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José Manuel Álvarez Flórez (Traductor)José Manuel Álvarez Flórez (Traductor)Ángela Pérez Gómez (Traductor)Ángela Pérez Gómez (Traductor)
ISBN : 8433930141
Editorial: Editorial Anagrama (30/12/1982)

Calificación promedio : 4.09/5 (sobre 45 calificaciones)
Resumen:
La Conjura De Los Necios es una disparatada, ácida e inteligentísima novela. Pero no sólo eso, también es tremendamente divertida y amarga a la vez. La carcajada escapa por sí sola ante las situaciones desproporcionadas de esta gran tragicomedia. Ignatius J. Really es, probablemente, uno de los mejores personajes jamás creados y al que muchos no dudan en comparar con el Quijote. Más aún, es el antiprotagonista perfecto para una novela repleta de excelentes personaje... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (15) Ver más Añadir una crítica
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 26 septiembre 2019

La conjura de los necios es considerada por la crítica una novela brillante. Y con justa razón: es una historia hilarante, por lo ridícula (la historia y los personajes), que nos obliga a reír a carcajadas, planteada con inteligencia y mordacidad, y con la suficiente ternura como para que podamos entender a sus disparatados actores.

Sin embargo, no es una novela para todos los estómagos. Para leerla, hay que estar dispuesto a aceptar el humor absurdo, y no enojarse por los personajes desagradables. Hay que ir al libro con la mente abierta: si esperamos que la novela nos permita identificarnos con el protagonista y desear que al final conquiste a la chica, estamos perdidos. O si deseamos que se ajuste a nuestros ideales, a nuestro concepto de justicia y a lo que creemos que está bien y mal en el mundo. A Kennedy Toole le importa un pepino tu opinión, de todos modos.

La conjura de los necios es la historia de Ignatius Reilly, uno de los personajes más estrambóticos de la literatura: un tipo alto y gordísimo, que siempre viste con tela gruesa y gorra de cazador por motivos geométricos y teológicos, que en sus alrededor de 30 años nunca ha trabajado y considera una ofensa que se le ofrezca ganarse la vida, que vive con su madre, a la que plantea todo tipo de exigencias absurdas, porque él está escribiendo en cuadernos su ideario político, que consiste en volver a los ideales y prácticas de la Edad Media, ideas que él considera geniales.

Este personaje, atrabiliario, altanero -Ignatius está convencido de su superioridad sobre el resto de la humanidad, y trata a todos con el desprecio que siente le corresponde- y completamente inútil se verá obligado a trabajar. Y aquí sus desventuras se vuelven aún peores, al llegar a una empresa en la que los empleados son tan extraños como él mismo, incluída una secretaria que debió jubilar hace veinte años, pero no la dejan porque la esposa del dueño cree que eso lo disfruta (la pobre anciana solo quiere descansar).

Ignatius aquí se meterá en un montón de problemas, pero muchas veces ni siquiera les capaz de verlos, perdido como está en su nube de ensueños intelectualoides: escribe sus andanzas como trabajador, y recibe correspondencia de una especie de novia que tuvo en la universidad, una chica progresista y con activismo político, que lo llevaba a charlas y mitines en los que Ignatius solo podía despreciar a las personas que estaban allí...

Ignatius vivirá una serie de desventuras, mientras iremos conociendo una galería de personajes secundarios sorprendentes, imposibles y descacharrantes, con los que el autor nos hablará de una ciudad enloquecida, pasando por un espejo torcido las miserias de su época. Los conflictos raciales, la persecución a los homosexuales o las relaciones entre las personas de mediana edad aparecerán aquí, tergiversadas y ridiculizadas. Ya les digo, a Kennedy Toole no le importa nuestra opinión.

Y, cuando ya Ignatius se ve acorralado, entre una madre que no sabe qué hacer con él, empleadores que lo detestan y una sociedad que lo desprecia, no podemos evitar sentir pena por él: Ignatius es desagradable, inútil y sus opiniones son políticamente inadecuadas, pero en realidad no es más que un bicho raro, que no encaja entre nosotros y nos provoca rechazo, ganas de sacarlo de nuestra vista, aunque en realidad no nos haya hecho nada excepto exasperarnos con su presencia
.

Una novela de disparates, absurda y ridícula, donde todo es juego, como en Rabelais o incluso en Cervantes, que también se divierte subvirtiendo la realidad para burlarse de ella. Un festival de idioteces, ensambladas con verdadero arte, con momentos hilarantes y momentos conmovedores. Y con una coherencia interna totalmente admirable.

