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ISBN : 1947783793
Editorial: Alfaguara (07/08/2018)

Calificación promedio : 3.9/5 (sobre 47 calificaciones)
Resumen:
Tras la Verdad, la Desaparición. SOLO DICKER PODÍA SUPERARSE A SÍ MISMO. Más de 4.000.000 de lectores la están esperando. Por el ganador del Premio Goncourt des Lycéens, del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, del Premio Lire, del Premio Qué Leer y del Premio San Clemente. #AdictosaDicker «Seiscientas cincuenta páginas que nos harán adorar el insomnio.»Valérie Trierweiler, Paris Match La noche del 30 de julio de 1994, la apacible población de Orphea, en ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (34) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 23 septiembre 2018
No puede ser que cada vez que lea un libro de este autor me ocurra lo mismo, me encanta; el siguiente me gusta más que el anterior, y me hipnotiza tanto que deseo enormemente poder escribir como él. Sus historias, una vez leídas las novelas, son sencillas, quiero decir que los asesinatos o lo que ocurra, tienen sentido y, además, son de resolución bastante lógica; pero hasta llegar ahí has de pasar, en este caso, por 650 páginas complejas para enterarte de quién es el asesino, cuáles son los motivos que lo llevan a ello y qué relación tienen todos entre sí, asesino, asesinos, asesinado, asesinados. No quiero revelar mucho porque La desaparición de Stephanie Mailer hay que leerla. Desde la primera página queda atrapado el lector y no puede parar. En concreto, a mí me ha fastidiado tener que dejar el libro para atender otros asuntos o porque me dolía la cabeza debido al tiempo empleado en la lectura, ya que como son alrededor de cuarenta personajes, y en principio todos parecen culpables, además de que van apareciendo de forma totalmente conveniente —o aleatoria según se mire—, tuve que ir tomando notas de quién era cada uno, qué filiación o relación tenía con el anterior y por qué aparecía en la novela. Si no, es imposible, al menos yo soy incapaz de ir recordándolos a todos en todo momento. Con La desaparición de Stephanie Mailer me ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió hace ya muchos años, cuando leí Cien años de soledad; con la novela de García Márquez me fui haciendo un árbol genealógico para entender mejor la trama y con la de Joël Dicker, he ido anotando la relación entre los personajes y las causas de su aparición para enterarme bien; no quería que se me escapase ningún detalle. En realidad me podría haber ahorrado algo de ese trabajo pues el autor ha tenido la deferencia de colocar al final la lista de los 31 personajes principales y su cargo. No obstante no me arrepiento de mi trabajo pues me ha permitido observar casi con lupa todos los movimientos y entender a la perfección el final, incluso sentir cierta empatía hacia el asesino, o hacia alguno de ellos.
Antes de criticar esta novela, que creo que lo voy a hacer con una palabra, ¡Formidable!, quiero comentar algo que me ha llamado la atención, y que, curiosamente está al final de la misma, una vez que hemos descubierto lo ocurrido. Hay dos personajes que se unen para estrenar La noche negra de Stephanie Mailer, uno como autor de la obra y otro como director. La representación es un fracaso y ante ello, el crítico-autor opina «Lo que no tiene éxito es forzosamente espléndido, palabra de crítico». Esto es completamente falso, la prueba la había dado este mismo personaje, al principio de la novela, cuando pasa de ser un crítico admirado a alguien a quien nadie lee porque todos se han dado cuenta de su proceder, «cogió la última relación de libros más vendidos de Nueva York, fue subiendo la lista con el dedo hasta el de mayores ventas y escribió un texto asesino sobre aquella novela lamentable que ni siquiera había abierto»; de hecho en una entrevista ya se lo dicen «hay algunas malas lenguas que afirman que los críticos literarios son escritores fracasados […] —Sandeces, querida amiga […] nunca he conocido a un crítico que soñase con escribir…». Esta ironía imagino que es un guiño de Dicker a las críticas que reciben algunas obras literarias de aquellos que se limitan a juzgarlas, la mayoría de las veces sin saber cómo. Si no, no se entiende, él mismo es la prueba, con 33 años es un éxito de ventas porque, creo, hoy tiene pocos rivales que puedan hacerle sombra.
