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ISBN : B00AXZCGZE
Editorial: Baile del Sol (07/01/2013)

Calificación promedio : 4.69/5 (sobre 13 calificaciones)
Resumen:
William Stoner, hijo único de un matrimonio de granjeros que sobrevive en la penuria, es enviado a estudiar agricultura a la Universidad de Missouri. El objetivo de su padre es sencillo: que el chico aprenda técnicas nuevas y que, a la vuelta, se haga cargo de la granja. Pero en esas clases donde se sabe un intruso descubre la literatura, y de qué manera puede cambiar su vida. A partir de ahí, su fracaso matrimonial, su no del todo feliz peripecia profesional, su fi... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (9) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 10 diciembre 2019
¿Por qué nos parece tan buena la novela Stoner? ¿Por qué no podemos dejar de leerla desde el principio si, a ciencia cierta, sabemos que no va a ocurrir nada extraordinario?
Habrá que reflexionar sobre este proceso de lectura al que nos enfrentamos.
El narrador, en tercera persona, es omnisciente. Como en la gran novela decimonónica comienza con una anotación biográfica del protagonista. de esta forma nos enteramos de que Stoner fue, simplemente, un profesor asistente de la Universidad de Missouri, en la que estudió y donde vivió hasta su muerte a los 65 años. No parece que nos encontremos ante un protagonista aventurero o inquieto y, sin embargo, una afirmación nos hace pensar en la posibilidad de que tras esa presentación se esconda alguien interesante, precisamente por la indiferencia que suscita «Un estudiante cualquiera al que le viniera a la cabeza su nombre podría preguntarse tal vez quién fue William Stoner, pero rara vez llevará su curiosidad más allá de la pregunta casual». Esta apatía que surge de la realidad inventada por John Williams es precisamente lo que despierta en el lector las ganas de saber más.
Y con este ánimo comenzamos a leer la vida de este hijo de granjeros que, gracias a la iniciativa de su padre y al sacrificio estoico de ambos, tuvo la oportunidad de estudiar. Con un esfuerzo ímprobo descubrió su verdadera pasión, la lengua y la literatura inglesas, y a su estudio dedicó toda su vida. Lo que le interesaba estaba en los libros, por lo que una vez que le ofrecieron ser profesor, no necesitó nunca salir del recinto universitario.
Así pues, de antemano, tenemos la certeza de estar ante un personaje moderno; es un antihéroe. No será, en su espacio, un modelo a seguir por nadie. Según van sucediéndose los hechos llegamos a la conclusión de que en las diferentes etapas por las que atraviesa se destaca lo efímero de lo bueno. Stoner es capaz de disfrutar de su esfuerzo personal y de la brevedad de la recompensa al tiempo que las humillaciones, los desplantes y los desprecios pueden no afectarlo. Nuestro antihéroe disfruta de su predisposición a la abstracción, a vivir en soledad, a autoanalizarse para luchar por lo que quiere y superarse.
Sus metas son de ámbito personal, pertenecen a su mundo interior, no tienen nada que ver con los objetivos que la sociedad propone como ideales, «Los ojos le ardían por concentrarlos sobre textos turbios, le pesaba la mente con lo que observaba y los dedos le hormigueaban […] pero se abría al mundo por el que en ese instante caminaba, encontrando cierto júbilo en él».
Esta superación personal, así como sus convicciones más profundas contrastan con la aceptación del fracaso en su matrimonio, una situación verosímil aunque marcada por un punto naturalista que deriva de la confrontación entre su crecimiento interior y el pretendido crecimiento externo de su mujer.
Los hechos se van relatando de forma lineal, con la excepción de algunas prolepsis de las que se vale el narrador para no crear en el lector falsas expectativas, «Ella continuó hablando y al cabo de un rato Stoner empezó a escuchar lo que decía. Años más tarde se daría cuenta de que en esa hora y media, de aquella tarde de diciembre, durante su primer lapso largo de tiempo juntos, le contó más sobre sí misma que ninguna otra vez».
Apenas hay diálogos, pero las descripciones minuciosas y detalladas al máximo nos adentran con precisión no sólo en la sociedad rural o urbana de EE.UU. sino en la etopeya de la clase alta de principios del XX y, por supuesto, en los retratos de los personajes.
