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Críticas sobre El color de la luz (13)
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CARMINA
 23 marzo 2018
Me gustan los libros protagonizados por mujeres fuertes capaces de sujetar toda la trama, capaces de sostener toda la historia, mujeres de armas tomar que amarren las riendas de su vida, que no se arredren ante nada, que sean capaces de tomar decisiones. Y he encontrado esa mujer en Blanca Luz Miranda, la protagonista de El color de la Luz de Marta Quintín

Blanca Luz Miranda es una mujer adelantada para su época, tanto que a veces se nos olvida encuadrarla en su momento histórico, y a pesar de ser una mujer de carácter fuerte, que sabe lo que quiere y como lo quiere, es una mujer que duda, que se asusta, que teme. Pero ¿qué teme Blanca Luz?, yo diría que no ser lo más importante en la vida de la persona que ama, que no se le preste atención al 100 por 100. Y como amar es también renunciar, toma el camino más difícil para ella y por ende para su amado, un camino desabrido, lleno de insatisfacciones, de añoranza, un camino sin retorno porque nada es igual pasado el tiempo, porque la gente evoluciona, y las experiencias marcan.

La historia de Blanca Luz es la del siglo XX, unos años convulsos con guerras, tanto en España como en Europa, que marcan el devenir de los personajes, es un recorrido por la historia de nuestro país de la mano de las visicitudes de una mujer con la que podrás empatizar más o menos pero que no te resultará indiferente. Y por la historia de Europa de la mano del joven pintor que se atrevió a vivir, para de esa forma expresar mediante su pintura el mundo. Pero a Martín Pendragón con vuestro permiso os lo presento después. Ahora solo quería sentaros las bases de porque esta novela me ha gustado tanto, me ha montado en una montaña rusa de sensaciones, desde la risa, a la congoja, desde el enfado al beneplácito, porque nuestra protagonista no es una mujer fácil de entender, pero si es muy humana y tremendamente verosímil, creíble.
El color de la luz es una novela intimista que tiene como punto de partida el AMOR, pero no solo el amor romántico, también el paternal, el amor al arte, la amistad llevada al máximo extremo. Marta Quintín quiere explorar con esta historia el amor imposible por causa de la naturaleza humana y de ahí que nuestra protagonista Blanca Luz Miranda sea una mujer volátil, incluso nos parezca caprichosa, egoísta y que en su cruz lleva la penitencia, por otro lado Martín lleva su amor a pecho descubierto con una inocencia que abruma. Entre los dos nos dibujan una historia de renuncias, pasión arrolladora, nostalgia por el pasado que atraviesa todo el s. XX y que nos sitúa en España, París y Nueva York.

Nos encontramos ante una novela muy bien escrita con un lenguaje muy rico, una prosa muy cuidada y en ocasiones poeticas, una variedad semántica muy bien trabajada, que nos llevará a disfrutar en todo momento de una historia que discurre de forma pausada, con unas descripciones muy detallistas cuando habla de arte y de cuadros y un tanto más vagas en otros momentos, por ejemplo en ningún momento sabemos cual es la ciudad del norte, no abunda demasiado en los episodios históricos en los que se encuadra la novela, hay algunos en los que se detiene y otros los sobrevuela, cosa lógica cuando se abarcan tantos años y tenemos una historia tan convulsa detrás.

La novela se desarrolla a través de tres narradores, dos en primera persona y uno omnisciente que nos sitúa en la visión general de la historia. Por una lado tenemos a la periodista, que utiliza un lenguaje más actual, la vemos increpando a Blanca Luz, pidiendo explicaciones, elucubrando que ha pasado en un determinado momento y todo ello en primera persona, notamos un cambio en cuanto a la prosa utilizada por la autora, no solo el lenguaje es distinto, el segundo narrador en primera persona lo encontramos a través de unas cartas que Martín Pendragón le remitió a su amigo Chema que nos dan una visión de ese París de los años 20, bohemio, repleto de artistas, nos muestra La Ruche donde llegó un joven pintor ilusionado y donde conoció personajes reales como Soutine y Chagall que la autora ha mezclado con otros surgidos de su imaginación y también nos dibujan esos años de carencias debido a la ocupación nazi de Paris, la persecución que sufrieron los artistas abstractos considerados degenerados la resistencia francesa que les ocultaba. Son esas cartas las que rompen un poco el ritmo de la novela, la dotan de mayor agilidad, y atrapan irremisiblemente al lector y la periodista que trata de escribir la historia de Blanca Luz.
El grueso de la novela está contado por ese narrador omnisciente que nos sitúa en cada momento histórico. Comienza con un prólogo ambientado en Nueva York, donde una joven periodista española cubre la subasta de un cuadro de Martín Pendragón por el que se paga un precio desorbitado. La actitud de la compradora una octogenaria española, que retira ella misma el cuadro del cabellete en el que está expuesto, le hace intuir que tras esa compra se esconde una historia personal que pretende descubrir, lo que no sabe es que será la anciana quien decida como, y quién la va a escribir.

