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ISBN : 8490624402
408 páginas
Editorial: Debolsillo (08/01/2015)

Calificación promedio : 4.4/5 (sobre 105 calificaciones)
Resumen:
La escritora bielorrusa Premio Nobel de Literatura 2015 da voz a aquellas personas que sobrevivieron al desastre de Chernóbil y que fueron silenciadas y olvidadas por su propio gobierno. Este libro les da la oportunidad de contar su historia. Chernóbil, 1986. «Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto.» Esto fue lo último que un joven bombero dijo a su esposa antes de acudir al lugar de la explosión. No regresó. Y en cierto... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (49) Ver más Añadir una crítica
rafaperez
 09 February 2023
A Svetlana Alesksiévich podríamos premiarla por muchas cosas:

Por su valentía, al ofrecernos textos sin cortapisas siendo una autora limítrofe a la madre Rusia.

Por mantenerse viva, dado el alto número de infartos que padecen aquellos que molestan a gobiernos tan democráticos.

Incluso por el gran valor periodístico y humano que poseen sus libros.

Pero un Nobel de Literatura, yo no lo veo.

Voces de Chernóbil es una recopilación de testimonios de aquellos que vivieron el accidente de la central nuclear en primera persona.

La gran mayoría, pertenece a hombres y mujeres que no quisieron abandonar sus hogares o que volvieron a ellos saltándose los controles militares una vez evacuados.

Más allá de la explosión y su dantesco escenario, la autora plasma, mediante voces, como fue su vida a partir de entonces.
Y esta nueva cotidianidad da escalofrío.

Hombres que fueron enviados a una muerte segura, sin protección y completamente desinformados, para tratar de eliminar una fuga radioactiva que se llevará sus vidas, en una lenta y atroz muerte progresiva.

Bosques y huertos que, curiosamente, florecen frondosos al alejarse de ellos el ser humano, pero que lo hacen contaminados.

Esposas que desoyen prohibiciones, exponiendo su propia vida con tal de acompañar en sus últimos días a la persona amada.

Evacuados que sufren un rechazo social allá donde vayan al estar señalados como seres tóxicos altamente contaminantes.

Una de las cosas que más me ha impactado es como todos pueden asimilar la devastación de una guerra y sin embargo son incapaces de hacerlo con algo que no se ve, no huele ni se toca, pero que modifica completamente su pequeño universo conocido.

Una tragedia vista de forma distinta y narrada por voces cansadas, desgarradas y con una profunda herida que nuca dejará de supurar.

Obra donde la autora solo interviene para ordenar y limar los relatos, pero sin añadir opinión o comentario alguno.

Los protagonistas son ellos y sus voces las que hablan.

Un ensayo doloroso sobre unas vidas que se quebraron independientemente de que algunas aún hoy respiren.



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cronicadelibros
 13 February 2024
Excepcional retrato sobre las voces silenciadas del accidente nuclear de Chernóbil. Desde su estilo particular y casi único que le valió el Nobel de Literatura a la autora, recorreremos en tres partes diferentes el pasado, el presente (1997) y el futuro de aquellos que se vieron atrapados por el accidente nuclear de una forma u otra, pero con temas que se van entrelazando.

Por las páginas pasan todo tipo de gente que se vio relacionada, limpiadores, las mujeres de estos, médicos, enfermeras, científicos, políticos, militares, fotógrafos, periodistas y un largo etcétera.

Del libro podemos extraer diferentes puntos en común, hilos que unen las historias que cuenta la gente, empezando por el sentimiento soviético que les hace pensar en la comunidad y no en el individuo, el fatalismo oriental de los rusos o la necesidad de ser el héroe de la comunidad por una necesidad creada desde una educación que les hace pensar así.

