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ISBN : 6073139632
Editorial: Editorial Debate (23/02/2016)

Calificación promedio : 4.29/5 (sobre 12 calificaciones)
Resumen:
La escritora bielorrusa da voz a aquellas personas que sobrevivieron al desastre de Chernóbil y que fueron silenciadas y olvidadas por su propio gobierno. Este libro les da la oportunidad de contar su historia.

Chernóbil, 1986. «Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.» Esto fue lo último que un joven bombero dijo a su esposa antes de acudir al lugar de la explosión. No regresó. Y en cierto modo, ya no volvió a... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (10) Ver más Añadir una crítica
Zairamec
 04 agosto 2020
¿Que se puede decir acerca de un hecho cuando las palabras sobran pues la acciones hablan por si mismas?. Chernóbil ha sido una de las "guerras" más devastadoras del siglo pasado, una "guerra" donde la naturaleza salió victoriosa y los seres humanos que la padecieron, inclusive los que solo sufrían la desdicha de habitar la zona, aún sufren y sufrirán toda su vida y sus generaciones (las que aún quedan) pues las heridas no quedaron en la piel sino en sus genes, en su corazón, en su alma. Chernóbil es el testimonio de todo lo que está mal, de todo lo que no debe hacerse y de lo importante que es la verdad por encima de todas las cosas. Chernóbil es el recordatorio de nuestra fragilidad como seres humanos y de cómo la naturaleza tiene mejor capacidad de adaptación o por lo menos, necesita menos generaciones que la "todo poderosa" raza humana.
Chernóbil es la vida misma dando lecciones, haciéndose un espacio en una sociedad para recordarnos, que los fines no justifican los medios, que la destrucción es destrucción aunque la poéticen, que todos los seres que habitan la tierra son importantes y que el dolor que no se ve, que no se exterioriza, hace más daño que el dolor físico.
Chernóbil es el recordatorio de que los "pequeños" detalles, los "pequeños" gestos, las "pequeñas" acciones, como compartir comidas, sentarse a hablar, beber un trago con amigos, leer un libro, el apretón de manos, el abrazo, el beso, las caricias, entre otras, importan y son más necesarias, a veces incluso más que el alimento, porque sembrar una huerta es posible, pero la soledad solo se vence con relaciones y las relaciones necesitan otros seres.
Chernóbil es el recordatorio que la madre naturaleza no nos necesita, pero que nosotros sin ella no somos nada. En el mundo espiritual al ser humano se le dió la tarea de gobernar la tierra y señorearla, de ser los mayordomos del mundo y de sus habitantes, pero la tarea nos ha superado y por más que esto pueda aterrarnos o desconcertarnos, que al menos es lo esperado ante tan magna responsabilidad, la verdad el escenario es otro, simplemente no nos importa, andamos por el mundo explotando, quitando, dañando y destrozando, sin devolver, sin sembrar, sin construir. Sí, eso y muchas cosas me mostró, me recordó y me enseñó las voces, los testimonios y la vida de los supervivientes de Chernóbil, tal vez al acercarte te muestre lo mismo o tal vez no, al final, lo importante es que la desolación de la que te hace participe se te meta por los huesos y "la radiación" que emanan sus palabras, su llanto y su silencio, te modifique y te reestructuren los genes, el corazón y el alma.
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Paloma
 13 junio 2018
“Cuando hablamos del pasado o del futuro introducimos en estas palabras nuestra concepción del tiempo, pero Chernóbil es ante todo una catástrofe del tiempo. Los radionúclidos diseminados por nuestra Tierra vivirán cincuenta, cien, doscientos mil años. Desde el punto de vista de la vida humana, son eternos”.
He estado dándole vueltas a cómo escribir esta reseña y no encuentro las palabras exactas. Siento que me quedaría corta para describir la conmoción que causan los testimonios de la gente que vivió la tragedia de Chernóbil. Las experiencias que recoge Svetlana Alexievich son brutales y lo dejan a uno con un infinito sentimiento de tristeza, de impotencia, de coraje y de dolor. No he conocido a ninguna de las personas cuyas voces que nutren la crónica de la autora y, sin embargo, es imposible no ser movido por su experiencia que no es más que una suma de pérdidas -de seres queridos, de sus hogares y de su tierra.
He llorado con un par de testimonios, porque el sufrimiento es indescriptible ante la pérdida del ser amado -esposos, hijos, familia. Un día los hombres salieron a trabajar y sí regresaron -para iniciar una agonía que en tres meses los borró de la tierra; o un hombre regresó de su trabajo y le regaló a su hijo pequeño su gorra y tres años después tenía un tumor en el cerebro.
