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Laura Paredes Lascorz; (Traductor)
ISBN : 8466668772
Editorial: Ediciones B (18/02/2021)

Calificación promedio : 4.18/5 (sobre 22 calificaciones)
Resumen:
En el Nueva York de principios de los años cuarenta, una detective privada y su peculiar ayudante, tratan de resolver los crímenes más insólitos.

Desde hace tres años Willowjean Parker es la asistente de la famosa detective Lillian Pentecost. Will escapó de su casa cuando era todavía una niña y se enroló en un circo donde aprendió de todo. Lillian, enferma de esclerosis, coincidió con ella en una de sus investigaciones y le ofreció ser su asistente.>Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (26) Ver más Añadir una crítica
lavidademisilencio
 08 marzo 2021
Nueva York. 1942. Willowjean Parker está ganándose un dinero de más fuera del circo al que sirve desde hace años. Se le ha encomendado proteger un terreno y, en mitad de su labor, alguien intenta saltarse el vallado. Esta persona era nada más y nada menos que Lillian Pentecost, la detective más famosa de la ciudad. Se hallaba allí para solucionar uno de sus casos, pero la situación se complicó y Willowjean fue esencial para que ambas salieran ilesas. Fruto de su agradecimiento y del buen ojo de la investigadora para detectar el talento, a Will se le ofrece que sea su ayudante. Lillian sufre de esclerósis múltiple, lo que debilita sus músculos y le impide en muchas ocasiones llevar a cabo su trabajo, a pesar de rondar tan solo los cuarenta. Willowjean, además de su ingenio, puede ser su secretaria y encargarse de menesteres que facilitarán la labor de Lillian.
Tres años después, cuando ambas ya han aprendido a trabajar juntas y han resuelto numerosos casos con los que no ha podido la policía, se enfrentan a una investigación que supondrá un gran cambio en sus vidas. Los hermanos Collins, Rebecca y Randolph, acompañados de su tío Harry Wallace requieren de su ayuda tras el asesinato de su madre tras una sesión de espiritismo. Indagar en este caso convertirá a Lillian y a Will en el blanco de muchos enemigos.
¿Conseguirán, una vez más, sobreponerse y sacar a la luz la verdad que tanto se empeñan todos en ocultar?
Antes de entrar en materia respecto a la estructura de la novela me gustaría comentar algo acerca de la traducción. No es un tema que suela mencionar en mis reseñas porque no tengo idea de ello, por lo que no puedo opinar con criterio. Sin embargo, cuando hay expresiones que me chirrían, como es el caso, sí encuentro relevante hacer una mención. No sé si ha sido problema de la obra original, pero ha habido partes que me ha costado de entender —sobre todo al principio— y algunas expresiones que parecían ser traducciones literales del inglés. Por supuesto, con esto no intento desmerecer el trabajo de la traductora, pero creo conveniente decirlo porque ha dificultado mi lectura.
Los muertos no mienten es una novela de casi 400 páginas dividida en 38 capítulos de longitud de corta a media. En este tipo de historias se agradece que los capítulos no se alarguen mucho para hacer la lectura más ágil y cómoda.
Se narra en primera persona y en pasado desde la perspectiva de Willowjean. al tratarse de un personaje que va aprendiendo conforme coge experiencia en el campo, es muy interesante seguir el caso desde su punto de vista. En cuanto al tiempo, todo sucede en orden cronológico.
La ambientación (Nueva York en los años 40) está muy lograda y es muy fácil sumergirte en las calles sintiéndote un neoyorkino más.
Por otra parte, el ritmo es bastante adecuado. No diré que trepidante, pues no lo he sentido así, pero me ha gustado cómo el autor nos va desvelando los entresijos de la trama poco a poco. Lo que de normal tendría como punto negativo en este tipo de historia, de la que siempre espero que me deje sin respiración, en esta ocasión no me ha supuesto problema, pues aunque le falta algo de tensión al libro y la investigación avanza un poco lento, esto se suple con conocer mejor a los personajes.
Respecto a la pluma del autor me ha gustado que es directa, sin detenerse mucho en las descripciones, pero sí haciendo mucho hincapié en el desarrollo emocional de los personajes.
