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Críticas sobre Bartleby, el escribiente (11)
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Juliiann0
 06 marzo 2020
RECOMENDADO:
Bartleby, el escribiente de Herman Melville (1819-1891)

Prosa -Literarura estadounidense-
Renacimiento y Romanticismo estadounidense.

Escritor y poeta estadounidense y quien actualmente figura en la literatura universal por su obra Moby Dick. Su vida fue una oleada de penurias económicas, lo que lo llevaría a optar por varios oficios. Los críticos de la época calificaron despectivamente sus textos y le dieron un mérito insignificante, lo que le llevó a caer en el olvido durante varios años hasta ser revalorado y encontrar en él obras indiscutiblemente valiosas e irrevocables dentro de la concepción de la literatura universal. Tanto en Moby Dick como en Bartleby, el escribiente, explora la condición de la soledad en el individuo, la miseria de la propia existencia, a través de cuestionamientos que trascienden a la metafísica.

@juliiann0
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encarnipm
 12 octubre 2018
Ha sido un relato genial, se lee en un ratito y la historia es buena a la par que curiosa. La narración es exquisita, no ha pasado el tiempo para ella y la historia merece la pena, no sol llama la atención el comportamiento extraño de Bartleby sino también la del narrador. A veces deberíamos ser capaces de portarnos como el protagonista.
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Obed_Cardona
 29 abril 2020
Me parece una lectura fundante de lo humano. Es una lectura corta, que deja un efecto profundo. Bartebly pone en tensión el deber y el preferir sobre el hacer. Preferir no hacer, por ejemplo, choca con el "deber hacer", pero, ¿cómo esto perturba a Bartebly? Aparentemente no lo hace, porque bien parece ser un hombre libre, o sumamente atormentado.

Encontré referencias directas al libro de Job (antiguo testamento) y a Romanos (nuevo testamento). Me desacomodó como no lo hacía ninguna obra hace mucho tiempo. ¿Somos personas de deberes o de preferencias? Me cuestiona el papel del autómata, del hombre que vive motivado por deberes y ha dejado en el diván las preferencias, los sueños, las metas. Una narración profunda, que nos seduce desde la posición de un testigo. Una tragedia de aquél que se sabe libre y que ha asumido que la vida carece de sentido y por ende todos los esfuerzos resultan banales. Un libro-guía espiritual al mejor estilo existencialista.

Sin duda alguna la recomiendo. Conviene pensar el papel del copista. ¿Qué tanto tenemos de Turky y de Nippers?, ¿No seremos coléricos útiles? La serenidad, otro tema que irrumpe en la obra. ¿Se puede ser sereno y llevar la contraria? Esto, sin duda alguna, pone en jaque a aquél que solo sabe hablar mediante imperativos.

Otro tema interesante: la redención. ¿Debemos redimir a los hombres tristes, indomables, irremediables? ¿No será la redención una manera para tomar posesión sobre la otredad que se resiste?
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Yalonso
 29 diciembre 2019
Bartleby El escribiente.
La historia está muy bien contada, los personajes lucen tan reales que me sorprendió a mí misma lo irritada que estaba con cada "preferiría no hacerlo"... Lo que es seguro es que el Agregado tiene el corazón blando.
El final fue decepcionante...sentí que el tiempo invertido en leer este relato fue en balde.
No creo como afirma el prólogo que el tema sea la soledad sino la locura. No hay mensaje, no hay destino, no hay método.
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Elherrera
 20 julio 2019
Me gustan las historias que en sus fechas rompen paradigmas, crean tendencias, y son recordadas, me gustan más las que no arrastran sus fechas, siendo adecuadas a cualquier época en la que ocurra la suerte de ser leídas.

Reconozco también pocas letras que hayan transmitido un aire tan gris como las letras de Herman Melville en Bartleby, el escribiente, lo sabe mi sangre Godín que se espesa cuando lee este cuento.