He llorado también por la impotencia ante un régimen que, como muchos otros en el mundo, se considera todopoderoso, el único con acceso a la verdad. A reserva de las causas o errores humanos que hayan generado la explosión en el reactor de Chernóbil, quizá lo más grave fue la reacción de las autoridades de la ex Unión Soviética: negar todo, culpar a Occidente de un sabotaje, enviar a gente inocente cómo carne de cañón para contener la situación. Realmente no sé si se hubiera podido hacer de otro modo, pero lo frustrante fue el silencio. El no informar a la población del peligro porque esto no fue otra cosa más que negar cualquier responsabilidad.
Este libro es dolor puro y me parece que, a diferencia del otro libro de Svetlana que leí hace unos meses La Guerra no tiene rostro de mujer, ofrece muy poca esperanza. Si pensamos en el daño que causó la explosión y, retomando las palabras de la cita del inicio, pasará una eternidad antes que todos los contaminantes que se liberaron desaparezcan de la tierra. Miles de años que una vida humana no abarca. Eso hace pensar -a treinta años de la tragedia, ¿hemos visto realmente cuáles serán las consecuencias del accidente? Asimismo, a diferencia de las guerras, que no dejan de ser inhumanas y crueles, muchas veces estas sí concluyen o la gente abandona sus países. Pero ante un desastre nuclear, ¿a dónde se huye? ¿Quién garantiza que la tierra tendrá la capacidad de limpiarse cuando ha sido tan cruelmente atacada? No tenemos todo el conocimiento y quedamos ante el horror de la incertidumbre.
También me resultó impresionante el entender el amor a la tierra. Quizá uno da por sentado muchas cosas -su ciudad, su casa, el entorno, y hasta en ocasiones, puede minimizarlo, particularmente aquellos que hemos siempre crecido o vivido en ciudades. Pero aquellas comunidades que viven en localidades pequeñas, rodeados de naturaleza, tienen una relación muy distinta con la tierra; una relación de respeto y cuidado que supera nuestros conceptos nuevos de sustentabilidad. La tierra es vida, es historia, es herencia; y de pronto miles de personas se vieron arrancados de ella. Es muy fácil pensar “ante el peligro, sin duda huiría dejando todo”. Pero ¿es esto cierto? Tan solo de pensarlo, me estremezco. No se trata solo de un apego material: nuestra casa, pertenencias, por pocas que sean, es algo que hemos construido. Y en caso de comunidades rurales, es algo que son conscientes que la tierra les ha dado.
Este libro también invita a pensar profundamente nuestra relación con la naturaleza, creo que mejor que cualquier libro de marcos ambientales y buenas prácticas. Hubo un testimonio que en particular me dejó helada -un apicultor en la zona, que, a la mañana siguiente después del desastre, salió a trabajar. Todo parecía igual, el sol brillaba, era un día como cualquier otro. de pronto se dio cuenta que las abejas habían abandonado sus colmenas y el silencio lo impactó. Los animales, más sabios por su instinto de supervivencia, habían huido. Damos tanto por sentado que pocas veces quizá reflexionamos sobre la importancia que cada hormiga, cada hierba, cada ave tiene en el ecosistema que nos permite estar donde estamos.
Con todo y la desesperanza, creo que este libro debería estar al alcance de todos, para que no olvidemos la fragilidad de nuestra condición humana y sobre todo, la importancia de la empatía hacia los demás, pues la humanidad no es inmune ante desastres cómo éste y más considerando que fueron resultado de las acciones que tomamos sobre nuestro entorno y la naturaleza.
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Homolectus
 28 febrero 2020
El 26 de abril de 1986 la vida de muchas personas —el número total si fue calculado fue un completo secreto— cambió por completo, la historia recordará por siempre a Bielorrusia como el lugar donde nacen mutantes y los niños mueren antes que los adultos.
Si alguien quiere saber qué paso, cómo, quién y por qué; este no es el libro que debe leer. En este libro Svetlana Alexievich ha compilado las historias de las personas del común que han vivido esta tragedia de primera mano, como sus esposos fueron a "apagar el incendio", ellos mismos hicieron parte de los equipos de liquidadores o como fueron obligados a abandonar sus casas con la promesa de volver. Este es sobretodo, un libro de gente real.