De la trama, sin entrar en detalles, he de destacar algo que no esperaba encontrar en una novela detectivesca, y mucho menos ambientada en los años 40: la homosexualidad. Forma parte de la historia, pero el autor no se focaliza en ella, ni la trata como el tema principal del libro. A diferencia de otras muchas novelas, que usan la orientación de los personajes como si fuera lo único a destacar de ellos, Stephen Spotswood ha logrado integrarlo de manera natural, sin darle más importancia de la que tiene.
Una de las cosas que más me llamó la atención al leer la sinopsis es que la protagonista tenía una discapacidad; fue uno de los detalles que me hizo querer leer la novela, pues no soy muy aficionada a la detectivesca y este aspecto la hacía diferente respecto a otras novelas del género que he leído. de nuevo el autor me ha sorprendido, pues es un tema delicado, y más la discapacidad que trata, que en este caso es bastante incapacitante, y el autor lo ha tratado con mucha naturalidad (los personajes no la trataban diferente, ni le tenían lástima, ni nada por el estilo).
También cabe destacar que, a lo largo de toda la novela, Spotswood manda un claro mensaje de ser fiel a uno mismo a pesar de las consecuencias (aunque en algunos momentos me resultó una perspectiva demasiado optimista y utópica teniendo en cuenta la época de la que estamos hablando).
Por otro lado, el final me ha gustado por su originalidad. No ha sido un giro argumental de los que no te recuperas, pero ha estado bien ejecutado y te deja buen sabor de boca. Aunque también he de decir que hay algún detalle del desenlace que no estoy segura de haber terminado de comprender.
Antes de hablar de lo que me han parecido los personajes del libro he de comentar que hay un detalle que me ha gustado mucho: al principio de la novela hay un glosario, con los nombres de los personajes más importantes, algunas de sus características y su papel en la historia. Como persona que se pierde con facilidad con los nombres y le cuesta acostumbrarse, este recurso facilita mucho la lectura (aunque también he de decir que no he tenido casi que recurrir a él, pues está todo muy claro).
Lillian Pentecost es una reputada detective que siempre ha trabajado sola. Sin embargo ahora, a sus cuarenta y largos años, y sufriendo de una esclerosis múltiple, necesita una ayudante que encuentra, casualmente, mientras resuelve uno de sus casos. Lillian es un personaje que me ha fascinado por su inteligencia y perspicacia. Alejada de otros detectives que son maestros de la deducción, la personalidad de Lillian es de todo menos fría y antisocial. Con Willowjean se muestra cercana, se preocupa por ella más allá del plano profesional. También tiene una faceta solidaria pues, aunque sus casos son en su mayoría peticiones de familias ricas, dedica un día a la semana a asuntos más cotidianos y de gente sin recursos que no puede pagar sus servicios.
Por otro lado, Wilowjean Parker es una joven que se ha criado en un circo (del que me hubiera gustado saber más, aunque entiendo que el autor no se centró mucho en ello para no alargar innecesariamente la historia) y, si algo destaca en ella es su instinto de supervivencia. Cuando se le ofrece ser ayudante de detective tiene la oportunidad de sentar cabeza y también poner en uso sus cualidades deductivas. En cuanto a su personalidad, es persistente, algo cabezota, pero muy leal a las personas de su alrededor. Su relación con Lillian me ha parecido de lo más destacable de la novela, pues ella se convierte en el hombro en el que Lillian se apoya cuando le fallan las fuerzas.
Lo que me ha gustado de estos dos personajes protagonistas es, además de sus personalidades, el hecho de que no son inteligentes a un nivel surrealista. Con personajes como Sherlock Holmes, por ejemplo, su intelecto es tan fuera de lo común que, en ocasiones, es imposible empatizar con él. Por el contrario, Lillian y Will son dos detectives de a pie, con mucha capacidad de juicio pero con las que se puede sentir más conexión al ser más realistas.
Del resto de personajes, algunos muy interesantes —como Becca o Belestrade— os dejo descubrirlos a vosotros.
En definitiva...
Una novela detectivesca que va más allá de una investigación. Ambientada en el Nueva York de los años 40, trata temas como la homosexualidad y la discapacidad, enviando un poderoso mensaje sobre ser fiel a uno mismo. Protagonizado por una detective y su ayudante, Los muertos no mienten nos llevará de la mano a un mundo donde la espiritualidad y la sed de poder se entremezclan para dar pie a una serie de asesinatos para los cuales la policía no tiene respuesta. Una trama que engancha y unos personajes que se hacen un hueco en el corazón del lector.
