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Crítica de MariaT


MariaT
24 mayo 2019
¿Dejarían entrar a un completo desconocido a su hogar para que tuviese acceso remoto las veinticuatro horas del día? ¿Qué podría llevarnos a querer comprar un animal de peluche que fuese controlado por una persona completamente anónima desde cualquier lugar del mundo? ¿Qué nos llevaría a adquirir el control de esos animales electrónicos si saber dónde nos tocará despertar o a quién tendrías que hacerle compañía? Hoy quiero hablarles de Kentukis, la nueva y fascinante novela de la escritora argentina Samanta Schweblin.

“Necesitaba saber qué tipo de usuario le había tocado. ¿Qué tipo de persona elegiría «ser» kentuki en lugar de «tener» un kentuki?” .

Nos encontramos en un futuro tan cercano que bien podría ser el presente, en el que existen los kentukis, unos muñecos de peluche articulados controlados a distancia por un usuario anónimo. Cada vez que un usuario compra un kentuki se convierte en el amo, y cada vez que alguien adquiere un código tiene derecho a «ser» un kentuki. Pero mientras que los amos pueden elegir el aspecto de su mascota, las conexiones entre los diversos usuarios son aleatorias y no pueden controlar quién será la persona que los verá a través de la cámara. Los kentukis, además de observar y controlar la movilidad de sus avatares, pueden oír a sus amos, pero no pueden hablar directamente con ellos.

Pero que los muñecos no puedan articular palabras desde sus avatares, no quiere decir que la comunicación no es posible. Amos y mascotas pueden establecer diversas maneras de comunicación, algunas más directas y efectivas que otras. Pero la forma elegida dependerá de cada pareja. Para describir las diversas relaciones que se establecen entre los que eligen tener un kentuki y los que deciden serlo contaremos con capítulos cortos narrados por los más variopintos protagonistas. Algunos funcionan como relatos únicos y cerrados, con protagonistas a los que no volveremos a ver; pero a otros usuarios de esta particular tecnología los seguiremos en el tiempo, y veremos su historia evolucionar para fascinarnos y aterrorizarnos a partes iguales.

“Tenía dos vidas y eso era mucho mejor que tener apenas media vida y cojear en picada. Y al final, qué importaba hacer el ridículo en Erfurt, nadie la estaba mirando y bien valía el cariño que obtenía a cambio”.

Algunas de las historias son realmente impactantes. Otras simplemente crueles y muy humanas, como las de un ancianato que compra dos kentukis para que les hagan compañía a los internos, pero cuyos usuarios deciden suicidarse porque el lugar al que han ido a parar no es lo suficientemente interesante, dejando así perdido tanto el dinero de la conexión como el animal de peluche, creado para una única y exclusiva relación amo/kentuki. Pero esa es solo una de las situaciones normales, porque si le compras un kentuki de regalo a un niño, ¿cómo sabes qué tipo de persona está detrás de la cámara, siguiéndolo día y noche?

Como con toda tecnología, pronto saldrán oportunidades para el mercado negro. Usuarios que compran conexiones para luego revenderlas a personas dispuestas a pagar pequeñas fortunas por la posibilidad de manejar un avatar en las condiciones o lugares que ellos elijan. Eliminando así de la ecuación la aleatoriedad que impone el servicio original. Precisamente a uno de esos revendedores de conexión le seguiremos la pista durante diversos capítulos, y las cosas que va descubriendo a medida que establece más y más conexiones son sorprendentes y espeluznantes.

“Había gente dispuesta a soltar una fortuna por vivir en la pobreza unas horas al día, y estaban los que pagaban por hacer turismo sin moverse de sus casas, por pasear por la India sin una sola diarrea, o conocer el invierno polar descalzos y en pijama”.

Samanta Schweblin logra con un relato adictivo que entendamos qué puede llevar a alguien a buscar la compañía de un desconocido, pero tocará que cada uno analice hasta qué punto está dispuesto a renunciar a su privacidad o a invadir la de otro para conseguir una conexión que parece tan poco real. Por momentos dulce para luego transformarse en aterradora y cruel, es el tipo de novela que cierras pero que se queda contigo, pues consigue que no puedas dejar de pensar en sus personajes y en las situaciones a las que tienen que hacer frente. Como sucedió con Distancia de rescate (pueden leer mi reseña aquí), no puedo hacer otra cosa que recomendarles que le den una oportunidad. Schweblin es una autora que no para de sorprender.
Enlace: http://inthenevernever.blogs..
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