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Ángel Heredia (Gallota) (Ilustrator)
ISBN : 849469622X
Editorial: Editorial Pez de Plata (16/10/2017)

Calificación promedio : 3.88/5 (sobre 8 calificaciones)
Resumen:
Imagínate en el año 2222. Imagina un planeta superpoblado donde convivimos con robots, aeronaves personales y androides de todo tipo. Como somos demasiados, los elementos deletéreos lo tienen fácil. Lo que antes mataba a seis personas, ahora mata a seis mil. Imagina cuánto paro habrá. Cuánta insatisfacción. Imagina hambrunas, hacinamiento, epidemias, catástrofes naturales... ¿Todavía crees en la humanidad? Piénsalo. Ahora imagina una casa de campo y un grupo de per... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (8) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 23 septiembre 2020
No sé si esta novela que acabo de leer es del todo ciencia ficción. Es cierto que aparece el impacto de la tecnología; los ginoides y androides dan muestra de ello. También el de la ciencia; hay vacunas que actúan de diferentes maneras (y no todas deseables) sobre los seres humanos.
El mundo paralelo está servido. Un grupo reducido de humanos se confinan y vacunan para evitar la muerte inminente, ocasionada por un virus lanzado por quienes piensan que el planeta no soporta más población, tal es el daño que está sufriendo. Una vez pasados los efectos del virus, los confinados salen a la calle a enfrentarse a su nueva vida, con el dolor de haber perdido a seres queridos (han debido elegir un número de personas salvables), con la culpa de haber sido responsables (indirectos) del exterminio, y con la ira por no haber escogido a los más inteligentes para poblar el planeta (el escaso tiempo del que disponían les ha hecho elegir sin pensar) «pensad bien a quién ponéis porque no todas las personas son aptas. En el nuevo orden no hay sitio para la política ni para la religión ni para el capitalismo».
Hablar de ciencia ficción es peliagudo, porque en realidad este género no deja de ser ciencia (prevista con anterioridad). Solo hemos de esperar unos años (o siglos) para que quede confirmado lo expuesto en la ficción con más o menos horror o admiración. Ya somos (son) capaces de reconstruir un cuerpo con restos de otras personas; hay bancos de sangre, de huesos, de óvulos… Podemos devolver muertos a la vida desde que los trasplantes de corazón, hígado o cerebro apenas suponen dificultad. Hemos llegado a lo más alto del espacio y a lo más profundo del océano.
Así pues 2222 no impresiona por sus robots. El concepto de mujer artificial con rol de sirviente o juguete sexual es tan antiguo como la mitología griega y ya en el siglo XIII Alberto Magno concibió la posibilidad de crear autómatas. Lo que impresiona de 2222 es que no parece una novela escrita en 2017 sino un razonamiento de lo ocurrido, lo que está ocurriendo, en 2020, asombra la visión de futuro que tuvo P.L. Salvador, «Sólo vamos a quedar cuatro millones […] Unas veinte mil personas no elegidas sobrevivirán por inmunidad natural. —Marca una pausa—. El agente elegido es un virus».
La novela forma parte de una esfera de la narrativa moderna que se basa en la autorreflexión y el autocuestionamiento «Y por eso nos escogieron los Organizadores. No querían personas aborregadas, descomprometidas, superficiales […] sin sentido crítico». 2222 es una novela corta que contiene demasiados elementos tóxicos. Da que pensar que no sea precisamente un humano el que demuestre tener sentimientos. Da que pensar que los hombres seamos incapaces de convivir aun cuando las normas prohíban cualquier tipo de política o religión. ¿Habrá pasado la era del ser social? «No cabe duda: la armonía inicial se ha teñido de acritud».
Salvador se apropia de la escritura de Nueve semanas para escribir una novela referencial a su propia obra; es una autometaliteratura con la que recapacita sobre el conocimiento que la literatura aporta de la sociedad. «Su nombre artístico es P.L. Salvador». 2222 Supone una interferencia en un tiempo presente que ha experimentado una transmutación de valores y jerarquías. «No es probable que físico, dinero y poder gocen de relevancia en esa configuración». El paradigma estético y clasista actual está destruyendo el sistema, lo que favorecerá la construcción de una utopía futura de falsa emancipación «No podemos cometer otra vez los mismos errores».
