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ISBN : 8494676172
Editorial: Mercurio (01/04/2017)

Calificación promedio : 4.33/5 (sobre 3 calificaciones)
Resumen:
I Premio de Novela Breve "Pancho Guerra"

En "Manual de pérdidas" se cuenta el último acto bibliófilo de un profesor de Historia jubilado consciente de que va a perder cuanto ha leído por culpa del alzhéimer: un itinerario de gratitud por diversos lugares con destino en todos aquellos que en algún momento de su vida le regalaron un libro. El propósito es devolver el objeto, lo que revierte su función primigenia: si con el regalo quien da logra que su ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
abua_blog
 30 octubre 2018
Un libro crudo y real abalado por una narrativa exquisita.

Antes de nada quisiera pedir disculpas al autor de forma pública debido a lo que he tardado en tener la reseña. Se ha debido a situaciones que se escapaban de mi control y que han hecho que haya tenido que leer el libro más de una vez. Así que lo siento de verdad.
Bueno, vayamos al lío. Es una novela en la que el lector se transportará hasta la actualidad más o menos, principalmente en ciudades extremeñas (Mérida, Badajoz, Cáceres, Avellaneda), pero también otros puntos de la geografía española (Salamanca, Ávila y Madrid).
Abdón es un profesor de Historia jubilado que ama los libros. Durante toda su vida se ha dedicado a coleccionarlos, con una biblioteca de más de ocho mil libros comprados y/o regalados, algunos de ellos verdaderas joyas de la Literatura.
Pero Abdón se da cuenta que no le queda mucho para disfrutar de su amor por los libros; nota los efectos imparables de una de las peores enfermedades: el alzheimer. Esto le lleva a embarcarse en una última aventura junto a su hija Virginia: devolver los libros regalados a sus legítimos dueños que hayan significado algo importante para la vida de Abdón. Esto le llevará a revivir el pasado, con recuerdos agradables y otros no tanto.
Todo lo que sería el desenlace de la novela narra las situaciones que se dan con Abdón y las personas de su pasado, además de detalles del pasado y de cómo evoluciona la enfermedad, con todo lo que ello conlleva.
Esta es una historia que, por desgracia, podría ser la de cualquiera de nosotros. En mi caso, como nieto de alguien que sufrió esta enfermedad y que no pude conocer por esa razón, ha sido una novela que me ha calado muy hondo y en la que he visto reflejada a mi madre y mis tías.
Es una narración cruel y hermosa; la enfermedad, la loable misión de Abdón y la dedicación de Virginia a su padre se mezclan para crear una magnífica obra.
Pero no es solo que sea un tema acertado. La pluma de Javier Sachez es sumamente exquisita, creando una obra no exenta de belleza, dura y real, llena de sentimientos, de nostalgia, pero también de alegría y buenos momentos. Y no es menos digno de reseñar el ser capaz de atrapar al lector entre sus páginas con una obra en la que no hay acción como tal o intriga. Utiliza un lenguaje bastante culto que embellece el relato y construcciones gramaticales casi poéticas a veces, pero de fácil entendimiento.
Las descripciones de los escenarios dependen de si el lugar le trae recuerdos a Abdón -algo que me ha encantado-, pero que permite imaginarlos de una manera clara.
Y como es lógico pensar, esta novela se centra más en las descripciones psicológicas de los personajes, en su evolución. Los personajes protagonistas están magníficamente creados, tan reales que se pueden llegar a tocar. El resto de personajes están también muy bien creados, aunque algunos apenas hagan acto de presencia, y cada uno tiene un papel en la novela. Todos los personajes podrían ser personas reales perfectamente.
Al ser una novela intimista, es muy interesante toda la evolución que sufre Abdón, no solo por su enfermedad, sino también todo lo relacionado con las relaciones interpersonales que se dan, ya que está tan bien creado que tiene esos cambios bruscos de humor característicos de la enfermedad, siendo alguien bastante hosco desde el inicio, pero con su corazoncito. En esto último Viriginia tendrá mucho que ver, sobre todo llegado al final, con un final verdaderamente digno de la novela.
