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ISBN : 9877380951
Editorial: Alfaguara (01/07/2015)

Calificación promedio : 3.95/5 (sobre 11 calificaciones)
Resumen:
Autora galardonada con el Premio Pepe Carvalho de Novela Negra 2019 Enigma policial y conflicto íntimo se unen en esta novela de la autora de Las viudas de los jueves. Poco después de que Rita aparezca muerta en la iglesia que suele frecuentar, la investigación se da por cerrada y su madre es la única que no renuncia a esclarecer el crimen. Pero asediada por la enfermedad, ella es también la menos indicada para encabezar la búsqueda del asesino. Un penoso viaje ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (13) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 04 mayo 2020
Tres personajes que arrasan poco a poco nuestra intimidad hasta aniquilarnos. Tanto, que cuesta salir de los escombros en los que han quedado convertidas sus vidas y que, según vamos avanzando en la novela, ya forman parte de la nuestra. Porque empatizamos con ellas. Son tres mujeres. Y, en una novela negra, reclaman el derecho a vivir mejor, a poder decidir sobre su existencia. Elena lo sabe, por eso, desesperadamente despacio se presta a que una narradora, no puede ser sino una mujer, la siga durante un día para contarnos su periplo por algunos barrios de Buenos Aires hasta llegar a Olleros. Hace veinte años estuvo allí y ahora, desmoralizada ante la situación, ve la única salida a su dolor. Porque Elena sabe que su hija está muerta. Elena sabe que no ha podido suicidarse. Elena sabe que la han matado. Pero la policía no la cree, los vecinos no insisten para no aumentar su dolor. El cura ya ha condenado el hecho de que su hija se sienta más poderosa que Dios y decida sobre su cuerpo.
Elena sabe no es una novela negra al uso, pero lo es. Negra. Nos encontramos con un cadáver, el de Rita, que apareció colgado del campanario de la iglesia. Las pruebas apuntan a que fue un suicidio pero Elena, su madre, sabe que esa tarde no pudo acercarse al campanario porque llovía y ella tenía miedo a que un rayo la fulminara. Desde pequeña. Elena sabe que su hija era religiosa, trabajaba de maestra en el colegio parroquial y solo faltaba a su obligación cuando había tormenta, por miedo. Solo mentía en esas ocasiones, en las que con la excusa de encontrarse enferma se quedaba en casa. Elena sabe que Rita no pudo quitarse la vida porque el cuerpo no nos pertenece, solo a Dios, por eso veinte años atrás obligó a Isabel, sin conocerla, a continuar con su embarazo. Con la ayuda de Elena la llevó a su casa y la entregó a su marido para que pudieran tener el niño. A pesar de que Isabel no quería. Elena sabe que Rita no dispondría de su cuerpo, es fuerte, ha aceptado una vida en soledad para ayudarla con esa «puta enfermedad puta» porque Elena tiene Parkinson, no, «lo sufre».
Claudia Piñeiro retrata en doscientas páginas el tormento de tres mujeres. Presenta el dolor con una prosa cruel inmersa, paradójicamente, en un lenguaje conversacional en el que confluyen de forma caótica todas las voces; el narrador y los dialogantes exponen sus opiniones, sus pensamientos, sin verbos introductorios; con esta escritura automática la narración se acerca a la comunicación oral y el lector se encuentra allí, con los personajes que van hablando, y entiende a quién pertenece la réplica, entiende a cada uno cuando opina lo que opina.
En Elena sabe no importa quién mata. Importa entender cómo tres mujeres son capaces de vivir al límite de sus fuerzas. Importa conocer diferentes maneras de infelicidad. La novela negra ha cambiado desde sus comienzos, aunque la base sobre las que se asienta sigue siendo un cadáver (o varios) y una investigación de por qué está muerto y quién es el culpable. Elena sabe cumple los requisitos. al final conocemos, gracias a la investigación que lleva a cabo Elena, quién ha matado a Rita. Pero Claudia Piñeiro ha dado otra vuelta de tuerca a la novela negra, la ha reinventado.
La autora nos presenta una narración que no refleja el mundo profesional del crimen pero sí se desarrolla en un ambiente oscuro, a la luz del día, en la oscuridad que oculta a sus protagonistas. La atmósfera que las envuelve no es de miedo sino de asfixia, no hay violencia aunque predomina la derrota.
La estructura es dual, antagónica y paralela al mismo tiempo. Por eso duele más. Hay, en principio, un eje de investigación, la desaparición física de Rita, que se irá desdoblando en diferentes formas de morir o diferentes formas de matar.
