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Marina Bornas Montaña (Traductor)
ISBN : 8416634629
Editorial: Duomo ediciones (28/01/2019)

Calificación promedio : 3.58/5 (sobre 32 calificaciones)
Resumen:
Keiko Furukura tiene 36 años y está soltera. De hecho, nunca ha tenido pareja. Desde que abandonó a su tradicional familia para mudarse a Tokio, trabaja a tiempo parcial como dependienta de una konbini, un supermercado japonés abierto las 24 horas del día. Siempre ha sentido que no encajaba en la sociedad, pero en la tienda ha encontrado un mundo predecible, gobernado por un manual que dicta a los trabajadores cómo actuar y qué decir. Ha conseguido lograr esa normal... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (28) Ver más Añadir una crítica
edicionilustrada
 24 junio 2019
4'5 estrellas
"La dependienta" de Sayaka Murata ha sido mi primer contacto con la literatura japonesa y me ha encantado.

En el libro conocemos a Keiko Furukura. Tiene 36 años y trabaja por horas en una tienda de conveniencia, las denominadas "Konbini". Además está soltera, algo inusual para su edad. Está feliz con su vida, luego os cuento porqué, pero a su familia y su círculo cercano no parece que les guste. Esta situación hace que ella se sienta incómoda al ser juzgada y considere que no encaja.
Keiko es una protagonista especial, aunque no se diga abiertamente en el libro, pero podemos deducir que tiene algunos signos relacionados con el autismo. Se siente muy cómoda en la tienda, de hecho la mayor parte del tiempo del libro sucede allí, o gira en torno a ella. En la 'Konbini" existen las reglas y ella solo tiene que dedicarse a cumplirlas. Se siente segura y desenvuelta en ese lugar, aunque siempre se siente juzgada por su familia y por los propios compañeros de trabajo. Y por ello, Keiko se esfuerza y modifica su comportamiento imitando a los que le rodean porque así siente que es aceptada por ellos.
Realmente cuando estás leyendo el libro parece que no te está contando nada y cuando lo terminas parece que tienes también esa sensación. Pero realmente es así, no es una historia en sí con principio, nudo y desenlace. Es el día a día a Keiko. En un punto de su vida en el que se plantea si es correcto cambiar para encajar con lo que la sociedad espera de ella (casarse, hijos...). 
Nos metemos en su cabeza y vemos cómo ella ve y entiende la vida. Empatizamos con su actitud algo fría y demasiado lógica, y se le coge cariño. Es una lectura que desprende ternura.
La escritura de la autora me encantó, aunque a veces algunos pensamientos de Keiko se repiten, pero es propio del personaje, y la traducción la vi bastante correcta.

Es una lectura que invita a la reflexión sobre lo que la sociedad establece como correcto y qué espera de cada uno de los individuos para que sean aceptados socialmente.
En el fondo es un drama y una evidente crítica social, pero la narración es muy divertida, irónica y sarcástica. Incluso un poco surrealista, sobre todo hacia el final. Se lee muy rápido y es adictiva.

Hay varios personajes que tienen más importancia en la vida de Keiko, como una compañera de trabajo y su hermana, con las que ella se comporta de una forma más abierta. Algo que me gustaría destacar es la relación que mantiene con su hermana, porque me pareció que hay una evolución evidente desde las primeras páginas hasta el final del libro.

El final me pareció un poco surrealista por algún que otro personaje que aparece en escena, pero me gustó mucho que finalmente Keiko fuera fiel a sus convicciones y manera de vivir la vida.

Me llamó la atención que no está dividido en capítulos, toda la historia es una narración seguida.  Obviamente hay separaciones más amplias entre párrafos cuando hay cambios de escena, lo que lo hace adecuado por si quieres hacer una pausa en la historia. Y he de decir que no me ha resultado incómodo para la lectura, pero me pareció curioso, no había leído nunca un libro que no estuviera estructurado con capítulos.