Al igual que en la épica, primero, y en la novela realista después, el aspecto exterior es un aviso de la personalidad de quien lo ostenta; John Williams lo sabe y utiliza también este recurso: los rasgos angulosos, la tez blanquecina, la mirada trasparente, casi sin vida, de Edith se ajustan a su empobrecimiento personal; los hombros caídos de Stoner revelan su disposición al acatamiento; el aspecto sano y la calvicie incipiente de Finch lo delatan como gran emprendedor. Por eso una nube negra se instala en el ánimo del lector cuando aparece Lomax, «Era un hombre de apenas metro y medio de altura y su cuerpo estaba grotescamente deformado. Un pequeño bulto le salía desde el hombro derecho […] Después pudieron verle la cara. Era el rostro de un ídolo de masas».
La incursión de este personaje no es casual; la vida de Stoner quedará marcada por la actuación antitética de este hombre quien, sin saberlo, aporta al protagonista la fuerza necesaria para obrar con mayor determinación, orgullo y tolerancia, acordes a su propio interés, el único que lo ha movido siempre: buscar la belleza de la verdad y el placer de sentirse bien consigo mismo.
Aunque los diálogos hacen gala de un vocabulario coloquial, consiguen elevar la conversación a lenguaje literario; las expresiones poéticas, amenas o comparativas refuerzan las ironías, los silencios remarcan la personalidad pacífica y conformista de Stoner, y las frases inacabadas son un claro reflejo de la monotonía en su matrimonio,
—No me ibas a decir nada, ¿a que no? Desconsiderado. ¿No creías que tenía derecho a saberlo?
Durante un instante se quedó pasmado. Luego asintió. Si tuviera más fuerzas se habría enfadado.
—¿Cómo te enteraste?
—¿Qué importa eso? Supongo que todos lo saben menos yo. Oh, Willy, francamente.»
Los antónimos fijan la realidad en la que se mueven, deteriorada desde el origen; el matrimonio formado por Edith y William es el espejo que muestra los valores destacados de la clase burguesa y del proletariado. Para Edith, el individualismo, el materialismo es lo importante; nunca ha sido feliz ni ha desarrollado una personalidad estable porque eso es lo que ha vivido en su ambiente, el mismo que trasladará, en cuanto tenga ocasión, a su hija con resultados parecidos: personas vacías, amargadas, egoístas y carentes de moral. En este ambiente, la mujer lleva la peor parte porque el ansia de escalar socialmente no depende de ella sino de su padre o marido, consiguiendo por ello un malestar continuo que desemboca en apatía y acritud.
Por el contrario, Stoner es la manifestación de la honradez, la humildad y el esfuerzo; está lleno de aspiraciones espirituales. Ambos representan los problemas de una sociedad que casi deviene en universal: la dicotomía campo-ciudad, los diferentes ideales según el rango social y los problemas insalvables del matrimonio. «Muy pronto Stoner se dio cuenta de que la fuerza que atraía sus cuerpos tenía poco que ver con el amor. Copulaban con una fiereza que […] los separaba».
Pues, después de analizarla, ya sabemos por qué es Stoner una obra maestra y por qué Stoner es el héroe por definición: un hombre íntegro, incorruptible, que desea el bien.

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Yani
 23 julio 2018
De entrada les advierto que esta reseña es muy personal porque el libro se sintió así. Seré lo más objetiva posible (mentira, eso no existe) mientras me guardo algunas cosas, como el hecho de haber llorado en el final (ok, lo acabo de contar). Muchas veces me pregunté: ¿por qué Stoner es un clásico medio velado? ¿Por qué figura en las listas, pero no como prioridad? ¿Es una obra maestra, como dice la portada de esta edición, o simplemente es una estrategia para vender un libro que sale a reflote sólo cuando lo reeditan? Preguntas, preguntas.
“Stoner” es el apellido de William, el protagonista. de padres ligados de por vida a la agricultura, en Estados Unidos, Stoner decide desandar ese camino. En medio de la vida universitaria, cambia el campo por los libros y se anota para estudiar Literatura Inglesa. de ahí en más, conoceremos su vida familiar y laboral a través de una narración sencilla, pero cuidada.
