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Isabel García Adánez (Traductor)
ISBN : 8435018385
Editorial: Edhasa (23/04/2009)

Calificación promedio : 4.28/5 (sobre 16 calificaciones)
Resumen:
Thomas Mann (1875-1955) es un clásico indiscutible de la literatura alemana. Hizo del ser humano, condicionado por su contexto político y social, y del conflicto que puede surgir entre la vida y el arte o la inteligencia, el centro de buena parte de su extensa obra narrativa, en la que destacan, entre otros títulos, Los Buddenbrook (1901), Tonio Kröger (1903), La muerte en Venecia (1912), La montaña mágica (1924), considerada a menudo su obra más importantes, Mario ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (6) Ver más Añadir una crítica
PilarLaEremita
 18 junio 2020
Acabo de plantearme un reto, un más difícil todavía: intentar explicaros este pedazo de obra maestra donde las haya, coloquialmente.
No es moco de pavo creedme, pues a La Montaña Mágica se le puede denominar muchas cosas, mas ningún sinónimo de "llana" o "coloquial" se le aplica. Pero yo, que como os he dicho en muchas ocasiones soy más chula que un ocho, voy a cometer tal sacrilegio sin culpa. Que no sigan los puristas (esos de los eventos consuetudinarios)
La razón es simple: es uno de esos libros que me llevaría a una isla desierta, pues cada vez que lo leo descubro cosas nuevas. Casi mil páginas, dependiendo de la edición, de narrativa, filosofía, política europea pre-guerra mundial... ahí es nada.
Debo avisaros que no es para lectores desacostumbrados, sino para aquellos que, habituados a devorar con ansia de gourmands todo escrito que cae en sus manos, los ojos ya acostumbrados a textos densos sin apenas pausas, la mente ya ducha en navegar por mares de prosas inacabables, deciden arriesgarse a ser gourmets. Y claro, no todos los paladares están hechos a ello.
Vaya por Dios, me ha salido un estilo un tanto settembrino, ya sabréis lo que quiero decir si me seguís leyendo. Os lo cuento en palabras simples: es un tocho. He dicho. Pero un tocho que atrapa, hace pensar, enamora, emociona y enseña historia desde el punto de vista que quien la vive. Vale la pena llevarlo en el metro o en el bus aunque el bolso pese un 🐣(si, es un huevo con pollito) en los traslados. Y os acompañará cientos de kilómetros de transporte urbano e interurbano, muchas noches de lamparita y pre-siestas tranquilas, porque no se lee en dos días. Hay que paladearlo. Hay que entenderlo. Es alemán, con lo que no digo nada y lo digo todo.

Vamos a conocer un poquito a Herr Thomas Mann, pues aunque no acostumbro a poner biografías de los autores en mis recomendaciones, en este caso es importante para situarnos en el contexto sociocultural de la novela (¡toma palabros! si hasta voy a parecer seria y todo).
Esto nos cuenta Biografías y vidas sobre él:
"(Lübeck, 1875 - Kilchberg, 1955) Escritor alemán, premio Nobel en 1929. Criado en Lübeck en el seno de una familia patricia, a la muerte de su padre en 1893 siguió a su madre a Munich, donde trabajó como aprendiz en una compañía de seguros. Más tarde, aprovechando en parte las relaciones de su hermano Heinrich, colaboró con varias revistas, entre ellas Simplizissimus. de 1895 a 1897 estuvo en Italia, acompañando a su hermano."

Se dice que entre 1900 y 1903 mantuvo un bromance con el violinista y pintor Paul Ehrenberg, cosa que menciono porque pienso que la bisexualidad de Mann está notablemente presente en las relaciones masculinas de casi todas sus obras, aunque se casó con Katia Pringsheim en 1905.
Y fué precisamente una visita al Sanatorio Wald de Davos en 1912, donde se encontraba ingresada su esposa aquejada de una afección pulmonar, la que inició La Montaña Mágica. No se publicó hasta 1924, once años de novela que atravesó en su proceso de escritura la primera Guerra Mundial (1914-1918) y parte del periodo de la República de Weimar (1919-1932)

Podéis continuar leyendo la biografía de Mann en el enlace o en la wiki, pues lo que a nosotros nos interesa es hasta ese momento y para qué complicarlo más de lo necesario, que ya vamos densitos.

