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ISBN : 8490667233
Editorial: Tusquets (03/09/2019)

Calificación promedio : 4.12/5 (sobre 4 calificaciones)
Resumen:
La agencia de detectives de Mateo Hernández tiene su sede en una céntrica calle del popular barrio barcelonés de Sant Andreu. Allí, junto a Mateo, trabajan sus hijos Marc y Amalia, y un asistente, Ayala, encargado de los trabajos más sucios. A veces, además, colabora de una forma peculiar Lola, la mujer de Mateo, cuyas intuiciones sobre los casos suelen ser desconcertantemente certeras. Hasta hace unos meses también formaba parte del equipo Nora, la hija mayor del m... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (6) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 13 abril 2020
He terminado de leer la última novela de Rosa Ribas y ha incrementado la admiración que siento por esta escritora. Adoro a su comisaria Cornelia Weber-Tejedor, creo que conforma una de las mejores series de novela negra que he leído. Asimismo la reportera Ana Martí está increíble en la trilogía escrita en colaboración con Sabine Hofmann. Tanto Cornelia como Ana empezaron su propia serie de mujeres detectives, series que echo en falta; deseando estoy de leer alguna entrega más de cualquiera de las dos.
Y cuando parecía imposible llegar más alto, Ribas creó a Miss Fifty, una superheroína que nos deleita con su sentido del humor mientras, de forma metafórica, tiende un cable a todas las mujeres que deben hacer maravillas para continuar “activas” en la sociedad actual.
Después de todo este elenco de mujeres protagonistas principales en casos de investigación policial, le llega el turno a Amelia Hernández, una de las hijas de Mateo Hernández, detective privado, que se dedicó en cuerpo y alma a conseguir que sus tres hijos siguieran sus pasos, hasta crear la agencia familiar Hernández Detectives.
Si las familias no son sencillas, ésta mucho menos. Rosa Ribas propone como centro casi exclusivo a Lola, la madre. Lola no es detective, aunque tiene un sexto sentido para los casos que llegan a la agencia. Probablemente sus continuas alteraciones en el pensamiento y el deterioro de las emociones, que hacen de ella un ser frío, difícil y predispuesto al aislamiento interior, sean la causa de esa clarividencia que ostentan algunos esquizofrénicos cuando no están medicados. Probablemente. El caso es que Lola es el eje de la familia. Un eje ambiguo pues aunque parece fuerte, decidida, cruel, puede quebrarse en cualquier momento, arrastrando a quienes tiene a su alrededor.
La novela comienza in medias res; el lector constata ya la falta de capacidad de Lola para establecer relaciones sociales. Pero poco a poco irá conociendo a la familia Hernández, que reside en un barrio de Barcelona, en una casa grande, de dos plantas, con un jardín en el que otra casita da cobijo a la hermana de Lola, la tía Claudia, quien se mudó allí con su hija Elsa al morir su marido. Años después, Elsa morirá a causa de una sobredosis. La madre de Lola, Elena, también estuvo viviendo con ellos hasta que murió. Nora, la hija mayor se fue de la casa para casarse, regresar viuda un año después y desaparecer de nuevo, esta vez sin dejar rastro, desde hacía cuatro meses. Marc, el único hijo, vive en su propio domicilio con su mujer, Alicia, aunque pasa más tiempo en la casa paterna que en la suya propia, entre otros motivos porque es ahí donde tienen el despacho de detectives. Amelia, la pequeña, también se casó con Marc pero su matrimonio ha durado poco a causa de la infidelidad de él. Por esa razón Amelia está de nuevo en casa de sus padres.