Y esto me lleva a hablar del que para mi es el punto fuerte de esta novela sus personajes, todos y cada uno de ellos esta bien cuidado, bien perfilado, con unas personalidades complejas y muy distintas entre sí, el trabajo que hay detrás de ellos es espectacular.

Blanca Luz Miranda es una mujer hecha de claroscuros, con tantísimos matices que es difícil aprehenderla, no es un personaje fácil de digerir, ni la autora pretendía que lo fuera, es una mujer volátil, una mujer que desprende una seguridad arrolladora y que sin embargo duda, teme y apuesta a caballo perdedor y con ello se labra un futuro de infelicidad, de renuncias y nostalgia, con la mirada siempre vuelta al pasado y aquello que tocó con las puntas de los dedos y dejó escapar.

Martín Pendragón desde niño fue distinto, es un personaje sin dobleces, se nos presenta a pecho descubierto, un hombre que amó, fue amado, un hombre con una pasión tan fuerte por la pintura que ella llenaba todos los vacíos que su musa dejó. Un hombre capaz de pintarlo todo porque se atrevía a vivirlo todo, exprimía la vida. Y sin embargo no pudo evitar ser abandonado, sentir la mordedura de los celos, de la desesperación. Un hombre incapaz de odiar.

Francisco Miranda, el hombre que le ofreció a Martín la posibilidad de desarrollar su ingenio y arte, un pintor frustrado reconvertido en profesor que supo ver la genialidad del joven sin llegar a intuir que su arte versaría sobre derroteros muy distintos a los que él esperaba. Con Francisco viviremos momentos emotivos cargados de dolor. Y a través de él disfruté uno de los pasajes más entrañables para mi de este libro, las misiones pedagógicas que se desarrollaron durante la República.

Chema: el gran amigo de Martín, y por ende de Blanca Luz, uno de los personajes más logrados, con la LEALTAD por bandera, la gran humanidad que desprende este personaje es digna de encomio, es de los que más he disfrutado, porque incluso Martín cuando estaba a su lado irradiaba una alegría radiante.

Eduardo: compañero en la academia de pintura. Siempre ha tenido envidia de Martin cuya facilidad para la pintura le dejaba a él en un segundo plano. Es el personaje que se lleva el palo más grande en esta novela puesto que consigue lo que anhela, para no disfrutarlo, más bien sufrirlo y perderlo

Gabrielle: ese secundario para mi imprescindible, el gran amor de Martín fue Blanca Luz, sin embargo su esposa fue una francesa que me ha llegado al corazón con esa sabiduría de calle que solo tienen las personas que se han visto obligadas a hacer cosas que nunca hubieran deseado. Gabrielle es el anclaje de Martín a la tierra, el se encarga de la parte artística, de la creativa y ella de los negocios, de colocar sus obras, detrás de un gran hombres siempre se esconde una gran mujer, y para mi era ese personaje necesario que me hubiera gustado que estuviera más desarrollado, aunque siendo quién es quién dirige la historia poco protagonismo podía tener.

Sofia Miranda: Es la hermana de Blanca Luz, la conocemos de niña, que es adorable y la reencontramos siendo anciana, es la antítesis de nuestra protagonista. Es una mujer de su época, conformista, una mujer que hace lo que se espera de ella y que cree que su hermana tiene su merecido por no haberse plegado a los dictados sociales y a las convenciones de los tiempos que vivían.

Para mi estos son los más importantes, con unos empatizarás más que con otros, la autora realiza un gran trabajo en ese sentido.