En el argumento, Hans Castorp, un joven de una familia pequeñoburguesa de Hamburgo, viaja a Berghof, un sanatorio de afecciones respiratorias (tuberculosis vaya, para que nos entendamos) en los Alpes suizos, a fin de pasar unos días con su primo allí ingresado.
Berghof es un micromundo dentro del mundo, con sus costumbres y su pequeña sociedad estamental.
Mientras se adapta al ambiente de balneario europeo burgués y decadente, con la muerte acechando cada alma que allí se encuentra, va conociendo a los personajes que trazan la novela, dividida en siete capítulos o etapas de su estancia, pues lo que iba a ser una visita de tres semanas se convierte en una estancia de siete años, que acaba con el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Vamos con esos increíbles e icónicos personajes principales de Mann. No se nota nada que estoy enamorada de todos y cada uno de ellos, y de las conversaciones sobre lo divino y lo humano que mantienen ¿verdad?. Añado una frase representativa de cada uno, así podréis decir que lo habeis leido sin mentir en exceso, amen de valer la pena:
Hans Castorp, un joven burgués idealista en torno al cual Mann desarrolla la línea narrativa como presencia constante, un poco nuestros oídos y ojos en la novela para conocer e interactuar con los demás, aunque con caracter y líneas argumentales propias, como su enamoramiento de Madame Chauchat. El eterno discípulo. Y muy muy alemán. Frase (excelsa frase):
Oh, el amor, ¿sabes...? El cuerpo, el amor, la muerte, esas tres cosas no hacen más que una. Pues el cuerpo es la enfermedad y la voluptuosidad, y es el que hace la muerte; sí, son carnales ambos, el amor y la muerte, ¡y ése es su terror y su enorme sortilegio! Pero la muerte, ¿ comprendes?, es, por una parte, una cosa de mala fama, impúdica, que hace enrojecer de vergüenza; y por otra parte es una potencia muy solemne y majestuosa (mucho más alta que la vida risueña que gana dinero y se llena la panza; mucho más venerable que el progreso que fanfarronea por los tiempos) porque es la historia y la nobleza, la piedad y lo eterno, lo sagrado, que hace que nos quitemos el sombrero y marchemos sobre la punta de los pies... de la misma manera, el cuerpo también, y el amor del cuerpo, son un asunto indecente y desagradable, y el cuerpo enrojece y palidece en la superficie por espasmo y vergüenza de sí mismo. ¡Pero también es una gran gloria adorable, imagen milagrosa de la vida orgánica, santa maravilla de la forma y la belleza, y el amor por él, por el cuerpo humano, es también un interés extremadamente humanitario y una potencia más educadora que toda la pedagogía del mundo...! ¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone ni de pintura al óleo, ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril de la vida y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y cómo la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas.
¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano!
¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la «Arteria femoralis» que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!
Luigi Settembrini, un erudito que ejerce de "mentor" de Castorp, representante de los valores de la burguesía de la siempre vieja Europa, vitalista, demócrata, humanista y proactivo. Su antagonista en la novela, Naphta, le define despectivamente como un Zivilisationsliterat (Literato de la civilización). Frase:
el mundo entrañaba la lucha entre dos principios, el poder y el derecho, la tiranía y la libertad, la superstición y el conocimiento, el principio de conservación y el principio de movimiento imparable: el progreso. Se podía definir al uno como el principio oriental; al otro como el principio europeo, pues Europa era la tierra de la rebeldía, la crítica y la actividad para transformar el mundo, mientras que el continente asiático encarnaba la inmovilidad y el reposo
Leo Naphta, antagonista ideológico de Settembrini, un judío convertido al catolicismo que ingresa en la orden jesuita. Extremista muy radical, con ideas un tanto medievales, filósofo y defensor del totalitarismo. Frase:
El hombre es la medida de todas las cosas y su felicidad es el criterio de la verdad. Un conocimiento teórico que careciese de referencia práctica a la idea de felicidad del hombre estaría tan sumamente desprovisto de interés que no se le podría conceder el valor de ser verdadero y tendría que ser rechazado
Ambos, Settembrini y Naphta, se disputan la atención de Castorp en conversaciones y disertaciones que encarnan los valores, movimientos sociales, preocupaciones y costumbres de la Europa convulsa del momento, donde ya se intuye la escalada belicista que desembocaría en la Primera Guerra mundial, a la vez que los ideales heterogéneos de la República de Weimar. Disertan tambien sobre mente y espíritu. Conversaciones profundas, áridas a veces. pero didácticas y en mi opinión, perlas de sabiduría y filosofía absolutamente imprescindibles.
