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M. C. (Traductor) M. C. (Traductor)
ISBN : 8496580881
Editorial: Austral (03/09/2013)

Calificación promedio : 3.95/5 (sobre 11 calificaciones)
Resumen:
La casa de las bellas durmientes sobresale en la obra de Yasunari Kawabata por su perfección formal. Comienza con la visita del viejo Eguchi a una casa secreta gobernada por una mujer ordinaria y práctica que, al final, como él mismo, revelará su esencia inhumana. En ese burdel, el protagonista, de sesenta y siete años, pasa varias noches junto a los cuerpos de jóvenes vírgenes narcotizadas. A la vez que admira el esplendor de las figuras dormidas, remem... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (7) Ver más Añadir una crítica
chibiriquete_negro
 01 marzo 2020
“Quizás el rudo tacto de los ancianos la había entrenado para hablar en sueños, para resistirse. ¿Sería eso? Rebosaba una sensualidad que hacía posible que su cuerpo conversara en silencio.
La casa de las bellas durmientes, Y. Kawabata, 2012, p.p. 25.
Acaso, la técnica japonesa más valorada para elaborar floreros es la iga. al humedecerse, los colores de esta cerámica fulguran con rebeldía a su matiz original, y presentan inusitados colores que solo aparecen a altísimas temperaturas del horno. Las cenizas y el humo de la combustión, a medida que incrementa el calor, impregnan la textura rocosa y, al disminuir nuevamente de temperatura, queda un fulgor cristalino semejante al vidrio, las figuras de los floreros iga son fortuitas, si apenas somos capaces de controlar las temperaturas a los que los sometemos, la naturaleza de la combustión opera sola, conjugando y barajando los tonos, las machas y los brillos del jarrón. Sus texturas son austeras, y adoptan un fulgor voluptuoso cuando se les humedece, nos dice Kawabata en El Japón y yo. Los jarrones iga respiran junto con el rocío de las flores.
El satori, lugar de realización del zen, es contingente a las palabras y a las acciones, ambas tienen la capacidad de aislar la realidad y de transformarla. Para Kawabata la profundidad de la religión y de la literatura no radicaba en procedimientos narrativos complejos, sino más bien perseveraba en la tradición y en la fe del espíritu benigno de la naturaleza. El zen aprende de hábitos pragmáticos, y los traslada a un régimen sagrado; siguiendo esto, partiendo de la elaboración de un jarrón acabamos de disuadir la técnica de composición de una las obras maestras de la literatura japonesa: esa es, La casa de las bellas durmientes, terminada por Kawabata hacia 1961.
La literatura japonesa es un florero a donde concatenan las flores y los tallos de lo bello y de lo desahuciado. La novela de Kawabata es recipiente de lo humano, sus amalgamas de formas son el producto de un espíritu sometido a altísimas temperaturas de dolor y de padecimiento tolerado. Solo en esta literatura puede cumplirse esa íntima y permanente transustanciación de lo visible en invisible. Lo realmente erótico, lo realmente mustio se precipitan siempre hacia lo invisible como a su realidad inmediatamente más honda, a los suscitado, que es la sintaxis con la que se escribe el japonés.
Hay un tipo de deseo parecido a un dolor agudo, no se sabe si es el sexo, o la agonía del deceso. La casa de las bellas durmientes posee una sensualidad impersonal, casi indiferente, que evoca los apuntes de Kawabata mismo cuando vio a Tokio en ruinas después del terremoto de 1923, una ciudad en contorsiones, con progresiones de formas casi eróticas, la violencia, los montones, Kawabata evoca la virginidad de la ciudad y de las geishas, desnudas por la convalecencia; así mismo son alude a los cuerpos de las niñas que duermen el sueño de la lisérgica junto a Eguchi, el protagonista, un hombre de sesenta y siete años que debe permanecer perpetuo, ajeno, a una belleza impenetrable.
Esa habilidad de Eguchi para escrutar los cuerpos con la lisonja de la reminiscencia, es una cualidad que Kawabata obtuvo viviendo con su abuelo ciego una vez que quedó huérfano; las cavilaciones del viejo Eguchi, intentando remediar la ausencia, son transcripciones del horno del dolor, al jarrón del texto, los motivos del texto se originan en la mutilación de la memoria, del espíritu llevado al extremo del suplicio por aflicción, nace la sensualidad.
Nadie más tiene la trasparencia para narrar la carne de las mujeres que permanecen dormidas por los narcóticos, para armonizar el sueño de viejos cuerpos envilecidas por el silencio del tiempo, pues, en un testimonio de las relaciones con su abuelo ciego, moribundo, y en sueño perpetuo, no hay duda que el deterioro del cuerpo demacrado sea el origen de esa extraña y macabra transparencia de la carne presente con tanta frecuencia en su obra.
Hoy por hoy la crítica cree en la facilidad de la cita como influencia, lo evidente aparece como información erudita. Llegar a La casa de las bellas durmientes con una lectura sugerida por Gabriel García Márquez es una contingencia barata para la literatura de Kawabata. El pacto de lectura con el que se llega a un texto de esta franqueza debe ser muy distinto al que sugieren ingenuas influencias, de lo contario, se leerá en Eguchi una perversión, y en su silencio: una maldición del Caribe.
______________________________________
KAWABATA, Y., El bello Japón y yo, trad. 1968, Dos ensayos de Yasunari Kawabata; Emecé ed.
KAWABATA, Y., La casa de las bellas durmientes, 2012; Barcelona, Emecé ed.
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Eleuka27
 04 junio 2020
En este relato, acompañaremos a Eguchi en esas extrañas visitas a la casa de las bellas durmientes y mediante ellas iremos conocemos algunos pasajes del pasado del anciano, cada visita y cada bella durmiente le hará evocar un recuerdo sobre alguna de las mujeres de su vida y también se hará muchas cuestiones sobre la edad y sobre todo, de la muerte.