El tiempo novelado es una jornada, todo se resuelve en un día, que Elena va marcando, no de forma horaria sino según la medicación que debe tomar. Sin embargo el tiempo que pasa Elena investigando desde la muerte de Rita son tres meses aunque para entender y descubrir al culpable deba retrotraerse cuarenta años atrás. La acción transcurre lenta.
Aunque Rita muera físicamente, el tema principal es intimista. Es la tortura que provoca una enfermedad a quien la padece y a quienes rodean a la marioneta en la que se convierte el enfermo.
Existe otro tema principal que viene de las ramas en las que se divide la base estructural, es el dolor que somos capaces de soportar por no saber enfrentarnos a la violencia y la humillación.
Como tema secundario, que acompaña y acrecienta el suplicio, aparece la pobreza y sus consecuencias, la invisibilidad social que provoca en los conciudadanos, en los organismos oficiales…
Los personajes quedan dibujados con una profundidad psicológica increíble y para ello, la autora despliega todo un arsenal de recursos. Las repeticiones son variadas y constantes, nos abruman, generan en nosotros la misma angustia que sienten las protagonistas. Mediante oraciones condicionales, la narradora subraya la limitación física de Elena «aunque su cerebro ordena movimiento, el pie derecho no se mueve». La epanadiplosis refuerza el constante ir y venir al que debe someter su mente para que cualquier maniobra física no se vea malograda, «Cuenta calles en el aire. Recita […] Lupo, Moreno, 25 de Mayo, Mitre, Roca. Roca, Mitre, 25 de Mayo…»
El sufrimiento innato de la mujer, su condición inferior, queda de manifiesto con la acumulación de figuras literarias, que aportan gran importancia a la forma narrativa. La metáfora unida a la comparación, la repetición, la personificación y la frase nominal consiguen anular por completo a la mujer hasta convertirla en una mera fatalidad «Parkinson […] y una enfermedad es femenina. Como lo es una desgracia. Entonces decide que lo va a llamar Ella […] y una degeneración de las células […] Degeneración. A ella y a su hija».
La suerte de la mujer queda en manos de un destino caprichoso, cruel. Una desgracia que, a fuerza de repetirse, empeorará inevitablemente, tal como nos lo advierte el deterioro ortográfico «el cleido mastoideo, la sustancia nigra, la puta y la levodopa». Tal es su imperfección que la humillación constante la cosifica, se siente vacía y no puede hacer nada por evitarlo. No entiende su situación, necesita las comparaciones incisivas para estar segura de su estado, para que no se le olvide «Habló y mientras hablaba, lloraba […] desde que su cuerpo es de Ella, de esa puta enfermedad puta, ya no siquiera es dueña de sus lágrimas […] como si tuvieran que regar un campo yermo».
La finalidad principal de la metáfora es mimética, aunque en ocasiones establecemos una relación de correspondencia entre los dos significados. Elena ve un «círculo imperfecto»; está incapacitada para cerciorarse de lo que ocurre a su alrededor, solo percibe aquello que cree. En esta relación intuimos a su vez la imagen empequeñecedora que ella ofrece a los demás, tanto que se hace invisible «Muchos pies forman un círculo imperfecto a dos metros de su marcha. Palos que deben sostener estandartes o banderas o carteles. Palos que sostienen quejas […] ella también lleva el palo con su queja aunque nadie lo vea».
El esfuerzo al que está sometida queda agrandado en la descripción exhaustiva de acciones intrascendentes. El lenguaje denota una serie de actos especificados según su punto de vista. Gracias a esta perspectiva aparecen las connotaciones, los sentimientos de Elena, reforzados en el verbo final «espera […] buscar […] decir […] abrir […] extender […] apretar […] meterlo […] bajar […] doblar […] ignorar […] Elena arrastrará sus pasos».
En la desgracia absoluta a la que se enfrenta, Elena está obligada a mirar con ironía, a veces con sarcasmo. El humor destila la vitalidad que tuvo, su carácter resolutivo «¿No tiene nadie que le lustre los zapatos, Padre […] pídale a los chicos esos que se ocupan del mantenimiento de su iglesia, sus zapatos también son su iglesia».
La narración que comienza in medias res «Se trata de levantar el pie derecho…» se va ampliando con digresiones, a través de las que va contando su vida a partir de un objeto, una persona o un recuerdo. El discurso queda interrumpido constantemente. El día que ocupa Elena en llegar a casa de Isabel se dilata con otros temas que van dirigiendo la atención del lector hacia otros personajes y van informando con exactitud de los sucesos importantes, clave para entender el misterio. ¿Por qué Rita muere? ¿Por qué Elena, pese a todo, tiene ganas de vivir? Los paralelismos ayudan a equiparar la vida y la muerte. Todo es lo mismo para estas mujeres de fuerza increíble, obligadas a una vida dura, a una muerte despiadada, «hace tres meses cumplió diecinueve, hace tres meses murió Rita, dice Elena, y a Isabel se le aflojan las piernas».