No quiero atribuirme el cargo de crítica literaria, sería algo desorbitado, pero es cierto que algunos alumnos me han preguntado por qué no escribo un libro; alguna vez me lo he propuesto, y siempre he terminado por verlo imposible, o la historia era demasiado obvia, o los diálogos poco profundos, o me quedaba en blanco. Sin embargo al juzgar las obras de los demás sí reconozco, casi siempre, cuándo son buenas, y no tengo ningún problema en afirmar que me gustaría estar en el lugar del autor, que todo eso hubiese salido de mi mente. Por eso, cuando veo que hoy escribe “cualquiera” no lo soporto, me ocurre algo parecido al sentimiento de Otrovski ante la novela de Alice
Alice se escondió en el armario del despacho justo antes de que Otrovski llegara […]
—¿Le he hecho algún daño sin querer, Steven? […] Si es así le pido disculpas […]
—¡Porque tiene que guardarme mucho rencor por algo para imponerme semejante lectura! Y por si fuera poco, aquí estoy perdiendo aún más tiempo en comentarla […] Sueña con ser escritor, ¿no es así Steven?
—No, no soy el autor del texto –le aseguré.
—[…] Hasta un mono lo haría mejor. Hágale un favor a la humanidad ¿quiere? No siga por ese camino. Pruebe a pintar, quizá. O a tocar el oboe.
No voy a ser tan categórica como Otrovski, pero estamos rodeados de verdaderas obras de arte (aunque haya gustos para todo) y es una pena perder el tiempo con mediocridades.
Dicho esto queda confirmado que a mí me hubiera gustado realizar una obra maestra y que Jöel Dicker es un artista, es más, yo diría que es un genio. Ahora veremos por qué.
El lector es incapaz de encontrar al culpable hasta que no llega casi a la última página; es cierto que, una vez leída la novela, si empezamos de nuevo, nos damos cuenta de que hay tantas pistas para descubrirlo que parece imposible no haber caído en la cuenta, a no ser porque cada vez que aparece un personaje diferente encierra ciertos intereses para que continúe o cese la investigación, que lo muestran como sospechoso. Llegamos a recelar de los vecinos, de los periodistas, de los políticos y de la propia policía. La pregunta constante es ¿por qué?, ¿qué relación hay? y, como si fuera un puzle, el propio asesino es quien da forma a todo y nos presenta las piezas unidas en una secuencia tan coherente que no podía haber sido otra. Creo que es el mayor acierto de Dicker, enredar fechas, lugares, personajes, acciones durante seiscientas páginas para esclarecerlo en unas pocas y que los lectores conozcamos a la perfección a los integrantes, no sólo a los asesinados o a los asesinos.
Todos son importantes porque de esta manera percibimos cómo es la sociedad, sus integrantes, sus reacciones y consecuencias: el que ha sido alguien en un momento y ahora no es nada porque no era tan bueno como creía pero tiene un precio como casi todo el mundo,
—¿Quiere que le mienta descaradamente a la prensa ensalzando una obra que nunca he visto?
—[…] A cambio lo acomodo esta misma noche en una suite del Palace del Lago hasta que termine el festival.
—¡Choque esos cinco, amigo!
Una sociedad formada no sólo por buenas personas «un hombre simpático, afable, que procedía de buena familia. Un vecino activo y comprometido. Tenía un restaurante. Miembro del cuerpo de bomberos voluntarios», o buenos profesionales «—Bueno, pues ten la bondad, a pesar de todo, de ir a vaciar un cargador en el polígono de tiro antes de andar por ahí con ese trasto en el cinturón. Señores, rematen esta investigación pronto y bien». En La desaparición de Stephanie Mailer aparecen todos aquellos perfiles que cada vez más pueblan las ciudades actuales: corruptos «la cuenta en que se ingresaba el dinero: era una cuenta diferente, también del señor Gordon, pero abierta en nuestra sucursal de Bozeman, en Montana»; mafiosos «—Todo el mundo tiene que saber que el alcalde Gordon es un criminal. —Júrame que no dirás nada, Megan ¡Cerrarán las empresas, condenarán a los directivos, los obreros irán al paro […] Gordon es muy hábil. Mucho más de lo que parece»; egoístas «Entre el hallazgo del cadáver de Stephanie y el anuncio del alcalde de que se cancelaban los fuegos artificiales del Cuatro de Julio […] Delante del edificio municipal un grupo de manifestantes, todos ellos comerciantes de la ciudad, se había reunido para pedir que se mantuvieran los fuegos artificiales»; cobardes «Tuve miedo, capitán. Y me sentí avergonzado […] Era la primera vez que decía que tenía miedo»; manipuladores «—[…] Tú ya has conseguido que echase a Stephanie y la cabeza de Otrovski. ¡No pretenderás diezmarme la revista, digo yo! Alice lo fulminó con la mirada y luego exigió un regalo»; chantajeados «¿Cómo había llegado a aquello? ¿cómo se veía a los cincuenta años liado con aquella chica?»; celosos «—La investigación es secreta, ¡y un cuerno! Estoy segura de que Natasha está enterada de todo»; acosados «Había sido una buena alumna, muy capaz, ambiciosa y querida […] Todo cuanto había querido lo había tenido. Y luego había llegado Tara Scalini y la tragedia posterior»; los que anteponen su posición al plano humanitario «¡Si corre el rumor de que anda rondando por aquí un asesino, la temporada de verano se va al carajo! ¿Se da cuenta de lo que esto supone para nosotros?»; los estúpidos «¡Qué bien había hablado! ¡Qué interesante era […] En pocas palabras había resumido la decadencia de la humanidad. ¡Qué orgulloso estaba de que su pensamiento fuera tan ágil y su cerebro tan portentoso».
