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ISBN : 8483658151
Editorial: Suma de Letras (01/06/2015)

Calificación promedio : 2/5 (sobre 3 calificaciones)
Resumen:
Que te despidan no es lo peor que puede pasarte en esta empresa Su vida amorosa es un caos, su trabajo la aburre y su jefe la odia... ¿Qué más le puede pasar? Francesca Zanardelli se prepara para afrontar otra aburrida tarde en su oficina de Milán. Está delante del espejo del baño, cepillo de dientes en mano, cuando ve dos pies asomarse por debajo de la puerta de un retrete. En el suelo descubre el cadáver de Marinella Sereni, su insoportable compañera de mesa. ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 22 enero 2018
Hay libros que llegan a tu vida por la razón que sea pero que lo hacen en el momento preciso. Que atraviesas determinada situación personal que te hace coger un libro de entre cientos por el título, por lo que representa la portada o por la promesa que subyace de la combinación de ambas cosas.
A mí me pasó con este título. Y no hablo en general, de título como epítome de la novela en sí. Hablo del título-título (me lo podría tatuar en la frente como lema, para que nos entendamos). Si luego le doy la vuelta, y empiezo a leer la sinopsis, y me ofrecen-prometen una comedia negra ambientada en un entorno laboral deprimente real como la vida misma, y tal... pues tengo que leerlo. Estoy en ese momento. Y tenía ganas de comprobar si realmente me hacía gracia, porque yo soy de sonrisillas y tal leyendo, pero reírme, lo que se dice reírme, ya tiene que ser gracioso el libro... y conectar con mi tipo de humor, que esa es otra. Me sacan de lo british o lo irónico/negro/mezcla de los dos, y me cuesta.
Nos ponemos en situación. Francesca Zanardelli trabaja en la unidad de Planificación y Control de una multinacional asentada en Milán. Está indefinida, y eso es lo único que tiene de bueno su soporífero trabajo: un contrato fijo. Por lo demás, odia su trabajo, odia a su jefe supremo, no soporta a sus compañeros...
En toda la empresa solo tiene un amistad propiamente dicha, Michele, con el que come todos los días y que le resulta cómodo como amigo porque solo tiene un tema de conversación y por lo demás la deja tranquila. Su unidad es el lugar de la empresa donde van a parar todos los trabajadores indefinidos que no pueden despedir pero que son nulos y no saben qué hacer con ellos. Claro ejemplo es Marinella Sereni, que se dedica a jugar al solitario y a regar las plantas, pero está fija desde hace años y si el jefe no quiere un (nuevo) problema con el sindicato, tiene que mantenerla aunque sea un cero a la izquierda y no sepa ni abrir el procesador de textos.
Cuando un día al volver del almuerzo Francesca se dispone a lavarse los dientes en el cuarto de baño, ve las piernas de Sereni despatarradas por debajo de la puerta de uno de los compartimentos y descubre que ha sido asesinada. Aquí comienza la historia, la investigación, el destripe interno de la empresa y sus trapos sucios, el jefe que le echa mucho cuento al "dolor" que siente, la pobre Francesca que se convierte en la testigo estrella, la muerta que no había por donde cogerla cuando estaba viva... Lo que me he reído en las primeras 80 páginas, que hacen honor sin duda a la vitola de novela brillante, satírica y mordaz que la precede. Pero...
Pues eso, que hay un pero. Grande. ¿Iba a ser esto una reseña totalmente positiva? Sí... al principio. Que sí, que el título-título llegó en el momento preciso, y esas primeras 80 páginas son fantásticas... pero ay, la cosa se tuerce. Mucho. Todo iba bien, muy bien, hasta que llegamos al principio del fin. Ahí comienza la historia a dar bandazos. Desde el preciso instante en que abandonamos el primer acto, y con él la oficina, sus idiosincrasias, sus trapos sucios (el cotilleo "oficinil", vamos, que da mucho juego si se maneja bien), el asesinato, la presencia de los detectives, la visita a comisaría y la fiscalía, las sospechas sobre los demás compañeros... cuando nos salimos del "crimen en la oficina", la historia derrapa.
El título del capítulo culpable es de lo más esclarecedor, "La vida continúa", y es justo en ese instante en que Francesca comienza a contarnos sus cuitas y penas: que si le dejó el novio casi en el altar, que si lo pasó muy mal y se tiró cuatro meses en la cama, que si tuvo que devolver los regalos de boda, que si citas en serie a ciegas, que si amistades raras de su madre... sinceramente, no me interesaba nada de nada (soy una insensible, lo sé) porque todo esto no está implementado en la historia, parece relleno para sumar páginas a una trama en la que la autora lo da todo en los primeros capítulos y luego se queda sin gas. Y además la protagonista pierde mucho... muchísimo. Cuanto más sabemos de ella, más tonta nos parece. Tiene salidas de juzgado de guardia. El histrionismo y comportamiento infantil de sus padres tampoco ayuda. Y si luego hubiese retomado la trama cómico-negra como es debido le hubiese perdonado el desliz, pero es que no, a partir de ese momento resulta imposible encontrar el espíritu del inicio... y no será porque no lo intenta, pero no, la chispa para entonces ya está agotada. La oficina comienza a matar... pero de aburrimiento.