Novela intensa, negra, que retrata la vida negra a la que están condenadas ciertas mujeres. Tan negra como la muerte.

Enlace: https://elblogaurisecular.bl..
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CeciHauff
 02 febrero 2020
Mientras leí esta novela, que es bastante breve, pero intensa, llegué a sentir, por momentos, la desesperación e impotencia de la protagonista, una anciana que tiene Parkinson. Confieso que tuve que leer otra novela corta en el medio para cortar la intensidad.
Está muy buena, pero me tocó algunas fibras porque hace un par de años me tocó vivir de cerca la muerte de dos de mis abuelos que se fueron degradando físicamente, poco a poco, y la historia de Elena me generó muchas sensaciones.

La prosa de Claudia Piñeiro me recordó a Saramago. Escribe todo de corrido y usa comas y mayúsculas después de la coma, en lugar de usar puntos. Es un estilo indirecto libre, el fluir de la conciencia de la protagonista y las voces de otros personajes que se van mezclando… pero se entiende perfectamente quién habla cada vez.

Elena es fuerte, soberbia, Elena sabe… 
Tantas complicaciones en su vida llegan a ser, de a ratos, absurdas y hasta tragicómicas. Especialmente escenas como el cura tratando de seguir la misa como si nada, el intento de Elena de querer levantar el cajón, el divague del taxista, la toma de la pastilla, las discusiones con Rita, etc.
El maltrato de la burocracia es muy realista al punto de llorar cuando te tratan bien.
Dicen que leer te hace más tolerante, porque se llega a empatizar con otros muy distintos, aunque sea en la ficción, y éste es uno de esos claros ejemplos. Qué duro es ser como Elena.
Además, hay varias historias de mujeres además de la anciana, temas muy diferentes entre sí y polémicos.
Todos estos me parecieron aciertos de la autora. Ah, y hay que tener en cuenta que todo transcurre en un día.
Es mi segunda novela de Claudia Piñeiro y ya soy fan. 

"... a mí no me vengas con la obediencia, si a vos tu superior te da una orden idiota y la acatás, es porque vos también sos idiota…" 
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alfarojoana
 14 noviembre 2018
Elena sabe es una novela que, en un primer momento, casi tiene un tinte policial: la hija de la protagonista aparece muerta en una iglesia y ésta asegura que se trata de un crimen, a pesar de que la policia declaró que fue un suicidio y cerró el caso. Aunque Elena sufre el síndrome de Parkinson, que dificulta su movilidad, decide salir en busca de una persona que podría ayudarla a esclarecer el misterio, ya que todos los demás se niegan a escucharla.
Este caso policial, sin embargo, queda en un segundo plano a medida que avanza la historia. En realidad, uno de los ejes principales es la relación entre madre e hija y cómo lidian ambas con la enfermedad que la aqueja. No se trata de una relación idealizada, sino cruda y real, donde prevalecen las diferencias y las discusiones constantes. La personalidad de Rita puede parecer antipática al lector, pero creo que una vez conocida la situación difícil por la que tiene que atravesar, que es lidiar con la enfermedad de su madre, uno puede comprender su modo de actuar.
El final de la novela tiene algunos giros inesperados (o quizá no tanto para alguien más avezado), pero a mí personalmente me gustaron. En primer lugar, la aparición de Isabel, cuya relación con Rita era desconocida hasta el momento, dio la oportunidad de abordar un tema que me resultó interesante. Quizás no tiene mucha relación con lo que venía ocurriendo hasta el momento en la historia, pero como dije, es un giro interesante.
En cuanto a la situación de Rita, su resolución no fue tan sorprendente, pero tenía sentido.
En síntesis, disfruté de la lectura. Necesitaba algo que fuera rápido de leer, ligero, pero que entretuviera.
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astateaine
 15 junio 2021
Una novela corta, pero no por eso ligera ni fácil de leer, por el contrario una historia cruda y un espejo descarnado de una realidad que muchos no quieren ver.
La protagonista, una mujer de 65 años realiza un viaje que no toma más de un par de horas y que no debería implicar ninguna dificultad en su afán de investigar la muerte de su hija, ya que se niega a aceptar que haya sido un suicidio aunque eso eso concluyó la investigación porque sabe que no puede haber sido así, basada en que conocía a su hija mejor que el resto.
