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ISBN : 846705428X
Editorial: Espasa (05/02/2019)

Calificación promedio : 3.6/5 (sobre 5 calificaciones)
Resumen:
Alguien dijo que los ángeles a menudo no saben si se mueven entre los vivos o los muertos. Y cuando se mueven entre los vivos a veces ocultan su rostro, huyen de nuestras caricias, se escabullen y desaparecen, dejándonos con la sensación de que, quizá, nunca estuvieron a nuestro lado.
Alejandro Ballesteros es un escritor cuya decadencia y falta de inspiración le han llevado a renegar tanto de sí mismo como del mundo que le rodea. Cuando, una noche de humo y a... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
laurass89
 23 marzo 2019
Una trama de película...
¿Por dónde empezar? La novela comienza presentándonos a Alejandro Ballesteros un escritor que, encumbrado, ahora no tiene fuelle para escribir una sola línea. Su supervivencia, las tertulias de televisión y ahogarse cada noche en un vaso de alcohol. Sin embargo, una noche conoce a Lucía, una muchacha flacucha, un poco poca cosa, pero que muestra mucha determinación y se autoinvita a la casa de Alejandro. Esa noche no pasa nada, por supuesto, pero será el comienzo de la relación. Un año después, Alejandro nos sitúa ante un viaje inminente a Tenerife que él retrasará dos días. Lucía decide comenzar las vacaciones en la fecha y que Alex se reúna después con ella, pero Lucía desaparece.
A partir de este punto, nos sumergiremos en una narración que alternará el tiempo pasado, donde se nos cuenta la relación de Alex y Lucía; y el tiempo presente, donde se nos contarán la desaparición de Lucía y la propia investigación que hace Alex para conocer a la que era su novia. Por cierto, si os gusta el cine y os suena la trama ya sabréis el final... Aquí, para mi gusto, comienzan los problemas con la novela. Y no son pocos.
Un protagonista problemático
Nada más comenzar la lectura de la novela nos percatamos de que Alejandro Ballesteros es un protagonista un tanto atípico y que, además, la novela tiene una clara misión, que nos compadezcamos de él. Pero la propia novela hace que no podamos sentir lástima por él.
Para empezar, el registro que emplea nuestro protagonista, a no ser que seas por defecto un pedante y un insensible, no es decoroso. Hay situaciones críticas en la novela, como hablar con una enferma mental, en las que el narrador, es decir, el protagonista, emplea un vocabulario que parece consultado en la RAE y que elimina la espontaneidad del protagonista y la verosimilitud de la escena. Además, a nivel de lectura se hace muy pesada ya que el narrador emplea sus propios prejuicios pedantes como epítetos, como por ejemplo, uno de los más ligeros, «hipsters barbuditos», por lo tanto se van repitiendo insistentemente a lo largo de la novela, confiriendo a esta un ritmo pesado y como agriado, amargado.
De este modo, nos encontramos a un protagonista que se presenta como bastante detestable, que se supone que se va a redimir a través de su amor por Lucía, la luz de su oscuridad. Pero, sinceramente, no es así. Si en un principio, en la presentación, pensamos que Alejandro Ballesteros está un poco en el sitio que se merece, después, cuando desaparece Lucía, particularmente he deseado que no la encontrara jamás, que la chica se merecía otra oportunidad con alguien que la valorara, no que la poseyera. Y este es el problema de toda la novela (además de la pedantería y la poca originalidad) destila sexo frustrado, destila cosificación, destila machismo.
¿Ensalzar para pisotear?
Lucía, por un motivo que no desvelaré porque sería destripar la historia, desaparece, como hemos dicho más arriba. Y, como también hemos mencionado ya, a partir de este momento la novela se coordina en dos tiempos con los que se nos va dibujando la figura de Lucía, una mujer fuerte, independiente, inteligente, instruida, con un montón de conocimientos que ocultaba, descarada, segura de sí misma...
