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ISBN : 1947783793
Editorial: Alfaguara (07/08/2018)

Calificación promedio : 3.98/5 (sobre 86 calificaciones)
Resumen:
Tras la Verdad, la Desaparición. SOLO DICKER PODÍA SUPERARSE A SÍ MISMO. Más de 4.000.000 de lectores la están esperando. Por el ganador del Premio Goncourt des Lycéens, del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, del Premio Lire, del Premio Qué Leer y del Premio San Clemente. #AdictosaDicker «Seiscientas cincuenta páginas que nos harán adorar el insomnio.»Valérie Trierweiler, Paris Match La noche del 30 de julio de 1994, la apacible población de Orphea, en ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (50) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 23 septiembre 2018
No puede ser que cada vez que lea un libro de este autor me ocurra lo mismo, me encanta; el siguiente me gusta más que el anterior, y me hipnotiza tanto que deseo enormemente poder escribir como él. Sus historias, una vez leídas las novelas, son sencillas, quiero decir que los asesinatos o lo que ocurra, tienen sentido y, además, son de resolución bastante lógica; pero hasta llegar ahí has de pasar, en este caso, por 650 páginas complejas para enterarte de quién es el asesino, cuáles son los motivos que lo llevan a ello y qué relación tienen todos entre sí, asesino, asesinos, asesinado, asesinados. No quiero revelar mucho porque La desaparición de Stephanie Mailer hay que leerla. Desde la primera página queda atrapado el lector y no puede parar. En concreto, a mí me ha fastidiado tener que dejar el libro para atender otros asuntos o porque me dolía la cabeza debido al tiempo empleado en la lectura, ya que como son alrededor de cuarenta personajes, y en principio todos parecen culpables, además de que van apareciendo de forma totalmente conveniente —o aleatoria según se mire—, tuve que ir tomando notas de quién era cada uno, qué filiación o relación tenía con el anterior y por qué aparecía en la novela. Si no, es imposible, al menos yo soy incapaz de ir recordándolos a todos en todo momento. Con La desaparición de Stephanie Mailer me ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió hace ya muchos años, cuando leí Cien años de soledad; con la novela de García Márquez me fui haciendo un árbol genealógico para entender mejor la trama y con la de Joël Dicker, he ido anotando la relación entre los personajes y las causas de su aparición para enterarme bien; no quería que se me escapase ningún detalle. En realidad me podría haber ahorrado algo de ese trabajo pues el autor ha tenido la deferencia de colocar al final la lista de los 31 personajes principales y su cargo. No obstante no me arrepiento de mi trabajo pues me ha permitido observar casi con lupa todos los movimientos y entender a la perfección el final, incluso sentir cierta empatía hacia el asesino, o hacia alguno de ellos.
Antes de criticar esta novela, que creo que lo voy a hacer con una palabra, ¡Formidable!, quiero comentar algo que me ha llamado la atención, y que, curiosamente está al final de la misma, una vez que hemos descubierto lo ocurrido. Hay dos personajes que se unen para estrenar La noche negra de Stephanie Mailer, uno como autor de la obra y otro como director. La representación es un fracaso y ante ello, el crítico-autor opina «Lo que no tiene éxito es forzosamente espléndido, palabra de crítico». Esto es completamente falso, la prueba la había dado este mismo personaje, al principio de la novela, cuando pasa de ser un crítico admirado a alguien a quien nadie lee porque todos se han dado cuenta de su proceder, «cogió la última relación de libros más vendidos de Nueva York, fue subiendo la lista con el dedo hasta el de mayores ventas y escribió un texto asesino sobre aquella novela lamentable que ni siquiera había abierto»; de hecho en una entrevista ya se lo dicen «hay algunas malas lenguas que afirman que los críticos literarios son escritores fracasados […] —Sandeces, querida amiga […] nunca he conocido a un crítico que soñase con escribir…». Esta ironía imagino que es un guiño de Dicker a las críticas que reciben algunas obras literarias de aquellos que se limitan a juzgarlas, la mayoría de las veces sin saber cómo. Si no, no se entiende, él mismo es la prueba, con 33 años es un éxito de ventas porque, creo, hoy tiene pocos rivales que puedan hacerle sombra.
No quiero atribuirme el cargo de crítica literaria, sería algo desorbitado, pero es cierto que algunos alumnos me han preguntado por qué no escribo un libro; alguna vez me lo he propuesto, y siempre he terminado por verlo imposible, o la historia era demasiado obvia, o los diálogos poco profundos, o me quedaba en blanco. Sin embargo al juzgar las obras de los demás sí reconozco, casi siempre, cuándo son buenas, y no tengo ningún problema en afirmar que me gustaría estar en el lugar del autor, que todo eso hubiese salido de mi mente. Por eso, cuando veo que hoy escribe “cualquiera” no lo soporto, me ocurre algo parecido al sentimiento de Otrovski ante la novela de Alice
Alice se escondió en el armario del despacho justo antes de que Otrovski llegara […]
—¿Le he hecho algún daño sin querer, Steven? […] Si es así le pido disculpas […]
—¡Porque tiene que guardarme mucho rencor por algo para imponerme semejante lectura! Y por si fuera poco, aquí estoy perdiendo aún más tiempo en comentarla […] Sueña con ser escritor, ¿no es así Steven?
