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ISBN : 842042112X
Editorial: Alfaguara (10/03/2016)

Calificación promedio : 4.5/5 (sobre 2 calificaciones)
Resumen:
El nuevo caso del fiscal Szacki, «un personaje excepcional» (Babelia), por «el último de los grandes representantes de lujo de la novela negra» (ABC Cultural), ganador del Premio Nagroda Wielkiego Kalibru de novela negra. Pronto dará comienzo la primavera en Sandomierz, la pequeña y pintoresca ciudad de provincias donde el fiscal Teodor Szacki ha decidido trasladarse para dar un vuelco a su fulgurante carrera en Varsovia, después de poner punto final a su matrim... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (3) Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 20 octubre 2018
«Jueves, 23 de abril de 2009
En Turquía es el Día del Niño […] en todas partes, el Día Mundial del Libro…»
Así comienza el capítulo noveno de la mitad de la verdad, y a mí no se me ocurre nada mejor que recomendar esta novela para celebrar, este año con mayor motivo, dicho aniversario. He disfrutado con ella hasta el final, entre otros motivos porque la novela tiene 451 páginas y la resolución del caso no llega hasta que, prácticamente, no termina.
La estructura es muy original; está dividida en catorce capítulos; cada uno de ellos se abre con una fecha y los acontecimientos más importantes de ese día. Zygmunt Miłoszewski lanza, ya al comienzo del capítulo, un guiño de ironía a ciertos periodistas pues la relación de sucesos va expuesta siguiendo un orden de lo general a lo particular; empieza con noticias relevantes en el mundo y termina contando lo más importante que ocurre en Sandomierz, una pequeña ciudad de provincias en la que, durante 13 días, sus habitantes se ven sorprendidos y aterrorizados por unos crímenes que tienen mucho que ver con los ritos de sacrificio judíos. Sin embargo, esas noticias periodísticas locales contrastan humorísticamente con la realidad pues, por el diario, nos enteraremos de la temperatura en la ciudad, de los delitos menores cometidos o de sucesos de poca importancia como el traslado del mercado.
Tras la enumeración de incidentes periodísticos y efemérides en la fecha señalada aparecen varios subcapítulos que conforman los hechos ocurridos durante un día al protagonista, Teodor Szacki, en relación con el caso que lleva entre manos. Siguiendo esta gaceta periodística sabemos que le bastan trece jornadas para resolver el caso; algo que refleja a la perfección el carácter realista de la novela pues, normalmente, cuanto más tiempo pasa desde que ocurre un asesinato, más probabilidades hay de que el asesino pueda escapar.
Asimismo el ambiente real viene de la propia narración. El narrador es, de manera habitual, omnisciente; esto permite que nos enteremos con todo lujo de detalles de los pensamientos del protagonista. Los hechos quedan relatados de forma lineal, siguiendo el orden diario, pero los subcapítulos tienen la función de separar los acontecimientos ocurridos a diferentes personajes en el mismo día; esto aporta una visión total de lo sucedido. Otras veces, en la narración, a modo de recuerdo o durante una conversación, aparecen analepsis que, bien ayudan a que el lector poco familiarizado con hechos históricos del holocausto no pierda detalle del argumento, bien median a que nos enfrentemos con la suficiente autoridad a los sucesos novelados. Aparecen diversas curiosidades históricas que ayudan a entender a otras religiones, otras tradiciones y otras culturas hasta darnos cuenta de que en la vida no hay bandos de buenos o malos sino personas que, traumatizadas por algo, llevan su dolor y venganza como única forma de poder sobrevivir.
Podemos afirmar que esta credibilidad, derivada de la descripción detallada de todo lo ocurrido es un recurso tradicional de la novela policíaca, así como el mantener la intriga hasta el final.
