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ISBN : 9877380951
82 páginas
Editorial: Alfaguara (01/07/2015)

Calificación promedio : 3.95/5 (sobre 49 calificaciones)
Resumen:
Autora galardonada con el Premio Pepe Carvalho de Novela Negra 2019 Enigma policial y conflicto íntimo se unen en esta novela de la autora de Las viudas de los jueves. Poco después de que Rita aparezca muerta en la iglesia que suele frecuentar, la investigación se da por cerrada y su madre es la única que no renuncia a esclarecer el crimen. Pero asediada por la enfermedad, ella es también la menos indicada para encabezar la búsqueda del asesino. Un penoso viaje ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (22) Ver más Añadir una crítica
mariabv2012
 04 February 2023
Ésta es la segunda novela que leo de Claudia Piñeiro, la primera fue "Catedrales" y me causó muy buena impresión. Me gusta mucho cómo escribe y cómo ahonda en los sentimientos de sus personajes y en la realidad que les ha tocado vivir y padecer. Es un relato corto, de 200 páginas, que leí casi de un tirón en una tarde, que me atrapó y y no me soltó hasta que llegué a la última página.

Elena ha padecido la muerte de su hija Rita en extrañas circunstancias. Rita apareció colgada del campanario de la iglesia que frecuentaba; la investigación llevada a cabo se da por cerrada, pero Elena no se queda conforme con la versión oficial del suicidio como causa de la muerte y busca esclarecer el crimen y encontrar al culpable.

Elena sabe... pero necesita saber más y busca la verdad, pero su cuerpo ya no es suyo y no le responde. Padece un estadio muy avanzado de Párkinson que apenas la deja moverse y necesita la ayuda de otro cuerpo que investigue por ella la muerte de su hija...

En esa búsqueda Elena analiza su vida y la de su hija buscando la verdad, una verdad a la que llegará poco a poco a medida que sabe más...

Reseña escrita en mayo de 2021
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Fabiaili
 17 December 2022
Nunca imaginé sentirme asfixiada por un libro.
Pero sí, estuve atrapada en ese cuerpo, el de Elena, el que no responde, el que mira siempre al suelo y babea.

Me costó mucho leerlo porque la angustia me sobrepasaba. Primero, por la difícil relación madre e hija, sentimientos complicados si los hay. Luego la crítica social, el mandato, ser esposa, madre, sin interrogantes posibles.
Pero lo que más me impresionó fue la forma en que Claudia Piñeiro nos describe a Elena, su padecimiento que quiere ganar la batalla diaria, su tenacidad, sus ganas de vivir a pesar de todo me conmovió.
Elena es la soledad absoluta…tanto que sabe y tanto que busca saber.

Un libro crudo, crudísimo , casi que pide un respiro en la lectura. 
Segundo libro que leo de la autora (previamente leí “Tuya” que me gustó mucho)...cómo escribe !! Realmente me encantó.

Al hueso, sin anestesia.
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Beatriz_Villarino
 04 May 2020
Tres personajes que arrasan poco a poco nuestra intimidad hasta aniquilarnos. Tanto, que cuesta salir de los escombros en los que han quedado convertidas sus vidas y que, según vamos avanzando en la novela, ya forman parte de la nuestra. Porque empatizamos con ellas. Son tres mujeres. Y, en una novela negra, reclaman el derecho a vivir mejor, a poder decidir sobre su existencia. Elena lo sabe, por eso, desesperadamente despacio se presta a que una narradora, no puede ser sino una mujer, la siga durante un día para contarnos su periplo por algunos barrios de Buenos Aires hasta llegar a Olleros. Hace veinte años estuvo allí y ahora, desmoralizada ante la situación, ve la única salida a su dolor. Porque Elena sabe que su hija está muerta. Elena sabe que no ha podido suicidarse. Elena sabe que la han matado. Pero la policía no la cree, los vecinos no insisten para no aumentar su dolor. El cura ya ha condenado el hecho de que su hija se sienta más poderosa que Dios y decida sobre su cuerpo.

