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Maria Corniero (Traductor)
ISBN : 8491048987
Editorial: Alianza (26/10/2017)

Calificación promedio : 3.92/5 (sobre 6 calificaciones)
Resumen:
" Cumbres Borrascosas " , de Emily, " Jane Eyre " , de Charlotte, " Agnes Grey " , de Anne... Tres novelas inolvidables obra de cada una de las hermanas Brontë que siguen emocionándonos y atrapándonos aún hoy. Pero ¿cómo pudieron ser la existencia, los sinsabores, los amores de las mujeres que idearon estas historias? Jude Morgan novela en " El sabor de las penas " la oscura existencia de las tres hermanas en la rectoría de Haworth, regentada por su padre Patric... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
Galena
 06 diciembre 2017
Cuando la editorial Alianza anunció la reedición de las tres novelas más conocidas de las hermanas Brontë vi que incluían un libro que hacía referencia a ellas. El sabor de las penas, una novela acerca de sus vidas, una novela, no una biografía. Así y todo, me interesaba, igual que me interesa todo lo que tenga que ver con ellas y era un libro del que no había tenido noticia hasta ahora. No es de extrañar que quisiera leerlo y no voy a negar que estaba un pelín pletórica después de leer la joya de Jane Austen en la intimidad. Sabía que no sería igual, pero esperaba que me gustase, de todos modos.
Esta novela de Jude Morgan es arriesgada, se arriesgó al publicarla, ya no diré al escribirla, porque ya sabéis que las Brontë tienen muchos fans y novelar su vida requiere decantase por una versión de esta, darles personalidad y seguramente mucho de lo que pongas sea tu visión y no la de todas las demás personas que las admiran. Igualmente entras en el mundo de la ficción e imagino que Morgan tuvo que inventar, lo cual muchos fans tampoco suelen tomarse bien. Con todo esto, lo que quiero decir es que es bueno acercarse a estos libros como algo curioso, como algo más sobre las autoras que tanto inspiran y ya está. Es una novela, no una biografía que espera ser recta y fiable. Por eso creo que hay que ir con esa idea en la cabeza y si sois muy sensibles respecto a este tema, diría que sería difícil que pudieseis disfrutar de este tipo de trabajos.
Mi primera impresión cuando empecé a leer fue de confusión. Jude Morgan emplea aquí un estilo que no es tan directo como me gusta a mí, está en presente, cambia a veces la persona verbal y las elipsis no están muy marcadas. A veces empiezo un nuevo párrafo y me cuesta un tiempo darme cuenta de que han pasado años. Para mí, no es el mejor estilo que habría podido emplear.
Y luego me sorprendió el tono, que tampoco era el que esperaba. Siempre se ha hablado de la vida de Charlotte, Emily y Anne como una sucesión de desgracias, y es verdad que tuvieron más que muchas otras personas en toda su vida, pero, aunque todos sabemos lo que es pasar por malos momentos, me cuesta creer que nunca tuviesen un momento de alegría y felicidad en sus vidas. El tono de la historia es bastante lúgubre y se apoya en esa visión oscura de la vida de las tres hermanas, por lo que todo es sufrimiento casi. Triste, oscuro, frío. Y eso no nos deja con un regusto amargo cada vez que dejamos de leer, que no es lo que yo suelo buscar en mis lecturas.
No voy a decir que no me haya gustado la novela, porque sí la he disfrutado, puede que no tanto como creía al principio que haría, pero aun así es un buen repaso de la vida de las hermanas, en especial de la de Charlotte, lo cual tiene sentido porque es de la que más datos se conocen y se conservan, es la que vivió más y estuvo más expuesta al público durante su trayectoria como escritora de éxito. También he conocido detalles sobre sus vidas que desconocía porque si os movéis un poco por el mundo de sus biografías, cada una dice cosas diferentes y también se especula mucho. He llegado a leer que Emily y Branwell tenían una relación incestuosa, que Branwell en realidad era homosexual y no había cometido adulterio con la mujer de su jefe, sino con su jefe en realidad, etc.
De todas maneras, es una buena manera de conocer sus vidas y la parte que más me ha gustado es la que se refiere a la emoción que viven al escribir, al publicar, al conocer las opiniones de sus escritos… Se hacen famosas y no se lo creen, han publicado con pseudónimos y su vida sigue en Haworth sin ser nada especial, pero media Inglaterra se pregunta quienes son los hermanos Bell.
