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ISBN : 8416120439
Editorial: Ediciones Siruela (16/06/2017)

Calificación promedio : 4.36/5 (sobre 40 calificaciones)
Resumen:
El retrato de una ciudad acogedora y esquiva a partes iguales, de una familia unida por los frágiles lazos de la necesidad y del amor y la mirada única de una mujer maravillosa en un momento extraordinario.



Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumplido su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja. Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entre... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (20) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 23 septiembre 2018
He de reconocer que en casa me encontré de pronto con este libro que no recordaba tener, es de esos que compras porque al autor le han dado un premio, forma parte de una trilogía y dices, pues voy a por la primera. Y así es como Una madre descansaba en un estante durante mucho tiempo, hasta que me di cuenta de que no lo había leído. al principio me gustó, la lectura es rápida, ágil y salpicada de humor irónico «—Hay que ver, desde que sabes que solo tienes un sesenta y cuatro por ciento de discapacidad (visual) te has vuelto muy observadora, mamá». Pero de pronto, se descontrola y me desconcierta; no sé si Amalia, la madre de Emma, Silvia y Fernando, con 65 años está enferma, con demencia senil, o tiene un coeficiente intelectual muy bajo. No encontraba normal que todo fueran risitas «ji ji ji», que cada vez que intentase llevar a cabo una acción deshiciese el conjunto de lo que tenía a su alrededor y que no afrontase con seriedad los problemas, graves problemas, por los que estaban pasando sus hijos.
Hasta que en el libro tercero, Alejandro Palomas divide la novela en cuatro libros y estos a su vez en capítulos, me di cuenta de que Amalia no padecía ninguno de dichos contratiempos, al menos no tan serios como yo creí reconocer en un principio (exceptuando su deficiencia visual, claro). Amalia es una mujer que tuvo la mala suerte, como muchas de su edad, de topar con un marido autoritario, egoísta, de los que se querían sólo a sí mismos y que les hizo la vida imposible a ella y a sus tres hijos hasta que los dejó, como cualquier parásito, llenos de deudas y sin dinero. Uno de tantos machos que proliferaban en la España de mediados del XX y a los que su familia no podía replicar; como Amalia no trabajaba fuera de casa, se acostumbró a darle la razón en todo para después, sin apenas ser vista, intentar colmar a sus hijos con el amor que les faltaba de su padre. Paradójicamente cuando él se va de casa, Amalia empieza a vivir, a salir adelante con lo poco que le ha quedado y a intentar seguir protegiendo a sus hijos, quienes, por otro lado, al vivir una infancia y juventud con miedo, se resquebrajan al menor contratiempo.
Amalia estará ahí con ellos y, aunque parezca que son los hijos los padres de Amalia, el día de Noche Vieja consigue reunir a toda la familia que le queda y la ayuda a hablar, arreglando a su manera, peculiar, los obstáculos que a todos les impiden llevar una vida normal. Y digo a su manera, porque es difícil deshacerse de trastornos mentales, de golpes que te va dando la vida
—Sí mamá –dice Silvia con voz triste–. de oírte tantas burradas y tener que estar vigilándote continuamente, siempre detrás de ti para que no hagas alguna de las tuyas, como si nosotros fuéramos la madre y tú la hija […] Agota ¿sabes? Te juro que agota
La familia, de clase media, queda en la ruina al desaparecer el padre con lo que hay en el banco y conseguir que su mujer firme el divorcio con unas condiciones de absoluta indefensión para ella; pero Amalia subsistirá en un piso diminuto. Y no sólo ella, su hijo Fernando aparecerá por allí un día, con su gran danés, Max, para quedarse al no poder soportar la soledad cuando su novio lo abandona
…desde que las cosas —las mías— se torcieron y la música empezó a sonar mal, fuera de tono, fuera de todo. Desde que, en mi deseo de enderezarme, me adentré por un camino que tomé por un atajo y que al poco se reveló un callejón sin salida.
Por otro lado, Emma, a pesar de mantener una relación fantástica con Olga, su pareja, no consigue olvidar a Sara, «La herida de Emma se llama Sara», aquella que la dejó el día en que iban a comprar un piso para empezar una nueva vida; y Silvia, la mayor, aparentemente una mujer casada y con éxito laboral, se queda sin trabajo, pues la echan —la crisis, ya se sabe—, y sin marido, pues se va a su país de origen.