En realidad la literatura de este autor es lo que de verdad se ha emancipado. En este momento constituye una vanguardia con rasgos definitorios que cambia la idea de novela que se tiene hasta ahora. No es exactamente posmoderna, creo que va algo más allá, algo como diario-colectivo-ensayístico-novelado. Salvador piensa la novela como un recurso para profundizar en nuestra sociedad disparatada. Sus personajes andan algo desquiciados, no distinguimos humanos de androides. Los humanos son máquinas capaces de banalizar los impulsos más elementales, incluso el exterminio «Desavenencias, inquietudes e impulsos sexuales serán expuestos y resueltos cada domingo».
En la nueva realidad creada (tras el virus), los habitantes deben elegir sin seguir normas fiables, sin tener objetivos concretos, sin orientaciones ni directrices (¿a qué nos suena?). Una realidad en la que lo único fundamental es la tecnología, en la que vivimos tan aceleradamente como nos lo permiten las máquinas. Todo se transforma en una negociación a corto plazo. El hombre pierde su identidad social. También 2222 se relativiza como novela, no presenta estabilidad (cada personaje escribe un apartado del diario) por lo que la palabra anula su posibilidad de interpretación única, se condiciona. El lector es clave en esta novela, entendida como un proceso, un dinamismo que permite incluir las connotaciones del lenguaje, las presuposiciones, «que me deje llevar por la imaginación […] ¿Tendré alma? […] Intentaré escribir como él y asimismo me dejaré influenciar por mi autor favorito». El lector puede, según interprete, recrear la novela. al igual que hay múltiples autores, pueden aparecer múltiples sentidos; sin embargo el significado absoluto es una conjunción de las intenciones del autor y la descodificación del lector. Estamos ante un discurso complejo que revaloriza lo heterogéneo, y augura que, como siempre, en el futuro se apreciará lo que en su momento fue descartado por no ser igual, «Sus textos y su música adquirieron la popularidad que en su día se le negaron. Como si se hubiera adelantado a su tiempo».
Salvador es un escritor crítico que convierte su obra en un espacio estratégico desde donde el lector interpreta sus comentarios e inquietudes, en una escritura que transfigura el carácter discursivo hasta convertirse en ficción de su propia ficción, «veintiséis historias que escribió mi tataradeudo en el siglo XXI».
Para el autor la sociedad puede derivar en una prisión que controla y domina al hombre, que debilitará a todo aquel que se deje llevar por una idea o tendencia única «La indignación se ha convertido en la excusa perfecta. Y apoyándose en ella se han hecho con el poder absoluto».
La novela de P.L. Salvador expone diferentes reflexiones con las que pretende restaurar el razonamiento múltiple de lo primario. La tecnología, por su inmediatez, desempeña un papel fundamental en la sociedad que va construyendo, cada vez más compleja y caótica; paradójicamente en ese caos el hombre pretende formarse, desarrollarse y liberarse. Ante la imposibilidad de convivir libremente en un desorden absoluto, urge la visión de la unicidad. Solo quedará un yo que dirija y acabe con la falsa libertad, con el falso individualismo, hasta que alguien se dé cuenta de que esa libertad no es sino una forma de encubrir la falta de libertad «¿qué añadirías ¿qué quitarías?» Y la respuesta está en 2222, quitaría la seguridad y la excesiva disciplina y añadiría arte y la posibilidad de equivocarnos, la imperfección, «nos chocaba que siempre anduviera con los textos del tataradeudo de Zalt» «¿Por qué no formamos una orquesta de cámara?» Literatura, música, aprendizaje…Una combinación perfecta para recobrar el alma humana.

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Inquilinas_Netherfield
 22 enero 2018
El año pasado os traje Nueve semanas (justas-justitas), novela del autor valenciano P.L. Salvador. En aquella reseña ya eché el resto en cuanto a intentar exponer la particular prosa de este autor, así que esta reseña me la tomo con más tranquilidad... al menos en la forma, porque el fondo, al menos para mí, es mucho más profundo. Dejamos a un lado el tono más desenfadado de su anterior novela, y nos ponemos serios.