Es una lectura simple a la vez que inteligente. Fresca, a veces absurda, en el buen sentido. Lo que más me ha gustado es poder meterme en la cabeza de Keiko y descubrir y entender cómo piensa. Lectura recomendadísima, ya estoy buscando más autores japoneses.
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Blog_La_Copela
 23 diciembre 2019
Hacía mucho tiempo que le tenía el ojo echado a este libro. Me llamó la atención por la sencillez de su edición y por la historia que avanza en la contraportada. Sin saber nada de ella, quería conocer a Keiko desde que leí su nombre en la sinopsis. Y después de conocerla en profundidad, me alegro de que hayamos coincidido.
A sus 36 años, Keiko trabaja por horas en una konbini, una tienda 24h de Tokio. Si bien no es común que las mujeres de su edad lo hagan a no ser que estén casadas (que no es el caso), ella no tiene intención de dejar este trabajo que mantiene a raya su estabilidad emocional. Las rutinas, las acciones y comportamientos controlados por el manual del establecimiento y sobre todo la amalgama de sonidos familiares, hacen que Keiko se sienta segura, cómoda.
"Yo solo pensaba en volver a la tienda cuanto antes. Allí las cosas no eran tan complicadas, lo más importante era que todos los empleados fuéramos a la una."
Desde niña Keiko aprendió a comprender que no era como el resto de la gente. No era capaz de relacionarse de un modo normal con las niñas de su edad y con el paso del tiempo se fue alejando de todos hasta que se convirtió en una persona solitaria y perdida incapaz de encontrar su lugar en ese enorme puzle que conforma la sociedad.
"A medida que fui creciendo, mi silencio empezó a preocuparles. Pero para mí era la mejor opción, la forma más racional de sobrevivir."
Cuando empezó a trabajar en la tienda, Keiko sintió muy rápido que había encontrado su lugar. No tenía que esforzarse por buscarse una identidad ni encajar. Sencillamente, tenía que seguir el manual que le indicaba qué decir y cómo actuar en todas las situaciones posibles dentro de aquel pequeño y predecible universo que conformaba la konbini.
Pero la presión social no es algo que desaparezca sin más con el paso del tiempo. al contrario. Keiko ya tiene edad para formar una familia. de hecho, a los ojos de su familia, amigos y compañeros de trabajo, ella debería estar ya casada y disponer de un trabajo estable muy distinto al de la tienda. Y aunque para Keiko nada de esto sea una necesidad, no puede evitar preguntarse cómo podría poner remedio a los incómodos comentarios de las personas que la rodean.
"-El pasatiempo favorito de las personas normales es juzgar a las que no lo son."
La dependienta ha resultado ser una experiencia lectora de las que desintoxican y a la vez dan mucho que pensar. Echaba de menos este tipo de historias, fresca, inteligente y altamente inflamable, porque enciende, sin que te des cuenta, una mecha que está siempre escondida en lo más profundo de nosotros y que hace que nos cuestionemos muchas cosas.
Confieso haber devorado este libro en dos ratos. No podía dejarlo y me fui dejando llevar por la corriente de Keiko. La autora consigue con un lenguaje sencillo y directo que nos sumerjamos hasta el fondo de una cultura y unas costumbres que, a la vez de quedarnos muy lejos, en demasiadas ocasiones nos resultan cercanas. La presión social hacia las mujeres solteras en la actualidad es más o menos intensa dependiendo de dónde proceda la voz que la narre, pero el trasfondo vital de la historia de Keiko resultará familiar a quienes en algún momento han sentido o sienten que no encajan en el rompecabezas del que, se supone, formamos parte todos. No he podido evitar acordarme de Eleanor Oliphant en muchas ocasiones aunque, por supuesto, las diferencias son muchas porque están muy alejadas culturalmente.
Llegado este punto, no puedo hacer más que recomendar su lectura. al ritmo que nos marca; calmado pero continuo en una narración casi sin pausas. Podéis encontrar las primeras páginas aquí.
Quiero agradecer a Babelio y a Duomo Ediciones el haberme hecho llegar este ejemplar habiéndome permitido así incorporar a Keiko en mi puñado de personajes literarios favoritos.
Sayaka Murata (Japón, 1979) fue nombrada Mujer del año en 2016 por Vogue. Es gracias al prestigioso premio japonés Akutagawa que esta historia ha trascendido al mercado internacional dando a conocer la pluma de esta autora en todo el mundo.
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OLGA_WIMP
 05 enero 2020
La dependienta es una historia que a medida que avanzas, y como indica una de las citas de la contraportada, nos recuerda con ese toque peculiar y único al personaje de Amélie. Sencilla y tierna, la autora nos lleva de viaje por la vida y la rutina diaria de Keiko; siendo bastante probable que se haya inspirado en su propia experiencia porque, al igual que ella, ha trabajado también en un kombini.
Nuestra protagonista Keiko es una joven de 36 años que no sigue la normativa social que impone la sociedad japonesa desde que tiene uso de razón. Esta novela empieza con un breve recorrido de su infancia donde Keiko era etiquetada como alguien 'no normal', es decir, raro. Ahora bien, tú que me lees, ¿qué consideras como 'normal'?, ¿acaso tienes la respuesta?, ¿tú eres 'normal'?, ¿yo?, ¿tu vecino-a?
En la cultura japonesa, como en muchas otras, se considera a una persona 'normal' a aquella que haya cumplido con los objetivos básicos de la vida supuestamente 'normales': estar casado-a, tener un trabajo estable acorde a su edad y estudios, emancipado-a, con hijos-as, con un gran número de amistades y podríamos seguir añadiendo más puntos destacables para conseguir encajar en este mundo.
Siguiendo su personalidad pero siempre intentando aparentar normalidad, nos encontramos con una Keiko adulta que tiene un trabajo estable aunque no suficiente para tener una vida más 'normal'. A lo largo de toda la lectura, observamos que su trabajo como dependienta le permite seguir unas reglas socialmente aceptadas e impuestas por la propia tienda que le hagan ser una más del grupo al tener que interaccionar de una forma determinada con los clientes del supermercado; sin embargo, todo son apariencias. Keiko ha creado un pequeño mundo imaginario para evitar la presión social a la que se ve sometida, en especial con sus compañeros de trabajo al ser las personas con las que se relaciona cada día, al igual que ocurre con su propia familia.