Cada monólogo cuenta la historia de una persona, de lo que pasó y como vivió todo este proceso. Hay monólogos de profesores, niños, padres, abuelos, físicos, soldados; todos ellos han vivido desde todos los puntos de vista imaginables este suceso que cambió sus vidas, que ayudó también en la disolución de la URSS y que sembró un pánico colectivo, que todavía se conserva; sobre la energía nuclear como una fuente de energía eléctrica.
Si bien todos los monólogos son de personas diferentes, todos comparten una cosa en común: todas fueron engañadas por su gobierno sobre el verdadero alcance del accidente en la central nuclear a costa de mantener la imagen de la Unión Soviética intacta, una barbaridad por completo y que hoy todavía no se logra evidenciar de forma completa los alcances del suceso.
Un libro que en todas sus páginas destila una resiliencia enorme de parte de todos los que fueron entrevistados para completar este trabajo, que intenta poner en el mapa el lugar real de los sucesos y que señala a los verdaderos culpables del asunto: un gobierno incompetente que estaba más pendiente de su imagen cada vez menos creíble y lleno de gente incompetente en cargos para los cuales se necesitaba una preparación determinada; algo que hoy día sigue vigente en nuestros países y que al parecer, no desaparecerá pronto.
Mientra lo leía fue inevitable pensar en si la Ciencia tenía en parte la culpa de lo pasado con toda esta gente; pero de forma tajante debo decir que rotundamente NO, que toda la culpa de lo pasado allí responde a decisiones tomadas por humanos que no entendían la responsabilidad que tenían entre sus manos ni estaban preparados para tomar dichas decisiones. de lo que sí estoy completamente seguro es que la historia hubiera sido muy diferente si justamente estas personas hubieras escuchado a tantos científicos que advertían de los peligros y cuidados que se debían de tener en la zona afectada por el accidente; una lección enorme sobre la Ciencia y su imposibilidad —menos mal— de servir a otras construcciones de la humanidad como la política.
Un libro lleno de humanidad, de pasajes memorables que relatan de primera mano lo que es sentir como la vida te cambia en un abrir y cerrar de ojos. Un libro que es también catarsis para los que jamás pudieron volver a casa, que se han sentido extraños andando una tierra que no es suya mientras cargan en la espalda la etiqueta de Chernóbil. Un libro que es memoria de los hombres, mujeres y niños que dieron su vida, mientras su gobierno en la comodidad de la oficina tomando vodka decía: "No pasa nada".
El tema de Chernóbil ha cobrado un nuevo interés por la serie que sacó HBO este año, y fue justo por esa serie que llegué al libro; ojalá este interés por el tema no solo sea de manera morbosa por parte de la gente que paga recorridos por la zona de radiación para tomarse fotos y ver una ciudad que solo es habitada por átomos radiactivos y por los animales salvajes que poco a poco van tomando como propio el territorio abandonado por el hombre; ojalá este interés despierte también una sed en la gente por saber qué pasó en verdad, en cómo se pudo prevenir un daño mayor y sobretodo; que la gente entienda la importancia de no confiar ciegamente en los que dicen saber dirigir un país.
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laurapriscilla1
 07 junio 2019
🎡VOCES DE CHERNÓBIL .( Crónicas del futuro) 🎠Autor: Svetlana Alexiévich.
🎢Editorial:DEBOLS!LLO 🌸Venta online calificada: @amazon
Costo: pasta blanda US$9.17. 🥀reseña de mi lectura: Este libro rompió mi corazón en mil pedazos , no puedo creer cuánto sufrimiento , dolor y pérdida causó la explosión del reactor 4 , la escritora te hace sentir el dolor en cada línea el texto , es difícil estar en el lugar que por obligación les tocó estar a miles de personas , pero es inevitable no sentir el dolor ajeno de cada una de ellas ,este libro está enfocado en historias desgarradoras de muchas de las personas que sobrevivieron a Prípiat ,a esta catástrofe , pero no a la perdida de sus seres más amados, nadie logra descifrar si se habla de amor o de la muerte , nadie comprendía que estaba sucediendo realmente ese día, nadie sabía que aquel fuego ,provenía del reactor 4 de chernóbil, mucho menos se imaginaban cuál sería su futuro después de aquella catástrofe , sin explicación alguna ,los habitantes comenzaron a morir , en días ,en meses , en años de enfermedades totalmente distintas , toda esta catástrofe nos produce dolor, pena, lastima por las personas , pero más dolor y pena es aquellos animalitos , quienes eran los que se quedaban en aquellas aldeas cuando todos los hombres fueron desalojados? El hombre solo se salvaba así mismo, traicionado al resto de los seres vivos , las historias en este libro cuentan cómo fueron los últimos días de sus seres queridos y sobre lo desgarrador que fue abandonar por completo sus vidas en Prípiat , sus casas, sus muebles ,su ropa , sus recuerdos ... 🎡Diversas observaciones , el 26 de abril 1986 se registraron Niveles elevados de radiación en Polonia, Alemania , Austria y Rumania ; el 30 de abril , en Suiza y el norte de Italia; el 1 y 2 de mayo , en Francia , Bélgica ,países bajos , gran bretaña y el norte de Grecia , Japón , el 3 de mayo, en Israel ,Kuwait, Turquía; el 4 de mayo en china ; el día 5 y 6 de mayo en Estados Unidos y Canadá.