Estamos en el año 2222 del título. Zalt es millonario y vive en una finca a varios kilómetros de la casa más cercana. Acaba de fallecer su única hija, es viudo y solo le queda su nieta de 13 años. Aparece en su vida, de la nada, y tras más de una década sin verse, el coronel Nat... y llega para quedarse. Pregunta, pregunta, pregunta... y organiza, dispone, anticipa. Progresivamente aleja el hogar de Zalt de la civilización, incluso al propio Zalt de sus negocios, y al tiempo va trayendo gente nueva para que viva en la finca: los elige él, o los que ya están traen a conocidos, y siempre por cada hombre entra una mujer, o viceversa. Todos con ideales comunes, todos con altas probabilidades de emparejarse y de procrear. También conviven con ginoides, androides cuya perfección varía dependiendo de la finalidad con que fuesen creados y de la generación a la que pertenecen.
Los habitantes de la finca son cada vez más autosuficientes, más independientes del exterior, están más satisfechas con ese microcosmos: lo que ocurra fuera no importa, solo importan ellos. Todos se dan cuenta de que este coronel está creando algo parecido a una comuna perfecta, pero también son conscientes de que tiene que haber algo detrás de eso: un propósito. Y cuando ese propósito es revelado, estalla la crisis, porque no todos lo consideran moralmente aceptable. Algunos se rinden a lo inevitable; otros no quieren formar parte de ello. Forman parte de los elegidos para salvarse del exterminio de la raza humana, ¿pero con qué derecho?
Como veis estamos ante una distopía, una novela de ciencia-ficción, pero que se aleja mucho de los parámetros del género. El estilo de Salvador es una de sus principales fortalezas: autenticidad narrativa y personalidad única, singular. No hace falta mirar la portada para saber que es suyo: lo sabes en cuanto lees dos líneas. No puedo hablar por nadie más, pero a mí, francamente, es algo que no me ocurre habitualmente en la literatura contemporánea, y a él lo reconoces al primer vistazo. Frases cortas, directas a la yugular, pinchando como el aguijón de una avispa en el sitio preciso; uso y abuso de paréntesis y corchetes sin ambages ni miramientos, pasándose por el arco del triunfo lo estilísticamente esperable y aconsejable; varios narradores que se pasan el testigo, que se leen unos a otros antes de hablarnos con su propia voz, y que hacen avanzar la historia desde distintos puntos de vista. Salvador tiene un estilo narrativo personal, propio, y eso es algo que se tiene dentro o no se tiene, que se sabe plasmar sobre el papel o no se sabe, y además es tan personalísimo que no me extrañaría nada que apareciese alguien en el horizonte en algún momento dado con retufillo salvadoriano. Se presta a ello, a la "copia", como todo lo innovador.
Otra de las características más evidentes de este autor, al menos en sus dos últimas novelas publicadas, es saber contarte toda una historia en apenas 100-150 páginas. Aplaudo la honestidad de un escritor que se desmarca de la tendencia general de rellenar páginas y páginas de morralla cuando la historia no las necesita. 2222 tiene 102 páginas; os aseguro a aquellos que no os gustan las novelas cortas, porque os da la sensación de que se os quedan a medio gas, que esta historia cumple igual que otra con el triple de longitud. Cuenta más en esas 102 páginas que otros en 500; no necesita inventarse páginas de la nada más absoluta para razonar su trama.
Y llegamos a algo muy importante. Esta distopía es tremendamente actual. Tremendamente de hoy en día. Si dejamos a un lado a los ginoides, el futuro que el autor plantea podría ocurrir mañana mismo, podría estar ocurriendo ahora. Se ha ido doscientos años en el futuro para hablarnos de nuestro presente, para plantearnos preguntas de nuestra realidad, para hacernos reflexionar sobre el camino que andamos y hacia dónde nos conduce. Si el planeta fuese incapaz de aguantarnos a todos sobre su faz, si se muriese porque chupamos todo lo que nos da sin ofrecer nada a cambio, si la población en la Tierra se hiciese insostenible... ¿qué pasaría? ¿Qué opciones quedarían? ¿Qué salidas? ¿La moralidad de esas opciones sería un factor a tener en cuenta o se impondría la necesidad acuciante de llevarlas a cabo? ¿Debe prevalecer la medida sobre el método? Porque la historia nos cuenta mucho, pero también está creada para darle un empujón al lector, para estimular su proactividad, para que use su imaginación y una puntos, enganche hilos y rellene espacios entre narrador y narrador. Filosofía, ética y humanismo intentan darse la mano, pero no siempre lo consiguen. Y eso da mucho en lo que pensar.