No es de extrañar la frecuencia con la que esta imposición se origina y sea más fuerte dentro del contexto familiar. Keiko lo sabe y por esa razón, para no preocuparles más de lo que ya les preocupo en su niñez, decidió buscar este trabajo desde muy joven y con ayuda de su hermana (que no significa que sea la mejor ayuda), ha ido creando una impresión que no corresponde con la suya.
Como lectores, vemos a Keiko como alguien que tiene derecho a seguir sus propios principios y valores, con derecho a ser ella misma sin sentirse fuera de lugar. No todo es perfecto en nuestro propio punto de vista, ya que sin darnos cuenta, aun defendiendo esta postura, es muy fácil caer en la crítica de cómo es una persona y cómo lleva su vida permitiéndonos el lujo de decidir cuándo formará parte de nuestro grupo de amigos.
Sayaka nos presenta una historia con un canto al feminismo, cuya protagonista es una mujer, pero lo más importante es que al final no se centra en la mujer sino también en el hombre. Toques de repulsa a esa presión social que no te dejan ser uno mismo o una misma; porque sí, los hombres también tienen esa misma presión y es mucho más silenciosa.
Una novela que utiliza un lenguaje simple y cercano, muy ligera y rápida de leer pero que no necesita mucho más para hacer visible la situación en la que se encuentran la gran mayoría de las personas. Nos invita a reflexionar sobre nosotros mismos tanto en el respeto a nuestra propia personalidad como en el respeto a la personalidad de los demás. Así nos lo hace ver Sayaka y Keiko quien tendrá que luchar ella contra los demás, aceptando y respetando cómo es y lo que quiere ser.
Si todos fueramos 'normales' la vida sería muy aburrida, ¿no?.
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Inquilinas_Netherfield
 21 mayo 2019
Sayaka Murata recrea en La dependienta una melodía de la vida donde parece que las notas discordantes no tienen cabida por interpretarse a distinto ritmo. Keiko Furukura es una de esas tantas notas que, por razones desconocidas, no encaja en la sociedad en la que vive, y ese sentimiento es inherente a su biografía. Cuando mira a su alrededor, descubre el estupor y la tristeza que producen en los demás las reacciones que a ella le resultan de lo más naturales.
Por ello, conforme la protagonista va creciendo se despierta en ella un anhelo urgente y devastador, un deseo irrefrenable: la aceptación, sentirse normal. Parece que este proceso articulado llega a su fin cuando entra a trabajar por horas como dependienta en una Konbini, un supermercado japonés abierto la 24 horas del día.
En la tienda le proporcionan un manual práctico de cómo hacer las cosas en cada momento y en cada lugar. En él está todo regulado, desde el lenguaje al comportamiento, la uniformidad... en definitiva, en una Konbini todo esta protocolizado en interés del cliente. Keiko recibe la formación adecuada para llegar a ser la dependienta perfecta y desempeñar su puesto a la perfección, y eso es lo que hace.
Pero con el transcurrir de los años empiezan a llegar los peros y los por qués, y comienzan a crecer esos flecos que la sociedad, con su soberana legalidad, cuestiona sin ningún tipo de rubor ni sonrojo. A Keiko le llegan directa o indirectamente todos estos runrunes que hacen que se desajuste y se descoloque en ese engranaje perfecto que compone la Konbini, su microcosmos particular. Es en este momento de la historia cuando La dependienta entra en acción: se acelera para ajustar todas esas razones y poder seguir siendo parte de la unidad perfecta que es la sociedad normal.
Para que todo lo anterior ocurra hay que tener el arrojo y la energía suficientes, y nuestra extraordinaria heroína sin duda los tiene. A pesar de sus peculiares circunstancias sitúa siempre a los demás por encima, y así es como decide en cada momento lo que tiene o no tiene que hacer, lo que parece bien y lo que está fuera de la sociedad normal.
Keiko ha cumplido 36 años y, por tanto, debe encontrar un trabajo fijo o debe casarse y formar una familia. Eso es lo que se espera de ella y es lo que debe hacer. No le queda otra que emparejarse con alguien; el amor, la cooperación o los intereses mutuos no tienen por qué tener cabida en esta ecuación y, además, no tendría que dejar ese universo perfecto que es su querida Konbini. Así, de está manera se ajusta para no desarticularse de la buena sociedad.
Cuando da los primeros pasos en su nueva vida descubre cómo todos aquellos que le rodean, ya sean compañeros, amigos o familias, cambian y transforman su actitud hacia ella. Parecen felices porque, por fin, Keiko Furukura se ha curado, ya forma parte de la normalidad... Su felicidad o infelicidad las dejo aparte: en todas las casas cuecen habas, y estos dos parámetros al parecer no son de gran importancia. Tú simplemente haz lo que debes, Keiko, lo que se espera que tienes que hacer.
Y aquí es cuando la historia se transforma en moraleja... o no. A pesar de todo, Keiko sabrá mirar en su interior y ver lo que realmente le interesa. Si descubre su lugar en el mundo y sigue con su misión y todas las demás cosas y asuntos que el desarrollo personal aconseja, es algo que ya no os puedo revelar. Sería llegar al final de la historia y, aunque sea corta, merece la pena leerla por todo lo que transmite y el torrente de empatía que circula desde la protagonista hacia los lectores, sentimiento que Sayaka Murata ha sabido encajar y diseñar de manera espléndida.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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LAKY
 10 marzo 2019
Keiko Furukura tiene 36 años, vive en Tokio, está soltera y trabaja por horas en una Konbini. Keiko se sentía diferente desde que era una niña: no quería las mismas cosas que las demás niñas, ni las demás adolescentes, ni las demás mujeres jóvenes. No pensaba igual ni actuaba igual. Su familia y sus amigos siempre la han tenido por rara y han pretendido “curarla”. Keiko sentía que no encajaba en ningún sitio. Hasta que empezó a trabajar en una konbini
Cuando tenía dieciocho años vio que estaban haciendo obras en un local. Pronto supo que iban a abrir una konbini, una especie de tienda de ultramarinos abierta veinticuatro horas al día trescientos sesenta y cinco días al año. Echó la solicitud y la cogieron así que empezó a trabajar allí. Y encontró su lugar en el mundo
«Independientemente de nuestro sexo, nuestra edad o nacionalidad, al ponernos el uniforme nos convertíamos en “dependientes” ya no había diferencias entre nosotros».