Para darles personalidad a las autoras la novela se sostiene en lo que se ha contado. Que Anne era la pequeña y la más cuidada y que tenía una fuerte influencia de su tía Branwell; que Emily era solitaria, misántropa y con un carácter difícil, muy difícil; que Branwell era un fracaso; que el señor Brontë era un tanto rígido y que Charlotte era insegura con su aspecto, pequeña pero valiente y que las tres hermanas prácticamente nunca fueron muy felices. Esto es lo que nos puede llegar a día de hoy, pero ¿eran así realmente? Eso nunca lo sabremos, no podremos conocerlas y a mí no me gusta creer a pie juntillas lo que digan sus biógrafos, tampoco me gusta pensar que fuesen siempre tan infelices… pero eso ya es cosa mía.
La novela ofrece una versión y aunque sí que inventa, por decirlo de alguna manera, está muy asentada en los datos biográficos que se conservan de ellas, tanto por la biografía que hizo la escritora Elizabeth Gaskell, contemporánea de las Brontë y amiga de Charlotte, como en las posteriores.
He disfrutado conocer todo esto poco a poco, adentrarme en la vida de la rectoría, pero como digo, el tono tan lúgubre hace que me cueste un poco conseguirlo. Y luego hay un aspecto que sí que no me ha gustado nada de nada. Hay un tratamiento del sexo que me parece horrible, aunque puede que yo no haya entendido bien lo que la autora quería expresar. Todas las mujeres en la novela, empezando por la madre, la señora Brontë, ven el sexo como algo más bien desagradable. Algo que les gusta a los hombres y no pueden entender por qué. Los hombres también muestran una imagen perturbadora del tema, al principio el señor Brontë, pero también el director de Cowan Bridge tiene un tono similar. También está lo que cuenta una niña del mismo colegio y la desinformación con la que viven las hermanas. En toda la novela, puede que menos hacia el final, el sexo se ha visto como algo malo, negativo, algo que deben soportar y que toma un tono bastante perturbador en los personajes masculinos. Que se sexualizase tanto algunos aspectos y con este cariz a lo largo de toda la novela no me ha gustado mucho, creo que sobra.
La edición forma parte de la colección que Alianza ha sacado de estas reediciones de las tres obras mas conocidas de las hermanas, aunque he visto que La inquilina de Wildfell Hall empieza a ser ahora con más fuerza la obra de referencia de Anne Brontë y por lo que me han contado es mucho mejor que Agnes Gray. Yo solo he leído la de la Inquilina y me fascinó, a ver si pronto leo su primera novela y puedo comparar yo misma.
Aun así, es una colección muy bonita y práctica, en tapa dura y tienen diseños relacionados. El sabor de las penas, como las demás, tiene una sobrecubierta y un interior sencillo, me hubiera gustado que además de la historia en sí incluyese una introducción o alguna nota de la autora.
En conclusión, puedo decir que ha sido una experiencia interesante. A medida que avanza en la lectura me he ido acostumbrado al estilo, un tanto peculiar, y creo que hace un buen trabajo asentándose en lo que se transmite de las Brontë en las biografías que hay publicadas. No se va por teorías, sino que sigue la historia oficial y en base a esos datos recrea la personalidad de las tres hermanas escritoras y la de su padre.
Como he dicho al principio, no tengo problema con este tipo de lecturas porque soy capaz de ir con la mente abierta, pero sé que hay personas a las que les cuesta o que son muy sensibles a este tipo de proyectos. Es una lectura interesante, sobre todo si sois fans de las autoras y puesto que su vida fue tan fascinante, es lógico que la mayoría de sus lectoras queramos saber más como era, por eso las novelas que surgen son una forma de aliviar esa curiosidad. Hay que tener siempre presente eso, que son novelas y que no hay manera de saber lo cerca o lo lejos que están de lo que fue la realidad de sus vidas, pero son lecturas curiosas, interesantes y yo disfruto de este tipo de lecturas. Si os llama la atención, os animo desde aquí a darle una oportunidad.
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MariaT
 18 febrero 2018
Mientras más leo sobre la vida de Anne Brontë y de sus hermanas, más admiración siento por su obra. Hoy, como parte de las entradas que estoy publicando para el proyecto Adopta una Autora (del que pueden leer más aquí) quiero hablarles El sabor de las penas de Jude Morgan, que acaba de ser reeditada por Alianza Editorial con la traducción de María Corniero. Una novela que se inspira en la vida de las tres grandes autoras para acercarnos aún más a estas maravillosas creadoras, que se escondieron primero bajo los seudónimos de Acton, Currer y Ellis Bell.