Además, esta historia tiene tanto de distopía como de ínfulas de utopía por parte de los impulsores del exterminio, y la sociedad perfecta que ingenuamente se busca en la historia es algo que el hombre es incapaz de gestionar: no forma parte de su naturaleza. Un mundo sin política, sin religiones, sin tecnología, sin propiedad privada... El autor nos ofrece resquicios de esperanza pero al mismo tiempo pone sobre la mesa la heterogénea imperfección del ser humano, lo poco confiables que somos, esa falta de sentido común que llevamos de serie y que nos podría llevar a la situación que se plantea en la historia. ¿La pescadilla que se muerde la cola? Sí y no. Tendréis que leer el libro para saber qué ocurre en 2222 en una pequeña localidad de la costa de Alicante, porque una vez que empieza el exterminio, la historia guarda unas cuantas sorpresas y giros: no deis nada por hecho.
No puedo obviar el componente metaliterario que sucintamente introduce Salvador en la historia, componente que la primera vez que aparece te hace sonreír y te sorprende a partes iguales. El propio autor se cuela en la historia como tatataradeudo del protagonista, y su obra pervive todavía en su biblioteca. Llega a ser, junto a su grupo musical Prolymbux, el autor favorito de uno de los personajes... si lo miramos en perspectiva, sería un autor clásico para un lector del 2222. Y encima echa el resto e incluye un relato suyo auténtico escrito en el año 2000, El retraso, que es realmente fantástico. ¿Egocentrismo? No, o no al menos mal entendido. Yo lo he visto más bien como un guiño picarón. ¿Por qué no hacerlo? Ya digo arriba que el discurso narrativo de Salvador va por libre, no se parece al de nadie y camina por unos márgenes creativos que le dan completa libertad como autor.
Nueve semanas me gustó mucho, pero 2222 ha ido todavía más allá. Mucho más allá. Te da en qué pensar, te enfrenta a una realidad que como ya digo tiene más de 2018 que de doscientos años en adelante, te pone en disyuntivas que de por sí evitarías, te arrincona para ponerte en el lugar de los protagonistas, y lo hace construyendo unos personajes principales que comprendes en todas y cada una de sus disyuntivas. Y además es una historia entretenida, muy entretenida, que se lee tan deprisa o tan despacio como tú quieras hacerlo, e invita a relectura asegurada. Muy recomendable, en serio. Da igual que os gusten o no las distopías, da igual que os guste o no la ciencia-ficción, da igual que os gusten o no las novelas cortas. Cuando se presenta un autor que tiene tanto que contar, que sabe cómo contarlo sin parecerse a nadie más y además lo cuenta así de bien, hay que leerlo.
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Hefesto
 20 junio 2019
Hace algunos días alguien muy cercano a mí me preguntó que leía. al responder exclamó: “¡otra distopía!, ¡J***r!”. He de reconocer que me sentí algo descolocado por esa reacción. La buena literatura prospectiva (incluso la mala) es siempre una llamada de atención, una alarma ante un problema actual y su posible desarrollo si no tomamos medidas. Es por eso que no debemos dejar que el género, con la enorme cantidad de obras actuales, nos sature y para ello hay que saber separar la calidad de la paja. 2222 es de las que tienen un mensaje claro y calidad.