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CARMINA
 21 marzo 2021
Quiero empezar por lo meramente visual, cuando vi la portada de esta novela me sedujo, me empujó a querer sumergirme en sus páginas, tenía algo que irremediablemente me atraía, después de leerla no pienso lo mismo, creo que no ha sabido captar la esencia de la trama, ni siquiera las dos mujeres de la portada tienen nada que ver con las protagonistas. Después de investigar un poco me parecen mucho más apropiadas otras portadas que he visto, pero sobre todo la de la versión original que si es capaz de captar lo que subyace en las páginas de esta historia, fresca por muchos motivos. Si la habéis leído coincidiréis conmigo y no os será nada complicado descubrir a los personajes de la cubierta. Si no lo habéis hecho os recomiendo que lo hagáis y volváis después sobre la portada.
Nos encontramos con una novela que promueve una vuelta al clasicismo, aunque no podía ser de otra forma por la época en la que se ambienta. Nos situamos en Nueva York, en los años cuarenta, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial. En un tiempo en que las técnicas modernas no son aplicables, la mente despierta, la terquedad y la audacia del investigador son esenciales en la resolución de los crímenes. Nuestras protagonistas son inteligentes, audaces, si me apuras son impetuosas e incluso irresponsables porque no temen las consecuencia de sus actos y no siempre salen bien paradas. A los amantes del género nos puede recordar las deducciones de Sherlock Holmes, pero más de andar por casa, y sin las muestras apabullantes y a veces poco comprensibles del investigador de Conan Doyle, y el tipo de crimen y algunas de sus puestas en escena a Agatha Christie, y si mucho me apuras también toma elementos del rey del suspense Alfred Hitchcock.
Si ya está todo inventado, si toma elementos de las novelas clásicas, ¿dónde está la frescura de esta novela? En su puesta en escena, en su forma de narrar, en la elección de la protagonista. Hay muchos elementos por los que aporta ese chispa, ese fogonazo por el que merece la pena darle una oportunidad.
La novela es tremendamente visual, pasa ante tus ojos como si se tratara de fotogramas, deja poco margen en algunos de sus pasajes, la mayoría, a la imaginación del lector. La formación como guionista del autor tiene una impronta muy marcada, y logra una lectura muy fluida, como si se tratara de una película o incluso de un cómic o una novela gráfica. A mi parecer un acierto, y un punto a favor para que pueda gustar a cualquier tipo de lector. No me extrañaría que pudieran hacer una miniserie sobre ella, además daría visibilidad a unos temas que a pesar de que hoy son más visibles, siguen siendo muy desconocidos.
Otro de sus aciertos es su protagonista, Willowjean Parker, en realidad es la ayudante de una detective famosa, ¿porqué el autor elige un personaje secundario y le da el papel principal? Supongo que en aras de sorprender al lector, para poder dotar a la novela de un lenguaje más chispeante, más juvenil si se quiere, más sencillo y que atrape a quién se sumerja en sus páginas. Conmigo lo ha conseguido, Will ha conseguido engancharme a su historia desde el minuto uno. Esta joven menuda, de rizos rebeldes y pelirrojos difícilmente puede pasar desapercibida en un mundo masculino a pesar de su vestimenta. Sorprenden su arrojo, su impetuosidad y también su lealtad y su sentido de la amistad. En ocasiones, la fuerza y la garra de la aprendiz es tanta que llega a eclipsar la personalidad de su jefa, Lillian Pentecost, una mujer de carácter fuerte con una salud mermada que le afecta en el desarrollo de su trabajo. Una mujer tan temida como respetada dentro de la policía y en un mundo masculino como es el de los detectives privados. Me hubiera gustado en ocasiones ver ciertos episodios a través de la sensatez de la señora P, pero por muchos motivos eso era algo complicado, solo espero que si esto es una serie en algún momento se lo plantee el autor.
