Noel desde el Polo Norte con su letra temblorosa (por el frío y la edad). En este libro, los lectores podemos descubrir las aventuras de Papá Noel y su ayudante principal, un oso polar llamado Karhu (que significa «oso» en finés, una de las lenguas en las que Tolkien se inspiró para crear sus lenguas élficas).
Tolkien se entusiasmó durante años con este mundo paralelo navideño (y con el hecho de que sus hijos crecieran y aprendiesen a leer), porque las cartas fueron desarrollándose para relatar aventuras cada vez más complejas: los sobrinos del oso Karhu que llegan de visita y se quedan indefinidamente, los gnomos rojos, los malvados trasgos, un elfo-secretario personal llamado Ilbereth... Tolkien también ilustraba las cartas, e incluía sellos y matasellos para que todo pareciese verídico; un trabajo monumental que demuestra el cariño sentía por sus hijos y por la creación literaria, ya fuese a través de la Tierra Media o de la Navidad.
Esta es una pequeña joya que atesorar en vuestra biblioteca, y que vale la pena leer en cualquier época del año (pero si puede ser, mejor todavía en navidad).
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nefertiti5
 02 enero 2020
Que maravilla de libro!!! Y que maravillosa debió de ser la infancia de los hijos de este autor, que sigue sorprendiendome con su imaginación.
Me imagino a mí de niña leyendo estas cartas y fijo que lo haría con la boca abierta por las cosas tan sorprendentes que cuenta, jejeje
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La frase pertenece a J.R.R. Tolkien. El Silmarillion.
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