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Joan Parra Contreras (Traductor)
ISBN : 8433966669
Editorial: Editorial Anagrama (30/09/2000)

Calificación promedio : 4.25/5 (sobre 14 calificaciones)
Resumen:
Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens... El ritual se repite dur... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (10) Ver más Añadir una crítica
laurass89
 29 septiembre 2018
EL LÍMITE DE LA CULPA. RELEYENDO EL LECTOR DE BERNHARD SCHLINK
Han pasado muchos años de mis peores elecciones vitales. Cuando elegimos pensamos en el presente, quizá en un futuro no más allá de cinco o diez años. En mi caso, han pasado siete y todavía me come la culpa por algunas de mis decisiones. Estas malas elecciones, que en principio no tienen más transcendencia que para el individuo, se potencian si las hace una nación en su conjunto. En este sentido, en una ecuación matemática que me supongo, se deduce que la culpabilidad habrá de prolongarse más en el tiempo, pero ¿hasta cuándo?
Esta es la cuestión que sobrecoge a nuestro autor, Berhard Shlink, en su obra El lector. Juzgada y basado su atractivo en la relación de una mujer adulta con un adolescente, la novela oculta más. Schlink, profesor de leyes y juez alemán, a través de la figura de Michael Berg, nos ofrece una reflexión sobre la actuación de las generaciones siguientes a propósito del holocausto nazi. La culpa, el arrepentimiento y el desconocimiento gobiernan la novela que quiere ir más allá de la pura lógica judicial, planteando de manera objetiva la participación de ambas partes. No lo limita a un simple y moralista «culpables», sino que supone una exploración sin dolor del porqué de los hechos y las circunstancias.
¿Cómo podemos contarlo?
Por ello, considero que el tema es lo suficientemente contundente como para dejaros por primera vez una verdadera sinopsis. Aunque parece que hay spoilers, de verdad, no hay. Los spoilers de la novela serían otra cosa, indagad.
Alemania, pasada ya la Segunda Guerra Mundial, un chico de 15 años enferma de camino a casa desde el colegio y es socorrido por una mujer desconocida que lo acompaña a casa. Cuando se recupera Michael acude de nuevo a casa de Hanna para agradecerle el gesto y es en ese momento cuando empieza la relación sentimental entre ambos, hasta que Hanna desaparece.
Pasado el tiempo, cuando Michael está a punto de terminar su carrera como abogado, se matricula en un seminario sobre Auschwitz gracias al cual acude como público al juicio a unas guardianas de los campos de trabajo. En él vuelve a ver a Hanna, una de las acusadas, una de las guardianas. Durante el desarrollo del juicio Hanna confiesa sus actos, aunque poco a poco empezamos a ver ciertas incoherencias entre la acusación, los testimonios de Hanna y los del resto de las acusadas. En este momento el juicio tiene un parón y Michael aprovecha para acudir a un campo de trabajo, el de Struthof, buscando comprender y poder condenar el crimen de Hanna. Acabado el juicio, Michael continuará con su vida.
Dieciocho años después, Hanna se suicida en la cárcel un día antes de su puesta en libertad. En la carta de despedida Hanna pide que Michael entregue su dinero a una de las supervivientes. Así, Michael viaja a Estados Unidos para reunirse con ella. La superviviente no concede el perdón a Hanna, pero permite que el dinero se entregue en nombre de la mujer a una asociación judía contra el analfabetismo
Como podemos ver la posibilidad de tratar la culpa parte de dos pilares: el amor y la educación. El amor es la primera relación culpable de Michael y la última de Hanna, la educación es la excusa para que todo esto suceda. Para que comprendamos al otro.
La historia en sí misma es una novela de formación. En ella se nos permite ver la evolución del protagonista, Michael, desde su adolescencia hasta su madurez tardía. En todo ese proceso, podemos ver a través de los sentimientos que aloja en sí Michael, no solo por Hanna, sino también por sus compañeros y por su pueblo, lo difícil que es culpar a alguien que queremos y peor, que somos. Michael no deja de ser un muchacho alemán que ha sido criado por quienes callaron en su momento, los que fingieron no ver. En ese sentido, la parte del juicio es la más reveladora, puesto que alguno de sus compañeros critican abiertamente la actuación de sus padres, libres de culpa ellos supuestamente. Pero es que somos nosotros los que juzgamos, ¿no? ¿Nosotros hemos de perdonar?