—No, no soy el autor del texto –le aseguré.
—[…] Hasta un mono lo haría mejor. Hágale un favor a la humanidad ¿quiere? No siga por ese camino. Pruebe a pintar, quizá. O a tocar el oboe.
No voy a ser tan categórica como Otrovski, pero estamos rodeados de verdaderas obras de arte (aunque haya gustos para todo) y es una pena perder el tiempo con mediocridades.
Dicho esto queda confirmado que a mí me hubiera gustado realizar una obra maestra y que Jöel Dicker es un artista, es más, yo diría que es un genio. Ahora veremos por qué.
El lector es incapaz de encontrar al culpable hasta que no llega casi a la última página; es cierto que, una vez leída la novela, si empezamos de nuevo, nos damos cuenta de que hay tantas pistas para descubrirlo que parece imposible no haber caído en la cuenta, a no ser porque cada vez que aparece un personaje diferente encierra ciertos intereses para que continúe o cese la investigación, que lo muestran como sospechoso. Llegamos a recelar de los vecinos, de los periodistas, de los políticos y de la propia policía. La pregunta constante es ¿por qué?, ¿qué relación hay? y, como si fuera un puzle, el propio asesino es quien da forma a todo y nos presenta las piezas unidas en una secuencia tan coherente que no podía haber sido otra. Creo que es el mayor acierto de Dicker, enredar fechas, lugares, personajes, acciones durante seiscientas páginas para esclarecerlo en unas pocas y que los lectores conozcamos a la perfección a los integrantes, no sólo a los asesinados o a los asesinos.
Todos son importantes porque de esta manera percibimos cómo es la sociedad, sus integrantes, sus reacciones y consecuencias: el que ha sido alguien en un momento y ahora no es nada porque no era tan bueno como creía pero tiene un precio como casi todo el mundo,
—¿Quiere que le mienta descaradamente a la prensa ensalzando una obra que nunca he visto?
—[…] A cambio lo acomodo esta misma noche en una suite del Palace del Lago hasta que termine el festival.
—¡Choque esos cinco, amigo!
Una sociedad formada no sólo por buenas personas «un hombre simpático, afable, que procedía de buena familia. Un vecino activo y comprometido. Tenía un restaurante. Miembro del cuerpo de bomberos voluntarios», o buenos profesionales «—Bueno, pues ten la bondad, a pesar de todo, de ir a vaciar un cargador en el polígono de tiro antes de andar por ahí con ese trasto en el cinturón. Señores, rematen esta investigación pronto y bien». En La desaparición de Stephanie Mailer aparecen todos aquellos perfiles que cada vez más pueblan las ciudades actuales: corruptos «la cuenta en que se ingresaba el dinero: era una cuenta diferente, también del señor Gordon, pero abierta en nuestra sucursal de Bozeman, en Montana»; mafiosos «—Todo el mundo tiene que saber que el alcalde Gordon es un criminal. —Júrame que no dirás nada, Megan ¡Cerrarán las empresas, condenarán a los directivos, los obreros irán al paro […] Gordon es muy hábil. Mucho más de lo que parece»; egoístas «Entre el hallazgo del cadáver de Stephanie y el anuncio del alcalde de que se cancelaban los fuegos artificiales del Cuatro de Julio […] Delante del edificio municipal un grupo de manifestantes, todos ellos comerciantes de la ciudad, se había reunido para pedir que se mantuvieran los fuegos artificiales»; cobardes «Tuve miedo, capitán. Y me sentí avergonzado […] Era la primera vez que decía que tenía miedo»; manipuladores «—[…] Tú ya has conseguido que echase a Stephanie y la cabeza de Otrovski. ¡No pretenderás diezmarme la revista, digo yo! Alice lo fulminó con la mirada y luego exigió un regalo»; chantajeados «¿Cómo había llegado a aquello? ¿cómo se veía a los cincuenta años liado con aquella chica?»; celosos «—La investigación es secreta, ¡y un cuerno! Estoy segura de que Natasha está enterada de todo»; acosados «Había sido una buena alumna, muy capaz, ambiciosa y querida […] Todo cuanto había querido lo había tenido. Y luego había llegado Tara Scalini y la tragedia posterior»; los que anteponen su posición al plano humanitario «¡Si corre el rumor de que anda rondando por aquí un asesino, la temporada de verano se va al carajo! ¿Se da cuenta de lo que esto supone para nosotros?»; los estúpidos «¡Qué bien había hablado! ¡Qué interesante era […] En pocas palabras había resumido la decadencia de la humanidad. ¡Qué orgulloso estaba de que su pensamiento fuera tan ágil y su cerebro tan portentoso».
No cabe duda de que la sociedad queda diseccionada, porque no solo existen estas personas en Orphea, son personajes universales de hoy, de ahí que vivamos en condiciones cada vez más engañosas, menos seguras, más hipócritas.
