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ISBN : 842042871X
Editorial: Alfaguara (04/05/2017)

Calificación promedio : 4.01/5 (sobre 52 calificaciones)
Resumen:
La gran novela japonesa que ha marcado un hito en la literatura contemporánea, una historia de amor inolvidable. Novela ganadora del prestigioso Premio Tanizaki. La crítica ha dicho...«Tremendamente poética, la historia ejerce un sensual y magnético poder sobre el lector. Espléndida.»Ramón Clavijo, Diario de Jerez «El cielo es azul, la tierra blanca es una de las historias de amor más bellas que he leído en mi vida. No me refiero a uno de esos amores cursis y pr... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (26) Ver más Añadir una crítica
Ros
 12 December 2022
Una lectura bellísima, me ha encantado descubrir que las emociones y la sensibilidad se recrean en este libro, lleno de momentos para disfrutar con calma, todo fluye sin prisa, a un ritmo pausado y también reflexivo.

Si empezamos por el título, es sugerente, tiene gancho y sencillamente es debido a una canción que tararea la protagonista. Lo del subtítulo, una historia de amor, creo que, según mi opinión, sobra, me quedo con el título y asunto arreglado. Nada es perfecto.

Aunque en este sentido, debemos saber que el título original en japonés es “Sensei no Kaban” cuyo significado es El maletín del profesor, a mí me parece muy apropiado en relación al contenido de la novela, aunque El cielo es azul, la tierra blanca, resulta atractivo y sugerente también.

En esta novela nos encontramos con unos personajes entrañables y solitarios pero difíciles de olvidar. Son personajes inadaptados y cada uno con su drama personal, que también vamos experimentando.
Tenemos dos protagonistas, una mujer, de unos 38 años, se llama Tsukiko Omachi, es una oficinista, soltera, independiente, nunca quiso casarse ni tampoco ser madre, y su antiguo profesor de literatura del instituto, ya jubilado, Harutsuna Matsumoto, viudo, que ama la poesía y también la naturaleza.

Los dos coinciden, después de pasado ya mucho tiempo, en una taberna japonesa, a comer , pero sobre todo a beber sake cada noche, y así es como comienzan a conocerse, a relacionarse y a necesitarse.
Y, nos damos cuenta en seguida, que los dos son personas muy distintas pero muy parecidas, sobre todo, en relación a la soledad, también los dos son muy independientes y adaptados a sus propias costumbres y con absoluta falta de perspectivas.

Y otro gran aspecto esencial, en el que coinciden absolutamente, sus relaciones anteriores, tampoco han funcionado.

Son personajes solitarios, que empiezan a compartir esos pequeños momentos de la vida cotidiana, como los sabores, la bebida, la comida, después, comienzan a quedar para dar pequeños paseos, con los que refugiarse de la soledad, y en los que poco a poco y muy lentamente irá surgiendo una espontánea, peculiar y delicada historia de amor.

Un relato en el que las escenas de la vida cotidiana, los pequeños detalles, los gestos sin palabras, los silencios, unos encuentros casuales en principio, y la coincidencia al pedir el mismo menú, los llevará a conversar y todo ello fortalecerá una relación con la que se irá construyendo la historia, que acabará por ser el centro de la vida para los dos.

Y como la soledad forma parte de sus vidas y son retraídos e introspectivos, pues ambos se sentirán peculiarmente atraídos.
Narrado en una primera persona, muy intimista, por la protagonista Tsukiko, y en pasado, todo es recordado en forma cronológica y siguiendo las estaciones. Curiosa y bella manea de ser contada una historia de necesidades.
Con un ritmo pausado y gusto por el detalle, nos muestra lo cotidiano donde parece que está, porque lo encontramos, la esencia de todas las cosas. Un mundo sencillo en el que son esas pequeñas cosas de la vida las que conforman una obra para disfrutarla detenidamente.

