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ISBN : 8494642561
Editorial: Gatopardo Ediciones (27/11/2017)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 1 calificaciones)
Resumen:
Una mortecina mañana del mes de noviembre, el anciano escritor Thomas Hardy y su esposa, Florence, esperan en su casa de campo la visita de Gertrude, la actriz principal de una adaptación amateur de la novela de Hardy, Tess, la de los d'Urberville. Sin embargo, la llegada de esta hermosa y joven actriz de teatro pronto perturbará el equilibrio de sus recluidas vidas campestres. En esta novela, ambientada en la década de los años veinte, Christopher Nicholson realiza... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 22 marzo 2018
El mes pasado os traje la reseña de la mecanógrafa de Henry James, en la que el propio autor era uno de los protagonistas del libro. La novela que os traigo hoy, Invierno, sigue la misma dinámica, solo que en esta ocasión es el escritor Thomas Hardy el que forma parte del grupo de personajes. Aun así, son novelas totalmente diferentes, y la visión que se da de ambos autores también difiere mucho.
Estamos en 1924. El matrimonio Hardy vive en Max Gate, una apartada casa de campo en Dorchester, en el condado de Dorset. Esa casa de campo es el mayor orgullo de Thomas Hardy, la ha construido gracias a su exitosa carrera como novelista, pero su esposa Florence no es de la misma opinión. Tiene muchos problemas, tanto de salud como anímicos, y cree que buena parte de ellos se deben a lo sombrío y apartado de ese lugar. Hardy cuenta ya con 84 años, pero su vitalidad y energía son las de un hombre mucho más joven; Florence cuenta con casi la mitad de años que él (es su segunda esposa), y a veces parece más anciana que su marido... aunque sus quejas y lamentaciones no siempre carecen de fundamento.
Al señor Hardy siempre le han gustado las jovencitas hermosas; ya se fijó (y cortejó) en Florence cuando todavía estaba casado con su primera mujer, Emma, y ahora sus pensamientos vuelan constantemente hacia Gertrude Bugler, la jovencísima (y casada) actriz aficionada de apenas 25 años que suele interpretar sus personajes femeninos en el teatro de una localidad vecina. Florence teme que se repita la historia, que Gertrude interprete el papel que ella misma interpretó en su momento en el primer matrimonio de Hardy... y sobre este triángulo amoroso de personalidades complejas y llenas de aristas se asienta Nicholson para contarnos una historia ya conocida por los seguidores del autor, pero desde un punto de vista muy particular.
Creo que podría decirse que aunque el principal reclamo para este libro es Hardy, la verdadera protagonista de la historia es su esposa, Florence, una mujer sobre la que se ha vertido mucha tinta (de la mala), y que el propio biógrafo de Thomas Hardy dejó a la altura del betún. La Florence que Nicholson compone no es perfecta, tiene muchos defectos, pero tampoco cuesta entender algunas de sus reacciones en vista del trato que recibe de su esposo... porque no, en Invierno no vamos a encontrarnos con una oda a mayor gloria de un autor tan magnífico como Thomas Hardy: todo lo contrario, a ratos (muchos ratos) te cae mal. Digamos que Nicholson intenta darle su lugar a Florence, dando a entender que ni tan bueno era su marido ni tan mala era ella, y bajar así del pedestal humano (que no divino, que su labor como literato es incuestionable) a Thomas Hardy.
Así, aunque Florence se queja y se lamenta de que su marido no está enamorado de ella, aunque intuimos que es un tanto hipocondríaca y con ciertos altibajos emocionales, aunque nos damos cuenta de que es celosa, insegura, que se siente fea e infravalorada... sinceramente hay ocasiones en que no podemos reprochárselo. Hardy en esta novela se nos presenta como un octogenario muy consciente de su fama y de su importancia (incluso fantasea con los famosos que irán a su funeral), que venera en la muerte a una primera esposa a la que sin embargo trató fatal en vida, y que ahora le ha dado por Gertrude Bugler. El enamoramiento por esta actriz es más que evidente, le escribe poemas, montones de poemas, piensa en ella constantemente, y el cinismo con el que trata el tema con su mujer, como si solo fuesen imaginaciones suyas, te hace ponerte siempre del lado de Florence.