No obstante la autora en ningún momento el árbol le tapa el bosque,y vemos en diferentes testimonios como no se estaba preparado para una situación así, se estaba preparado para un ataque nuclear por parte de los enemigos, lo que provocó que cuando sucedió el accidente muy pocos sabían que hacer y los que lo sabían no se les escuchó para no levantar el pánico delante de la población y mantener el prestigio de la Unión Soviética puertas hacia fuera. Pero no solo nos habla de actos imprudentes, se nos presenta unos continuos testimonios de como se aceptaban sobornos de una simple botella de vodka para poder entrar en la zona, unos para volver a vivir allí ilegalmente, otros para vaciar las casas, otros para hacer la cosecha y vender los productos al exterior, como aquellos que entraban para vaciar las fosas donde se enterraba todo tipo de objetos, desde el de las viviendas a material utilizado para hacer la limpieza.

Tras leer todo el libro te haces a la idea de la mentalidad “soviética”, del punto de fatalidad de sus habitantes, así como el descontrol posterior y el nulo cuidado en la salud de la población, solo importaba guardar las apariencias y esperar que Moscú diera las órdenes oportunas. Y una de los aspectos que sobrecoge, contando que sólo hacía 5 años que había desaparecido la URSS, muchos de los testimonios estaban totalmente desorientados en cuanto a su nacionalidad, primero de todo se sentían soviéticos y les costaba adaptarse a la nueva situación.

El otro punto fuerte, que es la voluntad principal de la autora, es demostrar como una parte de su país, Bielorusia ha quedado afectada por la radiación, donde la gente sigue viviendo, sigue cosechando y sigue comiendo lo que da la tierra con una elevada radiación, lo que hacía sino aumentar el número de enfermedades relacionadas con la radiación, nacimientos con malformaciones, canceres de tiroides, sangre, etc …. con la negación (en el año 1997) por parte de las autoridades bielorrusas que todo esto tuviera relación con el accidente.

Escrito de manera que aunque son entrevistas los lees como monólogos, sin las preguntas de la autora e incluso si hay varios protagonistas, solo sabes de ellos por que al principio del capítulo son nombrados, pero sus diálogos no están diferenciados, como lo serían en una entrevista, los vas conociendo con la conversación y otros planteado como un coro de muchas voces que con escuetas explicaciones nos cuentan su experiencia. Y aunque parezcan monólogos, cada protagonista tiene su voz propia, diferenciada, convirtiéndolo en un relato lleno de matices diferentes, todo y que algunos de ellos expliquen más o menos lo mismo, se acaba viendo desde diferente prisma y creando una idea mucho más global.

Un libro que sobrecoge, por muchos de los testimonios, alguno de ellos de una gran dureza, pero que nos transporta a unos sucesos, a como se desarrollo la vida posteriormente y sobre todo a como muchas personas dieron su vida en el momento o posteriormente sin hacer preguntas y que sus actos no solo salvaron a las zonas más próximas si no de la posibilidad de un accidente mucho mayor que afectara a toda Europa e incluso el mundo entero.

Una lectura para conocer muchas cosas que se ocultaron (algunas posteriormente se han visto con la serie de TV, Chernóbil) , escrita con valentía solo 10 años después de los sucesos y a escasos 5 de la desaparición de la Unión Soviética.


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Paloma
 13 June 2018
“Cuando hablamos del pasado o del futuro introducimos en estas palabras nuestra concepción del tiempo, pero Chernóbil es ante todo una catástrofe del tiempo. Los radionúclidos diseminados por nuestra Tierra vivirán cincuenta, cien, doscientos mil años. Desde el punto de vista de la vida humana, son eternos”.

He estado dándole vueltas a cómo escribir esta reseña y no encuentro las palabras exactas. Siento que me quedaría corta para describir la conmoción que causan los testimonios de la gente que vivió la tragedia de Chernóbil. Las experiencias que recoge Svetlana Alexievich son brutales y lo dejan a uno con un infinito sentimiento de tristeza, de impotencia, de coraje y de dolor. No he conocido a ninguna de las personas cuyas voces que nutren la crónica de la autora y, sin embargo, es imposible no ser movido por su experiencia que no es más que una suma de pérdidas -de seres queridos, de sus hogares y de su tierra.