Pero es que no solo Lucía es así. Juan Manuel de Prada nos ha presentado a lo largo de toda la novela una gran cantidad de mujeres fuertes, decididas e independientes, y, sin embargo, se empeña en someterlas con los juicios del protagonista. Da igual que sean grandes pintoras, por ejemplo, con una carrera artística y conceptual increíble, lo único que nos refiere el protagonista es lo prietas o no que tienen las carnes y lo apetecible que él puede ser para ellas.
Y encima te tienes que sentir bondadosa con él porque al final parece que Lucía le ha engañado y ha omitido información de su vida. Parece que Lucía no es quien decía ser. Vale, que te hagan eso es terrible, pero no puedes empatizar con un protagonista que cuando investiga sobre su novia parece un miura desbocado. Un protagonista que tiene pensamientos como que el culo de una muchacha le hacía movimientos de «para ti, para mí» (sacado literalmente de la novela) y ese tipo de menciones sobre las mujeres. Pues que Lucía te engañe, te deje y te hundas en la miseria.
Además, al hilo de esto último, una de las cosas que no he soportado ha sido que en la novela parece que las mujeres envejecen y los hombres no. Cuando Alejandro Ballesteros comienza la investigación, se va encontrando con personalidades de su pasado, unos hombres y otras mujeres. Los hombres aparecen como ancianos sí, pero de una manera entrañable, alabando su buena forma para la edad que tienen. Las mujeres, por el contrario, aparecen todas envejecidas, aparecen físicamente deterioradas, no porque sea así (que en ocasiones sí lo es), sino porque el protagonista no para de comparar el físico de las mujeres en su juventud con el de su vejez. Bien es cierto que ellas se meten con el protagonista por su cambio físico, pero siempre con un tono diríamos tierno, casi maternal; cuando el protagonista hace la comparación en términos, con perdón, de «follabilidad». Se acostaría alguien, o yo, con ella o no. Muy triste este tratamiento, muy humillante y continuista con esa idea de la superficialidad lo femenino. Parece que solo somos carcasa.
No puedo congraciarme con él, no me cae bien, no me da pena y no me demuestra que en otro tiempo pasado o futuro fuera o vaya a ser mejor persona. El libro engancha por descubrir la trama de Lucía, pero ya.
Una novela en nuestro tiempo, sí, pero de qué maneras
Es decir, que tenemos una novela que a nivel de trama no está mal, pero ya sabemos de dónde lo ha sacado (porque nos hace el spoiler el autor en la novela); tenemos a un protagonista mártir, pero con el que si tenemos dos dedos de frente no nos congraciamos; y tenemos unos personajes femeninos estupendos, pero que no dejan de ser degradados. Pues lo que le faltaba era que la ambientación fuera regulera.
Desde un inicio, comprobamos que el autor quiere situar la novela en nuestra actualidad más inmediata, de manera que toda la historia sucede cuando se producen una serie de acontecimientos importantes y relevantes de los últimos años de la historia: ataques terroristas, accidentes de avión, la guerra de siria, los refugiados, etcétera.
Sin embargo, el tratamiento de los temas de actualidad es muy tosco. Vienen a cuento con la novela, sí, porque al final la protagonista se ve envuelta en ellos de una u otra manera, pero las explicaciones y reflexiones que pone en boca de los personajes, de Avendaño y de la propia Lucía, no dejan de parecer discursos televisivos, argumentaciones sobre cómo le parece el autor que es la gestión de los poderes del mundo y del terrorismo islámico. Y, cuidado, todo lo que dice es cierto, lo sabemos tanto por los canales oficiales como por los secundarios, pero sobre-explicado en la novela queda como un pegote donde el autor ha querido soltar lo que tenía en mente. Además, estas explicaciones, con respecto al ritmo de la novela están muy mal situadas. No tiene sentido que en el epílogo me metas una discurso sobre la realidad política de Siria en veinte páginas, por ejemplo. Estoy terminando de cerrar la trama, no me va a interesar y lo voy a obviar, cuando no debería porque lo que cuenta sucede en la realidad, porque estoy interesada en cerrar la historia de Lucía y Alejandro.