También tengo que decir que todo lo relacionado con la gastronomía es, en esta novela, muy importante, tiene un papel muy relevante.

Y a propósito de la comida, pues también la novela hay que degustarla con serenidad como un exquisito manjar. Es muy nutritiva.
Increíbles y emotivas sensaciones, delicadeza, sencillez, también intensidad….Un bello y poético relato.
Entra en el libro y déjate llevar pausadamente, delicadamente, discretamente, y encontrarás su belleza.
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chibiriquete_negro
 01 March 2020
Harakiri
leo y leo este libro
no sé si lo estoy leyendo
o me le estoy enterrando
Claudio Bertoni, en "Dicho sea de paso", 2006, p.p. 49.
—¿Sabes qué es el karma, Tsukiko? —me preguntó.
—¿Una especie de destino que te une a otra persona? —aventuré, tras reflexionar detenidamente.
El maestro sacudió la cabeza con expresión de disgusto.
Kawakami, H., El cielo es azul, la tierra es blanca, 2001, p.p. 249.
El karma es una posesión, en dos sentidos. Lo poseemos y ordenamos nuestra siguiente vida, o nos posee y nos determina. Imaginemos un par de átomos en un mismo coágulo de materia, justo en el momento del Big Bang, juntos, constituyéndose mutuamente, pero que, durante la explosión vivificadora del mundo, se separan y toman cada uno un rumbo en la velocidad indistinta del vacío. de ahí en adelante cada átomo tomará un curso diferente, pasará por distintas voluntades, distintas representaciones de sí, e irá acumulando karma: Hasta el encuentro, nuevamente. Un átomo enamorado quiere volver al enlace inicial, anterior a la creación del mundo. El átomo vive de tal manera que pueda reencarnar en una estudiante, y un día, en una taberna, reencontrarse con su profesor de japonés de la escuela, que lleva, en medio de lo fortuito, ese átomo al que estuvo unido, desde el principio. El amor brilla como el nirvana para Tsukiko, la protagonista de El cielo es azul, la tierra es blanca, la novela de Hiromi Kawakami, bióloga y jardinera de palabras.
—¿Qué árboles son los del jardín? —inquirí.
—Son cerezos —me respondió.
—¿Sólo tiene cerezos?
—Sí. A mi mujer le gustaban.
—En primavera deben de ser preciosos.
—Se llenan de bichos. En otoño la hojarasca cubre todo el jardín, y en invierno están tristes y marchitos.
Kawakami, H., El cielo es azul, la tierra es blanca, 2001, p.p. 45.
Kawabata había dicho, cuando visitó en kimono por primera vez Estocolmo, que una de las características distintivas del arte japonés se puede resumir en una simple frase poética: «La época de la nieve, de la luna, de los cerezos en flor: entonces, más que nunca, pensamos en quienes amamos». al contemplar la belleza de la nieve, de la luna llena, de los cerezos, es decir, cuando realmente despertamos ante las bellezas de las cuatro estaciones y entramos en contacto con ellas, cuando sentimos la felicidad de habernos encontrado con la belleza, es cuando más pensamos en quienes amamos y deseamos compartir con ellos esa felicidad. Los cerezos del Maestro, como se refiere al profesor, son una belleza llena de insectos, lo que es bello, igualmente sufre, para Kawakami la belleza es frágil y la base, el fundamento de todo radica en un realidad etérea y evanescente, absolutamente incontrolable, que son los sentimientos. La novela es un álbum amatorio de imágenes, diminutas postales, que detrás llevan escritas un mensaje en caligrafía escolar, diciéndonos que la soledad es una estación inevitable, y que el amor reboza siempre hasta en el suelo blanco de la nieve.
El cielo es azul,
la tierra es blanca.
Haikú incompleto, la novela redondea la poesía desde la precisión de lo mínimo. Es una elegía de la ausencia. Hace falta ese verso de siete sílabas para una sensación de completud, pues, su futilidad y su ayuno de adjetivos nos deja irrealizados, anhelando esa concreción de la belleza de la que no nos damos cuenta, ya está puesta sobre la mesa.