Un amigo me decía siempre que yo tenía trazas de Clawdia Chauchat ("Chaud chat = gato cálido. Se cree que el apellido es un guiño a la "felinidad" del único personaje femenino relevante de la novela). Ya me gustaría. Creo que me miraba con ojos demasiado soñadores y literarios). Ella es el amor de Castorp, la esposa con rasgos asiáticos - ojos tártaros - de un alto funcionario ruso. tiene en sus diálogos con Hans los pasajes más bonitos y a la vez mórbidos, que no morbosos, en cuanto a la descripción del amor. Frase (Ya traduje a Hans, me niego a traducir a Clawdia):
- Adieu, mon prince Carnaval! Vous aurez une mauvaise ligne de fièvre ce soir, je vous le prédis.
Al decir esto se levantó de la silla, se dirigió a la puerta, dudó un momento en el umbral, dio media vuelta, elevando uno de sus desnudos brazos con la mano en el pestillo y, por encima del hombro, dijo en voz baja:
- N'oubliez pas de me rendre mon crayon.
Ya al final aparece Mynheer Peeperkorn, un hedonista de aspecto grotesco que cautiva a Castorp y aborrece a Settembrini. Frase:
Nuestros sentimientos son la fuerza viril que despierta a la vida. La vida duerme. Quiere ser despertada para desposarse en la embriaguez con el divino sentimiento. Porque el sentimiento, joven, es divino. El hombre es divino en la medida en que es capaz de sentir. Es el sentimiento de Dios. Dios le ha creado para sentir a través de él. El hombre no es más que el órgano mediante el cual Dios se desposa con la vida, despierta y embriagada
Joachim Ziemssen es el primo de Hans Castorp. Representa el sentido del deber y los valores militares. Abandona la Clínica para incorporarse al ejército, aunque regresa posteriormente. Destaca por la serenidad y aceptación de su destino.
La Vida y la Muerte en presencia constante y demoledora en todas sus páginas.
Hay muchos otros personajes secundarios, complementos fundamentales de esta obra maestra, profunda, rica y reflexiva que es La Montaña Mágica.
Podría escribir muchísimo más, pero no quiero que me odiéis así es que hasta aquí hemos llegado. Si os animáis a leerla, seguid el consejo de Rosa Montero: Sáltate páginas, en fin, sumérgete y disfruta. (Aunque si de verdad queréis disfrutar, yo no lo haría. Bajo mi puno de vista cada palabra es una joya)
Id con mascarilla que hay rebrotes, no me seáis inconscientes, a ver si vais a terminar en Berghof.
Versión Kindle: La Montaña Mágica
Versión tapa blanda : La Montaña Mágica

Tapa blanda: 1024 páginas
Editor: Edhasa (23 de abril de 2009)
Colección: Pocket
Idioma: Español
ISBN-10: 8435018385
ISBN-13: 978-8435018388
Enlace: https://www.desdeelredondal...
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lauli
 01 febrero 2019
¿Qué se puede decir de una obra de semejante magnitud? Salí de esta novela absolutamente deslumbrada, agotada también, como si hubiese efectivamente pasado siete años con Hans Castorp en la cima de los Alpes, y sobre todo con muchos interrogantes que me sugieren que quizás sea una novela que amerita varias lecturas (aunque tendrá que esperar un tiempo).
La montaña mágica es una novela de iniciación, donde el joven e inexperto Hans Castorp va experimentando la enfermedad, el amor, la elevación espiritual, la irritación, la cercanía de la muerte, la violencia, la exaltación artística, y va dejando de ser un joven "mimado por la vida", como Mann expresa en reiteradas ocasiones, para poder volver a tomar su lugar en el llano, con el resto de la humanidad. La novela está repleta de diálogos profundísimos sobre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el progreso y la tradición, que en gran medida encarnan los grandes debates de la belle epoque, época en que transcurre la novela. Esos diálogos son puestos en boca de personajes memorables y originales como Settembrini, Naphta, Behrens y Peeperkorn, y es la vehemencia y la impronta personal de cada uno de ellos la que anima el debate y nos manipula como lectores.