Si estos dos personajes son genuinos, auténticos, si escapan sobre todo Will a clichés, no todos los consiguen, tenemos dos conatos de femme fatale, que no acaban de estar a la altura del arquetipo, está el policía con pintas de matón que solo es fachada, la vidente charlatana, la rica a la que sobra el dinero y le falta ética. Chantajes, crímenes imposibles de resolver, y conforme avanza la trama los cadáveres parecen acumularse en la morgue. Muchos sospechosos, algunos dejan de serlo porque su vida se apaga, mujeres salidas de la nada, todo un reto para una investigadora que de lo que menos dispone es de tiempo.
La novela esta narrada en primera persona, por Will, desde el recuerdo, como una especie de diario o de repaso a su vida junto a su mentora, de recuento de aciertos y fracasos, una forma de colocar la balanza a la espera de vislumbrar si en su relación pesan más los aciertos o los fracasos. Y para ello empieza desde desde el principio, cómo se conocieron, cómo terminaron colaborando... Sorprende el pasado de la pelirroja y que sea capaz de someterse a las exigencias de una mujer que se adivina fuerte de carácter y espíritu pero débil de salud. Una simbiosis para mi muy productiva para ambas, pero que no siempre se adivina de igual forma.
La narración está salpicada de aspectos personales de la vida de la señorita Parker, que quita tensión en los momentos de mayor dramatismo, pero también aporta una dosis de fina ironía, de sentido del humor, de jovialidad, un recurso chispeante que he sabido apreciar muchísimo porque el sarcasmo de Lillian en algunos momentos me ha resultado cargante, aunque se reconocer el porqué de este y está genialmente bien utilizado. Un flashback constante entre la investigación que decide contarnos y su vida anterior, una forma de conocer mejor a ambas mujeres que me ha resultado interesante y le ha sumado puntos a la investigación. También hay una interpelación constante al lector, que mantiene la conexión con él en todo momento, en lugar de estar leyendo cómodamente en el salón de casa en ocasiones tienes la sensación de estar compartiendo un café o alguna bebida más fuerte en la misma habitación o club que Will.
Me ha sorprendido la elegancia y la forma en la que introduce temas que no son normales en una novela de corte negro, policial o detestivesco, quizás la principal es que en un mundo de hombres la detective sea mujer y tenga una enfermedad degenerativa incapacitante. Lillian Pentecost sufre esclerosis múltiple, una enfermedad con sus días malos, malísimos, y sus días regulares, una enfermedad que a sus cuarenta y pocos años la avejenta y la obliga a usar bastón para realizar su trabajo de campo, eso los días que lo puede realizar. El autor a través de la mirada de Will bastante más joven que ella nos ofrece una visión bastante realista sin llegar al fondo de ella, pero si mostrando lo frustrante que puede llegar a ser para la persona que la padece. Me ha gustado como ha metido el tema sin dramatismos, de forma natural, sin calzador, ofreciéndonos una visión muy humana de Lillian y no menos de su ayudante.
El otro tema que me ha sorprendido por la época en la que se ambienta es la inclusión de la homosexualidad y la bisexualidad. Hoy es un tema a la orden del día, pero en los años 40 no lo era ni siquera en la ciudad que nunca duerme. Stephen lo mete de forma de muy natural, a través de la personalidad arrolladora de su narradora, una mujer que entiende que hay mundos que han de mantenerse en discreción, pero no por ello siempre actúa en consecuencia. de forma más velada entendemos el porque del comportamiento de otros personajes, qué subyace detrás de su aparente malhumor, de su amargura o de ciertas acciones. Sorprende la forma de introducirlo en la trama respetando los códigos de la época.
El autor consigue pasearnos por los años cuarenta tanto en las descripciones del atrezzo utilizado por sus personajes, como por las descripciones del Nueva York de la época, ya no tanto de sus calles y clubes, que también, sino por las socioculturales, por ese paseo que nos da a través de unos secundarios de lujo, como pueden ser los gemelos Collins o el tío Wallace. Pero también por ese deambular por las bajas esferas de la sociedad a través de esas jornadas sabatinas de puertas abiertas de la señora Pentecost. Porque quizás es aquí donde más se ve por donde cojea una sociedad, y no tanto en las aparentes vidas perfectas de los ricos.