Sinceridad como modelo narrativo
Aunque no sabría cómo llamarlo, si sinceridad o ingenuidad, sin duda este es el gran punto que a día de hoy hace que vuelva al libro y lo repiense. Lo fundamental de esta novela es que nos permite, de una manera real, que juzguemos por nosotros mismos.
Increíblemente Schlink lo consigue desde el principio de la novela de una manera muy sencilla: cede su voz al protagonista. Aunque puede parecer que el recurso es fácil, son muchos los escritores que dando voz a sus personajes no pueden dejar de traslucirse en ellos (por poner un ejemplo, Naomi Alderman). Sin embargo, la narración de Michael Berg sobre la culpa permite que el lector entre libre de prejuicios en la cuestión y se adentre con la misma ingenuidad que gobierna al protagonista.
Poco a poco el protagonista, a través de su relación afectiva, va asumiendo lo que es la culpa, lo que es no prever las consecuencias, lo que es conocerlas y aceptarlas aún con esas. Desde ese primer acercamiento no agresivo, lento y bien expuesto, y enmarcado en la inexperiencia de la juventud, pasamos a una culpa más compleja. La culpa de Hanna
Con ella, la culpa no se justifica, como podríamos pensar en un principio. No se maquilla en ningún momento el acontecimiento tratado, el holocausto. de hecho, lo que hace que podamos acercarnos a esa perspectiva de la culpa, la simpleza de Hanna Schmidt, refleja aún mejor y quizá con más crudeza lo sucedido en los campos de trabajo, ella no se sentía culpable en ese momento.
Y las perspectivas no terminan, tenemos también testimonio de las víctimas que ofrece su visión del no perdón. No se puede perdonar de ninguna manera lo que ha sucedido. Con esto y con el final del libro, en el que el autor no emite juicio alguno en boca de Michael, se permite que el lector sopese todo lo que se ha desarrollado y se plantee qué haría en su lugar. ¿Perdonaríamos la culpa que recae sobre nuestros padres? ¿Somos los indicados para perdonar? ¿Seguimos siendo nosotros culpables?
La culpa en los personajes
Esta sinceridad de la que he hablado más arriba no implica que los personajes sean simples o no tengan responsabilidades. Ambos hacen mal, como veremos a continuación, y esa culpa individual se aúna a la culpa y castigo que el pueblo alemán ha soportado.
Narrada en pasado a modo de memorias, el narrador-protagonista, Michael Berg, realiza un flashback desde el presente. Así consigue el narrador, adulto y con su vida hecha, que conozcamos a su yo del pasado, un muchacho ingenuo, curioso y feliz con su relación con Hanna, aunque también incómodo e inexperto. Poco a poco este muchacho limpio comenzará a sufrir las consecuencias, ya que evoluciona a un hombre incapaz de mantener una relación con una mujer. de esta manera el personaje justifica su propia caracterización psicológica, es un hombre que evolucionó al margen de lo social. Porque todo esto conlleva para él una desgracia: ¿cuánto tiempo podemos culpar a alguien?, ¿cuánto tiempo podemos o debemos sentirnos culpables?
Frente a él encontraremos a Hanna, una mujer adulta que ronda la treintena y que parece no tener pasado. Su relación con Michael supone una segunda oportunidad, aunque esto no lo sabremos hasta casi el final de la obra, por lo que su evolución se efectúa de manera abrupta durante el juicio y su estancia en la cárcel. En esos momentos, cuando descubrimos el pasado de Hanna, entendemos su comportamiento con Michael. Lo que resulta de esta revelación de culpas es que la carga de Hanna es otra completamente diferente, más compleja. Y Michael cae abatido por ello. Ya no puede culparla, ha quedado solo él con su culpa. Y parece que nosotros la libramos de la culpa también.