He llorado con un par de testimonios, porque el sufrimiento es indescriptible ante la pérdida del ser amado -esposos, hijos, familia. Un día los hombres salieron a trabajar y sí regresaron -para iniciar una agonía que en tres meses los borró de la tierra; o un hombre regresó de su trabajo y le regaló a su hijo pequeño su gorra y tres años después tenía un tumor en el cerebro.

He llorado también por la impotencia ante un régimen que, como muchos otros en el mundo, se considera todopoderoso, el único con acceso a la verdad. A reserva de las causas o errores humanos que hayan generado la explosión en el reactor de Chernóbil, quizá lo más grave fue la reacción de las autoridades de la ex Unión Soviética: negar todo, culpar a Occidente de un sabotaje, enviar a gente inocente cómo carne de cañón para contener la situación. Realmente no sé si se hubiera podido hacer de otro modo, pero lo frustrante fue el silencio. El no informar a la población del peligro porque esto no fue otra cosa más que negar cualquier responsabilidad.

Este libro es dolor puro y me parece que, a diferencia del otro libro de Svetlana que leí hace unos meses La Guerra no tiene rostro de mujer, ofrece muy poca esperanza. Si pensamos en el daño que causó la explosión y, retomando las palabras de la cita del inicio, pasará una eternidad antes que todos los contaminantes que se liberaron desaparezcan de la tierra. Miles de años que una vida humana no abarca. Eso hace pensar -a treinta años de la tragedia, ¿hemos visto realmente cuáles serán las consecuencias del accidente? Asimismo, a diferencia de las guerras, que no dejan de ser inhumanas y crueles, muchas veces estas sí concluyen o la gente abandona sus países. Pero ante un desastre nuclear, ¿a dónde se huye? ¿Quién garantiza que la tierra tendrá la capacidad de limpiarse cuando ha sido tan cruelmente atacada? No tenemos todo el conocimiento y quedamos ante el horror de la incertidumbre.

También me resultó impresionante el entender el amor a la tierra. Quizá uno da por sentado muchas cosas -su ciudad, su casa, el entorno, y hasta en ocasiones, puede minimizarlo, particularmente aquellos que hemos siempre crecido o vivido en ciudades. Pero aquellas comunidades que viven en localidades pequeñas, rodeados de naturaleza, tienen una relación muy distinta con la tierra; una relación de respeto y cuidado que supera nuestros conceptos nuevos de sustentabilidad. La tierra es vida, es historia, es herencia; y de pronto miles de personas se vieron arrancados de ella. Es muy fácil pensar “ante el peligro, sin duda huiría dejando todo”. Pero ¿es esto cierto? Tan solo de pensarlo, me estremezco. No se trata solo de un apego material: nuestra casa, pertenencias, por pocas que sean, es algo que hemos construido. Y en caso de comunidades rurales, es algo que son conscientes que la tierra les ha dado.

Este libro también invita a pensar profundamente nuestra relación con la naturaleza, creo que mejor que cualquier libro de marcos ambientales y buenas prácticas. Hubo un testimonio que en particular me dejó helada -un apicultor en la zona, que, a la mañana siguiente después del desastre, salió a trabajar. Todo parecía igual, el sol brillaba, era un día como cualquier otro. de pronto se dio cuenta que las abejas habían abandonado sus colmenas y el silencio lo impactó. Los animales, más sabios por su instinto de supervivencia, habían huido. Damos tanto por sentado que pocas veces quizá reflexionamos sobre la importancia que cada hormiga, cada hierba, cada ave tiene en el ecosistema que nos permite estar donde estamos.

Con todo y la desesperanza, creo que este libro debería estar al alcance de todos, para que no olvidemos la fragilidad de nuestra condición humana y sobre todo, la importancia de la empatía hacia los demás, pues la humanidad no es inmune ante desastres cómo éste y más considerando que fueron resultado de las acciones que tomamos sobre nuestro entorno y la naturaleza.
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Merysg3
 08 February 2023
Es imposible no conmoverse con un libro como Voces de Chernóbil, escrito con las voces reales de personas que vivieron la tragedia del incendio en la central de Chernóbil.