La novela tiene tres tipos de narrador: uno en tercera persona (que es el que sigue casi siempre a Thomas Hardy), y dos en primera persona (Florence Hardy y, en un par de ocasiones, Gertrude Bugler). El efecto que consigue es muy evidente. Tenemos capítulos enteros en los que nos adentramos en la personalidad del escritor, pero son los capítulos narrados por la propia Florence los que nos abren la ventana hacia el mundo interior de una mujer que antes de casarse con Hardy tenía muchas aspiraciones, que quería ser escritora, que era profesora y amaba su profesión, pero que, precisamente por esas ambiciones, y encandilada por la posibilidad de casarse con el escritor más famoso de Inglaterra en aquel momento, quizás cometió el mayor error de su vida al unirse a él. Es honesta en lo que cuenta, parcial porque para eso es su punto de vista, pero la comprendes, sabes en qué momento de su vida está, percibes sus miedos y te duelen los desmanes de su marido, que son muchos y variados a lo largo de la narración.
Resulta admirable la manera en que Nicholson narra la rutina de un matrimonio como este, en el que salvo el desayuno, el almuerzo, la cena y la posterior sobremesa, en la que invariablemente Florence debe leer en voz alta a su marido (mientras él se pone a pensar en cualquier otra cosa, dicho sea de paso), son escasas las ocasiones en que comparten algún momento juntos. Cuando lo hacen, casi siempre hablan de las mismas cosas: Gertrude y su talento (inexistente para Florence, maravilloso para Hardy), la salud de Florence (muy delicada para ella misma, de interés inexistente para su marido), o los árboles que rodean el edificio, que ejemplifican a la perfección el leitmotiv de este matrimonio: Florence se ahoga con su presencia y quiere podar unos cuantos, quiere darle otro aire a la casa, quiere vida y que entre el sol, y a Hardy le importa un comino cómo se siente su esposa porque los sentimientos de esos árboles son para él mucho más importantes... o simplemente porque él se ve reflejado en esos árboles viejos, tan viejos como él, y no quiere que nadie los toque (igual que no quiere electricidad en la casa, ni le gusta el teléfono, ni quiere comprar un coche...). Hardy vive anclado en el pasado, le gustaban las cosas tal y como eran en el siglo XIX, y Florence se ahoga en la vida que para ella ha construido su marido.
Y a todo esto, ¿qué tiene que decir Gertrude en toda esta historia? Pues Gertrude dice poco, y en base a lo poco que dice, a mí me ha parecido un lobo con piel de cordero. Se vende muy bien al lector, pero no la he creído ni por un momento tan inocentona como ella quiere hacernos creer que es, sobre todo si hacemos caso a una frase en concreto de la que recibimos dos versiones, una suya y otra diferente, con otro matiz, por parte del narrador omnisciente... no me la creo cuando dice que no sabía de la adoración de Thomas Hardy. Pero es su voz, y está en su derecho de mostrarse como ella quiera. Que el lector comulgue con ella o no es otra cosa.
Como veis no estamos ante una novela con giros sorprendentes ni una trama impactante, ni falta que hace. Thomas Hardy, con 84 años, se ha enamorado de una veinteañera, y su mujer, que no es tonta, se da cuenta y nos narra desde su punto cómo es el día a día con una celebridad como él, que ofrece una cara amable e ingeniosa al mundo, pero que con ella, en la intimidad, se muestra frío, insensible y ausente. A veces el lector se pregunta por qué se casó Hardy con Florence, pues no parece haber estado nunca realmente enamorado de ella.
Todo esto podría parecer una historia demasiado sencilla que transita sobre senderos ya conocidos, pero os aseguro que no es así, y buena culpa la tiene la prosa del autor y su construcción de los personajes. No solo escribe elegante y bonito, sin imposturas ni maniqueísmos, sino que dibuja y perfila a los personajes con trazos vivos y minuciosos. Cierras el libro teniendo una idea precisa sobre cada uno de ellos y las emociones y sentimientos que mueven sus pasos. Todos ellos son imperfectos, y en el caso del matrimonio Hardy ni siquiera buscan encandilar o engatusar al lector, y en esa honestidad con la que son expuestos radica el éxito de una narración con tintes nostálgicos entre los que se cuelan destellos de rebeldía, inconformismo, amor, deseo, anhelos, ilusiones y miedos.
Invierno es, básicamente, una historia de personajes, intimista y sentimental. A quien no le gusten estos ingredientes en una novela, mejor que escoja otra cosa. Quien sí los disfrute, que no pierda tiempo y se haga con ella. Encima está basada en los hechos reales que ocurrieron en torno al estreno amateur de la adaptación al teatro de Tess de los d'Urberville en el año 1924. El enamoramiento de Hardy por Gertrude Bugler es verídico, los celos de Florence Hardy hacia la propia Gertrude se dice que también lo son, y la maravillosa forma que tiene de narrarlo el autor hace el resto. Muy recomendable, como todo lo que publica esta editorial. Gatopardo tiene una varita mágica asombrosa para escoger buenas historias.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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