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ISBN : 8491292934
Editorial: Suma de Letras (21/02/2019)

Calificación promedio : 3.32/5 (sobre 11 calificaciones)
Resumen:
Durante más de una década Ulla, de setenta y cuatro años, ha cuidado de su marido impedido, un hombre mezquino y casi alcohólico. En el funeral, un único pensamiento ocupa su cabeza: ¡Por fin!

Desde ese momento retoma el contacto con viejos amigos y vive cada día como si fuera el último. Sus hijos, ya adultos, tratan de poner límite a su recién descubierto desenfreno, pero no están preparados para el desafío que está a punto de aparecer de la mano de ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (11) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 07 marzo 2019
Realmente no sé cómo calificar esta novela. Indiscutiblemente es de humor. Porque nos reímos, aunque a veces no se sepa bien si la risa viene causada por la graciosa situación o porque ésta es penosa.
El comienzo está lleno de tópicos, una de las protagonistas «fumaba como un carretero», otra «se meneaba como si fuera veinte kilos más delgada y cincuenta años más joven», otro «sonrió seductoramente y se tragó una pastilla de viagra» y, por último, nuestra Viuda al fin encuentra a un desconocido y se dan «uno de esos besos sobre los que solo había leído en novelas malas, y que se prolongó un poco más de lo que habría sido apropiado». Todas estas particularidades tienen lugar en un local diseñado para que los ancianos se desmadren a base de sexo, drogas y rock and roll. Tópicos. Pero es el comienzo. Después, Minna Lindgren va narrando las circunstancias de cada uno de estos cuatro personajes y llegamos a entenderlos aunque la autora se exceda algo en el ambiente marchoso en el que se mueven. Poco a poco las aguas van a su cauce y el desmadre inicial, aunque Pike y Valtonen desearían permanecer en él hasta la eternidad, se va relajando.
La protagonista, Ullis ha vivido siempre en unas condiciones extremas, su trabajo como dentista no le aportó ninguna alegría; ni siquiera el día de su jubilación pudo desprenderse de la frialdad reinante «alrededor de un pastel de nata barato, la otra mitad (de colegas) brillaba por su ausencia. Un empleado temporal a tiempo parcial que sustituía a la directora me entregó […] una tarjeta de regalo de treinta euros para tratamientos de belleza».
Su marido, un completo canalla, alcohólico, sólo se preocupa de sí mismo «Empezó a parecer un desconocido cuando estaba sobrio […] no decía una palabra, no me dirigía la mirada y vaciaba la primera cerveza en la cocina, con el abrigo puesto delante de la nevera. Abría la segunda botella y colgaba el abrigo en el perchero».
También su familia política la hace sentir mal nada más conocerla «Joder, no sabía qué hacer con todos los tenedores y cuchillos, y mi suegra me humilló con la mirada».
Y sus propios hijos pasan de no ser conscientes de la situación que su madre soportaba en casa a no valorarla cuando muere su padre, incluso se muestran egoístas «Mi hijo […] había escrito la voluntad vital, con sus propias palabras […] Deseaban que yo “determinara” que, durante mis cuidados, no se utilizaran tratamientos para prolongar la vida de forma artificial».
Así pues, Ullis, la protagonista, se percata de que ahora que está sola y ha cumplido 74 años, su hija Susana la necesita únicamente para que se quede con su perro cuando ella no está, y su hijo Marko, para que haga de canguro de sus hijos pequeños cada vez que él tenga alguna actividad a la que no se pueda negar que, normalmente, es siempre puesto que los niños, de 4 años, crecen entre guarderías y diversas actividades para no entorpecer el día a día de sus padres «—Musgo y Gota se quedan aquí —dijo sin preguntarme. […] —Vaya, el hotel está lleno la primera noche —¡Hotel! ¡Genial! —gritó Musgo o Gota —¡Servicio de habitaciones! ¡Quiero una botella de priva! —chilló el otro…».
Al mismo tiempo, Ullis retoma a sus amigos, olvidados durante los doce años que debió dedicarse por entero a cuidar del vegetal en que se había convertido su marido desde que le sobrevino un infarto cerebral. Y se encuentra con que todos tienen alguna obsesión predominante «Hellu se sometía trimestralmente a todas las pruebas, radioscopias y chequeos existentes» Pike está ofuscada con el sexo «—Nos espera una tarde épica, cien por cien seguro. ¡Voy a poner en circulación las ladillas de Valtonen, me cago en las hostia!». Y al propio Valtonen le cuesta dejar la bebida incluso en el hospital, cuando ha sido internado por un amago de infarto «Pike […] le administró un segundo trago de whisky. A este se le enrojecieron las mejillas de puro buen humor, y parecía que empezaba a ser él mismo otra vez».