"Otras penas no pueden transmutarse. Seis niños huérfanos de madre a los que hay que educar y mantener, y cinco son niñas sin dinero para atraer a un marido".
Al igual que pasa con Todo ese fuego de Ángeles Caso (reseñado aquí) El sabor de las penas no es una biografía sino una novelización de la vida de las hermanas Brontë, donde realidad y ficción se van tejiendo con maestría para hablarnos del día a día de tres autoras excepcionales que conocen desde muy pequeñas el dolor, que empezaron creando mundos imaginarios para unos soldados que fueron un regalo de su padre a su hermano Branwell, que crecieron aisladas y tuvieron que escribir porque aunque tuviesen todo en contra, era lo que realmente las hacía felices, si es que esa palabra se puede aplicar de algún modo a sus vidas.
Dividida en tres partes, la novela empieza con la muerte que marcaría el destino de todos, la de Maria Branwell, su madre, poco después de nacer Anne, lo que deja solo al reverendo Patrick Brontë con seis hijos a los que educar. Sin una presencia femenina que los guíe, Elizabeth Branwell, hermana de la difunta Maria, decide mudarse con ellos para ayudar al clérigo con el cuidado y la educación de sus sobrinos. Una mujer religiosa y quizás un tanto fría, es una figura distante que solo se une un poco a Anne, pero que no logra reemplazar el cariño sincero de una madre con todos los demás.
"Pero no había a dónde ir, el lugar donde en realidad deseaba estar era inalcanzable porque era el pasado".
Preocupado por el futuro de sus hijas, el clérigo decide enviar a las dos mayores a Maria y Elizabeth a un internado donde podrían aprender lo necesario para luego llegar a ser institutrices, uno de los pocos trabajos dignos a la que una mujer de la época podía acceder para ganarse el sustento, algo que inquietaba a su padre, porque sin dinero las posibilidades de verlas casada eran escasas. A esa institución llegarán luego Charlotte y Emily, para sufrir en sus propias carnes lo estricta de la educación, el frío de las habitaciones sin ningún tipo de calefacción, la mala calidad de la comida, el infierno que se escondía tras lo que parecía un respetable internado para hijas de clérigos sin recursos.
El paso por Cowan Bridge acabó con la salud tanto de Maria como la de Elizabeth, que mueren muy poco después de caer gravemente enfermas y regresar a casa, otro episodio desgarrador que cambia su mundo y que deja a Charlotte como la hermana mayor, la referente para Emily, Branwell, y también para Anne. Aunque era en Branwell en quien su padre tenía todas las esperanzas y expectativas puestas, con su talento era el que podía velar por el futuro de sus tres hermanas, expectativas que probablemente se convirtieron en una cárcel para el joven y que nunca se verán realizadas.
"Lo que tienen esto de ser la pequeña es que siempre te hace parecer inferior. Hasta a ti misma"
Luego toca volver a la escuela, aunque nunca más a ese nefasto internado. Que Charlotte, Emily y Anne se preparen para el futuro y puedan desempeñar su papel como institutrices era fundamental, así que veremos cómo dejan su hogar para cumplir con lo que se esperan de ellas. Charlotte y Emily luego de estudiar llegan a trabajar como profesoras, hasta que Emily que no se adapta a ese papel vuelve a casa, el único lugar donde se siente libre. Anne empieza a trabajar como institutriz, son sus experiencias en el cargo lo que la llevan a escribir la fabulosa Agnes Grey, una obra que si aún no han leído les recomiendo muchísimo.
Así poco a poco, vamos viendo sus sueños y proyectos, así como también las decisiones que toman Charlotte y Emily al querer viajar a Bruselas para formarse y poder luego fundar su propia escuela junto a Anne. Todo ello mientras su hermano Branwell va pasando de un trabajo a otro, sin realizar ninguno con éxito, empezando a beber, e incluso involucrándose en una relación amorosa con la señora de la casa, donde su hermana Anne ejercía de institutriz para las niñas y él de preceptor para el pequeño heredero. Un hecho escandaloso porque era una mujer casada y que terminó con la renuncia de Anne y el despido a su hermano.