Sin embargo, el autor no deja de explicarnos que esto no es cosa de individuos. Michael acarrea la culpa de su juventud y Hanna la inexperiencia en los campos de trabajo, pero en la novela hay asuntos mayores. Así encontramos que los personajes corales, es decir, el resto de acusadas y el aparato jurídico, cumplen la misión de reflejar las justificaciones del pueblo alemán sobre el holocausto y las acusaciones sobre el holocausto, respectivamente.
No es para tanto
Reconozco que la obra no es para tanto. La lees un par de veces y ya has explorado todo lo que te puede dar.
A nivel técnico, en los pasajes narrativos el ritmo es ágil y fluido, pero hay algunos pasajes que no aportan contenido a la trama o aportan poco para el gran desarrollo que se contempla (sobre todo teniendo en cuenta que lo que aportan es deducible). Los pasajes oníricos y los monólogos interiores son reveladores, la verdad, pero frenan muchísimo el hilo de la novela y nos dejan en una reflexión suspendida.
Por otro lado, en la obra se relatan una serie de crímenes nazis los cuales, según algunos críticos, están muy atenuados por lo que el autor caería en falsificación histórica. Ahora bien, debemos reconocer que nada de lo que cuenta es falso y que la intención de la obra no es explicar cómo era la vida en los campos sino las consecuencias a posteriori en las siguientes generaciones, explicar qué posibles circunstancias pueden llevar a una persona que no es inherentemente malvada a ejecutar esos crímenes y, por último, cuestionarse las ideas de culpa y perdón.
Finalmente, cabe reconocer que la libertad que nos ofrece para reflexionar sobre la culpa podría conllevar como punto negativo que el protagonista parezca quedar a la deriva una vez que la causa de esa culpa, Hanna, desaparece. Sin embargo, y como esto va de culpas creo que este punto negativo de lo mejor de la novela es culpa nuestra. El límite de la culpa es que no hay límite, que lo determinamos nosotros. Y aún somos unos niños que tienen miedo a no sentirse culpables.
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Paloma
 10 febrero 2018
"Porque sólo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos.”
Ésta es una historia de amor, de pérdida, de culpa, de erotismo, de aprendizaje, de horror. Me ha parecido extraordinaria la manera en que Schlink logra construir una historia, si no de amor, sí sobre la relación entre dos seres humanos cuyos caminos se intersectan en un punto y cambian para siempre, al tiempo que reflexiona sobre el impacto que un terrible hecho histórico tiene sobre un país, su gente y su futuro.
Michael Berg conoce a Hanna Schmitz una tarde en la que él, en una crisis de hepatitis, vomita y está a punto de desmayarse fuera de su edificio. Ella, una mujer de 36 años, ayuda al joven de apenas 15 a limpiarse y recuperarse y lo lleva a casa. Michael regresa para agradecerle y de esa forma, se asoma por primera vez a los secretos de la atracción hacia una mujer: el descubrimiento de otro cuerpo, lo sensual de un gesto, lo erótico de una mirada.
Sin ningún tapujo, se vuelven amantes y al poco tiempo, desarrollan una extraña costumbre: ella le pide que le lea libros antes de tener relaciones, el preámbulo amoroso. Así suceden varios meses, en los que Michael vive sólo para los momentos en que se encuentra con Hanna y que evoluciona a una especie de relación –viajan juntos, ríen, pelean. Y aunque desde el principio se sabe sin esperanza, el día que Hanna se marcha sin despedirse, la vida del adolescente cambia de manera irremediable. Como él mismo describe, adoptó una actitud de fanfarronería y superioridad, esforzándose por mostrarse como alguien que no se dejaba afectar ni conmover por nada ni nadie.
Siete años después, siendo estudiante de derecho, Michael vuelve a ver a Hanna durante su juicio como criminal de guerra –Hanna había pertenecido a las fuerzas de la SS y sido guardia en dos campos de concentración. Ella, ésa mujer que Michael había percibido como dura, fría, distante a pesar del amor, había sido parte, o había sido, el horror.