Un abogado acompañado de un par de empleado bastante particulares acepta al joven Bartleby para auxiliarlo como escribiente en un pequeño despacho en Wall Street, Melville narra de forma sencilla y en letras de oficinista la solitaria personalidad de Bartleby, quien siendo hábil y además un empleado ejemplar, en un principio, desarrolla sus actividades como escribiente de buena forma, hasta que cierto día y de forma espontánea decide no escribir más, son distintos los intentos que hace el jefe para tratar de persuadirlo de hacerlo, en esta historia el que considero entrañable Bartleby se mantiene en una posición indescifrable, una pena, un recuerdo, alguna situación oculta a lo largo de este pequeño cuento que encrudece la historia del joven Bartleby, hasta el último punto.

Melancólico hasta el final, Bartleby, el escribiente, permitirá identificar de acuerdo a las diferentes lecturas un camino más allá de la responsabilidad u obligación, un camino de libertad para el pensamiento, y de fidelidad hacia nuestro propio interior. Algo ha pasado a Bartleby y se mantendrá en secreto hasta su triste fin.
Enlace: https://elherrerablog.tumblr..
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Megl
 22 abril 2019
Maravilloso.
Del significado de la obra en si, es decir quien es Bartleby, que representa, etc, no me siento capacitada para escribir. Creo que es algo que seguiré recapacitando durante largo tiempo.
Leí muchos libros que me gustaron, incluso que me gustaron mucho en su momento, y sin embargo, unos años después; miro esos lomos en la biblioteca y no puedo recordar de que trataban. Recién cuando leo la contratapa algunos recuerdos vuelven a mi y pienso como puede ser que me haya olvidado?
Bueno con este cuento se que no me va a pasar eso, se que lo voy a recordar perfectamente. Este libro es esa clase de libro.
Esta hermosamente escrito; yo leí la traducción de Jorge Luis Borges con lo cual no se cuanta de esa belleza corresponde a Melville y cuanta al “traductor”.
El abogado es de los personajes más amables y queribles que se hayan compuesto nunca.
Es muy corto, se lee muy rápido, el lenguaje es sumamente accesible, su lectura esta al alcance de todos y de cualquiera, desentrañar su significado ya es otro tema.
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Yani
 21 abril 2018
Empiezo admitiendo una cosa: leí este libro para “probar” a Melville antes de sumergirme en cuanto pueda en el brillante (eso dicen) y extenso (eso está a la vista) Moby Dick. A pesar de que esta novela corta sea posterior, no me arrepiento de haber tomado un rumbo distinto al cronológico. Bartleby, el escribiente me gustó mucho tanto por su extraña historia como por su escritura.

El narrador es el jefe sin nombre de un grupo de copistas judiciales, cuya oficina está ubicada en Wall Street (el subtítulo es, de hecho, “A Story of Wall Street”). Tiene a cargo tres empleados que describe con mucha gracia y exactitud, pero en un momento tendrá demasiado trabajo y necesitará otro más. Por supuesto, quien acude al llamado es Bartleby, un joven muy peculiar en su forma de actuar y, más que nada, en su forma de hablar… porque casi no habla y su frase de cabecera oscila entre la duda y la pereza.

No sabía absolutamente casi nada acerca del argumento y eso ayudó mucho a que la historia surtiera efecto. Me atengo a decir que, a pesar de que al principio parece que tiene una línea de trama muy pobre (en mi defensa: el narrador ocupa unas cuantas páginas en delinear los hábitos de los empleados y tarda en salir de allí), todo llega a buen puerto y termina apuntando al corazón lector. El narrador es un poco parco por momentos y genera desconfianza, porque Bartleby es una persona muy delicada y exasperante. Lo bueno es que mi sensación se derrumbó en cuanto el jefe se sacó de quicio ante X situación que, por supuesto, no comentaré.

Sobre el estilo y la escritura de Melville sólo se me ocurren elogios y la palabra “pulcro”. Es estructurado, serio y limpio, muy acorde al personaje que narra. No hay disrupciones, así que se puede decir que es una novela bien de mitad de siglo XIX. El recorrido es tan tranquilo, que me pareció apropiado para leer en momentos de bloqueo o abundancia de lecturas extensas (el último es mi caso). Hacia el final las cosas se ven un tanto precipitadas, como si sucediera demasiado en poco tiempo y espacio, pero se supera.

