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ISBN : 8496454304
Editorial: Tropismos (28/10/2005)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 2 calificaciones)
Resumen:
Florencia, diciembre de 1965. Se descubre el cadáver de un hombre con unas tijeras clavadas en la nuca. El muerto, el «recién llegado» como despectivamente lo conocen sus vecinos por su procedencia, ejerce de usurero, una profesión tan rentable como desagradable. El comisario Bordelli, dudando entre la necesidad de hacer justicia y una profunda hostilidad hacia la víctima, debe iniciar la investigación en base a los pocos indicios encontrados y con una lista inacaba... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (2) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 11 junio 2019
Lo digo siempre que os reseño un nuevo libro del comisario Bordelli: sé que no es de las series de novela negra que más entusiasmen en la blogosfera, y sin embargo a mí me gusta mucho. Como todo, es algo muy subjetivo, pero que esté ambientada en mi querida Florencia de los años 60 es un añadido importante porque conozco muchas (no todas, por desgracia) de las zonas por donde se mueve el protagonista.
En este tercer volumen de la saga tenemos dos asesinatos y dos escenarios diferentes, y diferentes serán durante toda la narración, pues no se entrecruzan ni convergen en ningún momento. El motivo es que, en esta historia, el tándem que suele protagonizar los libros formado por Bordelli y su subordinado Piras está separado geográficamente y cada uno se hace cargo de su propia investigación: Bordelli de manera oficial en Florencia y Piras de manera oficiosa en su hogar natal en Cerdeña, todo ello ambientado en los días previos a la Navidad de 1965.
Por tanto tenemos por un lado la narración que se sitúa en Florencia, en la que aparece asesinado en su casa "el recién llegado", sobrenombre que recibe Totuccio Badalamenti, un usurero despreciable cuya muerte es sin duda una buena noticia para la sociedad, aunque para un policía honesto y legal eso no es atenuante y debe descubrir al culpable de su asesinato. de este modo, y muy poco a poco (su estilo, ese que hace que a mucha gente estas novelas le parezcan lentas), Bordelli irá conociendo a los sospechosos, todos ellos muy jóvenes y con toda la vida por delante, pero con motivos más que justificados para poner fin a la vida de Badalamenti. Por eso le cuesta dar un paso adelante y culpabilizar y echar a perder el futuro de cualquiera de ellos... ¿puede en ocasiones justificarse un asesinato como hecho aislado y dejar que el asesino siga con su vida en libertad, una vida que, casi con toda seguridad, jamás volverá a salirse de los márgenes de la ley?
Por otro lado tenemos a Piras en Bonacardo, su pequeño pueblo natal de Cerdeña, recuperándose de las heridas sufridas durante un control policial rutinario en el que aparecieron metralletas de por medio de manera inesperada. La vida allí transcurre entre novelas de Georges Simenon, paseos para recuperar fuerzas en las piernas, noches de cartas con los amigos de la infancia y ratos tranquilos en casa y junto a sus padres ante el televisor, que permiten al lector hacerse una idea de cómo era la televisión pública italiana a mediados de los años 60. Esta parte de la narración avanza más lenta todavía si cabe, parece que no lleva a ninguna parte durante muchas páginas salvo el retrato costumbrista de la vida en la Italia profunda, pero obviamente sabes que está ahí por algo... Cuando un día aparece muerto el primo de una vecina, todo apunta a un suicidio, pero Piras es quien descubre por casualidad el cadáver y hay algo que no le cuadra en la escena de la muerte. Está de baja, no tiene ninguna jurisprudencia en esa zona, pero algo le huele mal en todo ese asunto y empieza a investigar con la ayuda y apoyo de Bordelli, con quien se comunica vía telefónica. A partir de aquí su parte de la trama coge algo más de ritmo.
Bordelli es un personaje peculiar con el que supongo que encajas y te haces adicto a sus historias, o no encajas y te aburres soberanamente ya desde el primer libro. Lo reconozco objetivamente como lectora, y entiendo que haya otros lectores a los que no les cuajen sus andanzas por Florencia. No es mi caso, imagino que resulta evidente, pero lo entiendo. ¿Por qué? Porque este comisario fiorentino es de esos personajes con pensamientos recurrentes, de esos que casi rayan en la obsesión: cada vez que coge un cigarro se acuerda de que quiere dejar de fumar; cada vez que come donde Totó se acuerda de que no debería comer tanto; cada vez que se mira a un espejo piensa que está cumpliendo años, que está solo, que se puede morir de un infarto y que no ha encontrado a la mujer adecuada; cada vez que se acuesta (o se desvela, o se despierta) se pone a recordar sus vivencias durante la Segunda Guerra Mundial... Es un buen hombre que reflexiona demasiado, su vida es un pensamiento constante y circular, y como lectores le acompañamos en todas y cada una de esas repeticiones.