Por eso aparecen, asimismo temas tan actuales como el de la paridad en los trabajos, «La única razón de que estés aquí es que el alcalde Brown, con sus condenadas ideas revolucionarias, quería a toda costa nombrar a una mujer en la policía […] historias de diversidad, de discriminación y de no sé qué más gilipolleces», o la efectividad real de los psicólogos, tan demandados y en los que dejamos caer toda la responsabilidad, sin tener en cuenta que los primeros que tenemos que implicarnos, en los problemas que nos afectan somos nosotros «Cuando hablamos de eso en la sesión fue porque Dakota se quejaba de que registrabas su habitación para buscar droga. Lo que dijo el doctor Jern fue que convirtiéramos su cuarto en un espacio propio que respetáramos, que implantásemos un principio de confianza».
Y por supuesto, el poder del dinero, por encima incluso de los sentimientos supuestamente más profundos. Parece que hasta el dolor más insoportable puede desaparecer con una bonita suma por medio «la incitación al suicidio podría considerarse homicidio […] te enfrentas a una pena entre siete y quince años de cárcel. A menos que lleguemos a un acuerdo con la familia de Tara […] Quieren nuestra casa de Orphea […] —Pues suya es entonces —dijo mi padre—.»
Ante este panorama no es de extrañar que la sociedad funcione mal, se ha deshumanizado y, si nos fijamos, el dinero, el afán de poder es el desencadenante.
El narrador es excepcional, o mejor dicho los narradores, porque la novela está escrita mediante una polifonía narrativa que favorece el entendimiento de lo sucedido durante veinte años en Orphea. La voz de Jesse Rosenberg es la que relata el presente, veinte años después de, aún muy joven, resolver su primer caso, que le trajo tanto la gloria como la desgracia. Su compañero, Derek Scott relata lo ocurrido en 1994 cuando ambos resolvieron el asesinato múltiple de Orphea.
Pero nada es lo que parece y Stephanie Mailer da la voz de alarma, de forma que Jesse (a punto de jubilarse con 45 años) y Derek, retoman el caso junto a Anna Kanner, la tercera voz narrativa, subjefa de la policía de Orphea.
Pero entre estas voces narrativas encontramos las de otros personajes que van apareciendo y que aportan, junto a un narrador ocasional en tercera persona, mayor tensión a la lectura sobre todo porque dan pie a una serie de diálogos impactantes, llenos de ironía, humor incluso, o tragedia; verdaderos protagonistas de la novela pues la hacen dinámica, adictiva, de ritmo apabullante que no desaprovecha el autor para conseguir el retrato evolutivo de una sociedad.
Podría alargarme aportando ejemplos de ese humor, de las descripciones, justas pero acertadas, pero no quiero desentrañar nada más. Leer a Dicker y disfrutar con él es una obligación personal.

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MisLecturas
 25 julio 2020
Hoy os traigo mis impresiones sobre este thriller negro que presenta una rica galería de personajes y cuya trama va a girar en torno a la investigación de un crimen múltiple, que actúa como un hilo rojo que los conectará a ellos y sus historias, para acabar fundiéndose en un final coherente y que sorprenderá a más de uno.

En el verano de 1994, la pequeña y pacífica localidad de Orphea, situada en la costa este de los Estados Unidos, fue golpeada por un terrible crimen la misma noche de la inauguración de la primera edición de su festival de teatro. Joseph Gordon, el alcalde de la ciudad, su mujer y su hijo, aparecen asesinados en su domicilio. El macabro hallazgo lo realiza uno de los primeros agentes en llegar a la escena de otro crimen ocurrido delante de la casa de los Gordon. El cuerpo de una vecina yacía acribillado a tiros, probablemente fue testigo del triple crimen cuando pasaba por allí practicando footing. El caso fue resuelto con éxito por dos jóvenes y ambiciosos policías de Nueva York, Jesse Rosenberg y Derek Scott, quienes consiguieron desenmascarar al asesino gracias a una serie de pruebas "incuestionables", lo que les valió los elogios de sus superiores e incluso una condecoración.

Veinte años más tarde, Rosenberg, ahora capitán de la policía, ha decidido poner fin a sus veintitrés años de servicio en el cuerpo y jubilarse para dedicarse con mucha ilusión a un nuevo proyecto. Da por cerrado así un capítulo de su vida cuando Stephanie Mailer, la periodista de un diario local de Orphea, le insinúa que se equivocaron de culpable en el cuádruple crimen. Ella tiene en su poder información de peso para aseverar con rotundidad sus palabras. Un par de días más tarde, la joven desaparece en circunstancias misteriosas. ¿Qué le ha ocurrido a la intrépida periodista? ¿Qué veracidad tiene lo que ha descubierto? Y, sobre todo ¿qué pasó en realidad la tarde del 30 de julio de 1994 en Orphea? ¿Se cerró en falso la investigación y el verdadero asesino ha dormido con la conciencia tranquila durante dos décadas? Aunque Jesse se va del cuerpo, tiene claro que la duda planteada lo atormentará, despertando los fantasmas del pasado que ha intentado mantener ocultos en la penumbra de su memoria y no cejará hasta aclarar lo ocurrido, a pesar de la inexistencia de indicios que permitan desconfiar de las conclusiones de la investigación llevada a cabo en 1994.