Viola Veloce, la autora, no existe como tal. Es un seudónimo de una bloguera italiana que no ha desvelado su identidad (al parecer trabaja en una oficina en Milán parecida a la de su libro) y esta novela fue en un primer momento autopublicada, siendo publicada después por una editorial ante su éxito. Sinceramente a mí me ha parecido una historia muy irregular que hubiese necesitado más trabajo y pulir muchos aspectos; está escrita como con retazos que no tienen una cohesión como trama. al terminar te quedas con la sensación de que era una buena idea, que empieza desarrollándola como un vendaval, pero que llega un momento que se queda sin recursos ni ideas suficientes para continuarla, y es cuando empieza a meter morralla a mansalva. Que yo la entiendo, vamos que si la entiendo. La idea de base de esta novela la tenemos en la cabeza mucha gente (yo misma pienso todos los días en una de similiar temática, solo que las patejas despatarradas serían las del hijo de mi jefe... o las de la madre del hijo de mi jefe... o las de... uff, tengo patejas despatarradas para 500 páginas xD), pero para escribir una historia completa hacen falta más cosas, no solo una idea. Y en eso es donde creo que falla.
En fin, que resulta arrolladora en el comienzo, pero está perdida en cuanto deja a un lado la idea inicial que da vida al libro. Tiene un primer tercio fantástico que merece mucho la pena, un tercio intermedio totalmente prescindible, y un último tercio, el de la resolución del caso, en el que por muy congruente que pueda ser la identidad del culpable (porque lo es, aunque sus razones son completamente absurdas), ya solo tienes ganas de que todo termine porque Francesca ha perdido mucho, mucho el norte y lo de la "vida real" ya no lo ves por ningún sitio. El culpable no podía ser otro, cierra la historia, pero estás deseando que el libro se termine. Y mira que me ha dado pena, que tenía pinta de que me iba a reír un montón durante todo el libro... Menos mal que lo pillé de oferta.
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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Marinieves
 16 abril 2020
No recuerdo cómo llegué a este libro, creo que en algún blog y quizás me llamó la atención el título, por aquello de que las oficinas no me resultan ajenas y algunas, aunque no me han matado, porque estoy aquí, por lo menos la espalda y a veces la cabeza, sí que me las han tocado.
El nombre de la autora es un seudónimo porque, como parece ser que trabaja de una oficina, no quiere que se reconozca la suya en la que se describe en la novela. Aunque la verdad es que muchas oficinas podrían identificarse con la "asesina" del libro y sobre todo resultan muy reconocibles algunos de los tipos de compañeros descritos.
Quién no ha tenido alrededor la tóxica influencia de un compañero que sin dar chapa se pasaba la vida quejándose de la injusticia que se cometía en su contra al no reconocerle su valía porque no se le encargaba nada digno de sus capacidades; o alguna que pasaba media jornada laboral hablando por teléfono o jugando al solitario; o el pelota hipócrita que "se apunta al sindicato después de la protesta"; o los jefes ineptos (sobre todo si se trata de un cargo político o ha sido designado a dedo) que atascan la oficina exigiendo supervisar el trabajo de los demás sin tener la más remota idea de hacerlo él, y algún directivo al que, como la autora, podemos considerar una "ameba llamada a la extinción, con unas ganas de trabajar equivalentes a cero", y... En fin, que cualquier empleado o funcionario puede reconocer a muchos de los personajes entre sus compañeros y/o sus jefes y se ha sentido alguna vez tan quemado en el lugar donde trabaja que ha llegado a pronunciar casi literalmente la frase que da título a la novela que reseño.
Francesca Zanardelli trabaja en el departamento de Planificación y Control de una gran empresa milanesa. No acabó la carrera de Económicas y no considera que su ocupación como contable sea el trabajo de sus sueños, pero tiene un contrato fijo, lo que la convierte casi en intocable, sobre todo cuando la empresa perdió un juicio y se vio obligada a volver a contratar a un montón de trabajadores de los que había prescindido.
Su vida personal no va mucho mejor que su trabajo pues acaba de comenzar a salir del hoyo al que la arrojó el abandono de su prometido que el día antes de la boda le confesó estar enamorado de otra mujer, "esa mentirosa tapizada de Gucci, del bolso a los zapatos.