La maldad, la picaresca, los chantajes, los secretos de familia, la falta de ética y moral, poderoso caballero es Don Dinero. El reclamo de videntes, médiums, charlatanes, al fin y al cabo una forma de escapar de un presente que no se comprende y buscar un poco de consuelo. Ingredientes que se cocinan a fuego lento en esta novela, con una fina dosis de ironía y especiados con temas poco comunes en el género que la hacen muy recomendable a todo aquel busque un soplo de aire fresco, y también para aquellos que no gusten del género porque no encontrarán escenas truculentas que les vuelvan el estómago del revés.
No supe ver venir el final, no estoy demasiado fina últimamente, ni supe ver quién, ni el cómo salió indemne, luego a posteriori vi que todos los elementos estaban ahí, quizás una lectura con menos saltos en el tiempo me hubieran permitido unir los cabos, pero me ha gustado ese final, me ha gustado esa forma de unir todas la piezas para que por fin todo encajara milimétricamente. Me ha gustado que al final Will no sepa hacia que lado se inclina la balanza, porque no siempre somos capaces de saberlo. Ojalá esto sea el principio de una serie porque dos personajes de este calado no pueden dar solo para una novela, y si lo es, ojalá se traduzcan todos los libros de la serie.
Por último y no por ello menos importante, nos encontramos ante una novela coral, con muchos personajes, no todos ellos están dibujados a conciencia, algunos simplemente están esbozados, al principio de la novela nos encontramos con un glosario, me sorprendió porque normalmente se coloca al final y muchos lectores nos damos cuenta cuando hemos terminado el libro y nos hemos visto obligados a hacernos nuestro propio esquema para no perdernos. Me ha parecido un acierto que esté al principio aunque no lo he utilizado porque los he ubicado a todos y cada uno de ellos en todo momento.
Puedes leer la reseña entera en el blog
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Celeste_Cruz
 22 febrero 2021
Willojean, o Will, como prefiere que la llamen, es una muchacha que no ha tenido una vida fácil. Con apenas quince años huyó de casa y de un pasado plagado de abusos, aterrizando en un circo que se convirtió en su hogar y en toda su vida. Allí aprendió los mejores trucos y se convirtió en la ayudante de sus protagonistas, convirtiéndose en una chica polivalente capaz de desarrollar diversas y variopintas cualidades. Pero como los circos están de capa caída y ya no son lo que eran, tanto ella como sus compañeros a veces se ven obligados a aceptar otros trabajos fuera de las carpas para poder sobrevivir. Será así, con Will trabajando como vigilante de una obra, como conozca a la famosa detective Lillian Pentecost, una mujer de inteligencia afilada, audaz y con carácter que enseguida tomará a Will como su ayudante, pues ve en ella a una chica de mente despierta, inteligente y muy capaz, justo lo que necesita. al principio Will se negará, pues eso implicaría abandonar el circo y a la familia que allí había encontrado, pero teniendo en cuenta la situación precaria en la que estos se encuentran y las enormes posibilidades que le ofrece Pentecost si finalmente trabaja con ella, decide que hay más pros que contras en tomar esa decisión. Así pues, Will entrará a trabajar como su ayudante y tras varios años a su lado, ambas mujeres aprenderán todo la una de la otra y se convertirán en grandes amigas. Will ha aprendido a disfrutar mucho de su trabajo y los casos de asesinato y misterio que llegan hasta las oficinas le permite poner en marcha todo su ingenio. Pentecost es famosa por ser capaz de resolver los casos más intrincados que incluso a la propia policía se les resisten.
Narrado en primera persona, tras una breve introducción de cómo ambas se conocieron y llegaron a la situación actual, en esta novela Will se decanta por relatarnos uno de los múltiples casos de asesinato que llegaron a sus manos. En él, Abigail Collins, la mujer de un famoso y multimillonario empresario, ha sido hallada muerta en la fiesta de Halloween que organizó en su mansión. Dado que la policía parece atascada ante el asesinato ocurrido en una habitación cerrada, los hijos de los Collins, Rebecca y Randolph, junto al tío Harry, como estos cariñosamente le llaman, un amigo íntimo de la familia y administrador de la empresa tras el suicidio del señor Collins años atrás, decidirán contratar a Pentecost en un acto desesperado para que resuelvan cuanto antes el asesinato y de la manera más discreta posible, pues si se hacen públicos todos los detalles más escabrosos se convertiría en un escándalo que quieren evitar. Pentecost aceptará el caso y junto con su fiel ayudante Will emprenderán un camino que será mucho más complejo de lo que parecía al principio y que hará que los cimientos de su amistad se tambaleen.