Por si no constituyeran ya la familia más infortunada del mundo aparece el tío Eduardo, otro acomplejado por la soledad que arrastra toda su vida y que intenta subsanar con jovencitas, cual típico donjuán español desde tiempos inmemoriales, un donjuán de bastante edad, penoso, que sólo consigue chicas de lo más extraño socialmente, chicas de bajos fondos cuya única intención es divertirse con él hasta cansarse, cuando se presente otro en mejores condiciones.
Pues sí, no encuentro una familia en peores circunstancias. Por primera vez, desde que Amalia se divorció, dos años antes, todos se reúnen en la minicasa, los cinco, más otra silla reservada para aquellos fantasmas que ya no están presentes pero inciden en sus vidas y los dos perros, el de Fernando, enorme y el de Amalia, pequeñito. ¿Cómo caben? pues apretados. Lo que está claro es que ya el espacio deja poco lugar a la acción, por lo que la novela es un diálogo entre ellos, la mayoría de veces para “enfadarse” con la madre que dice un sinsentido tras otro, en ocasiones con expresiones realmente humorísticas «llevo días con la sensación de que esta noche vamos a tener más de una sorpresa […] Es como una vibración…mmm… holística, hijo ¿Tú no la notas? “Ho…lística” He podido contener una carcajada pero no he conseguido morderme a tiempo la lengua.».
Y en otras ocasiones para echarse en cara aquello que llevan dentro durante tiempo sin dejarlo salir «—Y de tus locuras –vuelve a la carga Silvia– de que nunca hagas caso de nada y de tener que correr luego a solucionarte las papeletas…»
Estos diálogos van salpicados con analepsis, mediante las que nos enteramos, por un narrador en primera persona, normalmente Fernando, de todo aquello que las conversaciones dejan a medias, porque todas están expresadas en lenguaje oral-coloquial, en el que tienen cabida frases inacabadas que se dan por sabidas entre ellos, o palabras que aluden a hechos pretéritos, por lo mismo.
Así pues las analepsis se agradecen a pesar de que en la mayoría de casos no son imprescindibles; el lector es capaz de entenderlo por el contexto. Este es el mayor problema, si se le puede llamar así, que le veo a la novela; no hay sorpresas. A pesar de los saltos en el tiempo el argumento es bastante lineal, sencillo… Los personajes son algo tópicos, la trabajadora incansable, responsable, dura, que todo se lo echa a la espalda hasta que no puede más, y los traumatizados por diferentes ausencias de sus parejas. Y como tópico mayor, una madre que, simplemente hablando –en una o dos ocasiones con sentido– es capaz de hacerles ver a todos que en la vida hay que tener esperanza y alegría.
No sé, algo rechina en todo esto que no me resulta creíble, quedan asuntos por resolver. ¿Por qué Emma es quien deja su trabajo para dedicarse a la granja? ¿No le gustaba la enseñanza? ¿Decide escapar del mundo?
—Alquilaremos habitaciones y yo me encargaré del mantenimiento de la casa –dijo.
Mamá parpadeó y frunció el ceño.
—¿Y qué pasa con el instituto, hija? –preguntó– ¿Vas a pedir traslado o […]
—No –la interrumpió, sin dejar de sonreír. Y luego–: He pedido una excedencia…
¿Por qué Amalia necesita tener a su madre a su lado para que solucione sus angustias, y sus hijos aceptan este remedio para ellos mismos como algo posible? ¿Por qué esos hijos no están pendientes de su madre, casi ciega y con la mentalidad de una niña, y la dejan vivir sola?
“—Hay una rumana con tres dientes de oro y una BlackBerry con cristales de Swarovsky limpiando en casa de mamá. No sé si llamar a la policía o a un psiquiatra de urgencias para que venga y la electrocute de una vez” […] nos dio mucho que pensar, más que temer […]
—Ah, pues qué raro –dijo Eugenia–. Es que como hay un camión delante del portal y están sacando todos tus muebles por la ventana…
Es cierto que todos los personajes sufren y se guardan ese sufrimiento para ellos, es cierto que deberían haberlo hablado en su momento, pero precisamente por estar tan enquistado el dolor, veo un desenlace demasiado simple e irreal… claro que es ficción y, sin embargo, el autor pretende exponer una situación real. Puede que lo sea, que yo esté equivocada, pero normalmente en la realidad las cosas acabarían de otra forma.