La konbini tenía unas normas muy estrictas en cuanto a vestimenta (uniforme) y comportamiento (la sonrisas, las palabras a decir al cliente…, todo está regularizado en unos márgenes muy estrictos). Pero justo eso es lo que Keiko necesitaba. Cumpliendo las normas, haciendo lo que se espera de ella, Keiko se iguala a los demás; es una más, una dependienta. Así que Keiko es feliz en la tienda y no aspira a más.
Por lo que lleva ya allí dieciocho años, trabajando por horas. Y, claro, vuelve a ser “la rara”. A su edad ya tenia que haberse casado y tenido hijos, tenía que haber dejado de trabajar para cuidar a su familia o bien haber encontrado un trabajo fijo. El trabajo por horas en una konbini no es lo que se espera de una mujer hecha y derecha y la sociedad empieza a presionarla de nuevo.
Considero que “La dependienta” es una pequeña gran novela. Con una historia muy sencilla en la que, si lo piensas bien, no pasa apenas nada pero al mismo tiempo pasan muchas cosas, nos trae una fuerte crítica social hacia la sociedad japonesa y, sobre todo, al papel de la mujer. Ya había leído en alguna parte (creo que referido a la familia real) que la sociedad japonesa era muy machista y Sayaka Murata nos lo muestra perfectamente. Una sociedad que juzga a las mujeres en particular, a los individuos en general y no tolera a quien se sale del guión, a quien es diferente. Es por eso que Keiko, para adaptarse, para uniformizarse, no aspira a más que a ser una dependienta. Y se le da genial. Y disfruta de su trabajo. Pero eso no basta, claro, porque la sociedad le pide más.
La dependienta” es una novelita muy corta. No llega a doscientas páginas con letra más bien grande. No está dividida a capítulos e invita a ser leída de un tirón. En ella hay bastante diálogo y el ritmo es ágil: si bien no pasan grandes cosas, la historia transcurre de forma fluida y se lee muy a gusto
Toda la historia se basa en el personaje de Keiko, de quien el lector se acaba enamorando. En un mundo en el que la mayoría de la gente quiere destacar, individualizarse de la masa, ella quiere todo lo contrario: fundirse en la masa, no destacar, no llamar la atención. Es considerada rara por sus semejantes y, ciertamente, algunos de sus comportamientos nos extrañan al principio. Y no me refiero a que no se quiera casar o a que, pasados los treinta, siga trabajando por horas. Me refiero a que no siente como los demás, no empatiza y yo diría que tiene algún tipo de patología leve (probablemente del ámbito autista). Pero poco a poco, sin casi darnos cuenta, se va haciendo con nosotros. le vamos cogiendo cariño, entendiéndola y animando a que siga siendo como ella es, a que no haga caso a los demás y que viva su vida como quiere y necesita.

