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M. C. (Traductor) M. C. (Traductor)
ISBN : 8496580881
Editorial: Austral (03/09/2013)

Calificación promedio : 3.83/5 (sobre 18 calificaciones)
Resumen:
La casa de las bellas durmientes sobresale en la obra de Yasunari Kawabata por su perfección formal. Comienza con la visita del viejo Eguchi a una casa secreta gobernada por una mujer ordinaria y práctica que, al final, como él mismo, revelará su esencia inhumana. En ese burdel, el protagonista, de sesenta y siete años, pasa varias noches junto a los cuerpos de jóvenes vírgenes narcotizadas. A la vez que admira el esplendor de las figuras dormidas, remem... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (10) Ver más Añadir una crítica
chibiriquete_negro
 01 marzo 2020
“Quizás el rudo tacto de los ancianos la había entrenado para hablar en sueños, para resistirse. ¿Sería eso? Rebosaba una sensualidad que hacía posible que su cuerpo conversara en silencio.
La casa de las bellas durmientes, Y. Kawabata, 2012, p.p. 25.
Acaso, la técnica japonesa más valorada para elaborar floreros es la iga. al humedecerse, los colores de esta cerámica fulguran con rebeldía a su matiz original, y presentan inusitados colores que solo aparecen a altísimas temperaturas del horno. Las cenizas y el humo de la combustión, a medida que incrementa el calor, impregnan la textura rocosa y, al disminuir nuevamente de temperatura, queda un fulgor cristalino semejante al vidrio, las figuras de los floreros iga son fortuitas, si apenas somos capaces de controlar las temperaturas a los que los sometemos, la naturaleza de la combustión opera sola, conjugando y barajando los tonos, las machas y los brillos del jarrón. Sus texturas son austeras, y adoptan un fulgor voluptuoso cuando se les humedece, nos dice Kawabata en El Japón y yo. Los jarrones iga respiran junto con el rocío de las flores.
El satori, lugar de realización del zen, es contingente a las palabras y a las acciones, ambas tienen la capacidad de aislar la realidad y de transformarla. Para Kawabata la profundidad de la religión y de la literatura no radicaba en procedimientos narrativos complejos, sino más bien perseveraba en la tradición y en la fe del espíritu benigno de la naturaleza. El zen aprende de hábitos pragmáticos, y los traslada a un régimen sagrado; siguiendo esto, partiendo de la elaboración de un jarrón acabamos de disuadir la técnica de composición de una las obras maestras de la literatura japonesa: esa es, La casa de las bellas durmientes, terminada por Kawabata hacia 1961.
La literatura japonesa es un florero a donde concatenan las flores y los tallos de lo bello y de lo desahuciado. La novela de Kawabata es recipiente de lo humano, sus amalgamas de formas son el producto de un espíritu sometido a altísimas temperaturas de dolor y de padecimiento tolerado. Solo en esta literatura puede cumplirse esa íntima y permanente transustanciación de lo visible en invisible. Lo realmente erótico, lo realmente mustio se precipitan siempre hacia lo invisible como a su realidad inmediatamente más honda, a los suscitado, que es la sintaxis con la que se escribe el japonés.
Hay un tipo de deseo parecido a un dolor agudo, no se sabe si es el sexo, o la agonía del deceso. La casa de las bellas durmientes posee una sensualidad impersonal, casi indiferente, que evoca los apuntes de Kawabata mismo cuando vio a Tokio en ruinas después del terremoto de 1923, una ciudad en contorsiones, con progresiones de formas casi eróticas, la violencia, los montones, Kawabata evoca la virginidad de la ciudad y de las geishas, desnudas por la convalecencia; así mismo son alude a los cuerpos de las niñas que duermen el sueño de la lisérgica junto a Eguchi, el protagonista, un hombre de sesenta y siete años que debe permanecer perpetuo, ajeno, a una belleza impenetrable.
Esa habilidad de Eguchi para escrutar los cuerpos con la lisonja de la reminiscencia, es una cualidad que Kawabata obtuvo viviendo con su abuelo ciego una vez que quedó huérfano; las cavilaciones del viejo Eguchi, intentando remediar la ausencia, son transcripciones del horno del dolor, al jarrón del texto, los motivos del texto se originan en la mutilación de la memoria, del espíritu llevado al extremo del suplicio por aflicción, nace la sensualidad.