Los investigadores de la literatura negra utilizan una seña de identidad para retardar la resolución del conflicto, de hecho son famosas las disquisiciones de Holmes mientras fuma su pipa, las detalladas noticias gastronómicas que pueblan los casos de Carvalho o las imágenes chocantes de la señorita Marple; todas ellas técnicas que ayudan a posponer el final. En este caso, Teodor Szacki disfruta o se atormenta con pensamientos que tienen que ver con su vida privada anterior o actual, pero nada que pueda definirlo con una característica propia; de hecho algunas de esas percepciones le sirven para asociar algo nuevo al caso que lleva entre manos, otras, van dibujando ante el lector su manera de ser. Pero serán los diálogos mantenidos con el resto de personajes los que conformen su personalidad ante el lector, porque lo definitorio en Szacki no es individual sino en su relación con el resto y porque la intriga en La mitad de la verdad, no es un fin en sí mismo sino otra estrategia más del genial Miłoszewski que ayuda a configurar todo el armazón novelesco. Esta modificación no es la única que encontramos; el autor incluye una serie de aspectos novedosos en el género, y el más llamativo, quizás, es precisamente la unión de la realidad con el argumento pues el lector cree en todo momento que sabe cómo se desenvuelven los hechos, incluso a veces puede atisbar al asesino, sin embargo esto no es más que otra técnica para llevarnos por donde le interesa; así nos confunde, nos guía, nos sorprende al tiempo que lo hace el detective Szacki. Creemos saber y no son más que pistas falsas; no nos enteraremos de la resolución hasta que nos la cuente el protagonista y con él unamos los hechos y encontremos el sentido —o la falta de él— a todo lo ocurrido.
Asimismo, al mezclar el día real con los capítulos de la novela, se produce un choque antitético que unas veces nos despierta la sonrisa y otras hace aparecer la risa franca.
En la subdivisión de capítulos, no de forma periódica pero sí regular, el narrador cambia su mirada para fijarse directamente en el asesino; no sabemos quién es pero sí sus pensamientos, los movimientos que realiza… esto, aunque causa intranquilidad y supone un suspense añadido en nuestro ánimo, permite que compartamos sus reflexiones mientras nos sumimos en la más absoluta confusión porque no adivinaremos nada hasta el final.
«Sabe que se puede quedar allí […] su cuerpo entero está loco por salir huyendo. Pero debe aguantar hasta el sábado»
«Dentro se está caliente y no hay humedad, si no fuera por los ojos llameantes del hombre que está sentado en el rincón hasta resultaría confortable. de baja estatura […] atado de pies y manos […] Solo un día más […] Suerte que el segundo acto ya está llegando a su fin.»
«Para tener la mente ocupada, repite en su cabeza una y otra vez hasta la saciedad los elementos del plan […] Resulta muy, muy difícil aguantar.»
«Se pregunta si ya habrán encontrado el cadáver.»
«Por eso, mientras espera a su siguiente víctima siente tranquilidad […] en la vida sólo se pueden tener cosas nuevas.»
«El aullido y los ladridos son de veras insoportables. A pesar de los tapones para los oídos, el aire vibra a causas de esos desagradables sonidos.»
«Ahora hay que pensar con frialdad si ese hecho cambia algo.»
«…ya no queda nada más por hacer, aparte de empezar una nueva vida […] Se estremece al escuchar que alguien llama a la puerta.»
«Además…, además quizá el riesgo no sea tan grande.»
Otra característica original es la que define al protagonista; el investigador del caso no es un policía ni un detective al uso sino un fiscal que, con inteligencia despierta y grandes dosis de intuición, se ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los grandes referentes de la novela negra; el mérito se amplía si tenemos en cuenta que Teodor no es el típico sabueso incansable, intachable, dotado para las relaciones sociales y con una moral ejemplar. Nuestro protagonista es humano, su vida no funciona como le gustaría, comete errores al juzgar a las personas, le cuesta empatizar y, sin embargo, o precisamente por ello, nos identificamos con él o, al menos, cuenta con nuestra simpatía. «Ir a las tiendas le suponía un suplicio […] El cajero bromeó diciendo que no andaba sobrado de apetito. Salió sin decir una palabra […] lloró mientras se preparaba el desayuno […] no podía parar, las lágrimas y los mocos le embadurnaban la cara. Y se puso a aullar […] Porque comprendió que había perdido todo lo que amaba y que jamás lo recuperaría.»
