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ISBN : 8499896480
Editorial: Debolsillo (12/04/2017)

Calificación promedio : 3.5/5 (sobre 3 calificaciones)
Resumen:
Buscando a Caleb comienza en un vagón del tren que va de Baltimore a Nueva York. Dentro del vagón hay dos personas, un hombre y una mujer. Él es Daniel Peck, un juez retirado, sordo y canoso. Ella es Justine Peck, su nieta, una joven echadora de cartas que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. Ambos esperan dar con alguna pista que los lleve hasta Caleb, el hermano de Daniel, que desapareció sin dejar rastro sesenta años atrás. A partir de este inicio, Anne T... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (2) Añadir una crítica
Ros
 11 September 2022
Me gusta la autora, es una escritora norteamericana poco dada a conceder entrevistas ni salir en los medios. He leído varias de sus novelas y siempre he quedado satisfecha.

Escribe en la mayoría de sus novelas sobre gente corriente enfrentados a los avatares de la vida, esta novela así lo demuestra, está ambientada en Baltimore, la ciudad en la que la propia autora reside.

Y desde el inicio, ya nos damos cuenta de que el título es perfecto porque aparece un tren, y precisamente, dos de los personajes principales se suben en él, a la búsqueda de Caleb y enseguida nos damos cuenta que también nosotros vamos en ese tren, hacemos el viaje.

En esta novela, el protagonismo lo tiene una gran familia, los Peck, los personajes con los que vivimos su acontecer diario, su vida cotidiana, formando ya desde el principio un círculo relacional de confidencias y asuntos en común, que son parte de nuestra existencia.
Una gran familia que vamos conociendo a través de cada una de sus historias personales y formas de vida. Personajes fundamentales para armar esta novela, que bajo mi consideración reparte a partes iguales intriga y realismo.

Sobre todo vamos a conocer al abuelo Daniel Peck, un juez retirado, y un personaje extraordinario y a su nieta Justine, echadora de cartas con dificultades para encontrar su sitio en el mundo que la rodea, así como sus motivaciones para emprender el viaje.

Ambos inician una búsqueda para encontrar a Caleb, un hermano de Daniel que se fue sin dejar rastro, sesenta años atrás, y esa búsqueda se convierte en algo tan importante, también para nosotros, que vamos con ellos, sintiendo y acompañándolos y que de un modo tan estimulante saben mantener nuestro interés y ganas de saber qué sucederá.

Los que se han ido, los que al menos, aparentemente, han salido de nuestra vida sin que medie conocimiento que lo explique o motivo singular para que algo así haya podido ocurrir, llegan a convertirse en una incógnita inasumible, en un paréntesis que nos encapsula impidiendo el desarrollo de una vida sin rincones demasiados oscuros.
Cuando alguien se va, cuando alguien nos deja, desaparece sin dejar razón, la mente no cesa en imaginar un motivo y un lugar en el que haya tenido que recalar quien nos dejó.
Existe así una fuerza lo suficientemente impulsora para animar y salir a buscar a esa persona que sin motivo aparente decidió salir del lugar y el entorno que habitaba para encontrar otra realidad.

Hay personajes en la literatura que son nosotros mismos, nosotros en multitud de situaciones y momentos de nuestra vida, quizá Buscando a Caleb confirme lo que acabo de anotar.
Los Peck somos nosotros, nuestra familia, los conocidos, aquello que hacemos o decimos, y cuanto nos hace dudar, los Peck nos acompañan y nosotros a ellos. Saben mantener nuestro interés del mismo modo que nosotros somos capaces de inspirar el interés de otros en nosotros.

Es un placer estar con ellos durante la travesía que es la lectura de este libro, es hermoso comprobar que hay un hilo de unión que nos ata a ellos.
Y todo ello, presentado de forma sencilla, un lenguaje cuidado, y gran capacidad de observación.