Esta narración se divide en 40 capítulos, algunos muy cortitos, relatados por un narrador omnisciente. Presenta dos lineas temporales: la actualidad, y el pasado, que empieza con la huida de la familia de Abdón de Avellaneda a Badajoz en medio de la Guerra Civil y da saltos a lo largo de la vida del protagonista para presentar a Cecilia, su esposa fallecida cuando era joven, o capítulos de la vida de Abdón con sus hijos que permiten entender completamente la historia.
Por ponerle algún pero, al inicio me costó entender cuándo era pasado y cuándo era actualidad, pero una vez que se empiezan a relacionar nombres, este handicap desaparece. Por lo demás no hay ni una sola queja que hacerle al libro.
Es una auténtica pena que el autor no sea un superventas famoso o su novela tenga el apoyo de un gran grupo editorial, porque, aunque a priori no es de una dinámica comercial, esta es una de esas obras que con un marketing bueno, encantaría al público. Pero en cambio si no fuese por el boca-boca o por los distintos medios digitales, sería una obra que difícilmente llegase al público. Y de verdad que yo no suelo decir esto, pero es algo muy injusto para esta obra. al menos se ha reconocido su gran calidad con el I Premio de Novela Breve «Pancho Guerra», pero para mí merece mucho más.
Como conclusión, una novela real, cruda, con una temática que a más de una persona le puede tocar la fibra, y narrada de una manera exquisita. Es un libro que recomiendo a todo el mundo, pero especialmente para aquellos que busquen una buena pluma por encima de un contenido más comercial.
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Inquilinas_Netherfield
 04 abril 2018
La fragilidad de la vida... una muletilla con la que solemos terminar siempre que somos partícipes o conocedores de estados y situaciones negativos a la condición humana.
Abdón es sinónimo de roca dura, granítica... todos los que le conocen o han conocido (familiares, amigos, alumnos) lo definen como un hombre rudo, introvertido e inamovible, impermeable a todos los sentimientos y emociones expresados o guardados por sus seres queridos.
Abdón expresaba y transmitía su sensibilidad y delicadeza a través de los libros, libros y más libros. Para él, una caricia al lomo de una primera edición rara y única era incomparable a las mismas caricias no dadas a su hija. Todos sus libros, su biblioteca (poseía cerca de ocho mil volúmenes), eran fuente de información y gratitud, pues lo humanizaban de tal forma que la única manera de interpretarle era gracias a todos libros atesorados a lo largo de su vida.
Al final todos nos debemos a una ley natural y sencilla: la ley de la caducidad y la evolución de los seres tanto vivos como inertes. Abdón, igual que una roca inerte, se erosiona, pues no deja de tratarse de un ser vivo que con los años se va deteriorando... ha entrado en una edad donde la buena salud es toda una dádiva de la vida.
En el momento en que a nuestro protagonista le diagnostican la terrible enfermedad del alzhéimer, entiende que solo le queda ofrecer y devolver, ya sean libros, sentimientos o disculpas, para así cerrar su ciclo vital, clausurando etapas al mismo tiempo que se despide de aquellas personas que han representado algo en su vida. Como he comentado anteriormente, los libros eran su centro vital, su motor y su vida; por ello no pueden quedar excluidos de su final, pues son el canal que utiliza para, ya sin tiempo, cerrar todas las heridas abiertas y pospuestas, rememorando y uniendo aquellas personas con los libros que estas le regalaron, por una u otra razón.
Para esta empresa cuenta con el apoyo de su hija Virginia; ella será su mente y su cuerpo cuando estos le fallen. Javier Sachez García, el autor, no solamente nos argumenta en su trama el ocaso de Abdón, sino la preocupación por sus libros una vez no sea consciente de ellos; así, con la devolución a sus dueños, puede quedarse relativamente tranquilo. Igualmente considero que se trata el tema materia, lo tangible, los libros en cuestión, su estado y conservación.