"Anne había descubierto que no era posible vivir sin ningún consuelo, aunque sí se podía vivir sin la menor ilusión. Posible y quizá incluso necesario"
Cuando la salud de su padre les impide irse lejos y el proyecto de fundar la escuela se desploma, cuando las penas de amor por las que pasaba Brandwell lo llevan a beber más y más y lo hacen adicto al láudano, llega el momento de escribir y de dar a conocer sus obras, Charlotte convence a Anne y a Emily para publicar un libro de poemas, y lo hacem bajo un seudónimo para mantener su anonimato y que no se las juzgue por ser mujeres, pero no pararían allí, luego llegarán las novelas que todos conocemos y amamos, Jane Eyre, Agnes Grey, Cumbres Borrascosas y La inquilina de Wildfell Hall. Aunque de nuevo la desgracia las estaba esperando a la vuela de la esquina, la muerte se llevaría a destiempo primero a Brandwell, a Emily y luego a también a Anne, sin que pudiesen disfrutar del éxito que estaban consiguiendo con sus novelas, y así en solo nueve meses Charlotte pasó de la hermana mayor a ser la única hija.
Si quieren conocer la vida de tres escritoras extraordinarias, El sabor de las penas de Jude Morgan es una buena oportunidad para hacerlo, a pesar de todo el dolor, porque Anne, Charlotte y Emily crearon libros excepcionales, que vienen a reflejar sus experiencias así como también sus anhelos, novelas en las que descubriremos su alma y su visión del mundo. Aunque me habría gustado ver más de la personalidad de Anne, la historia refleja lo que pudo haber sido la vida de las hermanas Brontë, tan misteriosa y enigmática como la de los personajes que ellas mismas crearon, que ahora como ellas son inmortales.
Enlace: http://inthenevernever.blogs..
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loslibrosdejess
 24 junio 2020
Empezamos descubriendo a la familia: su padre, un hombre que es bastante duro (o eso es lo que se entiende en el libro) y viudo, que se queda al cargo de sus cuatro hijas; Charlotte, Anne, María, Elizabeth y Emily, junto con su otro hijo Branwell.
Más tarde, y debido a que no las puede casar, manda a sus hijas a un internado. Ahí su educación es pésima y con unas condiciones detestables. No tienen comida y pasan frío y sobreviven a duras penas. Es una parte de la historia bastante dura.
La otra parte, se centra en sus primeras obras y en su vida cotidiana y que nos hace que nos sintamos más cerca de ellas.
Y por último, nos muestra como ha sido la experiencia de Charlotte en el internado y de todo lo referente a ella.
Es un libro que tiene una lectura amena y con situaciones que te hacen reflexionar todo lo que han tenido que pasar.
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Intothebooks
 21 julio 2020
Es un libro que relata perfectamente la vida de las hermanas Brontë y nos ayuda a entender el porqué de que sus obras fueran así: paisajes desoladores, elementos oscuros... Creo que Jude Morgan ha sabido condensar la vida de estas mujeres en un libro (un poco lento) lleno de crudeza y desolación.
Enlace: https://intothebooksweb.word..
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Citas y frases (13) Ver más Añadir cita
GalenaGalena06 diciembre 2017
—He oído a la señorita Wooler hablándole de ti a la señorita Catherine, Charlotte, y la ha dicho que eres brillante.
(…)
—Lo eres, y eso es una gran ventana en este mundo, donde las mujeres prescindibles tenemos que dar con una forma de vivir que valga la pena. No, Ellen, no hagas aspavientos: somos prescindibles. Y no nos dejan recurrir a muchas armas. Quizá lo mejor sea tener dinero y, si no, inteligencia. Es mucho mejor que la belleza.
—Que a mí me falta —dijo Charlotte como si nada.
—Eso es —continuó Mary vigorosamente, descortezando un palo para hacerse un bastón—. Las mujeres que sólo se valen de su belleza no se hacen ningún favor a sí mimas ni a las demás mujeres… —siguió argumentando mientras azotaba las ramas y alborotaba a los grajos posados en los árboles, que graznaban con desdén, y Ellen redoblaba la suave presión sobre el brazo de Charlotte.
No, no le hizo falta correr al espejo esa noche para buscar angustiada una confirmación o una refutación. A fin de cuentas, siempre había sabido que era más menuda y escurrida que las otras niñas, que su piel no tenía la misma frescura, que era la única que evitaba poner una ancha sonrisa para que no se le vieran los dientes disparejos. Ya lo sabía. Pero el saber viste distintos disfraces. Saber en la calma de la salita de tu casa que eres del montón (fea, llámalo por su nombre) no es lo mismo que te lo digan. La puerta se abre de golpe y el dato desagradable se desploma hacia fuera como un cadáver escondido.