Una obra para atesorarla como oro en polvo.
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lectoraaburrida
 27 octubre 2018
Pues no sé cómo calificar este libro, la verdad. Desde luego entiendo que en su época fuera rompedor, ya os digo que tiene partes que son... ¿Asombrosas?
Es ácido, crítico, irreverente y trepidante.
Los personajes son tremendamente fuertes, todos son altamente destacables pero ninguno agrada, el autor consigue que resulten desagradables al lector.
¿Y que decir de Ignatius? ¡Jaja! En mi vida he conocido un personaje así, pero no se si me vais a creer, sí he visto retratadas a algunas personas que conozco en él (salvando las distancias). Esa manera de creerse el ombligo del mundo, la forma de no dar un palo al agua, armar un lío tras otro y a la vez sobrevivir a todo, cayendo como los gatos siempre de pie. Pero ¿se le acabará a Ignatius algún día esa suerte? Tendréis que leerlo para saberlo.
En la sinopsis comparan al protagonista con un Quijote moderno, y me ha dado la risa al leerlo... ¡Quijote! ¡Y unas narices! de acuerdo en que los dos intentaban hacer un mundo mejor a medida de lo que ellos creían era lo correcto, pero Alonso Quijano era íntegro, Ignatius Riley es... Eso.
Por otra parte, no he dejado de pensar mientras leía en Santiago Segura y su Torrente. Estoy segura que ese personaje está claramente inspirado en Ignatius Riley, cuanto más leía más iguales los veía.
Lo mejor del libro es el prólogo del editor donde nos da una explicación de la publicación del libro (no dejo de pensar que este libro es famoso por el morbo del suicidio de su autor). Leyendo ese prólogo me pregunto cuanto había del autor y su madre en Ignatius y la suya. Os pongo un fragmento, que la verdad, es muy emotivo:
"Quizás el mejor modo de presentar esta novela (que en una tercera lectura me asombra aún más que en la primera) sea explicar mi primer contacto con ella. En 1976, yo daba clases en Loyola y, un buen día, empecé a recibir llamadas telefónicas de una señora desconocida. Lo que me proponía esta señora era absurdo. No se trataba de que ella hubiera escrito un par de capítulos de una novela y quisiera asistir a mis clases. Quería que yo leyera una novela que había escrito su hijo (ya muerto) a principios de la década de 1960. ¿Y por qué iba a querer yo hacer tal cosa?, le pregunté. Porque es una gran novela, me contestó ella."
¿Recomendaría este libro? Pues no es un libro que se pueda recomendar, si os soy sincera. Creo que es de los que se odian mucho o se ponen en un altar. Yo me he reído con algunas escenas, me ha tenido enganchada hasta el final, entiendo su gran inteligencia al crear esa crítica tan ácida, pero al final el recuerdo que prevalecerá sobre todo esto es el repugnante Ignatius y su válvula... Ah, y ya no volveré a escuchar de la misma manera "En la gruta del rey de la montaña" de Grieg 🤢🤢.
Al final me ha quedado una reseña kilométrica 😁😁
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RepellentBoy
 30 junio 2020
Una de las cosas que más curiosidad me daba de este libro, eran las pasiones que siempre ha levantado, tanto para bien como para mal. No estoy acostumbrado a ver críticas tibias de esta novela, o siempre se pone un altar o en la categoría de lo peor. Y a mí estos libros que aman o detestan, siempre me llaman mucho la atención. Cosas de la vida, al final va a ser mi opinión la primera que vea neutra y tibia jajaja. El caso es que entiendo tanto a adoradores como detractores, ya que comparto con ellos sus motivos.
Vamos por partes, y primero voy a hablar de los puntos positivos de la novela, que son muchos. Me gustó esa crítica tan obvia a muchas cosas, pero sobre todo al conjuto de la sociedad. Como lo diferente suele ser motivo de burla, vamos a ir viendo está crítica a través del trato que reciben mujeres, negros, homosexuales o pobres. Prácticamente todos los personajes entran en estre trato injusto a otros, salvo alguno suelto que se salva. Esa ironía todo el tiempo latente en la mayoría de los comentarios me encantó.
También he valorado mucho que, aun siendo yo un lector complicado para la risa, me haya provocado bastantes. Era imposible no reírse a carcajadas con algunas de las situaciones tan disparatadas que provocaba Ignatius. Sobre todo alucinaba con la cara que tenía al inventar la realidad sobre la marcha, siempre a su favor. Cara y habilidad. Los personajes creo ques están bien dibujados y me ha gustado en especial la creación de Ignatius, Irene, la señora Levy y Trixie. Tampoco es complejo de leer, lo cual no dificulta su lectura en ese sentido, aunque si hay otras cosas que la dificultan. Y es ahí donde empieza lo malo.