Con el teatro como telón de fondo, toda esta historia tiene su origen en la desaparición de una periodista que asevera que la investigación de un caso se cerró en falso, sembrando la duda sobre la identidad del asesino de un cuádruple crimen ocurrido dos décadas atrás. Stephanie focalizará y será el vínculo de unión de toda la trama, aunque curiosamente es el personaje que está menos presente ya que solo aparece, de manera fugaz, en una sola escena. Joel Dicker se ha planteado un doble desafío: presentar diferentes puntos de vista sobre los hechos, con un enfoque narrativo múltiple, tanto en primera como en tercera persona, a través de una treintena de personajes que ofrecerán su versión personal de los acontecimientos; y ofrecer a los lectores una implacable cuenta regresiva…

La lectura de "La desaparición de Stephanie Mailer" ha sido algo así como jugar a un complejo sudoku de nivel dios en el que las hipótesis irán surgiendo de manera tan prolífica como los champiñones tras una copiosa jornada de lluvia. La combinación de dos hilos temporales, que se alternarán conjugando el presente y el pasado, es el recurso utilizado por su autor para aumentar la dosis de intriga, creando una trama de máximo suspense que cuenta con una gran profusión de personajes, algunos de ellos totalmente obviables porque sus historias no aportan nada al argumento, y repleta de pistas falsas y giros argumentales que dan lugar a que el lector apenas tenga tiempo de aburrirse. Cada capítulo es una oportunidad para descubrir una nueva perspectiva, un nuevo elemento para conectar a los precedentes y, en última instancia, lograr tejer el complejo tapiz que haga aflorar la verdad sobre la desaparición de Stephanie Mailer.

Con una prosa cuidada y sencilla, un ritmo que se presenta dinámico al principio pero luego se torna irregular e impide el avance a causa de las incontables subtramas relacionadas con todos y cada uno de sus personajes, algunas de la cuales ni siquiera atañen a la trama principal, y que se entrelazan en dos hilos argumentales alejados en el tiempo por dos décadas, el autor ha logrado urdir una novela demasiado extensa y que lógicamente presenta un nutrido friso de personajes, de muy variado talante, lo que imposibilita profundizar en todos al mismo nivel. En la mayoría de ellos, su personalidad y las líneas que los contornan se presentan desdibujadas, sobre todo a nivel psicológico. La inclusión de un par de personajes deliberadamente esperpénticos, meras caricaturas que desentonan con el resto, me ha parecido algo disparatado e innecesario.


Sintetizando: "La desaparición de Stephanie Mailer" es un thriller coral caleidoscópico de múltiples personajes y diferentes puntos de vista. Una novela muy extensa y de intrincada trama que está ambientada en una bucólica y tranquila localidad de los Hamptons. Su argumento se articula en dos planos temporales simultaneados para resolver unos crímenes que podrían estar conectados entre sí. Una historia que recomiendo a los lectores de Joel Dicker pero que, estando muy bien escrita, no llega al mismo nivel de la novela que lo encumbró a la fama.
Enlace: https://www.mislecturas.es/2..
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AlhanaRhiverCross
 08 septiembre 2018
Comenzaré aclarando que he “leído” esta novela por primera vez de forma diferente: mediante un audiolibro. No sabía muy bien cómo iba a salir esta experiencia y más siendo uno de mis autores favoritos por los que siento verdadera adoración y disfruto leyendo cada palabra de cada página. Sin embargo, en mi desconocimiento de esta forma de lectura no era consciente de la calidad que puede llegar a tener, así que ha sido un completo placer haber ido “leyendo” esta historia con las voces de profesionales como Luis Posada (que os sonará más como Leonardo DiCaprio o Johnny Depp), Nuria Mediavilla (la voz de Kate Winslet o Angelina Jolie) o Raúl Llorens (para mí, el Capitán América). Así que el disfrute ha sido doble porque la lectura ha sido, literalmente, inmersiva y podía ir escuchando la novela por la calle o mientras hacía las tareas en casa. Así que, por si no lo he dejado claro, si todavía dudáis con el formato audiolibro, os recomiendo que os lancéis a probar porque a lo mejor os gusta, quién sabe.
Dicho esto, La Desaparición de Stephanie Mailer es Dicker en estado puro desde el inicio de la novela. Reúne misterio, desapariciones, asesinatos, unos sospechosos de lo más variopinto, historias del pasado que vuelven a perturbar el presente, y además, un halo de melancolía hacia el mundillo de los escritores, que parece ser una seña de identidad de este autor. Además, mejor debería aclarar también que la tal Stephanie ni es el protagonista ni el problema principal a resolver en esta novela de suspense, más bien es un elemento fundamental para que se desencadenen los hechos que dan lugar a la trama: un cuádruple asesinato en los años 90 que no se cerró correctamente. Ahora, veinte años más tarde, la señorita Mailer acude a los principales investigadores del caso de aquel entonces para advertirles de su supuesto error en el archivo del caso. Entonces, sí, la señorita Mailer, cumplida su función en la trama, desaparece y ahí comienza todo.