Es un haikú con siete sílabas en blanco, diciéndonos, en silencio, que hace frío y que el alma se encoge con la respiración de un diálogo.
Lo mínimo desata, con la precisión de la palabra, la totalidad que lo comprende. Cuando Kawakami escribe un vaso de sake sobre la mesa del comedor, la oración cobra la sensación de las cuatro patas, imaginamos la silla, un suelo, un departamento, una calle de una capital de un imperio, en un globo que gira vertiginosamente. El amor es un cerezo, y Kawakami usa la flor para hablarnos de las raíces del árbol. Su escritura es una jardinería de la representación, Kawakami es una jardinera de bonsáis, retoños de palabra que florecen en sus manos.
–No son más que piedras, ¿no? –comentó Keiko, con la expresión radiante y juvenil de siempre–. Por la forma en que las miras, juraría que ves una especie de belleza potente y añeja que irradia de ellas. Pero una piedra es una piedra... Recuerdo el ensayo de un poeta haiku, según el cual, si se observa el mar día tras día y luego se contempla un jardín rocoso de Kioto, se comprenderá el significado real de estos jardines.
–¿El mar en un jardín de piedras? Por supuesto, si uno piensa en el océano o en los grandes peñascos y acantilados, un arreglo de piedras en un jardín no pasa de ser la obra de un hombre.
Kawabata, Y., Lo bello y lo triste, 2009, p.p. 171.
La novela de Kawakami da la sensación de contemplar un jardín rocoso. El jardín japonés simboliza la vastedad de la naturaleza, y del corazón. Mientras el jardín occidental tiende a ser simétrico, el jardín japonés es asimétrico, porque lo asimétrico tiene mayor fuerza para simbolizar lo múltiple y lo vasto. Esta asimetría, desde luego, se apoya en el equilibrio impuesto por la delicada sensibilidad del hombre japonés. Sus imágenes son tan auténticas que parecen haber estado ahí, inmóviles, desde el comienzo de la tierra, como piedras, esforzadas por su belleza, dan cuenta que han sido ordenadas por un jardinero que ha sabido representar la dureza del agua, el abismo del mar, sus peñascos imposibles de sobrevivir, que son, en últimas, una sensación de lo sublime. Lo bello es una tranquila contemplación, un acto reposado, mientras que la experiencia de lo sublime agita y mueve el espíritu, causa un temor embriagante, como un vaso de sake en medio del invierno. El mismísimo Kant asegura que es imposible encontrar lo sublime entre las obras de arte, pero, Kawakami, como jardinera, escribe un bonsái de la naturaleza, el bonsái de una tormenta, y de una avalancha de nieve blanca. Lo sublime se insinúa, el jardín no es la naturaleza misma, pero cuando se mira, da la sensación de recrear un profundo acantilado en el que es imposible morir. Esa es la sensación inasible de leer a Kawakami.
El maestro sonrió complacido y me explicó que él se limitaba a recopilar cosas que siempre habían existido.
—Mi problema es que soy incapaz de tirar nada —añadió, mientras volvía a entrar en la otra habitación. Regresó cargado de bolsas de plástico.
Kawakami, H., El cielo es azul, la tierra es blanca, 2001, p.p. 59.
De la misma manera que el jardinero de piedras recoge fragmentos que han existido por siempre y los coloca en un orden que les da sentido de nuevo, en Kawakami coleccionamos el lenguaje, palabras que parecen inamovibles, y las recopila, como el Maestro, acumulador de pequeños recuerdos que enlazan una vida de dolorosa soledad, pero de permanente belleza. Así está escrita El cielo es azul, la tierra es blanca.
Era una sensación curiosa, como si me hubiera comprado un reloj nuevo y no quisiera quitar el plástico adherente que protegía el cristal
[…] Cuando coincidíamos en la taberna y nos tratábamos como perfectos desconocidos, me sentía como el reloj que ha perdido el plástico adherente.
Kawakami, H., El cielo es azul, la tierra es blanca, 2001, p.p. 299.