Pero este viaje que debía resultar sencillo se convierte en un duro peregrinar que se traspasa vívidamente al lector lector ya que se describe con detalle los estragos que el Parkinson va realizando día tras día en el cuerpo de Elena. de tal modo que la novela avanza de un modo lento y pesado como en sintonía con la enfermedad. Pero no solo están las consecuencias físicas, si no las otras las emocionales y sicológicas las que afectan tanto a Elena, pero quizás más a su hija, de estás nos enteramos por los recuerdos de Elena, pero también descubrimos que la relación entre madre e hija estuvo lejos de ser idílica y más parecía que Rita detestaba a su madre o que ambas mujeres simplemente no se soportaban la una a la otra.
Elena logra completar su viaje, pero al hacerlo no obtiene las respuestas que esperaba y debe escuchar aquello para lo que no está preparada .
Así Elena vive este día desde la mañana a la noche, un día que no cuenta en horas si no en el tiempo que los remedios que debe tomar le van haciendo efecto y así tener la posibilidad de moverse y no quedar prisionera dentro de su propio cuerpo, un cuerpo que no la obedece
Hay que decir que la novela que comienza con apariencia de novela de suspenso, pero que pronto toma otro camino hacia algo más intimista, más crudo, en que los grandes temas son la perdida de la autonomía física, la discapacidad, la vejez, cómo estás son miradas y tratadas en muchos de nuestros países en los que muchas veces se convierten en una carga.
Otros temas son la fe, la religiosidad, la maternidad, vista de algún modo como una carga que la sociedad trata de imponer incluso a aquellas mujeres que no comparten el deseo de ser madres.
Una novela fuerte, estremecedora y muy recomendable


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Pianobikes
 27 junio 2021
“Pero Rita ya no está, alguien la mató aunque todos digan otra cosa, Elena sabe, y a pesar del respeto a su memoria no puede permitirse hacer una maniobra semejante para cumplirle el ritual a su hija muerta.” ~ Elena sabe de Claudia Piñeiro.
Elena sabe que está enferma y que necesita de sus pastillas para controlar su cuerpo; una enfermedad con nombre masculino, Parkinson, pero que ella califica de “puta” Elena sabe que quiere vivir por encima de todo pero lo que realmente sabe es que está sola. Su hija Rita, que cuidaba de ella, murió. Apareció muerta en una iglesia. El caso se cerró con dictamen de suicidio. Pero Elena sabe, o cree saber, que no es así. Es la única que sigue pensando que la partida de Rita no fue voluntaria y sigue buscando la causa de su muerte.
Un libro cortito divido en tres partes en el que pasamos un día con Elena y su enfermedad pero también viajamos al pasado en busca de las respuestas a las preguntas que torturan a Elena. ¿Se suicidó su hija? ¿cuál fue el motivo? ¿se investigó lo suficiente? Y finalmente encontraremos con Elena las soluciones.
A pesar de ser un libro corto, no me ha parecido fácil de leer. No porque el estilo sea enrevesado sino porque la historia va hacia atrás y hacia adelante, los diálogos se incluyen en el texto sin ser diálogos y el estilo narrativo –que me ha gustado bastante por cierto– hace crecer, por momentos, la angustia que sientes por Elena y su soledad. Es lo que más destacaría del libro ya que la historia no me ha parecido del otro mundo. En este libro creo que lo destacable es como está narrada para resaltar esa soledad de los mayores. Me ha gustado el estilo de esta autora, seguiré leyendo sus libros.
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Citas y frases (5) Añadir cita
LuisMinskiLuisMinski11 noviembre 2019
La vida nos pone a prueba, ya no es la puesta en escena en un teatro imaginario.
Ése es el día en que se nos produce la verdadera revelación, estamos solos, cara a cara con nosotros mismos, ese día no hay mentira que valga.
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sanhezpedsanhezped30 enero 2019
Se parece a ti: es sencilla y fuerte a la vez, y su belleza se apodera de uno en silencio, casi sin darse cuenta. Hay que nombrarla, Y solo puede llamarse de una manera: Saxifraga alba.
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CeciHauffCeciHauff31 enero 2020
"... a mí no vengas con la obediencia, si a vos tu superior te da una orden idiota y la acatás, es por vos también sos idiota…" 
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sanhezpedsanhezped30 enero 2019
Elevarse. Avanzar en el aire. Bajar. Elevarse, avanzar en el aire, bajar. De eso se trata. Apenas de eso. De caminar, para llegar a tomar el tren de las diez.
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CarolBesadaCarolBesada15 junio 2021
A veces, Elena ahora sabe, la voluntad no alcanza. Rita también lo terminó sabiendo, cree, si es que en aquel lugar adonde fue a parar, aquel donde acabaremos todos, uno por fin sabe.
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