…en silencio, con mamá abrazada a Silvia por detrás mientras al otro lado de la mesa, junto a la Silla de los Ausentes, Emma acaricia distraídamente el brazo de Olga […] Max deja escapar un suspiro de sueño que se expande por el salón como una ola pequeña.
La estructura es de novela psicológica, aunque profundice poco en la mente de los personajes; podría ser llevada al teatro con absoluta precisión cambiando algún diálogo en el que se expusiera la analepsis correspondiente con algo más de claridad en las réplicas. Sin dificultad. Porque hemos de reconocer que los detalles abundan, son exhaustivos, no dejamos de enterarnos de nada de las causas por las que llegan a ese estado; las consecuencias son algo más irreales, a no ser que la intención de Alejandro Palomas no fuera ésta, exponer las consecuencias de una vida traumática, sino conseguir emociones en el lector, risas, llantos, alegrías y esperanza, aunque sea a costa de que queden instaladas en la superficie. Creo que la novela, algo moralista, es más adecuada para un público joven, más dado a soñar con imposibles y a empaparse de buenos valores. Por mi parte, mi subconsciente se rebela ante determinadas circunstancias porque me doy cuenta de que si algo se enquista en una persona no desaparecerá sólo con una conversación, puede servir de bálsamo momentáneo pero la solución, si llega, es con otros medios; tanta ternura, tanto histrionismo no sirven como único remedio para unos personajes apaleados por la vida hasta dejarlos casi en la insolvencia.

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Dyalia
 11 mayo 2021
Ju, ha sido una historia super peculiar y distinta, pero la manera que me ha tocado el corazón... oh. Aunque habla desde el punto de vista de los hijos, es la historia de Amalia, una mujer de 65 años muy suya, parece que no tiene pelos en la lengua y no le importan las opiniones de los demás más allá de lo superficial, pero lo que hay en su interior es una persona llena de grietas que, a la vez que va entendiéndose a sí misma en su nueva libertad, va curando las de los demás. Porque también es la historia del resto de la familia, de los tres hijos que son tan distintos, pero tan cercanos, y de ese tío que siempre quiere dar la nota, pero esconde mucho más de lo que quiere mostrar.
Es intimista, llena de complicidad y de historias veladas que van dejándose caer a cuentagotas. Solo es una noche, la Nochevieja, una familia que por fin se reúne entera en una mesa y también una noche llena de sorpresas y desvelaciones. Y de recuerdos. de retazos del pasado de cada uno de ellos, algunas siendo únicamente de cada uno del resto de personajes, pero la mayoría orbitando o con un final de historia relacionado con la madre, porque... al fin y al cabo, esta es la historia de una madre.
Y no sabría bien cómo definir este libro, porque en realidad está escrito a base de narración, de situaciones pasadas y conversaciones cotidianas, es... es solo eso: cotidianidad, pero también mucho más. Es una historia sencilla y ligera, pero también de las que te tocan el corazón. Es la vida de una familia, pero también de lo que esconden en sí mismos, de lo que duele y de lo que les une. de una madre que lo ve todo aunque sus hijos intenten guardar sus miedos debajo de sonrisas taimadas, o de una seguridad un poco fingida, o de silencios velados.
Es un libro con el que me costó un poco arrancar y, teniendo en cuenta lo que me ha causado en las emociones en su conjunto, podría llevarse las cinco estrellas perfectamente, pero soy demasiado quisquillosa, no regalo estrellas por impulso y no puedo evitar olvidar esa narración que me ha pillado un poco desprevenida al inicio: llena de ligereza y extrañezas. Pero después... oh, después me ha cautivado en su totalidad, porque los personajes meten la pata con sus comentarios, cometen errores y algunos ni siquiera los intentan arreglar porque no se dan cuenta, pero es que al final eso mismo demuestra lo reales que son. ¿Quién no tiene un familiar que se ha criado con unas ideas y, al intentar atrapar las corrientes de pensamiento actuales, han resbalado sin darse cuenta en sus comentarios? Aunque lo hagan con toda la inocencia. O personas rotas que intentan mostrarse como enteras. O costumbres que intentan sanar un poquito ese dolor.
No sé, no, de verdad que no sé cómo definir esta novela, salvo decir que ha sido muy especial y que, después de escribir todos estos párrafos, en realidad voy a cambiar las cuatro estrellas por cinco, porque es lo que realmente siento desde el corazón que se merece.