El tema principal de la mitad de la verdad es el usual del género negro, la resolución de los asesinatos cometidos en una pequeña ciudad de Polonia; pero otra característica inusitada de esta novela negra es que el proceso de investigación no cumple sólo con la función habitual de despertar en el lector la incógnita y mantener el suspense hasta el final, sino que además lo obliga a replantearse conceptos como el de intolerancia o el de fanatismo; el lector piensa, relaciona los hechos del discurso con sus referentes reales, y toma partido por alguno. En este caso no somos meros espectadores dirigidos por el narrador —que también— sino piezas integrantes del todo argumentativo, debido en parte a la crítica evidente que surge hacia la xenofobia latente en las sociedades, a la intolerancia de las masas y al embrutecimiento fanático que conlleva. «—Se dice que en cada leyenda hay una mitad de verdad
—Así es
—Pero hay algunas, como esa maldita leyenda antisemita de la sangre, en las que no hay ni una gota de verdad, leyendas compuestas al cien por cien de mentiras y supersticiones.»
Y, si es cierto que me ha gustado la estructura, que he llegado a admirar a este investigador atípico, humano, casi antihéroe, que he podido reflexionar con las diferentes originalidades encontradas, también es verdad, aunque parezca un contrasentido si tenemos en cuenta el tema, que he disfrutado hasta la última página. El estilo ágil envuelve la narración con una destreza excepcional. El humor aparece en todas sus expresiones y matices; no faltan los términos duros, las imágenes terribles (por supuesto, estamos en el género negro), en las que por fortuna no se ensaña; a veces esperamos con miedo que la siguiente página sea escatológica, escabrosa, y quedamos sorprendidos ante un lirismo absoluto, no exento de humor, que contrasta con lo más feo de la realidad como lo demuestra la epífora que martillea su mente una y otra vez «En lugar de familia, soledad. En lugar de amor, soledad. En lugar de intimidad, soledad.» O las enumeraciones paralelísticas mediante las que describe, con absoluta inclinación, lugares de Sandomierz «… se convertía en un lugar ideal para sumergirse en la observación de los turistas que se movían alrededor del ayuntamiento, de los recién casados que se hacían fotos, de los adolescentes pegados a sus teléfonos móviles, de los niños pegados al algodón de azúcar y de los enamorados pegados unos a otros». Siempre hay un momento para distinguir la belleza entre la mezquindad. Siempre una sonrisa con la que aplacar el espanto. El humor relaja la tensión «…en aquella ciudad de provincias que, a decir verdad, a partir de las seis de la tarde estaba muerta, aunque desgraciadamente no porque sus habitantes se asesinaran entre sí.». La ironía puebla los diálogos, los pensamientos, las descripciones; se convierte, ella sí, en una seña de identidad.
Buena cuenta de ello es el comienzo de la novela. El subcapítulo 1 del capítulo primero comienza «Está claro que los espíritus no salen a medianoche […] Hay demasiada vida a medianoche como para que los espíritus de los muertos puedan asustar como es debido […] de madrugada la cosa es distinta; a esas horas los empleados de las gasolineras echan una cabezada y la luz grisácea empieza a sacar de la penumbras a seres y objetos cuya existencia ni siquiera sospechábamos […]» Y de madrugada es cuando avisan a Teodor Szacki porque han encontrado un cadáver. Empieza el caso. Trece días más tarde, en el capítulo decimotercero, cuando han resuelto los asesinatos y él está dispuesto a continuar una noche apasionada con una chica estupenda, el narrador mira atrás con una ironía no exenta de socarronería «El reloj de la torre del ayuntamiento dio las doce.
