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Eulalia Piñero (Traductor)
ISBN : 8467039353
Editorial: Austral (02/02/2012)

Calificación promedio : 4.26/5 (sobre 31 calificaciones)
Resumen:
''Preferiría no hacerlo'' es una frase que insistentemente repite ''Bartleby el escribiente'', uno de los personajes más insólitos y obstinados en la historia de la literatura, protagonista del relato de Herman Melville, que tanta influencia ejerciera en escritores posteriores. Un cuento que muchos han creído precursor del existencialismo y antecedente de algunos de los temas de Franz Kafka.

Wall Street, 1850. Un abogado trabaja con sus dos copistas, ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (13) Ver más Añadir una crítica
Yani
 21 abril 2018
Empiezo admitiendo una cosa: leí este libro para “probar” a Melville antes de sumergirme en cuanto pueda en el brillante (eso dicen) y extenso (eso está a la vista) Moby Dick. A pesar de que esta novela corta sea posterior, no me arrepiento de haber tomado un rumbo distinto al cronológico. Bartleby, el escribiente me gustó mucho tanto por su extraña historia como por su escritura.
El narrador es el jefe sin nombre de un grupo de copistas judiciales, cuya oficina está ubicada en Wall Street (el subtítulo es, de hecho, “A Story of Wall Street”). Tiene a cargo tres empleados que describe con mucha gracia y exactitud, pero en un momento tendrá demasiado trabajo y necesitará otro más. Por supuesto, quien acude al llamado es Bartleby, un joven muy peculiar en su forma de actuar y, más que nada, en su forma de hablar… porque casi no habla y su frase de cabecera oscila entre la duda y la pereza.
No sabía absolutamente casi nada acerca del argumento y eso ayudó mucho a que la historia surtiera efecto. Me atengo a decir que, a pesar de que al principio parece que tiene una línea de trama muy pobre (en mi defensa: el narrador ocupa unas cuantas páginas en delinear los hábitos de los empleados y tarda en salir de allí), todo llega a buen puerto y termina apuntando al corazón lector. El narrador es un poco parco por momentos y genera desconfianza, porque Bartleby es una persona muy delicada y exasperante. Lo bueno es que mi sensación se derrumbó en cuanto el jefe se sacó de quicio ante X situación que, por supuesto, no comentaré.
Sobre el estilo y la escritura de Melville sólo se me ocurren elogios y la palabra “pulcro”. Es estructurado, serio y limpio, muy acorde al personaje que narra. No hay disrupciones, así que se puede decir que es una novela bien de mitad de siglo XIX. El recorrido es tan tranquilo, que me pareció apropiado para leer en momentos de bloqueo o abundancia de lecturas extensas (el último es mi caso). Hacia el final las cosas se ven un tanto precipitadas, como si sucediera demasiado en poco tiempo y espacio, pero se supera.
La edición que tengo viene con otro cuento de Melville que se llama “El vendedor de pararrayos”, así que le dedicaré un breve comentario. Este cuento, más breve que Bartleby, el escribiente, también está narrado en primera persona. En medio de una tormenta, el narrador recibe la visita de dicho vendedor (muy oportuno) y se establece entre ellos un diálogo sobre la actividad eléctrica y la utilidad del aparato que el hombre ofrece. Tiene cierta gracia, sobre todo porque el narrador es bastante reacio a creer en lo que el otro dice, y termina con una solemnidad asombrosa. El carácter casi anecdótico del cuento lo hizo disfrutable, pero no memorable.
Haciendo un balance, la novela corta me encantó y el cuento no tuvo la misma suerte. De todas maneras, mi primera lectura de Melville fue todo lo buena que esperaba, así que ahora estoy ansiosa por leer Moby Dick.
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Pianobikes
 20 julio 2020
“Con cualquier otro hombre me hubiera precipitado en un arranque de ira, desdeñando explicaciones, y lo hubiera arrojado ignominiosamente de mi vista. Pero había algo en Bartleby que no sólo me desarmaba singularmente, sino que de manera maravillosa me conmovía y desconcertaba. Me puse a razonar con él“ ~ Bartleby, el escribiente de Herman Melville.