En medio de todo esto nos encontramos al coro de personajes más amplio que le he visto a este autor. Me centraré en los principales, que son además los tres investigadores tanto del caso 1994 como en 2014. Por un lado, Jesse Rosenberg tiene cuarenta y pico y quiere retirarse de la policía para cumplir un sueño de juventud: abrir un restaurante. Pero justo cuando le están brindando los honores por su prejubilación, aparece Stephanie y le chafa el plan, porque ahora tiene que volver a contactar con Derek Scott, su compañero hace 20 años y mejor amigo desde entonces. Derek no está por la labor de remover el pasado y reabrir el caso porque está felizmente casado, con hijas y con un tranquilo trabajo de oficina en la comisaría. Sin embargo, cuando se les suma Anna Kanner, la subjefa de su departamento, ansiosa por demostrar que se merece el puesto que ocupa en un mundo de hombres (todo un puntazo incluir este aspecto con todo lo que tiene que aguantar), los tres deciden empezar a indagar y poco a poco ven que algo no cuadra en ese asesinato de una familia entera y una testigo presencial.
El trío de ases que encabeza el reparto está construido en cuanto a historia personal un poco demasiado. Me explico: hay anécdotas, historias personales y capítulos enteros que sólo sirven para que los conozcamos a ellos, pero algunas bien podrían haberse simplemente comentado o directamente no son necesarias (como el caso de la situación matrimonial de Anna o la historia del restaurante de Jesse). También es verdad que no deja de ser una forma de que conozcamos en profundidad a todos los implicados, pero para mí uno de los fallos de este libro sería que tenemos construcción innecesaria incluso para los secundarios menos relevantes. Por eso, en lo que creo que todos coincidiremos es en que a esta novela le sobran páginas, capítulos e historias enteras. Bastantes, diría yo. Reconozco que para mí es un placer leer cada frase que escriba este autor, y disfruto mientras leo, pero también me doy cuenta de que más o menos un 25% de este libro es paja, otro 25% es construcción innecesaria de ciertos personajes (con historias personales, pasados y anécdotas que no aportan nada) y por fin la otra mitad restante ya es la trama en sí dedicada a la investigación central, los interrogatorios, las versiones de testigos y sospechosos y todo lo que conlleva un thriller convencional.
Sin embargo, como comentaba antes, muchas de esas páginas están dedicadas al ambiente escritoril y lo cierto es que he disfrutado de cada una de ellas. Por ejemplo, como trasfondo de la mayor parte de la novela tenemos una obra de teatro en la que el director y autor del guión asegura que recreará lo sucedido hace 20 años y en la que revelará quién fue el asesino en el último acto, poniendo en peligro a los actores y al público porque los culpables podrían ponerse nerviosos si piensan que los van a desenmascarar. También hay referencias al drama de una novela robada y algunos escenarios como una librería de segunda mano. Así que todo en conjunto deja un regusto muy agradable también para los que somos aficionados a la lectura y la escritura.
Por otra parte, el autor tiene la destreza de convertir en misterio hasta el detalle menos relevante de la trama y nos mete la curiosidad en el cuerpo para que queramos saber. Su estilo no es demasiado elaborado, más bien es sencillo en cuanto a lenguaje y estructuras, pero cuida mucho la forma de narrar los hechos y cuándo ir soltando datos y enlazándolos sin contarlo todo de golpe, así también no ayuda a trabajar las teoría mientras leemos. Por último, el desenlace es imprevisible y muy bien hilado, pero para mi gusto demasiado simple para lo enrevesada que ha sido toda trama. En realidad no es un problema porque el libro es adictivo precisamente porque sabemos que lo que pensamos que ocurrió en 1994 no es lo que realmente ocurrió por lo que necesitamos leer y leer para llegar a la explicación y mientras tanto, vamos pasando de un sospechoso a otro.
Para resumir, no he echado en falta nada en esta novela y por el contario es posible que me ha haya sobrado porque, esta vez, Joël Dicker ha pecado por exceso pero yo se lo perdono todo. No he podido soltar el libro (técnicamente, la APP para escuchar a cada rato el audiolibro) y me ha encantado conocer a estos personajes, quizás demasiado en profundidad. Es un libro extenso pero que si coge con ganas, se hace muy ameno y mantiene la intriga lo suficiente arriba para no parar de leer hasta el final, sorprendente y adecuado para una buena novela policíaca con muchos más elementos, además del misterio central. Desde luego si no habéis leído nunca a Dicker, no recomendaría que empezárais a leerlo por esta novela porque quizás no queráis volver a leer nunca nada más de él. Soy consciente de lo mucho que me gusta a mí pero comprendo que sus libros son demasiado largos para que todo el mundo disfrute de cada palabra como lo hago yo. Pero si aún así seguís sintiendo curiosidad, dadle tiempo en los primeros capítulos y os enganchará sin remedio.