El otro gran pilar es el arte, no es que yo sea una entendida, que no lo soy, y mucho menos del tipo del arte que realiza Martín, siempre he sido un poco negada para la pintura abstracta, sin embargo con las descripciones de la autora de los colores, la luz, las técnicas pictóricas y la vida de los artistas en París he disfrutado como una niña. Casi podía meterme dentro del cuadro, notar esas pinceladas, incluso en un momento dado llegó a cegarme la luz, incluso disfruté cuando la experta en Pendragones hablaba con esa pasión de la obra del autor.
Y como colofón a esos dos pilares, los personajes y el arte, un pintor, su musa, un amor tan grande como inmortal, una renuncia que aporta infelicidad a ambos protagonistas y una nostalgia de ese pasado, de esa juventud y esa inocencia con que se amaron siendo casi unos niños. Las reflexiones sobre la felicidad y el amor son constantes en ambos, tanto en Martín como en Blanca Luz, la segunda solo buscaba redimirse a través del arte de Martín, el pintor solo quería que su musa se quedara a su lado, y nunca lo logró para siempre, al final la pintura es el gran nexo de unión entre ambos, el exponente de ese amor tan grande que descubrió un color y dejó para la historia un pintor sin parangón por su uso tan especial de la luz
La novela en sí es una delicia que te va acompañando de la mano hasta el final, Marta va sorprendiéndonos en ese camino con giros que van hacia adelante y hacia atrás, la historia de Blanca Luz se va perfilando ante nuestros ojos, unas veces como fue y otras como hubiera querido que fuera. Pero el protagonismo absoluto es para un cuadro singular, el objeto de la subasta que un día le regaló Martin y que por argucias del azar perdió y volvió a recuperar en el ocaso de su vida.

Conclusión:

El color de la Luz es una novela bien escrita, bien tramada, con un lenguaje exquisito, rico y culto, con unos personajes muy bien dibujados, con muchos matices y personalidades complejas. Una historia en la que el arte, el pintor, su musa, el amor, el desamor, la felicidad y su ausencia tienen un papel preponderante tanto en el desarrollo de la historia como en la evolución del carácter de los personajes y la percepción que el lector tiene de ellos.

Todo ello aderezado por los acontecimientos históricos de un siglo XX rico en conflictos y en constante transformación, aunque me hubiera gustado que ahondará mas en esa ambientación.

Con un final muy emotivo que supone un broche de oro para esta novela intimista que nos revela una autora a tener muy en cuenta
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Domiar
 23 marzo 2018
El color de la luz, Marta Quintín.
Buenas tardes lectores!!

Hoy os traigo una de esas historias de amor con mayúsculas: El color de la luz, de Marta Quintín. El libro está editado en tapa blanda por Suma de letras y tiene 427 páginas.

Esta historia comienza con la compra de un cuadro. Nos encontramos en la ciudad más cosmopolita del mundo, Nueva York. La gran empresaria Blanca Luz Miranda puja con ambición desmedida para conseguir una enigmática pintura de uno de los últimos genios del siglo XX, Martín Pendragón. al mismo tiempo conocemos a la periodista que cubre la subasta, y asiste asombrada a la puja encarnizada que se lleva a cabo entre una anciana y un desconocido, y que finaliza con la batida de un nuevo récord del precio pagado por una obra de arte hasta el momento. El pintor lo merece, el cuadro más.

A nuestra avezada periodista, como no podía ser de otra manera (si no, no sería una periodista digna de ese nombre) le pica la curiosidad. Ante el oscuro futuro que se abate sobre ella en el maravilloso Nueva York (viviendo como una Carrie Bradshow cualquiera, aunque sin economía para permitirse unos Manolos) deja su trabajo en un periódico local, y su piso compartido en la Gran Manzana (su compañera de piso, Leidy, es un personaje en todos los sentidos) y se lanza a la aventura en pos de la historia que pueda esconder la anciana señora que conoció en la puja. Decide poner rumbo a España y tirar un poco del hilo.

El primer encuentro entre la periodista con ambiciones de gran escritora y la gran dama de los negocios no puede ser más gélido y a la vez, más desconcertante. Hasta que una inusitada excusa pone fin a la entrevista ante el asombro de la periodista. Una vez de vuelta a Estados Unidos, tras decidirse a olvidar el tema por completo, recibe una llamada trasatlántica que la deja atónita. Blanca Luz quiere que escriba su historia.