Bartleby es el nuevo escribiente en un despacho de abogados dirigido por el abogado que, en primera persona, nos cuenta la historia. No conocemos el nombre del abogado pero sí que tiene su oficina en Wall Street y tres empleados -dos escribientes y un chico de los recados-. Ante la excesiva carga de trabajo decide emplear a un nuevo copista y ahí llega este personaje curioso, Bartleby, con esa figura “¡pálidamente pulcra, lamentablemente decente, incurablemente desolada!” a quien ubicó en un rincón de la oficina pero a mano “en caso de cualquier tarea insignificante”. Salvo que, Bartleby responde a cualquier petición que se le realiza con un “preferiría no hacerlo”.
Es curioso cómo reacciona el abogado ante la reiterativa respuesta de rechazo de Bartleby, con perplejidad e incluso con intentos constantes de razonamiento, sin más respuesta que esa resistencia pasiva. El escribiente, que es “un centinela perpetuo en su rincón”, pone a prueba el carácter del abogado hasta un final que no pienso desvelar.
He de decir que me ha encantado, no sólo por cómo está escrito sino por el trasfondo que se puede extraer de las reacciones del abogado ante Bartleby. Me quedo con algunas frases extraídas del libro como: “La felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe”; “Como acontece a menudo, el constante roce con mentes mezquinas acaba con las buenas resoluciones de los más generosos”.
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margazquez
 04 febrero 2020
Original e ingenioso relato que a pesar de su brevedad y aparente simpleza, puede dar lugar a muchas interpretaciones, sobre todo filosóficas, porque contiene una buena dosis de carga simbólica. ¿Existencialismo? ¿Literatura del absurdo?
Dejando a un lado las conclusiones que pueda extraer cada lector, el relato se hace interesante por el insólito personaje de Bartleby que trae de cabeza a su jefe y tiene desconcertados a sus compañeros por su negativa a efectuar cualquier tarea que se le encomiende. Bartleby es un enigma y su extraña e incomprensible actitud consigue despertar el interés y la curiosidad del lector que querrá saber a qué se debe su comportamiento. Pero dejar todo el protagonismo al nuevo escribiente sería injusto; el abogado narrador de la historia es también un personaje singular por su generosidad, su compasión y sobre todo por su ecuánime actitud, del todo inusual en un jefe que se enfrente a una situación similar.
Con una prosa cuidada, elegante y precisa, el relato se lee en un suspiro y aporta más de lo que en un principio, dada su corta extensión y sencillez, pudiera parecer. Su lectura deja un sabor un tanto agridulce y más interrogantes que respuestas; y si por un lado resulta cómico y divertido -hay momentos muy graciosos, como cuando el abogado y los demás empleados advierten que también ellos han empezado a utilizar con asiduidad el verbo "preferir"- por otro se muestra desesperanzador y amargo.
Con pocos pero acertados trazos, los personajes se dibujan de forma clara y la adecuada descripción de los ambientes traslada al lector de manera eficaz a ese despacho de abogados de Wall Street cuyo sosiego se ve alterado por la llegada del peculiar personaje de Bartleby.
Mención aparte merece la cuidada y atractiva edición de Alianza Editorial dentro de su colección Libros Singulares. Se trata de una edición de grandes dimensiones con elegantes y clásicas ilustraciones de Stéphane Poulin, y si bien no resulta fácil su lectura en cualquier lugar, el gran tamaño de la letra es un aliciente a tener en cuenta. Por sus especiales características, lo veo el típico libro ideal para regalar a un buen lector que sepa apreciarlo. Un clásico siempre es un acierto y si además viene ilustrado con tanto gusto la apuesta ya es del todo segura.
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Obed_Cardona
 29 abril 2020
Me parece una lectura fundante de lo humano. Es una lectura corta, que deja un efecto profundo. Bartebly pone en tensión el deber y el preferir sobre el hacer. Preferir no hacer, por ejemplo, choca con el "deber hacer", pero, ¿cómo esto perturba a Bartebly? Aparentemente no lo hace, porque bien parece ser un hombre libre, o sumamente atormentado.