No cabe duda de que la sociedad queda diseccionada, porque no solo existen estas personas en Orphea, son personajes universales de hoy, de ahí que vivamos en condiciones cada vez más engañosas, menos seguras, más hipócritas.
Por eso aparecen, asimismo temas tan actuales como el de la paridad en los trabajos, «La única razón de que estés aquí es que el alcalde Brown, con sus condenadas ideas revolucionarias, quería a toda costa nombrar a una mujer en la policía […] historias de diversidad, de discriminación y de no sé qué más gilipolleces», o la efectividad real de los psicólogos, tan demandados y en los que dejamos caer toda la responsabilidad, sin tener en cuenta que los primeros que tenemos que implicarnos, en los problemas que nos afectan somos nosotros «Cuando hablamos de eso en la sesión fue porque Dakota se quejaba de que registrabas su habitación para buscar droga. Lo que dijo el doctor Jern fue que convirtiéramos su cuarto en un espacio propio que respetáramos, que implantásemos un principio de confianza».
Y por supuesto, el poder del dinero, por encima incluso de los sentimientos supuestamente más profundos. Parece que hasta el dolor más insoportable puede desaparecer con una bonita suma por medio «la incitación al suicidio podría considerarse homicidio […] te enfrentas a una pena entre siete y quince años de cárcel. A menos que lleguemos a un acuerdo con la familia de Tara […] Quieren nuestra casa de Orphea […] —Pues suya es entonces —dijo mi padre—.»
Ante este panorama no es de extrañar que la sociedad funcione mal, se ha deshumanizado y, si nos fijamos, el dinero, el afán de poder es el desencadenante.
El narrador es excepcional, o mejor dicho los narradores, porque la novela está escrita mediante una polifonía narrativa que favorece el entendimiento de lo sucedido durante veinte años en Orphea. La voz de Jesse Rosenberg es la que relata el presente, veinte años después de, aún muy joven, resolver su primer caso, que le trajo tanto la gloria como la desgracia. Su compañero, Derek Scott relata lo ocurrido en 1994 cuando ambos resolvieron el asesinato múltiple de Orphea.
Pero nada es lo que parece y Stephanie Mailer da la voz de alarma, de forma que Jesse (a punto de jubilarse con 45 años) y Derek, retoman el caso junto a Anna Kanner, la tercera voz narrativa, subjefa de la policía de Orphea.
Pero entre estas voces narrativas encontramos las de otros personajes que van apareciendo y que aportan, junto a un narrador ocasional en tercera persona, mayor tensión a la lectura sobre todo porque dan pie a una serie de diálogos impactantes, llenos de ironía, humor incluso, o tragedia; verdaderos protagonistas de la novela pues la hacen dinámica, adictiva, de ritmo apabullante que no desaprovecha el autor para conseguir el retrato evolutivo de una sociedad.
Podría alargarme aportando ejemplos de ese humor, de las descripciones, justas pero acertadas, pero no quiero desentrañar nada más. Leer a Dicker y disfrutar con él es una obligación personal.

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AlhanaRhiverCross
 08 septiembre 2018
Comenzaré aclarando que he “leído” esta novela por primera vez de forma diferente: mediante un audiolibro. No sabía muy bien cómo iba a salir esta experiencia y más siendo uno de mis autores favoritos por los que siento verdadera adoración y disfruto leyendo cada palabra de cada página. Sin embargo, en mi desconocimiento de esta forma de lectura no era consciente de la calidad que puede llegar a tener, así que ha sido un completo placer haber ido “leyendo” esta historia con las voces de profesionales como Luis Posada (que os sonará más como Leonardo DiCaprio o Johnny Depp), Nuria Mediavilla (la voz de Kate Winslet o Angelina Jolie) o Raúl Llorens (para mí, el Capitán América). Así que el disfrute ha sido doble porque la lectura ha sido, literalmente, inmersiva y podía ir escuchando la novela por la calle o mientras hacía las tareas en casa. Así que, por si no lo he dejado claro, si todavía dudáis con el formato audiolibro, os recomiendo que os lancéis a probar porque a lo mejor os gusta, quién sabe.