Los años a los que se dedica el libro son turbulentos: primera mitad del siglo XX. Y ni siquiera la universidad, que se cierra ante los conflictos externos, podrá permanecer ilesa. Los alumnos se enlistan: algunos no vuelven, otros lo hacen a medias. Mientras, Stoner se convierte en profesor y en unos cuantos párrafos se puede apreciar, a lo largo de la novela, las transformaciones que va sufriendo como educador. Eso es muy bonito, sobre todo para alguien con la misma profesión. Si alguien me preguntara “¿qué pasa de interesante en este libro?”, le contestaría: “el personaje principal es profesor de Literatura y hasta tiene problemas con un alumno. No se necesita nada más para que un libro sea interesante”. El escritor también era profesor universitario. Pero si la Literatura académica los tiene sin cuidado, sí, pasan otras cosas interesantes… si es que disfrutan los problemas maritales.
Y es acá donde me pongo a hablar de los personajes. Stoner es un hombre al que la vida le pasa por encima, un poco como al de El extranjero, de Albert Camus, pero con una pizca adicional de resolución. Se siente cercano y distante a la vez. Discrepo, sin embargo, con la contratapa de esta edición: Stoner no es un personaje inolvidable. Por su construcción es un buen personaje, no lo dudo, pero no puedo poner en el podio a alguien Vomitivo. Lo siento, pero hay personajes masculinos mucho mejores y más sanos que este para valorar. Entre Stoner y Sloane, el profesor que lo marcó, me quedo con éste último. Además, la narración busca constantemente que sienta lástima por Stoner en detrimento de los personajes femeninos, como Edith, Grace y Katherine Driscoll (ésta última es un desperdicio de personaje). “Miren cómo las mujeres le complican la existencia, miren cómo lo maltratan, pobre tipo”. No, gracias. Con esos comentarios hay gente en mi país que avala a femicidas. Y si la situación hubiera sido al revés, también lo estaría advirtiendo. Como digo siempre: son cuestiones de contenido que pasan a segundo plano, pero suman a la hora de criticar el libro.
Hablando estrictamente de temas técnicos, el estilo es sencillo y va directo al grano, sin demasiadas florituras. Me gusta cuando el narrador en tercera persona se pierde en reflexiones y en detalles que conciernen a la universidad, pero sin abrumar. A muchos les resultarán aburridos, seguramente, los capítulos dedicados a la discusión de temas de Literatura. Yo me entretuve bastante y me decepcioné en partes iguales, porque noté que los conocimientos que Stoner considera “básicos”, en mi universidad ni siquiera se tocan y quedan a cargo del alumno. Las experiencias ajenas hacen reflexionar sobre las propias limitaciones, incluso aunque vengan de una novela. Dejando de lado este paréntesis, lo único que tengo que criticarle es la parquedad en algunas escenas claves y emotivas, que podrían haberme impactado más si tan sólo estuvieran contadas de otra manera. Además, me molesta el uso excesivo de descripciones de gestos, rasgos físicos y posturas, por ejemplo: “pero al oír que gritaban su nombre se detuvo. Se volvió. […] tenía la cara muy roja, y tan hinchada que los ojos parecían puntitos detrás de los gruesos anteojos”.
Para mí es un 4.5 y hasta podría haberle quitado una estrella, directamente. Pero algo me impide hacerlo. Sentimentalismo, seguramente. Quienes busquen nuevos horizontes narrativos no lo encontrarán y quienes lo lean por obligación lo odiarán. Quienes terminan un libro y lo guardan sin ir más allá de lo leído tampoco lo podrán apreciar. Suena mal, incluso hasta elitista, pero es la verdad. No existen los libros para todos los lectores. Ni siquiera es para mí, por lo que comenté más arriba. E insisto: literariamente, no es una obra maestra. Podría llegar a serlo por parte del contenido, pero hay algo excesivo en esa aclamación tajante de esta edición. De todas formas, ni siquiera tiene sentido discutir eso. Lo recomiendo estrictamente porque está bien escrito y (dejando de lado el detalle escabroso del spoiler) la experiencia de vida académica de Stoner.
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margazquez
 03 febrero 2020
Cuando el escritor Ian McEwan leyó "Stoner" dijo que estaba sorprendido de que una novela tan buena hubiera podido pasar tan desapercibida durante tanto tiempo. No le faltaba razón porque es lo mismo que está bullendo en el sentir general de los lectores que se están acercando a la novela del escritor estadounidense John Williams.
Yo me acerqué a la novela después de ver varias reseñas entusiastas de blogueros a los que sigo habitualmente, de no haber sido por eso igual me habría quedado en la mesa de los más vendidos de las librerías y me habría perdido esta soberbia novela (mis felicitaciones a Baile del Sol por contar con esta joya en su catálogo) de la que honestamente pienso que ni la portada tan anodina, ni el título, que no dice nada, le benefician en lo más mínimo.