Kawakami es el testimonio de un Japón increíblemente diferente, trasformado, supremamente lejano al Tokio de Kawabata, pero sin esa banalidad consoladora de Murakami. Las imágenes de Kawakami parecen haber migrado sin la interferencia del ruido del jazz, hay una esencia en su escritura que parece reencarnada, por alguna maniobra del karma, directamente de Matsuo Bashō y de Kawabata, pues, hay una armonía dolorosa, preciosa, Kawakami es un como un árbol tupido al que vuelan las mil grullas de Kawabata al atardecer de la literatura japonesa.
Eso sí, esta no es más la casa de las bellas durmientes, en donde los ancianos duermen con mujeres sedadas, en Hiromi Kawakami presenciamos una voluntad que empieza en la escritura y termina en la sensualidad, ¡las mujeres también tienen la vocación de la soledad!
El coche del tabernero era un turismo blanco. No tenía nada que ver con los modelos aerodinámicos que circulan por la ciudad hoy en día. Era un sencillo coche viejo y compacto de los que solían verse antes.
Kawakami, H., El cielo es azul, la tierra es blanca, 2001, p.p. 339.
Podemos hablar de la novela misma como del coche blanco del tabernero. La de Kawakami no es literatura aerodinámica, como los catálogos de autos BMW y Audi de los que habla Murakami, se trata de un viaje disminuido por la belleza del paisaje. Con la frescura de una primavera que no es una vejez ni una añoranza de una literatura del pasado, de la vieja tradición japonesa, se trata más bien un circulo de estaciones de la literatura japonesas, en donde Kawakami es una nueva primavera, sus flores son realmente esbeltas.
—Este termo me lo regaló un alumno. Es una antigualla fabricada en América, pero es de mucha calidad. El agua de ayer todavía se mantiene caliente.
Kawakami, H., El cielo es azul, la tierra es blanca, 2001, p.p. 102.
Ahora, la traducción de la editorial catalana Acantilado logra que el español sea ese recipiente metafórico del Maestro, en donde el lenguaje permanece como el agua caliente, así mismo, las imágenes permanecen fuertes, sin el enfriamiento de la traducción, conservada, sin la contaminación aparente de una lengua radicalmente extranjera. Casi, podemos leerla con la misma limpidez que leemos los poemas sagrados del sacerdote Dôgen:
En primavera, flores de cerezo;
en verano, el cuclillo.
En otoño, la luna, y en invierno,
la nieve fría y transparente.
________________________________________
KAWAKAMI, H., al cielo es azul, la tierra blanca, en la traducción de Marina Bornas Montaña, 2011; Barcelona, Acantilado.
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LEMB
 05 August 2019
De primeras, intriga que la editorial no proporcione una sinopsis sobre esta historia, la verdad; no sería justo que yo sí lo hiciera pero, como creo que no desvirtúa la novela saber algo, solo os diré que tenemos dos personas, que se llevan treinta años de diferencia ya que él fue su profesor de japonés en el instituto, y a ella, nuestra narradora, le sorprende encontrárselo un día en un bar, solo, como ella está; a partir de ahí empezarán a tener encuentros no premeditados, llenos de conversaciones, silencios, compartiendo más de lo que ellos mismos piensan. Nosotros iremos disfrutando de esas escenas que Tsukiko nos cuenta, de lo que implican en su vida, en la historia y en ellos como personas. Mientras leía sabía que eran personajes pero a medida que avanzaba en mi lectura, se iban haciendo más reales para mí, más cercanos.
Es una de esas historias pequeñas que se construyen a partir de un encuentro. El libro acaba resultando una historia de amor pausada, tranquila, diferente y, para mí, inesperada en cierta manera. Sé que es lo que es porque el subtítulo ya me lo indica pero, realmente, no he tenido la sensación de que me llevara por ahí. Es la historia de alguien que se encuentra con alguien, y siente compañía dentro de sus diferencias. Podría hablaros de muchos temas distintos tras esta lectura: el texto, los personajes, las palabras, la vida, la verdad, la mentira, el amor, la compañía, la soledad, las expectativas, el significado de las cosas, cómo es él (ese profesor de casi setenta años, solitario, inteligente, tranquilo, a quien le gusta beber tanto como a ella), cómo es ella (38 años, solitaria, rara, extraña, seria y, curiosamente, íntima y sensible, a la que también le gusta beber), cómo son ellos juntos, cómo es su vida antes y después...
