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Libros Del Asteroide

Libros del Asteroide es una editorial independiente fundada en Barcelona en el año 2005 por Luis Solano; al bautizarla de esta manera queríamos dejar clara nuestra voluntad de independencia y de asumir riesgos. Desde su creación, la editorial ha publicado más de un centenar de libros que han obtenido el reconocimiento del público y la crítica y ha recibido diversos premios y reconocimientos, entre los que destaca el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural concedido por el Ministerio de Cultura en 2008.

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Críticas recientes
Bibliotecadesorden
 20 febrero 2020
Frente Ruso,El 2?ed de Jean-Claude Lalumière
Un divertido libro de memorias y anécdotas que puede recordar a los relatos de Antrobus de Durrell. Sin embargo no deja de tener un poso amargo, el que dejan los sueños que no se cumplen. Para reír y reflexionar.
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MarioG17
 12 febrero 2020
A propósito de Abbott de Chris Bachelder
En un capítulo del libro se dice que Charles Darwin aseguró una vez que, si se casaba, no podría disfrutar de los libros, los viajes, etcétera. Esto lo dijo antes de casarse, porque un año después lo hizo y reconoció que era lo mejor que le había pasado.

Abbott es profesor universitario. Compagina su actividad en el campus con el cuidado de su hija de dos años y de su mujer, embarazada y necesitada de descanso y silencio. Por tanto, tiene todos los ingredientes para convertirse en una historia que despierte sonrisas por la vida que lleva Abbott. Sin embargo, a mí me ha desencantado.

El autor es un escritor de cierta relevancia en Estados Unidos. "A propósito de Abbott" es, sin embargo, su única obra traducida al español, que cosecha buenas críticas entre sus lectores en su lengua de origen. Una historia que parece brillante sobre la paternidad se convierte en un difícil laberinto, y no porque resulte confusa, sino porque el lector siente que no llega a ninguna parte, que solo da vueltas y más vueltas en torno a un concepto.

Abbott es un padre agobiado que echa de menos tener tiempo libre. Si lo hubiera sabido, de hecho, no habría sido padre. “Si tuviera la ocasión, Abbott no cambiaría ni uno de los elementos fundamental de su vida, pero Abbott no soporta su vida”, se dice. No tiene tiempo para tener amigos y alguna vez llega a dialogar con personajes imaginarios. Parece un libro adecuado para aquellos que son padres, primerizos o no, y que se han enfrentado o se enfrentarán pronto a la paternidad, pero realmente es un libro que cualquiera puede leer.

Cuando su mujer descansa del embarazo, Abbott sale a pasear con su hija. O planea juegos con ella. Un día, hace un pan de plátano en el horno, y otro arregla el pomo de una puerta, aunque con poco éxito. Es un marido y padre, en mi opinión, sacrificado que sin embargo no se encuentra cómodo y no ve recompensado, ni le agradecen, lo que hace. Parece estar ido en algunos momentos, es un personaje pintoresco.

Su mujer, por otra parte, parece no hacerle demasiado caso, está hostil con él la mayor parte del tiempo. A ambos les ha venido todo de golpe. No les viene grande el segundo hijo, pero sí les ha pillado, digamos, desprevenidos. El personaje de ella, que resulta bastante fría, es un digno objeto de estudio para el narrador, que la analiza y juzga implícitamente. El personaje de la mujer y la niña, sin embargo, son muy secundarios con el protagonismo que ejerce Abbott, como es propio de una novela que lleva su nombre en el título. La novela termina, finalmente, el día 31 de agosto, cuando nace la segunda hija.

La novela se divide en tres partes: una que se desarrolla en junio, otra en julio y otra en agosto. A partir de capítulos brevísimos que son una especie de diario, Bachelder nos presenta una obra que —por si tuviera poca espesura— no contiene ni un punto y aparte. La narración se lleva a cabo en el mismo párrafo, solo separada cuando se cambia de capítulo, lo cual, por suerte, ocurre con mucha frecuencia. Y los diálogos, que podrían resultar una gran oportunidad para desahogar una historia como esta, se incrustan en esta narración y forman parte del bizcocho en el que hay, por cierto, muchas frases telegráficas.