Pero ¿de qué va "Stoner"? Pues mirad, os lo voy a decir con una frase de Tom Hanks, sí, el mismo, el famosísimo actor: “Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado.”
Francamente, pese a todas las alabanzas que he leído de la crítica profesional sobre el libro, ninguna me ha parecido tan directa y acertada como la de Tom Hanks, porque en realidad eso es "Stoner", la historia de un tipo que se convierte en maestro, así de simple y así de fascinante.
Varias cosas me han llamado la atención de la novela. La primera es la pericia del escritor al condensar en tan pocas páginas toda la vida de una persona. Hay escritores que para eso mismo habrían llenado 1000 páginas y probablemente les habría quedado un folletín de mucho cuidado, pero este hombre ha sido capaz de hacerlo gracias al detalle preciso, al uso más que concreto (que no simple) de los sustantivos, verbos, adjetivos, adverbios... Una prosa eficaz, la más adecuada, la perfecta elección de las palabras y la perfecta conjugación de frases consiguen que se llegue a transmitir toda la vida de un personaje en un libro que no llega ni a las 250 páginas. Y eso no es solo economía del lenguaje, porque se puede economizar pero no acertar en la elección del vocabulario, es sentir que ninguna palabra podría haber sido más acertada que la escrita, sentir que ninguna otra expresaría de forma tan clara lo narrado. Desde aquí me gustaría felicitar también al traductor de la novela porque os puedo asegurar que no me he encontrado ninguna palabra ni expresión que sonara fuera de lugar, de manera que también un bravo para él.
"Stoner" es una historia sencilla, escrita de forma amena, entretenida, fluida, y además fácil de leer, y con todos esos atributos que para muchos ya serían suficientes para tildar una novela como de mediocre, siente el lector sin embargo que tiene en sus manos un libro con sabor a buena literatura, lo que demuestra que no hacen falta frases despampanantes para lograr una buena novela, lo que hace falta es talento y buena técnica, y sin duda John Williams los posee.
Pero la mayor genialidad de "Stoner" es precisamente su personaje, William, cuyo apellido da vida al título; y aquí sí que me atrevería a ir más allá. Para muchos las novelas de personajes son las buenas novelas de verdad, y si esto es así, "Stoner" es entonces una obra maestra. Y no deja de ser irónico porque el protagonista es un tipo de un gris apagado, anodino, triste, cobarde, resignado, acomodadizo. Un personaje que parece puesto para verlas venir y aguantarlas sin más, sin reaccionar, carente de interés y entusiasmo excepto por la literatura; con un carácter que parece impropio de una persona curtida en el mundo de las letras pero que no es sino un fiel reflejo de su pasado, herencia de sus padres, de esa tierra que le dejó para siempre una impronta de granjero del Missouri más profundo y deprimido.
Pero William Stoner es algo más, y ahí radica la grandeza del personaje, porque esa especie de acomodo también le sirve para encarar con una inmensa dignidad los palos que le da la vida (sublime cómo se enfrenta a su enfermedad), una persona que en un momento dado sí supo reaccionar al abandonar sus estudios de agricultura por los de literatura. Un personaje que en el fondo todo lo hace por amor, la causa más noble por la que se puede hacer algo en esta vida, amor a la literatura, sí, pero amor al fin y al cabo.
Además Stoner es un tipo íntegro y noble y lo demuestra, una vez más, por amor a su profesión. El ejemplo más claro de esa integridad se refleja en una de las escenas más soberbias, fascinantes y con más ritmo narrativo de toda la novela en la cual se enfrenta, aunque sea de un modo muy particular, por causa de un alumno a sus compañeros de departamento aun sabiendo lo negativo que eso puede resultar para su carrera. El amor a la literatura volverá a triunfar nuevamente sobre el amor carnal que siente por una amante en la que encuentra una vía de escape a su fracasado matrimonio. El amor, siempre el amor... pero en este caso al que siente como el más poderoso: su profesión, sus letras. El amor también está presente cuando conoce a su esposa, en la relación con su hija, un personaje que te encoge el corazón porque la sigues desde que nació y cuando ves en lo que se ha convertido, en otra víctima más de las circunstancias, sientes una lástima infinita.