Los humanos llevamos muchos siglos condicionados para reproducirnos. El aumento demográfico ha sido necesario para el avance de la civilización y la mejora en las condiciones de vida (de los que vivimos en determinados países). Pero ya somos demasiados y aunque logremos seguir alimentándonos gracias a nuestro ingenio, el planeta no podrá seguir soportando el agotamiento de recursos y los cambios que producimos en él, así que es un hecho que deberíamos revertir esta situación. Necesitamos un reinicio y hacer las cosas mejor. ¿Pero cómo?.
Es la idea alrededor de la cual gira la historia de P. L. Salvador, pero su mayor mérito no es este. Lo mejor de la obra son los dilemas éticos en los que te obliga a incurrir. A plantearte cuestiones que creíamos tener claras como, por ejemplo, ¿es un crimen contra la humanidad querer diezmarla o lo es dejar que agonice en un lento y doloroso camino hacia la extinción?. Pero además hay bastantes más temas interesantes en esta obra a pesar de las escuetas 100 páginas que la componen. El autor nos recuerda que los totalitarismos, los dictadores, siempre están ahí, agazapados, esperando las condiciones propicias para tomar las riendas e imponer sus credos. Nos habla del cargo de conciencia, de la fuerza que tiene el miedo del individuo ante el grupo. Y también de amor, de la evolución de las inteligencias artificiales y de como, cuando la tecnología lo permita, lo único necesario para que cualquier ser se sienta humano es que sea aceptado e integrado en el grupo como uno más.
La novela, escrita con un estilo único repleto de sentimientos y reacciones entre corchetes que se intercalan entre frases cortas, se compone de varios diarios. Está, por tanto, narrada en primera persona y nos va haciendo avanzar en la historia y el tiempo desde varios puntos de vista. Además, P.L. Salvador se reserva algunos cameos dentro de su propia obra que le enmarcan como un personaje más. El primer capítulo, casi teatral en su estructura y desarrollo, puede resultar algo confuso por los personajes sin presentación previa que aparecen y es de agradecer que, la edición en papel al menos, lleve una pequeña guía aclaratoria.
Puede que, al leer esta estimulante historia, penséis que las cosas nunca podrían desarrollarse así, que hay otros caminos, otras soluciones, que no compartáis el punto de vista del autor o que no os gusten los pequeños giros que esconde. Pero sin duda os hará pensar y volver a cuestionaros cosas que teníais claras hasta ahora.
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crismonteoliva
 17 octubre 2020
Cambio climático, superpoblación, deterioro del medio ambiente, pandemias… Si tenemos en cuenta el ritmo al que el ser humano se mueve en el planeta, en todos los sentidos, no parece muy disparatado pensar que el futuro nos resultará aún más desfavorable que el presente. Ahora mismo, se me ocurre que cualquier distopía es posible. Incluso la que acabo de leer en 2222, la novela de P.L. Salvador de la que hablaré en este artículo. Si quieres saber de qué va antes de decidirte tú también por este libro, no tienes más que seguir leyendo.
Zalt es un hombre adinerado que acaba de enterrar a su única hija. al sepelio acude un enigmático coronel, de nombre Nat, que desde entonces se quedará en la finca de Zalt y su nieta Let con un objetivo claro: establecer allí una suerte de colonia aislada del mundo. Lo que empieza de una forma idílica pronto se convierte en una pesadilla. Y es que el coronel no fue sincero desde el principio: el mundo que nuestros conocen personajes está a punto de terminar. Un nuevo virus hará que la población descienda en número. Unos pocos decidirán quién vive y quién muere. Pero, ¿qué pasará después? ¿Conseguirán los creadores de tan terrible plan establecer la nueva y utópica sociedad que tienen en mente?
Todo comienza con una muerte: la de la hija de Zalt. En el entierro aparece un misterioso y muy convincente coronel que se establecerá con Zalt y su nieta en su finca, Benissa. Pronto llegarán otros personajes que deberían emparejarse. Si bien Zalt acepta con agrado ser la pareja de Rut, una doctora que desea tener un hijo, pasado un tiempo se fijará en Kest, una ginoide (un robot femenino) sumamente inteligente que no dejará a nadie indiferente con su forma de ser y actuar.