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Janire
 22 enero 2018
Alejandro Palomas tiene mucha sensibilidad a la hora de redactar las historias, y cuenta con una maestría increíble a la hora de describir personajes, tanto masculinos como femeninos, y les dota de una personalidad y un carácter que cautivan desde el mismo momento en que aparecen.
En esta ocasión, asistimos a los acontecimientos que rodean a una familia formada por Amalia (la madre), Silvia, Emma y Fer (los hijos), Olga (la mujer de Emma), Tío Edu (el hermano de Amalia) y por supuesto, Shirley y Max (los perros y compañeros fieles de Amalia y Fer).
Nos encontramos en la última noche del año, y Amalia está feliz porque por fin vuelve a reunir a toda la familia alrededor de la mesa. El narrador de la historia es Fer, el hijo de Amalia, que con sus palabras nos va desgranando lo que ocurre en el presente, entremezclándolo con recuerdos del pasado, haciéndonos participes a los lectores de todas las situaciones que han llevado a los protagonistas a ser lo que son hoy en día.
La narración mantiene en vilo al lector en todo momento sin poder dejar de elucubrar sobre qué ocurrió o qué va a ocurrir a continuación. Si bien es cierto que hay partes que son un tanto previsibles, se compensa perfectamente con lo maravilloso de la escritura, las frases llenas de sensibilidad, y con lo perfectamente que está narrada.
En cuanto a los personajes, absolutamente todos están muy bien definidos y descritos, y eso ayuda a que el lector entienda perfectamente a cada uno de ellos. Sin duda alguna, el peso de la historia lo tiene Amalia, una mujer feliz que ha logrado serlo tras muchos años luchando, que, a lo largo de la obra, da la sensación de que son sus hijos quienes la cuidan a ella, en vez de ser a la contra. Es dicharachera y no para de hablar, tiene un carácter muy desquiciante en la mayoría de ocasiones, pero también posee una sensibilidad que atrapa, que encoge el corazón en cada verdad que dice y que, en definitiva, tiene una sensibilidad que solo una madre puede poseer.
La lectura no pierde ritmo en ningún momento. Por mi parte, no quería que se acabara la novela, ya que quería seguir conociendo más aventuras de esta familia.
Con esta novela me he emocionado, he reído, me he desquiciado y he disfrutado mucho de su historia. Absolutamente, Amalia es un personaje de los que es difícil desprenderse, y esta novela ha calado bastante hondo en mí, así que, sí, la recomiendo mucho.
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mariacriado
 05 junio 2019
31 de diciembre. La última noche del año. Amalia, de 65 años por fin reúne a la mesa a sus hijos. Esta noche sabe que van a salir secretos a la luz, sentimientos nunca contados, porque las pocas veces que la familia se reúne afloran sentimientos y verdades que sólo una madre es capaz de ver.
A la mesa se reúnen Amalia la madre, Fer el hijo, Silvia y Emma, la pareja de Emma y el tío Eduardo el hermano de Amalia. Una familia muy peculiar.
El libro transcurre durante esa noche de Nochevieja, las conversaciones en la mesa, las emociones, las palabras nunca dichas pero sí sentidas. El narrador es Fer, el hijo de Amalia, mientras nos va relatando los detalles de esa noche, nos va contando episodios familiares y así vamos conociendo la vida de todos los que componen la familia.
Decir que Amalia es un AMOR de mujer es quedarse corto. Amalia es esa madre que pasó su vida junto a un hombre al que dejó de amar y que ya en su madurez se vio sola. Libre. Sin ataduras. Y empezó a vivir una vida en la que ella decide lo que hacer. Y sí, con esa libertad se ha vuelto un tanto excéntrica. Ese punto unido a su ingenuidad y el ver que todo el mundo es bueno es lo que la hace una mujer ESPECIAL.
Una madre” es un libro emotivo. Es una bomba directa al corazón. Pero no por ser emotivo ha de ser triste. Está narrado con una delicadeza y un sentido del humor que hace de él una narración extraordinaria.
Me he reído mucho, sobre todo con las salidas de contexto de Amalia, que cuando se ve atrapada en alguna circunstancia suele salirse por la tangente y por su boca empiezan a salir toda clase de disparates y sin sentidos. Algunos rayan lo absurdo, de ahí que sea un libro tan divertido y a la vez tan emotivo.