Esta familia, inestable, es un claro reflejo de la inclinación natural a la endogamia, «Daniel Ayala era el único empleado de la agencia que no era de la familia». El funcionamiento profesional tiene asimismo sus desequilibrios; todos se conocen a la perfección, lo que supondrá una ventaja en ocasiones mientras que en otras va minando las relaciones, «Es que tiene que ser francamente jodido que tu hermana sea el hijo que tu padre querría haber tenido, ¿verdad?».
Todo en Un asunto demasiado familiar es dual, la mala relación entre los Hernández y los Guzmán sirve, sin embargo, por intervención de una amenaza, para que Mateo acepte encontrar a Jonathan Guzmán, desaparecido tres días de su casa. Su padre, Carlos Guzmán no acude a la policía por temor a que descubra sus asuntos corruptos en la construcción y en el tráfico de obreros. La agencia de detectives Hernández se hará cargo del caso con la oposición de Lola, pues se decidió, cuatro meses antes, no buscar a más desaparecidos al no haber sido capaces de localizar a Nora. al encontrar a Jonathan, Amelia no se da por vencida y continúa buscando a su hermana.
A lo largo de sus averiguaciones iremos profundizando en la psicología de Lola, el sufrimiento vivido por su enfermedad, que la ha llevado al alcoholismo, y que ha convertido a sus hijos en seres inseguros en su infancia, aterrados, con sentimiento de culpabilidad por las reacciones de su madre, y traumatizados de distinta manera en su madurez. Vivir en casa de los Hernández-Obiols es un infierno
Se levantó. Como un molino enloquecido, arrancado del suelo, sus brazos golpeaban frenéticos, tirando tazas, el azucarero, platos, un bote de galletas. El suelo crujía bajo sus pies.
—Más de cuatro meses. ¡Vaya mierda de detectives!
Este infierno intenta ocultarse como sea a la gente. El pasado turbio de la familia, aunque diáfano, no pasa de ser una sospecha en el barrio; la adolescencia delictiva de Mateo puede regresar en cualquier momento si ve peligrar la seguridad familiar. Su actitud corrupta con los demás se transforma en protectora cuando se trata de Lola, una protección que, paradójicamente pone por encima de la debida a sus hijos.
Todo el mundo es consciente de que las mujeres Obiols son “un poco raras” aunque no lleguen a sospechar lo que son capaces de hacer en momentos álgidos de su locura «Dos pasos en la habitación y una bofetada para cada uno, más otra extra para Nora que, según su madre, fuera lo que fuera, seguro que había sido idea suya». Todos en el barrio son conscientes de la situación anómala de la familia aunque la angustia de Amalia quede dentro, el alcoholismo de Marc lo atormente en su vida íntima, el miedo de Nora rebrote de vez en cuando y la soledad de Mateo sea fruto de la culpa que asume al cerciorarse del desamparo en el que lo han sumergido sus hijos; es la consecuencia de haber dedicado su vida a una alcohólica esquizofrénica, «No podía más. Por primera vez desde que había desaparecido Nora se echó a llorar».