Y es aquí donde empieza la historia dentro del relato que Blanca Luz quiere dejar como legado vital. La parte más bonita. La vuelta al pasado, a la emoción y a la energía a raudales, al amor pletórico y a la felicidad sin límites, a los comienzos, a la juventud en definitiva. Conocemos a una joven y bonita Blanca Luz, que vive con su hermana y Don Francisco, su entrañable papá. Un hombre apacible, enamorado de la pintura, que le trajo grandes alegrías y una gran desgracia. La que asume cada noche contemplando un retrato colgado de la pared, lleno de melancolía por lo que no supo hacer, por lo que no supo ver. Para ganarse la vida, y ante la tesitura de no volver a coger los pinceles, Francisco Miranda regenta un estudio de pintura donde enseña a futuros artistas. La casualidad hace que su destino y el de Martín se crucen. Un albañil sin futuro, dotado de una genialidad desmedida para el arte pero que jamás se ha planteado pintar. Martín, que tiene una relación muy difícil con su padre, se acoge bajo el ala protectora de Don Francisco como pupilo, casi como un hijo. Allí junto a Chema y Eduardo, los otros dos aprendices de artistas, descubrirá su verdadera vocación. Ocultos tras un armario, unos pícaros ojos lo observan deslizar su pincel por un lienzo en blanco.

No os voy a desvelar más de la historia, no sería justo. Ahora os voy a comentar un poco mi opinión.

Los capítulos tal vez sean un poco largos, pero una vez metidos dentro de la historia no vamos a darnos cuenta. El lenguaje, algo más complicado al principio evoluciona a grandes pasos según avanzas en la lectura y es cierto que varía según qué personajes lo utilizan. El libro arranca con una escena muy contundente, que te atrapa sin paliativos.


El amor que surge entre Martín Pendragón y Blanca Luz Miranda es tan bonito como suelen serlo los primeros amores, pero todos sabemos que no hay amor sin sacrificio. Los sacrificios en este caso los hará ella. El genio sin embargo, lo vivirá todo de otra manera, con un amor puro, inquebrantable durante años, como fuente de inspiración, como motor que gira su mundo. ¿Es esto egoísta? Probablemente si, mucho. Como veis, el libro puede dar mucho que pensar. Enredados entre la madeja que será esta historia de amor se mezclan Eduardo, el sufrido. Y sobre todo Chema.

Chema es ese amigo que todos tenemos, que siempre está ahí, y al que muchas veces no le prestamos la atención que se merece, como si su único sentido en la vida fuera ese, estar ahí para nosotros. Siempre pasa desapercibido, y es de esos amigos que cuando se van, descubrimos que eran fundamentales en nuestra existencia. Pero claro, ya no podemos dar marcha atrás. Ya querría Don Francisco. Ya querríamos todos.

Como escritora que empieza, Marta Quintín cumple su cometido con creces. Mejorará, claro que mejorará, todos lo hacemos cuando nos dedicamos a lo nuestro, y está claro que esto es lo suyo. Los personajes son fuertes, la historia digna de película. Los escenarios, desde el estudio Miranda, hasta la comuna de artistas en París son evocadores y creíbles al cien por cien, los años difíciles de la guerra, las relaciones familiares complicadas y a veces sin sentido, como la vida misma ... Y sobre todo, un cuadro, la historia de un cuadro, y de lo que somos capaces de hacer cuando queremos y por lo que queremos. Vais a disfrutarlo seguro, porque la luz lo es todo, y el blanco querid@s, es el color de la luz.

EL COLOR DE LA LUZ, OCHO.

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anasoto04
 29 enero 2019
La empresaria española Blanca Luz Miranda, compra en una casa de subastas en la ciudad de Nueva York, un cuadro del pintor Martin Pendragón, por la escandalosa suma de Veinte millones de dólares. Una periodista española, decide investigar, qué sucede detrás de esta misteriosa compra.
Este es el tema principal de esta novela, que, a mi humilde parecer, tiene un argumento muy usado. La verdad es que me decepcionó un poco, pues la historia se desarrolla a manera de flash backs, a veces en forma epistolar, que en más de alguna ocasión lograba despistarme.
El contexto histórico donde se desarrolla la novela es impresionante: La Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española, conjugados con una historia de amor casi imposible, se puede desgranar una narración impecable. Pero no lo sentí así: Sentía que me perdía acontecimientos importantes, sentí que quedaban cabos sueltos, no es que la forma de narrar sea mala, no me malinterpreten, es que sentía que los personajes no eran entrañables.
Una valoración personal: 6,5/10
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Loreto
 02 octubre 2018
Una historia escrita a pinceladas, mostrando las distintas capas que conforman el cuadro de la vida. Es la historia de Blanca Luz y Martín, la historia del arte en la primera mitad del siglo XX y el descubrimiento de lo que es la vida por parte de una joven periodista con sueños de escritora. Y es que al fin y al cabo este libro nos enseña eso: arte y vida, mezclándose entre sí, demostrando que no hay vida sin arte, pero tampoco hay arte sin vida.