Así pues, a los 74 años, prácticamente fuera de circulación toda su vida, Ullis se encuentra con que lo que ella pensaba no es lo que le espera. Quería una segunda oportunidad del término polisémico de “vida”, y comprende que no la va a tener «¡Qué infantil había sido al imaginarme que nuestra vida seguía llena de vida!». En el fondo, Viuda al fin, muestra la peor cara de la vejez; el esprint final al que todos estamos obligados antes de morir, o perder la memoria, o sufrir enfermedades crónicas o ser, en definitiva, dependientes. Nada hay peor que eso, convertirnos en seres supeditados a otras personas, ya sean familiares o profesionales porque, según la novela, no hay nada voluntario, todos los cuidados conllevan un interés. Es triste, de ahí que la crítica sea ácida, contundente, al comentar la vida en una residencia de ancianos, donde se les inhabilita como personas para ser tratados como simples despojos. Pero es incluso la sociedad la que ofrece pocas posibilidades a aquellas personas, viejas, que aún se encuentran física y mentalmente bien, pues sus acciones se ven considerablemente reducidas, no pueden realizar las actividades que quieren sino las permitidas, las que están consideradas adecuadas a partir de la jubilación: cocina, religión, costura, lectura o cuidadora infantil. Es irónico. Creo que es la mejor parte del libro; la que ataca a esta sociedad que se preocupa primero en alargar la vida para luego poner trabas a cómo vivirla; eso sí los obstáculos no vienen impuestos de forma natural. Todo es duro para los ancianos, asistir al entierro de un amigo o ser el propio muerto; realizar actividades agotadoras para encontrarse mejor o agotarse de puro aburrimiento, porque no puedes o no debes hacer lo que te gusta. ¿Es esto la vejez? «Oficialmente, echábamos de menos a Hellu, pero cada uno pensaba también en sí mismo: este podría haber sido el entierro de cualquiera de nosotros».
Pero además de esta reflexión sobre la vejez, en la que no falta el sentido del humor, hay críticas, también de forma irónica al ritmo en el que vive la sociedad. Lindgren comenta el funcionamiento de las residencias de ancianos (centros de día, eufemísticamente, ya que el actual eufemismo “residencia”, que en su día sustituyó al “asilo”, parece cada vez más una palabra tabú), y lo hace de forma hiperbólica, tópica, como casi todas las actividades o circunstancias que aparecen en la novela con el fin de hacer reír, de tomarnos la vida con humor; pero debajo de la risa permanece latente la falta de escrúpulos de los hijos hacia sus padres, la mala educación que hoy reciben los niños porque estamos obligados a llenar nuestro tiempo al máximo para triunfar laboral, física, económicamente… Si no tienes varias actividades, si los niños no realizan múltiples tareas llegará un momento en que quedarán anulados por la propia sociedad; de esta forma el niño deja de serlo muy pronto y el adulto no quiere serlo nunca, así que se pasa el resto de su vida intentando parecer más fresco, más joven, más lozano, más egoísta. Pero no nos engañemos, si llega, la vejez es triste, «sorprendentemente echaba de menos sus llamadas cargadas de fingida empatía»; por eso la autora cierra la novela de forma redonda e ideal al hacer que la casualidad devuelva a Ullis a los brazos de Kari Kirjosiipi, en los que cayó la primera vez que acudió al Evergreen, donde penosamente «Un montón de gente borracha se mecía y tropezaba como un gran enjambre de abejas, aunque de forma más torpe e impredecible».
Ullis y Kari deciden, sin compromisos, disfrutar mientras puedan, del sexo, de aventuras, de conversaciones… No me gusta la vejez, no creo en el sexo durante esa etapa ni en las aventuras, al menos con gente antes desconocida; no creo en los flechazos a partir de los 60 años. Pero sería bueno que me equivocara.