A todo esto sumamos la narración del propio Vichi, que es descriptiva en grado sumo: si llega a un lugar te describe todo lo que Bordelli ve, lo que piensa sobre lo que ve, lo que le recuerda a tal o cual cosa, y si se tercia te cuenta hasta a qué huelen las nubes; cuando Bordelli se pone al volante de su Escarabajo y va de un lado a otro, te nombra cada calle o carretera que coge, si tuerce a izquierda o derecha, hacia qué calle tuerce, en qué zona está de Florencia o alrededores... el ritmo es pausado, persistente, gráfico y puntilloso. Si tiene que detener la narración para dedicarte todo un capítulo a la cena de Navidad de Bordelli y sus amigos, la detiene, y encima te narra todas y cada una de las anécdotas que se cuentan en esa cena. Por ejemplo. Si decide que Bordelli le pregunte a cada uno de los personajes con los que se encuentra en la novela cómo se presentan las navidades, pues lo pregunta. A todos ellos. Otro ejemplo.
Supongo que os hacéis una idea con lo que os estoy diciendo, y aun así, a pesar de todo, adoro estos libros. Adoro el modo en que Bordelli afronta sus investigaciones, el modo en que se cuestiona a sí mismo como ser humano y su lugar en el mundo, el modo en que tiene pensamientos recurrentes porque todos los tenemos en la vida real sobre las cosas que nos angustian, y adoro el modo en que, a pesar de su soledad, ha creado una familia, esa familia que le proporcionan sus amigos, esos amigos que conocimos en el primer libro y que en este tercero siguen apareciendo como parte importante de la narración porque son parte importante de la vida de Bordelli: el Botta, ese delincuente buenazo con dotes de chef cinco estrellas; Rosa, la prostituta ingenua y retirada que parece enamorada (no tan en secreto) de Bordelli; Totó, el cocinero un tanto engreído que llena la panza del comisario día sí y día también; Dante, ese inventor solitario que conoció en su primera novela; Diotivede, el forense septuagenario que jamás sonríe y que es feliz entre los muertos... La familia postiza de Bordelli forma parte de sus historias de manera indisoluble y sin ella nada sería igual.
Bordelli es un detective diferente, el tono en que están narradas sus novelas es diferente y el modo en que afronta sus investigaciones también es diferente. Y además su autor, Marco Vichi, se obstina en esa diferencia con cada libro que escribe de su personaje estrella porque sabe que en ella radican esos detalles que pueden enganchar a esos lectores que, como yo, disfrutan de una novela negra pausada en grado sumo y casi diría que intimista y melancólica. Bordelli es un hombre que a veces puede parecer un pobre hombre pero que, al fin y al cabo, es solo un hombre normal al que le ha tocado vivir una época convulsa como la Italia de la posguerra, que vivió una guerra que se le quedó tatuada en el alma y que ve como la vida cambia, se moderniza, mientras él, a sus cincuenta y tantos años, hace lo que puede por adaptarse.
Me gustan mucho estos libros y me lo paso genial acompañando a Bordelli en ellos. Sé que la serie de este comisario italiano no es una serie para recomendar de manera generalizada, e incluso yo diría que son novelas para recomendar sobre todo a quienes no les gusta mucho la novela negra que se escribe actualmente y buscan algo del género más sosegado, reflexivo y personal, y con un tono extremadamente clásico, porque parecen escritas en la época en que están ambientadas. Quien coge un libro del comisario Bordelli se adentra en una investigación de asesinato en la misma proporción que se adentra en el mundo interior de Bordelli, y todo ello aderezado por paseos arriba y abajo por una Florencia alejada de turistas y muy próxima a sus habitantes y rutinarias vidas.
Es el tercer libro de la serie, tal y como digo arriba, y tengo el cuarto y el quinto hace años esperando en la estantería (se publicaron antes que los tres primeros... de esas cosas raras que pasan con las series en España de vez en cuando), así que en unos meses atacaré el siguiente, Muerte en Florencia:)
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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Poemas
 19 septiembre 2018
El Recién Llegado de Marco Vichi me ha demostrado que un buen crimen (o dos) no es lo único que puede ofrecerte una buena novela policíaca.
Con El Recién Llegado, Marco Vichi nos trae el tercer caso del comisario Bordelli. Pero tranquilos, no es necesario haber leído los anteriores para poder disfrutar de esta novela (yo no los he leídos y he disfrutado mucho).
El comisario Bordelli desde hace meses quiere echarle el guante a un usurero, Badalamenti, que vive cerca de su casa pero sin un motivo evidente el juez no le da su visto bueno, pero una especie de justicia divina hace que el susodicho aparezca muerto en su casa con unas tijeras clavadas en la nuca. El comisario será el responsable de llevar la investigación.
Bordelli es un buen comisario, le gusta su trabajo y quiere coger a los malos pero en esta ocasión sabe que el usurero se merecía lo que le ha pasado y no tiene claro si debería llevar ante la justicia al asesino de tan despreciable ser aunque sabe que es su obligación.
Cuanto más vaya indagando en la vida de Badalamenti mayor será su lucha interior entre cumplir con su deber o dejar las cosas como están.