Nada más empezar la novela supe que me iba a encantar porque desde el principio nos encontramos con ciertos elementos bastante originales. Lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que la protagonista, Will, perteneciera a un grupo circense y que las habilidades que desarrolla durante todos esos años le granjeen la simpatía de Lillian Pentecost, una detective cuya primera aparición es bastante dantesca. Pentecost sufre esclerosis y necesita a alguien que la ayude en su día a día resolviendo casos de asesinato. Will es perfecta porque, al igual que la propia detective, tiene una mente despierta, inquisitiva, curiosa y muy buen instinto. El siguiente elemento que me dejó prendada y que me hizo leer sin parar fue la voz de Will. Will es divertida, sarcástica e irónica y el hecho de que el libro esté narrado desde su punto de vista a modo de biografía hizo que la lectura fuera muchísimo mejor de lo que me esperaba. Además, como el libro está, en cierto modo, escrito por Will, muchas veces hace guiños al lector o interactúa con nosotros directamente, lo que hace que nos metamos aun más de lleno en la historia. Siguiendo con los personajes y con la propia Will, me encanta que ella sea bisexual, sobre todo si tenemos en cuenta que Los muertos no mienten transcurren tras la Segunda Guerra Mundial y el no ser heterosexual no está precisamente bien visto. No obstante, Will goza de su sentimientos con total libertad pese a las circunstancias y eso fue algo que me encantó, la naturalidad con la que en este libro se tratan sus sentimientos. Lillian Pentecost, por su parte, es una mujer muy suya, con una inteligencia voraz y que es capaz de valerse por sí misma pese a sus dificultades físicas. Tiene carácter y puede ser difícil de tratar, pero es una detective espléndida y es imposible no sentirse admirada por ella.
En cuanto a la trama, lo cierto es que no tiene nada de particular pues, al igual que en otras tantas novelas negras, nos encontramos ante un caso de asesinato de difícil resolución que esconde mucho más de lo que parece en apariencia. Abigail Collins era una mujer que apareció de la nada, sin pasado, y que consiguió escalar dentro de la empresa, pasando de ser una simple secretaria a convertirse en la mujer del dueño de la misma, al Collins. Tras su repentino suicidio, la empresa se queda sin su líder y Abigail insiste en que la producción debe cambiar de rumbo y dejar de lucrarse en el sector armamentístico para regresar a sus orígenes de empresa fabricante de grapadoras. Esta decisión generará muchos conflictos y pocas simpatías, todo lo cual saldrá a la luz cuando aparezca asesinada en su propia fiesta de Halloween y en extrañas circunstancias, pues la habitación en la que se produce el crimen estaba cerrada. He de decir que lo mejor de este caso, y quizá lo que le hace un poco diferente, es la presencia de Ariel Belestrade, una vidente excéntrica y cuanto menos sospechosa a la par que interesante.
Lo que para mí ha hecho que este thriller se coloque entre mis mejores lecturas y destaque por encima de otras obras del mismo género ha sido, como podéis intuir, los personajes. Lillian Pentecost es una mujer misteriosa, de armas tomar y súmamente inteligente que, además, tiene que lidiar con la esclerosis. Es la primera vez que leo un libro donde un personaje padece esta enfermedad (y encima un protagonista) y si bien no se ahonda en ella, al margen de hablarnos de las dificultades que sufre la mujer debido a ello, me parece muy importante que se le dé visibilidad y que tenga presencia. Por otro lado, Will como narradora es excelente porque, como ya he dicho, es divertida, irónica y también muy inteligente, además de interactuar constantemente con el lector lo que nos hace partícipes de la historia. Mientras leía esta novela, en mi cabeza no paraba de pensar que necesitaba que fuera una primera parte de saga porque necesitaba continuar leyendo casos resueltos por este par de detectives tan peculiares. Y cuál fue mi sorpresa al meterme en GoodReads y ver que era la primera parte de una saga de thrillers. Aun así, tengo mis dudas acerca de cómo serán los siguientes libros dado que en el final se insinúa algo acerca de Lillian que me dejó un poco... tocada.