Elena sabe no es una novela negra al uso, pero lo es. Negra. Nos encontramos con un cadáver, el de Rita, que apareció colgado del campanario de la iglesia. Las pruebas apuntan a que fue un suicidio pero Elena, su madre, sabe que esa tarde no pudo acercarse al campanario porque llovía y ella tenía miedo a que un rayo la fulminara. Desde pequeña. Elena sabe que su hija era religiosa, trabajaba de maestra en el colegio parroquial y solo faltaba a su obligación cuando había tormenta, por miedo. Solo mentía en esas ocasiones, en las que con la excusa de encontrarse enferma se quedaba en casa. Elena sabe que Rita no pudo quitarse la vida porque el cuerpo no nos pertenece, solo a Dios, por eso veinte años atrás obligó a Isabel, sin conocerla, a continuar con su embarazo. Con la ayuda de Elena la llevó a su casa y la entregó a su marido para que pudieran tener el niño. A pesar de que Isabel no quería. Elena sabe que Rita no dispondría de su cuerpo, es fuerte, ha aceptado una vida en soledad para ayudarla con esa «puta enfermedad puta» porque Elena tiene Parkinson, no, «lo sufre».

Claudia Piñeiro retrata en doscientas páginas el tormento de tres mujeres. Presenta el dolor con una prosa cruel inmersa, paradójicamente, en un lenguaje conversacional en el que confluyen de forma caótica todas las voces; el narrador y los dialogantes exponen sus opiniones, sus pensamientos, sin verbos introductorios; con esta escritura automática la narración se acerca a la comunicación oral y el lector se encuentra allí, con los personajes que van hablando, y entiende a quién pertenece la réplica, entiende a cada uno cuando opina lo que opina.

En Elena sabe no importa quién mata. Importa entender cómo tres mujeres son capaces de vivir al límite de sus fuerzas. Importa conocer diferentes maneras de infelicidad. La novela negra ha cambiado desde sus comienzos, aunque la base sobre las que se asienta sigue siendo un cadáver (o varios) y una investigación de por qué está muerto y quién es el culpable. Elena sabe cumple los requisitos. al final conocemos, gracias a la investigación que lleva a cabo Elena, quién ha matado a Rita. Pero Claudia Piñeiro ha dado otra vuelta de tuerca a la novela negra, la ha reinventado.

La autora nos presenta una narración que no refleja el mundo profesional del crimen pero sí se desarrolla en un ambiente oscuro, a la luz del día, en la oscuridad que oculta a sus protagonistas. La atmósfera que las envuelve no es de miedo sino de asfixia, no hay violencia aunque predomina la derrota.

La estructura es dual, antagónica y paralela al mismo tiempo. Por eso duele más. Hay, en principio, un eje de investigación, la desaparición física de Rita, que se irá desdoblando en diferentes formas de morir o diferentes formas de matar.

El tiempo novelado es una jornada, todo se resuelve en un día, que Elena va marcando, no de forma horaria sino según la medicación que debe tomar. Sin embargo el tiempo que pasa Elena investigando desde la muerte de Rita son tres meses aunque para entender y descubrir al culpable deba retrotraerse cuarenta años atrás. La acción transcurre lenta.

Aunque Rita muera físicamente, el tema principal es intimista. Es la tortura que provoca una enfermedad a quien la padece y a quienes rodean a la marioneta en la que se convierte el enfermo.

Existe otro tema principal que viene de las ramas en las que se divide la base estructural, es el dolor que somos capaces de soportar por no saber enfrentarnos a la violencia y la humillación.

Como tema secundario, que acompaña y acrecienta el suplicio, aparece la pobreza y sus consecuencias, la invisibilidad social que provoca en los conciudadanos, en los organismos oficiales…

Los personajes quedan dibujados con una profundidad psicológica increíble y para ello, la autora despliega todo un arsenal de recursos. Las repeticiones son variadas y constantes, nos abruman, generan en nosotros la misma angustia que sienten las protagonistas. Mediante oraciones condicionales, la narradora subraya la limitación física de Elena «aunque su cerebro ordena movimiento, el pie derecho no se mueve». La epanadiplosis refuerza el constante ir y venir al que debe someter su mente para que cualquier maniobra física no se vea malograda, «Cuenta calles en el aire. Recita […] Lupo, Moreno, 25 de Mayo, Mitre, Roca. Roca, Mitre, 25 de Mayo…»