Porque este libro es una historia de amor, pero no sólo eso. Es la historia de un cuadro, que va más allá de ese cuadro.

No soy de novelas románticas; esa fase la pasé hace años y ahora me cuesta cogerlas el punto. Tampoco soy de libros que se "entretengan" mucho en descripciones y metáforas (aunque esta semana no he cumplido con esta norma en ninguna de mis lecturas). Por eso me ha sorprendido la forma en que me ha atrapado la historia de Blanca y Martín, y las ganas con las que me he quedado de ver el cuadro central de la historia.
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FINA
 27 agosto 2018
Es una historia que te engancha desde el principio, una historia de amor imposible por los mismos protagonistas, sobre todo por Blanca Luz a la que no llego a entender del todo, creo que esta contada de forma exquisita, hace que los personajes sean tan reales y cercanos, que dan ganas de buscarlos en google y saber más de ellos.
Empieza en los años 80 en Nueva York en la subasta de un cuadro; cuadro de Martín Pendragon que alcanza un precio desorbitado y es comprado por una anciana, una periodista que también esta en la sala, cree que ese entusiasmo al recoger el cuadro esconde algún secreto y decide investigar. La gran protagonista es Blanca Luz, que le va contado su historia para transcribirlo en forma de memorias, empezando en los años 20, es una mujer indecisa, caprichosa, con miedos y llena de arrepentimiento, podrían haber sido muy felices, el primer amor y el definitivo, pero el talento y el arte de Martín la llenan de dudas y aunque a lo largo de sus vidas se siguen encontrando, no son valientes para permanecer juntos. Ambos rehacen sus vidas por separado con diferentes resultados.
La historia ha sido interesantísima, muy bien documentada las fechas, hechos, lugares y personajes famosos contemporáneos a ellos. En la actualidad también me ha gustado mucho como influyen en esta joven periodista, saliendo de su vida gris y triunfando en su faceta de escritora.
Mis únicas pegas son una que todo el tiempo estas deseando que terminen juntos y la trama del cuadro, todo lo que esconde es muy bonito, ese significado y esa luz que si que perdura hasta el final y dos que utiliza un lenguaje en ocasiones demasiado rebuscado, he tenido que buscar muchas palabras en el diccionario, no viene mal aprender cosas nuevas, pero en ocasiones me cortaba el hilo de la lectura.
Una historia que recomiendo mucho, os dejara un buen recuerdo, aunque no sea un bonito final, cosa que lo hace más real todavía.
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edicionilustrada
 12 marzo 2018
Lo que más me llamó la atención de esta novela, a parte de la portada, fue la sinopsis, un misterio escondido detrás de un cuadro.

La historia comienza cuándo una periodista asiste a la subasta de un cuadro del pintor Martín Pedragón, y le llama mucho la atención como una mujer anciana, Blanca Luz Miranda, nuestra protagonista, paga una enorme cantidad por esa obra de arte, y decide ponerse en contacto con ella, ya que intuye que existe un misterio detrás de este cuadro y decide investigar para conocerlo.
Intenta ponerse en contacto con Blanca, y después de su insistencia consigue que la anciana le cuente su historia, la historia del cuadro, de Martín, y la suya propia.

A través de las páginas se entrelaza el presente, Blanca explicando su historia, y el pasado, al que nos traslada dicha historia, por lo que está narrado tanto en primera como tercera persona.

Marta Quintín, utiliza una prosa excelente, un lenguaje muy rico, y que diferencia claramente los diálogos según la época en los que suceden.


Hace muy buenas descripciones, y nos muestra lugares y tiempos de una manera exquisita.

Una historia en la que te sumerges y viajas a través del tiempo y vivencias de esta anciana, donde se mezcla una dura historia de amor, nostalgia, arte y un toque de misterio.
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PlanetaSingular
 22 febrero 2018
El Color de la Luz es una novela de la joven autora Marta Quintín, la cual gracias a la plataforma de Edición Anticipada pude disfrutar. Se trata de una novela de corte romántico ambientada en diversos tiempos y lugares (España, Nueva York, París...). Encontramos personajes como Blanca Luz Miranda, Francisco Miranda, Martín Pendragón y Jose María Casabella (Chema para los amigos), entre otros.