Bastó menos de una semana para que chernóbil , se convirtiera en un problema para todo el mundo ... 🥀¿Cómo crees que afectó a los habitantes de Prípiat en unas horas? @megustaleer
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pasiondelalectura
 20 septiembre 2019
La periodista bielorusa S. Alexeivitch ha escrito este testimonio de lo que ha sido, por el momento, la peor falla tecnológica de la Humanidad. Es un documental sin concesión, narrado por sobrevivientes. El libro está prohibido en Bielorusia.
El accidente acaecido en la madrugada del 26 de abril de 1986 cerca de la 1 y media de la mañana en la Central nuclear "Lenine" en Bielorusia, nos marca un antes y un después.
Bielorusia con 10 millones de habitantes, perdió 485 pueblos después de la explosión, de los cuales 70 fueron sepultados bajo toneladas de arena, plomo y cemento. Hoy en día 2,1 millones de personas viven en regiones contaminadas con una mortalidad de 20% más importante que la natalidad.
Se debe saber que el cuarto reactor aún conserva, bajo una gruesa capa de plomo y cemento armado, cerca de 20 toneladas de combustible nuclear. Esta capa fue proyectada por robots (que duraron solo horas, neutralizados por las radiaciones) y helicópteros. La capa tiene hoy fisuras y se calcula que la superficie de las fisuras abarca unos 200 metros cuadrados que dejan escapar en continuo aerosoles radioactivos.
La periodista quiso reunir, 10 años después, los testimonios de los sobrevivientes.
¿La causa? Se dice que un reactor sobre calentó y explotó. El accidente vendría de que los rusos de Moscú querían saber en cuánto tiempo la Central partiría en "modo rápido" y para ello suprimieron controles y sistemas de seguridad.
Lo que la gente vio aquella noche en el cielo y en el suelo, es indescriptible porque vieron lo intangible, lo que no se debe ver por ningún motivo: unas placas color de tinta sobre el suelo, brillantes, algunas azules, alguna roja. Y todo había desaparecido a la mañana siguiente con la lluvia.
Toneladas de cesio, iodo, plomo, zirconio, cadmio, berilio, boro y una cantidad desconocida de plutonio cayeron esa noche sobre Bielorusia. En total, unos 450 tipos de radionucleidos diferentes, el equivalente (lo leí) de 350 bombas de Hiroshima, 3000 microröntgens por hora cuando lo máximo soportable son 25.
La población no fue bien informada ni protegida con el iodo necesario; fue evacuada a la rápida y el peligro minorado para no "crear pánico". No se hizo nada frente a la incompetencia y al desorden rusos, a la mala información. Las órdenes llegaban con parsimonia desde Moscú y la gente temía mucho más perder la carta del partido comunista que decir la verdad sobre el desastre. El Estado mintió deliberadamente a su gente y guardó el secreto absoluto sobre lo que estaba sucediendo.
Svetlana Alexeivitch dice que el carácter ruso es fatalista y se conforma con lo que venga, no hay racionalismo, es la mentalidad eslava.

Enlace: https://pasiondelalectura.wo..
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Las críticas de la prensa (1)
revistan06 junio 2019
Voces de Chernobyl, un libro de Svetlana Alexievich, la periodista bielorrusa que en 2015 empujó los límites de la palabra "literatura" y ganó el Premio Nobel con sus crónicas.
Leer la crítica en el sitio web: revistan
Videos de Svetlana Aleksiévich (2) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Svetlana Aleksiévich
Compartimos "La guerra no tiene rostro de mujer" de Svetlana Alexiévich Conseguilo acá ? https://escuchar.com.ar/2WoGNuE
Conocé más: Premio Nobel de Literatura 2015. Créditos: Locución: Álvaro Rojo Actuación: Josefina Avale, Miranda Carrete y Laura Mangialavori Narradora: Florencia Flores Iborra
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