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LAKY
 19 marzo 2019
Me hice con este libro por error. Lo vi en edición anticipada, me gustó el título, la sinopsis y la portada y lo pedí pensando que sería una lectura divertida. Cuando llegó a casa y vi en la faja que la autora era la misma que escribió la trilogía de Helsinki casi me da algo. Porque, sin disgustarme esos tres libros, tampoco me habían gustado. Desgraciadamente, tampoco éste me ha convencido
Éstas son mis impresiones
Ulla se ha quedado viuda recientemente. Durante doce años ha estado cuidando de su marido impedido. Un marido con el que ni siquiera sano se llevaba bien pero…, ella entendía que no podía hacer otra cosa más que cuidar de él en sus últimos días (que luego se convirtieron en años). Así que la muerte de su marido ha supuesto una liberación. Ulla está perfectamente sana y tiene setenta y cuatro años, aún le queda mucho por vivir. Sobre todo, muchas experiencias por vivir. Se casó con su primer novio, trabajó, crió a dos hijos, hizo lo que tenía que hacer sin preguntarse qué es lo que quería hacer. Pero ahora se encuentra con que la sociedad y sobre todo sus hijos no le permiten hacer lo que quiere. Con setenta y cuatro años le consideran una anciana sin voz ni voto, tan siquiera sobre su propia vida. Los hijos, como dos cuervos codiciosos, lo único que piensan es en el momento en el que Ulla también muera y se queden con todo. La tratan como si fuese una débil mental, ¿cómo es posible que alguien que ha cuidado durante más de diez años a un impedido, ahora no pueda ni siquiera cuidarse a sí misma? ¿Cómo unos hijos tan egoístas pueden pensar algo así? Pues así es, su hijo y su hija, ya en los cuarenta, quieren manejar su vida y, a ser posible, meterla en una residencia para quedarse tranquilos
Viuda, al fin” se presenta como una novela desternillante –y alguna reseña he visto en este sentido- pero a mí no me lo ha parecido. Sí que hay alguna escena un poco graciosilla pero yo no me he reído (y no me resulta difícil reírme). Más que comedia, es un drama. Y tiene mucho de crítica social
Ya en la trilogía Minna Lindgren criticaba la situación de los ancianos, los grandes olvidados de la sociedad. En esta novela vuelve a hacerlo. Critica a la sociedad y también a las familias. A mí a veces me llevaban los demonios al ver unos hijos tan egoístas e insensibles. Setenta y cuatro años ya son años pero, sinceramente, yo no considero a alguien de esa edad anciano. Mayor sí, anciano no. O no necesariamente, dependerá mucho de su estado de salud. Mis padres mismos tienen unos pocos años más que Ulla y se manejan perfectamente, haciendo lo mismo que hacían diez años antes, con la cabeza totalmente en su sitio.
Me ha horrorizado cómo la tratan, como si no fuera capaz de decidir por sí misma. Eso sí, para cuidarles los niños o el perro, para eso sí la ven capaz. de verdad que estaba deseando que Ulla reaccionase, les diese dos voces y les pusiese en su sitio.
La parte de crítica social es lo que más me ha gustado. Por lo demás, la novela no me ha convencido. Y yo creo que es porque no encajo con el estilo de la autora. La novela es entretenida, se lee fácil y de forma amena pero poco más. No me ha implicado, ni emocionado, ni nada. A mí me ha dejado fría. Además, aunque tiene un hilo conductor, un principio y un final claro, en el medio como que se pierde un poco. Muchos capítulos son totalmente prescindibles, podrían quitarse sin afectar para nada a la historia. Lo mismo que podrían incluirse otros y quedaría igual. Son como escenas que, sí, se leen a gusto pero no aportan nada a la historia principal. Y, por cierto, el primer capítulo no incita para nada a leer. Hay novelas que empiezan de una forma que como leas las primeras líneas, estás perdido; no es el caso. de hecho, yo diría que el primer capítulo es el peor de todos: raro, confuso y nada atractivo. Luego, afortunadamente, mejora

Conclusión final
Cuarto y último libro que leo de esta autora. No es mala novela, para nada. Es entretenida y la crítica social que hace es muy buena y a tener en cuenta pero a mí no me ha llegado y no me ha convencido.

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Foxinthebook
 06 junio 2019
Tengo sentimientos encontrados con esta novela. Cuando empecé a leerla me gustó, y mucho. Sobretodo porque vi reflejada en ella una situación similar que pasó en mi familia (mi madre cuidó durante 10 años a mi abuela enferma, prácticamente sola y sin ninguna ayuda), quizás por eso empaticé con Ulla, la protagonista. Sentir que la tratan como un trasto viejo después de haberse ocupado de sus hijos hasta ser adultos, y más tarde dedicar 12 años de su vida a cuidar de su marido enfermo, se me hizo muy duro. Nos hace reflexionar muchísimo sobre cómo tratamos a las personas mayores, sobretodo cuando están en nuestra propia familia, y de cómo dentro de tus propios seres queridos hay quienes solo se preocupan de las dichosas herencias y de no tener que ocuparse de sus padres cuando enfermen.
Tiene una moraleja muy importante y de la cual deberíamos aprender.