La historia transcurre cuando una periodista (de quien no se conoce el nombre) asiste a una subasta de un famoso cuadro. En ella, una anciana, Blanca Luz Miranda, se hace con él por un valor de 20 millones de dólares. La curiosidad de la periodista la llevará a investigar acerca de esta singular mujer. Tras una larga búsqueda, finalmente consigue una entrevista con ella, que a pesar de no empezar con buen pie, dará lugar a una jugosa oferta que la reportera no podrá dejar pasar.
De esta manera, comienza el relato de Blanca Luz, donde viajaremos al pasado para entender su historia y su relación con el cuadro que acaba de comprar. Allí, conoceremos su historia de amor en la casa de la calle Campana.

El argumento de la historia me ha parecido muy novedoso, y en el libro podemos encontrar dos historias diferenciadas. La que nos cuenta Blanca Luz a través de la periodista, y la realidad en la que esta última vive. El echo de que no conozcamos el nombre de la reportera, genera en el lector la apariencia de que se trata de sí mismo el que cuenta y vive la historia. Esto a su vez, da lugar a la idea de que realmente se conocen a los personajes de los que se está hablando, lo que hace que nos encariñemos con ellos y que el lector se sienta partícipe de la trama.

Por su parte, los protagonistas están muy bien desarrollados. La autora ahonda en la personalidad de cada uno de ellos, pudiendo llegar a comprender sus actos y pensamientos. Tanto es así, que la protagonista, Blanca Luz, me ha caído bastante mal a ratos. Te hace querer gritarle que las cosas se pueden hacer de otra manera, y consolarla en momentos duros.

En cuanto al estilo de la autora, se caracteriza por una excelente prosa y por diferenciar la forma de redacción en función de la época que tiene lugar. Esto es, para la época presente, utiliza palabras más actuales y desenfadadas; mientras que para la narración de la vida de Blanca Luz utiliza un lenguaje más formal y recatado.

No le he dado la máxima puntuación, ya que para mí la historia de amor que se relata dista mucho de ser amor realmente. al leer el libro uno se da cuenta de cómo no se debe superar una ruptura por muy dolorosa que sea, y me viene a la mente aquella canción que decía "No, no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión". Esa persecución que realizan los protagonistas a través del tiempo para encontrarse, quererse y luego abandonarse repetitivamente, para mí es un poco inverosímil, en el sentido de que una persona al someterse a una ruptura puede estar mal durante un año o dos (fase de duelo), ¿pero durante 20 o 40 años?.

En conclusión, es un libro que merece mucho la pena leer. Está muy bien redactado y tiene unos personajes maravillosos con los que conectas y casi los sientes como tus propios amigos. Ojalá la autora continúe escribiendo porque sin duda posee mucho talento.
Enlace: https://miplanetasingular.bl..
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SrtaLeolibre
 16 febrero 2018
En una subasta de Nueva York se alcanza un precio de récord en la venta de uno de los cuadros de Martín Pendragón. La compradora resulta ser Blanca Luz, una empresaria española de éxito en el mundo textil. La periodista que cubre la subasta siente curiosidad por la historia que se puede esconder detrás y trata de conseguir una entrevista con la anciana.
Su primer encuentro no resulta agradable pero Blanca Luz se arrepentirá y llamará a la reportera para contarle su historia y que ésta lo ponga por escrito en una novela.
Nos iremos a principios del siglo XX donde conoceremos a un Martín que trabaja en la obra por obligación y que un día por casualidad conocerá a Francisco Miranda, profesor de pintura y padre de Blanca Luz.
El joven Pendragón empezará a asistir a las clases que imparte el señor Francisco en su casa y podrá por fin dedicarse a su pasión. Allí conocerá a Eduardo y Chema, dos jóvenes del pueblo que también son alumnos del profesor de pintura y con los que entablará una amistad y a Blanca Luz, de quién se terminará enamorando.
La relación entre Blanca y Martín tendrá un punto y final cuando él se vaya a París para empezar una nueva vida, pero seguirá enamorado de la chica. Ella por su parte, se casará con Eduardo y cuando pasan los años y llega su veintiséis cumpleaños, recibirá como regalo un cuadro que Martín pintó para ella. Ese cuadro que años después tendrá que vender y que no recuperará hasta la subasta de Nueva York.