Me ha gustado porque el ritmo es pausado, no tanto por el texto o la lectura sino por el devenir de la historia; yo diría que es fluía pero pausada, y no me cuenta nada extremo, radical, no rompe ni hastía. he leído el texto como si sus palabras me acariciaran. Estas historias pequeñas me gustan. No he llegado a llorar pero lo podría haber hecho; creo que tiene mucho sentimiento el libro y mantiene siempre al lector en un nivel de atención y sensaciones alto. Ha sido maravillosa.
Como os he dicho, creía que iba a ser un texto un poco más pesado de leer pero es muy fluido, muy fácil y se lee con rapidez. Hay que leer entre líneas para hacerte una composición de todo, ya que parece que dice poco pero en el fondo nos están contando muchas cosas. Pocos personajes, muy reservados, sin grandes diálogos pero esenciales. Hay radica la magia de esta historia.
Me gustaría destacar la simbología de la bebida que yo he percibido en la novela. Si tradicionalmente la bebida tiene un significado social, en la que se comparte algo con más gente, en esta novela el sake se relaciona con soledad, ya que la bebida la comparten con ellos mismos; desde el comienzo, cuando coinciden, ellos beben, juntos, pero lo hacen de manera individual, no como acto social, no para compartir. Esto puede que os parezca una tontería pero para mí ha sido muy significativo en la manera que tienen de interactuar.
Personalmente, no he llegado a entender a la protagonista; puedo sentir su soledad, esa frialdad en la que vive, esa distancia que pone con la gente; puedo sentir todo eso, pero no llego a entenderla: ¿por qué es así? ¿qué la motiva? ¿por qué tiene esa necesidad de mentir, de esconderse tras las palabras? Me ha resultado alguien muy distante y eso ha hecho que me cuestione muchas cosas.
En una conversación que mantiene con una persona, ella se dice a sí misma «estaba haciendo un gran esfuerzo por esconder mis opiniones», frase que define al personaje, que nos indica cómo es ella, excepto cuando está con él. Y yo me vuelvo a preguntar: ¿por qué actúa así? ¿por qué se deja llevar? ¿por qué parece que nunca hace lo que realmente quiere hacer? ¿por qué parece que nunca dice lo que realmente quiere decir?
En resumen, me ha gustado mucho, la he disfrutado muchísimo y se merece una relectura para volver a disfrutar de esos pequeños detalles que la autora nos proporciona como pinceladas de un lienzo mayor que ese esa relación que aparece para dar sentido a todos los silencios, a todas las carencias y a todos los porqués.
Solo decir que el título original tiene más sentido en el conjunto global de la historia: El maletín del maestro.
Enlace: https://millibrosenmibibliot..
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Edd62
 11 June 2020
El amor duele. Joven o viejo
Durante el otoño. Durante el otoño
Joven o viejo El amor duele
Con este Haiku, pretendo un mínimo homenaje a la historia de desencuentro, o encuentro casual, de dos seres auto condenados a transitar por la soledad compartida de una sociedad indiferente.
Las letras de Kawakami, fiel reflejo de un estilo japonés, de saltos temporales, de trazos descriptivos, que refuerzan el apego de los japoneses por el naturalismo y el más que correcto uso del lenguaje.
Alejado del frío, burdo, o directo lenguaje occidental, crea una entrañable historia que discurre como el aleteo de una mariposa, con la musicalidad del canto de una cigarra, con el frágil, gracioso y firme movimiento de las manos de una Geisha. El cielo es azul y la tierra blanca . Pero podría ser a la inversa