Alexiévich no intenta contar qué pasó, sino el después. Porque, al fin y al cabo, para muchos la vida continua después de una catástrofe y aprenden a vivir con ello. Por esto muchas de estas personas testigos del accidente comparan las secuelas con aquellas sufridas tras la Segunda Guerra Mundial.

Ya no son solo las muertes debidas a la radiación y la pérdida de familiares lo que toca este libro. Por un lado, estamos ante el presente de familias que decidieron quedarse y vivir en sus pueblos y poblados a pesar de la exposición, de la contaminación de sus cosechas, del desarrollo de enfermedades futuras, de la pronta vejez y deterioro del cuerpo…Y, por otro lado, nos topamos con familias que, incluso habiendo huido, no consiguen concebir, sus recién nacidos nacen con enfermedades o, directamente, no nacen…personas a las que las etiquetan como “los de Chérnobil” y escuchan comentarios del tipo, “no te acerques”, “no te ennovies”, etc.

Más allá de esto, no se puede obviar el impacto en la naturaleza, a esa fauna y flora, a esas capas de tierra contaminada que intentaban enterrar bajo cemento. Si hay algo que también muestra este libro es que el ser humano no aprende nada de sus errores, sobre todo cuando se trata de cuidar lo que nos da la vida. Que la política y los medios siguen pesando con frases como “todo está bajo control” y los ciudadanos siguen creyéndose todo lo que sale por la tele o la radio. Que puedes tener mucho honor y querer mucho a tu patria, pero esa patria es la que te manda como soldado al matadero dejando a tu familia, y tu tan contento porque serás un héroe y te entregarán una medalla, aunque sea para ponerla sobre tu tumba. Y, por último, sabiendo el dolor y el sufrimiento que este accidente causó y sigue causando a muchas personas, somos capaces de contratar una excursión para visitar la zona afectada, vestidos con un traje especial y hacernos fotos, sin miedo a la radiación, mientras que el sarcófago que cubre los escombros se sigue agrietando y va supurando restos hasta que deje de retener. Desde luego, demasiado poco nos pasa como especie.
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Guille63
 10 March 2023
“¿Hay algo más pavoroso que el hombre?”

En mi comentario a “El fin del Homo Sovieticus” ya hablé suficientemente acerca de las muchas virtudes que adornan la prosa de Svetlana Aleksiévich y sobre las poderosas razones por las que todo el mundo debería leer el libro. Absolutamente todo lo dicho allí es trasladable a esta inteligente y estremecedora crónica de la catástrofe de Chernóbil, por lo que opto por no repetirme y, como la mejor forma de incentivar a su lectura, me limito a dejar hablar al propio libro:

Un libro que es un emocionante homenaje a los que participaron en el desastre:

“De modo que nos trajeron aquí. Llegamos a la central misma. Nos dieron una bata blanca y un gorrito blanco. Una mascarilla de gasa. Limpiamos el territorio… Los robots no lo aguantaban; las máquinas se volvían locas. Nosotros, en cambio, trabajábamos.”

“Hubo un momento en que existió el peligro de una explosión termonuclear... no se hubiera podido vivir en una zona enorme de Europa. ¿Se imagina? Una catástrofe europea… de modo que esta era la misión: ¿A ver quién se zambullía en aquel agua y abría allí el pestillo de la compuerta de desagüe… Se pidió voluntarios. ¡Y aparecieron! Y los muchachos se tiraron, se zambulleron muchas veces y abrieron aquella compuerta. Esta gente ya no existe.”