El sufrimiento innato de la mujer, su condición inferior, queda de manifiesto con la acumulación de figuras literarias, que aportan gran importancia a la forma narrativa. La metáfora unida a la comparación, la repetición, la personificación y la frase nominal consiguen anular por completo a la mujer hasta convertirla en una mera fatalidad «Parkinson […] y una enfermedad es femenina. Como lo es una desgracia. Entonces decide que lo va a llamar Ella […] y una degeneración de las células […] Degeneración. A ella y a su hija».

La suerte de la mujer queda en manos de un destino caprichoso, cruel. Una desgracia que, a fuerza de repetirse, empeorará inevitablemente, tal como nos lo advierte el deterioro ortográfico «el cleido mastoideo, la sustancia nigra, la puta y la levodopa». Tal es su imperfección que la humillación constante la cosifica, se siente vacía y no puede hacer nada por evitarlo. No entiende su situación, necesita las comparaciones incisivas para estar segura de su estado, para que no se le olvide «Habló y mientras hablaba, lloraba […] desde que su cuerpo es de Ella, de esa puta enfermedad puta, ya no siquiera es dueña de sus lágrimas […] como si tuvieran que regar un campo yermo».

La finalidad principal de la metáfora es mimética, aunque en ocasiones establecemos una relación de correspondencia entre los dos significados. Elena ve un «círculo imperfecto»; está incapacitada para cerciorarse de lo que ocurre a su alrededor, solo percibe aquello que cree. En esta relación intuimos a su vez la imagen empequeñecedora que ella ofrece a los demás, tanto que se hace invisible «Muchos pies forman un círculo imperfecto a dos metros de su marcha. Palos que deben sostener estandartes o banderas o carteles. Palos que sostienen quejas […] ella también lleva el palo con su queja aunque nadie lo vea».

El esfuerzo al que está sometida queda agrandado en la descripción exhaustiva de acciones intrascendentes. El lenguaje denota una serie de actos especificados según su punto de vista. Gracias a esta perspectiva aparecen las connotaciones, los sentimientos de Elena, reforzados en el verbo final «espera […] buscar […] decir […] abrir […] extender […] apretar […] meterlo […] bajar […] doblar […] ignorar […] Elena arrastrará sus pasos».

En la desgracia absoluta a la que se enfrenta, Elena está obligada a mirar con ironía, a veces con sarcasmo. El humor destila la vitalidad que tuvo, su carácter resolutivo «¿No tiene nadie que le lustre los zapatos, Padre […] pídale a los chicos esos que se ocupan del mantenimiento de su iglesia, sus zapatos también son su iglesia».

La narración que comienza in medias res «Se trata de levantar el pie derecho…» se va ampliando con digresiones, a través de las que va contando su vida a partir de un objeto, una persona o un recuerdo. El discurso queda interrumpido constantemente. El día que ocupa Elena en llegar a casa de Isabel se dilata con otros temas que van dirigiendo la atención del lector hacia otros personajes y van informando con exactitud de los sucesos importantes, clave para entender el misterio. ¿Por qué Rita muere? ¿Por qué Elena, pese a todo, tiene ganas de vivir? Los paralelismos ayudan a equiparar la vida y la muerte. Todo es lo mismo para estas mujeres de fuerza increíble, obligadas a una vida dura, a una muerte despiadada, «hace tres meses cumplió diecinueve, hace tres meses murió Rita, dice Elena, y a Isabel se le aflojan las piernas».

Novela intensa, negra, que retrata la vida negra a la que están condenadas ciertas mujeres. Tan negra como la muerte.

Enlace: https://elblogaurisecular.bl..
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JesusFco
 20 May 2024
Segundo libro que leo de esta autora, tras recomendación de Maren Pergamino, a la cual estoy agradecido, por darme a conocer esta magnífica autora.