Y es aquí en donde la novela da un vuelco, pasando de una historia de amor a una reflexión sobre las acciones de personas, hombres y mujeres que parecían tan comunes y corrientes y que, sin embargo, fueron parte de uno de los momentos más crueles y oscuros de la historia de la humanidad –el Holocausto. Si bien el libro no entra en detalle sobre los crímenes de Hanna, entendemos que fueron terribles; que hubo testigos, sobrevivientes que la señalan e incluso, otras de las mujeres juzgadas, la acusan de ser quien les ordenaba actuar de tal o cual manera. Sin embargo, se sabe también que Hanna escogía, en el campo de concentración, a mujeres a quienes llevaba a su habitación y les pedía que le leyeran en voz alta.
Michael pronto se da cuenta que la gran culpa, el peor crimen para la propia Hanna no había sido su actuar en los campos de concentración –de hecho, quedé con la impresión que el personaje no siente algún tipo de remordimiento– sino el ser analfabeta. En su afán por esconder esta verdad, Hanna tomó decisiones que la llevar a unirse a la SS y ahí, a cambiar su destino. Michael entonces se debate entre juzgar a esa mujer, o comprenderla y perdonarla por sus crímenes. ¿Tuvo ella la culpa? ¿Sus circunstancias la llevaron a tomar una decisión equivocada? Pero, ¿podría ella no saber que actuaba mal cuando evidentemente eran acciones atroces, que terminaron con vidas humanas?
En este punto Schlink explora el peso de la memoria histórica del nazismo en las siguientes generaciones de alemanes, planteando la gran carga moral y social que implicó. Un pasaje que me impactó es cuando Michael platica con un hombre quién lo está llevando a un campo de concentración y al saber por qué quiere visitarlo, el hombre le dice:
“El verdugo no obedece órdenes. Simplemente hace su trabajo; no odia a las personas a las que ejecuta, no lo hace por venganza, no las mata porque se interpongan en su camino o lo amenacen o lo ataquen. le son completamente indiferentes. Tan indiferentes, que le da lo mismo matarlas o no matarlas.” (p. 143).
Si no todos los que fueron parte de la maquinaria nazi odiaban a los judíos, ¿entonces cómo pudieron asesinarlos? ¿Qué es más monstruoso entonces, el odio hacia un pueblo o la indiferencia que convierte al ser humano en máquinas, incapaz de discernir entre el bien y el mal? La respuesta no es fácil y quizá hoy en día Alemania, y el resto del mundo, continúa intentando descifrarla –y la historia reciente nos ha mostrado otras cosas en los que la indiferencia ha sido la peor cómplice.
Creo que Hanna es un analogía de la guerra –así como ésta destruyó y marcó a una generación, así esta mujer marcó a Michael por siempre. Aunque pasaron los años, él jamás aprendió a ser feliz tras perderla –obsesión, amor, no resulta claro– pero lo que fuera, la esencia de Hanna siempre lo persiguió y no le permitió amar verdaderamente a otra mujer. Cuando la reencontró, no sólo recordó la relación amorosa sino que Hanna le hizo enfrentar la historia de su país, de culpas, de crímenes innombrables con el resultado determinante de que Michael nunca pudo ser genuinamente libre.
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Inquilinas_Netherfield
 03 septiembre 2018
Después de una semana de vacaciones blogueras, que ya tocaba, vuelvo con El lector, una historia que conozco desde hace años porque vi la película que la adaptaba en el momento de su estreno (diez años han pasado ya). Me gustó mucho, y llevaba tiempo detrás de leer la novela. Se me ha presentado la oportunidad gracias al reto Serendipia, y las oportunidades hay que pillarlas al vuelo.