Apenas he comenzado a leer el libro y he conocido el argumento, he recordado una gran película que parte de un título que me ha parecido hermoso , es La canción de los nombres olvidados, donde también se establece una búsqueda pasados los años, del que fue un niño judío acogido durante la segunda guerra mundial. Salvando las distancias, claro.
Buena lectura.
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margazquez
 04 February 2020
Anne Tyler siente verdadera aversión a conceder entrevistas y a aparecer en los medios de comunicación. Probablemente sea ese el motivo de que en España no tenga el suficiente reconocimiento, y sin embargo muchos habrán visto aquella magnífica película de Lawrence Kasdan, "El turista accidental", y probablemente desconozcan que está basada en un libro de esta escritora americana.
En 1989 recibió el Premio Pulitzer por su novela "Ejercicios respiratorios", además de haber quedado finalista en otras ocasiones y de haber recibido otros tantos premios de mucho prestigio. Sus novelas gustan por igual a críticos y lectores (algo que no siempre es habitual) y sus libros suelen convertirse en best sellers. A escritores de la talla de Nick Hornby o John Updike no les duelen prendas al confesar su admiración por Anne Tyler.
"Buscando a Caleb" es la primera novela que leo de esta escritora americana y pese a presentarse como tal, no la veo un best seller al uso, al menos no como lo que entendemos hoy por un superventas. No pongo en duda que en su momento lo pudiera haber sido (el libro fue escrito en 1975) pero incluso así, sería más bien en Baltimore, ciudad donde reside y en la que está ambientada la novela, donde podría encajar más fácilmente en esa denominación. No obstante, que no sea un best seller al uso no significa otra cosa más que eso. Acercarse a esta escritora bien merece la pena, y con Buscando a Caleb he podido comprobar y corroborar por qué Hornby y Updike se rinden ante esta escritora.
El comienzo del libro da sentido al título de la novela al aparecer en un tren, precisamente en búsqueda de Caleb, tres de los personajes principales; Justine, una echadora de cartas un poco atolondrada, su abuelo, un juez retirado, encorsetado y además sordo (hay diálogos muy graciosos por culpa de su sordera), y Meg, la hija de Justine, que parece estar harta de tanto viaje y del desordenado modo de vivir de su madre. Con este inicio se despierta rápidamente la curiosidad del lector y te preguntas dónde estará ese misterioso Caleb y qué habrá sido de él.
Y sin embargo una vez la búsqueda no da los resultados esperados y los tres protagonistas regresan a su hogar, comienza una sensación de desconcierto en la lectura. La búsqueda de Caleb ya no encuentra hueco en la historia (con excepción del abuelo de Justine, para quien se convierte en una obsesión), se evapora, y el libro empieza a narrar los avatares diarios y de lo más cotidiano de la familia Peck, a hurgar en las relaciones entre Justine y su marido Duncan (también un Peck), de Justine con su abuelo, con sus tíos, con sus primos, con los vecinos… Incluso va recordando la historia de sus bisabuelos. Y así durante páginas y páginas. En ese punto del libro, una de dos: o lo abandonas o te has hecho a la idea de que la búsqueda es un pretexto y sigues leyendo. Yo opté por la segunda. ¿La razón? Muy sencilla: Anne Tyler escribe de maravilla.

Su capacidad para sacarle brillo a lo más vulgar, a las situaciones más costumbristas y banales, es impresionante. El lenguaje utilizado por Tyler, sin caer nunca en el simplismo, es de lo más normal, sin florituras ni frases laberínticas. Directa al grano y con las palabras adecuadas en cada momento. Su perspicacia para observar y trasladar al papel el mundo que nos rodea y los miles de detalles que pasan ante nuestros ojos casi sin darnos cuenta, es verdaderamente impresionante.
Los personajes del libro tienen un punto excéntrico. Justine es un desastre como ama de casa, come siempre en bares por no cocinar, sólo tiene un juego de sábanas y no hace nunca las camas (algo impensable para una mujer de su época), Duncan no encuentra su sitio, cambia de trabajo como el que cambia de camisa y no duda en trasladarse de aquí para allá arrastrando a Justine con cuatro trastos en la furgoneta, o la pobre Meg, hastiada de tanta mudanza y de unos padres tan poco convencionales.

Avanzado ya el libro, vuelve a resurgir la búsqueda de Caleb, y anécdotas que parecían de relleno, empiezan a cobrar sentido. El punto flaco de la novela es precisamente esa búsqueda, que como trama supuestamente central de la novela, carece del gancho necesario y la lectura del libro no se convierte en adictiva. Lo verdaderamente impecable de este libro es el retrato de lo mundano, de la cotidianidad, de los lazos familiares, y por encima de todo, la caracterización de los personajes. Y ya de paso, una crítica sin moralinas a la sociedad del Baltimore de los setenta, la crítica a la mojigatería, a las ridículas normas impuestas, a las costumbres, a tener que caminar por el sendero marcado. El propio Caleb, Duncan o la abuela de Justine, se atrevieron a romper con todo y huyeron de esa sociedad que les asfixiaba, ante la sorpresa del resto de la familia Peck, inmersos en la senda “correcta”, incapaces de comprender, de ver. Y a medio camino, la pobre Justine, con esa apariencia tan atolondrada, debatiéndose entre la huída y los lazos familiares que la atrapan.
Y el humor. No puedo dejar de comentar el humor que rezuma la novela. Un humor espontáneo, sin pretensiones de buscar la carcajada del lector, que fluye simple y llanamente por el vívido retrato de situaciones tan corrientes que todos podemos reconocer en nuestras propias familias, en nuestras propias vidas. La parte en que se reúnen por primera vez Justine y Duncan con la suegra de su hija Meg es divertidísima y esa sí arranca la carcajada limpia. El resto de las situaciones te dejan con una sonrisa permanente.
En definitiva y si bien reconozco que "Buscando a Caleb" no me ha parecido una novela redonda por carecer de una historia de esas que te atrapan irremediablemente, me ha dado la oportunidad de descubrir a una gran escritora y me ha dejado con tremendas ganas de leer el resto de su obra, y en especial esa "Reunión en el restaurante nostalgia", que en palabras de la propia Tyler, es su mejor novela.

Enlace: https://elsindromedetsundoku..
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Citas y frases (1) Añadir cita
RosRos11 September 2022
El auténtico trabajo de un detective era todo un arte. Encontrar era un arte.
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