“Yo he estado en el reactor... Aquello era la libertad. Allí me sentí un hombre libre... Nos mandan al reactor, pues nos subimos al techo del reactor... Sentías algo... ¿Como qué? [Se queda pensativo] Una sensación que no he experimentado ni siquiera en el amor... ¡Yo confiaba en mi buena estrella! ¡Ja, ja, ja! Y hoy soy un inválido de segundo grado.”

“Mandan un robot estadounidense al tejado, trabaja cinco minutos y va y se para. El robot japonés también trabaja nueve minutos y se para. En cambio, el robot ruso se pone a trabajar y está dos horas. Y en eso que se oye por la radio: ¡Soldado Ivanov, puede bajar para un descanso!”

Un libro que es una denuncia de las mentiras y la desinformación:

“Ya va el tercer mes que la radio lleva diciendo: «La situación se estabiliza, la situación se estabiliza, la situación se estabiliza»… «Os vamos a dar una vida paradisíaca. Lo único que tenéis que hacer es quedaros y trabajar. Os llenaremos las tiendas de salchichón y de alforfón.»…”

“Comprendí que todos nosotros habíamos participado... en un crimen... en un complot... [Calla.] He comprendido que en la vida las cosas más terribles ocurren en silencio y de manera natural.”

“Éramos hombres de nuestro tiempo, de nuestro país soviético. Creíamos en él… Porque, cuando pierdes la fe, cuando te quedas sin convicciones, ya no eres un participante, sino un cómplice, y para ti ya no hay perdón.”

“De nosotros, los bielorrusos, de los diez millones de personas, más de dos millones viven en tierras contaminadas. Un laboratorio natural. Todo está listo para anotar los datos, para hacer experimentos.”

“Llega el marido a casa del trabajo y se queja a su mujer: —Me han dicho que o mañana me voy a Chernóbil o entrego el carné del Partido. —Pero si tú no eres miembro del Partido —le dice su mujer. —Pues por eso, a ver dónde encuentro yo un carné.”

Pero que, sobre todo, es un libro sobre el horror:

“¡Es imposible contar esto! ¡Es imposible escribirlo! ¡Ni siquiera soportarlo!... ¡Lo quería tanto! ¡Aún no sabía cuánto lo quería! Justo nos acabábamos de casar... Aún no nos habíamos saciado el uno del otro... Él empezó a cambiar. Cada día me encontraba con una persona diferente a la del día anterior. Las quemaduras le salían hacia fuera... El color de la cara, y el del cuerpo..., azul..., rojo..., de un gris parduzco. Y, sin embargo, todo en él era tan mío, ¡tan querido!!”

“Mi hija cumplió seis años. Los cumplió justo el día del accidente. La acostaba y ella me susurraba al oído: «Papá, quiero vivir, aún soy muy pequeña»… Y aún quieren de nosotros que callemos… Apunte al menos que me hija se llamaba Katia...Katiuska. Y que murió a los siete años.”

“Mi niña... Mi niña no es como los demás… No juega a las compras, ni a la escuela, sino que juega con sus muñecas al hospital, les pone inyecciones, les coloca el termómetro… la muñeca se le muere y ella la cubre con una sábana blanca.”

“Coro de niños...: ¡Mamita, no puedo más! ¡Es mejor que me mates! ...Los médicos han dicho que me he puesto enferma porque mi padre trabajó en Chernóbil. Y yo nací después de aquello. Yo quiero a mi padre... Nos moriremos y nos convertiremos en ciencia —decía Andréi...Nos moriremos y se olvidarán de nosotros —así pensaba Katia...Cuando me muera, no me enterréis en el cementerio; me dan miedo los cementerios, allí solo hay muertos y cuervos. Mejor me enterráis en el campo—nos pedía Oxana...—Nos moriremos —lloraba Yulia...Para mí el cielo está ahora vivo, cuando lo miro. Ellos están allí.”

“Veías a una mujer joven sentada en un banco junto a su casa, dándole el pecho a su hijo. Comprobamos la leche del pecho: es radiactiva.”