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GalenaGalena06 diciembre 2017
(…) Emily deja caer a Branwell en un rincón, arranca de la cama la ropa humeante, la golpea y la pisotea y luego se va corriendo a por agua. Branwell, borracho perdido, se enrosca en el suelo como un perro en un cesto. Pasan sobre él y a su alrededor, limpiando y ordenando. Otra vez a limpiar cuando Branwell abre la boca y suelta un chorretón de vómito. Luego, por fin, sacudirlo un poco, convencerlo y llevarlo a la cama en volandas, colocándolo de lado en previsión de nuevos vómitos. Todo ello prácticamente en silencio, con susurros y gestos, para no inquietar a su padre, que se niega incluso a tener cortinas en las ventanas por su temor patológico al fuego.
Se detienen en la puerta del dormitorio a dar un último repaso visual, cargadas con las hediondas sábanas y el cubo, desgreñadas y con las caras tiznadas, y es entonces cuando, de esa manera suya serena y solemne, Anne dice:
—Vemos aquí a los celebrados Currer, Elis y Acton Bell relajándose en casa, disfrutando de su fama.
Y les acomete una hilaridad tan desenfrenada y virulenta que tienen que morderse los labios y taparse la boca con los nudillos para precipitarse escaleras abajo, y al fin pueden dar rienda suelta a la risa: unas risotadas, relinchos y alaridos tales que cualquiera que las hubiera oído habría pensado que estaban llorando desconsoladamente.
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GalenaGalena06 diciembre 2017
Esa es la singularidad de Charlotte: es capaz de hacerlo. Es tan tímida como cualquiera de ellas, sufre visiblemente la misma angustia al entrar en una sala llena de desconocidos, no es capaz de decir ninguna de esas refinadas naderías que Ellen Nussey manera con tanta soltura. Y, para colmo, es tremendamente consciente de su imagen, algo que no le sucede a Emily y que Anne ha aprendido a superar. Charlotte vuelve la cara par disimular la deformidad de la boca producida por un diente que sobresale demasiado y con eso sólo consigue parecer menos agraciada. Pero, a pesar de todo, lo hace: sigue adelante. Esta mañana ha negociado el alojamiento en la Chapter Coffee House y se ha quejado a la indiferente doncella, con firmeza aunque con rubor, de que no tenían agua para lavarse, y ella ha asegurado que antes debían pasar allí una noche; luego aborda a un transeúnte para preguntar por dónde se va a Cornhill. Seguramente Charlotte negaría que es valiente, porque no debe sentirse valiente. Pero actúa como si lo fuera. Y ahí reside el secreto del valor.
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GalenaGalena06 diciembre 2017
(…) Siendo seis, no hay nadie que esté en el medio porque… —frunció el ceño, garabateando—… porque es una cuestión aritmética.
Charlotte fijó la mirada en el papel dubitativamente.
—Pero yo me siento en medio.
—Bueno, por qué no —convino Branwell. Entre ellos, los sentimientos siempre se daban por buenos.
Al estar en el centro, podrías mirar en ambas direcciones. Detrás de ti veías a los más pequeños recorriendo un camino porque el que ya habías pasado: se les caían los dientes, tenían rabietas. Eso te infundía seguridad. Y delante de ti, Maria y Elizabeth iban trazando el camino, explorando el territorio, retirando obstáculos, y eso era la seguridad.
Aunque no fueran adultas, su magnífica categoría era igual de deslumbrante para Charlotte.
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GalenaGalena06 diciembre 2017
—¿Qué haces? —gimió Charlotte, sujetándola.
Emily se lamió los nudillos.
—Darme una razón para esto —dijo mientras las lágrimas, tan infrecuentes en ella, le bañaban la cara—. Es que… cuando te das cuenta de lo que le pides a la vida, que es poco, tan poco: una habitación tranquila, una pluma; tener cerca al puñado de personas que quieres; una puerta abierta para salir por ella; mirar el cielo; y ya está, nada más; y el hecho de que esto es pedir demasiado de este mundo. Eso te hace comprender que el mundo se valora muy alto, y qué hueca suena tanta fanfarria… qué hueca…
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