Esta historia dura y cruel se cuenta con un estilo ágil, dinámico, que engancha al lector. Es la magia de Rosa Ribas. La narración difumina la violencia con metáforas festivas «Giraba el tenedor sin darse cuenta de que no había un solo espagueti montado en ese carrusel». Las sinécdoques ocurrentes exponen de manera espontánea situaciones de carácter grave «La descubrieron porque le asomaba el pico norte de Madagascar del bolsillo de la chaqueta del uniforme […] su permanencia en la escuela era insostenible».
Las ironías consiguen restar importancia a la vida inestable e irresponsable de aquellos que, sin trabajar, dilapidan fortunas «y él, como corresponde a la tercera generación, ya había logrado reducir considerablemente el patrimonio familiar». Asimismo los antónimos recalcan la mala situación familiar-personal «Dependemos demasiado de demasiada poca gente». Mala situación que se convierte en soledad al mezclar en una expresión el significado implícito y el explícito «…faltaba una hora para que acabara el día de los muertos. Los vivos ya habían abandonado sus flores en el cementerio».
Hay gestos ilustradores que, lejos de enriquecer el discurso, encubren el pensamiento durante la conversación «El gesto de la mano con que parecía rechazar el halago […] era el movimiento con que espantaba la insidiosa certeza de que una vez más Lola tenía razón».
El humor está presente en cualquier modalidad, el negro es perfecto para remarcar la falta de objetivos que se instala cuando se apoderan de nosotros las drogas, «Se había tirado de un sexto piso […] Puedo volar. Voy a buscar el pan», o cuando somos presa de la superstición, como el padre de Lola, convencido de que como todos en su familia moriría a los 65 años por lo que a los 60, enfermo de pulmonía aunque sabiéndose a salvo, sus últimas palabras fueron «No me lo puedo creer, no me lo puedo creer». El humor negro es perfecto para ahondar en el problema de la bebida, de las drogas o la locura «Vio las botellas desangradas abajo en el fregadero […] Escarnio medieval. Todas las ratas del barrio borrachas».
Es admirable el uso del lenguaje de la autora, no solo expresiones irónicas o humorísticas alimentan nuestra imaginación, las enumeraciones inacabadas imprimen en nuestra mente una acción constante, repetida, monótona, fiel a la vida de Lola; los diálogos mezclan el estilo directo y el indirecto libre para mostrar la conciencia del personaje. La importancia de la expresión es tal que aparecen términos lingüísticos para recordarla, «Por si alguien dejaba caer el nombre de Jonathan Guzmán aunque fuese en una subordinada». Las relaciones anafóricas en condicional, cuando terminan en una perífrasis durativa, sirven para que Mateo afiance el desarrollo de su desconcierto y el temor a que Nora sufriera algún daño. La inclusión de refranes, comparaciones cinematográficas y literarias, hipérboles ridiculizadoras o imágenes que nos acercan a la decadencia del tango, consiguen que leer Un asunto demasiado familiar sea una fiesta para nuestra mente.
Al entrar en la cocina, el olor de varios alcoholes mezclados. Dominaba la cerveza, más proletaria, más gritona; detrás, la madera perezosa del ron y, arrastrándose como una novia abandonada, la ginebra.
«Mamá quiere dejarlo otra vez.»
El final es perfecto, cerrado, como corresponde a una novela negra. La familia Hernández Obiols conseguirá sus propósitos, no sin antes haber dejado asombrado o inquieto a un lector que lee más allá de las últimas líneas.