El autor nos eleva a un plano superior... me refiero a la catarsis de las almas en los encuentros con todos sus seres queridos; en concreto a la purificación y liberación de los recuerdos, tanto los de Abdón como los de su hija Virginia.
En el caso de Virginia, hay un momento en el libro que parece que estoy escuchando a Carmen Sotillo, la protagonista del soliloquio en Cinco horas con Mario, del gran escritor Miguel Delibes. Creyendo que su padre ha perdido toda la lucidez y conciencia, empieza a vomitar todos los rencores, malentendidos e incomprensiones acumulados y enquistados, liberándose así de todos los años de silencio y frialdad paterna.
El alzhéimer es un diagnóstico terrible, pero si algo tiene de positivo en Abdón es la oportunidad que le da de humanizarlo y vivificarlo pues, aunque parezca una incongruencia, en el momento en que se conciencia de su enfermedad, Abdón empieza a vivir, a valorar todos sus recuerdos y momentos. Se activa cerrando y despidiéndose de sus libros, pero también de aquellos que representaron algo para él. Entiende a su mujer, fallecida hace años, y al tiempo comprende a sus hijos; se abre a ellos, dentro de las posibilidades que le da esta enfermedad, descubriendo que no son personas ajenas y silenciosas tal y como él las había educado sino que, sobre todo su hija, tiene un corazón infinito, el cual puede tocar y vislumbrar en la paciencia, dedicación y sacrificio que le profesa.
En Manual de pérdidas no solo conocemos la historia de un profesor de Historia, jubilado y bibliófilo, sino que el autor hace un recorrido por la literatura, rememorando obras un tanto olvidadas en mi caso, como Tiempo de Silencio, de Martín Santos, libro que leí hace unos años, no muchos, pero del que recuerdo que una vez que lo terminé de leer, las ratas fueron interpretadas de diferente manera en mi conciencia. Todos los libros referidos por Javier Sachez García en su novela aparecen concretizados en el acertado e ilustrativo prólogo, que recomiendo leer porque está lleno de sabiduría y conocimiento.
El autor diseña en su libro una trama original y actual que evoluciona condicionada por una elegante y ágil narración. Su pulcritud y sencillez transmiten todos los sentimientos e inquietudes de los personajes... sus recuerdos, aflorados e impregnados de los olores primigenios; así, no solo participamos del ocaso y rendición de Abdón, sino que, a mi juicio, nos involucramos más en las remembranzas y recuerdos ofrecidos por el protagonista a cambio de la purificación y liberación de su alma.

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LAKY
 08 marzo 2019
A Abdón, un profesor de Historia jubilado, le han diagnosticado una terrible enfermedad: Alzheimer. Abdón sabe lo que le espera y una de las cosas que más le duelen es ser consciente de que va a perder la memoria de todos los libros que ha leído. Porque Abdón siempre ha sido un ávido lector y un coleccionista de libros. Ya no podrá hacerlo: se olvidará de los libros que ha leído, se olvidará incluso de leer y del significado de las palabras. Por eso, antes de que ya no sepa ni quién es, decide hacer algo: devolver algunos de sus libros más preciados a quienes se los regalaron. Convence a su hija Virginia para que le acompañe en un viaje que le llevará por parte de la geografía española (en concreto, por algunas poblaciones de Extremadura, Ávila y Madrid). Irá a visitar a algunas personas que en algún momento de su vida fueron tan importantes como para regalarle un libro. Un libro que para él es especial por el libro en sí y por el hecho de que alguien se lo regalase.
Manual de pérdidas” es un viaje. Un viaje en el espacio pero también en el tiempo. Abdón va a recordar, antes de empezar a olvidar, quién le regaló cada uno de los libros, qué relación tuvo con esa persona. Y va a descubrir cómo es ahora pues el tiempo no sólo ha pasado para él. Un viaje geográfíco y un viaje cultural pues, a lo largo del libro, van a aparecer citados multitud de libros. Igualmente, un viaje personal en el que no sólo Abdón descubrirá cosas; también su hija, Virginia, descubrirá realmente a su padre.