La narración, en primera persona, corre a cargo del protagonista de la novela. La historia comienza cuando Michael Berg, un adolescente de quince años, conoce por casualidad a Hanna, una mujer que le dobla la edad y con la que pronto comienza una relación secreta y a escondidas, viéndose casi siempre en el pequeño apartamento de ella. Siguen una pauta muy determinada (primero se bañan o duchan, luego tienen sexo y después Michael le lee a Hanna clásicos de la literatura, aunque el orden de estas tres cosas comienza a variar conforme avanza la relación) hasta que de repente un día Hanna, de la que apenas sabe nada, desaparece sin dejar rastro y sin despedirse. Años después, mientras Michael estudia Derecho, comienza un juicio contra varias mujeres acusadas de matar a cientos de prisioneras durante su época de guardianas de la SS en campos de concentración. Michael asiste a las vistas de ese juicio como parte de un seminario y, en la primera sesión, reconoce a Hanna entre las acusadas. Michael jamás superó el abandono de Hanna, y este juicio no solo le obliga a enfrentarse a un pasado que todavía no ha superado, sino que le ayuda a comprender a una mujer de la que se enamoró apasionadamente, que le marcó para siempre, pero a la que jamás llegó a conocer.
En realidad son tres los tiempos de narración que aparecen en la novela, y que corresponden a tres etapas en la vida del protagonista: cuando es adolescente y conoce a Hanna, cuando ya es un adulto universitario y la reencuentra en el juicio, y cuando ya es un hombre que ronda los cincuenta años y decide retomar el contacto con ella, y que es en realidad el narrador en modo retrospectivo de toda la trama. Así que por un lado tenemos a Michael, un adolescente de 15 años inexperto que vive su relación con Hanna con una pasión y una intensidad propias de su edad. Vive esos meses de un modo tan profundo que, cuando Hanna desaparece de su vida, es incapaz de volver a sentir lo mismo por otra mujer e incluso de volver a confiar y entregarse plena y emocionalmente a nadie. Vive, pero su alma se quedó en aquel pequeño apartamento para siempre. Cuando Hanna reaparece, y lo hace en las circunstancias en las que lo hace, comprende cosas que su inexperiencia e ingenuidad vitales le impidieron sospechar en su momento, aunque las evidencias estaban ahí, con luces de neón. El lector las intuye desde el principio; Michael simplemente es demasiado joven y está demasiado cegado por su despertar sexual como para reparar en ellas.
Por otro lado está Hanna, a la que realmente no llegamos a perfilar hasta su reaparición en la vida de Michael. Sí, antes está ahí, pero solo es una mujer de treinta y seis años que mantiene una relación con un adolescente de quince, que le pone como condición la lectura en voz alta de clásicos para tener sexo con él, y que llora, sufre, se emociona y vive la literatura con una sensibilidad tan intensa y pura que parece estar solo al alcance de unos pocos privilegiados. La Hanna que conocemos muchos años después se desvela como una mujer que ha vivido toda su vida avergonzada, y cuya vergüenza, ese orgullo por ocultar a ojos del mundo sus carencias, la ha llevado a la fatal situación en la que se encuentra. Hanna es una mujer muy, muy compleja a la que el autor no nos deja conocer del todo; solo captamos destellos, detalles, pinceladas recogidas aquí y allá por la visión de Michael, pero suficientes para hacer que el lector vislumbre los grises en situaciones que a primera vista pueden parecer de blancos y negros, y busque en su interior un perdón o una compasión que a priori le parecerían impensables.
Sí quiero puntualizar una cosa sobre esta novela. El lector forma parte de los programas de estudios alemanes casi desde su publicación, así que resulta evidente que hoy por hoy se toma como base para estudiar la Alemania de la posguerra y adentrarse en cómo se enfrentaron a aquellos años tanto la generación que vivió la guerra (y consintió todo lo que ocurrió en ella, ya fuese de forma activa o pasiva) como la siguiente generación, la de sus hijos, que bregan con la noción de que sus padres, sus abuelos, sus familares adultos, supieran lo que estaba pasando y mirasen hacia otro lado. Tal y como digo, el componente de la Segunda Guerra Mundial es evidente e inevitable... pero no es un libro sobre la Segunda Guerra Mundial. Es la historia de Michael, la historia de Hanna, la de ambos juntos y la de ambos por separado, sobre todo la de Michael post-huracán Hanna, un huracán del que jamás se recupera, y la de Hanna y sus malas decisiones provocadas por el orgullo mal entendido y la vergüenza mal gestionada. En esencia es una historia de amor diferente y triste, y no solo de amor entre dos personas, sino hacia los libros... un testimonio sobre el perdón y la indulgencia, y, en definitiva, una lectura muy, muy recomendable de la que he intentado no decir nada más de lo conveniente, aunque quien haya visto la peli ya sabe por dónde van los tiros.