Enlace: https://enmitiempolibro.blog..
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MissMoria
 06 febrero 2020
Siempre tengo ganas de leer género negro de novela, me produce entre atracción y desasosiego pensar que no pueda gustarme así que entre eso y que me encanta la fantasía, pues no leo tanta policíaca como me gustaría.
Me alegré mucho cuando se propuso para el club de lectura, Dicker es un autor que llevaba tiempo queriendo leer, y cuyos títulos llamaban mucho mi atención así que me adentré en la lectura con ganas pero con un poco de esa inquietud que comentaba, temerosa de que terminara por no gustarme o algo así. Y la verdad, nada más lejos de eso.
Ha sido trepidante. Es la palabra con la que defino la lectura. No una aventura trepidante de una persona aquí y allá, sino una lectura trepidante. La narrativa de Dicker, el ritmo que le otorga, la construcción de la trama y elección y composición de personajes hacen del libro un espacio que te hace olvidar lo demás. No importa si estás leyendo una hora o solo puedes pararte a leer unos cinco minutos, esos cinco minutos le pertenecen, Orphea y sus secretos te roban el alma.
Vamos primero por la sinopsis y el argumento. “La desaparición de Stephanie Mailer” como título juega papel en los matices que Dicker insufla al libro. Porque el libro está absolutamente lleno de matices, detalles, etc. El argumento comienza con una serie de presentaciones de la policía y de un caso del pasado que tendrá que ver de manera directa con la desaparición de Mailer, periodista en la idílica ciudad de Orphea. A través de su desaparición, se van a articular distintas tramas tanto a nivel personal como argumental: encontramos que será dicha desaparición la que active otro caso diferente, que a su vez va a poner en jaque la apariencia pulcra y bucólica de Orphea, a sus vecinos, con un pasado turbio que tiene las raíces directamente en la trama personal de diferentes personajes que irán desarrollándose conforme avanza el libro y que van posicionándose poco a poco en el tablero de juego.
La maestría por tanto es evidente: concatenar una pista con otra, relacionar un suceso con otro y sacar a relucir un argumento a través del argumento principal pone de manifiesto la minuciosidad de Dicker a la hora de componer su obra en cuanto a detalles: y además mientras lees, parece que uno no se da cuenta, ahí está la prueba. Hace que parezca si no fácil, un elemento indispensable para leer a gusto. Pero lo cierto es que es una pasada, parece que genera una filigrana enlazando un elemento con otro. Enumero unos pocos sin spoilers para que podamos hacernos una idea:
*Trabaja la trama principal a través de la desaparición de Stephanie, que en teoría era la trama principal pero pasa si no a un segundo plano, a compartir pedestal con la otra trama.
*A su vez, el título de la desaparición engloba como un paraguas todo lo que ocurre en el libro: es el hilo conductor.
*No conocemos a Stephanie, lo cual ensalza lo que acabo de comentar.
*Trabaja en dos tiempos: flashbacks de hace veinte años, y el presente de la trama: muchos aparecen en el pasado y en el presente.
*Se van descubriendo una pregunta tras otra, y las respuestas abren más preguntas, se van cerrando pequeñas incógnitas de manera concatenada, casi sin parar.
*El libro tiene formato de división de partes, con otras subdivisiones con títulos, a modo de actos, estableciendo una relación directa con una pieza teatral, lo cual tiene conexión directa también con la trama.
*Hay una correlación de Orphea con el libro: la lectura sufre un ritmo con altibajos particular, que acaba en crescendo mientras se va resolviendo el asunto, cuadrando con el “resquebrajo” de la idílica posición de la ciudad donde se desarrolla todo, una especie de analogía entre trama y escenario que me gustó mucho.
Además se apaña para incluir elementos sobre el bullying, sobre el chantaje, sobre el maltrato, la corrupción, o brecha laboral entre mujeres y hombres. La cuestión es que todo esto que estoy comentando, a simple vista parece tedioso pero como decía, el lector no lo ve mientras está leyendo, no resulta abrumador ni una interrupción de la lectura, son matices que van surgiendo cuando uno para de leer, cuando piensas en lo que has leído o cuando has terminado, y ahí es cuando te permites realmente analizar con qué facilidad parece que Dicker hace su trabajo.
No se trata de la obra maestra del siglo, no he leído demasiado de este género y seguro que hay cosas mejores pero, ahora bien: tenemos un autor joven, con mucha documentación y pasión por lo que hace (porque se nota), con tramas originales y estrategias muy cuidadas para componer el libro que te deja bien claro que no hay nada dejado al azar y pues… No queda otra que elogiar un trabajo así.
Los personajes están formados, y aunque no todos están pensados para realizar una gran evolución, hay otros que sí.