Dicho esto, La Desaparición de Stephanie Mailer es Dicker en estado puro desde el inicio de la novela. Reúne misterio, desapariciones, asesinatos, unos sospechosos de lo más variopinto, historias del pasado que vuelven a perturbar el presente, y además, un halo de melancolía hacia el mundillo de los escritores, que parece ser una seña de identidad de este autor. Además, mejor debería aclarar también que la tal Stephanie ni es el protagonista ni el problema principal a resolver en esta novela de suspense, más bien es un elemento fundamental para que se desencadenen los hechos que dan lugar a la trama: un cuádruple asesinato en los años 90 que no se cerró correctamente. Ahora, veinte años más tarde, la señorita Mailer acude a los principales investigadores del caso de aquel entonces para advertirles de su supuesto error en el archivo del caso. Entonces, sí, la señorita Mailer, cumplida su función en la trama, desaparece y ahí comienza todo.
En medio de todo esto nos encontramos al coro de personajes más amplio que le he visto a este autor. Me centraré en los principales, que son además los tres investigadores tanto del caso 1994 como en 2014. Por un lado, Jesse Rosenberg tiene cuarenta y pico y quiere retirarse de la policía para cumplir un sueño de juventud: abrir un restaurante. Pero justo cuando le están brindando los honores por su prejubilación, aparece Stephanie y le chafa el plan, porque ahora tiene que volver a contactar con Derek Scott, su compañero hace 20 años y mejor amigo desde entonces. Derek no está por la labor de remover el pasado y reabrir el caso porque está felizmente casado, con hijas y con un tranquilo trabajo de oficina en la comisaría. Sin embargo, cuando se les suma Anna Kanner, la subjefa de su departamento, ansiosa por demostrar que se merece el puesto que ocupa en un mundo de hombres (todo un puntazo incluir este aspecto con todo lo que tiene que aguantar), los tres deciden empezar a indagar y poco a poco ven que algo no cuadra en ese asesinato de una familia entera y una testigo presencial.
El trío de ases que encabeza el reparto está construido en cuanto a historia personal un poco demasiado. Me explico: hay anécdotas, historias personales y capítulos enteros que sólo sirven para que los conozcamos a ellos, pero algunas bien podrían haberse simplemente comentado o directamente no son necesarias (como el caso de la situación matrimonial de Anna o la historia del restaurante de Jesse). También es verdad que no deja de ser una forma de que conozcamos en profundidad a todos los implicados, pero para mí uno de los fallos de este libro sería que tenemos construcción innecesaria incluso para los secundarios menos relevantes. Por eso, en lo que creo que todos coincidiremos es en que a esta novela le sobran páginas, capítulos e historias enteras. Bastantes, diría yo. Reconozco que para mí es un placer leer cada frase que escriba este autor, y disfruto mientras leo, pero también me doy cuenta de que más o menos un 25% de este libro es paja, otro 25% es construcción innecesaria de ciertos personajes (con historias personales, pasados y anécdotas que no aportan nada) y por fin la otra mitad restante ya es la trama en sí dedicada a la investigación central, los interrogatorios, las versiones de testigos y sospechosos y todo lo que conlleva un thriller convencional.
Sin embargo, como comentaba antes, muchas de esas páginas están dedicadas al ambiente escritoril y lo cierto es que he disfrutado de cada una de ellas. Por ejemplo, como trasfondo de la mayor parte de la novela tenemos una obra de teatro en la que el director y autor del guión asegura que recreará lo sucedido hace 20 años y en la que revelará quién fue el asesino en el último acto, poniendo en peligro a los actores y al público porque los culpables podrían ponerse nerviosos si piensan que los van a desenmascarar. También hay referencias al drama de una novela robada y algunos escenarios como una librería de segunda mano. Así que todo en conjunto deja un regusto muy agradable también para los que somos aficionados a la lectura y la escritura.