Nadie más tiene la trasparencia para narrar la carne de las mujeres que permanecen dormidas por los narcóticos, para armonizar el sueño de viejos cuerpos envilecidas por el silencio del tiempo, pues, en un testimonio de las relaciones con su abuelo ciego, moribundo, y en sueño perpetuo, no hay duda que el deterioro del cuerpo demacrado sea el origen de esa extraña y macabra transparencia de la carne presente con tanta frecuencia en su obra.
Hoy por hoy la crítica cree en la facilidad de la cita como influencia, lo evidente aparece como información erudita. Llegar a La casa de las bellas durmientes con una lectura sugerida por Gabriel García Márquez es una contingencia barata para la literatura de Kawabata. El pacto de lectura con el que se llega a un texto de esta franqueza debe ser muy distinto al que sugieren ingenuas influencias, de lo contario, se leerá en Eguchi una perversión, y en su silencio: una maldición del Caribe.
______________________________________
KAWABATA, Y., El bello Japón y yo, trad. 1968, Dos ensayos de Yasunari Kawabata; Emecé ed.
KAWABATA, Y., La casa de las bellas durmientes, 2012; Barcelona, Emecé ed.
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vedacris
 13 julio 2021
¿Qué es “La casa de las bellas durmientes”? No deja de ser un prostíbulo japonés, pero tiene características especiales e inquietantes. La clientela de esta casa son hombres ancianos que “han dejado de ser hombres”, las chicas que allí trabajan (y no digo chicas por infantilizar, es que son realmente muy jóvenes) pasan toda la noche dormidas debido a cierta “medicina” que se les administra. Los clientes tienen normas muy claras: la penetración no va a ser posible ya que fisiológicamente han perdido esa capacidad, pero tampoco pueden llevarla a cabo por otros medios, ni lastimarlas de ningún modo, ni hacer “nada de mal gusto”. Lo que limita esas noches a dormir junto a ellas y a los toqueteos varios que podamos imaginar.
Supongo que hasta aquí entenderéis mi incomodidad y lo difícil que me ha resultado contextualizar la obra en el tiempo y el espacio para dejar al margen las gafas violetas con las que leo todo.
Pero luego están las formas y el fondo de esta historia… Aún siendo consciente de la cantidad de profundidad y musicalidad que se ha perdido en el cambio de idioma (del japonés al castellano) y de las metáforas que me he perdido precisamente por esa espiritualidad característica de la literatura oriental con la que no estoy nada familiarizada, la prosa me ha parecido una delicia. Es una historia cargada de erotismo sutil y que básicamente nos va a hacer pensar en la vida y la muerte, en las pasiones humanas, las culpas, la negación de la decrepitud que trae el tiempo y la necesidad de resistirse a “no sentir”. Las constantes referencias a la naturaleza, no solo como atrezo sino como parte de esas metáforas que os comentaba, me han parecido bellísimas.
El papel que representa la "madame" de la casa me parece impresionante. Está como en la sombra, parece no pintar nada, pero entre líneas se puede sacar mucho jugo de su presencia, su descripción y sus intervenciones.
Al final “las bellas durmientes” transcienden de su papel de prostitutas al de confidentes silenciosas que “dormidas y mudas, decían lo que los ancianos deseaban” porque “para los ancianos que pagaban este dinero, dormir junto a semejante muchacha era una felicidad fuera de este mundo” que les haría evocar tiempos mejores y a las mujeres de su vida sin pasar por la vergüenza de que unos ojos jóvenes los vieran sin su virilidad pasada.
Sigo sin ser capaz de quitarme de la cabeza la parte de esa utilización del cuerpo femenino para disfrute y goce del masculino, y encima en una situación tan de suma desventaja, pero tampoco puedo omitir lo sugerente de la “moraleja” ni la preciosa manera de escribir de Kawabata.

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Eleuka27
 04 junio 2020
En este relato, acompañaremos a Eguchi en esas extrañas visitas a la casa de las bellas durmientes y mediante ellas iremos conocemos algunos pasajes del pasado del anciano, cada visita y cada bella durmiente le hará evocar un recuerdo sobre alguna de las mujeres de su vida y también se hará muchas cuestiones sobre la edad y sobre todo, de la muerte.