Además, que hasta cierto punto no cuadra esta actualidad y esta interacción de los protagonistas en ella con el objetivo vital que en concreto Lucía tiene en su vida. Y la relación que establece el narrador es de sospecha burda, obvia y un poco, también, racista... Pero bueno, este enlace lo dejo a vuestra discreción si leéis el libro.
Finalmente, el narrador no se cansa de hacer ataques indiscriminados a los programas televisivos de nuestra parrilla actual. Si bien es cierto que el ataque se focaliza en unos tipos de programas en concreto (reality shows y programas de tertulias), me parece muy hipócrita la crítica cuando el protagonista participa en ellos. Podemos hacer cosas que no nos gustan y que aborrecemos, pero menospreciar a un público, una sociedad que estás haciendo y educando tú, y llamarlo imbécil es de ser una persona hipócrita y de no tener conciencia de sus propios actos.
Lo siento, pero no
Así que, en conclusión, me ha gustado la trama y el misterio de Lucía, cómo el lector tiene que ir conectando las piezas del puzle para saber, muchas veces antes que el protagonista, por cierto, quién es realmente Lucía. Sin embargo, el tratamiento que el autor hace, a través del protagonista, de las mujeres y de la vida en general, donde parece que por donde pisa es suyo y que cada mujer con la que se cruza quiere acostarse con él, porque él es un macho alfa, me ha agotado, dado asco y enfadado a partes iguales.
Enlace: http://ellibroenelbolsillo.b..
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Rosa_Halcombe
 15 abril 2019
Siempre he dicho que me encanta la prosa alambicada de Juan Manuel de Prada, por lo que me hizo especial ilusión cuando gané este libro gracias a Babelio. Además no esperaba que de Prada firmara una historia contemporánea de misterio, amor e intriga, así que emprendí la lectura con ganas y sin querer saber nada más de la trama de antemano.
Alejandro Ballesteros (personaje que ya aparecía en La tempestad, novela ganadora del Premio Planeta de 1997, y en Mirlo blanco, cisne negro), es un escritor venido a menos cuya falta de inspiración le ha llevado a abandonarse a noches de tabaco y alcohol en los garitos de Madrid. Pero una noche conoce a Lucía, una joven misteriosa y desgarbada que se cuela en su vida y conquista su corazón, pero a quien nunca llega a conocer del todo. Ella es muy reservada, aparece y desaparece de su vida, hasta que, tras un año de relación, Lucía se esfuma. Sin embargo, Alejandro, perdido sin su musa, no se resigna al destino y emprende una búsqueda incansable tras la sombra de Lucía para intentar saber quién era en realidad y, lo más importante, qué quería de él.
La novela cuenta en paralelo dos historias a capítulos alternos (y con una leve diferencia en el tamaño de la tipografía y en la numeración de los capítulos): por un lado cómo conoció Alejandro a Lucía un año atrás y cómo se gestó la relación, y por otro lado el momento presente en el que Alejandro la ha perdido y, pese a su zozobra, saca fuerzas de flaqueza para intentar encontrar alguna pista que arroje algo de luz a la desaparición y al verdadero rostro de Lucía. de esta manera la novela ofrece un ritmo dinámico y muy conseguido que no da un momento de respiro y hace que este libro se devore en tres tardes.
De Prada, además, logra mantener el misterio hasta las últimas páginas y ofrece una resolución satisfactoria pero que yo no me esperaba para nada. de todas formas, ese epílogo de montones de páginas explicativas me parece que rompe un poco el ritmo en un momento en el que el lector está deseando poner el broche final al libro y ver qué ha ocurrido en realidad entre Alejandro y Lucía.