Conclusión final
Ya os digo que tenía miedo a la novela por venir de dónde viene. Creo que la última novela japonesa que había leído fue “Sputnik, mi amor” de Murakami y no me gustó nada (sí, sé que este hombre tiene muchos adeptos, que su nombre suena constantemente para el Nobel, que a la gente le apasiona.. pero a mí me pareció una novela muy rara y eso que algunos me dijeron que era quizás la menos rara de sus novelas). Fue tan mala la experiencia con esa novela que no me he vuelto a acercar a Murakami ni, de rebote, a la literatura japonesa. le tengo mucha prevención. Sin embargo, algo tan mundano como una dependienta en una tienda me parecía que no podía ser demasiado “raro” y así ha sido. Evidentemente, la sociedad japonesa es distinta a la nuestra y Keiko es diferente a los japoneses y a nosotros pero me ha conquistado la sencillez de una historia crítica a la par que entrañable.

Enlace: https://librosquehayqueleer-..
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Las críticas de la prensa (3)
Laverdad18 septiembre 2019
Sayaka Murata ha escrito una novela sobre los valores imperantes hoy en ese país de Extremo Oriente.
Leer la crítica en el sitio web: Laverdad
elperiodico16 abril 2019
La autora denuncia en 'La dependienta' la presión social que sufren las solteras en el país nipón.
Leer la crítica en el sitio web: elperiodico
elmundo13 marzo 2019
La escritora japonesa Sayaka Murata convierte el Premio Akutagawa en un 'best seller' global con 'La dependienta'.
Leer la crítica en el sitio web: elmundo
Citas y frases (9) Ver más Añadir cita
PinkyPinky13 octubre 2019
-El pasatiempo favorito de las personas normales es juzgar a las que no lo son. Pero si me echas te criticarán aún más, así que no te queda más remedio que seguir manteniéndome. -Shiraha soltó una risita-. Siempre he deseado vengarme de las mujeres a las que se les permite vivir como parásitos por el simple hecho de ser mujeres. Siempre he querido ser un parásito, y pienso seguir siendo el tuyo cueste lo que cueste.
+ Lire la suite
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Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield21 mayo 2019
Una vez los oí discutiendo sobre cómo podían "curarme", y recuerdo que pensé que era yo quien tenía que arreglar algo.
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abaniteabanite04 abril 2019
Las personas que no contribuyen a la comunidad, ya sea casándose y teniendo hijos o saliendo a cazar y ganando dinero, son herejes. Por eso los demás se meten constantemente en sus vidas.
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OLGA_WIMPOLGA_WIMP05 enero 2020
Por eso digo que el mundo de hoy no es completamente funcional. La diversidad de estilos de vida es hermosa, y el hecho de censurarla demuestra que no ha cambiado nada desde la Edad de Piedra.
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PippiPippi06 agosto 2019
El pasatiempo favorito de las personas normales es juzgar a las que no lo son.
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