Por otro lado, Piras (su compañero que está de baja porque casi pierde la vida en un tiroteo) se encuentra sin buscarlo con un misterioso crimen por resolver.

Alrededor del comisario hay una serie de personajes (que estoy segura que aparecen en los casos anteriores) de los más pintorescos: Rosa (una prostituta retirada), Botta (un ladronzuelo que ha visitado las cárceles de medio mundo donde ha aprendido a cocinar como un verdadero chef), Diotivide (el forense), Baragli (otro compañero de Bordelli que está en el hospital en fase terminal)... Todos estos personajes, crean alrededor del comisario un tapiz de historias que se entrecruzan y que dan profundidad y verazidad a la novela.

Sabéis que me gusta que las novelas policíacas sean ágiles y que no se anden en exceso por la ramas (en realidad, eso me gusta en todas las novelas), no soy amiga de largas descripciones ni "parloteo" que solo sirven para abultar el libro. Pero con El Recién Llegado he disfrutado mucho de esas historias paralelas y de los momentos de la vida cotidiana de Bordelli porque no eran simple "paja" sino que servían para darle profundidad al personaje, para hacerlo más humano. Estas historias, esos personajes con sus vidas y sueños, ese día a día de Bordelli no ralentizan la novela, al contrario, le dan vida y color.
Algo que me ha gustado también mucho, ha sido el propio protagonista, el comisario Bordelli. Temía encontrarme con el típico policía alcohólico, amargado, que reniega de todo y de todos, con un pasado traumático y un negro futuro pero no ha sido así. En este caso, es un comisario entrado en los cincuenta, soltero (sí, tiene un pasado amoroso un poco desastroso), buena persona, que le gusta la buena comida y ¡no es alcohólico!, además, tiene buenos amigos (un poco variopintos pero buena gente).
El Recién Llegado no es solo la investigación de un crimen, es también un reflejo fiel de la época (1965): Bordelli no puede olvidar sus experiencias vividas durante su servicio en la Segunda Guerra Mundial, y son muchos los de su generación que viven perseguidos por aquellos momentos, pero la juventud busca su propia identidad y considera que el pasado es un lastre que debe olvidarse y superarse. Se respira el cambio en el ambiente y la guerra y sus consecuencias hace años que quedaron atrás.

En esta novela (y en toda la serie supongo) nos encontramos con una novela policíaca al estilo clásico. No es una novela con un crimen (o dos) macabros y sangrientos, ni el asesino (o asesinos) son "serials killers" que tienen al protagonista al borde del infarto, no hay gran cantidad de sospechosos ni son asesinatos mediáticos que tienen a toda una ciudad en vilo. No es una novela en la que te estás mordiendo las uñas esperando saber el porqué y el quién, es una novela que se disfruta no solo por el misterio, de hecho la intriga policíaca es un punto más en la historia pero no es el eje central, sino por toda la vida que rodea al protagonista.
Como este tercer caso del comisario Bordelli me ha gustado tanto ya tengo en mi wishlist sus casos anteriores: El Comisario Bordelli y Un Asunto Sucio, y estaré atenta a sus próximos casos.

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