La hija de nuestra protagonista, aparece muerta en una iglesia, y según la policía un suicidio, dejando cerrado el caso. Pero qué fuerte puede ser el amor de una madre (Elena) para esclarecer el asesinato de su hija (Rita).

Elena padece Parkinson. Por ello, la autora nos impregna y conmueve, nos adentra en el cuerpo de la protagonista, para arrastrar un cuerpo que no obedece a su cerebro, y del sufrimiento a padecer en su lucha diaria. de un cuerpo viejo y gastado, roto y quebrado. Nos abruma con tanta intensidad su prosa, que nos cuartea la conciencia.

Sufrimos con Elena, los impedimentos generados, ese caminar lentísimo y eterno donde cada metro es una meta, sus preocupaciones, sus sentimientos, sus pensamientos, sus frustraciones, su desesperación e impotencia ante el totalitarismo... Pero a la vez, las ganas de vivir, su tenacidad y fuerza. Todo por un fin, la búsqueda de la verdad. Por el camino, nos cuenta, su enfermedad, la relación madre-hija, y la muerte de ésta.
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CeciHauff
 02 February 2020
Mientras leí esta novela, que es bastante breve, pero intensa, llegué a sentir, por momentos, la desesperación e impotencia de la protagonista, una anciana que tiene Parkinson. Confieso que tuve que leer otra novela corta en el medio para cortar la intensidad.

Está muy buena, pero me tocó algunas fibras porque hace un par de años me tocó vivir de cerca la muerte de dos de mis abuelos que se fueron degradando físicamente, poco a poco, y la historia de Elena me generó muchas sensaciones.


La prosa de Claudia Piñeiro me recordó a Saramago. Escribe todo de corrido y usa comas y mayúsculas después de la coma, en lugar de usar puntos. Es un estilo indirecto libre, el fluir de la conciencia de la protagonista y las voces de otros personajes que se van mezclando… pero se entiende perfectamente quién habla cada vez.


Elena es fuerte, soberbia, Elena sabe… 

Tantas complicaciones en su vida llegan a ser, de a ratos, absurdas y hasta tragicómicas. Especialmente escenas como el cura tratando de seguir la misa como si nada, el intento de Elena de querer levantar el cajón, el divague del taxista, la toma de la pastilla, las discusiones con Rita, etc.

El maltrato de la burocracia es muy realista al punto de llorar cuando te tratan bien.

Dicen que leer te hace más tolerante, porque se llega a empatizar con otros muy distintos, aunque sea en la ficción, y éste es uno de esos claros ejemplos. Qué duro es ser como Elena.

Además, hay varias historias de mujeres además de la anciana, temas muy diferentes entre sí y polémicos.

Todos estos me parecieron aciertos de la autora. Ah, y hay que tener en cuenta que todo transcurre en un día.

Es mi segunda novela de Claudia Piñeiro y ya soy fan. 


"... a mí no me vengas con la obediencia, si a vos tu superior te da una orden idiota y la acatás, es porque vos también sos idiota…" 

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Citas y frases (10) Ver más Añadir cita
JesusFcoJesusFco06 November 2022
Qué nombre tienen las mujeres a las que se les murió un hijo?, no soy viuda, no soy huérfana, qué soy?
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LuisMinskiLuisMinski11 November 2019
La vida nos pone a prueba, ya no es la puesta en escena en un teatro imaginario.
Ése es el día en que se nos produce la verdadera revelación, estamos solos, cara a cara con nosotros mismos, ese día no hay mentira que valga.
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sanhezpedsanhezped30 January 2019
Se parece a ti: es sencilla y fuerte a la vez, y su belleza se apodera de uno en silencio, casi sin darse cuenta. Hay que nombrarla, Y solo puede llamarse de una manera: Saxifraga alba.
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CeciHauffCeciHauff31 January 2020
"... a mí no vengas con la obediencia, si a vos tu superior te da una orden idiota y la acatás, es por vos también sos idiota…" 
Comentar  Me gusta         30
sanhezpedsanhezped30 January 2019
Elevarse. Avanzar en el aire. Bajar. Elevarse, avanzar en el aire, bajar. De eso se trata. Apenas de eso. De caminar, para llegar a tomar el tren de las diez.
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