Me gustó mucho el uso de ciertas palabras para unir un punto determinado de la historia a través de varios personajes: es una especie de guiño al lector. Si se va a hablar de un hundimiento, y el capítulo se llama así, encontraremos que muchos personajes harán referencia a esto en cada una de sus historias, generando una conexión curiosa y especial a la hora de leer.
Y como comentaba, si bien no son personajes profundos que analizan incógnitas vitales, sí son las herramientas para realizar un cuadro de las virtudes pero sobre todo de los defectos de la gente, la realidad de muchos ellos. Se hacen odiar, se hacen querer. al final tienes la sensación de que son personas cualesquiera y eso también es bonito.
Ha habido sin embargo dos elementos que me han chirriado un pelín. Uno de ellos ha sido la resolución del final, determinado personaje comenta determinado asunto, que bueno, por la manera de hacerlo… No es el contenido sino el continente, su forma. Dicker me había hecho pensar con las tres o cuatro páginas previas que iba a ocurrir de manera grandilocuente y al final se deshinchó un poco este momento, aunque creo que fue algo más personal que otra cosa. El otro elemento que me chirrió aunque no tanto –a algunos compañeros de lectura por ejemplo les resultó muy tedioso– es el cambio de persona del narrador, que dependiendo de quién narra y si se trata de pasado o presente, va fluctuando y cambiando y puede ser un tanto irritante. Más que molesto, me resultó inesperado, no me produjo malestar pero tampoco bienestar.
En definitiva, no puedo hablar sobre la trama sin reventarla porque la sinopsis ya se encarga perfectamente de relatar qué va a pasar, pero sí puedo decir que se trata solamente de la punta del iceberg. Que son los personajes los que van trabajando la historia, los que la amplían, abren incógnitas, cierran otras y te hacen leer de manera paranoica pensando en una o en otra hipótesis. ¡Súper recomendable! Ha sido adictivo y un placer tremendo descubrir a este autor.
Enlace: https://lecturadebuhardilla...
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LAKY
 28 diciembre 2018
En el año 1994 un horrible crimen sucedió en la tranquila y turística villa de Orphea, en los Hamptons. La familia del alcalde fue asesinada en su propia casa y el asesino se llevó también por delante a una mujer que estaba haciendo deporte delante de la mansión y que tuvo la desgracia de ver al asesino. Los por entonces jóvenes policías Jesse Rosenberg y Derek Scott resolvieron el caso pero éste, su primer caso importante, les dejó bastante tocados.
Han pasado veinte años y vuelve a celebrarse el festival de teatro que justo se inauguraba aquel fatídico día de 1994. Una periodista está escribiendo un libro sobre el cuádruple asesinato; ella está convencida de que el caso no se resolvió satisfactoriamente y que el asesino sigue suelto. Cuando la periodista, Stephanie Mailer, desaparece suenan todas las alarmas. Serán los mismos policías quienes se encargarán de investigar esta misteriosa desaparición. Para ello serán ayudados por Anna Kanner, una talentosa policía que se ha incorporado hace poco a la comisaría de Orphea
La desaparición de Stephanie Mailer” es una novela de corte policíaco pero que, siendo de Joel Dicker, no se limita a una simple investigación sino que va mucho más allá. Con una serie de tramas y subtramas de todo tipo, su estructura es realmente compleja. Joel Dicker no se despeina a la hora de tirar de diferentes hilos, de mezclar tiempos y tramas, de enriquecer la historia principal con diferentes subtramas relativas a todos los personajes que pululan por la novela. Y, aunque parezca increíble, todo acaba encajando de la manera más perfecta posible, dejando todo resuelto de la forma más satisfactoria y dándose al final cuenta el lector de lo difícil que ha tenido que ser crear esa estructura donde todo encaja con absoluta perfección. Estructura complicada pero lectura super sencilla pues, una vez más, este autor consigue que nos quedemos pegados a las páginas de su libro y que no podamos parar de leer.
Como digo, es una novela policíaca en la que el equipo investigador tendrá que resolver dos casos: el del presente -la desaparición de Stephanie Mailer- y el del pasado -el cuádruple asesinato-. Porque, aunque este caso fue resuelto, se encontró al culpable y todo quedó atado, surge la duda en los investigadores de si realmente se resolvió adecuadamente. Así que tendrán que revisar todo lo que ocurrió hace veinte años. Y ello supondrá para Derek y Jesse un tremendo coste personal pues fue un caso que les afectó terriblemente
Pero, además, hay muchas subtramas que se enredan con la trama polícíaca y que nos hablarán de las historias personales de algunos de los habitantes de Orphea, tanto los del presente como los del pasado. No os cuento nada más porque no quiero desvelar nada transcendente pero sí he de decir que esas historias personales encajan perfectamente dentro de la trama principal y la dotan de mucho interés. Además, están introducidas de una manera muy adecuada en mi opinión. Por ejemplo, en la historia del presente se dice algo concreto y ese algo da pie a que la novela se retrotraiga al pasado para ver los antecedentes (me ha parecido un recurso muy teatral y , dado que todo gira en torno al festival de teatro de Orphea pienso que, quizás, el autor ha querido hacer un homenaje a dicho género. Aunque no me hagáis tampoco mucho caso que quizás son sólo cosas mías...)