Encontré referencias directas al libro de Job (antiguo testamento) y a Romanos (nuevo testamento). Me desacomodó como no lo hacía ninguna obra hace mucho tiempo. ¿Somos personas de deberes o de preferencias? Me cuestiona el papel del autómata, del hombre que vive motivado por deberes y ha dejado en el diván las preferencias, los sueños, las metas. Una narración profunda, que nos seduce desde la posición de un testigo. Una tragedia de aquél que se sabe libre y que ha asumido que la vida carece de sentido y por ende todos los esfuerzos resultan banales. Un libro-guía espiritual al mejor estilo existencialista.
Sin duda alguna la recomiendo. Conviene pensar el papel del copista. ¿Qué tanto tenemos de Turky y de Nippers?, ¿No seremos coléricos útiles? La serenidad, otro tema que irrumpe en la obra. ¿Se puede ser sereno y llevar la contraria? Esto, sin duda alguna, pone en jaque a aquél que solo sabe hablar mediante imperativos.
Otro tema interesante: la redención. ¿Debemos redimir a los hombres tristes, indomables, irremediables? ¿No será la redención una manera para tomar posesión sobre la otredad que se resiste?
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Megl
 22 abril 2019
Maravilloso.
Del significado de la obra en si, es decir quien es Bartleby, que representa, etc, no me siento capacitada para escribir. Creo que es algo que seguiré recapacitando durante largo tiempo.
Leí muchos libros que me gustaron, incluso que me gustaron mucho en su momento, y sin embargo, unos años después; miro esos lomos en la biblioteca y no puedo recordar de que trataban. Recién cuando leo la contratapa algunos recuerdos vuelven a mi y pienso como puede ser que me haya olvidado?
Bueno con este cuento se que no me va a pasar eso, se que lo voy a recordar perfectamente. Este libro es esa clase de libro.
Esta hermosamente escrito; yo leí la traducción de Jorge Luis Borges con lo cual no se cuanta de esa belleza corresponde a Melville y cuanta al “traductor”.
El abogado es de los personajes más amables y queribles que se hayan compuesto nunca.
Es muy corto, se lee muy rápido, el lenguaje es sumamente accesible, su lectura esta al alcance de todos y de cualquiera, desentrañar su significado ya es otro tema.
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Citas y frases (7) Ver más Añadir cita
ElherreraElherrera20 julio 2019
Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe.
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YaniYani18 diciembre 2018
De otros copistas yo podría escribir biografías completas; nada semejante puede hacerse con Bartleby.
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Edd62Edd6214 septiembre 2018
Nada exaspera mas a una persona seria que una resistencia pasiva
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sonechkasonechka13 septiembre 2020
Yo podía dar una limosna a su cuerpo; pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma.
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YaniYani21 abril 2018
Preferiría no hacerlo.
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Videos de Herman Melville (3) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Herman Melville
La gente cree que una limitación es un freno pero están equivocados, es una oportunidad para hacer algo diferente pero maravilloso. Y ?Moby Dick Sin Límites? es la prueba de ello; una edición especial de la obra de Herman Melville con una limitación: no poder usar la letra ?e? en ninguna página ni en ni nguna palabra de todo el libro, una obra diferente y maravillosa. Con esta limitación Moby Dick no podía ser una ballena, así que la convertimos en un pulpo; Ahab no podía perder una pierna, así que perdió un brazo; sin la ?e? la historia no podía transcurrir en Nantucket, así que transcurrió en Cuba. Este es el verdadero poder de una limitación: crear una gran historia que no habría sido posible sin ella.
Más de 85 millones de personas tuvieron acceso a la historia, que fue incluida como herramienta educativa en escuelas y bibliotecas inspirando a niños y adultos de 52 países y el pulpo se transformó en el símbolo de la inclusión. Las limitaciones ya nunca serán lo mismo, y Moby Dick, tampoco ?
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