Respecto a la prosa del autor, se nota muchísimo que es guionista, pues que este libro es perfecto para ser adaptado a una película o serie de televisión. Sabe utilizar todos los recursos de los medios audiovisuales para engancharnos, hacer que prestemos atención a determinados detalles, guiarnos e, incluso, a la hora de realizar las descripciones. Esto hace que sea una lectura muy amena y ligera que te lees en apenas un par de días porque todo fluye con relativa facilidad. Creo que el hecho de que Spotswood sea guionista es un punto a favor muy grande para una novela de este género.
Como único "pero", que ni siquiera tiene que ver con el libro, es que no entiendo el por qué de la portada que le han puesto en España. Literalmente las dos mujeres que aparecen no tienen absolutamente nada que ver con la descripción física de las protagonistas, así que da la sensación de que han escogido una foto al hacer de dos mujeres que tienen un poco el estilo de vestir y las "vibes" de Will y Lillian y ya está. La portada original es mucho más bonita y más acorde con la novela.
Si os gusta la novela negra, Los muertos no mienten es un libro imprescindible. Aunque contiene todos los tropos típicos de este género, la novedad radica en sus protagonistas (dos mujeres fuertes, con carácter, inteligentes; una proveniente del circo y otra con esclerosis) que le dan una vuelta de tuerca a este tipo de historias y que convierte este thriller en una lectura trepidante, ágil, divertida, que te atrapa y no te suelta hasta que llegas al final y te quedas con ganas de más, con ganas de saber qué otras aventuras les depararan a la imbatible detective Pentecost y a su intrépida ayudante Will.

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Inquilinas_Netherfield
 08 marzo 2021
En Los muertos no mienten, Stephen Spotswood nos invita a sumergirnos en una novela negra americana al estilo de los años cuarenta. Ambientada en la ciudad de Nueva York y de la mano de sus protagonistas, la detective Lillian Pentecost y su ayudante Willowjean Parket (Will), recorreremos sus calles, clubs y comisarías pasando de las bajas a las altas clases sociales que, aunque en apariencia no se cruzan, están irremediablemente conectadas.
La noche en que la detective Lillian Pentecost y Will Parket (la chica para todo que trabajaba en el circo ambulante Hart and Halloway) se encontraron, sus vidas se alinearon en un mismo destino, pues la consagrada detective de Nueva York (enferma de esclerosis múltiple) se convirtió sin quererlo ni pedirlo en la mentora, amiga y protectora de la joven Will. El señor McCloskey las situó a la misma hora en un mismo lugar; dos mujeres ante un mismo destino, una alineación de planetas que, como buena detective, Lillian supo ver y además aprovechar, pues no dejó pasar la oportunidad de que la joven trabajadora del circo se convirtiera en su ayudante a cambio de mentorizarla en una nueva carrera profesional, ofrecerle un trabajo y un techo en el que vivir.
Will Parket relata en primera persona y desde una perspectiva omnisciente lo que a su jefa y a ella les pasó después de su encuentro con el señor McCloskey y como continúo su vida al lado de su mentora, resaltando de entre todos los casos que resolvieron el asesinato de Abigail Collins, la matriarca de la poderosa familia Collins, crimen al que principalmente está dedicado esta novela.
La noche de Halloween, Abigail Collins celebró en su casa una fiesta de disfraces junto a sus hijos gemelos, Rebecca y Randolph, el padrino y director general de Collins Steelworks, Harrison Walace, y sus empleados más relevantes. Todos ellos disfrutaron de un baile de máscaras y la actuación especial de Ariel Belestrade, médium y consejera espiritual del Upper East Side que, con sus dotes adivinatorias y voces de ultratumba, consiguió impresionar a todos... sobre todo cuando después del acto central encontraron a Abigail Collins, sentada en la silla del despacho de su marido, molida a golpes y muerta.