Mann refleja de manera brillante el proceso que va llevando hacia la primera guerra mundial. Las diferencias culturales entre los huéspedes del sanatorio pasan de ser meramente una cuestión de color o de esnobismo a convertirse en escenas sumamente violentas cuando el antisemitismo y el fanatismo político irrumpen en escena. Los diálogos entre los antagonistas amigables que son Settembrini y Naphta van subiendo de tono hasta culminar en un duelo. Los progresos técnicos, tan alabados por el doctor Behrens, pasan de estar del lado de la vida y de la curación a ser vehículo de muerte y aniquilación en los campos de la primera guerra mundial, donde los obuses levantan "a la altura de una casa un chorro de tierra, de fuego, de hierro, de plomo, de humanidad despedazada."
No es una novela de lectura sencilla o pasatista. Requiere paciencia y mucha atención. Pero vale muchísimo la pena.
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Maresminombre
 30 enero 2019
No ha sido de mi agrado. Es un libro con unos personajes muy fríos, aunque entiendo que serán el reflejo del lugar y de la situación en la que se encuentran. No he conectado con ningún personaje, ni para bien ni para mal. La historia no me ha resultado interesante. Además entremezcla la trama con muchas discusiones filosóficas y algunas de ellas me han resultado muy difíciles de seguir (por no decir imposible). Eso sin hablar del capítulo que está escrito en francés en su mayor parte. He tenido que recurrir al enlace que compartieron unos compañeros del grupo de lectura para enterarme de qué trataba (me pregunto qué harían para leerlo las personas que no sabían francés cuando aún no existía internet). Un libro muy denso y muy extenso.
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gdavila
 12 marzo 2018
Es un libro de una densidad abrumante pero necesaria para alcanzar la profundidad filosófica que expone. Creo que es más preciso catalogarlo como un libro de iniciación filosófica que de Literatura. En particular, recomiendo el libro para leerlo con serenidad y calma.
El paso del tiempo, la enfermedad y la muerte, son temas constantes en la historia.
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joselu
 30 enero 2019
Un libro complicado de leer. Se necesita hacerlo con calma y con conocimientos de historia y filosofía ( no hace falta ser un experto, pero si darse cuenta de lo que se discute y del periodo que cuenta, antes de la primera guerra mundial). Disfruté mucho con su lectura, tuve la impresión de estar asistiendo a la construcción de una catedral literaria.
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Citas y frases (38) Ver más Añadir cita
PilarLaEremitaPilarLaEremita18 junio 2020
Oh, el amor, ¿sabes...? El cuerpo, el amor, la muerte, esas tres cosas no hacen más que una. Pues el cuerpo es la enfermedad y la voluptuosidad, y es el que hace la muerte; sí, son carnales ambos, el amor y la muerte, ¡y ése es su terror y su enorme sortilegio! Pero la muerte, ¿ comprendes?, es, por una parte, una cosa de mala fama, impúdica, que hace enrojecer de vergüenza; y por otra parte es una potencia muy solemne y majestuosa (mucho más alta que la vida risueña que gana dinero y se llena la panza; mucho más venerable que el progreso que fanfarronea por los tiempos) porque es la historia y la nobleza, la piedad y lo eterno, lo sagrado, que hace que nos quitemos el sombrero y marchemos sobre la punta de los pies... De la misma manera, el cuerpo también, y el amor del cuerpo, son un asunto indecente y desagradable, y el cuerpo enrojece y palidece en la superficie por espasmo y vergüenza de sí mismo. ¡Pero también es una gran gloria adorable, imagen milagrosa de la vida orgánica, santa maravilla de la forma y la belleza, y el amor por él, por el cuerpo humano, es también un interés extremadamente humanitario y una potencia más educadora que toda la pedagogía del mundo...! ¡Oh, encantadora belleza orgánica que no se compone ni de pintura al óleo, ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril de la vida y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira los omóplatos cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que desciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y cómo la estructura de los brazos corresponde a la de las piernas.
¡Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano!
¡Fiesta para morir luego sin un solo lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo! ¡Déjame tocar devotamente con mi boca la «Arteria femoralis» que late en el fondo del muslo y que se divide, más abajo, en las dos arterias de la tibia! ¡Déjame sentir la exhalación de tus poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albúmina, destinada a la anatomía de la tumba, y déjame morir con mis labios pegados a los tuyos!