La novela atrapa desde las primeras páginas y te mantiene así hasta las últimas. Si hay algo que Dicker saber hacer es suscitar el interés del lector. He leído tres novelas suyas y son a cada cual más adictiva. Ésta, en concreto, quizás no sea la más adictiva de las tres (para mi, la más “page-turner” sigue siendo “El caso Harry Quebert) pero, aún así, es difícil parar de leer. El interés no decae en ningún momento, la intriga tampoco. Necesitas saber y, como la historia está contada con mucho ritmo y el libro se lee fácil, es difícil parar de leer. Es un tocho de seiscientas cincuenta páginas pero, aún así, vuela entre las manos.
Como no podía ser de otra manera, tiene muchos giros inesperados y sorpresas varias. En esta ocasión, cosa rara, adiviné desde el principio una de las sorpresas principales de la historia pero da igual, me esperaban muchas otras.
Como he señalado más arriba, la estructura es compleja. Con saltos continuos en el tiempo y muchas subtramas, además hay cambios de narradores y, lo mismo nos encontramos con un narrador omnisciente que algún personaje que se dirige a nosotros en primera persona. Todo muy bien llevado
Joël Dicker siempre sorprende. Las tres novelas que he leído suyas son muy diferentes y sólo coinciden en lo buenas que son y en lo mucho que me han gustado. Por lo demás, no tienen demasiado que ver unas con otras. Si bien las otras podían considerarse novelas de intriga en un sentido amplio, ésta lo es sin duda alguna: concretando más, es una novela policíaca. Pero no es ni mucho menos como cualquier novela policíaca al uso sino mucho más compleja y rica. Las diferentes subtramas aportan historias familiares, asuntos políticos, odios exacerbados, deseos de venganza, relaciones amorosas, pérdidas…. Es difícil encontrar en otras novelas del género tanta riqueza en cuanto a la trama y a los personajes.
Otro de los puntos fuertes del autor, en todas sus novelas, es la caracterización que hace de los personajes. Todos ellos, los protagonistas pero también los secundarios, son personajes reales y al final acabas conociéndolos y entendiendo sus motivaciones. Se nos van desvelando a lo largo de la historia porque casi todos ellos guardan algún secreto que tendremos que descubrir y que el autor apunta desde el principio pero no revela hasta muy avanzada la novela. Jesse, Derek, Anna, los dos alcaldes, algunos periodistas… Son muchos los personajes que desfilan por la novela pero cada uno tiene su personalidad por lo que es fácil hacerse con todos ellos

Conclusión final
Una vez más, Joël Dicker me ha hecho disfrutar muchísimo con la lectura de una de sus novelas. “La desaparición de Stephanie Mailer” es un libro que es puro entretenimiento y está hecho para devorar pero, a la vez, es un muy buen libro: bien escrito, con personajes muy potentes y con una estructura y una trama complejas llevadas con mucho acierto. Muy muy recomendable

Enlace: https://librosquehayqueleer-..
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Las críticas de la prensa (3)
elinformador30 noviembre 2018
Jöel Dicker presenta su novela, “La desaparición de Stephanie Mailer”, donde profundiza en el mundo de la literatura y el misterio.
Leer la crítica en el sitio web: elinformador
Abc28 agosto 2018
Vuelve con la misma premisa con la que alcanzó el éxito: un crimen pasado que no se cierra, que sigue marcando vidas, que determina el presente. El interés de la historia no es tanto el crimen en sí mismo que no es especialmente interesante porque ya se ha cometido sino todas las consecuencias que tiene en la vida de la gente que está alrededor
Leer la crítica en el sitio web: Abc
ElPais29 junio 2018
Joël Dicker vuelve a probar los límites del género negro con 'La desaparición de Stephanie Mailer'.
Leer la crítica en el sitio web: ElPais
Citas y frases (6) Ver más Añadir cita
AbemarAbemar29 enero 2019
Cuando has matado una vez, puedes matar dos veces. Y cuando has matado dos veces, puedes matar a toda la humanidad”
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anademendozaanademendoza29 mayo 2020
A veces creemos que conocemos a las personas y descubrimos secretos asombrosos sobre ellas.
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NagoreabNagoreab09 noviembre 2018
Iba a ser el centro de mi vida, el centro de mis pensamientos, el centro de mis atenciones, el centro de mis preocupaciones, el dentro de mi amor absoluto. Y a ella le iba a pasar lo mismo conmigo. Yo iba a quererla y ella me iba a querer como pocas personas se han querido. En el cine, en el metro, en el teatro, en la biblioteca, en la mesa de los abuelos, mi sitio a su lado era el paraíso. Y las noches se convirtieron en nuestro reino.
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CarmenCarmen16 julio 2020
Generalmente las personas más tranquilas a veces son las asesinas
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NagoreabNagoreab09 noviembre 2018
Ya conoces el dicho: un amigo es alguien a quien conoces bien y a quien, a pesar de eso, sigues queriendo.
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