Os he resumido lo máximo posible porque no quiero desvelaros demasiado. Solo puedo deciros que leí el libro en un día porque me era imposible dejarlo. La historia entre Martín y Blanca no es la típica historia de amor en la que sabes cómo será el final. Esta os aseguro que os va a sorprender.
La pluma de la autora me ha gustado tanto que he vivido cada página como si fuese un personaje más y es algo que he disfrutado muchísimo.
Os lo recomiendo a todos y espero que lo disfrutéis tanto como lo he hecho yo.
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GemaMG
 21 junio 2020
QUINTÍN, Marta (2018)
El color de la luz
Suma de Letras, Barcelona, 427 p.p.
ISBN: 978-84-9129-028-5

Blanca Luz Miranda es una empresaria de éxito. Su objetivo: amasar una gran fortuna para comprar arte. La adquisición, en una subasta de Nueva York, de uno de los cuadros más inquietantes del pintor Martín Pendragón cumplirá el sueño de esta anciana de ojos enigmáticos. En esa misma sala una periodista observa la escena con interés, está convencida de que tras ese pago millonario se esconde un secreto y hará todo lo posible por descubrirlo. Lo que no sabe es que será Blanca Luz quien decida cómo se escribe su historia.



“No se trata de lo grande o pequeña que sea una historia. El conflicto puede nacer de lo más nimio. La vida es conflictiva. Cualquier sentimiento humano lo es. Y tú eres humana ¿verdad?-el silogismo resultaba irrefutable-. Todo es susceptible de convertirse en arte, solo depende de la mirada que se le dedique. Que se mire con interés, con pasión, con amor. Y, luego, solo se trata de contarlo. Tú historia, la de otros, lo que has visto, lo que has escuchado…, qué más da. Pero sal ahí fuera, implícate, emociónate, convéncete de que eso que estás escribiendo es lo más importante que existe en el mundo, y que no existirá realmente hasta que no le des vida con tus palabras. ¿No es acaso eso lo más fascinante? Y así, mi viejo profesor me había impuesto la asignatura pendiente mas hueso de todas: que viviese”.



Acostumbrada al ritmo vertiginoso de las novelas negras, ésta es una novela que hay que beber a tragos cortos. Cada párrafo es poesía pura, cada frase una sentencia que te lleva a la reflexión, una prosa cuidada y un sentimiento en cada letra que te llega a lo más hondo.



El color de la luz es una novela de amor, pero no una novela romántica, es una historia íntima, e intimista, es un paseo por la historia del siglo XX, pero no es una novela histórica. Es todo y nada de lo anterior, pero es, sobre todo, una historia preciosa, escrita con mimo, cuidado y mucho, mucho oficio.



Tengo, desde niña, la costumbre de apuntar las frases que mas me atraen de cada uno de los libros que leo, en éste me he superado, he contabilizado más de 50 anotaciones y no sólo de sentencias sino de párrafos completos y es que, insisto, esta historia esta novela es puro arte, pura poesía.



Si hay una protagonista indiscutible en esta historia, es sin duda Blanca Luz Miranda, que se nos muestra diseccionada, de la que descubrimos todas y cada una de sus miserias. Es un personaje potente, arrollador, una mujer a la que se odia y se ama a partes iguales dependiendo del punto de la novela en que nos encontremos, una mujer con mas sombras que luces, una mujer, a pesar de todo difícil de conocer, difícil de tratar y con la que, a pesar de todo, la autora consigue que, en algún punto, empatices, si y solo si, eres capaz de ver a la mujer en el contexto temporal de la historia.



Martin Pendragón, el otro gran pilar de la historia, sin el que ésta no tendría sentido alguno, se presenta como la cara opuesta de esta protagonista absoluta, representa su anverso, presentando mas luces que sombras, un hombre arrastrado por sus pasiones, un también “rara avis” en el tiempo que le toca vivir. Aún compartiendo protagonismo con Blanca, su peso en la novela es mucho menor y a veces, se me antoja sólo como la excusa para que Blanca Luz pueda tener una historia, esta historia. Su imagen es la que vemos a través de la mirada de Blanca Luz, una Blanca expuesta hasta la extenuación y un Martin que cobra o pierde protagonismo en función del propio devenir de la vida de la protagonista.



Y si hay un personaje central en esta novela, que consigue, a veces, incluso eclipsar a Blanca Luz, es ese cuadro, que en ningún momento se describe de forma concreta, pero que se analiza punto por punto hasta obligarnos a visualizarlo por nosotros mismos, pero de una forma distinta en cada uno de los momentos en los que Blanca Luz se enfrenta a sus colores. Una pintura que, se convierte en protagonista indiscutible de la trama, sobrevolando toda la novela, convirtiéndose en hilo conductor y apareciendo en decenas de momentos en los que se nos da un apunte más de su composición, de sus colores, de su trazo… y son tantos que estoy segura, de que sin verlo, todos hemos dibujado de una u otra forma ese cuadro en nuestra cabeza.