La vida transcurre más o menos de forma armoniosa durante un tiempo en la finca hasta que llegamos al meollo de la trama: el plan que unos cuantos han ideado para acabar con la superpoblación de la Tierra, que es, a fin de cuentas, el problema que provoca los otros en el planeta. El virus parece imparable, pero, ¿acaso creéis que es posible controlar a los supervivientes?
Esta novela breve a la par que intensa se divide en cinco partes, cuatro diarios (uno se divide en dos partes) que se suceden en el tiempo: los de Zalt, Kest, Rut y Fánot (el creador de la ginoide Kest). Gracias a ellos, sabremos cómo comenzó todo, la manera que tuvo de desarrollarse el nefasto plan de los creadores del virus mortal y cómo terminaron los múltiples personajes que conoceréis a lo largo de estas páginas.
Ya deberíamos saberlo de antes, pero si hay algo que nos enseña 2222 es que los planes utópicos, los de crear sociedades perfectas, siempre acaban mal. Los seres humanos no solo somos inteligentes, sino también complejos y volubles: incapaces de ponernos todos de acuerdo a la hora, por ejemplo, de hacer que el disparate que algunos plantean en esta historia llegue a buen puerto. Ahora bien: ¿lo harían mejor los robots? Tendrás que enfrentarte a esta interesante novela para después pensar tanto en la pregunta que te acabo de plantear como en otras muchas que te surgirán durante la lectura. Así que, ¿a qué esperas?

Enlace: https://laorilladelasletras...
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Andreapg
 24 junio 2019
Nos encontramos ante una historia contada en forma de varios diarios. A lo largo de la novela se muestran varios temas éticos a tener en cuenta y que verdaderamente hacen reflexionar al lector, además de que son ideales para discutir con varias personas. La trama gira en torno a un planeta demasiado poblado y donde la mayoría de la población es pobre, pero aun así la gente sigue pensando en tener hijos, pues es lo que piensan que llenará sus vidas definitivamente. Sin embargo, la situación ha llegado a un punto insostenible y hay que hacer algo al respecto. ¿Cuál sería la mejor alternativa?
Me han parecido pocas las 100 páginas que componen este libro, pues a pesar de que es una novela que claramente te hace pensar, me habría gustado saber mucho más acerca de ese mundo, que se mostraran más aspectos de la sociedad. Aun así, me han resultado muy interesantes los temas que trata, como por ejemplo que nosotros mismos somos una plaga y que en el futuro nosotros mismos seremos nuestra propia perdición. También está muy presente el tema de los robots -androides-, los cuales tienen una gran importancia en la vida de las personas, e incluso han llegado a tener sus propias emociones y quieren sentir y pensar tal y como lo haría un humano.
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Citas y frases (10) Ver más Añadir cita
LAKYLAKY26 abril 2019
La cultura será fundamental. Esta nueva sociedad ha de ser inteligente. Las matemáticas (hoy con minúscula inicial) serán relegadas por la Ética. La ciencias, por la Filosofía. Tecnológica y científicamente ha hemos avanzado demasiado : toca ahora preocuparse por otros asuntos más humanos. Regresar en busca del espíritu perdido...
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HefestoHefesto20 junio 2019
La vida sigue. Le recuerdo que el espíritu es inmortal. Que venimos al mundo a purificarnos. Que quien no lo consigue, regresa. Que nos preocupamos demasiado por las cosas (cuerpos incluidos) y demasiado poco por nuestros espíritus.
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HefestoHefesto20 junio 2019
Esta nueva sociedad ha de ser inteligente. Las matemáticas (hoy con minúscula inicial) serán relegadas por la Ética. Las ciencias, por la Filosofía. Tecnológica y científicamente ya hemos avanzado demasiado; toca ahora preocuparse por otros asuntos más humanos. Regresar en busca del espíritu perdido...
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LAKYLAKY26 abril 2019
Se puede aceptar cierto progreso. Hasta que empieza a alterar negativamente la cotidianidad de la persona. Haciéndola infeliz. La industrialización no aporta nada positivo. Y los adelantos científicos son superfluos una vez que se ha conseguido cierto grado de bienestar
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HefestoHefesto20 junio 2019
La ilusión del vulgo son sus hijos. Y exigirle que no los tenga es como condenarlo a no vivir.
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