Por otra parte, el autor tiene la destreza de convertir en misterio hasta el detalle menos relevante de la trama y nos mete la curiosidad en el cuerpo para que queramos saber. Su estilo no es demasiado elaborado, más bien es sencillo en cuanto a lenguaje y estructuras, pero cuida mucho la forma de narrar los hechos y cuándo ir soltando datos y enlazándolos sin contarlo todo de golpe, así también no ayuda a trabajar las teoría mientras leemos. Por último, el desenlace es imprevisible y muy bien hilado, pero para mi gusto demasiado simple para lo enrevesada que ha sido toda trama. En realidad no es un problema porque el libro es adictivo precisamente porque sabemos que lo que pensamos que ocurrió en 1994 no es lo que realmente ocurrió por lo que necesitamos leer y leer para llegar a la explicación y mientras tanto, vamos pasando de un sospechoso a otro.
Para resumir, no he echado en falta nada en esta novela y por el contario es posible que me ha haya sobrado porque, esta vez, Joël Dicker ha pecado por exceso pero yo se lo perdono todo. No he podido soltar el libro (técnicamente, la APP para escuchar a cada rato el audiolibro) y me ha encantado conocer a estos personajes, quizás demasiado en profundidad. Es un libro extenso pero que si coge con ganas, se hace muy ameno y mantiene la intriga lo suficiente arriba para no parar de leer hasta el final, sorprendente y adecuado para una buena novela policíaca con muchos más elementos, además del misterio central. Desde luego si no habéis leído nunca a Dicker, no recomendaría que empezárais a leerlo por esta novela porque quizás no queráis volver a leer nunca nada más de él. Soy consciente de lo mucho que me gusta a mí pero comprendo que sus libros son demasiado largos para que todo el mundo disfrute de cada palabra como lo hago yo. Pero si aún así seguís sintiendo curiosidad, dadle tiempo en los primeros capítulos y os enganchará sin remedio.
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LAKY
 28 diciembre 2018
En el año 1994 un horrible crimen sucedió en la tranquila y turística villa de Orphea, en los Hamptons. La familia del alcalde fue asesinada en su propia casa y el asesino se llevó también por delante a una mujer que estaba haciendo deporte delante de la mansión y que tuvo la desgracia de ver al asesino. Los por entonces jóvenes policías Jesse Rosenberg y Derek Scott resolvieron el caso pero éste, su primer caso importante, les dejó bastante tocados.
Han pasado veinte años y vuelve a celebrarse el festival de teatro que justo se inauguraba aquel fatídico día de 1994. Una periodista está escribiendo un libro sobre el cuádruple asesinato; ella está convencida de que el caso no se resolvió satisfactoriamente y que el asesino sigue suelto. Cuando la periodista, Stephanie Mailer, desaparece suenan todas las alarmas. Serán los mismos policías quienes se encargarán de investigar esta misteriosa desaparición. Para ello serán ayudados por Anna Kanner, una talentosa policía que se ha incorporado hace poco a la comisaría de Orphea
La desaparición de Stephanie Mailer” es una novela de corte policíaco pero que, siendo de Joel Dicker, no se limita a una simple investigación sino que va mucho más allá. Con una serie de tramas y subtramas de todo tipo, su estructura es realmente compleja. Joel Dicker no se despeina a la hora de tirar de diferentes hilos, de mezclar tiempos y tramas, de enriquecer la historia principal con diferentes subtramas relativas a todos los personajes que pululan por la novela. Y, aunque parezca increíble, todo acaba encajando de la manera más perfecta posible, dejando todo resuelto de la forma más satisfactoria y dándose al final cuenta el lector de lo difícil que ha tenido que ser crear esa estructura donde todo encaja con absoluta perfección. Estructura complicada pero lectura super sencilla pues, una vez más, este autor consigue que nos quedemos pegados a las páginas de su libro y que no podamos parar de leer.
Como digo, es una novela policíaca en la que el equipo investigador tendrá que resolver dos casos: el del presente -la desaparición de Stephanie Mailer- y el del pasado -el cuádruple asesinato-. Porque, aunque este caso fue resuelto, se encontró al culpable y todo quedó atado, surge la duda en los investigadores de si realmente se resolvió adecuadamente. Así que tendrán que revisar todo lo que ocurrió hace veinte años. Y ello supondrá para Derek y Jesse un tremendo coste personal pues fue un caso que les afectó terriblemente
Pero, además, hay muchas subtramas que se enredan con la trama polícíaca y que nos hablarán de las historias personales de algunos de los habitantes de Orphea, tanto los del presente como los del pasado. No os cuento nada más porque no quiero desvelar nada transcendente pero sí he de decir que esas historias personales encajan perfectamente dentro de la trama principal y la dotan de mucho interés. Además, están introducidas de una manera muy adecuada en mi opinión. Por ejemplo, en la historia del presente se dice algo concreto y ese algo da pie a que la novela se retrotraiga al pasado para ver los antecedentes (me ha parecido un recurso muy teatral y , dado que todo gira en torno al festival de teatro de Orphea pienso que, quizás, el autor ha querido hacer un homenaje a dicho género. Aunque no me hagáis tampoco mucho caso que quizás son sólo cosas mías...)