“Una ucraniana vende en el mercado unas manzanas rojas, grandes. Y grita: « ¡Compren mis manzanas! ¡Manzanitas de Chernóbil!». Y alguien le recomienda: «Mujer, no digas que son de Chernóbil. Que nadie te las comprará». « ¡Pero qué dices! ¡Las compran y cómo! ¡Unos, para la suegra; otros, para su jefe!»”


Sentencia: A Viktor Briujánov (director de la central nuclear), Nikolai Fomin (ingeniero jefe) y Anatoli Diátlov (viceingeniero jefe), diez años a cada uno. Para el resto las penas fueron más cortas.

Así acaba la historia.


P.D. La oficina turística de Kíev les ofrece un viaje a la ciudad de Chernóbil y a las aldeas muertas. Se ha elaborado un itinerario que empieza en la ciudad muertan de Prípiat...Visiten La Meca nuclear. Y a unos precios moderados.
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Las críticas de la prensa (2)
revistan06 June 2019
Voces de Chernobyl, un libro de Svetlana Alexievich, la periodista bielorrusa que en 2015 empujó los límites de la palabra "literatura" y ganó el Premio Nobel con sus crónicas.
Leer la crítica en el sitio web: revistan
revistan02 August 2018
La bielorrusa deja hablar a los protagonistas de una de las catástrofes del siglo XX. ¿Quién la contaría mejor?
Leer la crítica en el sitio web: revistan
Citas y frases (71) Ver más Añadir cita
rafaperezrafaperez27 January 2023
No debe usted olvidar que lo que tiene delante ya no es un marido, un ser querido, sino un elemento radioactivo con un gran poder de contaminación.
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ElrincondelaslectorasElrincondelaslectoras18 February 2021
Ente el momento en que sucedió la catástrofe y el cuándo se empezó a hablar de ella se produjo una pausa. Un momento para la mudez. Y lo recuerdan todos. Allá por las altas esferas se tomaban decisiones, se confeccionaban instrucciones secretas, se mandaba que levantaran el vuelo los helicópteros, o que se trasladaran por las carreteras enormes cantidades de transportes; abajo se esperaba recibir información y se pasaba miedo, se vivía a base de rumores, pero todos guardaban silencio sobre lo principal: ¿qué es lo que realmente había sucedido? No se hallan palabras para unos sentimientos nuevos y no se encontraban los sentimientos adecuados para las nuevas palabras; la gente aún no sabía expresarse, pero, paulatinamente, se sumergía en la atmósfera de una nueva manera de pensar; así es como podemos definir hoy nuestro estado de entonces.
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ratolinaentrelibrosratolinaentrelibros05 April 2021
«Salí por la mañana al jardín y noté que me faltaba algo, cierto sonido familiar. No había ni una abeja. ¡No se oía a ni una abeja! ¡Ni una! ¿Qué es esto? ¿Qué pasa? Tampoco al segundo día levantaron el vuelo. Ni al tercero. Luego nos informaron de que en la central nuclear se había producido una avería, y la central está aquí al lado. Pero durante mucho tiempo no supimos nada. Las abejas se habían dado cuenta, pero nosotros no. Ahora, si noto algo raro, me fijaré en ellas. En ellas está la vida».
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LavidamurmuraLavidamurmura23 October 2020
Entonces, ¿para qué recuerda la gente? ¿Para restablecer la verdad? ¿La justicia? ¿Para liberarse y olvidar? ¿Porque comprenden que han participado en un acontecimiento grandioso? ¿O porque buscan en el pasado alguna protección? [...] los recuerdos son algo frágil, efímero; no se trata de conocimientos precisos, sino de conjeturas sobre uno mismo. No son aun conocimientos, son solo sentimientos. Lo que siento.
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entrealgunoslibrosentrealgunoslibros02 November 2022
“Veías a una mujer joven sentada en un banco junto a su casa, dándole el pecho a su hijo. Comprobamos la leche del pecho: es radioactiva”.
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Videos de Svetlana Aleksiévich (8) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Svetlana Aleksiévich
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