Es una novela que me ha gustado mucho y que ya estoy recomendando, pero hay algunas cosas que no me han acabado de convencer. En primer lugar, me ha parecido que la prosa de este libro está un punto por debajo de anteriores novelas de de Prada. A mí, ya lo he dicho, me encanta la prosa alambicada de este escritor y su uso de palabras rarísimas que me obliguen a consultar en el diccionario. Me gusta que me lo pongan difícil como lectora y leer a este hombre ha sido siempre un auténtico reto. Y sin embargo, en este libro me ha parecido que había bajado el listón un pelín, como si el editor le hubiera dicho que tratara de llegar a un público más amplio rebajando el tono general de la prosa. No hay tantas palabras raras como en otras novelas y las repeticiones se me han llegado a hacer algo pesadas (hay incontables «divorciadas talluditas» y «pijos estresados» en la novela...). de todas formas, supongo que esto en realidad es un punto a favor del libro, porque una de las críticas que se le suelen hacer a de Prada es el uso excesivo que hace de palabras rimbombantes.
Por otra parte, el libro gira demasiado en torno al ego de Alejandro Ballesteros y me resulta un poco agotador ver el mundo a través de sus ojos («comprobé que el grupo lo componían modernillos y gafapastas, artistillas de medio pelo y barba hipster y algún que otro gacetillero especializado en chismorreos culturetas», «Allí se refugiaba, en los meses más crudos del invierno, una niebla que expulsaba a los pijos estresados que en otras estaciones del año se congregaban en el lugar, para disfrazar sus adulterios de carreritas párvulas y ejercicios gimnásticos perfectamente memos»). Apuntes de este tipo son constantes y se hacen agotadores (pero vamos, en esos apuntes se ve que de Prada se sabe bicho raro y se regodea en ello).
Por último, y cuidado, que aquí va un spoiler,
¡Ah! Y una cosa más: me imaginaba constantemente que de Prada describía a su mujer, María Cárcaba, cada vez que hablaba de Lucía. de hecho, él mismo ha comentado en una entrevista que «de alguna manera estoy contando en [la novela] la resurrección que para mí fue conocer a mi mujer en un momento en el que yo era un escritor en horas bajas, hundido, que a través del amor se redime». Por otra parte, Alejandro Ballesteros «es como una especie de alter ego, ni soy yo ni es él siempre el mismo. En cada novela es un Alejandro Ballesteros distinto y una manera de encontrar un narrador que tiene cosas que ver conmigo en diferentes aspectos y pasajes de mi vida y, al mismo tiempo, un personaje de ficción». Esto por un lado me ha gustado (quizá sea esta la novela más romántica de las que ha escrito de Prada), pero por otro me los imaginaba a ellos dos, a de Prada y Cárcaba, constantemente de protagonistas y eso me ha impedido meterme del todo en la ficción.
De todas formas, seguramente esto son percepciones mías que no creo que afecten a otros lectores. Lucía en la noche, en palabras del propio autor, «es una historia de intriga que nace del misterio de una mujer y de la obsesión amorosa de un hombre que pierde a esa mujer y quiere recuperarla a toda costa». Un relato que dosifica muy bien el misterio a lo largo de toda la lectura, que gira en torno al miedo, la culpa, el duelo y la búsqueda, con guiños a Hitchcock, y que nos obliga a aceptar que nada es lo que parece.
[Puede parecer que soy muy crítica con el libro, pero igualmente le pongo un 4,5 sobre 5 porque, en el fondo, me encantan las novelas de Juan Manuel de Prada y creo que esta gustará a un público más amplio de lo habitual.]

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CarolSanguez
 18 abril 2019
«Lucía en la noche» es la última publicación del escritor y crítico literario Juan Manuel de Prada.
En ella su autor ha querido jugar con el lector utilizando el recurso del pasado y el presente y hacer uso de un narrador, más intimista, como es la primera persona. En todo momento acompañamos a Alejandro Ballesteros ante lo que se convertirá el principio del fin. Los recuerdos del pasado y la desdicha del presente se tornarán un batiburrillo de sentimientos contradictorios. La presentación de los capítulos se hará de dos formas con números arábigos (para el presente) y con números romanos (para el pasado), además de utilizar una diferente fuente y tamaño para introducir mejor al lector en ellos.