También tiene escenas de humor. Me parecía impactante leer a Ulla, de setenta y cuatro años, hablando de sexo y de hot yoga. Tenía momentos que me partía de risa. Y eso es lo que me hace disfrutar de un libro. Se lee rápido, y es bastante ligero. Hasta casi la recta final del libro mi nota hubiera sido 4/5 estrellas, pero de pronto pasaron cosas que hicieron que mi opinión cambiase radicalmente.
*A partir de aquí cuento las cosas negativas del libro, no son spoilers graves porque no afectan en nada a lo que pasa en la novela, pero léelo solo si estás segurx*
En primer lugar, quiero decir que la sinopsis nos dice que 'aparece un caballero de cierta edad...' no entiendo por qué dice lo de 'cierta edad', ni por qué vender esta novela como una historia de amor, cuando la presencia de este hombre en el libro se puede contar con los dedos de una mano.
En segundo lugar, casi en las últimas páginas del libro hay dos sucesos que me dejaron literalmente con la boca abierta. Quiero explicarlo sin hacer spoiler pero realmente no es nada relevante para la trama. A mí personalmente no me gusta leer libros donde salen animales, y me refiero a esos libros donde sabes que jugarán con la muerte de dicho animal para llegarte hondo... y no puedo, porque sufro con estas situaciones. Por eso, cuando me dicen que un libro es de humor, y de repente, sin venir a cuento, me hacen comerme la eutanasia de un animal (y su respectiva recreación de los hechos durante más de dos páginas para hacerte sufrir y que digas 'wow, esta novela me ha hecho llorar') me choca y me provoca rechazo, más que nada porque no era necesario, estuvo tan fuera de lugar que aún no me lo creo del todo. Pero lo peor vino después, porque esto dentro de lo que cabe puedo aceptarlo y decir que fue una necesidad de la autora por crear un poco de drama final, pero justo un par de páginas después presenciamos una conversación en la que la hija de Ulla, Susanna, le pregunta a su madre si podrán eutasianar también a su perro (al que desde el principio nos dicen que trata como un hijo), porque ha encontrado un hombre con dinero al que no le gustan los perros. Y la protagonista, después de tanta enseñanza sobre 'cómo nos hacen sentir a los mayores' le dice que 'adelante, que lo haga'. Y se me desmorona toda la historia. Se cae a pedazos todo tipo de empatía con la protagonista. Esto sumado a ciertas escenas donde nos narran como la protagonista y hasta un amigo suyo, le dan patadas al perro de su hija.
Lo siento, pero hay cosas por las que no puedo pasar y esta es una de ellas, no puedo valorar positivamente un libro que fomenta de tal manera el maltrato animal, y me impacta que la escritora haya sido capaz de escribir algo así, ya que interpreto que para ser escritor hay que tener una gran sensibilidad y definitivamente considero que Minna Lindgren no la tiene. No planeo volver a leer ningún libro de esta autora.
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inmadelcu
 15 marzo 2019
Es un libro que sorprende porque no es la novela o historia habitual. Tiene partes cómicas pero, a la vez, en el trasfondo es una historia de soledades y búsquedas; historia que, en definitiva, no querría que me ocurriera porque, en el fondo, la protagonista arrastra una historia dura y complicada. no obstante ello, no es un libro pesimista sino, al revés, cargado de optimismo y superación. Los personajes resultan un poco estrambóticos pero, a la vez, despiertan cierta ternura al no acostumbrarse a una vida que le quiere imponer su entorno; de ahí que luchan por vivir algo distinto en una etapa de su vida que otros ya dan por finalizada y que ellos, por el contrario, quieren vivir intensamente. Se refleja en el libro lo que supone el paso de la edad pero no de una manera cruda sino de una forma muy ingeniosa por parte de la autora que no angustia al lector, como puede ocurrir con otras lecturas que tratan el tema de la edad y del paso del tiempo. de ahí que, el humor y sarcasmo que desprende la lectura de este libro hacen agradable su lectura. No obstante, hay que decir que hay ciertos episodios que me han resultado un poco exagerados pero que, a la vez, entiendo también que casan con la propia narrativa y estilo en el que está escrito este libro. Resulta además un libro ameno y cómodo en su lectura y que ya nada más que su portada tan llamativa te anima a leerlo. Aunque suene un poco artificial, muchas veces nos dejamos llevar por la portada de un libro para decidir o no su lectura y este libro tiene una portada que claramente incita a llevártelo a tu casa e iniciar su lectura.
Lo califico de original porque sale de la novela convencional que, a los que nos gusta leer, estamos más acostumbrados, por lo que me resultaría difícil encuadrarla en algún género. Sí es verdad que la trama a mitad del libro baja un poco su intensidad pero la vuelve a recuperar a medida que va llegando su final. En definitiva, animo a su lectura si se quiere buscar y leer algo diferente.