La edición que tengo viene con otro cuento de Melville que se llama “El vendedor de pararrayos”, así que le dedicaré un breve comentario. Este cuento, más breve que Bartleby, el escribiente, también está narrado en primera persona. En medio de una tormenta, el narrador recibe la visita de dicho vendedor (muy oportuno) y se establece entre ellos un diálogo sobre la actividad eléctrica y la utilidad del aparato que el hombre ofrece. Tiene cierta gracia, sobre todo porque el narrador es bastante reacio a creer en lo que el otro dice, y termina con una solemnidad asombrosa. El carácter casi anecdótico del cuento lo hizo disfrutable, pero no memorable.

Haciendo un balance, la novela corta me encantó y el cuento no tuvo la misma suerte. De todas maneras, mi primera lectura de Melville fue todo lo buena que esperaba, así que ahora estoy ansiosa por leer Moby Dick.
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margazquez
 04 febrero 2020
Original e ingenioso relato que a pesar de su brevedad y aparente simpleza, puede dar lugar a muchas interpretaciones, sobre todo filosóficas, porque contiene una buena dosis de carga simbólica. ¿Existencialismo? ¿Literatura del absurdo?

Dejando a un lado las conclusiones que pueda extraer cada lector, el relato se hace interesante por el insólito personaje de Bartleby que trae de cabeza a su jefe y tiene desconcertados a sus compañeros por su negativa a efectuar cualquier tarea que se le encomiende. Bartleby es un enigma y su extraña e incomprensible actitud consigue despertar el interés y la curiosidad del lector que querrá saber a qué se debe su comportamiento. Pero dejar todo el protagonismo al nuevo escribiente sería injusto; el abogado narrador de la historia es también un personaje singular por su generosidad, su compasión y sobre todo por su ecuánime actitud, del todo inusual en un jefe que se enfrente a una situación similar.

Con una prosa cuidada, elegante y precisa, el relato se lee en un suspiro y aporta más de lo que en un principio, dada su corta extensión y sencillez, pudiera parecer. Su lectura deja un sabor un tanto agridulce y más interrogantes que respuestas; y si por un lado resulta cómico y divertido -hay momentos muy graciosos, como cuando el abogado y los demás empleados advierten que también ellos han empezado a utilizar con asiduidad el verbo "preferir"- por otro se muestra desesperanzador y amargo.

Con pocos pero acertados trazos, los personajes se dibujan de forma clara y la adecuada descripción de los ambientes traslada al lector de manera eficaz a ese despacho de abogados de Wall Street cuyo sosiego se ve alterado por la llegada del peculiar personaje de Bartleby.

Mención aparte merece la cuidada y atractiva edición de Alianza Editorial dentro de su colección Libros Singulares. Se trata de una edición de grandes dimensiones con elegantes y clásicas ilustraciones de Stéphane Poulin, y si bien no resulta fácil su lectura en cualquier lugar, el gran tamaño de la letra es un aliciente a tener en cuenta. Por sus especiales características, lo veo el típico libro ideal para regalar a un buen lector que sepa apreciarlo. Un clásico siempre es un acierto y si además viene ilustrado con tanto gusto la apuesta ya es del todo segura.
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Pollo
 28 octubre 2019
Buena historia, pero me quedo con la "versión" vilamatiana (Bartleby y compañía). Me pregunto si en la vida real, podría existir un practicante de estudio de abogados como Bartleby, con una convicción más grande que Moby Dick y una vocación para el absurdo que quizás inspiró a Kafka. Me pregunto también como reaccionaría yo si fuera su jefe. ¿Me causaría risa, me daría pena? Supongo que debería contestar, pero... preferiría no hacerlo.
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joseluispoetry
 23 julio 2019
Dicen que el que es buen gallo dondequiera canta. En el caso de Bartleby, el escribiente, de Hermann Melville, se cumple este adagio en cuanto a escritura de calidad se trata. Melville se aleja de las tramas de aventuras y nos lleva a una literatura intimista y de ambiente laboral en un espacio cerrado como lo es la oficina. La actitud de Bartleby es incomprensible, y deja al lector todo un mundo interpretativo a su alcance en cuanto a las posibles razones de su comportamiento anárquico. Bartleby es desolador y nos conmueve hasta la médula. Sólo quien ha sido obrero general por muchos años, habrá de sentir simpatía y complicidad con Bartleby. relamente es un relato (más que cuento) delicioso.
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