Vive sola en un piso que le compró su padre tras vender el que habían adquirido para la pareja que no llegó a matrimoniar. Sus padres no acaban de verla bien y ejercen sobre ella una tutela que a veces le resulta agobiante. Pero si la vida no iba demasiado bien para Francesca, un suceso traumático la desbarajusta por completo.
Una mañana aparentemente anodina en la oficina, al pasar al servicio, su mundo se pone cabeza abajo, con el descubrimiento del cadáver de su compañera de mesa, Marinella Serini, una mujer que no caía a nadie bien en la oficina y pasaba la vida jugando al solitario en el ordenador, por no haberle descubierto ninguna otra utilidad, y pronosticando el menú del día del restaurante donde comía. La mujer había sido estrangulada y su cadáver colocado como si estuviera de cuerpo presente, con las manos juntas.
Aparte del susto, Francesca se ve inmersa en la investigación, e incluso bajo sospecha, y sometida al asedio de sus padres que, intentando evitarle riesgos, ponen a la pobre de los nervios, sobre todo su madre, que se pasa la vida viendo "Mentes Criminales" en la tele y se acuesta a la primera de cambio dejando a su marido la responsabilidad de la casa, que él asume cocinando congelados como si no hubiera un mañana.
Cuando la cosa se va tranquilizando, sustituyen a la asesinada por un compañero todavía más inútil y menos trabajador, no obstante lo cual se cree el mejor preparado de la empresa, así que, alegando que no se le da trabajo digno de su preparación, no da palo al agua, no hace nada más que quejarse, tener la oficina a oscuras y discutir con todo el mundo. En un momento dado cuando el nuevo empleado acaba de demandar a su superior (un santo de altar) por un supuesto acoso, aparece muerto de la misma forma y asesinado con el mismo tipo de cuerda que la primera empleada, con lo que vuelven los recelos contra nuestra Francesca, no tanto como asesina como por gafe, hasta que tiene lugar la detención de quien nuestra protagonista considera inocente y entonces Francesca se propone averiguar si la persona de quien ella sospecha tiene algo que ver con el asunto poniéndose en riesgo de una manera bastante tonta, a ratos divertida.
No se trata de una novela policíaca, ni de un domestic noir, aunque al final acaba metiéndose a detective aficionada, es un poco un divertimento de la autora para criticar el sistema de trabajo de una empresa, la falta de compañerismo, la imposibilidad de ascender, las rencillas entre compañeros y la ineficacia y eficiencia del sistema.
La verdad es que la autora escribe muy bien, sobre todo en las ácidas descripciones de los distintos personajes, y a ratos resulta divertida. Está entretenida, aunque me sobra toda la parte de los padres, con esa madre tan cargante, que sólo quiere casar a Francesca y se pone mala cada vez que le llevan la contraria. Pero, claro, es parte de la vida de la prota.
Enlace: https://marinieves.blogspot...
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Valen
 14 junio 2020
Me he divertido mucho con esta historia. La autora trabaja en una oficina como la que describe y por ello publica bajo un pseudónimo, y no me extraña, porque aunque a veces parece surrealista, lo que ocurre en los puestos de trabajo varias veces supera la ficción 😅
Francesca me ha caído bien, aunque a ratos me parecía poco creíble, como muchos personajes, quizá llevados al extremo. La historia tiene intriga, drama y misterio, pero es hilarante, ácida y muy sarcástica, cosa que me encanta. Hace una crítica enorme a la realidad de las empresas, donde un puesto fijo es lo mejor y lo peor que te puede pasar.
Me he reído y he disfrutado mucho la lectura, aunque también te hace reflexionar en algunos aspectos. Es fresca y divertida para intercalar con libros más densos y perfecto para estos días 😉
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Inyama
 12 enero 2019
Este libro fue la gran decepción de este año, no es que sea muy famoso, ni que haya oído muy buenas criticas, pero en cuanto vi la portada y leí la sinopsis, me imaginé un thriller con momentos cómicos y también imaginé que como yo trabajo en una oficina, me haría más gracia y me sentiría identificada con la protagonista, para nada, ni es un thriller, ni es gracioso, es un libro con una historia que intenta ser realista y lo único que consigue es ser un aburrimiento absoluto. Me pasé desde el principio pensando: ya mejorara, solo es el principio, después seguro que es gracioso... y así hasta la última pagina, con un final de lo más predecible y aburrido que puedas encontrarte jamás.
Enlace: http://castillo-de-libros.bl..
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Citas y frases (1) Añadir cita
Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield22 enero 2018
Claro que hay días en que me tiraría del Duomo ante la perspectiva de pasar treinta años más en este puesto, pero, cuando menos, me tiraría con el estómago lleno...
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