El coche de Virginia avanza por la carretera y, al mismo tiempo, va avanzando la enfermedad de Abdón. Una enfermedad cruel que le va dejando sin recuerdos y, al final, sin nada. Ya sabéis todos lo terrible que es una enfermedad que hace que te olvides hasta de quién eres tú mismo; qué puede haber más terrible que eso. La novela está llena de emotividad pero no busca la lágrima fácil ni mucho menos. Evidentemente, es imposible no acongojarte al ir viendo el deterioro físico y mental de Abdón. Es rara la familia en la que no hay o ha habido algún enfermo de Alzhéimer y todos conocemos sus consecuencias. No nos pilla de sorpresa, ni mucho menos, todos sabemos el curso de la historia y su final. Aún así, acongoja vivir su desarrollo en las carnes de Abdón, ver cómo le va progresivamente quitando todo.
Aunque el tema que trata es muy duro, Javier Sachez lo trata de una forma muy acertada: con mucha sensibilidad y cariño, sin aspavientos y sin recurrir, como ya he mencionado antes, a la lágrima fácil. La novela es emotiva porque por el tema que trata no podría ser de otra forma pero, de la manera en la que lo trata el autor, resulta agradable de leer y no demasiado dolorosa. Creo que Javier ha acertado con el tono que requiere la historia.
Manual de pérdidas” es una novela de personajes. Tenemos dos protagonistas: Abdón y Virginia. Y también otros personajes un poco más secundarios como el otro hijo de Abdón y los amigos de éste a los que van a devolver los libros. Los protagonistas están muy bien perfilados, sobre todo Abdón. Virginia va a descubrir realmente cómo es su padre; un padre frío y distante en la infancia. Sin embargo y, a pesar de ello, Virginia se muestra muy cariñosa con él y le cuida abnegadamente en las circunstancias que está viviendo. Y eso también permite al autor hablar de lo duro que es esta enfermedad para los familiares del enfermo y para quienes están a su cargo .
Abdón no es un personaje amable. Perdió muy joven a su mujer y se tuvo que ocupar él solo de sus dos hijos pequeños. La educación que les dio es, probablemente, la que se daba en la época donde primaba más la mano dura que el cariño (especialmente en el caso de los hijos varones a los que había que hacer “hombres). No es un personaje que se nos haga simpático por esa lejanía que vemos respecto de sus hijos; a veces parece que quiere más a sus libros que a sus hijos. Pero, ¿quizás está a tiempo de cambiar y darles, al menos a Virginia, todo el amor que siempre les ha profesado?
Junto a los personajes “humanos” hay otros personajes: los libros. Se citan muchos libros en la novela, la mayoría clásicos españoles (aunque hay de todo). Me ha gustado la forma en la que aparece cada libro: atado a un recuerdo, un momento, el amigo que se lo regaló, etc. No nos habla del libro en sí, de la historia que contiene, sino de la historia personal de Abdón ligada a ese libro. Me ha parecido una idea realmente bonita.
Es un narrador omnisciente quien nos va contando la historia, el viaje de Abdón. Su prosa es muy cuidada y elegante, precisa y emotiva. Alternando entre el presente y el pasado, la novela avanza con un ritmo medio y la lectura resulta sencilla.

Conclusión final
Manual de pérdidas” es un viaje metaliterario que me ha encantado leer. Una muy buena novela que no dudo en recomendaros
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MegRaven
 24 mayo 2018
Abdón comienza a sentir que está perdiendo la memoria tras un par de leves accidentes, a los que resta importancia llamándolos sus "pequeños olvidos". Pero por mucho que disimule es consciente de su problema, la tristeza empieza a anidar en su cuerpo y lo único que le saca de esa angustia es hojear su inmensa colección de libros. No es una colección más: Tiene verdaderas reliquias con años de antigüedad y para él son su mayor posesión.