Como bien os decía Alejandro Ballesteros es nuestro indudable protagonista. Le veremos en lo más alto, pero le conoceremos a priori en los peores momentos de su vida en el que la escritura le ha abandonado durante diez largos años. La evolución de este pasa de estar volcado en el alcohol, el trasnochar y los encuentros de una noche con mujeres tullidas a enamorado, centrado e inmerso en su nuevo trabajo literario. La causa de todo ello es Lucía Álvarez. Una joven que aguarda más misterios que una noche sin farolas. Un personaje al que no terminaremos de conocer incluso cuando Prada pone punto y final a su novela. Una Lucía de la que me ha faltado intervención.
Lo positivo de la novela es que te deja en vilo en todo momento y hasta sus últimas páginas no dejas de cosechar intriga. Quieres saber lo que envuelve a Lucía. Lo que la hace un personaje misterioso que en todo momento tiene todo bajo control, aunque a primera instancia parezca una joven casi treintañera que ha tenido muchos desengaños y que no se deja vislumbrar tal cual es para que no vuelva a llevarse una desilusión. Podríamos definirla como una un personaje precavido, que no se deja conocer más de lo justo y necesario; aunque ello suponga que ni su propio novio Alejandro sepa presentárnosla puesto que ni él mismo la conoce en su totalidad. Por un momento podríamos pensar que el autor busca de alguna manera hacernos creer que nos moriremos sin siquiera conocernos en nuestra totalidad a nosotros mismos ni a quien tenemos a nuestro lado, pero no. Todo el que ha leído esta novela sabe que lo que se desconoce de Lucía no es arbitrario, sino que ha ido atando perfectamente sus hilos con el principal objetivode engatusar a Ballesteros. Los capítulos están bien hilados, de hecho te sorprenderá la manera en la que de Prada ha utilizado el personaje de Lucía para ir avisando a Alejandro de sus movimientos; porque como os sigo recalcando no son arbitrarios, están minuciosamente calculados.
Lo que peor he llevado de la historia sin duda han sido, entre otras cosas, los muchos tecnicismos que utiliza el propio Juan Manuel de Prada. Esto hace que la lectura del libro se haga cargante y que, en ocasiones, tengas que leer la misma frase o párrafo dos veces para enterarte de qué es lo que ha querido transmitir. Además de ello, como os decía la primera persona puede estar muy bien utilizada, pero en este caso particular me ha faltado una voz y es, sin lugar a dudas, la de Lucía. Bien es cierto que, aunque os he dicho que los capítulos están bien hilados los escritos en pasado no me han aportado una gran información. De hecho, para ser más exactos, en uno de los capítulos el autor ha descrito exhaustivamente lo que ocurre en la película Vértigo, por lo que ese momento me lo he pasado leyendo en vertical; no nos engañemos. Hay partes en los capítulos del pasado que se hacen pesados y que, a mí en particular, se me han hecho eternos.
En definitiva, «Lucía en la noche» se ha convertido en una lectura, no apta para todos los públicos (en concreto por la de tecnicismos que se utilizan y que ralentizan la lectura) que ha tenido sus momentos atractivos, con unos personajes bien rematados (aunque me haya faltado esa visión de Lucía que se desgrana en el epílogo). Con una historia bien hilada, pero con un final que todavía estoy tratando de digerir pues ha sido demasiada la información que de Prada ha volcado en estas 416 páginas que no tratan solo de la búsqueda incansable de Alejandro, sino también llenas de crítica social hacia el periodismo sensacionalista y también hacia el yihadismo y cómo contribuyen los Estados a que, cada vez más, esta célula siga creciendo económica y armamentísticamente.