Will narra los hechos en el caso de los Collins y nos da a conocer a los implicados, las claves y las posibles causas que dieron lugar al terrible crimen desde una perspectiva subjetiva y una implicación emocional que le resta en algunos momentos visión e imparcialidad. Para nuestra joven narradora no hay demasiada variedad de grises, por lo que dependiendo de su criterio e independientemente de la justicia ordinaria, cada uno de los personajes cae en el montón de los buenos o en el montón de los malos. de esto también participa Lillian Pentecost pues, además de resolver los casos, ambas deciden juntas si estos pasan al procedimiento ordinario o los dejan en manos de la justicia poética, esa donde la maldad es castigada y la bondad, a pesar de todo, resulta premiada.
Los muertos no mienten es una obra muy interesante e innovadora en la que el autor entra y da una vuelta de tuerca a la típica novela negra de los años cuarenta introduciendo nuevos aires, como poner el foco y la voz en Will, la ayudante, como símbolo de los nuevos tiempos. En su lectura el lector descubre a sus protagonistas, dos mujeres de generaciones distintas pero no por ello menos resueltas y empoderadas, que te enganchan y te atrapan en cada página que recorres del libro.
Para los que disfrutamos de las novelas de detectives, una historia que trae nuevos aires al género que tanto amamos.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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Tamichi
 04 marzo 2021

Stephen Spotswood tiene una pluma excelente, ágil, y que engancha desde la primera página.
En esta obra sigue los pasos de una detective y su ayudante mientras investigan un asesinato en el Nueva York de los años cuarenta.
Al estar saliendo de mi zona de confort es idóneo para mí. Aunque mirándolo bien, no es tan diferente, ya que está basado en la época de la posguerra, y esas historias, me gustan, es decir, es de los míos.
Ya que tiene un poco de todo.
Lo primero que quiero matizar y agradecer es la breve descripción de los personajes en las primeras páginas. Ya que lo que peor he llevado siempre, incluso en la vida real, son los nombres. Y para mí es de gran ayuda.
Después de este pequeño, gran matiz. Vamos con la opinión personal: Una novela fresca, que va al grano, sin descripción innecesaria, donde ha sabido hilar toda la trama de principio a fin sin necesidad de relleno. La obra detectivesca, muy bien ambientada en Nueva York de la posguerra es bastante entretenida, irónica y divertida. protagonizada por dos mujeres de armas tomar. Está escrita en primera persona, donde Parker nos relata como fue el primer encuentro, bastante peculiar, con Lilian.
A raíz de ahí empieza la aventura.
No os lo perdáis. Lo recomiendo 100%.
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Citas y frases (22) Ver más Añadir cita
lourdesmateo88lourdesmateo8826 febrero 2021
La señora P y yo compartimos cierto prejuicio en lo que a la flor y nata se refiere. En mi caso es el habitual resentimiento pueblerino de la clase obrera. En el suyo se debe a que los ricos suelen ser los que menos necesitan su ayuda. Sin embargo, parte de mi trabajo como asistente incluye también dirigirla hacia los esporádicos clientes que pueden extender un cheque de cinco cifras sin que les entre un sudor frío.
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lourdesmateo88lourdesmateo8826 febrero 2021
A la señora P le gusta decir: “Si nunca volvemos atrás y examinamos lo que tenemos en conjunto, puede que no veamos el patrón que existe en medio del caos.” También siente debilidad por el corolario: “Dedica cada instante a roer lo que sabes y es posible que se te escape un nuevo bocado que se te presente en el camino”.
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lourdesmateo88lourdesmateo8826 febrero 2021
—Su cuenta bancaria no es nada desdeñable —le dije—. Por lo menos, según los últimos valores en la bolsa en el Journal. Pero si el vil metal no le interesa, también está el hecho de que se trata de un misterio de habitación cerrada como Dios manda. ¡Un misterio de habitación cerrada! ¿Con qué frecuencia ve alguno?
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YoleoNovelaYoleoNovela20 febrero 2021
Tienes que ir con más cuidado, muchacha. Esta ciudad está llena de monstruos, ladrones y gilipollas. Y esto solo en el ayuntamiento.
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lourdesmateo88lourdesmateo8826 febrero 2021
Muchas veces Lazenby y sus hombres me tratan como a una niñita que juega a ser detective. Más mascota que miembro del equipo. Llevo tres años investigando casos, y la señorita P responde por mí, pero él nunca me deja olvidar que la primera vez que nos vimos yo estaba al otro lado de la mesa.
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