Aunque está narrada en tercera persona, la novela nos transmite el punto de vista del protagonista, aunque el narrador omnisciente nos desvela en exclusiva algo más de lo que ocurre alrededor de Abbott y que él parece no percibir. Con algún toque de humor, la narración pretende ser graciosa sin éxito, al menos en mi opinión, y queda una historia casi paternalista.

En esta novela encontramos la paternidad como tema principal, y todo lo que esta implica: paciencia, sacrificio, amor, cariño, dedicación, evolución y avance… Me recuerda, en cierto modo, a "Cáscara de nuez", de Ian McEwan, porque las mujeres de ambas novelas están embarazadas y todo gira en cierto modo a los vástagos de los protagonistas, aunque las historias son bastante diferentes.

Con una coherencia temporal indiscutible, el título de la obra recuerda a esa forma de titular de aspecto personal como también lo es "Tenemos que hablar de Kevin". El diseño de cubierta, por su parte, muestra una escena cotidiana de la vida de este protagonista, agobiado por las tareas del hogar y el cuidado de la hija.

Aunque la novela se aleja de arquetipos argumentales para construir una novela sobre la cotidianidad, quizás resulta insípida a ojos de un lector que espera algo más.
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MarioG17
 11 febrero 2020
Mi planta de naranja lima de José Mauro de Vasconcelos
Vasconcelos tiñe de negro una novela donde el ritmo lo pone su infancia y la realidad se desdibuja en un Brasil mágico desde sus ojos infantiles.

Mi planta de naranja lima (Libros del Asteroide) se publicó por primera vez en 1968 en Brasil, tierra natal de su autor, José Mauro Vasconcelos, que nació en Bangu, un barrio más que humilde de Rio de Janeiro. De hecho, el pasado 24 de julio se cumplieron 35 años de su fallecimiento, y qué mejor que recordarlo con la que es considerada su obra magna.

La novela es una obra de imaginería envidiable en la que Vasconcelos teje la infancia de Zezé, un niño de entre cinco y seis años que es el fiel reflejo del autor. Zezé vive en un ambiente duro donde no cesa de recibir palizas e insultos y donde encuentra como mejor amigo a un pequeño árbol de naranja lima al que llama Minguinho. Por eso el subtítulo del libro reza “Historia de un niño que un día descubrió el dolor”.

La portada del libro es quizás de lo más representativo de la niñez, que es el acto de ir a la playa con un flotador, y la traducción de Carlos Manzano es sobresaliente. En todo momento la novela parece estar escrita efectivamente por un niño que sortea obstáculos para ir saliendo adelante, para evitar las humillaciones por ser hijo de una india (lo cual era un estigma en el Brasil de la época), para mantener su dignidad entre tantos golpes y para convivir con su dura infancia sin ocultar su tristeza y sus ganas de acabar con todo y, así, poner fin a su sufrimiento (recordemos que el niño tiene solo cinco años).

Esta obra comparte matices, como es de suponer, con la literatura sudamericana de la época, y leyéndola se encuentran similitudes con el realismo mágico de Gabriel García Márquez o Juan Rulfo. La novela tiene mucho jugo y podría servir para hacer un análisis minucioso del Brasil de la época, de lo que supone la más temprana infancia y la amistad, que es un tema recurrente entre el niño, el árbol y algún que otro humano al que Zezé se aferra para no caer.

Zezé se plantea qué es la amistad y qué valor tiene en él la complicidad de su amigo Valadares o del árbol de naranja lima, que supera cualquier barrera biológica y habla con Zezé como si se tratara de un igual, o al menos eso imagina el pequeño en su mente. Es una amistad nada semejante a la que se narra en libros como El último encuentro, de Sándor Márai, donde esta obtiene un cariz más dramático y solemne, ya que la amistad que persigue Zezé es más inocente y no por ello menos valiosa, quizás al contrario.

Así, entre el amor a la naturaleza y el desconsuelo de una infancia febril, Zezé nos guía por su niñez a través de multitud de diálogos y de una agilidad narrativa que hacen de esta novela la más fácil de leer que yo recuerde y que remueve el interior ante el sufrimiento del niño y la pasividad del resto.
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