Algunas partes se me han hecho algo tediosas de leer, sobre todo esas en las que Ignatius escribía en su diario durante 20 páginas explicando diferentes cosas. A veces eran interesantes, otras no. También se me complicaba la lectura cuando Ignatius soltaba algún comentario fuera de lugar y ni siquiera salvable por considerarlo crítica. Cuando expresa el deseo de que una mujer sea violada en varias ocasiones, por mucha crítica o parodia que haga el personaje, me es imposible disfrutar de él en positivo. Y digo esto de en positivo, porque que Ignatius es horrible lo aceptamos todos, pero he leído muchas veces que llega un punto en la novela que te encariñas de él e incluso lo compadeces. Con esos comentarios jamás podría compadecerlo. Puede gustarme como personaje, que me gusta de hecho, pero como el personaje negativo que es. Aunque no sea el único villano de la historia, y de alguna manera, pueda pasar a víctima en algunos casos, sigue teniendo el porte de villano para mí. Nada le sucede porque sí, todo lo provoca él con su egoísmo.
El caso es que me he quedado en ese punto medio que os decía al principio. En ningún caso he conseguido sentir pena o campasión por Ignatius hasta el punto de cogerle cariño, porque es un horror de persona, pero he entendido todo el tiempo esa parodia crítica y por eso no me ha impedido leer la historia y disfrutarla bastante a ratos. El resumen final sería: ni mucho, ni tan poco.
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Samarkanda
 21 septiembre 2020
La conjura de los necios es uno de esos libros de los que has oído hablar, aunque no lo hayas leído o sepas de qué trata, y también de los que o gusta mucho o no gusta nada: quizá porque es una lectura con doble fondo que hay que desgranar línea a línea y donde el autor no deja títere con cabeza.
Nos trasladamos al barrio francés de Nueva Orleans de los años sesenta para conocer a Ignatius J. Reilly, un personaje de lo más variopinto e inadaptado social que sueña con instaurar el modo de vida medieval, que a sus treinta años vive con y a costa de su madre porque eso de trabajar no va mucho con él pero sí perder todo su tiempo en escribir su particular visión del mundo. Sin embargo, cuando la Sra. Reilly –una mujer de avanzada edad- tiene un accidente con el coche y destroza parte de una casa, obligará a Ignatius a encontrar un trabajo para ayudarla a pagar los desperfectos.
A partir de aquí empieza una descabellada historia en la que vemos a Ignatius peregrinar por varios trabajos en los que deja su seña de identidad y, como si de una apisonadora se tratara, arrasa allí por donde pasa. Pero a Ignatius y a su madre le acompañan otros personajes, a cual más descabellado, con sus historias también rocambolescas como son, entre otras, las del patrullero Mancuso, un policía al que su superior obliga a disfrazarse con los atuendos más ridículos que se le ocurren; Jones, un negro que termina trabajando en un club de alterne como limpiador por un sueldo mísero para no terminar de nuevo detenido por vagabundear; Darlene, una chica demasiado inocente para trabajar en el Noche de Alegría que sueña con ser actriz; Lana, la dueña del Noche de Alegría, que explota a sus trabajadores; Myrna, la exnovia de Ignatius, una ideóloga revolucionaria que todo lo soluciona con la liberación sexual y, mi favorito junto a Ignatius, la Sra. Trixie, una anciana con demencia senil y síndrome de Diógenes que sigue trabajando pese a haber superado la edad de jubilación y que se queda dormida en cualquier rincón.
Como se puede apreciar es una mezcla explosiva con mucha ironía y mordacidad donde las anécdotas divertidas se suceden unas a otras pero, si leemos entre líneas, se observa un trasfondo de crítica social sobre el ser humano y sus miserias, en general, y, más en particular, una crítica a la sociedad norteamericana de la época donde el egoísmo, la crueldad, el racismo, la doble moral y la explotación estaban a la orden del día.
Aunque será un narrador omnisciente quien nos cuente los hechos hay pasajes en los que Ignatius toma la palabra para mostrarnos su particular visión del mundo así como la correspondencia que mantiene con su exnovia, Myrna, que no tienen desperdicio. La prosa de Toole es cuidada, con algún que otro artificio, pero no se hace nada pesa su lectura ya que es muy dinámica gracias a la subdivisión de los capítulos y a un estilo muy irónico que, personalmente, me ha hecho reír a carcajadas.