Ante la creciente corazonada de que sus olvidos son los primeros síntomas de una enfermedad atroz, Abdón decide que va a reencontrarse con las personas que más lo han querido a lo largo de toda su vida, aquellos que en algún momento le regalaron un libro. Quiere devolvérselos. Comienza así una cruzada en la que nuestro protagonista abraza el pasado y preserva el cariño de aquellos a los que más lamentaría olvidar.
Es muy fácil encariñarse con Abdón y esa tenacidad con la que intenta resistirse a lo inminente, fingiendo delante de sus hijos y tratando de conservar su dignidad. Pero poco a poco vemos que su situación empeora y su viaje irá encontrándose con obstáculos inimaginables que no proceden del exterior, sino del propio Abdón. Resulta duro y desde luego estremecedor ir acompañándole a lo largo de su enfermedad, mientras ésta se va abriendo camino.
Quizá lo que más me estremece de la historia es la forma en la que te envuelve en su cotidianidad, hasta que de pronto el momento más inocente se convierte en una caída libre. Que por ejemplo, Abdón decida meter fotos dentro de los libros que va a regalar por miedo a olvidar los rostros de las personas a las que busca. Circunstancias que cualquiera da por hecho en su día a día y que él, sin embargo, teme ir a perder. Y al mismo tiempo es una enfermedad tan conocida y temida que cuesta no extrapolar y trasladar éstas anécdotas al mundo real. Hay pasajes duros, pero que quizá te abran los ojos. Desearás de todo corazón que éste hombre consiga reencontrarse con aquellos que un día fueron importantes, y así sepa que su preciada colección de libros tendrá una segunda (o tercera) vida donde serán valorados como merecen.
Durante el viaje su hija Virginia decide regalarle un ebook para que pueda seguir leyendo y siempre lleve consigo las obras que más ha disfrutado. Quizá por esto agradezca tanto que el autor nos incluya en el propio libro una recopilación de todos los ejemplares que va mencionando en la obra, o al menos, a lo largo de sus dos primeras partes. En la tercera, al tratarse del desenlace, ha preferido mantener el suspense y no arruinarnos las sorpresas.
Pero no todo es acompañar a Abdón y su hija, también seremos testigos de diversos flashback sobre la infancia de ambos donde descubriremos cómo Abdón tubo que abandonar su adorada tierra natal o la de traumas que Virgina ha ido acumulando a lo largo de los años, marcados, en gran parte, por la ausencia de su madre. Un rencor hacia su padre que se ha ido acumulando con el tiempo pero que aún persiste silenciado en su corazón, incapaz de echarle en cara todas aquellas cosas al hombre que acabará siendo incapaz de recordarla.
La prosa es correcta, la acción transcurre a un ritmo ágil y es fácil empatizar con los personajes por su cercanía y humildad. Si a todo esto le sumamos sus escasas 200 páginas nos encontramos ante una novela para disfrutar y entregarse a una lectura rápida. ¿A quién no le apetece saber si Abdón cumplirá con su objetivo o hasta qué punto puede un viaje de éste calibre cambiarle las vidas a él y los suyos? Con pañuelos a mano, eso si.

Enlace: http://elcuervodealasrotas.b..
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Citas y frases (3) Añadir cita
abua_blogabua_blog30 octubre 2018
Sin embargo, Abdón se derrumba sobre el asiento. Sabe que, con ese último abrazo, se ha despedido también de su primera juventud, de aquella primera mirada suya hacia un mundo nuevo. Sabe que todo aquel pasado se borrará próximamente de su memoria y que, con la marcha de Óscar, se marchan también sus recuerdos para siempre. Mientras ve caminar a su amigo descubre igualmente que ya ha olvidado su nombre. [...]
-Lo terrible no es olvidar el nombre de las personas. Lo terrible es olvidar su significado.
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LAKYLAKY08 febrero 2019
A veces estoy leyendo un libro y, de repente, me entran muchas ganas de escribir. Esos son los libros que me emocionan
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MegRavenMegRaven24 mayo 2018
Si pudiera empezaría de nuevo. Pero no puedo, mi amor, no puedo y ahora comienza el descenso.
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