La novela atrapa desde las primeras páginas y te mantiene así hasta las últimas. Si hay algo que Dicker saber hacer es suscitar el interés del lector. He leído tres novelas suyas y son a cada cual más adictiva. Ésta, en concreto, quizás no sea la más adictiva de las tres (para mi, la más “page-turner” sigue siendo “El caso Harry Quebert) pero, aún así, es difícil parar de leer. El interés no decae en ningún momento, la intriga tampoco. Necesitas saber y, como la historia está contada con mucho ritmo y el libro se lee fácil, es difícil parar de leer. Es un tocho de seiscientas cincuenta páginas pero, aún así, vuela entre las manos.
Como no podía ser de otra manera, tiene muchos giros inesperados y sorpresas varias. En esta ocasión, cosa rara, adiviné desde el principio una de las sorpresas principales de la historia pero da igual, me esperaban muchas otras.
Como he señalado más arriba, la estructura es compleja. Con saltos continuos en el tiempo y muchas subtramas, además hay cambios de narradores y, lo mismo nos encontramos con un narrador omnisciente que algún personaje que se dirige a nosotros en primera persona. Todo muy bien llevado
Joël Dicker siempre sorprende. Las tres novelas que he leído suyas son muy diferentes y sólo coinciden en lo buenas que son y en lo mucho que me han gustado. Por lo demás, no tienen demasiado que ver unas con otras. Si bien las otras podían considerarse novelas de intriga en un sentido amplio, ésta lo es sin duda alguna: concretando más, es una novela policíaca. Pero no es ni mucho menos como cualquier novela policíaca al uso sino mucho más compleja y rica. Las diferentes subtramas aportan historias familiares, asuntos políticos, odios exacerbados, deseos de venganza, relaciones amorosas, pérdidas…. Es difícil encontrar en otras novelas del género tanta riqueza en cuanto a la trama y a los personajes.
Otro de los puntos fuertes del autor, en todas sus novelas, es la caracterización que hace de los personajes. Todos ellos, los protagonistas pero también los secundarios, son personajes reales y al final acabas conociéndolos y entendiendo sus motivaciones. Se nos van desvelando a lo largo de la historia porque casi todos ellos guardan algún secreto que tendremos que descubrir y que el autor apunta desde el principio pero no revela hasta muy avanzada la novela. Jesse, Derek, Anna, los dos alcaldes, algunos periodistas… Son muchos los personajes que desfilan por la novela pero cada uno tiene su personalidad por lo que es fácil hacerse con todos ellos

Conclusión final
Una vez más, Joël Dicker me ha hecho disfrutar muchísimo con la lectura de una de sus novelas. “La desaparición de Stephanie Mailer” es un libro que es puro entretenimiento y está hecho para devorar pero, a la vez, es un muy buen libro: bien escrito, con personajes muy potentes y con una estructura y una trama complejas llevadas con mucho acierto. Muy muy recomendable

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Bren
 22 junio 2018
Jesse Rosenberg esta en su fiesta de despedida de la policía, ha solicitado su jubilación y es condecorado por ser el 100 x 100, es decir, siempre ha resuelto todas sus investigaciones, pero ese día conoce a Stephanie Mailer quien le da a entender que no hay tal 100 x 100 puesto que su primer caso resuelto 20 años atrás no es tal.
Varios días después Jesse se entera de que Stephanie Mailer ha desaparecido y es cuando decide posponer su jubilación para emprender la búsqueda de ella e investigar nuevamente los asesinatos sucedidos en 1994.
Esta historia está contada a varias voces y con cada una además también vamos brincando del pasado al presente, tengo que decir que aún y cuando en ningún momento me he sentido perdida y que los saltos en el tiempo y los cambios de voz son muy bien manejados, también es cierto que en algunos momentos creo que hay información que no es necesaria, vamos, que está un poco de relleno, afortunadamente nada aburrido, afortunadamente cada cosa es contada muy con el estilo de Dicker que es entretenido y para nada pesado y para quienes lo hemos leído es totalmente reconocible su estilo.
Es ligerísimo, incluso con algo de sátira que a mi me ha resultado refrescante, ha logrado con eso que el libro no se me haga pesado a pesar de sus muchas páginas.