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PlanetaSingular
 06 marzo 2019
A pesar de que este libro y yo no empezamos con buen pie, ha terminado gustándome mucho más de lo que esperaba. Digo esto porque durante las primeras páginas el estilo del autor no me convenció, pues utiliza un vocabulario que en mi opinión es un tanto complejo. Palabras como beoda, melopea, lenitivo, refocilar, talludito, palimpsesto, cachazudo, zascandil, gacetillero o francachela son utilizadas tan sólo en las cuatro primeras páginas. Esto en un principio a mí me produjo cierto miedo porque pensaba que si todo el libro contenía este tipo de vocabulario, no sería capaz de entender la historia. Por suerte, esto no sucedió. Con el paso de las páginas parece que el autor se va relajando y va dando una mayor importancia a la historia. Comento esto en primer lugar porque para mí es el único punto "negativo" que tiene el libro. Quizás para otras personas pueda llegar a ser incluso positivo.
Dejando esto a un lado, la trama es realmente buena. El libro se divide en capítulos cortos que intercalan el pasado y el presente. Así, el relato que corresponde al presente nos narra la investigación y la búsqueda posterior a la desaparición de Lucía; mientras que el que corresponde al pasado nos va detallando cómo era la relación entre esta y Alejandro. Además, nos proporciona pequeñas pistas sobre el comportamiento de ella, para que el lector pueda poner en práctica sus dotes como detective y relacionar esto con su desaparición. Aunque ya os advierto que no es nada fácil darse cuenta de los detalles. de esta manera y contada en primera persona por el propio Alejandro Ballesteros, iremos descubriendo la historia que se esconde detrás del personaje de Lucía. El autor consigue mantener al lector en un estado de expectación constante, pues se producen muchos giros en la trama, y el misterio se mantiene a lo largo de toda la historia, sin que puedas hacerte una idea de qué va a suceder a continuación. El final me costó un poco asimilarlo, porque sinceramente esperaba otra cosa totalmente diferente. Eso sí, desde luego es muy impactante y en absoluto predecible.
En general, Lucía en la noche es un libro que he disfrutado bastante y que me ha tenido en tensión los dos días que me ha durado su lectura. A medida que lo iba leyendo me surgía una duda, y es que ¿conocemos realmente a las personas de las que nos enamoramos, o sólo vemos lo que queremos ver?
Enlace: https://www.planetasingular...
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Citas y frases (2) Añadir cita
Rosa_HalcombeRosa_Halcombe15 abril 2019
Porque cuando conocí a Lucía yo era, en efecto, un fracasado, que es el nombre que merecen quienes traicionan su vocación. Había triunfado apoteósicamente allá en la juventud, con unos libros fulgurantes de metáforas, arrebatados de irreverencias y osadías verbales, que me procuraron fama instantánea y me encumbraron hasta la cima del éxito. Pero, una vez alcanzada esa cima que tantos colegas ambicionan en vano, descubrí que allí no había nada que me interesase; descubrí que el éxito, que había imaginado como un vergel paradisíaco, era en realidad un páramo merodeado por faunas carroñeras en el que no deseaba quedarme ni un minuto. Mientras había luchado por alcanzar el éxito, había escrito con el entusiasmo y el temblor de quien arroja una moneda al aire, ignorando si saldrá cara o cruz. Pero, tras alcanzarlo y probar su sabor, empecé a renegar de mi oficio, al principio de modo tibio o displicente, luego con una suerte de hastío, hasta llegar al aborrecimiento y a la franca repugnancia. La escritura, que había sido mi pasión más abnegada, se convirtió así en una insoportable condena.
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CarolSanguezCarolSanguez18 abril 2019
Lucía me visitaba en sueños, como el miedo la visitaba a ella, y dejaba sobre mi frente un beso de escarcha, pidiéndome que la sacara de [...] donde la quería dejar el olvido de los hombres, sin que nadie la llorase ni añorase, sola en una noche de hielo perpetua.
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