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Editorial Anagrama

Anagrama, editorial independiente fundada en 1969, ha publicado más de 3.500 títulos. Su princiopal objetivo es la búsqueda de nuevas voces , la apuesta por los posibles clásicos del futuro, tanto en narrativa como en ensayo.

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MarioG17
 01 junio 2020
La buena letra de Rafael Chirbes Magraner
“A mis sombras”. Así dedica Rafael Chirbes (1949-2015) este libro. Tan breve como intenso, La buena letra encarna un dolor que procede de lo profundo del alma y se clava en todo el ser del lector.



Ana es la narradora de esta novela. Ella será la que le cuente a su hijo —y al lector— la historia de su vida, concretamente su matrimonio y las idas y venidas de una familia desafecta y minada por la envidia, el rencor y el olvido. Chirbes es más conocido por obras como la multipremiada Crematorio o En la orilla. Sin embargo, esta novela no se queda atrás y también ha conseguido el estatus de una de sus grandes obras maestras. Porque sí, Chirbes tiene ya unas cuantas.



Tras una nota a la edición de 2000 en la que Chirbes confiesa que se ha eliminado el último capítulo de la anterior edición a petición suya, la novela comienza con una narración tan desoladora que desgarra. En la página 4, de hecho, yo ya estaba llorando. Mi cara compungida se confundió con la que muestra Ana en la ilustración de la cubierta del libro. Ese gesto de dolor que augura un llanto lastimero y sin consuelo es el que resume a la perfección el sentimiento que despierta la novela.



El paso del tiempo es algo que me pone tristísimo, y por eso este libro me conmovió tanto. Ana habla del tiempo, de su marcha, de todo lo que quedó atrás y no va a volver. La gente que se fue, que desapareció de nuestras vidas o que falleció, pero que lo fue todo para nosotros.



Durante la guerra civil española, el marido de Ana estuvo en el frente. Allí pudo contemplar la muerte y la suciedad de la muerte. Cuando esta terminó, volvió al municipio valenciano donde vivían —Bovra, un nombre inventado— y se escondió. Cuando se atrevió a salir, se entregó, recibió una paliza y pudo seguir con su vida normal, si es que a vivir en la miseria se le puede llamar ‘vida’ y se la puede adjetivar como ‘normal’.



En el pueblo se seguirán sucediendo los fusilamientos de los fascistas, por eso Ana dice: “Seguíamos en guerra, aunque ya hubiera oficialmente concluido”. Aquí entra en escena un personaje fundamental: Antonio, el hermano del marido de Ana, es decir, su cuñado. Antonio está en la cárcel y Ana y su marido se encargan de llevarle la poca comida que pueden —cuando las cáscaras de las naranjas o las peladuras de la patata eran consideradas alimentos de lujo por los presos—. Precisamente como otra Ana, en este caso de la novela Ana no, de Agustín Gómez Arcos, que busca al hijo, al preso, a nadie.



Al principio de la historia, Ana y su marido pueden sentirse libres, mientras que Antonio es un despojo que llora por un mendrugo duro de pan que poder llevarse a la boca. Sin embargo, cambiarán las tornas y los papeles de los personajes, así lo vaticina Ana, que va anunciando algunas desgracias o traiciones que van a tener lugar. Un día dejan libre a Antonio, pero las cosas no mejorarán para ellos pese a la esperanza inicial. Ya no habrá represión ni miedo, sino miseria y se verán aplastados como cucarachas por aquel por el que un día lucharon. Sí, hablo de Antonio.



Él se unirá a una mujer, su nivel de vida crecerá, pero no compartirán nada con aquellos —Ana y su marido, que siguen saliendo a flote de milagro mes a mes— que un día se quitaron la comida de la boca para llevársela a él a la cárcel. Que su hermano menor, que hasta hacía poco había estado en la cárcel rogando por un boniato, ahora no compartiera la comida con los que le habían dado todo enfureció al marido de Ana. O que fumara puros junto al mismo hombre que le apalizó cuando se entregó tras la guerra.



Estas vidas de miseria, incompletas, se quebrarán con la envidia y los rencores familiares. La rutina y el trabajo les consumirá la salud a Ana y a su marido, les absorberá el alma y las ganas de vivir. Solo las visitas al cine los domingos con su hija salvarán a Ana de la desolación completa. Por su parte, su marido se hundirá en el fracaso y verá cómo su propio hermano se codea con matones o le adelanta por la derecha mientras él se hunde en el fango. La envidia y el daño que te hace la gente cercana le agrian el carácter a cualquiera, como le pasó al marido de Ana.



Así, a través de múltiples saltos en el tiempo, iremos viendo pasar temas como la vejez, la soledad del ser humano y la evolución de los personajes, el casi inmovilismo económico de Ana y su marido y su deterioro mental y emocional. Al fin y al cabo, las emociones de cada uno marcan sus decisiones y su futuro, y los secretos y las mentiras de los entresijos familiares subyacentes desgastan las relaciones. Cuando la maldad lo invade todo, no hay nada que hacer.