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LaPetitaLlibreria
 20 marzo 2019
Hoy quiero presentaros una comedia de humor negro con una crítica profunda a una sociedad donde las personas de cierta edad empiezan a ser aparcadas, apartadas y menospreciadas por su edad, una molestia en general que en esta novela demuestra que hay una segunda, tercera, cuarta y porque no una quinta juventud mientras el alma y el cuerpo aguante.
En una portada muy ilustrativa nos encontramos con una mujer mayor, llena de arrugas, tumbada al sol y con una copa en la mano y a su vez ella está en una copa, una metáfora de cómo nos bebemos la vida a grandes sorbos hasta que solo queda el final de la copa y queremos alargarlo lo máximo posible.
Minna Lindgren autora de la Trilogía Helsinki nos presenta Viuda, al fin, un título que recoge el pensamiento de Ullis en el entierro de su marido, no os penséis que es una mala persona sino que ha sufrido de lo lindo.
Ullis ha tenido un matrimonio poco feliz, un marido alcohólico, una suegra de armas tomar y dos hijos egoístas a más no poder, en su trabajo no la han valorado lo suficiente y en los últimos doce años se ha dedicado a cuidar a su marido que estaba en estado vegetativo. Realmente es comprensible su pensamiento aunque con este mismo aparece el de “podría ser yo y aún no he hecho nada con mi vida”.
En este momento Ullis se reencuentra con sus amigos de toda la vida, Pike, Vatonen, Hellu, Kari… un grupo de abueletes decididos a exprimir todo el jugo de la vida, no se les resiste nada, sexo, alcohol, fiestas…por lo que les queda en este mundo han de vivir su vida y no ser solo la canguro de los nietos o la que le pasea los perros a una hija que la trata como a una niña, Ullis quiere vivir.
Esta novela esconde una gran verdad y es que a ciertas edades los mayores acaban molestando, son un jarrillo de mano para los apuros y si no están muy bien hay guarderías para ellos, residencias donde los que están un poco bien se mustian y los que ya están mal no van mucho a mejor.
En este caso no digo que siempre sea así, la autora hace una crítica generalizada y contundente sobre la vejez, una reflexión que en parte asusta pero que queda suavizada con su ironía, con su prosa ágil, su humor negro y unos diálogos alocados.
No todos los mayores son iguales, pero estos están a punto de vivir la gran aventura de su vida y lo mejor de todo es que nos invitan a vivirlo con ellos, unos estrambóticos personajes que se hacen querer y a quienes poco a poco descubriremos en profundidad.
Suma de letras nos presenta una novela que trata un tema espinoso como la vejez desde una perspectiva única y con unos espíritus jóvenes que pasan de los setenta.
Seguro que acabaréis extrayendo más de una lección de vida con una sonrisa.

Enlace: http://lapetitallibreria.blo..
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Citas y frases (4) Añadir cita
naitoranaitora27 mayo 2019
La edad no era solo un número, ni mucho menos; era todo esto que veía en el espejo. Para otros, ese mismo número significaba pérdida de memoria, diagnósticos de cáncer y enfermedades incurables, para muchos, también gota, desgaste y operaciones de cataratas. Cuanto más me observaba a mi misma, más segura estaba, sin embargo, de que yo era ese tipo de personas que solo mejoran con la edad. Estaba sana y salva, sobre mis propios pies, y recordaba de quién era el baño en cuyo espejo me miraba.
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LaPetitaLlibreriaLaPetitaLlibreria19 marzo 2019
Para ella era fantástico ser irresponsable y libre. Esas eran sus palabras: irresponsable y libre. Ambos conceptos eran completamente nuevos para mí. Me llevaría un tiempo adaptarme a aquello.
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PatriziaReadsPatriziaReads28 marzo 2019
Entonces escupí en la cara de mis pobres hijos su indiferencia y su pasividad, que, unidas a su admirable egoísmo, me habían sumido en una situación en la que sentía que seguía en una jaula, aunque lo razonable habría sido, por fin, ser libre para pensar en mí misma, en lo que me apetecía hacer y en todas las cosas divertidas y disfrutables que nunca habían tenido cabida en mi vida.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino07 marzo 2019
Allí sentada, en la turbulencia de mis alarmados pensamientos, comprendí por qué tanta gente ocultaba sus enfermedades graves a sus personas queridas. No tenían fuerzas para consolarnos a los que estábamos sanos y nos entristecíamos de una forma tan confusa.
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