El profesor y Tsukiko , nos ofrecen una lección, de la nobleza de un amor que como las flores desérticas pueden florecer una sola vez,pero lo hacen con una belleza lenta y discreta. Destinada a perdurar en la memoria
Sazonada con la disímbola comida japonesa y ebrios de sake, incitan a embriagar nuestros sentidos, con el lento pero persistente fluir de un sentimiento imparable, inevitable e incuestionable.
Dos personajes únicos, que crean una unidad muy personal.
Sin resaca, pero con el paladar henchido de sabor... así he terminado. Desando no haberlo hecho,
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Pianobikes
 12 August 2021
“Me dirigía a él como «maestro» para disimular que no recordaba su nombre. Desde ese momento, siempre ha sido «el maestro».” ~ El cielo es azul, la tierra blanca de Hiromi Kawakami.
Me cuesta pillarle el punto a la novela asiática. Lo reconozco. Y esta no ha sido es una excepción. La historia se centra en una joven que un día se encuentra con su maestro del colegio en un bar. A partir de ese momento comienzan a coincidir y entre ellos va surgiendo una relación por momentos me ha resultado muy incómoda tanto por los diálogos como por el trato que existe entre ellos. Son dos personas solitarias que llenan sus vacíos a punta de sake y de comida –¡madre mía, cómo beben!– e intentan mantener su independencia o por lo menos no dejar entrever sus sentimientos. Los acompañamos en sus andanzas y quedadas y siempre desde el punto de vista de la joven que es quien nos narra la historia.
Lo dicho, ni chicha ni limonada. Es que no acabo de empatizar con este carácter que le imprimen a los personajes de las novelas asiáticas que me parecen fríos e impasibles y que, desde luego, ven la vida desde una óptica más, no sé cómo decirlo, protocolaria quizá sea la palabra.
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Citas y frases (33) Ver más Añadir cita
marceliinnemarceliinne24 January 2023
En su interior no hay nada, solo un vacío que se extiende. Un enorme vacío que crece sin parar.
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joseppjosepp16 January 2023
Cuando intento recordar con quién salía antes de trabar amistad con el maestro, no se me ocurre nadie. Estaba sola. Subía sola al autobús, paseaba sola por la ciudad, iba de compras sola y bebía sola. Incluso cuando estaba con el maestro era como si fuera sola a todas partes. No dependía de su compañía, pero cuando estaba con él me sentía más completa.
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RosRos12 December 2022
No me siento cómoda cuando me dan la razón sin tenerla. Prefiero mil veces que me traten con justicia.
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LEMBLEMB05 August 2019
Estaba sola. Subía sola al autobús, paseaba sola por la ciudad, iba de compras sola y bebía sola. Incluso cuando estaba con el maestro era como si fuera sola a todas partes. No dependía de su compañía, pero cuando estaba con él me sentía más completa. Era una sensación curiosa, como si me hubiera comprado un reloj nuevo y no quisiera quitar el plástico adherente que protegía el cristal. Si el maestro llegara a enterarse de que lo estoy comparando con un pedazo de plástico, probablemente se enfadaría.
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marulibrosmarulibros23 December 2022
Cuando tienes un gran amor, debes cuidarlo como si fuera una planta. Debes abonarlo y protegerlo de la nieve. Es muy importante tratarlo con esmero. Si el amor es pequeno, deja que se marchite hasta que muera.
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Vidéo de Hiromi Kawakami
Recomendación del libro de la escritora Japonesa Hiromi Kawakami El cielo es azul, la tierra blanca: Una historia de amor.
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