La represión, el miedo y el silencio de los republicanos derrotados son el eje de las primeras páginas, cuando la narradora hace gala de una fortísima emotividad que desborda a cualquier lector que se precie. Luego, la historia rebaja el dolor, aunque sigue con el drama. En todo momento hay reflexión e introspección. Qué fue de aquellos momentos de felicidad, del noviazgo —cuando encontramos pasajes tiernos de la pareja protagonista— o de la infancia del receptor —el hijo de Ana—.



Es sorprendente cómo Chirbes fabrica a una narradora tan perfecta y se mete en su papel de tal modo que a simple vista este libro parece estar escrito por una mujer. Creo que la elección de Ana como narradora y la manera de manejarla es inmejorable. Ella le cuenta la historia a su hijo, que va a verla de cuando en cuando. Pero, en realidad, se la cuenta a ella misma a través de él, como terapia, expiación o sanación, para curar esa herida y que así salga el pus y la infección. Para que la muerte arrase con todo, incluso —ay, menos mal— con los malos recuerdos de una vida desgraciada.



Es admirable que Chirbes huya de la paja y de las rutinas repetitivas y se ampare en una narración soberbia como esta. Así, cada dos páginas más o menos comienza un nuevo capítulo, que agiliza la narración y permite que el lector empatice con Ana y absorba y digiera el dolor, para que no se acumule y se haga bola. Es un libro donde casi se pide a gritos más profundidad, que se cuente más de la historia, más tristezas, más perjuicios causados a ese pobre matrimonio, para seguir martirizándose.



“La buena letra es el disfraz de las mentiras”, dice la narradora, y de ahí el título. Su marido y su cuñado mueren. Su hijo apenas va a verla con sus nietos. Mientras ella —se— cuenta su historia, se consume con el fuego de sus recuerdos. Un libro sublime donde la presencia del autor apenas se nota —y se agradece—. Retuerce las entrañas al lector y conmueve hasta sentir la punzada del dolor de Ana. Una patada en la boca del estómago duele menos que esta historia.
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MarioG17
 01 junio 2020
Contra la izquierda de Jordi Gracia
La izquierda es numerosa en muchas calles y casas de España, pero ella misma se echa paladas de tierra encima cada vez que proclama mentiras. Jordi Gracia (Barcelona, 1965) ha escrito este opúsculo porque aboga por seguir siendo de izquierdas.



Esta breve obra gira en torno a la izquierda y su movimiento confuso en los últimos años en España, un periodo político convulso donde la izquierda ha experimentado cambios. Gracia también aporta algunas de las razones que explican que la izquierda no tenga más votos o mayores apoyos, todo ello a partir de los distintos capítulos en los que está dividido el libro: El único fantasma que hoy recorre Europa, Lo que no es de izquierdas, Por una izquierda irónica, Por una izquierda pesimista, Por una izquierda recelosa y Por una izquierda del siglo XXI.



Gracia escribió este libro como respuesta al gobierno de derechas que hubo en España entre 2011 —cuando Rajoy ganó las elecciones generales con mayoría absoluta— y 2018 —cuando se produjo la primera moción de censura exitosa en la democracia, que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno—.



Hay que recordar que en 2015 se celebraron elecciones generales. El PSOE había sido hasta entonces el partido hegemónico de la izquierda española y se temía que se produjera el sorpasso por parte del recién ascendido Podemos. Dicho sorpasso no se produjo. Más cerca estuvo de hacerse realidad en las elecciones generales de 2016 —cuando estuvieron apenas a catorce escaños de diferencia— porque, en efecto, se repitieron las elecciones al no llegar a acuerdos.



Para no repetir los comicios por tercera vez, el PSOE, en ese momento liderado por Pedro Sánchez, se planteó dejar gobernar a Rajoy. Sin embargo, Sánchez estaba convencido de que su partido no debía seguir esa línea y facilitar un gobierno de derechas. Por ello, dimitió como secretario general del partido. El PSOE, con el camino libre, tendió la mano a Rajoy para que hubiera un gobierno estable. No en mi nombre, dijo Sánchez, y entonces resonó en toda la España socialista el ‘No es no’ que, tras las elecciones generales de 2019, sería reemplazado por el ‘Con Rivera no’. España es un país de eslóganes cortos y si conllevan negación, mejor.



El PSOE es el actual partido del Gobierno, ese al que los más progresistas quitan la O de obrero y los más conservadores, la E de español. Según algunos, el PSOE es de izquierdas. Según otros, de centro-izquierda. Y hay quien dice que ni eso.



El surgimiento de Podemos en 2014 hizo que el PSOE perdiera la hegemonía total de la izquierda en España para hacer hueco a ese partido que se fue agrandando a gran velocidad. Sin embargo, pronto se desinfló. Entonces, con el PSOE rendido al PP y Podemos desinflado, con las mentiras creciendo como enanos y las utopías prometidas destapándose, la izquierda corre el riesgo de caer en una crisis que no aboque a un gobierno no deseado por ningún progresista que se precie. “O la izquierda es pragmática, irónica, recelosa y pesimista o seguirá siendo el auxiliar de campo de la derecha real, estable, imperturbable y optimista”, dice Gracia.