En resumen “Una madre” es un libro que me ha emocionado, me ha hecho sentir y me ha hecho reir. Un libro para reflexionar. Recomendado 100%
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realidadesdepapel
 28 abril 2021
¿Alguna vez han terminado un libro y al cerrarlo lo han abrazado como si fuese un ser querido? Esto he hecho yo al acabar Una madre, me ha gustado tanto que sin duda se lleva 5 estrellas y entra al podio de mis favoritos. 💕
Ahora ustedes se preguntarán, ¿qué tipo de historia es? Tal vez esperando un thriller, una novela negra o algo por ese estilo, ya que suelen ser mis géneros predilectos. Pero no, esto es completamente lo opuesto.
Una madre es una novela calmada, cotidiana y llena de vida.
Amalia está feliz porque por fin después de 5 años de haberse divorciado del lastre que era su marido, tendrá una cena de fin de año con su familia completa, sus hijos y su hermano. ¿Qué más le puede pedir a la vida?
Está es una familia donde todos están rotos, que por más que hablen mucho no hablan de lo que deberían, de lo que les duele y a medida que la cena avanza, ciertas noticias son anunciadas creando alboroto y haciendo que salga todo lo que llevan dentro. En paralelo Fernando (el hijo menor de Amalia) nos va contando el porqué de cada quien, con su forma de ser, y en base a las palabras de su difunta abuela “todo somos como somos porque hemos sido algo antes”. Sí, algo antes, algo que no estaba roto y un día se rompió, se arañó, se golpeó y ahora tiene que vivir con esas cicatrices que no siempre se curan rápido ni fácil.
Amé a Amalia, con su dulzura siempre intentando buscarle el lado bueno a todo, disfrutando a sus 60 años lo que no pudo hacer antes por un marido esclavizante, pendiente de sus hijos, aunque ellos no siempre se dieran cuenta, aún con sus locuras más de adolescentes que de una señora de edad, al leerla me dieron ganas de salir corriendo abrazar a mi mamá.
Amé la forma en que @alejandropalomas nos retrata cada miembro de esta pequeña familia, con su pasado acuestas, lloré con ellos, sufrí sus penas, pero también me reí dentro de estas páginas (sobre todo con las ocurrencias de Amalia), me gustó que en una historia que podría parecer sencilla esté cargada de tantos sentimientos que es imposible no conectar con alguno.
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Citas y frases (18) Ver más Añadir cita
SandraCPSandraCP24 septiembre 2018
Mamá, ¿quieres que te grabe con el móvil y luego, antes de irte a dormir, te escuchas un rato para que entiendas por qué a veces es tan difícil ser tu hija y no puedas dormir en dos semanas?
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Aroa10Aroa1007 marzo 2021
"Y que habrá que recomponer, que zurcir y recoger cristales, porcelana y piel del suelo.
Pero es que eso, en esta familia que somos ahora, es lo que nos une.
Ser. Estar. Reconquistar espacios. Convencernos de que los hilos que nos vinculan no son frágiles. Que no es todo o nada, conmigo o contra mi. Y que somos mucho más que eso, más complejos"
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SandraCPSandraCP24 septiembre 2018
Habrá que recomponer, que zurcir y recoger cristales, porcelana y piel del suelo. Pero es que eso, en esta familia que somos ahora, es lo que nos une. Ser. Estar. Reconquistar espacios. Convencernos de que los hilos que nos vinculan no son frágiles. Que no es o todo o nada, conmigo o contra mí. Y que somos mucho más que eso, más complejos.
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SandraCPSandraCP24 septiembre 2018
«¿Por qué nos costará tanto decir las cosas en esta familia?», quiero decirle. «¿Por qué se nos da tan mal compartir lo que sale mal? ¿Es vergüenza? ¿Es miedo? ¿Qué es?»
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SandraCPSandraCP24 septiembre 2018
Fue la casualidad. O quizá no, quizá fue más sencillo que eso. Quizá fue simplemente que a veces la vida nos quita cosas y otras, cuando menos creemos necesitarlo, decide cuidarnos, fiel a una ley de la compensación que no responde a la física ni a la química, sino a un orden que nadie ha sabido explicar todavía.
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Vidéo de  Alejandro Palomas
¿Adivinarías cuál es el libro favorito de Alejandro Palomas? En su visita a Palabra en abril de 2018 le preguntamos por él y esto fue lo que nos dijo.
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