Dicen que La conjura de los necios refleja parte de la vida del autor y que el personaje de Ignatius es una caricatura de Toole puesto trabajó en una fábrica de ropa mientras era estudiante y también vendió comida en un puesto ambulante. al igual que su personaje vivía con su madre y escribía con la esperanza de crear una gran obra maestra que cambiase la percepción de la realidad.
Desgraciadamente, John Kennedy Toole no pudo ver su sueño hecho realidad puesto que se suicidó cuando tenía treinta y un años tras una depresión al considerarse un fracasado al recibir el rechazo de la editorial Simon & Schuster. A partir de ese momento Toole empezó una espiral autodestructiva que le llevó a su trágico final el 26 de marzo de 1969. Sin embargo, su madre no cejó en el empeño de ver la obra de su hijo publicada y por ello le insistió al profesor y novelista Walker Percy que leyera La conjura de los necios y que, finalmente, hizo que se publicara en la editorial de la Universidad de Luisiana. Un año más tarde, en 1981, recibió el premio Pulitzer.
Enlace: https://libropoli.blogspot.c..
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lauli
 27 septiembre 2020
La historia de la escritura de esta novela es en sí bastante peculiar. Kennedy Toole la escribió hacia 1962 y no logró publicarla. Se suicidó a los 31 años en 1969, y fue su madre quien insistió en enviarle el manuscrito a distintas editoriales, hasta que captó la atención de Walker Percy, y finalmente logró que se publique en 1981 con gran éxito y con un Pulitzer póstumo.
La novela es una especie de picaresca del siglo XX que sigue las peripecias de Ignatius J. Reilly, uno de los personajes más peculiares de la literatura estadounidense. Obeso, hipocondríaco, escatológico, obsesivo, paranoico, manipulador, indolente, fóbico al sexo pero adicto al onanismo, educado e inteligente, pero incapaz de ejercer la empatía o de relacionarse con otros de acuerdo al juego social, Ignatius vive con su madre (otro personaje inolvidable) y se niega a trabajar. Cuando un accidente de auto pone en jaque la posesión de la casa en la que vive con su madre, Ignatius se verá obligado a salir de su cascarón e intentar insertarse en el juego social. El resultado es una serie de aventuras hilarantes que nos dan también la posibilidad de conocer a un elenco de personajes tan especiales y ridículos como Ignatius, que sirven como radiografía satírica de la sociedad estadounidense: el dueño de la fábrica que no quiere saber nada con administrarla, el capataz que cuida más los intereses del patrón que él mismo, los policías inútiles, una empresaria que dice hacer caridad y hace algo bien distinto, y podría seguir. Uno de mis personajes favoritos es Jones, un joven negro que debe trabajar por un sueldo miserable porque si no consigue empleo lo arrestarían por vagancia. Jones escapa completamente a los estereotipos raciales de la época: es inteligente, cuestionador, irónico, y entiende perfectamente lo injusto su situación e intenta cambiarla desde la estrategia de forma brillante. La novela me gustó como un retrato divertido pero muy mordaz del sur estadounidense.
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Citas y frases (6) Ver más Añadir cita
ZeZe23 agosto 2019
¿Acaso crees que quiero vivir en una sociedad comunal como esa Battaglia amiga tuya, barriendo calles y picando piedra o lo que ande siempre haciendo la gente en esos desdichados países?
Lo que quiero es una buena monarquía, firme, con un rey decente, de buen gusto, un rey con ciertos conocimientos de teología y de geometría, y que cultive una rica vida interior.
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Edd62Edd6206 octubre 2018
Mi organismo entero está aun agitado. En consecuencia, estoy aún en el proceso de adaptarme a la tensión del mundo laboral. En cuanto mi organismo se acostumbre a la oficina, daré el paso gigantesco de visitar la fábrica...
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Daniel7Daniel708 noviembre 2019
—La comida enlatada es una perversión —dijo Ignatius—. Sospecho que en el fondo es muy dañina para el alma
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daguegardaguegar17 febrero 2019
La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona.
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RavenRaven18 abril 2018
Sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie.
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