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mariainescaro
 17 noviembre 2019

Hernández Detectives es una empresa familiar asentada en el barrio Barcelonés de San Andreu. En ella trabajan el propio Mateo y sus hijos Marc y Amalia, además de contar con Ayala, un asistente de la agencia que se ocupa de los trabajos más sucios. Hasta hace poco también trabajaba Nora, la hija mayor, pero Nora ha desaparecido hace unos meses y aunque la opinión generalizada de toda la familia es que se ha marchado por voluntad propia, siguen sin noticias, han sido incapaces de encontrarla y hay una intranquilidad y una angustia permanentes en la casa de los Hernández que está socavando los cimientos de esta familia. Además, todos tienen que lidiar con las peculiaridades de Lola, la madre, que hace muy dura la convivencia.
Y mientras los Hernández resuelven casos, buscan a Nora e intentan no salir dañados de su convivencia con Lola, los secretos de un barrio y de esta familia van saliendo a la luz poco a poco.

Rosa Ribas demuestra su habilidad para narrar con soltura y precisión, sin alardes pero de manera tan cuidada que hace que cada párrafo resulte un deleite exquisito para el lector. No hay palabra superflua, ya sea en un diálogo entre personajes o en una reflexión individual de cualquiera de ellos, la autora nos lleva un poco más allá de las palabras escritas y nos sumerge en sentimientos y estados de ánimo con una facilidad increíble. Creo que Rosa Ribas es una gran narradora.
La trama gira en torno a dos desapariciones. Por un lado la de Nora, la hija mayor de los Hernández, por otro, la desaparición del hijo adolescente de un constructor local que contrata a la agencia para que averigüe qué le ha ocurrido a su hijo. Pero la historia es mucho más compleja que una investigación de dos desapariciones, a lo largo de la novela conoceremos los entresijos de un barrio en el que se sabe todo de todos y aún así, hay más de un secreto por descubrir y también es el retrato detallado de la familia Hernández que tiene sus propios muertos en el armario y en la que cada uno de sus miembros guarda una parcela oscura que oculta al resto de la familia.
La ambientación resulta muy lograda, ese barrio en el que todos se conocen, en el que a veces eso es un beneficio para una investigación, la cercanía logra que las puertas se abran más deprisa y sin embargo, en otras ocasiones es un lastre de lealtades y deudas de amistad. En la novela se abordan una gran variedad de temas de calado como la violencia, las adicciones, la corrupción, el tráfico de personas o las enfermedades mentales. Ante tal cantidad de temas dolorosos es de agradecer las pinceladas de humor que de vez en cuando aparecen, destensando un poco el ambiente que es en muchas ocasiones opresivo y sofocante en casa de los Hernández.
El ritmo de la novela, aunque en principio da la sensación de que es lento, poco a poco te metes en la historia y principalmente en la vida de esa familia y no hay forma de parar de leer, quieres que encuentren al chaval desaparecido, quieres que aparezca Nora pero sobre todo, quieres saber todos los secretos de los Hernández. El final me ha gustado y aunque las incógnitas de la novela se resuelven, además de descubrir muchas cosas más que no esperábamos, me queda la sensación de que la familia Hernández tiene mucho que decir todavía en el futuro.
Me han encantado los personajes, cercanos, reales e imperfectos como lo es cualquier persona, una familia normal que pelea por mantenerse unida a pesar de todo. Rosa Ribas analiza de manera impecable y metódica a cada uno de ellos, sus luces y sus sombras. sus virtudes y sus pecados. Nora, la hija perfecta que desaparece de repente, Amalia, la hija que retorna al seno de la familia por las circunstancias, Marc siempre a la sombra de sus hermanas, Lola la madre inestable y Mateo, el nexo de unión de esta familia a punto de desintegrarse.

CONCLUSIÓN
"Un asunto demasiado familiar" de Rosa Ribas es una novela de detectives con desapariciones que investigar, violencia y secretos que se desvelarán al escarbar en la vida de los protagonistas pero principalmente es el retrato minucioso de una familia, los Hernández, que me han ganado por completo todos ellos y me gustaría un futuro reencuentro para investigar un nuevo caso y para volver a introducirme en sus vidas. Me ha encantado la novela y desde luego, os la recomiendo.

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ncarboz
 02 octubre 2019
La agencia Hernández Detectives es una empresa familiar situada en el barrio de Sant Andreu de Barcelona. Un barrio que parece no pertenecer a la ciudad, como si fuera un pueblo aparte, más tranquilo, con mucho pequeño comercio y del que se suele decir que todo el mundo se conoce. Es en este enclave dónde Mateo Hernández, junto a sus hijos Amalia y Marc, desarrolla su trabajo y custodia muchos secretos de los vecinos que trata a diario. El único colaborador externo de la agencia es Ayala que se encarga de las tareas más sórdidas. También colabora puntualmente con sus opiniones, la mayoría certeras Lola, la mujer de Mateo. Finalmente tenemos a Nora, la hija mayor del matrimonio. Estuvo trabajando en la agencia hasta hace pocos meses. Nadie sabe dónde está, y aunque la versión oficial es que se ha ido voluntariamente, el sentimiento de la familia es otro. No consiguen encontrarla y esto está carcomiendo poco a poco la convivencia familiar.
En horas bajas de la agencia llega un nuevo caso. Carlos Guzmán, un constructor conocido y también temido en el barrio por su poder, encarga a Mateo que encuentre a su hijo, desaparecido hace pocos días. Rencillas del pasado entre Guzmán y Mateo obligaran a este a aceptar el caso.