Como ya he dicho el estilo literario es completamente reconocible, aun y cuando es completamente original en el argumento y en nada se parece a los otros dos libros que he leído de él, es fácil caer en querer compararlo con con La Verdad sobre el caso de Harry Quebert puesto que ambos son del mismo género, sin embargo este libro no tiene nada que ver con ese, así que espero que no estén esperando algo así porque se llevarán una decepción.
En cuanto a la historia, me ha gustado mucho, me ha atrapado desde el principio y como ya es costumbre en Dicker tenemos no solo que pensar en buscar al verdadero culpable de los asesinatos, sino además nos va presentando la vida de cada personaje y poco a poco ir conociendo ciertas cosas en la vida de prácticamente todos los personajes, nos iremos enterando de la importancia de cada uno y cómo su vida personal también está un poco, un mucho o un nada relacionado con el caso que se investiga.
He amado a los personajes como siempre cuando de este autor se trata y aún y con sus exageraciones con respecto a algunos, lejos de criticarlos los he disfrutado mucho.
Definitivo Dicker no es un escritor común, sus historias, su estilo narrativo, su manera de manejar el desarrollo de la historia, sus personajes e incluso la forma en que concluyen sus libros, es de una manera muy peculiar y es probable que no a todos guste, pero que sin duda es diferente a lo acostumbrado.
Nada más que decir, que me ha gustado mucho y que ahora me toca sentarme a esperar otros dos años a que saque otro libro.
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Domiar
 11 noviembre 2018
Buenas, ¿cómo van estos días frescos y lluviosos?
Como ya hemos entrado de lleno en el otoño y apetece quedarse en casita, arropado en el sofá con una mantita y un buen libro mientras fuera llueve os traigo una buena historia, La desaparición de Stephanie Mailer, de Joël Dicker.
Lo primero que tengo que deciros es que esta historia no la he leído en formato libro, sino en formato audio libro, la verdad es que ha sido el primero que he escuchado y la experiencia, aunque desconcertante en principio, me ha gustado. Lo explico: lo de desconcertante ha sido porque al principio empecé a escucharlo mientras hacía otras cosas, como si fuera la radio. Y claro, fue bastante confuso, porque al no prestar toda la atención me perdía bastantes detalles. Después empecé a escucharlo sobre todo en el coche, en los trayectos de ida y vuelta al trabajo, y así si, he disfrutado al máximo de la historia y además me he quedado con ganas de más. Lo de desear que el trayecto durase un poco más para escuchar otro capítulo aún no me había pasado...
Me ha sorprendido lo dinámico que es el formato, lo bien narrado (o más bien interpretado que está) como juegan con las voces y los tonos los locutores o actores que han grabado la historia y como fingen las voces femeninas o masculinas aunque en ese momento esté leyendo un hombre o una mujer. Ya os digo que ha sido todo un descubrimiento y que estoy seguro de que "leeré" más libros en este formato.
La historia está contada en varios momentos en el tiempo y cada capítulo lo narra un personaje distinto, es una novela bastante coral, aunque hay varios personajes que tienen mucha tela que cortar, algunos me han parecido un poco forzados, pero basta ver cualquier programa, GH por ejemplo, para ver que la realidad supera ampliamente la ficción, por lo cual, aunque forzados pueden resultar creíbles.
Partimos de un horrible suceso que tiene lugar en la tranquila localidad de Orphea, en el estado de Nueva York. El alcalde de la ciudad, su esposa y su hijo pequeño resultan trágicamente asesinados durante la semana grande de la población, en la que se celebra el festival de teatro anual de Orphea. Además una corredora que pasaba por allí también resulta asesinada al poder haber sido testigo del asesinato múltiple. A partir de aquí la trama irá dando saltos en dos líneas temporales, 1994, año en el que asesinan al alcalde Gordon y su familia y 2014 principalmente, donde un nuevo festival de teatro sirve de catalizador para todo lo que se ha ido cociendo en esta pequeña población durante los últimos 20 años.
Entre los principales personajes (imposible citarlos a todos) están Anna Kanner, policía de Nueva York que llega a Orphea huyendo de un desagradable divorcio y con la promesa de ascender rápidamente en el escalafón de la oficina de la policía. Aunque ella no lo sabe, la única razón para su contratación ha sido que una mujer figure en un puesto de responsabilidad de cara a la galería, ya que le da un toque de modernidad al actual alcalde que ya piensa en la reelección. Además, es la única mujer policía de la localidad, lo que dará lugar a multitud de sentimientos encontrados, malestares, y machismos de toda clase entre sus compañeros.