—La hora de los espíritus— dijo Basia Sobieraj, y se metió en la cama.
El fiscal Teodor Szacki pensó que, sin duda alguna, los espíritus no aparecían a medianoche».
¡Impresionante! Impresionante la historia, el protagonista, los personajes y el estilo.

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Bren
 30 agosto 2019
Tenía este libro pendiente desde hace mucho tiempo, me había gustado el primero de la serie y me hice del segundo y hasta del tercero cuando salió, pero con tanto libro por leer siempre se van quedando algunos en la cola, al final le ha llegado el turno y no me ha decepcionado para nada, incluso me ha gustado más que el primero.
Sigo teniendo una relación de amor/odio con Theodor Szacki, por un lado me parece un personaje con una personalidad atrayente e inteligente y el autor me hace suponer que guapo o de otra manera no habría manera que casi cualquier mujer caiga en sus brazos siendo tan misógino, capullo y arrogante en su trato hacía ellas, si bien es cierto que en la primera entrega me cayó muy mal su personalidad que además parecía hasta cínica, en esta entrega también le han dado una vulnerabilidad que le hacía falta al personaje, aun así sigo sin entender que tiene como hombre para que las mujeres aun odiándolo quieran estar con él.
Pero entrando en materia, el argumento de este libro más allá de la parte de intriga y suspense, tiene un tema que me ha parecido muy interesante, todo gira alrededor de la relación de Polonia y los judíos, no solo en lo referente a la segunda guerra mundial, si no también antes de que ésta sucediera y la manera en que hoy en día el pueblo Polaco ve este tema, debe ser una enorme apuesta por parte del autor tocar temas tan delicados como lo son el antisemitismo actual y la crítica a este hecho pero también una crítica, que en apariencia pareciera muy somera pero que no lo es, a la situación social del mismo pueblo judío actualmente en Israel, casi todo el libro en medio de una investigación de asesinato, va alrededor de todo este tema y debo decir que desde mi punto de vista el autor ha hecho un trabajo excelente poniendo todo esto sobre la mesa.
Por otro lado, y hablando de la parte del thriller, me ha encantado, el suspense, la intriga, la investigación y me ha sorprendido, en mi caso nunca pensé que la resolución del caso fuera como terminó ni tampoco quien fue el asesino, me ha encantado la manera en que me ha resuelto todo.
Por otro lado, me gusta la manera en que el autor comienza los capítulos poniendo al lector en un ambiente de actualidad, mientras nos enseña las grandes noticias mundiales que están sucediendo en el momento en que toda la investigación se lleva a cabo, me gusta eso, también además de narrarnos los hechos e irnos contando la historia y describiendo los diferentes sentimientos por los que pasa nuestro protagonista, de vez en cuando nos deja caer alguna que otra reflexión propia, no como narrador si no como si fuera otro lector, algo como “quien diría que mientras Szacki se preocupa por esto, ya habría resuelto el caso si se hubiera dado cuenta de tal o cual cosa”, cosas así, que hacen que el narrador se convierta en un cómplice del lector.
Espero que la lectura de la tercera entrega no tarde tanto como me ha pasado con este, porque son de esas series que vale la pena seguir
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encarnipm
 28 octubre 2018
Segundo libro del fiscal Szacki, y como en el primero, no defrauda en su actuación. Un libro entretenido en el que, en este caso, ha cambiado de ciudad y se encuentra con nuevos casos en un lugar relativamente tranquilo. También vemos las circunstancias del fiscal, su vida privada y sus ligoteos, jejeje, totalmente recomendable. Ahora que no me pidáis que os de los nombres de los personajes porque, para mí, son impronunciables.
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Citas y frases (1) Añadir cita
Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino03 junio 2019
Era tal como Szacki imaginaba: una ciudad en la que había más iglesias que bares tenía que dejar una dolorosa huella en sus habitantes.
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