Con un uso del lenguaje exquisito y una prosa fluida el caso de la desaparición del hijo de Carlos Guzmán sacará a relucir los lazos del pasado entre personajes y la historia personal de cada miembro de la familia Hernández. Poniendo de manifiesto como cada una de esas piezas puede haber influido en la marcha Nora, a quién o a qué se le atribuye la mayor parte de la culpa, o nadie o nada la tiene y era algo inevitable. El desenlace te deja descolocado. No por sorprendente o inesperado, sino porque da la sensación de que la novela queda sin un cierre claro. Aquí creo que entrará en juego una segunda parte de los Hernández detectives como protagonistas, cosa que me agrada.

Considero Un asunto demasiado familiar una novela policíaca con toques de novela negra, en que los personajes son el eje donde la historia pivota. Mateo, el cabeza de familia que lo ha sacrificado todo por su familia. Cuidando de su mujer y protegiendo a los hijos de la enfermedad mental de su mujer, que ha marcado y marca sus vidas. Y asistiremos a cómo cada uno de los hijos tiene una forma diferente de afrontarlo y de asumirlo, un hecho que seguramente ha contribuido a moldear sus personalidades. Independientemente de los conflictos en el núcleo familiar, cada uno de los hijos, Amelia, Marc y Nora acarrean sus propios problemas, que se suman a entorpecer la convivencia en casa.
El caso Carlos Guzmán acaba siendo un punto de partida para que salgan a la luz las relaciones entre los personajes y el pasado de cada uno, pero que quedara en segundo plano pronto en la trama, para pasar a ser protagonista absoluta la familia y la desaparición de Nora.

Me ha parecido que el trato de la enfermedad mental por parte de los Hernández es un buen reflejo de lo que ocurre en la sociedad. Presente en ambas el estigma de no decidir nunca en voz alta el nombre de la enfermedad e intentando actuar con la máxima normalidad de puertas adentro y de puertas afuera.
Como apunte personal me ha encantado pasearme por el barrio de Sant Andreu, dónde vivo, e ir recorriendo puntos comunes imaginando a los personajes allí mientras se desarrollaba la historia.