Junto con Anna, forman equipo policial Jessie Rosenberg y Derek Scott, dos antiguos policías que estuvieron investigando el crímen de 1994 y que acabó con trágicas consecuencias para ambos durante una persecución policial del que ellos pensaban que era el culpable de los asesinatos, Ted Tennenbaum. La novia de Jessie iba con ellos en el coche. Aún no han podido perdonárselo. Mención especial para los abuelos deslenguados y malhablados de Jessie, que son muy peculiares.
Por otro lado tenemos al personaje que da título a la novela, Stephanie Mailer, periodista que trabaja para la revista local de Orphea, a las órdenes de Steven Bergdogf. Stephanie desaparece en el curso de una investigación que lleva a cabo sobre el asesinato de 1994, durante la cual empieza a descubrir ciertos cabos sueltos que no se tuvieron en cuenta en la antigua investigación. En el periódico también trabaja Alice Filmore, la chica del correo, que le lanza miraditas cargadas de intención a su jefe, Steven, casado y padre de dos niños, y que no ve en ella, tras su mirada de cordero, el peligroso león que lleva oculto.
De vuelta por Orphea también se encuentra el antiguo jefe de policía, Kirk Harvey, que abandonó la policía para seguir su sueño de ser un gran director teatral, y que vuelve con unos aires de grandeza dignos de una auténtica diva de las bambalinas. También ha vuelto por Orphea el gran crítico de Nueva York Ostrovski, quién, por cierto, puso a caldo la obra que representó Harvey en el festival de 1994 (otro personaje con ínfulas de gran diva).
En Nueva York, los Eden tienen problemas con su hija Dakota, una niña muy inteligente y cariñosa que tras sufrir durante su adolescencia un gran desengaño, ha perdido su camino y anda sin rumbo por la vida, ¿la solución? volver a Orphea con su padre, Jerry Eden, director de un canal de televisión y al que su trabajo le roba todo el tiempo que debería dedicar a su familia.
Por si todos estos personajes os parecieran pocos, y entre otros mas que no he mencionado, tenemos además al mafioso local, Jeremiah. Un tipo de mucho cuidado, que utiliza a las personas a su antojo y sin ningún tipo de miramiento, con la inestimable ayuda de su gorila.
La trama es muy dinámica y aunque al principio me costó con tanto salto en el tiempo y tanto cambio de personaje al final me centré y estaba deseando escuchar un capítulo más. Como crítica diré que algunas situaciones que se narran en la novela me parecen imposibles en la vida real, en concreto me refiero a como la policía espera las declaraciones de Harvey y lo que le permite hacer... pero son licencias del autor sin las cuales las historias no tendrían nada de extraordinario.
LA DESAPARICIÓN DE STEPHANIE MAILER, OCHO.
PD: Teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro...

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Las críticas de la prensa (3)
elinformador30 noviembre 2018
Jöel Dicker presenta su novela, “La desaparición de Stephanie Mailer”, donde profundiza en el mundo de la literatura y el misterio.
Leer la crítica en el sitio web: elinformador
Abc28 agosto 2018
Vuelve con la misma premisa con la que alcanzó el éxito: un crimen pasado que no se cierra, que sigue marcando vidas, que determina el presente. El interés de la historia no es tanto el crimen en sí mismo que no es especialmente interesante porque ya se ha cometido sino todas las consecuencias que tiene en la vida de la gente que está alrededor
Leer la crítica en el sitio web: Abc
ElPais29 junio 2018
Joël Dicker vuelve a probar los límites del género negro con 'La desaparición de Stephanie Mailer'.
Leer la crítica en el sitio web: ElPais
Citas y frases (4) Añadir cita
AbemarAbemar29 enero 2019
Cuando has matado una vez, puedes matar dos veces. Y cuando has matado dos veces, puedes matar a toda la humanidad”
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NagoreabNagoreab09 noviembre 2018
Iba a ser el centro de mi vida, el centro de mis pensamientos, el centro de mis atenciones, el centro de mis preocupaciones, el dentro de mi amor absoluto. Y a ella le iba a pasar lo mismo conmigo. Yo iba a quererla y ella me iba a querer como pocas personas se han querido. En el cine, en el metro, en el teatro, en la biblioteca, en la mesa de los abuelos, mi sitio a su lado era el paraíso. Y las noches se convirtieron en nuestro reino.
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NagoreabNagoreab09 noviembre 2018
Ya conoces el dicho: un amigo es alguien a quien conoces bien y a quien, a pesar de eso, sigues queriendo.
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lore_granpilore_granpi27 febrero 2019
Aquel al que todos tenían por oruga resulta ser una señorial mariposa.
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La novela negra en el cine

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