El final del libro es una maravilla. Es un final tan esperado como trágico y tan emotivo que sobrecoge. Contenido como toda la prosa del autor pero narrado con tanta musicalidad, tanta poesía y tanto lirismo que el nudo en la garganta no hay quien te lo quite.
"Stoner" es una lectura triste pero entrañable, corta pero intensa. Soberbiamente narrada, reflejo de un estado de ánimo de eterna melancolía y con un desenlace sublime. de verdad, hacedme caso: "Stoner" es un prodigio.

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Hefesto
 04 julio 2020
Es fácil admirar a un hombre por sus hechos, por la huella indeleble que deje en la historia o por su legado. Nos enamora la épica de los combates desesperados, aquellos que, aunque acaben con la vida del personaje, nos hagan desear ser él. Sin embargo, es difícil detenerse y apreciar a quien no hace ruido, a quien no deja nada y cuya vida puede interpretarse como insulsa u ordinaria. Tal vez, ese ser discreto pueda representar todo un ejemplo de lucha (contra sí mismo o contra los demás), de honestidad y de pasión; alguien capaz de enfrentarse a su entorno laboral por defender los ideales de su vocación (en este caso la enseñanza), y de no defender sus propios deseos o necesidades por no dañar a su familia, aun siendo consciente de su error. Stoner es ese hombre.
Sin embargo, el causante de que el lector se sumerja en esta narración hipnótica y sea incapaz de soltarla, de que se enoje con su protagonista o se compadezca de él, de que odie a quien le dañó y ame a quien le dio su cariño o su amistad, es John Williams. Este autor, con una prosa sobria, elegante, efectiva, y unas descripciones físicas casi casuales que apuntalan la personalidad de cada personaje, logra transmitir una historia que es vivida en primera persona y, después de despertar muchos sentimientos encontrados, obliga a hacer balance sobre lo fútil de nuestra existencia, y a asumir en paz la derrota que acompaña siempre a la muerte. Una paz alcanzada gracias un último tercio de la novela cuya emotividad es difícil de igualar.
El texto comienza cuando el protagonista ya ha muerto y un narrador omnisciente advierte que leeremos sobre alguien sin importancia. Sin embargo, en muy pocas líneas nos atrapará un granjero que, sin proponérselo, llegó a la universidad donde descubrió su amor por la literatura. A partir de ahí, siguiendo los pasos que casi todo el mundo sigue, decide casarse, tener una casa y conformarse con su carrera académica sin necesidad de medrar. Crea un entorno que a otros podría parecerles anodino u opresivo pasados unos años, pero que para él es necesario a fin de poder sumirse en su mundo interior y vivir su pasión por las letras. Pero que nadie se lleve a error, Stoner no es un hombre frío; tarde o temprano otro amor hará que ruja, que todo tiemble, que se lamente y que desee haber hecho las cosas de otra forma.
Esta historia tan magníficamente construida no deja indiferente a nadie, y obliga a cuestionarse la importancia de las cosas. Nos enfrenta a la complejidad de las relaciones humanas tanto laborales como sentimentales y nos recuerda que los seres infelices generan infelicidad, y que ni siquiera aquellos que se dedican a enseñar, a formar personas, están libres de rencillas y crueles venganzas. Pero también, que siempre hay alguien al lado dispuesto a apoyarte y que algunos amores merecen ser vividos, lleguen cuando lleguen.
¿Aún crees que la vida de un hombre ordinario, no puede ser inspiradora?
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Nacholuchi
 18 junio 2019
En el momento en que Stoner comenzó a ser un boom, con todo el mundo leyéndolo y opinando sobre él, empezaron a llover las críticas positivas. Todas y cada una de ellas hablaban de la novela de Williams como el descubrimiento (redescubrimiento, mejor dicho) de la década, como una historia fascinante desde su simpleza aparente, entre otros comentarios. Habitualmente, leer tantas opiniones como estas suben mucho mis expectativas con respecto al libro, y, al mismo tiempo, la posibilidad de que el mismo termine gustándome poco o no cumpla con lo que yo esperaba. Sin embargo y afortunadamente, Stoner ha cubierto todas mis esperanzas.
Este libro cuenta, básicamente, la vida del protagonista, Stoner, a partir de que empieza la Universidad y cómo termina convirtiéndose en profesor. También habla de la transformación del personaje y cómo sus gustos van cambiando y, en simultáneo con que empieza sus estudios, se da cuenta de que sus preferencias no están en la Agronomía, tal como pretendían sus padres, sino en otros temas. En particular, la literatura.