En definitiva, en Un asunto demasiado familiar os encontraréis una novela de detectives partiendo de un caso por resolver que sacará a relucir la relaciones y el pasado entre miembros de una familia que servirán para intentar resolver otra desaparición. Todo ello con un uso exquisito del lenguaje por parte de la autora que convierte la lectura en un disfrute desde las primeras líneas. No había leído nada de Rosa Ribas y queda claro que me ha gustado mucho y os la recomiendo.
Enlace: http://www.perdidaentremisli..
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Maya
 02 junio 2020
«Un asunto demasiado familiar» de Rosa Ribas es uno de esos libros que empiezas creyendo que será bastante cómico y acaba haciéndote pensar sobre tu vida.
Estos días he seguido en las redes sociales opiniones sobre lo que es o no es una novela negra. También había leído que «Un asunto demasiado familiar» era puro noir. Yo verdaderamente no sabría qué decir. Rosa Ribas nos presenta una novela de detectives poco convencionales, la familia Hernández que tiene la agencia en su misma casa, separada solo por un pasillo oscuro al que nunca pusieron una bombilla. Tan oscuro como la historia en la que nos va metiendo la autora con la excusa de una desaparición, una paliza o un desahucio. Porque en mi opinión, los casos no son más que una excusa para introducirnos poco a poco en la familia Hernández. El padre, jefe absoluto de la agencia, superprotector con sus hijas y el que lleva la enfermedad de Lola, su mujer. Lola, una mujer “rarita” sumergida en una profunda bipolaridad y que mezcla pastillas con alcohol, mucho alcohol. Mateo además hace la compra mientras persigue al sospechoso (berberechos, pan y arroz).
Nora, la hija mayor que ha desaparecido nadie sabe por qué. Y esta desaparición está presente en toda la historia. Amalia y Marc, los dos hijos que siguen trabajando con su padre y que van desgranando su pasado, descubriendo a cada paso los terribles secretos familiares que son el cáncer que aún hoy los corroe a todos.
Sin embargo, el personaje que más me ha llamado la atención ha sido Ayala, ayudante de Mateo Hernández (el padre), matón, investigador, chico de confianza… del que no se sabe nada hasta que un suceso nos descubre que es un hombre capaz de enamorarse. El típico malote de novela negra que nos descubre su lado tierno.
La acción transcurre en el antiguo pueblo de Sant Andreu, actualmente reconvertido en barrio de Barcelona. Este es el campo de acción de Hernández detectives, gente de su alrededor a la que ya conocen. Como en cualquier novela negra, también tenemos crítica social. Rosa Ribas nos presenta toda una fauna de drogadictos, ladrones, chantajistas planteándonos temas tan importantes como el tráfico de drogas, el tráfico de personas que se importan para trabajar de forma ilegal en las obras, el tráfico de medicamentos…
¿Los temas? La soledad quizás que todos sufrimos aunque estemos rodeados de gente. Mateo está solo ante la enfermedad de Lola, Lola está encerrada en su mundo de sufrimiento de donde solo sale para encerrarse en una habitación y tirar todo lo que encuentra a su paso. Marc acompañado del alcohol, Amalia irremediablemente sola, es la única que lucha por escapar.
“A cada uno los acompañaban sus propios fantasmas y todos compartían el poderoso fantasma de Nora, que habitaba en cada rincón. Silvia tenía razón. Algo sucedía en esa casa. Algo sucedía con ellos. No podían estar los unos sin los otros y a la vez se sentían siempre solos.”
La forma de escribir de Rosa Ribas es perfecta, una construcción compacta con cada palabra, frase, bien elegida, bien colocada. Un placer para el lector. Y es que esa prosa te va conduciendo sin que te des cuenta por los vericuetos de esta historia que tiene momentos divertidos y momentos muy amargos. Y como ha apuntado la escritora, «Un asunto demasiado familiar» es una paradoja en sí mismo, ya que los protagonistas son detectives que descubren secretos ajenos, mientras que los suyos están a buen recaudo.


Enlace: HTTP://CITAENLAGLORIETA.COM
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RosaDracos
 11 febrero 2020
Lo que parece un libro más sobre detectives privados, realmente no lo es. La autora se sirve de una familia de detectives para desarrollar una novela coral, en la que nos va desvelando secretos familiares escondidos durante mucho tiempo y que afectan a todos los personajes.
Está desarrollada en un barrio de Barcelona, que había sido un pueblo y que, en muchos aspectos, aún sigue siéndolo.
Me ha gustado, tanto los personajes, como la trama. También he encontrado muy acertada las interacciones en el vecindario, donde todos se conocen.
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Las críticas de la prensa (2)
elperiodico16 octubre 2019
La autora catalana presenta a la familia de detectives Hernández en 'Un asunto demasiado familiar', una novela coral de tintes negros ambientada en el barrio de Sant Andreu.
Leer la crítica en el sitio web: elperiodico
elperiodico24 septiembre 2019
Una familia rebosante de secretos investiga los de otros en un barrio de Barcelona.
Leer la crítica en el sitio web: elperiodico
Citas y frases (1) Añadir cita
MayaMaya02 junio 2020
A cada uno los acompañaban sus propios fantasmas y todos compartían el poderoso fantasma de Nora, que habitaba en cada rincón. Silvia tenía razón. Algo sucedía en esa casa. Algo sucedía con ellos. No podían estar los unos sin los otros y a la vez se sentían siempre solos
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Almudena Grandes, Antonio Orejudo, Joaquín Berges, Luis Landero, Eugenio Fuentes, Elisa Ferrer, Rafael Reig, Isabel Bono, Fernando Aramburu, Leonardo Padura, Daniel Ruiz, Eduardo Mendicutti, Rosa Ribas, Yolanda Arencibia.
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