No menos importante es la propia narradora, esa periodista que es, sin duda, la propiciadora de toda la novela, esa joven de la que poco sabemos mas allá de sus motivaciones iniciales: pura curiosidad, de ese “miedo” a vivir con el que rompe en pos de una historia que intuye: la que se esconde detrás de un cuadro, y de las emociones que los secretos de Blanca y su vida van suscitando en ella a lo largo de esa aventura; es un personaje del que ni siquiera llegamos a conocer el nombre, que aparece de relativamente en pocas ocasiones más allá del segundo capítulo, pero sin el que la novela no tendría ningún significado.



A pesar de que Marta consigue una descripción maravillosa de paisajes y que se reconoce la grandísima labor de documentación que ha llevado a cabo para construir una historia consistente en los espacios y en los tiempos, ésta es una novela de personajes en la que la fuerza de los protagonistas se ve potenciada por un elenco de secundarios que no les van a la zaga.



Francisco Miranda, el padre de la protagonista, se hace presente solo al principio de la novela, pero es tan importante para el devenir de los protagonistas, es tal su importancia como origen de las decisiones vitales de ambos, que en ciertos momentos de esos primeros capítulos se convierte en protagonista absoluto de la trama:



“Los alumnos no notaban que aprendían. Francisco Miranda, aparentemente, se desentendía de ellos Les permitía que se enredaran solos en escaramuzas personales. Pero nunca dejaba de acudir en su rescate. Aunque con una sutileza tal que tampoco se daban cuenta de que estaban siendo rescatados. de lo que si se cuidaba muy mucho, y eso sin ambages, era de inocularles un amor acérrimo y porfiado por el arte, por lo que hacían. Y les enseñaba a creer en sí mismos. Dejaba que se adentraran en el error, pero previamente les había dotado de los mecanismos para que lo detectaran y supieran retroceder a tiempo ellos solos, sin escudarse en la comodidad de no admitirlo y sin que les diera pereza demorarse en la búsqueda de la senda correcta”



El punto humorístico, la distensión a la gravedad de la historia la encontramos bien representada en el personaje de Leidy, esa puertorriqueña vivaz y “disfrutona” que es el antagónico de la responsabilidad de nuestra reportera; que es quien se empeña en que ésta se lance a vivir y en esa carta de negativa editorial que es más que una negativa, un matarife certero de una vocación en ciernes; por suerte, solo existente en la imaginación de la autora.



Existen otros secundarios, como Chema, ese fiel escudero del protagonista, ese leal amigo, que aparece para dar el pié a los protagonistas y salen de la escena haciendo mutis por el foro, para volver a hacerse presente en el momento más insospechado, pero el más necesario, para el buen desarrollo de la novela.



El titulo de la historia, no podía ser más acertado que el elegido, toda la historia está centrada en los colores y en la luz:



-¿Qué pasa con mis ojos?

-Que en ellos está el azul, y el verde, y el amarillo y el añil y el violeta… Que son de todos los colores y de ninguno. Eso es lo increíble Blanca Luz. Que me has regalado un color nuevo, que solo conozco yo. En ese color tendría que estar pintado el amor.

-Bueno, si soy de todos los colores, entonces seré blanca, no? En el blanco viven todos los colores. Como en un arcoíris. Como en la luz.

-Exacto. La luz es blanca. No importa bajo qué color aparezca. En el fondo, siempre es blanca. Y tú eres Blanca Luz. Y eres mía. Mi blanco. Y mi luz.



Hay que tener, no solo vocación, sino talento, para escribir una novela tan grande como la que nos ocupa. Así que, si sois amantes de la buena literatura, de la literatura en mayúsculas, si os habéis emocionado con esta pequeña muestra compartida, estáis tardando en comenzar una lectura que provocará en vosotros amor y odio, alegría y tristeza, pero que con seguridad no os dejará indiferentes.
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Marta_Coll
 08 agosto 2018
Estaba tan absorta leyendo el libro, que no me di cuenta, casi hasta el final, que no conocíamos el nombre de la periodista. Sumamente conquistada por la historia. La escritora, ha sabido conjugar muy bien ese elemento, haciendo creerte que eres el personaje de la periodista, haciendo participe de la historia de una forma directa y personal. Concurrimos parte de la trama. Llegas a comprender y amar, a la vez, a los personajes. Entiendes muy bien sus idas y venidas. de hecho, los protagonistas se definen como el mito de Andróginos, dos mitades destinadas a buscarse y encontrarse. Deseando leer lo próximo de la autora.
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