En septiembre de 2019, Pedro Sánchez afirmó que “no dormiría tranquilo” si tuviera a ministros de Podemos en el Gobierno. En la actualidad, esa es la realidad. Una mentira, clara y a plena luz del día. La primera de muchas que deben evitarse, aunque en política eso es casi imposible. Lo malo de ser tan moralistas y prometer cosas tan buenas para todos es que, si no las puedes cumplir, el pueblo se desencanta. Y si detectan la doble vara de medir que tienes como partido, entonces apaga y vámonos.



Por eso Gracia busca en estas páginas la renovación de la izquierda española. Aquí escribe numerosas premisas que cree que la izquierda no debe hacer y que, sin embargo, ha estado haciendo o aún hace. Por ejemplo, criticar el ‘Régimen del 78’, “sabotear las leyes que no gustan”, “el fundamentalismo de la corrección política” o llamar facha a todo aquel que discrepe de cualquier punto de tu argumentario o ideología —con esto último se corre el riesgo de desvirtualizar el término y olvidar lo que fue verdaderamente el fascismo—.



Ser independentista y apoyar ese “relato ajeno y tácitamente supremacista” tampoco es de izquierdas, dice el autor, y no puedo estar más de acuerdo. Parte de la izquierda española actual está falta de coraje y le compra el discurso al independentismo sin tener en cuenta —o sin querer tenerlo— que es un movimiento básicamente “insolidario y antiguo”. La izquierda no ha sabido dar respuestas a temas como este. Y si las da, es a favor de ese movimiento que no es precisamente de izquierdas.



La hipocresía está presente en la política, pero a la izquierda se le culpa por ella más de lo común, y en realidad debería evitarla siempre. Por ejemplo, la pasión por el anticapitalismo es normal en una parte de la izquierda española. Sin embargo, esto no encaja con sus niveles de vida o el consumo que hacen de productos capitalistas y la adoración por las marcas. ‘Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga’, en definitiva.



El desgaste de la socialdemocracia —PSOE— por la crisis, el surgimiento de Podemos, los cambios sociales y la visión de la política de los más jóvenes ha de mostrar que se necesita un cambio de esquema, una visión diferente que atraiga con argumentos en lugar de repeler con mentiras o persuadir con utopías.



Por eso, considero que este libro es muy interesante. Por el título pueden confundirse sus objetivos. Sin embargo, es un opúsculo esencial para cualquiera que se defina como progresista y que se sienta descontento con la actual izquierda española. Hay que replantearse muchas cosas, revisarlas y dejar de poner paños calientes, por ejemplo, a aquellos movimientos que se definen como pacíficos o mártires de la libertad pero que muestran un egoísmo y una insolidaridad casposa. Porque eso no ‘está guay’: es incompatible con la izquierda.



La izquierda debe saber buscar la forma de poner en marcha sus ideas. Pero unas ideas que puedan llevarse a cabo y que beneficien a los más necesitados. Pero también debe saber tender la mano en los momentos que así lo requieran. Por eso dice el autor: “Ser de izquierdas es preferir el mal acuerdo a una batalla destructiva; ser de izquierdas es dar la batalla para conseguir un mal acuerdo”.
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glowandstardust
 01 junio 2020
Seda de Baricco Alessandro
Hervé Joncour ama a su mujer, Hélène, y ama la seda. Es un hombre de mundo, apasionado y sobre todo, entregado a su trabajo. Su vida se basa en viajar para conseguir los mejores huevos de gusano de seda, los cuales llevará hasta el pueblo donde vive y donde la gente subsiste gracias al trabajo en las hilanderías.

En uno de sus viajes hasta una recóndita isla japonesa, encontrará los mejores huevos de gusano de seda, y no solamente a ellos. Hara Kei, el hombre que le proporcionará riqueza y mucho más, hará que en ese primer viaje a Japón, Hervé Joncour se descubra a sí mismo, y que conozca también el verdadero amor. O no...

Comencé esta historia sin saber mucho de ella. Leí su sinopsis, pero debo decir que tampoco es que me desvelara nada. Y mejor así. Dentro de este libro he descubierto una historia de misterio, pasión y aventura. La sutileza narrativa del autor me ha cautivado. Los capítulos tan cortitos (apenas llegaban a dos hojas) han hecho que la lectura sea tan amena, que me he quedado con ganas de más. El final no me lo esperaba en absoluto, y esa sorpresa extra me ha encantado.

Contar más sobre este libro sería para mí un delito, puesto que es tan cortito que estaría contando de más.

Creo que no es necesario desvelar nada más de la trama para poder decir que es un libro que recomiendo muchísimo.
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