Ha sido un relato perturbador, aunque en general me ha gustado, ha sido una historia que me ha generado muchos sentimientos, algunos de rechazo, o incomodidad pero también me ha hecho pensar sobre ciertos temas. Seguramente sea una obra que no he logrado entender del todo pues tiene muchos dobles significados y seguramente en una relectura podría sacar mucho más y espero hacerlo más adelante.
¿Lo recomiendo? Si, me parece un relato interesante y creo que es un autor que merece la pena conocer. A mí me ha gustado descubrirlo y me quedo con ganas de leer alguna otra obra suya.
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RepellentBoy
 08 febrero 2021
Creo que ha sido el libro más complicado de leer en lo que llevo de año. No por su lenguaje, si no por su trama. La historia nos presenta a Eguchi, un anciano que acude, por recomendación de un amigo, a la casa donde habitan las bellas durmientes. Éstas, son chicas vírgenes y dormidas con narcóticos. La función de esta casa es la de permitir a hombres de avanzada edad dormir con chicas jóvenes inconscientes. Como muertas. No pudiéndose nunca pasar los límites de llegar a algo más. Con esta sinopsis tan controvertida y difícil de digerir me enfrente a este libro. Inicialmente con la mente algo más estrecha que con la que he acabado.
A través del personaje de Eguchi descubrimos los sentimientos de una persona en sus últimos años, que sabe que su final está cerca. Nos encontramos con un personaje tremendamente traumatizado con la vejez, no tanto con la muerte, ya que a veces, incluso la desea. Eguchi es un ser acomplejado, por la falta de vitalidad de otra época. Y estas jóvenes mujeres le revuelven todo ese dolor.
Se tratan bastantes temas y eso que es una novela de apenas 100 páginas. Temas como la supuesta "hombría" que todo hombre necesita, la vejez que dificulta la consecusión de la misma, o la muerte.
Me gustó que se mostrara la doble moral del protagonista, comparando el mismo momentos en los que sus hijas se vieron afectadas por hombres en situaciones que el tachó de actos impuros o despreciables, con los suyos propios con diferentes mujeres a lo largo de su vida, y en la casa de las bellas durmientes.
Cuanto más leo de Kawabata, más me gusta e interesa su mundo. Y entiendo el porqué de su relación con Yukio Mishima. Ambos tenían una visión muy peculiar y diferente del mundo.
En definitiva una novela díficil, complicada de digerir, que no te dejará indiferente y que, con seguridad, no es para todos los púbicos.
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joseluispoetry
 28 agosto 2019
La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, es todo un clásico de la literatura nipona. Eguchi, el personaje central, de 67 años, en la decadencia de sus facultades físicas y sexuales, a sugerencia de un amigo suyo, acude a ese extraordinario lugar en el que cada noche vivirá la experiencia de dormir con una chica distinta, y a veces dos, las diferencias entre esta clase de burdel con un burdel occidental, radica en en el hecho de que en éste, las mujeres están despiertas; conscientes; y de que en aquél, el deseo de posesión no existe. Sin embargo, lo que Eguchi encuentra cada noche, no tiene parangón. Se dice que esta novela fue pie para que Gabriel García Márquez escribiera Memorias de mis putas trsites" con esa visión grosera y hasta cierto punto vulgar en los ojos de un occidental.
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Citas y frases (2) Añadir cita
joseluispoetryjoseluispoetry28 agosto 2019
Era una casa frecuentada por ancianos que ya no podían usar a las mujeres como mujeres; pero Eguchi, en su tercera visita, sabía que dormir con una muchacha semejante era un consuelo efímero, la búsqueda de la desaparecida felicidad de estar vivo. ¿Había entre los ancianos algunos que pidieran secretamente dormir para siempre junto a una muchacha narcotizada? Parecía haber una tristeza en el cuerpo de una muchacha que inspiraba a un anciano la nostalgia de la muerte. Pero entre los ancianos que visitaban la casa, Eguchi era tal vez el que más fácilmente se emocionaba; y quizás la mayoría de ellos sólo querían beber la juventud de las muchachas dormidas, disfrutar de ellas sin que se despertaran.
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Carlos728Carlos72802 febrero 2021
«Los viejos tienen la muerte, y los jóvenes el amor, y la muerte viene sólo una vez y el amor muchas»
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Videos de Yasunari Kawabata (2) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Yasunari Kawabata
Del escritor japonés Yasunari Kawabata, el cuento La langosta y el grillo, y del escritor italiano Dino Buzzati, el cuento Muchacha que cae.
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