Y es que os iba a hacer una reseña combo, pero después de leer el libro la considero innecesaria porque la adaptación de 2008 es de esas que siguen casi al pie de la letra la novela original, así que poco os podría comentar que no haya dicho sobre el libro en sí mismo. de todos modos no puedo dejar pasar que el trío protagonista está fantástico (el Oscar a Kate Winslet fue más que merecido), y que la película en sí, dirigida por Stephen Daldry, es una buenísima adaptación de la novela. Dejando a un lado el hecho de que la novela está narrada en primera persona y que eso es imposible trasladarlo a la pantalla, el 85% del libro está ahí (aunque tras leerlo admito que echo en falta algunas escenas que en la película no aparecen y que son muy importantes en la historia). Veréis por las fotos que la tengo original, y la verdad es que ocupa mi estantería desde hace años; es una muy buena película :)

Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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MonicaM
 22 febrero 2018
Impresionante historia. No tengo palabras para describirla. A pesar de que leí este libro en primero de bachillerato, me acuerdo de muchos de los detalles que aparecen en esta maravilla. El libro, es de carácter histórico, es decir, está narrado en una época de la historia, más concretamente en la Segunda Guerra Mundial.
Sigamos avanzando. Este libro trata una enfermedad, hepatitis. Quiero decir tanto que no abarco a nada. Suele pasarme.
El comienzo de la historia es brutal, lo aseguro. Empezamos con un niño que tiene a penas quince años, una mujer lo encuentra en un portal y lo ayuda, porque lo ve muy enfermo. El niño, Michael Berg, se siente muy agradecido, y le devuelve el favor haciendo de lector en muchos de los libros. Me encanta. Me parecería genial que existiera un trabajo para poder leer a la gente que más lo necesita. Las personas invidentes, por ejemplo. He de confesar, que el libro contaba para nota de un examen y del cual subía un punto más a la nota final. Pues sí. Saqué un bonito nueve, y claro está que no me lo esperaba. Otra cosa más que diré a mi favor es que, al acabarme el libro vi la hora, por curiosidad. Las dos de la mañana. Increíble. Jamás de había quedado hasta tan tarde leyendo.
Soy una fan incondicional de la historia, Segunda Guerra Mundial es mi época preferida. Porque siento mucha curiosidad por todo lo que, por desgracia, pasó.
El final de la historia si lo relacionamos con la película es muy parecido y de hecho, cuando leí el libro y vi la peli, me gustó y no me decepcioné demasiado, como suele pasar.
Por esa época aún no leía y los libros me eran indiferentes, no entraba ninguno por mi casa. Y quizás en ese entonces me empezó a gustar, pero no me di cuenta. Era pequeña y mi cabeza descansaba en aprobar el curso. Luego conocía la saga Los juegos del hambre y no la dejé escapar y me la compré. Este libro lo cogí de la biblioteca de mi antiguo centro, del que guardo bueno y bonitos recuerdo. El siguiente libro que me mandaron a leer fue el árbol de la ciencia. Que no puedo dar la misma opinión, claro está.
En mi defensa diré que la historia es fluida y relatada y bien ambientada. El autor es fiel a lo que desea contar y lo consigue mostrar al lector, nunca mejor dicho. Si volviera a tener la oportunidad de leer o ver esta historia, optaría, sin duda, por leerla primero. de hecho, la tengo en mi lista para volver a disfrutar de esta bonita y triste historia. El final impacta, pero me encantó. A pesar de los años que hace que me lo leí, me sigo acordando. Sobre todo del final de la película. Porque lo mezclamos todo, el amor, el miedo, una enfermedad, algunas escenas eróticas…
Si te ha gustado mi reseña, sígueme en Instagram :@mlectoraa. Te espero en mi red social.