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joseluispoetryjoseluispoetry17 diciembre 2019
El influjo espiritual y estilístico de Nietzsche es reconocible, sin duda, ya en mis primeros ensayos de prosa que vieron la luz pública. Toda posibilidad de formación en general presupone un ser, el cual posee la voluntad instintiva y la capacidad para seleccionar, asimilar y reelaborar todo de manera personal. Goethe dijo que para hacer algo es preciso ser algo. Pero incluso para poder aprehender algo, en el sentido elevado de esta palabra, se necesita ya ser algo. Fue un proceso complicado, que adoptaba una actitud totalmente frente a la influencia callejera y popular del filósofo, frente a todo simplista "renacentismo", frente al culto al superhombre y al esteticismo a lo César Borgia, frente a toda palabrería acerca de la sangre y de la belleza que entonces estaba de moda entre los grandes y entre los pequeños. El joven de viente años que era yo comprendía la relatividad del "inmoralismo" de este gran moralista; cuando yo contemplaba la comedia de su odio contra el cristianismo, veía también su amor fraterno a Pascal y entendía aquel odio en un sentido completamente moral y no, en cambio, psicológico. En una palabra yo veía a Nietzsche ante todo al hombre que se superaba a sí mismo. No tomaba en él nada a la letra, no le creía casi nada, y justamente eso es lo que hacía que mi amor por él tuviese un doble plano y fuese tan apasionado.
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joseluispoetryjoseluispoetry22 enero 2020
Qué era, pues, la vida. Es el ser de lo que, en realidad, no puede ser, lo que oscila entre un dulce y doloroso vaivén sobre el límite del ser en ese proceso continuo y febril de la descomposición y de la renovación. No era ni siquiera materia y no era espíritu. Era una veleidad secreta y sensual en el frío casto del universo, una impureza íntimamente voluptuosa de nutrición y de excreción, un soplo excretor de ácido carbónico y de sustancias nocivas de procedencia y de naturaleza desconocidas.
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joseluispoetryjoseluispoetry17 diciembre 2019
¿Qué fue para mí la filosofía de Nietzsche sobre el poder y la "bestia rubia"? Casi un motivo de perplejidad. Su glorificación de la "vida" a costa del espíritu, ese lirismo que ha producido consecuencias funestas en el pensamiento alemán, sólo había una posibilidad de que yo me asimilase: tomándolo como ironía. Es cierto que la "bestia rubia" aparece también en mis producciones juveniles; pero está casi íntegramente despojada de su carácter bestial y lo único que resta es el pelo rubio junto con su ausencia de espíritu; yo la hacía objeto de aquella ironía erótica y de aquella afirmación conservadora mediante la cual el espíritu como él sabía muy bien, se comprometía muy poco en el fondo. Es posible que la transformación personal que Nietzsche sufrió en mí significase un aburguesamiento. Pero éste me parecía, y me parece todavía hoy, más profundo y más inteligente que toda la embriaguez estético-heroica que Nietzsche provocó, por lo demás, en el plano literario. Mi experiencia de Nietzsche representó el presupuesto de un periodo de pensamiento conservador que acabó en mí hacia la época de la guerra; pero, en última instancia, me proveyó de la capacidad de resistir a todos los encantos de un romanticismo malo, que pueden brotar, y que todavía hoy surgen en tantos sentidos, de una valoración no-humana de las relaciones entre vida y espíritu.
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joseluispoetryjoseluispoetry23 diciembre 2019
La muerte era de una naturaleza piadosa y significativa y de una belleza triste, es decir, muy espiritual; pero al mismo tiempo completamente de otra naturaleza, casi contraria, muy física, muy material, y entonces no se la podía considerar ni como bella ni como significativa, ni como piadosa, ni incluso como triste. La naturaleza solemne y espiritual se expresaba por el sinuoso ataúd del difunto, por la magnificencia de las flores, por las palmas que, como se sabe, significaban la paz celeste; además, y más claramente todavía, por el crucifijo en las manos del abuelo difunto, por el Cristo bendiciendo, de Thorswalden, que se hallaba derecho, a la cabecera del féretro, y por los dos candelabros erguidos a ambos lados y que, en aquella circunstancia, habían adquirido igualmente un carácter sacerdotal. Todas esas disposiciones encontraban aparentemente un sentido exacto y bienhechor en el pensamiento de que el abuelo había adquirido para siempre su figura definitiva y verdadera.
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