Ha sido un relato perturbador, aunque en general me ha gustado, ha sido una historia que me ha generado muchos sentimientos, algunos de rechazo, o incomodidad pero también me ha hecho pensar sobre ciertos temas. Seguramente sea una obra que no he logrado entender del todo pues tiene muchos dobles significados y seguramente en una relectura podría sacar mucho más y espero hacerlo más adelante.
¿Lo recomiendo? Si, me parece un relato interesante y creo que es un autor que merece la pena conocer. A mí me ha gustado descubrirlo y me quedo con ganas de leer alguna otra obra suya.
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joseluispoetry
 28 agosto 2019
La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, es todo un clásico de la literatura nipona. Eguchi, el personaje central, de 67 años, en la decadencia de sus facultades físicas y sexuales, a sugerencia de un amigo suyo, acude a ese extraordinario lugar en el que cada noche vivirá la experiencia de dormir con una chica distinta, y a veces dos, las diferencias entre esta clase de burdel con un burdel occidental, radica en en el hecho de que en éste, las mujeres están despiertas; conscientes; y de que en aquél, el deseo de posesión no existe. Sin embargo, lo que Eguchi encuentra cada noche, no tiene parangón. Se dice que esta novela fue pie para que Gabriel García Márquez escribiera Memorias de mis putas trsites" con esa visión grosera y hasta cierto punto vulgar en los ojos de un occidental.
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payuska69
 14 abril 2018
En un solo escenario se encierran los recuerdos y pensamientos del protagonista. Nos enseña el momento en que empieza a darse cuenta del paso del tiempo, de la vejez, de la muerte que acecha...
Un solo escenario que se envuelve en un aire de nostalgia, tristeza y soledad...
Lluvia, viento, aguanieve...
Leerlo fue un instante entre la melancolía y el abatimiento.
El final aparece de repente.
Y si todo fuera un sueño?
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pasiondelalectura
 12 agosto 2018
Este libro editado en 1966 inspiró a varios cineastas : Kozabura Yoshimura en 1968, Vladimir Glowna en 2005.
La casa de las bellas durmientes es casi un libro secreto que se saborea, que conlleva belleza y ternura dosificadas, sensualidad y emoción porque toca un tema delicado, escabroso : la pérdida de la virilidad del hombre senescente.
Kawabata encuentra la solución enfrentando el objeto del placer que no podrá mofarse de la impotencia porque está drogada y durmiente.
El narrador, Eguchi, tiene 67 años y constata poco a poco la inexorable pérdida de su virilidad. Otro anciano le habla de la casa de las bellas durmientes, donde, en toda discreción, podrá dormir con una bella ninfa sedada que el podrá mirar, husmear, tocar, pero no consumir.
Es una narración cruda y precisa en un estilo perfecto, sin morbo ni sentimentalismo, con una búsqueda permanente de lo bello y de lo sensual, lo que logra desprender mucho erotismo a la nipona.
Pero la muerte roda, porque Eguchi sabrá que varios ancianos y clientes de la casa irán muriendo. Solo la muerte suena sórdida en la narración, sin poesía.
Kawabata confronta dos mundos, el de la juventud y el de la senescencia, el del hombre y de la mujer, el del sueño y de la realidad, el de la fuerza y de la resignación.

Enlace: https://pasiondelalectura.wo..
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Citas y frases (1) Añadir cita
joseluispoetryjoseluispoetry28 agosto 2019
Era una casa frecuentada por ancianos que ya no podían usar a las mujeres como mujeres; pero Eguchi, en su tercera visita, sabía que dormir con una muchacha semejante era un consuelo efímero, la búsqueda de la desaparecida felicidad de estar vivo. ¿Había entre los ancianos algunos que pidieran secretamente dormir para siempre junto a una muchacha narcotizada? Parecía haber una tristeza en el cuerpo de una muchacha que inspiraba a un anciano la nostalgia de la muerte. Pero entre los ancianos que visitaban la casa, Eguchi era tal vez el que más fácilmente se emocionaba; y quizás la mayoría de ellos sólo querían beber la juventud de las muchachas dormidas, disfrutar de ellas sin que se despertaran.
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Video de Yasunari Kawabata (1) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Yasunari Kawabata
#Bailarinas, de Yasunari Kawabata? https://www.planetadelibros.com.ar/libro-bailarinas/280573
Yasunari Kawabata, premio Nobel de Literatura 1968, publicó Bailarinas en un diario japonés y el libro recién fue editado en 1955, en los años de posguerra. El gran escritor Yukio Mishima, amigo y admirador de Kawabata, sugirió que en la novela los personajes intrigan al lector para luego desaparecer sin dejar rastros. Yagi, el marido de la protagonista, simboliza al artista cuya energía ya ha mermado, y las dos bailarinas dedicadas al ballet clásico occidental, madre e hija, deben enfrentar las deudas del pasado y las promesas no tan alentadoras del futuro, en una sociedad en plena reconstrucción. El mundo de la danza que la novela representa prefigura una forma de realismo de la desintegración de las certezas. Bailarinas se vincula con la primera obra consagratoria de Kawabata, de 1926, La bailarina de Izu. En ambas, la península de Izu y la ciudad de Shimoda son los destinos finales del relato. de la bailarina ambulante y popular de la primera novela a estas dos practicantes de ballet clásico; del joven escritor que vagabundea por montañas, aguas termales y playas, y narra el encuentro con un primer amor, al maduro novelista, la escritura del Nobel japonés aborda el periodo de occidentalización de su país después de la Segunda Guerra.
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