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joana_alfaro
 23 febrero 2018
La historia comienza con el tormentoso romance de Michael y Hanna, una relación que será transcendental en la vida de ambos y que llevarán adelante a pesar de sus propios conflictos y la clara diferencia de edad que los separa.
Un día, Hanna simplemente se esfuma de su vida y él se ve obligado a continuar su vida sin ella. Pero vuelven a reencontrarse: Michael, en calidad de estudiante de Derecho, presencia el juicio en el que la acusan de un crimen horrible. Ella era una de las guardianas de un campo de concentración y, por lo tanto, también culpable de muchas muertes...
El lector tiene dos temas: por un lado, el romance (que al comienzo me impactó, pero rápidamente me acostumbré a la idea), y por otro el planteamiento moral que se hace con respecto a algunos hechos que acontecieron en la Segunda Guerra Mundial: ¿eran los guardianes de los campos culpables de asesinato si no hacían más que cumplir órdenes? ¿por qué la sociedad alemana de ese entonces fingía no darse cuenta de los crímenes que sucedían a su alrededor y, peor aún, pudieron luego vivir con los asesinos? Y también deja otras cuestiones para reflexionar.
La relación del protagonista con Hanna se mantiene a lo largo de la historia, marcada profundamente por el hábito de él de leerle en voz alta y que, con el transcurrir del tiempo, recobra aún más importancia, sobre todo en la vida de ella.
En suma, la novela me encantó; la narración es simple y ágil. Quizás el único detalle es que en ocasiones el protagonista relataba de manera algo vaga, dejando algunas cosas en el aire. Sin embargo, me entretuvo, y además es un libro corto, por lo que tranquilamente se puede leer en una tarde.
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Citas y frases (3) Añadir cita
Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield03 septiembre 2018
¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultaba verdades amargas? ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos años felices de matrimonio cuando nos enteramos de que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo? ¿Acaso porque en semejante situación no se puede ser feliz? Y, sin embargo, ¡éramos felices! A veces un final doloroso hace que el recuerdo traicione la felicidad pasada. A lo mejor es que la única felicidad verdadera es la que dura siempre. Porque solo puede tener un final doloroso lo que ya era doloroso de por sí, aunque no fuéramos conscientes de ello, aunque lo ignorásemos. Pero un dolor inconsciente e ignorado, ¿es dolor?
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AnucaAnuca28 octubre 2018
«Años más tarde comprendí que lo que había cautivado mi mirada no había sido su figura, sino sus posturas y sus movimientos. Durante un tiempo, cada vez que tenía novia le pedía que se pusiera medias, pero no me apetecía explicar el motivo de mi ruego, revelar el enigma de aquel encuentro entre la cocina y el pasillo. Así, todas entendieron mi ruego como un capricho, una afición a la ropa interior picante, una extravagancia erótica, y cuando complacían mi deseo, se deshacían en poses coquetas. Y no era eso lo que había cautivado mi mirada. Ella no posaba, no coqueteaba. Tampoco recuerdo que lo hiciera ninguna otra vez. Recuerdo que su cuerpo, sus posturas y sus movimientos me parecían a veces torpes. No es que fuera torpe. Más bien parecía que se recogiera en el interior de su cuerpo, que lo abandonara a sí mismo y a su propio ritmo pausado, indiferente a los mandatos de la cabeza, y olvidara el mundo exterior. Fue ese mismo olvido del mundo lo que vi en sus posturas y movimientos al ponerse las medias. Pero entonces no era torpe, sino fluida, graciosa, seductora; una seducción que no emanaba de los pechos, las piernas y las nalgas, sino que era una invitación a olvidar el mundo dentro del cuerpo.»
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Sara_feericaSara_feerica08 diciembre 2017
Lo que sentimos no es importante. Es completamente irrelevante. Lo único importante es lo que hacemos.
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