La novela no tiene una historia que reboce originalidad o sea sinónimo de impacto. de hecho, la sinopsis en sí podría parecer bastante aburrida y poco atrayente. Es más, durante todo el libro no hay cambios temporales, no hay procesos que cambien la perspectiva de la narración ni grandes hechos que le den impresionantes giros; es un argumento relativamente plano y lineal. Entonces, lo que más me sorprende de Stoner es que, a pesar de esto, no deja de ser completamente fascinante. Es una historia que atrapa en igual medida que conmueve. Logra, con maestría, hacer que el lector se compenetre con los personajes de una manera inigualable y, por ende, genera que sigamos leyendo sin parar.
La prosa del autor es bastante simple también. No obstante, se nota trabajada con mucha minuciosidad y esmero. Tiene frases muy contundentes y profundas, que hacen que uno se pare a reflexionar y sienta la necesidad de releer ese fragmento para que no pase por alto como uno más. Más allá de esto, tiene un buen equilibrio entre momentos de descripción de toda índole (lugares, situaciones, sentimientos) y otros más dinámicos como puede ser una conversación o algo por el estilo. Entonces, si por alguna razón en algún momento la historia se torna un poco más densa, al pasar pocas páginas ya hay situaciones más dinámicas que hacen que volvamos a engancharnos con la lectura.
La novela está estructurada cronológicamente, y su ritmo, aunque con algunos pequeños altibajos, se mantiene constante. Durante toda la lectura iba pensando qué calificación darle y mi idea rondaba siempre las cuatro estrellas. Me gustaba mucho la historia que se contaba, y esa aparente sencillez me cautivaba cada vez con más intensidad. Pero tampoco había hechos que me hicieran subir la puntuación; todo se mantenía en cuatro. Esto sucedió hasta llegar a las últimas páginas. Lo que en estas pasa no es lo estrictamente importante (porque el final me lo veía venir ya desde la mitad del libro), sino cómo está presentado, y, todavía más significativo, el simbolismo que muestra. Es una escena final en la que está resumido, para mí, el mensaje que intenta dar la historia en su totalidad, es decir, qué importancia tienen los libros en nuestro día a día y cómo estos son, en realidad, simples compañeros, pero que siempre están ahí.
Entonces, ¿qué es lo que hace de Stoner un libro tan especial? ¿Es su mensaje, sus personajes, su profundidad disfrazada de sencillez? ¿O es, más bien, el conjunto de todos esos elementos? Es difícil explicar qué es lo que hace que esta historia sea tan cautivadora, tan absorbente. Quizás sea mejor dejarse llevar por las páginas que componen esta gran obra y no detenerse a pensar en los porqués que surjan. Tal vez, la elección correcta sea, sencillamente, disfrutar, y aceptar que hay veces que lo que significa un libro o lo que le hace sentir al lector es inexplicable. Simplemente, está.
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Las críticas de la prensa (2)
ElPais04 enero 2020
Los días finales de diciembre me han traído la emoción literaria más intensa de todo el año. Había leído aquí y allá referencias elogiosas a esta novela de título extraño escrita por un casi desconocido...
Leer la crítica en el sitio web: ElPais
revistan07 junio 2019
Desde su nacimiento hasta su muerte, el protagonista se resigna a lo que le toca, sin gracia y sin desesperación. El estoicismo de una vida corriente, que finalmente resulta conmovedor.
Leer la crítica en el sitio web: revistan
Citas y frases (5) Añadir cita
gustavoadolfogustavoadolfo25 febrero 2020
“William Stoner ingresó en la Universidad de Misuri en 1910, a los diecinueve años. Ocho años después, en plena Primera Guerra Mundial, se doctoró y aceptó un puesto docente en esa misma institución, donde dictó cátedra hasta su muerte en 1956. Nunca superó el cargo de profesor asistente, y pocos alumnos lo recordaban con claridad después de haber cursado su materia” (9).
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HefestoHefesto17 junio 2020
que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino10 diciembre 2019
...el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino10 diciembre 2019
...y mientras caminaba lento en medio de la noche, oliendo la fragancia y paladeando el áspero aire nocturno, le pareció que el instante en el que entraba era suficiente y que no necesitaría mucho más.
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YaniYani17 julio 2018
El señor Shakespeare le habla a usted a través de tres siglos, señor Stoner ¿Usted lo oye?
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